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Creí que no, pero sí (11)

Sebastián creyó que podía ser solo un amigo, pero verla sonreír con otro rompió su mundo. Ahora, el silencio entre sus mensajes pesa más que cualquier palabra, y Valeria descubre que el verdadero pecado no fue acostarse con otro, sino haberlo hecho cuando su corazón ya no estaba en esa cama.

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Capítulo 11

Sebastián

Ese fin de semana, el equipo no jugaba el domingo, el partido se había pasado al lunes y en la práctica de la mañana, comenté en la reunión del cuerpo técnico, del cumpleaños de mi amigo.

Me dieron permiso para ir, pero tenía que volver el domingo a las once de la mañana, ya que el plantel entrenaría para el lunes.

Luego de la práctica de la tarde, me fui al departamento, me di un baño y me cambié, salí con la moto y en un local del centro le compré un reloj digital a Miguel, esos que te miden el pulso, te cuentan los pasos y esas cosas.

A las siete y media salí para La Plata, llegué a lo de Miguel a eso de las nueve menos cuarto, justo casi para la hora de comer.

Fui recibido como si de un campeón mundial se tratara, así de considerado me siento con ellos.

Ya en casa de Miguel, le envié un mensaje a Valeria, diciéndole donde estaba, y ella que me dijo que festejaban el cumpleaños de una de sus amigas en un bar.

Quedamos en hablar el domingo por la mañana, antes de volver al club.

El asado estuvo tremendo, en total éramos doce personas y el vino tinto iba y venía, pero yo no quería tomar de más, ni acostarme muy tarde, al día siguiente tenía que volver temprano a Varela.

Luego del asado, no sé si ya estaba así planeado, todos dijeron de ir a un bar, para seguir con los festejos.

Cuando salíamos, a eso de las doce de la noche, le dije a Miguel que iría al bar, pero tan solo un rato, a más tardar a la una de la mañana, me iría a dormir.

Bastante entonado ya, me dio un abrazo y me agradeció que haya podido ir.

Salimos todos en tres autos y yo en mi moto, del bar me iría directamente a mi departamento a dormir unas horas.

Pasamos por un par de bares que estaba a tope, estacionaron en la zona de tribunales y desde allí fuimos caminando hasta el diagonal setenta y cuatro, en alguna de las cervecerías de allí, encontraríamos lugar.

Terminamos entrando en una, de una famosa franquicia de una marca de cerveza artesanal de Mar del Plata, que también estaba lleno, pero el local es inmenso.

Entramos todos y en la barra pedimos unas cervezas, yo tan solo tomaría una y como le había dicho a Miguel, a la una de la mañana me iría.

El local estaba lleno de gente y nos quedamos de pie, cerca de la barra, donde encontramos un hueco para todos.

Risas, canto de cumpleaños, abrazos, besos, en verdad la estábamos pasando muy bien, pero la hora de mi partida había llegado.

Me acerqué a Miguel y le dije:

-Migue! Ya me tengo que ir! Que termines muy bien esta noche!

Y ya con las palabras atascadas por lo que llevaba de alcohol, me dijo:

-Gracias por venir amigo! Me encantó verte! Lástima que ya tengas que irte! Pero te entiendo! Gracias Seba!

Me dio un abrazo y al separarnos, tuve que ir al baño, me estaba haciendo pis, y no sabía si iba a poder llegar a casa.

Caminé entre las mesas en dirección a los baños que estaban en el fondo y entre tanta gente la pude ver.

En una de las mesas contra la pared lateral de la cervecería, estaba Valeria hablando con un hombre, que tenía su mano sobre el brazo que Valeria tenía apoyado en la mesa.

Hablaban y sonreían animadamente, solos en esa mesa.

¿Por qué me había dicho que se juntaba con sus amigas, si en verdad lo había hecho con un hombre?

Mi imaginario castillo de arena, ese que solo yo me había hecho en mi cabeza, se lo llevó la ola que provocó el verla sonreír con esa complicidad con ese hombre.

