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Historias del complejo. Segunda serie. (12)

El corazón de su padre se detuvo, pero el de Iris latía con fuerza por otro hombre. En medio del dolor y la hospital, las manos de Pablo no solo sostenían a la familia, sino que la reclamaban a ella. Ahora, con el padre ausente y el amigo lejos, solo queda el espacio que ambos han ocupado.

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La historia de Iris

Capítulo 4

Me acerqué a él y se me paró el corazón.

Papá tenía un gesto en su cara que me dijo que algo no estaba bien, apoyé mi mano en su hombro y lo moví suavemente para despertarlo, no reaccionaba, lo sacudí con más intensidad y no se movía, me empecé a poner nerviosa, lo llamaba en voz cada vez más alta y no respondía, lo miré a Pablo que veía la situación sin entender que pasaba, se acercó rápidamente a mí, miró a papá con cara de preocupación y me dijo:

-PABLO: No está respirando Iris! Ayudame a bajarlo al piso!

Entre los dos lo apoyamos sobre la alfombra boca arriba y Pablo empezó a hacer los típicos masajes de reanimación cardiopulmonar.

-PABLO: Llamá a la emergencia Iris! Rápido!

Salí corriendo hacia la cocina, en la puerta de la heladera estaba el imán de la empresa de urgencias médicas, los llamé inmediatamente, explicando la situación y me dijeron que ya mandaban una ambulancia, le dije que le estaban haciendo RCP y me dijo el operador que no se detuvieran hasta que llegara la ambulancia.

Pablo seguía presionando el pecho de papá con ambas manos y tomando su boca, le pasaba aire a sus pulmones.

Me pareció una eternidad, pero ocho minutos después, escuché la sirena de la ambulancia acercándose, fui hasta la puerta y la abrí de par en par.

La ambulancia paró en la puerta de casa y a la carrera bajaron dos médicos que entraron corriendo con un bolso cada uno.

Al llegar a papá, le dijeron a Pablo que continuara, le tomaron el pulso y uno de los médicos tomó la posta mientras el otro abría una bolsa, sacó un desfibrilador y cargando, después de abrir su camisa a los tirones, le dio una descarga, nada!

Luego de un momento otra, con esa especie de bomba con una mascarilla le daban oxigeno y seguían con la RCP.

Luego de varios minutos, uno de los médicos, en voz alta dijo:

-MEDICO: Lo tengo, lo tengo! Tengo pulso!

El otro médico preparó una inyección de no sé qué y se la aplicó inmediatamente.

Mientras tanto, el tercer hombre de la ambulancia, entraba a casa con la camilla.

-MEDICO: Prepará para traslado! Urgente! Avisá al San Martín!

Lo seguían atendiendo y el otro médico dijo:

-MEDICO: Sigue acá! Pero con pulso débil!

Miró a Pablo y le dijo:

-MEDICO: Muchacho, vamos a cargarlo!

Pablo se acomodó a un costado, bajaron la camilla y entre los cuatro lo subieron!

-MEDICO: ¿Sos familiar?

-IRIS: La hija!

-MEDICO: ¿Venís? Vamos al San Martín!

-IRIS: Sí claro!

-PABLO: Andá con tu viejo! Yo cierro todo y voy en el auto detrás de ustedes!

-IRIS: Tomá! Avisale a mi vieja!

Le di mi teléfono y salimos rápidamente de casa, subieron a papá a la ambulancia, subí detrás de él, uno de los médicos me dijo donde sentarme y salimos raudamente con la sirena hacia el hospital.

Avisaron al hospital que ya estábamos en camino, me preguntaron los datos de papá y sus antecedentes médicos, y casi diez minutos después llegamos, la ambulancia se detuvo en la puerta de urgencias y bajaron rápidamente a papá, corrí tras ellos, pero cuando atravesaron una doble puerta, ya no me permitieron pasar.

Esperé tras esa puerta llorando, hasta que unos minutos después apareció Pablo buscándome por los pasillos, al verme se acercó y me abrazó!

-PABLO: Tranquila Iris! Todo va a salir bien!

-IRIS: Tengo mucho miedo Pablo!

Lloré amargamente apoyada en su pecho.

Un rato después apareció mi madre y preguntó si teníamos noticias.

-IRIS: Todavía no!

-PABLO: Lo están atendiendo en el shockroom de la unidad coronaria!

Unos minutos después, llegaron también Nacho y Rosa.

Casi una hora después, apareció un medico que preguntó:

-MEDICO: ¿Familiares de Luis Ponce Varela?

Contestamos todos acercándonos a él.

