Creí que no, pero sí (10)
Marcos siempre supo que Valeria era suya, solo que ella no lo recordaba. Esa noche, con el alcohol de por medio y los viejos fantasmas despiertos, la tentación fue irresistible. Pero al amanecer, la realidad la golpeó: había perdido a alguien mucho más importante.
Capítulo 10
Sebastián
El almuerzo estuvo muy lindo, pero yo estaba raro, no me preocupaba tanto mi nuevo trabajo, como el saber que estaría, no sé por cuento tiempo sin poder verla, y sin que me decidiera a decirle lo que me pasaba con ella, la distancia sería muy difícil, al menos para mí.
El trayecto hasta Florencio Varela no era muy largo, y a las cuatro menos cuarto, ya estaba en el club, pregunté al hombre de seguridad de la entrada del club por el profe Morales y me dijeron donde podía encontrarlo.
Golpeé la puerta de su oficina y él mismo fue quien me abrió, dándome la bienvenida y diciéndome que ese día no trabajaría, que tan solo conocería al plantel y me instalaría en el departamento.
Estuvimos casi una hora hablando, donde me contó que compartiría el departamento con el arquero titular del plantel, un chico de veinte años, que había llegado hacía unos meses desde un club de primera división de Buenos Aires.
Recorrimos las instalaciones del club, me mostró las canchas de entrenamiento, el gimnasio y los vestuarios, también la amplia oficina que compartiría con el resto de los integrantes del cuerpo técnico.
A las cinco y media fuimos para la cancha donde el plantel ya estaba haciendo algunos movimientos, me los presentó a todos y luego me fui con los arqueros donde conocí a Manuel García, Manu para todo el mundo, con quien viviría a partir de ese día.
Un chico muy alto, luego supe que mide un metro con noventa y dos centímetros, me sacaba casi una cabeza, más bien flaco, muy ágil y en esa primera tarde, me pareció un muy buen arquero.
Mientras el equipo seguía entrenando, Morales me acompañó al departamento, que estaba tan solo a una cuadra, para que dejara mis cosas allí.
Luego volvimos al club y pasamos por utilería a buscar mi ropa del club para el trabajo, hasta zapatillas me dieron y todo de primera marca.
Luego del entrenamiento, el plantel pasó por el vestuario y luego fuimos a una charla técnica, antes de la cena en el club.
A eso de las nueve y media de la noche, nos fuimos con Manu al departamento, y antes de acostarme, le envié unos mensajes a Valeria contándole como había ido mi primer día y quedamos en seguir en contacto
Mi nueva vida en este club, había comenzado.
A partir del día siguiente, comenzó el verdadero trabajo, entrenamiento en doble turno, reuniones con el cuerpo técnico, con el profe al que reemplazaría y un examen médico de rutina, para control de mi salud.
Los días fueron pasando, rápidamente me acostumbré al ritmo y fui conociendo a Manu, un chico muy macanudo, que casualmente era de una localidad cercana a Magdalena, conocida por la gente de la zona, como Bavio, por el nombre de su estación de trenes.
Ya estaba en mi tercera semana de trabajo, seguíamos comunicándonos con Valeria bastante seguido, raro era el día en que no cruzábamos al menos un par de mensajes, así fue como me enteré de que su padre había vendido el auto de su ex y le había dado ese dinero, que también había vuelto a salir con sus amigas y tenía nuevos cursos para dar clases, al parecer, las cosas empezaban a estar mejor en su vida y eso me alegró.
Fui tomando confianza con el plantel, un grupo realmente unido, donde no había egos o caracteres que sobresalieran.
Con Manu, al pasar bastante tiempo juntos, nos fuimos conociendo cada vez más, de familia humilde, trabajadora y de clase más bien baja, lo más importante para él, era poder lograr un buen contrato para darles una mejor vida a sus padres y a sus dos hermanos más pequeños, aunque desde que había firmado su primer contrato, les enviaba dinero todos los meses.
El plantel tenía una kinesióloga, Jazmín González, a la que todo el mundo la tenía como la amarga, una mujer de unos treinta y pocos años, de contextura media, un cuerpo que no era posible definir por la ropa holgada que usaba, el pelo castaño ondulado, siempre atado en una cola, de gesto serio, de trato formal y sonrisa difícil, pero según comentarios del cuerpo técnico, era muy buena en lo suyo.
