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Yo me lo busqué - (Capítulo 34)

Llevaban semanas sin tocarse, cargando con el peso de las traiciones sufridas. Pero cuando la puerta del apartamento se cerró, la abstinencia se rompió con la misma fuerza que la necesidad de olvidar. Esta vez, no había reglas, solo el deseo de sentirse vivos.

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Capítulo 34

Cuando llegamos al hotel Yurena nos estaba esperando para hacerse cargo de Belén, en la habitación que tenía reservada junto a la mía, diciéndonos que ella ya tenía su cena preparada por lo que nosotros nos fuimos a una pizzería que había cerca del hotel.

-Ya serán once por lo menos. -Le entré por ahí para romper el hielo.

Ella se quedó rumiando lo que le acababa de decir y al momento terminó soltando una carcajada.

-Eres muy gracioso, ya te lo habrán dicho algunas de tus admiradoras. -Me respondió.

-Yo no tengo admiradoras. -Le atajé siguiéndole las bromas.

-Que yo sepa aquí ya tienes dos. -Denegaba mi afirmación.

-A ver si son las mismas que yo conozco, porque si fuese así la admiración sería mutua. -Le respondí.

-Bueno, pero tú debes de admirar solo a una de esas dos, a la otra si hace falta le cortamos el pelo a rape para que ni la llegues a considerar, ¡Vamos!

Nuestras risas y el buen humor se iba haciendo patente con esas puyas que nos lanzábamos, hasta que cortó por lo sano cuando ya estábamos pidiendo la cuenta.

-¿Has tenido sexo este fin de semana? -Me soltó de repente.

-¿Queee...? ¡No!... llevo en el dique seco desde el domingo que llegué aquí por primera vez.

Se lo dije así, dándome cuenta que ni siquiera había llegado a pensar en ese tema durante todo ese tiempo. Es verdad que después de haber colapsado el día que descubrí a Carmen follando con Richard, todo ese sexo que ellos hacían, ahora me resultaba tan rechazable que hasta un empalme matutino propio me parecía una aberración.

-Pensé que igual te habías llegado a ver a tus amigos el viernes... -Me sacudió sin más.

-Estuve con ellos el sábado, que ya sabes que ese día siempre lo dedicamos a pasarlo como en familia, osea que un desayuno, unas charlas y una buena comida. La verdad es que me vino bien estar con ellos, son mis mejores amigos desde la adolescencia. Pero ¿Sexo? No... ni siquiera pensé en ello.

-Pues no veas como estarás... -Me dijo primero muy seria, pero cuando nos miramos a los ojos no pudimos evitar unas buenas risas.

-¿Y tú? -Claramente quería conocer también como iba su vida sexual.

-Peor que tú... -me susurró más bajito sin ninguna necesidad, porque en la pizzería se oían muchas voces y casi no la entendí-, desde la noche anterior a enterarme de que mi novio me ponía los cuernos.

Explícita sí que fue finalmente y aunque aquello parecía una mala vivencia de su parte, también fue ella la que inició unas risas que al final los dos compartimos, notándonos mucho más relajados después de estar al tanto de nuestras respectivas abstinencias.

Nada más salir del local le eché el brazo por encima de sus hombros y ella se agarraba a mi cintura, yo apretándola contra mí y ella subiendo y bajando su mano por mi costado. Fue en la esquina siguiente donde nos paramos para fundirnos en un fuerte abrazo, luego propicié un desplazamiento de su melena hacia la otra parte de su cuello, quedándome bastante piel libre como para que la pudiera besar, lamer y chupar allí, hasta que oí unos quedos gemidos que nacían desde lo más profundo de su garganta y unas presiones de sus brazos en mi espalda que intentaban que nuestros cuerpos se juntaran más y más... Entonces un grupo de gente joven se acercaba hacia nosotros bastante alegres y no tuvimos más remedio que deshacer ese abrazo para marcharnos de allí cogidos de la mano.