Ni se me ocurrió acercarme, y deseando que no me hubiera visto, seguí en dirección a los baños.

Al volver, ni siquiera miré en su dirección, ¿para qué? No iba a interrumpir lo que sin dudas era una salida con un hombre.

Me despedí de todos y me fui del bar.

Me subí a la moto y fui para casa pensando en lo que había visto.

Guardé la moto y caminé hasta el edificio, subí, me saqué la ropa y me tiré en la cama.

Soy consciente de que no tenemos nada, que ni siquiera sabe Valeria lo que a mí me pasa, es una mujer que por fin salió de un matrimonio con un tipo tóxico y es normal que salga con alguien.

Pero para que mentir, me cayó para la mierda verla con otro, y más que me haya ocultado la verdad, ¿por qué no pudo decirme que estaba con un hombre? ¿Imaginará lo que me pasa y para no lastimarme me lo ocultó?

Sin dudas tenía todo el derecho de salir cuando quiera y con quien quiera, pero en cada mensaje me hacía ver que me extrañaba, que tenía ganas de verme, y yo… ilusionado como un chico, seguía pensando todo el tiempo en ella, que suerte la mía…

Pensando una y mil cosas me quedé dormido, a las ocho de la mañana, cuando sonó la alarma de mi teléfono me levanté, me di un baño y preparé el mate.

Había quedado en que la llamaría, la verdad es que no quería escuchar que me dijera que había salido con un hombre, prefería no saber nada, pero había quedado en eso y no iba a faltar a mi palabra.

Con el mate en la mano, a las ocho y media le mandé un mensaje, tan solo:

-Hola Vale!

Que no tuvo respuesta, y a las nueve menos veinte, la llamé por teléfono, si estaba durmiendo, sin dudas se despertaría.

No respondió tampoco a la llamada y por mi cabeza no dejaba de pasar la idea de que había pasado la noche con ese hombre.

A las nueve le envié un último mensaje:

-Bueno Vale, supongo que estarás durmiendo. Ya me voy, será la próxima! Un beso

Que tampoco tuvo respuesta.

Bajé con mis cosas, fui a buscar la moto, y quizás como un intento desesperado por poder verla, de saber algo de ella, de darle un abrazo, de saber que tan solo dormía y que nada había pasado con ese hombre, fui hasta su departamento.

Toqué timbre un par de veces pero tampoco respondió.

Triste y con lágrimas en los ojos, me subí a la moto y me fui para Florencio Varela.

Durante el viaje, sentí vibrar mi teléfono en el bolsillo del pantalón, y suponiendo que podría ser ella, decidí no mirar el teléfono.

Llegué a Varela, pasé por el departamento a cambiarme y recién allí lo leí, en ese mensaje me pedía perdón, estaba durmiendo y no había escuchado el teléfono.

Decidí no contestarle en ese momento, sin dudas estaba durmiendo, pero no sola y no en su casa...

Luego de la práctica, nos fuimos con Manuel para el departamento y al entrar me preguntó.

-¿Todo bien Seba?

-Sí Manu! ¿Por?

-No tenés buena cara hoy, y estás un poco callado…

Ya nos conocíamos bien, ¿para qué mentirle?

Mientras tomábamos unos mates le conté toda la historia, lo que me pasaba con Valeria y lo mal que me había hecho vela con otro hombre.

Sin esperármelo, Manu se acercó y me dio un abrazo, tan solo eso, sin decir nada más, y fue suficiente para que me sintiera comprendido.

Recién a eso de las diez de la noche le respondí el mensaje:

-Hola Vale! No pasa nada! Me imaginé que dormías! La próxima será!

Y su respuesta llegó inmediatamente

-Hola Seba! Perdón! Había tomado más de la cuenta y bueno… perdón!

-No hace falta que me pidas perdón! Son cosas que pasan! La vida misma! Un beso.

