Bea pasado, presente y futuro 2
Bea siempre creyó que su relación era sólida, pero el ritmo de las clases de baile y las miradas de Quique han comenzado a erosionar sus límites. Con Carlos lejos, la tentación se vuelve insoportable y el peligro de ser descubierta solo intensifica el placer prohibido.
BEA PASADO, PRESENTE Y FUTURO 2
Me apunté a las clases de baile por dos motivos, el primero que me encantaba bailar, me pasaría todo el día bailando, el segundo era que para mi trabajo tenía que mantener mi figura, pero odiaba los gimnasios. Me apunté a uno solo para acompañar a Carol, es verdad que hacía ejercicios, pero la verdad es que ella los usaba para buscarse ligues. En más de una ocasión me metió en un lió, recuerdo uno del que salí airosa por un milagro. Mientras Carol se pasó toda la tarde hablando con uno de los musculitos, yo estuve corriendo sobre una cinta de correr.
Me gustaba correr, muchas mañanas solía hacerlo por un parque que quedaba detrás de nuestra casa. Pero hacerlo sobre esa cinta me resultaba la mar de aburrido, el amigo del musculitos se acercó a mí para intentar tirarme la caña. No estaba de humor, el enseguida noto mi nulo interés y decidió replegar velas. No sé cuanto tiempo habría pasado cuando Carol volvió a acercarse a mí.
• Menudo carácter tienes a veces chiquilla – dijo una bromista Carol.
• Anda que tú, ¿qué quieres?
• Va a ser vedad que estás enfadada.
• No es eso Carol, en los gimnasios me aburro mucho – dije con un tono aburrido y triste.
• Eso es porque no te fijas en las cosas buenas, acompáñame y verás.
Me cogió de la muñeca y tiro de mí, conocía el gimnasio y nos estábamos dirigiendo a los vestuarios, me preguntaba ¿para qué demonios íbamos al vestuario?, no me dio tiempo a pensar en nada más, los vestuarios tenían un pequeño pasillo en la entrada con un perchero para colocar objetos. Carol entró en el vestuario, pero en vez de entrar en el vestuario de mujeres lo hizo en el vestuario de hombres. Cerró la puerta con un pestillo y empezó a desnudarse mientras me guiñaba un ojo.
La muy cabrona iba a fallárselo y pretendía que fuera testigo, El musculitos estaba de espaldas, pero al notar los pechos de Carol en su espalda se dio la vuelta con una gran sonrisa. Cogiéndola del culo, la levanto y apoyo su espalda en la pared de baldosas, Carol gimió al notar el frió material pegarse a su espalda, pero eso no fue nada, al grito ahogado que pego al sentirse invadida por semejante pollón. Todo me parecía una locura, si alguien quería entrar y tocaba la puerta no tendría salida y ese momento se convertiría en el más embarazoso de mi vida.
Lo lógico hubiera sido largarme de allí sin mirar atrás, pero no lo hice, me quede hipnotizada con la escena de la que estaba siendo testigo. Me bajé el pantalón deportivo, no me puse tanga, porque con ese pantalón se terminaba metiendo dentro de los labios de mi coñito y me provocaba unas rozaduras muy dolorosas. La verdad es que al no llevar nada debajo mi coñito se marcaba en el pantalón, al principio me daba corte, pero me fije que no era la única con ese problema y parecía ser de lo mar normal.
Luego llegaron esas situaciones morbosas que había vivido al lado de Carlos, que había abierto mi mente y me empezó a excitar saber que muchos de los hombres de todas las edades me miraban con deseos de bajarme el pantalón deportivo y hacerme suya en ese mismo instante. Metí mi mano que llego rauda a mi coñito y con la otra intentaba bajarme el pantalón para poder masturbarme con más facilidad. Intente bajármelo del tirón y casi me tropiezo, pero conseguí mantener el equilibrio, estaba lista para gozar. Carol se mordió la mano para no gritar y yo no tarde mucho en hacer lo mismo, entre el calor que hacía en ese vestuario y el calor que sentía por la excitación del momento sudaba copiosamente. Escuche como el tío gritaba su orgasmo, pare en seco y me asuste, si habían terminado podían pillarme, pero pronto vi como Carol colocaba sus manos sobre la pared y movía su precioso culo, el musculitos no tardo en empalmarse otra vez y poniéndose otro condón la volvió a penetrar.