No sabíamos para donde ir ninguno de los dos, aunque éramos conscientes qué era lo que queríamos hacer en esos momentos, pero a mi hotel no podíamos ir teniendo en la habitación de al lado a Yurena con mi hija y por otra parte me daba un poco de apuro proponerle ir a otro sitio a eso... a disfrutar de lo que tanto tiempo llevábamos en abstinencia, pero fue ella la que como siempre solucionaba el problema.

-Vamos a mi apartamento, que Fayna me lo deja para mí esta noche.

-¿Vives con ella? -Quise saber.

-No, en realidad todavía comparto vivienda con mi ex, estoy buscando otra ubicación, pero es que todo está muy caro. -Su respuesta me dejó un poco obnubilado.

-Perdona, no sabía que... -comencé a decirle, pero ella no me dejó seguir.

-Te lo iba a contar la otra noche, pero tú no quisiste porque se hacía tarde. Ahora solo compartimos piso y nada más y esta noche Fayna nos había pedido a mi ex y a mí que le dejáramos el apartamento para pasar la noche allí con su amigo, pero me ha enviado un mensaje diciéndome que van a otro lugar, así que el apartamento ha quedado libre para nosotros. -Se expresó de un tirón.

La verdad es que me dejó muy sorprendido que siguiera compartiendo piso con su ex y hasta una cierta incomodidad se apoderó de mis pensamientos. Este mundo no termina de complicarnos la vida una y otra vez cuando menos te lo esperas. No sabía qué actitud adoptar con ella después de conocer estos detalles de su anterior relación. Me dio la impresión de que ese apartamento era algo parecido a lo que Carmen había convertido mi casa.

-Te has quedado mudo, precioso, -intentó ella animarme con ese chascarrillo-, anda, vámonos ya que se está haciendo tarde.

No me quedaba más remedio que desechar esa intranquilidad e intentar pensar únicamente en lo buena gente que era mi preciosa secretaria. Nos merecíamos una noche para relajarnos los dos, sobre todo después de los cuernos que nuestras parejas nos habían puesto hacía tan pocas fechas. ¿Qué carajo hacíamos guardando un celibato que no venía a cuento?

Como no dándole ninguna importancia la hice girarse hacia mí y le solté un morreo morrocotudo, valga la redundancia, convencido además que ella besaba genial y si encima mis neuronas se volvían locas mientras le sobaba ese hermoso culo alargado, el placer se me aglomeraba de una forma exagerada en toda la punta de mi polla. La pobre llevaba ya mucho tiempo sin disfrutar de un empalme suficientemente justificado. Poco después nos dirigíamos en su coche hacia el apartamento ofrecido.

La verdad es que era muy justo para poder convivir con soltura dos personas y más si se trataba de una pareja que se conocía bastante bien, pero que ahora necesitaban de más espacio de lo que ofrecía ese apartamento. Allí no tendrían más remedio que compartirlo todo y hasta la ropa colgada en el tendedor de la terraza, se mostraba inoportuna al juntarse varios bóxer con otras tantas bragas e incluso con un par de tangas de lo más provocadores. Ya sé que era una gilipollez, pero lo cierto fue que mi nivel de lívido y morbo bajó dos puntos por lo menos y eso lo tenía que borrar de alguna forma.

Comencé entonces de la manera más tradicional que conocía y que siempre daba resultado y esa no era otra que abrazarla allí de pie en medio del saloncito y volver a probar sus labios con unos primeros besos, luego la desplacé lo suficiente para que el espejo de un vetusto mueble me devolviera la imagen de su maravilloso culo, sí ese en el que tanto insisto en lo alargado que era. Ahí volví a recuperar mucho del morbo que se afanaba por huir de mí y ya ansiaba por elevar su falda y poderme deleitar con lo que se descubriría ante mí a través de ese reflejo.

De esos primeros besos casi castos, pasamos a otros más intensos al entrelazar nuestras lenguas al tiempo que le izaba la camiseta tirando de los bordes con mis manos hasta sacársela por la cabeza. Mi polla le estaba llamando la atención con esos continuos puntazos en su pubis y poco después en el centro de su raja con solo haber flexionado levemente las rodillas, haciendo que ella se apretara más contra mí intentando sentirla con más alevosía.