-MEDICO: El señor Ponce Varela, en este momento está estable, con asistencia respiratoria, pero su corazón no está respondiendo de manera correcta. En un momento será atendido por un cardiólogo y se lo trasladara a la terapia Intensiva de la unidad coronaria. Allí les darán información a las diecinueve y treinta horas. Podemos decir que la persona que le practicó RCP oportunamente, le salvó la vida! Pero su pronóstico es reservado. La unidad coronaria está en el segundo piso. Muchas gracias! Disculpen! Tengo que seguir atendiendo!

No pudimos preguntarle nada, tendríamos que esperar hasta las siete y media de la tarde para tener más noticias de papá.

Pablo todo el tiempo me abrazó, y me dijo de ir a tomar un café. Yo no tenía ganas de nada, pero me convenció y fuimos a un bar de la vereda de enfrente a esperar esas casi dos horas que faltaban para las siete y media.

Un rato antes de la hora, volvimos al hospital y esperamos a que nos dieran el parte médico.

Unos minutos antes, salió un médico y nos dio el parte, nos dijo que papá estaba monitoreado, que estaba estable, que el cardiólogo le había indicado varios estudios, que quedaría allí hasta nuevo aviso y que podrían entrar solo dos personas a verlo tan solo por un par de minutos.

Entró primero mi madre y luego entré yo, al verlo todo conectado, no pude evitar las lágrimas, le tomé la mano, le di un beso en la frente, pero estaba como dormido, aunque su cara en nada se parecía a la que le había visto al llegar a casa.

Cómo ya no podíamos hacer nada más allí, nos fuimos para casa, Pablo no se despegó de mí en ningún momento y se lo agradecí, es más, esa noche por primera vez se quedaría a dormir en casa, conmigo en mi habitación.

Lo abracé y le agradecí de corazón lo que había hecho por papá, si no hubiera sido por su rápida reacción, papá se hubiera muerto antes de que llegara la ambulancia.

Para la hora de cenar, bajamos al comedor y cuando mi madre vio a Pablo, se acercó, y lo abrazó con lágrimas en los ojos, agradeciéndole también, lo que había hecho por papá.

Cenamos casi callados, estábamos todos más que preocupados por la situación de papá y en el ambiente se respiraba la tristeza.

Luego de la cena nos fuimos a descansar cada uno a su dormitorio, al despedirnos, Rosa me abrazó y me dijo que tuviera fe, que todo iba a salir bien. Cada vez me parecía más dulce esa chica.

Entramos en mi habitación, nos dimos una ducha y nos acostamos. En verdad le agradecí a Pablo que esa noche se quedara conmigo, me dormí agotada, abrazada a él.

Al día siguiente fuimos al horario de visita y esta vez entraron mi madre y Nacho.

El médico nos dijo que a papá lo tendrían que operar, así como estaba era cuestión de días semanas o meses, no podían tener una previsión de lo que pudiera pasarle sin la operación.

En la visita de la tarde, entré a verlo y estaba despierto, le tomé la mano y le di un beso en la frente.

-LUIS: Por fin veo a mi arcoíris!

-IRIS: Estoy acá papá! Para lo que necesites!

-LUIS: Dale las gracias a Pablo de mi parte! Ya me dijeron lo que hizo!

-IRIS: Tranquilo papí! Ya le agradecí!

-LUIS: Parece un buen chico! Me parece que está enamorado de vos, ¿le vas a dar alguna oportunidad?

-IRIS: Ya veremos papá! Descansá así te ponés bien y volvemos a casa!

Me despedí con un beso y salí de la unidad coronaria con lágrimas en los ojos.

Al verme, Pablo me abrazó y lloré en su pecho.

-PABLO: Tranquila Iris, todo va a salir bien!

Volvimos a casa y esa noche Pablo también se quedó a dormir conmigo.

Casi una semana estuvo papá en la unidad coronaria, siempre monitoreado y lleno de cables y mangueras.

En una de las visitas de la tarde entré a verlo y al verme, me sonrió.

-LUIS: Llegó mi arcoíris! Cómo lo voy a extrañar!

-IRIS: No lo vas a extrañar! Cuando te pongas bien, volvés para casa y me vas a ver todos los días!

-LUIS: No sé hijita mía! Pero dejame decirte algo, seguí como hasta ahora, tomá tus decisiones, elegí lo que te hace feliz y disfrutalo! Perseguí tus sueños! El dinero no lo es todo! Se feliz mi arcoíris! Se feliz con quien vos decidas!

No podía parar de llorar! Parecía que papá se estaba despidiendo!

-IRIS: No digas esas cosas! Después me las decís en casa!

-LUIS: Dale las gracias a Pablo!

-IRIS: Si pa!

Ya tenía que salir para que entrara Nacho y me despedí de él con un beso en su mejilla, me sonrió y me apretó la mano.