Respire aliviada y me dispuse a continuar con mi masturbación, tenía el coñito tan mojado que de mis dedos resbalaba el flujo manchándome toda la mano. Si seguía así terminaría con todo el coñito irritado, pero reconozco que estaba siendo uno de los momentos más placenteros de mi vida. Aguante todo lo que pude, pero me llego un orgasmo atronador y sin avisar. Justo me dio tiempo a meterme la mano en la boca para que nadie se diera cuanta que yo estaba en ese vestuario agazapada siendo testigo del pedazo de polvo que se estaba marcando Carol.
Una vez recupere mi aliento me subí el pantalón, abrí el pestillo con sumo cuidado, salí de aquel vestuario camino al de mujeres para poder refrescarme y lavarme las manos, de no hacerlo el olor impregnaría todo el gimnasio. Una vez pasado el calor del momento me entro una gran vergüenza, salí del vestuario y volví a ocupar la cinta de antes, me puse a correr como si no pasara nada intentando disimular lo mejor que podía. Llevaba un rato correteando sobre la cinta cuan alguien puso su mano sobre mi espalda, al girarme me di cuenta de que era Carol.
• Te lo has pasado bien, ¿verdad guarrilla?
• No sé dé que me hablas – dije intentando disimular.
• A mí no me engañas, desde la ducha se podía distinguir tu sombra, sé incluso cuando te has corrido.
• El no se abra… - estaba realmente preocupada.
• Tranquila, el estaba demasiado ocupado, no se ha dado cuenta de nada.
Una vez pasado la tensión del momento nos empezamos a reír, esa fue de las últimas veces que yo volví a pisar el gimnasio. Ahora me encontraba en Jeep de Carlos mientras el conducía llevándome a las clases de baile, recuerdo el primer día cuando me vino a recoger. Cuando Carlos llego yo le esperaba, fuera hablando con Quique, este estaba con su boca sobre mi oído y sujetándome la cintura con su mano, prácticamente rozando mis glúteos. Carlos no puso muy buena cara y menos aún cuando se acercó a donde nosotros y se lo presente.
• Me llamo Quique Pacheco encantado.
• Yo soy Carlos, igualmente.
• Carlos, tienes la chica más preciosa del mundo, cuídala, que hay mucho buitre suelto – Quique soltó esa frase con toda la mala leche del mundo.
Carlos no dijo nada, me miro y cogiéndome de la cintura y fuimos directos a su coche, podía notar su molestia, pero preferí que se calmara.
• Bea, ese tío se quiere meter entre tus piernas – se le notaba molesto de verdad.
• Carlos, puedes estar tranquilo, sabes que un tío así estaría el último en mi lista.
• El no piense lo mismo.
• Que piense lo que quiera, sabes perfectamente que no me gustan los hombres que se acuestan con una tía diferente cada fin de semana.
La conversación se cortó ahí, le dije esas frases que hacía algunos meses que cada vez tenían menos sentido para mí, según se abría mi mente, tenía más ganas de experimentar cosas nuevas y tengo que decirlo, bailando con Quique me ponía caliente en cada uno de los pasos de baile. El sabía donde colocar las manos, en qué momento sujetar mi cintura y pegarme a su cuerpo. Intentaba disimular, pero cada suspiro que soltaba era un paso más cercano a lo que Quique deseaba y no era otra cosa que acostarse conmigo, el no disimulaba en absoluto, sabía que Carol estaba detrás de el y eso me ayudo a pisar el freno
Las líneas rojas que pusimos cada vez eran menos rojas para mí, Quique lo sabía e insistía como un martillo pilón, sin prisa, pero sin pausa. Llegaba tan caliente a casa que saltaba literalmente sobre Carlos, este no se quejaba, sabía perfectamente las intenciones de Quique e intentaba sonsacarme mientras dábamos rienda suelta a nuestros instintos. Una noche, mientras me encontraba tumbada con las piernas abiertas mientras Carlos me penetraba con penetraciones profundas, me pregunto si me gustaría que en vez de ser el fuera mi profesor de baile.