En esas estábamos cuando sentí como su mano se deslizaba desde mi trasero a la protuberancia que la avasallaba y ahí aprovechó para darme unos buenos roces y apretones, pero quería más, mucho más y ahuecando nuestros cuerpos lo justo para hacerse con el cinturón, no tuvo ningún escrúpulo en aflojarlo, abrir el primer botón y bajar la cremallera del pantalón, al que dejó que cayera al suelo y sin que yo se lo pidiera, se deshizo de su falda buscando apretarse nuevamente contra mí haciendo más real el roce de mi glande con su rajita, ahora solo con poca tela de por medio. No quise privarme de ver por fin su culito para comprobar cuan de alargado era y la realidad se hizo evidente en mi polla, que ésta sí que terminó por alargarse del todo.

Poco tardó mi camisa en salir volando hasta la esquina del saloncito y yo la acompañé con el sujetador de ella, dejándome ver esos dos pechitos preciosos y redonditos, muy propios para chuparlos al menos dos horas seguidas, pero sentíamos que nos acuciaban otras prioridades y me faltaba tiempo para darles el cumplimiento deseado, así que la senté en el sofá y me hinqué de rodillas entre sus piernas, pudiéndome fijar con más detenimiento en sus muslos redondeados y sobre todo en el triángulo de seda que ofrecía ella para decorar su vulva.

-Esta noche te voy a matar a polvos, pues tenemos que recuperar tanto tiempo perdido. -La amenacé con una gran sonrisa.

-Espera, precioso, -me ordenó-, deja que vea primero tu instrumento.

-¿Instrumento? Serás cabrona, -le decía mientras me volvía a incorporar para quedar delante de ella con mi bóxer deformado a la altura de su cara-, proceda la señorita cuando quiera. -Dicté sentencia para que fuese ella la que lo hiciera a su manera.

Con bastante decisión alargó sus manos hasta la cinturilla de mi única prenda y comenzó el descenso de forma muy atenuada, mas bien parecía que no quería que aquello apareciera de sopetón, sino que pretendía irlo mostrando poco a poco hasta su destape total.

-¡Joder! -Iba diciendo una y otra vez mientras el tallo de la polla iba saliendo a la luz-, o la usas muy mal o no entiendo nada. -Terminó por decir cuando el glande se disparó contra su mejilla, marcándola además con una ligera línea de preseminal.

No había que ser Sherlock Holmes para adivinar lo que ella quería decir, pero no era el momento de traer a mi mente a la que fue mi novia hasta hacía menos de un mes.

Susurró algo parecido a un ¿Puedo...? y debió ser eso porque inmediatamente me pegó un exagerado chupetón en toda la punta del glande, pareciendo que lo quería succionar para tragárselo la muy ladina.

-Chúpamela bien, preciosa, pero con comedimiento que luego te quiero follar a base de bien. -Le dije y la dejé hacer a su libre albedrío.

Lo hacía genial y aunque no estaba como para correrme, sí que la iba inundando de preseminales y es que llevaba mucho tiempo sin haber descargado. Desde luego que esa noche la iba a atiborrar de esperma, de eso estaba más que seguro, ahora se trataba de aguantar lo suficiente para darle a ella los orgasmos que se merecía. Su mamada se iba haciendo cada vez más profunda, sin predilección por ninguno de sus dos carrillos que se iban deformando alternativamente. Después alzó mi rabo con su mano derecha para tener mejor acceso a mis testículos, que primero uno y luego el otro, ambos fueron sobradamente agasajados por mi secretaria, dejándome muy claro lo eficiente que era en cualquier faceta de su vida.

Más tarde en un descanso de su mamada aprovechó para pedirme que me vaciara en su boca, pero con una gran sonrisa le negué la mayor y me dispuse a devolverle el favor, faltaría más.

-Lo tendrás después de que nos desahoguemos primero de tanta abstinencia, pero te lo daré al final. -Le respondí.