-LUIS: Sé feliz mi arcoíris! Siempre voy a estar con vos! No importa donde esté! Te amo hija mía!

-IRIS: Yo también te amo papi! Y ya quiero que vuelvas a casa!

Volví a salir llorando y Pablo me volvió a abrazar.

-IRIS: Me dijo un montón de cosas, como si se estuviera despidiendo!

-PABLO: Quizás necesitó decírtelas! Eso no quiere decir que las cosas no van a estar bien!

Volvimos para casa y nos sentamos a conversar en el estar hasta que estuviera la cena, esa noche Pablo también se quedaría conmigo.

Yo me había tomado licencia en la facultad, y Pablo también se había pedido unos días en su trabajo, esas semanas me acompañó todo el tiempo.

A la mañana siguiente nos levantamos, y mientras desayunábamos con mi madre, Nacho y Rosa, sonó el teléfono de mi madre.

Cuándo atendió, nos dimos cuenta que llamaban del hospital, habló un momento y cuando cortó la llamada, nos dijo que papá se había descompensado, y le habían pedido la autorización para operarlo de urgencia.

Por supuesto mi madre le dijo que sí, y un momento después, salimos todos para el hospital.

Cuando llegamos a la unidad coronaria, nos dijeron que papá estaba aún en el quirófano, y que nos tendrían al tanto.

Casi un par de horas después, apareció el médico cardiólogo y el cirujano, no venían con buena cara, y al llegar a nosotros, nos dijeron que papá había fallecido durante la operación, que intentaron por más de una hora reanimarlo, pero que no tuvieron éxito, su corazón estaba muy deteriorado.

Mi mundo se vino abajo, Pablo me tuvo que sostener porque creí que me desmayaba, en ese momento no pude llorar, me quedé como petrificada, mirando la nada, oía que Pablo me hablaba, pero no podía entender lo que me estaba diciendo, estaba como en una nube.

Abrí los ojos, y estaba recostada en una camilla, Pablo estaba a mi lado tomándome de la mano.

-IRIS: ¿Qué pasó Pablo?

-PABLO: Tuviste como una crisis, y luego perdiste el conocimiento, pero el médico dijo que la presión, el azúcar y la oxigenación están bien!

Me largué a llorar desconsoladamente y Pablo me abrazó conteniéndome.

Le pregunté por mi madre y mi hermano, y me dijo que estaban haciendo los papeles que requirió el hospital.

Un par de horas después, me volvió a revisar el médico, y me dijo que ya podía ir a casa, pero que si no me sentía bien, que volviera, me estaba preparando para irnos, cuándo llegó el médico que atendió a papá hasta último momento, y me dijo qué mi padre le había pedido el favor de que escribiera unas palabras para mí.

En un papel doblado al medio, me entregó las últimas palabras de mi padre.

En ese momento no pude leerlas, estaba muy conmocionada, como sin entender nada, ya lo haría luego en mi habitación.

Llegamos a casa, Pablo me devolvió el teléfono, y me dijo que tenía varios mensajes, entre ellos, tres mensajes de Agustín.

Le dije que por favor le contestara, y le dicté el mensaje, contándole a Agustín que papá había fallecido.

Pablo me leyó la respuesta, y en uno de sus mensajes, me decía que al día siguiente se vendría para La Plata.

Aún no me entraba en la cabeza qué papá ya no estaba, no podía ni siquiera pensar en eso.

Horas después mamá y Nacho volvieron a casa, y me dijeron que ya habían arreglado todo para el velatorio de papá al día siguiente, y que luego lo llevarían a un cementerio privado, que ese era su deseo.

No podía parar de llorar, la angustia que sentía y la opresión en el pecho, casi no me dejaba respirar.

Mi madre al verme así, me dio una pastilla que no sé muy bien que era, pero me la tomé.

No quise almorzar ese día, ni cenar esa noche.

Al día siguiente me despertó Pablo con el desayuno, ya se había bañado y cambiado, a partir de las ocho de la mañana, empezaba el velatorio de papá, que finalizaría a las trece horas.

-PABLO: Iris, te llegó un mensaje de Agustín, y me tomé el atrevimiento de contestarle mientras dormías, le pasé la dirección de la casa velatoria.

-IRIS: Gracias Pablo!

Pablo casi que me obligó a desayunar, hacia un día que no comía nada, y me iba a hacer mal, luego me di un baño y me cambié.

Fuimos a la casa velatoria todos juntos desde casa.

A llegar había un montón de gente en la puerta, y no pude evitar largarme a llorar, al ver el nombre de papá en la cartelera de la casa velatoria.

Entré en la sala donde estaba el ataúd de papa, y lloré sobre él, lloré mucho, Pablo me acompañó y me senté en un sillón, no podía parar de llorar.