Decidí que ese sería el último mensaje, por eso me despedí con un beso, y ella respondió:

-Otro para vos! Porfa, la próxima vez que vengas avisame, me gustaría verte!

Esa noche antes de dormirme, decidí que tenía que dejar de pensar en Valeria, ella tenía el derecho de rehacer su vida como más quisiera, ¿quién era yo para decirle algo? Ya no sería yo quien le escribiera, aunque respondería de la mejor manera cuando ella lo hiciera.

La tenía que sacar de mi cabeza, el tema iba a ser… sacarla de mi corazón.

Así fue como esa misma semana, me anoté en un curso de entrenamiento en alto rendimiento deportivo que se dictaba en la sede de uno de los equipos de primera división de la ciudad de Avellaneda, duraba dos meses y eran tres encuentros por semana en la noche.

Los días fueron pasando y tan solo respondía a los mensajes que Valeria me enviaba, con onda, pero nunca le preguntaba como andaba, como iba su vida, tan solo porque no podría soportar que en algún mensaje me dijera que estaba saliendo con ese hombre o con algún otro.

El último fin de semana de octubre, ya con calor, jugaba la selección nacional por eliminatorias para el mundial, por lo que la fecha se suspendía ese fin de semana.

Decidí entonces, ir a ver a mis viejos a Magdalena, pasaría por La Plata, pero no se lo diría a Valeria, no estaba seguro de querer verla, en ese momento pensé que quizás los mensajes que cruzábamos se irían espaciando hasta que perdiéramos el contacto... y así lo prefería… para no seguir pensando en ella y seguir con mi vida.

Cómo el viernes no entrenábamos, me iría temprano, me quedaría con mis viejos hasta el sábado a la nochecita, después pasaría por casa de mis amigos en La Plata y el domingo a media tarde, me volvería para Florencio Varela.

Cuando terminamos el entrenamiento del jueves, camino al vestuario, iba conversando con Jazmín, y me dijo:

-Mañana es mi cumpleaños, pero como Inés tiene guardia en el hospital, nos juntamos esta noche en casa, después de las doce soplo las velitas!

-Qué bueno!

-Escuchame! Me gustaría que vinieras! Mi amorcito te quiere conocer!

-Sí, dale! Pero me voy después de que soples las velitas, mañana temprano me voy para Magdalena a ver a mis viejos! ¿Y cómo es eso de que tu chica me quiere conocer?

-Porque le hablé bien de vos boludo! Por eso! De los demás no le digo nada bueno!

-No seas mala!

-Bueno! En serio! Te espero a las nueve en casa! Ahí te mando la dirección!

-Dale! Pero mirá la hora que es! ¿O me baño o te compro un regalo?

-Uff! No! Regalo no hace falta! Mejor báñate! Que olor a chivo ya me llevo de acá cada vez que vengo!

Nos reímos, me despedí de ella y me fui al departamento a bañarme y cambiarme.

Miré la ubicación de su casa y por suerte no era muy lejos, en Berazategui, a más o menos veinte minutos en la moto.

Me daba vergüenza llegar con las manos vacías y de camino le compré un chocolate, algo es algo.

Al tocar timbre en su casa, casi se me muero al verla abrir la puerta, acostumbrado a verla con la ropa deportiva holgada en el club, no parecía la misma mujer.

Con un pantalón blanco muy ajustado y una remera con la lengua de los Rolling Stones bien apretada marcando unas tetas tremendas, creo que al ver mi cara se dio cuenta.

-Pasá boludo! ¿Qué querés que vaya así al club? Hoy me vestí de mujer!

-Uff! Estás hermosa Jazmín!

-Gracias Seba! Pasá!

Entramos a su casa, caminé detrás de ella para deleitarme con ese hermoso culo, ese pantalón blanco le marcaba la pequeña tanguita que llevaba debajo. De no saber que estaba con otra mujer, estaba para perderse en ese cuerpo.