Estuve a punto de meter la pata, porque mi respuesta era que sí, cortaba a Quique más por orgullo que por ganas, para que tuviera claro que conmigo no lo tendría tan fácil como con otras mujeres, pero la realidad es que lo estaba deseando. Hacía mucho tiempo que en nuestro juego de dos, Carlos había sido sustituido por Quique. Mi profesor de baile, que sabía jugar muy bien sus cartas, se empezó a acostar con algunas de las mujeres que iban a clase con nosotras, entre ellas Carol.
Lo intento con Nerea, pero esta estaba más interesada en Claudio, una versión más joven de Quique. Este como viejo zorro sabía que entre las mujeres hablábamos y que me pondrían al día en el poderío que demostraba en la cama, así fue. Todas decían que era un dios y que tenía una polla de un tamaño que solo se veía en las películas porno. En casa empecé a ver porno donde aparecían hombres parecidos a Quique, también hice creer a Carlos que las fantasías que ahora tenía eran inducidas por el juego que el empezó, pero la verdad era que esas fantasías me las había ido inculcando mi profesor de baile para que terminara claudicando ante el.
Una cosa es verdad, no me sentía nada orgullosa de ese movimiento, es verdad que Carlos me había abierto la mente, pero hacía tiempo que el juego había cambiado. Carlos creía que yo solo estaba jugando a ponerle cachondo para después darle una lección al galán, pero la verdad es que lo que más deseaba era ser otra muesca en su revolver. No era justo, Carlos no se lo merecía, pero no quería perderle y si me terminaba acostando con Quique eso era lo que ocurriría, inmersa en mis pensamientos, fui hacia la cocina. Mi desayuno ya estaba preparado sobre la mesa de la cocina, mi novio se encontraba dándole vueltas a la cucharilla mientras pensaba.
Al escucharme, levanto la mirada y me dijo.
• ¿Te acuerdas cuando me preguntaste lo que te pediría como regalo?
• Sí, sonreíste y no me contestaste nada.
• En aquel momento no me atreví, pero lo que me gustaría serían unas fotos artísticas, tuyas, desnuda, con ropa sexy y con una dedicatoria, no sé si te atreverás.
No le conteste, me acerque a el y le bese, le daría esa sorpresa y además ya sabia quién me iba a sacar esas fotografías. Llevaba yendo a las clases de baile unos cuantos meses, donde Quique lo intento todo para quebrar mis defensas con mi complacencia, claro. Los bailes eran cada vez más calientes, las manos de Quique cada vez se acercaban más a sitios que no debían y mis manos cada vez representaban menos impedimento. Carlos tendría que salir por trabajo junto a Javi durante dos semanas, ese primer fin de semana Quique nos dijo que tendríamos que ir a bailar a un certamen de bailes latinos, de un hotel casino.
Pasaríamos allí la noche y volveríamos el día siguiente, esa semana di rienda suelta a mis instintos con Carlos, pero era la polla de Quique quien aparecía en mis fantasías, lo creáis o no me sentía culpable, eso no era lo que Carlos y yo hablamos, me estaba saltando las reglas. Llego el día en que Carlos partiría para su viaje de trabajo y esa misma tarde saldríamos nosotros para realizar ese certamen de baile en aquel hotel. El baile fue una locura, Quique y yo nos llevamos toda la ovación, no me extraña, porque fuimos los que pusimos toda la carne en el asador, ciertamente no hubo parte de mi cuerpo que mi profesor de baile no tocara con sus manos, parecía un pulpo.