Un montón de gente pasó a darme sus condolencias, y un rato después lo vi entrar a Agustín, también con lágrimas en los ojos.

Se acercó a mí, y en ese momento me puse de pie y lo abracé, y me largué a llorar con él, desconsoladamente.

Nos sentamos en el sillón y seguí llorando abrazada a él.

En este momento no se me ocurrió pensar que sentiría Pablo, pero necesitaba mucho ese abrazo de Agustín.

Le pregunté hasta cuándo se quedaba y me dijo que esa misma noche tenía colectivo para volver, su papá también estaba con problemas de salud, y no estaba yendo a la ferretería.

En un momento Agustín me dijo que necesitaba ir al baño, y aproveché para decirle a Pablo que se acercara, se sentó junto a mí, y le tomé las manos.

-IRIS: Por favor Pablo no te sientas mal, Agustín es mi amigo de toda la vida y necesitaba ese abrazo!

-PABLO: Tranquila Iris que ya lo entendí, y todo está bien! Sé que Agustín es importante para vos!

-IRIS: Gracias Pablo! Gracias por estar todo este tiempo a mi lado! Es muy importante para mí tu apoyo!

Cuando volvió a Agustín, Pablo se levantó y un momento después, volvió con café para los dos.

En verdad se había portado muy bien Pablo estos días conmigo, y se lo agradecería eternamente.

Le pregunté a Agustín por la salud de su papá, y me dijo que se le había vuelto a despertar el cáncer, que por el momento andaba bien, pero tenía que hacer reposo, pero en otro momento me contaría bien.

Un montón de personas, familiares, amigos de papá y de mama, gente de la empresa, compañeras y compañeros de la facultad, y amigos, me saludaron y me ofrecieron sus condolencias.

El momento muy duro para mí, fue cuando cerraron el ataúd de papá, creí que me desmayaba, y entre Agustín y Pablo tuvieron que sostenerme.

Luego ya en los coches del cortejo fúnebre, tomamos camino hacia el cementerio, y lloré desconsoladamente cuando descendía el ataúd dentro del pozo y lo cubrían con tierra, ese había sido el deseo de papá, volver a la tierra.

Luego los coches de la empresa funeraria, nos llevaron de vuelta, y de allí nos volvimos para casa.

Le pedí a Agustín que viniera conmigo y que se quedara hasta la hora en que se volvería para Villa Gesell.

También mucha gente pasó ese día por casa para visitarnos y darnos sus condolencias, mi hermano mayor, por los horarios de los vuelos, no había podido llegar al velatorio, llegaría recién al día siguiente con su familia.

En un momento de la tarde Pablo me dijo que iría hasta su casa, a buscar algo más de ropa.

Me quedé conversando con Agustín, y le conté como era mi relación con Pablo, y del apoyo que había sentido en él desde que papá había tenido el infarto.

Me contó con más detalle el problema de salud de su papá, y que había hablado con el médico, que le había dicho que no tenía un buen pronóstico, y que en unos días empezaría un tratamiento de quimioterapia, pero que no podían garantizar los resultados.

Eso también me puso muy mal, abracé a Agustín, y lloramos juntos.

También me dijo que tenía algo para contarme, pero que no era el momento, que en unos días cuando yo me sintiera más tranquila, seguramente podríamos hablar y me lo contaría.

No sé porque me dio por pensar en ese momento, que quería contarme que él también estaba en alguna relación con una chica, quizás con Paula.

Llegó la hora en que tenía que irse, se despidió de mi madre, y mi hermano Nacho se ofreció a llevarlo hasta la terminal de ómnibus, yo se lo agradecí, y nos despedimos con un abrazo y un beso.

Me había hecho muy bien estar con él en ese momento, luego de mi papá, era una de las personas que más quería, y que se haya venido de un momento a otro, me hizo muy bien.

Cuándo Pablo volvió Agustín ya se había ido, pero le había dejado sus saludos, y le dije:

-IRIS: Agustín me dijo, "Agradecele a Pablo y decile que te cuide".

-PABLO: Claro corazón que te voy a cuidar!

Lidia estaba preparando la cena, aunque yo no tenía ganas de comer, le dije a Pablo que me iría a recostar un rato, me dijo que tenía que ir hasta la farmacia a comprar unas pastillas para mí, y me recosté sola en la cama.

En ese momento me acordé de la nota de papá que me había dado el médico.

Busqué en el pantalón que tenía puesto en ese momento, y del bolsillo saqué aquel papel doblado en cuatro.