No iba todos los días, salvo que hubiera algún jugador con problemas, lesionado o en recuperación.
La primera vez que nos vimos, me saludó estrechándome la mano y seria por supuesto, pero luego de un par de conversaciones, me pidió que la tuteara, y fue recién en el quinto encuentro que al saludarme, ya con un beso en la mejilla, se le escapó una sonrisa.
Solía ser el primero en llegar y el último en irme, me tomé ese trabajo muy enserio, me lo tomé como la puerta de acceso a un trabajo profesional, en el que sin dudas me gustaría trabajar, y de mi buen desempeño, dependería en gran parte mis posibilidades de futuro.
En los ratos libres, me iba a la oficina a “estudiar” miraba todo lo que encontraba sobre entrenamiento de arqueros, tanto en el físico, como en las tareas técnicas, Manu tenía mucho futuro, prometía ser una arquero de gran nivel, y si en mí estaba ayudarlo a que lo fuera, daría lo mejor de mí.
Una tarde, luego del entrenamiento, estaba con el mate en la oficina, el resto del cuerpo técnico ya se había ido, y aprovechaba ese rato de la computadora solo para mí, cuando la puerta se abrió y entró Jazmín.
-Hola Sebastián! ¿Puedo?
-Hola Jazmín! Claro! Pasá! ¿Necesitás la compu?
-No, No! Solo hacer unos informes para Morales!
-Dale!
Le hice lugar en el escritorio para que pudiera apoyar su carpeta.
-Lo que sí voy a necesitar es un mate!
-Por supuesto! Esperá que lo arreglo! Hace como una hora que estoy tomando y voy a pasar vergüenza si te doy un mate así!
-No pasa nada! No soy tan exigente! ¿O sí? ¿Te parezco exigente?
Me sonreí y me levanté a cambiarle la yerba al mate.
-En tu trabajo está muy bien que seas exigente, yo también lo soy en el mío…
-Bueno… creo que es la forma de que las cosas se hagan bien…
-En eso estamos de acuerdo! Yo les exijo a los arqueros para que den lo mejor de sí!
-Ya te he visto trabajar! Y te digo más! Hace un par de días el técnico hablaba con su ayudante y le decía que Manuel estaba atajando cada día mejor, que lo veía más confiado, más seguro, y el ayudante le decía que mucho tenía que ver tu trabajo, y que si seguía así, les iba a durar poco, la primera se lo iba a llevar!
-Es bueno saberlo… trato de hacerlo lo mejor que puedo!
-Y se nota! Y decime Sebastián… ¿Qué se dice de mí?
Esa pregunta me tomó por sorpresa, creo que hasta se me subieron los colores, y ella se dio cuenta.
-Supongo lo que se dice… pero me gustaría saberlo…
-Bueno Jazmín… eh… no sé…
-Dale Seba!
-Bueno… en primer lugar… que no sos muy simpática, que no se te conoce una sonrisa… bueno y otras cosas que no me atrevería a decirte…
- Dale boludo! Decime la verdad! Quiero saber lo que se dice de mí!
-Se escuchan muchos comentarios Jazmín… no me hagas decirte eso…
-No me des nombres!
-Bueno, para empezar que sos un tanto amarga, después que andás siempre con cara de culo, que parecés un sargento…
-Bueno… imaginate si fuera simpática me tengo que bancar las tiradas de perros de todos… por eso… es como… un escudo que me protege de los avances…
-Mirándolo así, tenés razón!
-¿Y qué más se dice?
-Uff Que vergüenza! Que te hace falta una buena… cepillada, para usar un término elegante…
-¿Que me hace falta una buena cogida? ¿Un buen pijazo? ¿Eso?
-Justamente… perdón… no quería ser tan literal…
Y en ese momento escuché por primera vez, una carcajada suya.
-Bueno… en eso no están errados… del último pijazo… puff… hace años ya… ni me acuerdo!
-¿Estás sola?
-No! Tengo pareja desde hace un par de años, pero es mujer!