Cuando todo termino todos se quedaron para tomar una copa, pero yo decidí subir a mi habitación para hablar con Carlos, quería decirle que habíamos llegado bien y que el baile había sido todo un éxito. La verdad que me alegro mucho hablar con el, estando con Quique estaba a cada rato excitada, parecía que mi corazón se iba a salir de mi pecho. Hacía calor, me quité la ropa y me quede solo con una minúscula braguita.
Me dirigía hacia el baño cuando sonó la puerta al preguntar quién era se escuchó la voz de Quique. Dude si abrir la puerta, entonces mire mi reflejo en el espejo, estaba prácticamente desnuda. Sin pensármelo dos veces me dirigí a abrir la puerta. Al abrirla Quique se quedó sin palabras, ni en el más húmedo de sus fantasías se hubiera imaginado que yo le abriría la puerta de esa guisa.
• Hoy has estado soberbia mi rubita – podía notar el bulto de su pantalón, no quería mirar, pero la atracción que sentía era superior a mí, lo peor, que él se daba cuenta.
• Bueno Quique, que quieres estoy cansada y me voy a meter a la cama.
• Eso quiero meterme en la cama contigo – en ese momento lo deseaba más que nada en el mundo, pero no podía ser.
• Por favor Quique márchate y déjame en paz – si tengo que decir la verdad no soné nada convincente y él supo entenderlo así.
Entonces Quique hizo algo que no me esperaba, sé bajo el pantalón, delante de mí tenía la polla más grande que jamás hubiera visto. La boca se me hizo agua y se fue acercando a mí sin que yo moviera un dedo, empezó a jugar con mis pezones, al sentir eso me dio una punzada en mi coñito que ya parecía un manantial.
No sé cómo paso, pero tenía mi mano agarrando ese trozo de carne y subiéndola de arriba abajo haciéndole una señora paja. Nos sentamos en la cama, yo no podía dejar de mirarla. Quique intentó ir más haya, pero no sé masturbarlo, aunque eso violaba todos los acuerdos a los que había llegado con mi novio, la corrida fue abundante, después de eso me empecé a sentir mal conmigo misma, una parte de mí lo deseaba, pero otra sabia que había obrado mal, lo había traicionado.
• ¡Quique esto no puede volver a pasar!
• ¿Pero por qué preciosa?, tú lo deseas tanto como yo, no me digas que no, lo noto cada vez que bailamos juntos.
• Tengo novio, tú lo conoces y no pienso hacerle eso – mentí, sabía que si follaba con él no volvería a resistirme a follar de nuevo y pondría en peligro mi relación.
• Pues hace un momento no te ha importado – se le veía molesto, pensó que ya había alcanzado el premio y se volvía a quedar en las puertas.
• Prométeme que no volverás a intentarlo, si sigues por ese camino dejaré las clases de baile
• Prometido, no volveré a intentarlo, pero te engañas a ti misma, he visto tu expresión cuando tenías mi polla ente tus manos y sé qué te estaba pasando por la cabeza.
• Eso no es así, Quique, ¡ya está bien, me estás enfadando!
• Tú sigue engañándote a ti misma, por mí de acuerdo cumpliré el acuerdo.
No se lo creía ni él, sabía que volvería a intentarlo, Quique se había encaprichado conmigo azuzado por mí y no cejaría hasta conseguirlo. Al volver a casa los primeros días no fueron fáciles, había engañado a Carlos, no sabía como podría disimular cuando lo tuviera delante, con esos pensamientos paso la semana y el fin de semana quede con Carol y Nerea con la intención de mantenerme alejada de Quique, no pudo ser cuando llegamos al local, Quique y Claudio se encontraban allí. Mi profesor de baile volvió a las andadas, me demostró que su palabra valía tan poco como la mía.