Aunque no era la letra de papá, eran sus palabras, y decía:

"Hija querida, mi hermoso arcoíris, la luz de mis ojos, si algo me llega a pasar, nunca olvides que fuiste la persona más importante de mi vida, y lo único que me importó siempre, fue que seas feliz!

Por favor sé feliz! No importa donde, ni con quién! Solo sé descaradamente feliz hija mía! Y si es así, yo sonreiré allí donde me encuentre, y descansaré en paz hasta el día que nos volvamos a encontrar! Te amo para siempre mi hermoso arcoíris!

Qué la vida solo te de sonrisas!

Papá."

Por supuesto mis lágrimas mojaron todo el papel, y cuando Pablo entró en la habitación, se lo mostré, y lo abracé llorando.

A partir de allí, mi vida no fue la misma, me faltaba la persona más importante, el ser más bello de este mundo, sin dudas, la persona que más me quiso, a la qué le importaba todo lo que me pasaba, todo lo que sentía y deseaba, no fue solo mi padre, fue mi maestro de la vida, fue mi confidente y hasta mi cómplice en muchos de los hechos felices de mi vida.

Pero mi vida debía continuar, estoy segura que a todos les debe ocurrir lo mismo, se deben sentir como me siento ahora, cuándo alguno de sus padres dejan este mundo, leí cientos de veces esa nota qué me dejara papá, "se descaradamente feliz" estoy segura que eso era lo que él quería, y tenía que buscar la manera de hacerlo realidad, por él.

Una semana después volví a las clases en la facultad, y también a las clases como ayudante, poco a poco mi vida fue volviendo a la normalidad, a esta nueva normalidad.

Fui a la consulta con mi doctora, la que me atiende desde hace muchos años, le conté todo lo que había pasado y como me estaba sintiendo, me dio unos medicamentos para poder dormir bien, me mandó muchos estudios para ver cómo estaba de salud, y me recomendó comenzar a hacer terapia.

Pablo volvió a su casa, en este tiempo me demostró muchas cosas, el estar tan pendiente de mí y de lo que pasaba con papá, me hizo verlo de otra manera, y acercarme más a él.

Me costaba mucho llegar a casa y no encontrar a papá, la mayoría de los días sólo estaba Rosa, y por supuesto Lidia la señora que trabaja en casa.

A mi madre parecía no haberle afectado demasiado la muerte de papá, o al menos no lo demostraba.

Mi hermano mayor estuvo nueve días en la Argentina con su familia, y luego tuvieron que volver a Italia.

Luego de la muerte de papá, hablaba o cruzaba mensaje con Agustín casi todos los días, sobre todo para saber cómo estaba la salud de su padre.

En una llamada telefónica, me dijo que quería contarme algo, qué cuando estuvo en La Plata creyó que no era el momento, y me dijo de hacer una videollamada, por supuesto le dije que sí, y al ver su cara, era como de preocupación.

-AGUSTIN: Iris, necesito contarte lo que te comenté cuando estuve en La Plata, creí que ese no era el momento, pero necesito contártelo.

-IRIS: Claro Agus, Contame!

-AGUSTIN: Desde hace un tiempo, volví a tener varios encuentros con Paula, y hace poco más de dos meses, me dijo que está embarazada!

-IRIS: Agus! Guauu! Qué noticia! ¿Cómo estás con eso?

-AGUSTIN: A vos no te puedo mentir, no me lo esperaba, sé que los preservativos pueden fallar, qué se pueden romper o salir, o qué sé yo…, pero nunca creí que me pasaría a mí. No estaba en mis planes tener un hijo, y menos con Paula, sí bien teníamos encuentros íntimos, nunca nos planteamos tener una relación como tal, tan solo nos encontrábamos para, bueno, para eso!

-IRIS: ¿Y que han decidido hacer?

-AGUSTIN: Le dije que yo me haría responsable, que no tenía pensado tener un hijo, pero que sin dudarlo, sería su padre. Paula está preocupada por la reacción de su madre, y aunque no vive cerca, también la de su padre, yo le dije que no quiero que tenga problemas, nosotros lo hicimos, y tenemos que hacernos cargo.

-IRIS: ¿Ella quiere tenerlo?

-AGUSTIN: También me dijo que no se lo esperaba, pero que nunca haría un aborto, qué no es su forma de ver la vida, y la entiendo, yo tampoco quisiera llegar a esa decisión.

-IRIS: ¿Ya lo saben tus papás y los de ella?

-AGUSTIN: Se lo conté a mamá, a papá todavía no, está en un momento delicado, y no sé cómo le puede caer. Los padres de Paula aún no lo saben, pero no podrá pasar mucho más, en poco tiempo le empezará a crecer la panza.

-IRIS: La verdad es que me tomó por sorpresa Agus, no sé qué decirte! No sé si alegrarme o preocuparme por cómo te sentís, no lo tenías pensado, pero sin lugar a dudas, esto te cambia la vida!