-Guau! Eso sí que no lo esperaba…
-Tuve un novio varón, pero después que me dejó no quise saber más nada de hombres, hasta que la conocí… Se llama Inés, es odontóloga, la conocí en su consultorio y como que hubo una conexión inmediata, también separada, el marido la venía cagando y con su hermana!
-¿La cuñada?
-Así es!
-Uff! Qué situación…
-Se enteró, se pudrió todo y se divorció! Fui un par de veces más a su consultorio y un par de meses después, de casualidad nos encontramos en un centro comercial… y de ahí no nos separamos hasta hoy…
-¿Eso quiere decir que estás enamorada?
-Muy!
Entre mate y mate conversamos hasta que terminó su informe, eran casi las ocho de la noche y me dijo que ya se iba, que su chica ya estaría en su casa.
-Me encantó hablar con vos Seba!
-Quedate tranquila que de lo que hablamos nadie se va a enterar!
-Gracias! Sos un buen tipo!
-Ahora veo que no sos tan amarga!
-Andá a cagar boludo!
-Era broma!
Nos reímos los dos, nos despedimos con un beso y se fue. A partir de ese día, cada vez que coincidíamos, nos quedábamos conversando.
Un par de días después, me llamó mi amigo Miguel, para decirme que festejaría su cumpleaños treinta y cinco con un asado en el fondo, y que por supuesto estaba invitado.
Le dije que dependería de la actividad del club, pero que haría todo lo posible por estar ahí ese sábado.
Mis días en el club, eran por demás interesantes, cada vez me sentía más cómodo, aprendía todo el tiempo, queriendo ser lo suficientemente bueno como para que mi futuro tuviera las puertas abiertas, pero a pesar de todo eso, no podía dejar de pensar en ella, de sentir lo que sentía…
***
Valeria
Sentí su falta ese mismo día, como si supiera el tiempo que estaría sin poder verlo, al entrar en el departamento me senté en el sillón, aún con lágrimas en los ojos.
Esa noche hablé con mi padre y le conté la propuesta de Marchioni, me escuchó y luego de un breve silencio, me dijo que era una buena oportunidad, pero que tenía que tener mucho cuidado con él, que no era trigo del todo limpio, que tenía sus cosas y “conocidos” muy particulares.
No me dijo que era un tránfuga, pero me lo dio a entender, con eso me bastó.
Ya había tomado la decisión, no aceptaría la oferta de trabajo de Marchioni, no me fiaba de él, sin equivocarme, pretendía algo más que ser mi patrón, y yo no estaba por la labor, menos que menos, con él.
El martes por la mañana, antes de ir para la escuela, decidí pasar por el estudio donde hasta hace un tiempo trabajaba mi ex esposo, iría con poco tiempo, tan solo media hora hasta, luego tenía que ir a dar clases.
Me presenté en sus oficinas y pregunté por él, su secretaría me dijo que estaba en una reunión, a lo que le contesté que solo lo podría esperar hasta las diez de la mañana, que luego me tenía que ir a trabajar.
Le avisó por teléfono y diez minutos después, un hombre salió de su despacho, saludó a su secretaria y se fue.
La chica me hizo pasar y al verme entrar, Marchioni se puso de pie y se acercó para saludarme, cerrando luego la puerta de su despacho.
-Buenos días Eduardo!
- Hola Valeria! Qué alegría verte! Si sabía que venías hubiera suspendido esa reunión!
-No hacía falta Eduardo! Pasé tan solo un momento! Ya me tengo que ir a dar clase!
-Sentate por favor! ¿Un café?
-No! Gracias Eduardo! Acabo de desayunar!
-Bueno… Vos me dirás… ¿Empezamos a trabajar juntos?
-Por eso quería verte, no me parecía decírtelo por teléfono! En verdad es una excelente propuesta de trabajo! Realmente! Pero ya tenía acordado con dos escuelas que trabajaría allí… y la verdad es que lo que me gusta es la docencia! Siempre quise ser profesora, y ahora puedo hacerlo! Pero de todas formas quería agradecerte en persona tu ofrecimiento!
-Te entiendo… Creí que podríamos trabajar muy bien juntos… ¿Si te ofreciera más dinero?
-No es cuestión de dinero Eduardo! Lo que me ofreciste es muy buen sueldo, pero te soy sincera, quiero hacer lo que realmente me gusta por una vez en la vida!
