Xtories

Mi Novia la Bailarina. XX- Frustrada

El viaje termina, pero el deseo no. Maya regresa con su novio, pero el recuerdo de otro cuerpo la persigue. Mientras ella lucha contra la culpa, Marcos recibe una pista que lo lleva directo a la trampa de la verdad.

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RELATA MAYA (DÍA SÁBADO, TERCER CONCIERTO)

Desperté con los ojos hinchados, sintiéndome sucia y aún adolorida. Me quedé un momento más en la cama, intentando ordenar mis pensamientos. Finalmente reuní las fuerzas suficientes para levantarme e ir a ducharme.

Bajé a desayunar y me encontré con Andy en la entrada del buffet. Nos saludamos y compartimos el desayuno. Podría decir que conversamos, pero en realidad fue ella quien habló y me escuchó; yo apenas tenía ganas de hablar, aún sintiéndome mal por todo lo que estaba haciendo.

Al terminar, subimos al piso donde estaban nuestras habitaciones. Justo en ese momento, vi salir a la mucama de mi cuarto con las sábanas en su carrito de limpieza. Me miró y, con una sonrisa cómplice, asintió con la cabeza. Era evidente que había cambiado las sábanas por la cantidad de líquido que Marcelo había dejado en ellas. Su mirada parecía más bien una especie de felicitación por haber tenido una “buena” noche. Entendí que el gesto era amistoso, que ella no tenía contexto, pero igual me puse nerviosa. Al parecer, también levantó sospechas en Andy.

—¿Qué fue eso? —preguntó.

—¿Qué fue qué? —respondí, fingiendo no entender.

—El gesto de la mucama —dijo entre risas, tratando de adivinar.

—Anoche tomé unas cervezas del frigobar... seguramente se reía de eso —mentí.

Andy no pareció del todo convencida, pero lo dejó pasar. Entró en su habitación y yo en la mía. Me recosté en la cama, sintiendo la suavidad y frescura de las sábanas limpias. Me quedé mirando el techo. Recordé la noche anterior y me sentí fatal. Me martirizaba haberle fallado a Marcos. Deseaba volver a casa, abrazarlo, besarlo, acurrucarme en su pecho y hacerle el amor de forma suave y lenta mientras me acariciaba y me besaba. Ese pensamiento me encendió un poco. Cuando imaginé a Marcos a punto de entrar en mí, lo inevitable apareció: la comparación con Marcelo. El tamaño, el rendimiento, el cuerpo.

Sin darme cuenta, mi mano ya se deslizaba dentro de mis bragas, cuando el celular sonó.

“Chicas, por favor vayan alistándose, que en una hora saldremos a conocer el escenario de esta noche.”

Era Julián, el representante.

Agradecí internamente ese mensaje, porque una vez más me estaba hundiendo en pensamientos oscuros. Me levanté, me lavé la cara y me miré al espejo. ¿En qué me estaba convirtiendo?

Una vez lista, bajé al hall del hotel. Estaban todos ahí. Marcelo, apenas me vio, sonrió. Yo desvié la mirada, porque era lo último que quería ver. Subimos a los autos asignados y nos dirigimos al lugar del show. Poco se puede destacar del reconocimiento, salvo que era un escenario más tradicional que el anterior.

El resto de la tarde, cada quien estuvo en lo suyo. Alejandra y Ana en la piscina, Marcelo y Julián se quedaron en el lugar del concierto coordinando detalles. Yo me encerré en mi habitación, sin querer salir, retorciéndome por la culpa.

Llegó la noche y con ella el concierto, lo que significaba volver a bailar con Marcelo. Sorprendentemente, fue más respetuoso que la noche anterior. Sus movimientos, antes obscenos, fueron ahora más cuidadosos. Y los susurros que solía decirme que me “desconcentraban” desaparecieron por completo.

Terminó el show y teníamos que regresar rápido al hotel, alistar nuestras pertenencias y volver al aeropuerto. Tomaríamos el último vuelo de regreso a casa.

Una vez bajamos del avion, mientras esperaba mi maleta, Marcelo se acercó.

—Oye, sé que lo que pasó entre nosotros es complicado... Tal vez sería mejor mantenerlo en secreto. ¿Te parece si lo hablamos mañana?

Solo asentí con la cabeza. Empezó a darme detalles del encuentro de mañana, pero yo estaba distraída, asegurándome de que nadie del grupo estuviera cerca para oírnos.

Finalmente salimos de la sala y ahí estaba Marcos, esperándome. Sentí el corazón encogerse, los ojos humedecerse. Lo extrañaba con locura. Corrí a abrazarlo y besarlo. Ese abrazo se prolongó varios segundos. Al fin, con él a mi lado, volvimos a casa.

Estaba agotada, solo quería dejarme caer en la cama, pero necesitaba tenerlo cerca, reafirmar mi amor. Apenas se acostó a mi lado, lo besé con pasión, con más desesperación que nunca. Metí mi lengua en su boca esperando que él hiciera lo mismo. Lo hizo, pero con delicadeza, con ternura. Me avergonzaba admitirlo, pero deseaba que me besara con intensidad, como si quisiera tragarme entera.