-AGUSTIN: Ya lo creo! Y de qué manera!

-IRIS: Lo sabes muy bien, estoy para lo que necesites, lo que sea, para el abrazo, para conversar, para llorar, de alegría o de tristeza, solo espero que lo puedas vivir de la mejor manera, que a pesar de que no estaba en tus planes, puedas hacer lo mejor.

-AGUSTIN: Ya te contaré!

-IRIS: Cuando lo necesites me llamás Agus!

-AGUSTIN: Creo que va a ser a cada momento!

Hablamos un poco más, y cortamos cuando Agustín tenía que ir al negocio.

Lo que me acababa de enterar, me había dejado helada, y con cierta sensación extraña, no sé, no me lo podía explicar bien, como algo inesperado, como de decepción, de celos o qué sé yo..., ni yo me entendía, pero en verdad no me lo esperaba, y aunque seguiríamos siendo amigos siempre, sentía que nuestros caminos poco a poco se iban separando.

Mi hermano Nacho, iba al club casi todos los días, y su equipo jugaba los fines de semana, generalmente los sábados y le tocaba viajar cuando jugaban de visitante.

Poco a poco, se fue estrechando mi relación con Rosa, y cuánto más la conocía, más me daba cuenta de la clase de persona que es, no solo es una hermosa mujer físicamente, tiene buenos sentimientos, es súper amable y respetuosa, y puedo decir que cada día somos más cercanas.

En una de las conversaciones, me contó que en Francia, había empezado a estudiar filosofía, y que teniendo tanto tiempo libre, tenía ganas de retomar sus estudios aquí.

Una mañana que no tenía clases, fuimos las dos a la facultad para averiguar si algo de lo que había estudiado en Francia, le serviría en la universidad de La Plata.

Los planes de estudio eran bien diferentes, y si decidiera estudiar la carrera aquí, tendría que comenzarla de nuevo.

Sabiendo todo lo que necesitaba para la inscripción y para la validación de su título secundario de Francia, volvimos para casa, lo hablaría con Nacho, y se inscribiría en la carrera para comenzar al año siguiente.

En una de las conversaciones le conté de la cueva, pero le dije que mi madre no estaba al tanto de ese departamento, qué papá lo había puesto a mi nombre, y qué mi madre no sabía nada.

La relación con Pablo, volvió a ser lo que era antes de la muerte de papá, entre mis clases, el estudio y el trabajo de Pablo, nos veíamos cuando podíamos entre semana, y los fines de semana me quedaba en su departamento, todo estaba igual que antes, la que no estaba igual era yo, que poco a poco fui viendo a Pablo de otra manera.

Nunca me dijo que estaba enamorado de mí, nunca me dijo que me amaba, pero creo que no hacía falta, su vida estaba cada vez más enfocada en la mía, y poco a poco me fui acercando cada vez más a él, y cada vez estaba más presente en mi vida.

Increíblemente, mi madre estaba encantada con Pablo, y eso hacía, qué no estuviera tan pendiente de mí y de lo que yo hacía o dejaba de hacer, supongo que creyendo que podía delegar ese control en Pablo.

Pablo empezó a preparar el último examen final y lo rendiría en el mes de noviembre, ya estaba a un paso de ser contador.

Nacho estuvo de acuerdo en que Rosa volviera a estudiar, y con todos los requisitos de papeles, fuimos las dos a que se inscribiera para comenzar la carrera al año siguiente.

Ya Inscripta, salimos de la facultad y me dio un abrazo agradeciéndome y nos fuimos a tomar un café juntas.

Como ayudante de cátedra en la facultad me había ido muy bien, el profesor estaba muy conforme, y cuando faltaban unas semanas para que terminaran las clases, Roberto me dijo que tenía que hablar conmigo.

En esa conversación, me dijo que el año siguiente, mi último año de carrera, también quería que sea ayudante de cátedra, pero esta vez en segundo y tercer año, y que luego de que me recibiera, quería que formara parte de la cátedra, como adjunta o como jefa de trabajos prácticos.

Por supuesto le dije que sí, que nada me gustaría más, el ser docente, era una de las opciones que manejaba para cuando estuviera recibida, no solo me encantaba estudiar, también me gustaba ser profesora.

Pablo se presentó a rendir el último examen, el veinte de noviembre por la tarde, antes de que ingresara a la mesa, con sus padres y los amigos presentes, lo abracé, le di un beso en la boca, y le deseé mucha suerte, que la próxima vez le daría un beso al contador.

Casi una hora estuvo rindiendo el examen, y todos lo esperamos afuera, cuando la puerta del aula se abrió y vi su cara, ya sabía que había aprobado.