-Entiendo, entiendo! Es una pena… me había hecho a la idea de que trabajarías conmigo, pero te entiendo… de todas formas, la oferta sigue en pie, si en algún momento decidís cambiar de trabajo, tan solo tenés que llamarme!
-Te lo agradezco!
-¿Te podré llamar algún día para vernos?
Me temí que dijera algo así, y quería decirle de una manera elegante, que no quería más contacto con él, por lo que le dije:
-Claro! Ya veré como estoy de horarios, en unos días arranco en una escuela nocturna también!
-Bueno! Vamos viendo!
Me levanté para irme, él también lo hizo, lo saludé con un beso y salí por fin de su despacho.
Salí del edificio y me fui a la escuela, con cierta tranquilidad, como de haberme sacado un peso de encima.
Esa mañana, la directora me dijo que la semana siguiente, se produciría una vacante en la secretaría, en el turno tarde y me ofreció ese puesto, tendría que trabajar todas las tardes, entre la una y las seis menos cuarto, y le dije que sí, al menos hasta conseguir más horas.
Cruzábamos mensajes con Seba bastante seguido, contándonos nuestras cosas, de cómo le iba en el club y de mi nuevo trabajo en la secretaría.
Unos días después, me llamó papá para decirme que tenía un comprador para el auto, y le dije que sí, que se lo vendiera, así podía disponer de ese dinero, no olvidaba que aún le debía dinero a Seba.
Volví a encontrarme con las chicas, un viernes por la tarde nos encontramos las cuatro en un café.
Pía dejó a su pequeña con su marido, Ana tan solo le avisó al suyo y el hijo de Alejandra, ese fin de semana estaba con el padre.
Me sentí muy bien de volver a encontrarme con ellas, las puse al tanto de lo que venía siendo mi vida, del divorcio, del trabajo, de Marchioni, de mi viejo y entre bromas me decían que ahora no dejaría títere con cabeza, que tenía que aprovechar mi soltería y salir con cuanto hombre se me antojara, para ponerme al día.
Entre risas les dije que estaban locas, y les conté de Sebastián, de lo importante que había sido para mí en los últimos tiempos y fue Alejandra quien me preguntó:
-¿Te enamoraste de ese chico Vale?
-No Ale! Somos amigos!
Pero fue Ana quien dijo algo que me dejó pensando:
-¿Y ese chico está enamorado de vos? Porque lo que hizo por vos, no lo hace cualquiera…
-No Anita! Solo somos amigos!
-¿Tenés alguna foto de ese chico?
Preguntó Pía mirándome con carita de pícara.
-No chicas! No tengo ninguna foto con él ni de él! Nunca nos hicimos una foto…
Y era verdad, nunca nos habíamos hecho una foto, y en ese momento Pía sacó su teléfono y entró al Facebook.
-¿Cómo se llama?
-Sebastián Paredes!
Lo buscó, lo encontró y le mostró las pocas fotos que tenía publicadas, que no eran muy actuales.
-Está lindo Vale! Mirá que cuerpito!
Dijo Ana, y Alejandra agregó:
-Yo le entraría Vale!
-Callate boluda!
Dije y creo que me puse colorada.
Por suerte cambiamos de tema, ya me daba vergüenza seguir hablando de mí y de Sebastián.
Acordamos vernos al menos una vez al mes, el tercer viernes, a las siete a tomar una cerveza o a la noche a cenar.
Me fui feliz esa noche, por reencontrarme con las chicas, sentí como que el tiempo en que no estuve con ellas no había pasado, volví a sentir esa complicidad y buena onda que siempre tuvimos.
Los días iban pasando y aunque me acostumbraba a no ver a Seba, no dejaba de extrañarlo, y cada vez que pensaba en él, en la noche le enviaba un mensaje y chateábamos un rato, así dos o tres veces a la semana, cruzábamos mensajes, y cuando podíamos, algunos audios.
Una noche, como para tener una foto suya, le dije que me enviara una con la ropa del club, así también se la podría mostrar a las chicas.
Me acostumbré rápidamente al trabajo de la tarde en la escuela, papeleo que no era nada complicado y las compañeras eran un amor, incluso algún viernes, al salir de trabajar, hemos ido las tres a tomar un café.