Quería salir de allí, Quique me estaba volviendo a poner caliente con sus palabras y caricias, entonces me separe de el y llame a mi amigo fotógrafo. Se me ocurrió que sería una buena excusa para poner tierra de por medio con Quique, mi amigo no tardo en llegar y al mirar a Quique en sus ojos vi decepción, pero tenía sujeta por la cintura a Carol, ya tenía con quien follar, lo que parecía que era lo único que le importaba, espere pacientemente a mi amigo y después de las presentaciones pertinentes le puse en antecedentes.
• Quiero hacerle un regalo a Carlos, me gustaría hacer un posado con ropa sugerente y desnudos, donde la imaginación juegue un papel importante.
• Entiendo, Bea, ¿cuándo querrías hacerlo? – podía ver en su rostro como me imaginaba a mí siendo follada por él, tal vez ese deseo, sé le haría realidad.
• Esta noche, me siento inspirada, que te parece si acabamos la copa y nos vamos a tu estudio.
Pagó a la velocidad de la luz y ya estábamos saliendo del local, llegamos a su estudio, yo misma llevé la lencería que más le gustaba a Carlos, tengo que decir que según escuchaba el sonido de la cámara me empezaba a calentar.
Mi amigo cada vez se cortaba menos, acercaba su mano a sitios prohibidos, sintiendo cada vez menos pudor y alentado por mi escasa resistencia. De vez en cuento parábamos para que me enseñara como estaban quedando las fotografías, la verdad es que a Carlos se le iba a poner como el mástil de la bandera. No era el único, mi amigo también estaba cachondo, sobre todo cuando llegaron las fotografías de desnudo integral.
Con las posturas que opte, no enseñaba nada, pero insinuaba mucho. Para ese momento estaba muy caliente, una vez terminadas la sesión fotográfica el bulto de su pantalón no podía disimularlo y con seguridad tenía que estar doliéndole mucho. Hice un movimiento que él no se esperaba, me agache y liberando su polla de su pantalón, me la metí en la boca. Del placer que sintió se le cayó la cámara, por suerte había unos cojines en el suelo y eso impidió que se le rompiera.
Estuvo a punto de correrse en dos ocasiones, por lo que, antes de que eso sucediera, decidí parar y me puse a cuatro dándole la espalda, este polvo era un medio para un fin, quitarme la calentura que me había provocado mi profesor durante la tarde y parte de la noche. Se puso un condón y me la metió sin ningún miramiento, empezó un mate saca bastante pobre. Por como fardaba de conquistas, pensé que sería más hábil, Carlos le daba mil vueltas.
Ojalá estuviera aquí y no en ese viaje de trabajo, con seguridad ahora mismo estaría sintiendo un placer indescriptible junto a él. Mientras para mi amigo estaba siendo un sueño hecho realidad, para mí estaba siendo una verdadera decepción. Con esto no conseguía mi objetivo, que no era otro que quitarme mi calentura para poder seguir resistiendo los envites de Quique.
Por fin se corrió, me miro como si fuera el mejor de los amantes, yo tuve que disimular. Por lo menos las fotografías me salieron gratis, él empezó a reírse cuando las volvió a mirar.
• No te rías tanto, porque esto no se va a volver a repetir, además tendrías que volver a nacer para acercarte siquiera a su destreza en la cama – sé que ese comentario no le gusto, pero era la verdad.
• ¡Lo que tú digas! – tenía el ego muy frágil, yo había cometido la falta, pero él no tenía derecho a reírse de Carlos.
• ¡De esto que ha pasado aquí ni mu a nadie estamos!
• Sí, Bea, quien te crees que soy, además si hablo perdería una nueva oportunidad en el futuro.