De inmediato me hinqué de nuevo entre sus piernas y no paré hasta conseguir que tuviese su primer orgasmo, acompañado de unos curiosísimos gemidos muy agudos y sentidos, con su espalda echada hacia atrás y su cabeza de igual manera, cubiertos sus ojos con el brazo derecho que casi se los golpeaba por los espasmos que iba sintiendo. Me quedé mirándola con mucho detenimiento viendo como aquellos movimientos espasmódicos iban cediendo poco a poco hasta que se detuvieron y ella quedó desmadejada sobre el pequeño sofá, pero no cabía darle tregua en esos momentos y ya me disponía a penetrarla para darnos ese punto final merecido por los dos.

-Espera Julián, ponte un condón. -Tuvo esa inesperada lucidez en esos momentos.

-¡Joder, preciosa! No tengo ninguno. -Le respondí con la certeza de llevar muchísimo tiempo sin usarlos.

Pero hizo bien pues ni sabía ya cuanto tiempo llevaba sin hacerme un test en la clínica y vete tú a saber en qué situación estaba yo en esos momentos y la verdad es que tampoco sabía como andaba ella también. Entonces se incorporó ella al instante y se adentró en una de las dos habitaciones del apartamento, tardando casi dos minutos en salir con una gran sonrisa y una caja de condones en su mano que me mostraba haciéndola girar entre sus dedos.

-¡Solucionado! -Me dijo-, mi ex siempre tiene reservas.

Quizás hubiese solucionado otra vez el problema que se nos planteaba, pero aquellos condones me quitaron otros tres puntos del nivel de lujuria que me embargaba, me parecía que esos condones bien podrían estar destinados a que una polla la penetrara, aunque sin importar si era la mía o la de su ex, la próxima vez tendría que ir mejor preparado para estos menesteres.

Terminé por ponerme uno de ellos y estaba claro que perdí un poco de mi flamante erección, por lo que tuve que volver a arreglarlo volcándome sobre ella para darle un buen morreo y unos buenos chupetones a sus preciosos pechos que espabilara mi pinga y vaya si lo hizo. Enseguida centré el glande en la entrada de su vagina y con una simple presión el miembro se fue alojando en su interior, solo hasta la mitad pues su mano se posó en mi vientre haciendo que me detuviera.

-Para un momento, uff... es muy grande, sigue ahora pero más despacio. -Me pedía.

A partir de ahí no hubo más entreactos, todo fue fluido hasta que ella disfrutó su segundo orgasmo de la noche y a ese le siguieron uno detrás de otro y ya no podía aguantar ni un minuto más.

-Mónica, cielo, ya no puedo más, me voy a correr... córrete tú conmigo, preciosa...

No tuvo que hacer mucho esfuerzo para cumplir lo que le pedía y ya volvía a sentir en mi polla esas benditas contracciones que me iban a desarbolar, pero le había hecho una promesa...

-Lo quieres en tu boca ¿Verdad? -Quise que me confirmara antes de correrme.

-Ni se te ocurra sacarla, precioso... todo adentro... aaaggg...

Pues adentro como no podía ser de otra manera ante su última orden. Estuve un rato encima de ella disfrutando de nuestros besos, ambos en silencio concentrados en darnos esos arrumacos, hasta que noté que mi pirindola se iba aflojando y tuve que incorporarme para salirme de su interior no fuese a ser que el condón nos diera un problema.

-¡Dios mío! -Exclamó Mónica al ver el contenido del preservativo-, a ver, déjame verlo bien.

Tal como me lo quité se lo entregué en su mano extendida y ella lo miró de cerca dejándolo colgar para calibrarlo con más contundencia.

-¡Qué barbaridad! Si me lo hubiese tragado cojo una congestión, -Sentenció mirándome luego con una gran sonrisa en la cara-, te juro que cada vez entiendo menos a tu novia, bueno a Carmen. Lo tuyo no se encuentra hoy día por ninguna parte.

La verdad es que yo también me lo pregunté muchas veces, no pensando en que yo era algo excepcional echando un polvo, sino más bien por lo que veía en el resto de mis amigos o incluso en el propio Richard, llegando a la conclusión que al menos ninguno de ellos se podía destacar comparándolo conmigo.