Habían pasado casi tres meses desde que Seba se había ido y aún no había vuelto a La Plata, y cada vez que hablábamos, le decía que si algún día venía, que me avisara para vernos.
Faltaban diez días para el cumpleaños de Pía, era el viernes que nos teníamos que juntar, pero acordamos hacerlo al día siguiente, el sábado, ya que ese viernes ella lo festejaría con su familia.
Ese sábado, nos encontraríamos a las ocho del anoche en el centro, la idea era tomarnos unas cervezas y volver temprano.
Como siempre, me arreglé pero no como para salir a buscar compañía, nada atrevido, como era mi estilo en los últimos tiempos, aunque poco a poco, fui comprando ropa algo más entallada o pegada al cuerpo las remeras o camisas, ya no tenía a ese hombre que digitaba lo que tenía que usar, y si bien nunca fui de ponerme ropa que insinuara mi cuerpo, volví a las minifaldas o a los pantalones ajustados.
Esa noche me puse un jean y una camisa azul, era una noche templada de septiembre y por las dudas, me llevé una chamarra corta.
Nos encontramos con las chicas en la esquina de diez y cuarenta y siete, y de allí fuimos a una cervecería del diagonal setenta y cuatro, una muy grande, pero que los sábados solía estar llena.
Cómo aún era temprano, no había tanta gente, y luego de la primera cerveza, conseguimos una mesa.
Una vez que nos sentamos, le entregamos nuestros regalos a Pía, que entre besos de agradecimiento los fue abriendo. Una cadenita con un colgante de Alejandra, una pulsera de Ana y un perfume que yo le regalé.
Entre risas y anécdotas nos tomamos dos cervezas más, yo era la única que no tenía auto y Ana era quien me llevaría a casa al irnos.
Pía y Alejandra nos dijeron que a más tardar a las doce de la noche se irían, por los niños y quedamos en que a esa hora nos íbamos todas.
Eran pasadas las nueve de la noche cuando me llegó un mensaje de Sebastián, diciéndome:
-Hola Vale, ¿cómo estás?
-Hola Seba! Con las chicas en una cervecería! Ayer fue el cumpleaños de Pía y nos juntamos hoy a festejarlo! ¿Vos?
-Acabo de llegar a casa de Miguel! Hoy es el cumpleaños y me pude escapar unas horas del club!
-Ay! Estás en La Plata! ¿Hasta cuándo te quedás?
-Mañana a la mañana ya tengo que volver!
-Qué lástima! Justo estoy con las chicas!
-Tranquila! No pasa nada!
-¿Antes de que te vayas nos podremos ver?
-Sí, claro! Mañana te llamo!
-Dale! Mandale un feliz cumple a Miguel de mi parte!
-Le digo! Saludos para tus amigas también!
Terminamos los mensajes y las chicas me interrogaban con la mirada.
-Era Sebastián! Está en La Plata!
-Y andá boluda! Nos vemos otro día!
Dijo Pía, y lo mismo dijeron las demás.
-No tranqui chicas! Vino para el cumpleaños de un amigo! Y se va mañana a la mañana!
-No seas boluda Vale! Andá! No pasa nada!
Entonces giré el teléfono y les mostré la conversación, donde quedamos de acuerdo en vernos al día siguiente.
Eran ya como las once de la noche, entre cervezas y risas la estábamos pasando muy bien, no recordaba cuanto hacía que no me sentía así, y sin dudas el alcohol me soltaba.
Estábamos en una mesa contra la pared de uno de los laterales del local, y en un momento levanté la vista, y caminando entre las mesas hacia nosotros con una sonrisa, venía Marcos, un ex compañero de la facultad que las cuatro conocíamos.
Al llegar a la mesa nos dijo:
-Que bueno volver a ver al cuarteto más famoso de la facultad! ¿Cómo andan?
-Marcos! Cuanto tiempo sin verte!
Dijo Pía poniéndose de pie y saludándolo con un abrazo.
-Hola Marquitos! Qué bueno verte!
Dijo Alejandra, también saludándolo con un abrazo, antes que lo hiciera yo también.
-Hola Marcos! ¿Cómo andás tanto tiempo?