Había bastante gente, que por supuesto yo no conocía, Jazmín me fue presentando, eran amigos, amigas y familiares de Inés.

Luego me llevó hasta la cocina, donde estaba Inés, la puta madre, otra diosa, con una minifalda por sobre las rodillas y una camisa blanca que dejaba transparentar el corpiño también blanco y con un par de botones desprendidos.

Estaba poniendo comida en unos platos, al vernos se limpió las manos y se acercó a nosotros.

-Amor! Él es Seba!

-Seba! Ella es Inés! Mi amorcito!

-Hola Seba! Es un gusto conocerte! Jaz me habló un montón de vos! Por fin te conozco!

-Espero que bien…

-Sí, claro que sí! Es más, siempre me dice que sos el único hombre copado del club!

-Bueno… no será para tanto… hay buena gente en el club!

-Ponele…

Dijo Jazmín, poniendo cara de pícara.

Inés me saludó con un beso, le dije que la ayudaba con la comida, me dijo que sí y cuando Jazmín volvió al estar, nos quedamos completando los platos y conversando unos minutos, en donde me pareció una mina copada, de palabras fáciles y una linda sonrisa.

Con los platos hicimos varios viajes al comedor, donde todos ya estaban sentados.

Jazmín, con la palma de su mano en la silla que estaba junto a ella, me dijo que allí me sentara y lo agradecí, ya que no conocía a nadie.

Unos minutos después, Inés se sentó al otro lado de Jazmín y comenzamos a comer.

La cena estuvo muy distendida, hablando, riendo entre anécdotas y comentarios cargados de doble sentido, pero todo muy divertido, en verdad un buen momento.

Tanto Jazmín como Inés, me participaban en las conversaciones, incluso comentaron de mi trabajo y tuve que contar, sobre todo para los varones presentes, algunos detalles del plantel.

A las doce en punto, Inés volvió de la cocina con una torta, que luego supe, ella misma había hecho con una vela encendida.

Le cantamos el cumpleaños feliz entre todos, sopló la velita pidiendo los correspondientes deseos y todos la saludaron con un beso entregándole sus regalos.

Fui el último en saludarla y darle mi humilde e improvisado regalo, un chocolate enorme, el más grande que había encontrado en el kiosco que paré de camino a su casa.

La cara de alegría que puso Jazmín fue un poema.

-Mirá amor! ya tenemos para el cafecito mirando la serie!

-Qué poco nos va a durar…

Se rieron las dos y se dieron tremendo beso y abrazo, ahí, delante de todos.

A eso de las doce y media, le dije a Jazmín que me iba, me despedí de todos y ambas me acompañaron hasta la puerta.

-Gracias por venir Seba!

-Al contrario! Gracias a vos por invitarme! La pasé muy bien!

-Y gracias por el chocolate!

Dijo Inés antes de darme un abrazo y un beso de despedida.

-Fue un gusto conocerte Seba! Jaz tenía razón…

-Que tengas buen viaje mañana!

-Gracias chicas! Nos vemos!

Salí de la casa, me subí a la moto y me fui para el departamento.

***

Valeria

Luego del baño me fui a la cama a dormir un rato, y antes de caer rendida, rememoré la noche anterior, no puedo decir que no estuvo bien el encuentro con Marcos, las conversaciones fueron más que entretenidas, recordando muchas cosas, hablando como si nos hubiéramos visto tan solo días atrás. Y siento que fue por eso que accedí a entrar en su casa, no lo hice con intensiones de nada más, pero las cosas se fueron dando, y ahora que lo analizo, quizás era una materia que me había quedado pendiente de aquellos años.

Sin dudas las cervezas que me había tomado y la falta de sexo que acarreaba, me empujaron a hacerlo, pero ahora, con todo ocurrido, me parece que no terminó siendo lo que esperaba, quizás en esa época había idealizado a Marcos, o quizás por los años que habían pasado, ahora con la cabeza fría, bueno, y la entrepierna también, diría que fue tan solo un polvo, uno que no creo que quede en mí como algo memorable, no sentí esa conexión que he sentido alguna vez con los otros hombres en mi vida.