-No sé Mónica, pero algo debo estar haciendo mal cuando me pasan estas cosas, precisamente con las dos mujeres con las que he llegado a formar pareja.

-No has sido tú el culpable de esa situación, Julián, han sido ellas las que no te han sabido valorar y que sepas que tú vales mucho en todos los sentidos y en la cama también me lo acabas de demostrar.

Ella siguió insistiendo sobre lo mismo un rato más, pero yo la verdad es que no lo veía nada claro. Más tarde nos fuimos a dormir a su pequeña habitación y su cama de 105 centímetros que fue algo incómoda para los dos, pero que nos obligó a estar muy pegados toda la noche. Por la mañana nos encontramos con el problema de que su ex se encontraba desayunando en el mostrador de la cocina, por lo que después de las presentaciones un poco incómodas, nos largamos a hacerlo nosotros en una cafetería cercana.

-No te preocupes por lo que él pueda pensar de mí, -me quiso aclarar-, porque ésto me lo ha hecho mi ex varias veces y hasta me alegro que al menos me haya visto con un hombre tan atractivo como tú, que le vayan dando al cabrón ese.

El martes fuimos Mónica y yo al notario que me asignaron desde mi central. Allí se encontraba la otra parte acompañada por Fayna como representante de la inmobiliaria. Los trámites fueron relativamente rápidos y poco después salíamos de allí con las llaves de la casa ya en mi poder. El resto de la semana fue un ir y venir a la casa para ultimar todos los detalles y ese fin de semana nos pudimos mudar a la misma, dejando el hotel con alguna pena por lo bien que habíamos sido tratados durante el tiempo que permanecimos allí.

Fayna fue la que me buscó el jardinero que atendería el pequeño jardín y el mantenimiento de la piscina, así como una chica que se encargaría de la limpieza de la casa en una mañana cada dos días. Yurena quedó establecida en la habitación de la planta baja, en la que ella misma pidió que se colocara la cuna de Belén. También se hizo cargo de atender la casa y hacerme la cena los días que yo se lo pidiera, aceptando a regañadientes que le subiera su sueldo, pues la pobre decía que con la asignación que ya tenía, más la pensión de viuda y la comida que le saldría gratis, tenía más que suficiente.

La noche del sábado fue la primera que disfrutamos todos en la nueva casa y digo todos, porque también nos acompañaba Mónica que llegó a dedicar más horas de trabajo para acondicionarlo todo, que yo mismo. Le pedí que se viniera con lo necesario para pasar la noche con nosotros y así lo hizo sin preguntar si aquello iba a tener alguna prolongación en tiempo y es que la verdad no profundizamos más en el tema. A Yurena la puse al tanto de la proximidad de Mónica en mi vida y parecía que ya lo intuía pues no demostró ninguna sorpresa, solo me dijo que se alegraba mucho por ella, que era una excelente chica que se lo merecía todo. Tampoco era que le había pedido que se viniera a vivir conmigo, en fin...

El contacto con mis amigos era frecuente, vamos que casi todos los días hablaba con ellos contándoles como iba el avance de la casa, al mismo tiempo que Marta me informaba de las últimas conversaciones con Carmen, que seguía esperando que el Richard de los cojones le diera la patada a su novia y además la amiga con la que llegó a compartir piso, tenía desde hacía tiempo su sustituta.

Me imaginaba los apuros que estaría pasando Carmen por culpa de las mentiras de su novio una vez más. La echaba mucho de menos, pero la tenía que ir olvidando poco a poco, ella se había decantado desde hacía mucho tiempo por Richard y ahí yo no podía hacer nada, solo aceptar su decisión y desearle que le fuera lo mejor posible.