-Todo bien Vale! Vos siempre igual! No te pasan los años!
Por último saludó a Ana, también con un abrazo!
-¿Cómo andan chicas?
-Todo bien! Ayer fue el cumple de Pía! Y hoy nos juntamos a festejarlo!
-Feliz cumpleaños Pía!
Le dijo y se acercó a ella para saludarla con otro beso.
-Estoy con unos amigos! Justo nos íbamos para otro bar, y yendo para el baño las vi!
Se sentó con nosotros y nos estuvimos poniendo un poco al día, las chicas contaron de sus familias, sus hijos, yo de mi reciente divorcio, él del suyo, hablamos de trabajo y de un montón de cosas más.
Al final se quedó con nosotras, les dijo a sus amigos que luego iría al otro bar, que se encontraban allí.
Casi a las doce de la noche, Pía y Alejandra dijeron que ya se iban y Ana me miró, preguntándome con la mirada que hacía yo, que me iría en el momento que lo hiciera Ana, ya que ella me llevaba a casa.
-Bueno chicas fue un gusto volver a verlas!
Dijo Marcos, saludando a Pía y a Ale que luego de saludarnos a nosotras, se fueron del bar.
Ana me dijo que ya se iba también, y en ese momento dije:
-Ana es mi conductora designada! No tengo auto y ella me lleva!
-Yo estoy en auto! Si querés yo la llevo Ana!
La conversación con él estaba resultando tan amena, que no me pareció mal quedarme un rato más, después de todo nadie me esperaba en casa.
Finalmente Ana se despidió de nosotros y se fue también.
-¿Otra cerveza Vale?
-Bueno! Pero la última! Ya vengo media, media!
Se levantó y un momento después, volvió con dos pintas, se sentó y seguimos charlando.
-¿Así que te divorciaste de Carina?
-Hace casi dos años… creo que no resultó como creíamos… poco a poco se fue enfriando la cosa y decidimos separarnos, y la verdad es que fue lo mejor! ¿Y vos?
-Igual… de novios y los primeros tiempos de casados, iba todo bien, pero después empezó a cambiar su actitud, se volvió súper celoso, controlador, pero cuando llegó a la violencia física… ya no dio para más y por suerte pude salir de ahí…
-¿Te puso la mano encima?
-Sí…
-Que maricón hijo de puta!
-Tal cual… pero bueno… eso ya pasó, la sentencia de divorcio ya salió y por suerte ya no tengo que volver a verlo! ¿Vos seguís en contacto con Carina?
-Un tiempo nos seguimos mandando mensajes, para los cumpleaños, las fiestas y esas cosas, pero hace un tiempo tiene novio, así que ya casi no nos comunicamos, pero igual, todo bien, nos hemos cruzado un par de veces y nos hemos saludado cordialmente.
-Qué bueno!
Casi sin darme cuenta, conversando me había terminado la cerveza y Marcos fue por dos más.
En ese momento pensé que esa sería la última y luego le pediría que me llevara a casa.
Con Marcos hicimos toda la carrera juntos, siempre me había gustado, siempre alegre y simpático, de conversación interesante, muy compañero, me parecía en esa época un chico interesante, pero estaba de novio con Carina, la que luego fuera su esposa.
En el último año de la carrera, en la fiesta del ingresante que todos los años se hacía para recibir a los del primer año, con varias cervezas encima, a eso de las tres de la mañana, nos terminamos enroscando en un rincón, intensos besos que en ese momento, de no haber existido Carina, hubieran llegado a más, pero me pude controlar y detenerlo ahí, aunque nunca volvimos a hablar de ese momento.
Marcos volvió con las cervezas y me dijo:
-¿Sabés que tengo en casa?
-¿Qué?
-¿Te acordás el libro de historia latinoamericana que me prestaste?
-Sí! Me acuerdo!
-Lo tengo en casa! Perdón… nunca te lo devolví…
-No pasa nada! Yo ya había rendido ese final!
-Dentro de ese libro, había, y todavía están allí, unas fotos de cuando eras chica, con tu madre, supongo y un par de ella sola.
-Ay Marcos! Qué buena noticia! Busqué mucho esas fotos de mamá! En la inundación del dos mil trece perdimos casi todas las fotos en papel que había en casa, solo se salvaron un par que estaban en unos porta retratos, y me quedaron pocas fotos de mamá! Qué bueno que esas sigan existiendo!