Este no escuchaba, le había dicho claramente que no se volvería a repetir, en fin, entre semana pasaría para recoger las fotografías y los negativos, ahora solo quería llegar a casa y pegarme una ducha bien larga, había sido infiel a Carlos, esta situación estaba llegando a un punto sin retorno. A media semana mi amigo me llamo para que fuera a recoger las fotografías, yo había comprado un sobre, en él había escrito una dedicatoria muy bonita.
Para mi gran amor, el que alegra mis días tristes y mis noches
Por sacar lo mejor de mí con besos y caricias
Porque te siento siempre dentro, estés lejos o estés cerca
Por aguantar mi carácter cojonero y mis reproches
(Y porque sé que te hacía ilusión y pensabas que jamás me atrevería, ji, ji).
Te quiero, Carlos.
¿Sentía esta dedicatoria?, totalmente, pero también era consciente que algo había cambiado dentro de mí. Me había obsesionado con la polla de otro hombre, era consciente que si al final sucumbía y terminaba follando con mi profesor de baile, nada volvería a ser igual y sabía perfectamente que desde ese momento no podría resistirme a volver a ser follada por él.
Llego la fatídica noche, salimos todos los del grupo de baile a tomar unas copas, aquella noche decidí que me dejaría llevar. Carlos llegaba al día siguiente y era esta noche o nunca, empecé a beber más de la cuenta, sabía que estando serena no me atrevería a dar el último paso aunque lo estuviera deseando. Nos provocamos mutuamente durante toda la noche, después decidimos terminar la fiesta en mi casa. Quique lo volvió a intentar conmigo, pero no sé si fue por estar en nuestra casa o que mi yo interior no dejara de hablarme, lo que motivó el que me negara a hacerlo.
Él no perdió el tiempo y se fue a follar con Carol a una de las habitaciones. La mía la estaban usando Nerea y Claudio, podía escuchar perfectamente los sonidos que salían de la habitación donde Carol estaba siendo follada por esa polla que tanto deseaba que fuera para mí. Juraría que se esmeró en darle mayor placer aún, para que yo fuera testigo de lo que me estaba perdiendo.
Lo demás lo tengo como en un sueño, yo tonteando descaradamente en el sofá, con una borracha Carol durmiendo en el despacho, después de que Quique la cagara con esa bocaza que se gastaba. No diré que me importara, estando Carol, no me abría atrevido a llegar tan lejos, me llevo a la habitación de invitados, allí me toco las tetas, hizo algo que ni siquiera le permitía a Carlos, meterme los dedos en el culo y termine masturbándolo como lo hice en ese hotel semanas atrás.
Se hizo de día y desperté a Carol para que se llevara a cada uno a su casa, yo tenía que descansar algo, recoger la casa y ducharme para estar lo más guapa posible para Carlos, no podía evitar sentir una pequeña decepción conmigo misma, después de ducharme hable con mi amiga; sin embargo, me sorprendió pues. Al rato tocaron la puerta y cuando fui a abrir allí se encontraba Quique, me contaba, no sé qué de un reloj que había perdido.
Era mentira, claro, yo me enfadé, sabía que Carlos no tardaría mucho en llegar, no era plan de que nos pillara así, pero no pude resistirme más y decidí dejarme llevar del todo. Seguramente sería una de las decisiones más entupidas que hubiera tomado en mi vida. Tener semejante polla en mi boca fue un placer, nada comparado con sentir como me invadía centímetro a centímetro, el placer que me estaba proporcionando Quique, no me lo había proporcionado nadie y dudo que volviera a sentir algo así a no ser que volviera a repetir con él.
Lo siguiente que recuerdo es la expresión que tenía Carlos, derrotado, con una profunda tristeza y decepción, pero todavía conservaba una de mis fotografías en la mano. La miro mientras sus lágrimas caían sobre ella, no era una mirada de odio o rencor, era una mirada enamorada, de un hombre que acababa de tomar una de las decisiones más duras de su vida, no volver a ver nunca más, a la mujer que amaba más que a su propia vida.
Continuará.
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