Dio un paso fuera del aula, levantó los brazos y empezó a saltar cuál hincha de fútbol.

Todos nos acercamos a él para saludarlo y felicitarlo, y yo por supuesto besé al nuevo contador, ante los silbidos y aplausos de todos los presentes.

Al salir a la calle, comenzó la tradicional enchastrada al recibido con huevos, harina, papel picado y serpentinas.

Luego también la tradicional caravana de autos haciendo sonar las bocinas hasta la Catedral de La Plata, sitió escogido por todos los que se reciben para festejar.

Cantos, aplausos, fuegos de artificio y la tradicional foto de todos los presentes en la escalinata del templo.

Mi madre, sin yo saberlo, había preparado una fiesta en casa con la familia de Pablo y todos los amigos y compañeros para esa misma noche, normal en ella!

Para que mentir, no me cayó muy bien que lo hiciera sin decirme nada, y cuando se lo pregunté, me dijo que lo hizo así por si yo no estaba de acuerdo.

Cuando le pregunté a Pablo si él estaba al tanto, me dijo que sí, pero que mi madre le había dicho que no me dijera nada hasta después del examen.

Esa noche fue en verdad una fiesta, aunque para mí faltaba la persona más importante, pero no quise quitarle protagonismo a Pablo en su festejo.

Hubo música, bebidas y baile hasta entrada la madrugada, y Pablo estaba más que feliz.

Unos días después, a principio de diciembre, me mandó un mensaje Agustín y luego hicimos una videollamada.

-IRIS: Hola Agus! ¿Cómo está tu papá?

-AGUSTIN: En verdad nada bien, la quimioterapia lo dejó hecho pelota y casi no se levanta de la cama.

-IRIS: Cuanto lamento eso Agus! ¿Y tu mamá?

-AGUSTIN: Mamá cuidándolo todo el tiempo, pero está mal de ánimo! No sé si el viejo podrá salir de esta!

-IRIS: Dios quiera que sí!

-AGUSTIN: Ya te contaré como sigue todo esto! Pero además te quería contar otra cosa, sobre el tema del embarazo!

-IRIS: ¿Cómo está ese tema?

-AGUSTIN: El embarazo todo bien, entrando en el cuarto mes. Y ya lo saben todos, la cosa no fue sencilla cuando se enteraron sus padres, sobre todo se complicó con el padre, lo primero que le preguntó fue quien era el padre y que daba por hecho que nos casaríamos.

-IRIS: Ay Agus! ¿Y que decidieron?

-AGUSTIN: Hablando con Paula, le dije que no quería que tuviera problemas, siento que me tengo que hacer cargo y le dije que para tranquilizar a sus padres, nos iríamos a vivir juntos, aunque por el momento no nos íbamos a casar.

-IRIS: Qué movida Agus! De repente se te dio vuelta la vida!

-AGUSTIN: Que decirte! No era así como la había pensado, no con ella, y menos en este momento en que papá no está nada bien!

-IRIS: Te entiendo corazón! Y sabiendo cómo sos, no harías las cosas de otra manera!

-AGUSTIN: No podría! No me sentiría una buena persona si no hiciera esto! Y además ese bebé no tiene por qué pagar las consecuencias, seré para él el mejor padre que pueda ser.

-IRIS: Estoy segura de eso! Te conozco y sé que así será!

Hablamos un momento más y nos despedimos, definitivamente nuestras vidas iban tomando caminos cada vez más distantes.

En una de las sesiones de terapia, le conté a mi psicóloga de Agustín, de la relación que teníamos desde hacía muchos años y de cómo me había sentido al saber que tendría un hijo y que se iría a vivir con Paula.

Lo que me dijo, me dejó pensando y lo recordaría muchas veces.

Llegaron las fiestas de fin de año, y por supuesto, mi madre invitó a Pablo y a su familia a cenar la noche de Navidad en casa.

Los padres de Pablo no pudieron venir, esa noche cenaban con uno de los hermanos de la mamá, pero Pablo lo hizo en casa.

Durante la cena, y sin habérmelo dicho antes, mi madre le propuso a Pablo trabajar en la empresa familiar.

Cómo siempre mi madre haciendo lo que se le antoja sin consultarle a nadie, supongo que al no conseguir que ninguno de sus hijos trabajara en la empresa, viendo como venía mi relación con Pablo, debe haber pensado, a falta de hijos, buenos son los yernos.

Pablo por supuesto le agradeció el ofrecimiento a mi madre, pero le dijo que evaluaría la propuesta, pero creo que mi madre empecinada en que le dijera que sí, dobló la apuesta y delante de todos le dijo que en la empresa no sería un trabajador más, ella pretendía que estuviera en el lugar donde se toman las decisiones, un cargo directivo como mano derecha de mi madre.