-Siguen allí!
Conversamos un rato más y cerca de la una de la mañana, le dije ya me iba para casa.
Terminamos las cervezas, salimos del bar y caminamos casi dos cuadras hasta su auto.
De camino me dijo de pasar por su casa para darme el libro, y le dije que sí.
Llegamos a su casa, una linda casa en la zona norte de la ciudad, al parar en la puerta, me dijo:
-Tendría que haber ido al baño antes de salir del bar!
-Tranqui, te espero!
-Bajá! Voy al baño y te doy el libro!
Acepté y entramos a su casa, Marcos fue directo al baño y cuando volvió le pedí pasar yo también, necesitaba hacer pis.
Cuando salí, Marcos estaba en la cocina, y al verme me dijo:
-¿Te tomás un café Vale?
Ya quería irme a casa, pero en verdad estaba siendo una linda charla, por lo que acepté.
-Dale!
Volví al estar comedor, que a un lado tenía una enorme biblioteca, llena de libros, revistas, CD y fotos, entre ellas, una que pude darme cuenta que era de una fiesta de la facultad, donde aparecían Marcos y varios compañeros más, abrazados, y por sus caras, con bastante alcohol encima, como yo en ese momento.
Cuando Marcos volvió con los dos pocillos de café, me entregó uno y viendo la foto que yo estaba observando me dijo:
-¿Sabés de que día es esa foto?
-Supongo de una fiesta de la facu…
-Es de la fiesta de ingresantes de nuestro último año…
Y en ese momento me vinieron los recuerdos de esa noche, esos apasionados besos que nos habíamos dado, me quedé en silencio un momento, recordando la excitación que me provocaron esos deseados besos en ese momento.
-¿Te acordás de esa noche?
-Sí, claro! Como para olvidarme…
-Si no hubiera estado con Carina… hubiera pasado algo más, ¿o no?
-Seguramente… pero estaba Carina… no podía hacerle eso… bastante mal me sentí esa noche…
-Pero nada pasó… tan solo unos besos…
- Es verdad…
Terminé mi café y le devolví el pocillo, que junto con el suyo lo apoyó en la mesita baja, para luego decirme:
-Bueno… en ese momento estaba con Carina, pero… ahora no…
Terminó de decir eso y me di cuenta que estaba junto a mí, aun lado, corrió suavemente el mechón de pelo y su boca fue a mi cuello.
Me corrió una electricidad por el cuerpo, no me esperaba ese contacto, no tenía pensado nada con él, pero me quedé quieta, lo que supongo que le dio pie a seguir, llegando con su boca hasta la mía, y en el momento en que su lengua entró en mi boca, el recuerdo de los besos de esa noche, hace ya muchos años, se me agolparon en la mente.
Correspondí al beso, sin analizarlo demasiado, sentí su mano en mi espalda, en una suave caricia.
El beso se hizo bien largo y mis manos rodearon su cintura.
Con esos recuerdos, sus caricias, el alcohol, y el tiempo que hacía que no estaba con un hombre, me dejé llevar, tanto que un momento después, los botones de mi camisa ya estaban desprendidos y la sentí caer, luego fue mi corpiño, hábilmente desabrochado por Marcos, que luego lo quitó, quedando en tetas frente a él, que acto seguido, se sacó su camisa, abrazándome, sintiendo mis tetas contra su pecho.
Así, abrazados, sin dejar de besarnos, caminamos hasta su habitación, y casi sin darme cuenta, estaba desnuda en su cama.
Entre besos y caricias, algo más intensas de lo normal, me dijo:
-Esa noche te salvaste! Pero hoy no! Por fin te tengo!
El primer orgasmo me llegó con su boca devorando mi conchita, y digo devorando porque la intensidad por momentos llegaba a molestarme, pero de todas formas tuve ese orgasmo.
Del cajón de su mesa de luz, sacó un sobre de un preservativo, lo abrió, se lo puso y acostándome sobre mí, lo sentí entrar en mi interior, por suerte Marcos no estaba muy dotado, por la falta de sexo en los últimos meses, seguramente estaría más estrecha, y en ese momento, ni sabía si había lubricado bien.