Le quité el pantalón y, al salir su miembro, bajé de inmediato para metérmelo en la boca. Él apoyó su mano en mi nuca, y eso me ilusionó. Quería que empujara mi cabeza, que me lo hiciera tragar hasta el fondo, pero solo acariciaba mi cabello. Era romántico, tierno… pero no era lo que yo deseaba.

Me monté sobre él y lo introduje. Si él planeaba ser romántico, a mí me tocaba ser la salvaje. Comencé a rebotar sobre él con desesperación, intentando que entendiera que quería sexo duro. Pero algo estaba mal. No sentía que su miembro rozara lo suficiente, que llenara como antes. Recordé la noche anterior. El miembro de Marcelo... solo con la cabeza ya me dolía, me deshacía. Apenas una parte de aquel miembro y ya inundaba toda mi cavidad.

Ahora, con Marcos, aún con todo dentro, apenas sentía. No importaba cuánto cabalgara, qué tan rápido o brusco fuera. Él seguía siendo el mismo Marcos de siempre: tranquilo, pausado, romántico. Y hasta ese punto, incapaz de darme el sexo que deseaba.

—Ufff... no aguanto más —dijo Marcos antes de acabar dentro mío.

Caí a su lado. En toda nuestra relación, siempre había quedado satisfecha, o al menos no decepcionada. Pero esa noche fue diferente. Por primera vez, me sentí sexualmente frustrada.

—Te amo —dijo Marcos, antes de recostarse y quedarse dormido.

Yo me quedé pensativa. ¿Había bastado un solo encuentro con Marcelo para arruinar por completo mi vida sexual?

Antes de dormir, miré el celular. Era Marcelo: me decia de vernos el domingo para tomar un café y aclarar las cosas.

MARCOS RELATA (Día domingo, segunda semana de conciertos)

Había extrañado mucho a Maya. Por fin estaba en casa. Tendría que acostumbrarme a que viaje casi cada semana. No me agradaba, pero entendía que era necesario para que ella siguiera creciendo profesionalmente.

Seguía acostado. Ella dormía a mi lado. Sabía que debía sacar el tema del artista con el que trabaja, pero verla dormir me desarmaba. ¿Y si se molestaba? No quería discutir con ella. Dudé una vez más, aunque en el fondo sabía que era una conversación inevitable.

Pasamos la mañana sin salir. Me contó cómo se sintió en el concierto, y lo que significó estar lejos de casa por trabajo. Al mediodía cocinamos juntos. Luego, me dijo que saldría por la tarde con su amiga Alejandra a tomar un café. Me pareció raro, ya que habían estado todo el fin de semana juntas, pero no dije nada. No quería ser el novio que prohíbe un café con una amiga. ¿No?

Apenas salió, mi celular sonó. Era Fabián. Raro. Él nunca llama, solo manda mensajes. Odia hablar por teléfono.

—Hola —atendí.

—Tenemos que vernos inmediatamente. No sabes lo que me acabo de enterar —dijo exaltado, como si se tratara del chisme del año.

—¿No prefieres mañana después del trabajo? Hoy estoy sin ganas de salir.

—Es sobre los puertorriqueños con los que baila tu novia.

Me quedé helado. ¿Qué se habría enterado?

—Nos vemos en media hora —le respondí.

Me alisté lo más rápido que pude y fui al bar de siempre. Fabián ya estaba ahí, con dos cervezas.

—¿Qué pasó? —pregunté directo, sin rodeos.

—Te tengo que poner en contexto, y necesito que estés tranquilo hasta que termine —dijo tomando un trago.

—Dale.- respondi nervioso

—¿Ubicás a mi primo, el más joven? El que recién empezó a trabajar, el que desayuna con la familia todos los domingos.

—Sí, Fernandito, creo que se llamaba, ¿no?

—Ese mismo. Empezó a trabajar en el hotel donde se hospeda el cantante con el que trabaja tu novia.

—Ajá —dije, temiendo que contara alguna historia turbia de ese tipo, que aumentara mi preocupación.

—Resulta que anoche, cuando llegaron de viaje, Fernandito les ayudó con las maletas. Escuchó a uno de los bailarines decir: “Mañana por la tarde llevaré a una de las bailarinas a tomar un café, y después al hotel... me la cogeré hasta que salga el sol”.

Sentí un hueco abrirse en el estómago. Recordé que Maya me había dicho que saldría esa tarde a tomar un café con Alejandra. ¿Sería ella?

Di un trago seco a la cerveza y me puse de pie.

—Creo saber en qué café están.- Respondi serio

Fabián me miró. Sabía, por mi rostro, que por primera vez dudaba de Maya. Sin decir nada, me siguió. Tomamos un taxi y nos dirigimos directamente al café habitual de Maya y Alejandra.

Entramos. Al fondo, en una mesa, había una pareja. Uno de los puertorriqueños con los que baila Maya... estaba tomado de la mano con una chica. Fabián solo puso su mano en mi espalda.

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