Si eso no es meter presión, no sé que lo pueda ser.

Creo que Pablo también lo entendió así, aunque la oferta que le estaba haciendo mi madre, no era tan solo una oferta laboral, era llevarlo a la cúpula dirigencial de la empresa, y estoy segura de que para Pablo, no sería una posibilidad para dejar pasar, sobre todo por el concepto que mi madre tenía de él, por la solvencia de la compañía y por el volumen de negocios que se llevaban a cabo.

Como para rematar, como si fuera el último empujoncito en la espalda de Pablo camino a las puertas de la empresa, le dijo que “hace falta sangre joven y bien capacitada”.

A Pablo no le quedó otra que decirle que en el año entrante, resolvería su salida de la empresa en que trabajaba actualmente y le avisaría cuando estaría en condiciones de incorporarse a “lnversiones Ponce”.

Cuando estuvimos a solas, le pregunté:

-IRIS: Pablo, por favor, decime la verdad, ¿realmente es tu deseo trabajar en la empresa de la familia? ¿O te sentiste presionado por mi madre?

-PABLO: En verdad nunca lo había pensado como una posibilidad, pero si te soy sincero, la oferta suena muy tentadora, la empresa es una de las más importantes del rubro, y por supuesto el lugar que me ofrece tu madre, no es algo que cualquier otro en mi lugar dejaría pasar sin evaluar seriamente la propuesta.

-IRIS: Sé que mi madre te trata muy bien, incluso muchas veces mejor que a mí, pero ya te he contado el carácter y la forma de actuar de mi madre, en verdad no quiero que luego te lleves una desilusión y te arrepientas de haber cambiado de trabajo, creo que siento la necesidad de prevenirte.

-PABLO: Tranquila Iris! A pesar de que no tengo demasiada experiencia laboral, sé que puedo aprender rápidamente, y estoy seguro que tu madre no tendrá la necesidad de reprenderme, puedo ser adaptable a cada circunstancia.

-IRIS: En ese caso, supongo que te irá bien entonces!

Conociendo a mi madre, solo esperaba que no le saliera con alguna de las suyas, que yo tuviera discusiones o cruces de palabras con ella, era una cosa, pero que las tuviera con Pablo, ya no se lo toleraría.

Pasaron las fiestas de fin de año, y la primera semana de enero, Pablo me dijo que ya había arreglado en su actual empresa, para trabajar hasta el quince de enero, que hablaría con mi madre para preguntarle si podía comenzar en la empresa el primero de febrero, y así poder descansar unos días.

Cuando mi madre llegó, estuvieron hablando, se alegró de la decisión y le dijo que no había problema en que comenzar en febrero.

Yo también estaba de vacaciones en el mes de enero, y cuando Pablo dejó la empresa, me propuso tomarnos unos días de vacaciones juntos y hacer algún viaje.

Le dije que sí, y nos fuimos una semana a la casa de Pinamar, antes de que fuera Nacho con Rosa.

En verdad la pasamos bien, aunque cuando llegamos, no pude evitar recordar que la última vez que había estado allí, había sido con papá.

Nos tocaron lindos días de playa, paseamos, tomamos sol y lógicamente, hicimos varias veces el amor.

Volvimos a La Plata el veintitrés de enero, estando en casa, empecé sin apuro a preparar el único final que me quedaba del año anterior y que rendiría los primeros días de marzo.

Una tarde, cuando mi madre volvió de la empresa, entró a casa con varias carpetas, estábamos en la cocina tomando unos mates con Pablo, mi madre se acercó, cómo había tomado de costumbre, saludaba primero a Pablo con una sonrisa, y luego a mí.

-INES: Pablo, te traje algunos movimientos para que puedas ir familiarizándote con las inversiones de la empresa, sin apuro, andá mirándolos, y si se te ocurre alguna propuesta de mejora, me lo decís.

-PABLO: Gracias Inés! Por supuesto me interesa ir viendo el movimiento, y si se me ocurre algo te lo haré saber!

Desde ese día hasta el primero de febrero, Pablo se la pasó mirando carpetas, informes, cuentas y movimientos.

El último día de enero, mi madre le pidió a Pablo que viniera a las ocho y media de la mañana para ir con ella a la empresa.

Al día siguiente, me levanté temprano para esperarlo con el desayuno, mi madre bajó y desayunó con nosotros, luego se despidió de mí y antes de salir, me despedí de Pablo, deseándole buena suerte en su primer día.

Y a partir de ahí, fue que Pablo comenzó a ser parte de la empresa familiar "Inversiones Ponce".

Continuará…

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