La verdad es que sentía preocupación por todos menos por mí mismo, era como si yo fuera el vigilante del espacio, que no fuera a ocurrir ninguna colisión entre astros, ni fuese a caer un meteorito en la Tierra, pero y de mí quien se iba a encargar para que mi vida fuese mejor cada día. Cuan lejos sentía a mi esposa Sofía, si es que además ya me parecía que lo de Carmen era agua muy pasada, Mónica se perfilaba como la mejor de las candidatas para plantearme una nueva relación, pero vivía con su novio y eso no terminaba de entenderlo demasiado bien, a ver quien me daba a mí la seguridad de que en una de esas noches no podrían sucumbir a un encuentro carnal, una cana al aire, vamos, seguro que no había nadie que pudiera poner su mano en el fuego porque aquello no pudiera ocurrir. Solo, me encontraba solo otra vez, con la ayuda de mis amigos de siempre y el bien hacer de Mónica, la que me lo solucionaba todo.

Tampoco estaba seguro de no tener un conflicto en un futuro más o menos próximo por la custodia de Belén y es que era muy extraño que Carmen se desentendiera de su hija con esa facilidad con la que lo hizo. También sentía que su estancia en mi casa suponía en cierto modo que no acabábamos de romper nuestra relación, no era capaz de asumir que ella era mi ex-novia, ¿Qué concepto era ese? No, la verdad es que todavía quedaba una especie de lazo quebradizo, que no terminaba de romperse y que nos seguía manteniendo unidos. El sábado volvería a casa, seguro que Carmen seguiría viviendo allí y podría verla de nuevo, no sé, igual el cabrón de su... de Richard había terminado por decidirse a cumplir su palabra y ahí se acabaría todo, no sé...

Con Mónica pasé una estupenda velada en el jardín que llegamos a culminar con los dos metidos en la piscina, sin hacer ningún largo, por supuesto, más bien en unas distancias muy cortas, con unos besos muy tranquilos, aunque ardientes y que terminamos de disfrutar en la inmensa cama de mi nuevo dormitorio. El domingo le pedí que pasara el día con nosotros, pero había quedado para ir a comer con su amiga Fayna y algunas más.

El lunes hablé de nuevo con mis amigos, tal como ocurría casi todos los días, con la única diferencia que en esta ocasión me hicieron ver lo enfadados que estaban con el sinvergüenza de Richard, que al parecer le había pedido ahora más tiempo a Carmen para tomar su decisión, o sea, que ni siquiera se había planteado para nada eso de casarse con ella, en línea totalmente con lo que todos pensábamos, menos la propia Carmen que parecía vivir en un mundo aparte.

Tan enfadados estaban que hasta tuve que hacerles prometer que no irían en busca del susodicho, porque me temía que se meterían en un buen lío si llegaran a modificar la estructura ósea de este individuo. Ya no dejé de llamarles todos los días, siempre con llamadas a tres y a veces con las intervenciones esporádicas de Marta o Sonia.

-No sabes lo mal que se encuentra mi prima, Julián, -me decía Marta-, es que ni sale de la casa y apenas me contesta con monosílabos cuando hablo con ella, se siente muy derrotada y totalmente arrepentida por haber hecho caso de las promesas de ese cabrón y llorando sin cesar por la ausencia de vosotros dos... ya sabes.

-Pues vosotros tomarlo con mucha calma que os conozco y sé que podríais cometer una locura, seguir apoyándola porque estoy seguro que eso sí que lo estará necesitando a espuertas. Este fin de semana iré de nuevo a mi casa acompañado de Belén y espero veros el sábado como la última vez.

-¿Es que no piensas venir a nuestro encuentro de los viernes? -Me preguntó Marcelo.

-Creo que no, no sé... ya os lo diré... -Le respondí confuso.

No me sentía comprometido con Mónica, ni mucho menos, era cierto que se volcaba conmigo y con mi hija en cuanto necesitábamos de su ayuda, también que habíamos disfrutado esas dos noches tórridas últimamente, pero no teníamos un compromiso serio, quizás también el hecho de que viviera con su ex influía bastante. Por eso cuando Marcelo me hizo esa pregunta, no terminé de rechazarlo de plano, ¿A quien tenía que rendirle cuentas en estos momentos? La respuesta era bien sencilla, ¡A nadie!

El jueves fue cuando se armó la marimorena, sabía que por muchos consejos que les diera a mis amigos, aquella situación podría reventar y vaya si reventó, como un siquitraque, vamos.