Desperté como a las dos y media de la tarde, ni ganas de almorzar tenía, me hice unos mates y me senté en el balcón, mirando el movimiento de la plaza.

No entendía que me pasaba, me sentía rara respecto a Seba, ¿culpable? Tenía muchas ganas de verlo, en verdad lo extrañaba, y que no me contestara el mensaje me hacía pensar que estaría enojado conmigo o no sé… él había estado muchas veces para mí, en momentos muy difíciles de mi vida, apoyándome, haciéndome sentir comprendida y contenida, incluso me había prestado dinero, y yo… en la oportunidad que tuve de verlo, de hablar aunque sea un momento, terminé en la cama con Marcos.

Estaba triste, y su silencio me dolía, me hacía sentir una mierda.

Un rato después, escuché entrar un mensaje en mi teléfono y corrí a buscarlo, deseando que fuera un mensaje suyo, pero no, era un mensaje de Alejandra:

-Hola Vale! ¿Estás en tu casa? Estoy con Mateo en la plaza!

Pensé un momento en bajar o no, pero me vendría bien dejar de pensar por un rato, y le contesté.

-Hola linda! Estoy en casa! Preparo el mate y bajo!

-Dale! Estoy en la zona de juegos, al lado del bar!

Me cambié, preparé el mate y bajé.

Crucé la plaza y a la distancia ya pude verla, sentada sobre una lona, al costado de los juegos, viendo a su hijo.

Llegué hasta ella, que al verme se puso de pie y nos dimos un abrazo.

-¿Cómo estás bonita?

-Bien Ale, ¿vos?

-Sacando a pastorear al crío! Aprovechando el día lindo y que Sergio fue a la cancha!

Mientras comentábamos del día, preparé el mate y cuando le di el primero me preguntó:

-¿Y? ¿Qué onda anoche con Marcos? ¿Hasta qué hora se quedaron?

Supongo que mi cara me delató y le contaría lo que había ocurrido, después de todo se los iba a contar a las tres.

-Después que se fueron ustedes, nos quedamos un rato más, me hizo recordar que tenía un libro que yo le había prestado, y que dentro tenía varias fotos de mamá! Me re alegré, porque en la inundación perdimos todas las fotos, ¿te acordás?

-Sí! Qué garrón!

-Me iba a llevar a casa y de camino, pasábamos por la suya a buscar el libro, cuando llegamos me dijo que tenía que ir al baño y me dijo si quería entrar y entré…

-¿No me digas que…?

-Sí boluda! Preparó café mientras miraba unas fotos que tenía en la biblioteca, donde había una de esa noche que nos habíamos comido la boca, ¿te acordás?

-Claro que me acuerdo! Y me acuerdo lo que te dije esa noche! Qué fuiste una boluda! Que te lo tendrías que haber cogido igual!

-No quise esa noche, él estaba con Carina y yo la conocía, no podía hacer eso…

-Pero anoche si quisiste guachita!

-Te juro que no lo pensé en ningún momento, pero después del café, vino una caricia, un beso y cuando quise acordar, estaba en bolas en su cama…

-¿Y qué onda? ¿Estuvo bien?

-Qué se yo! No fue un polvo para enmarcar… normalito digamos…

-¿Y de tamaño?

Me hizo el gesto con dos dedos separados que entendí perfectamente.

-Normalito…

-O sea un polvo pedorro!

-No diría pedorro… digamos que me esperaba otra cosa… no sé… algo más pasional… encima me había tomado como cuatro cervezas, no estaba para muchos chiches…

-¿Acabaste por lo menos?

-Boluda! No me hagas contarte eso que me da vergüenza!

-Dale boluda! No me cuentes a medias!

-Sí, un par le di…

-Ah! No estuvo tan mal entonces!