Al principio fue penetrándome lentamente, pero luego con una intensidad que me llevó al segundo orgasmo.
Pero no se detuvo, me siguió cogiendo, hasta con cierta violencia diría yo, que no estaba acostumbrada a algo así, pero ya estaba en el baile… tocaba bailar.
Me siguió cogiendo, con más intensidad aún, diciéndome:
-Tomá putita linda!
Ya no daba yo para más, y que me dijera eso no me terminó de caer bien, pero lo dejé pasar, esperando que acabara.
Lo hizo unos minutos después, y en verdad quedé exhausta, se salió de mí, se sacó el preservativo, y no sé en qué momento, entre el alcohol y el momento sexual, me quedé dormida, desnuda en su cama.
Abrí los ojos y la luz del día entraba por la ventana, me estaba haciendo pis, me levanté de la cama, tomé el pantalón, los zapatos y la tanguita y fui al baño. Hice pis, me puse la ropa y fui para el comedor.
Tomé la camisa y el corpiño, prendiéndome los botones de la camisa, levanté la vista y vi la hora en el reloj de la pared, las nueve y veinte de la mañana! La puta madre! Había quedado con Seba en vernos antes de que se fuera.
De mi cartera saqué el teléfono y me encontré con una llamada de Seba a las nueve menos veinte, que por supuesto no escuché. También un mensaje a las ocho y media que decía:
-Hola Vale!
Y otro a las nueve y dos minutos:
-Bueno Vale, supongo que estarás durmiendo. Ya me voy, será la próxima! Un beso
La puta madre! Con las ganas que tenía de verlo. Me enojé conmigo misma, guardé el libro con las fotos de mamá en la cartera y llamé un taxi.
Pensé en irme sin decirle nada a Marcos, pero no quería ser tan descortés, después de todo yo había aceptado lo que en la noche pasó.
Fui hasta su habitación, Marcos aún dormía desnudo.
Lo desperté llamándolo y tocando su hombro.
-Vale! ¿Ya te vas?
-Sí Marcos! Ya tengo que irme!
-Hoy es domingo! Quedate! Desayunamos y después vemos que pinta!
-Gracias Marcos! Pero me tengo que ir! Mi viejo va para casa en un rato!
-Ok! Esperá que me visto y te llevo!
-No, tranquilo! Seguí durmiendo que ya llamé un taxi!
En ese momento se levantó, se puso el bóxer y caminó detrás de mí por el pasillo, cuando llegué a la puerta de su casa, miré por la ventana y el taxi ya me esperaba.
-Ya está el taxi Marcos! Gracias por todo!
-¿Podremos vernos otro día?
-¿Tenés el número de siempre?
-Sí!
-Yo lo tengo agendado! Te llamo!
Se acercó a mí, sin dudas para besarme como en la noche, pero solo le di un pico y un abrazo.
Abrí la puerta y salí, me subí al taxi muy enojada, justo el día que podía ver a Seba después de meses, la había arruinado, un par de lágrimas me saltaron de los ojos.
Llegué a casa, y le mandé un mensaje:
-Hola Seba! Perdón! Estaba durmiendo y no escuché el teléfono! Perdón!
No me atrevía a decirle lo que había pasado, al menos no por un mensaje de texto y en ese momento, pero me sentía mal, siendo consciente de que no teníamos nada más allá de una amistad, sentía como que lo había traicionado, una rara sensación que nunca había tenido.
Me fui a dar un baño, llevé el teléfono, esperando la respuesta de Seba que no llegó, suponiendo en ese momento que estaría en viaje… o enojado…
Continuará…
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- Relato #221112— title-regex: contiguous parts (9 -> 10)
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Como duele la verdad (parte 2)
La distancia no cura las heridas, solo las acrecienta. Hasta que una mirada azul en medio de la nieve suiza le recuerda que aún puede sentir algo más…
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Destinos cruzados, un nuevo comienzo 2
Silvia y Marcos comparten una conexión inmediata, pero cuando el cuerpo se desnuda, también lo hacen las verdades ocultas.
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No encuentro la prueba (Capítulo 15)
Fran cree tener el control de la situación, esperando que Mara regrese cuando venza su plazo.
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