-Creo que fue más por el atraso que tenía que por otra cosa… en verdad no me sentí… como decirte…conectada, como que fue un trámite!

-Bueno! Pero era una cuenta que tenías pendiente!

-Creo que sí, que fue más por el pasado que por el presente…

-Bueno… Por lo menos le sacaste la telaraña a la cotorra!

-Callate boluda!

Seguimos tomando mate, en un momento vi pasar una moto por calle veinte, igual que la de Seba y me quedé un momento con la mirada perdida.

-Bueno, ¿Y qué más?

-Después de eso me quedé dormida, me desperté a las nueve y pico, me vestí y en un taxi me vine para casa!

-No te digo eso! ¿Qué más te pasa? La cara te vende…

-No sé… me siento rara… nunca me había sentido así…

-¿Qué pasa corazón?

-Viste que anoche crucé mensajes con Seba…

-Sí! ¿Y qué pasó?

-Temprano se volvía a Florencio Varela, quedamos en que me llamaba, y lo hizo…

-¿Y vos estabas con Marcos?

-Sí! Y ni escuché el teléfono, me llamó y me mandó mensajes, el último antes de irse…

-¿Y te sentís mal por eso?

-Sí boluda! Tenía ganas de verlo, aunque sea un momento, estuve meses deseando verlo, y justo que viene yo voy y me acuesto con otro?

-Epa… ¿me parece a mí o ese chico te importa mucho?

-Me siento mal porque él me bancó mucho, en el peor momento de mi vida estuvo siempre presente, tanto como ustedes antes de que el pelotudo de Guillermo me alejara de ustedes!

-Ay nena… te enamoraste de ese chico…

-No sé Ale, te juro que no sé, pero te juro que me siento como si lo hubiera traicionado, tengo esa angustia en el pecho, así me siento…

No pude evitar un par de lágrimas que me cayeron y Alejandra se acercó y me dio un abrazo.

-Ay mi chiquita… te entiendo mi vida… pero seguramente lo puedas hablar con él… ¿y él está enamorado de vos?

-No lo sé Ale… Por momentos me lo parece, pero nunca dijo ni hizo nada que me lo diera a entender… pero te digo algo que me pensar en algo así, antes de que se fuera a Varela, nos estábamos despidiendo y no me acuerdo que le dije y me dijo, “claro que sí corazón”

-No lo conozco, pero… ¿Qué querés que te diga? Para mí ese chico está enamorado de vos…

-Es un amor Ale… Nunca conocí un hombre así… tiene un corazón enorme… es amable, sabe escuchar, me hace reír, tiene esa forma de ser como… como de pueblo… no sé…

-Ay Vale! Ya me di cuenta nena! Hasta las trancas estás con ese chico!

-No lo sé Ale… te juro que no lo sé…

Mateo jugaba con otros chicos en los diferentes juegos, y a cada rato venía hasta nosotros para decirle o pedirle algo a Alejandra, por lo que nuestra conversación fue cambiando de temas, pero no podía dejar de pensar en lo que me había dicho, ¿estaría Seba enamorado de mí? ¿Estoy yo enamorada de él, y por eso me siento así?

Siempre lo sentí tan cercano a mí, pero nuca de esa manera, más bien siempre lo vi como un buen amigo, un amigo incondicional que está en los momentos que más falta hace, pero… ¿hay algo más?

Cerca de las siete de la tarde, cuando ya empezaba a caer la tarde, Ale me dijo que ya se iba, nos despedimos y me volví para casa.

Me quedé pensando en lo que habíamos hablado, y me sentí peor aún…

El mensaje de Seba llegó recién a las diez de la noche, y enseguida se lo respondí, cruzamos mensajes como siempre, pero en sus palabras, quizás por lo que había hablado con Alejandra, sentí cierta distancia, no sé… no me quise hacer ninguna película, y por supuesto no le conté nada de lo que había pasado con Marcos, si en algún momento lo hiciera, sería en persona, si se daba la ocasión…

Continuará…

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