Creí que no, pero sí (9)
La cena con Marchioni se alargaba como una sentencia, pero el mensaje de Sebastián era su único refugio. Mientras el abogado intentaba atraparla con promesas de dinero, ella solo pensaba en el joven que la esperaba con helado y silencio, sabiendo que en pocos días todo cambiaría para siempre.
Capítulo 9
Valeria
Ese miércoles ya me levanté un poco nerviosa por la cena con Marchioni, incluso caí en la cuenta de que luego de la cena, sin dudas me querría traer a casa, tenía que encontrar una buena excusa para que no lo hiciera.
Desayuné, me cambié y me fui para la escuela, al salir volví a casa cerca del mediodía y le mandé un mensaje a Sebastián, quedaban pocos días para que se fuera y quería aprovechar a estar con él.
-Hola Seba! ¿Hoy tenés entrenamiento?
-Hola Vale! Sí, como siempre a las cinco.
-Ya llegué de la escuela, ¿almorzaste ya?
-Aún no!
-¿Querés venir a comer? Hice una tarta de verdura, si podés te espero.
-Dale! En veinte minutos, media hora estoy ahí! ¿Qué llevo?
-Nada! Hambre nomás!
-Ok.
Me alegró que pudiera venir, le quería contar también de la cena con Marchioni.
Sonó el timbre y le abrí para que suba.
Al entrar, nos saludamos como siempre con un abrazo, cómo iba a extrañar esos abrazos…
Nos sentamos a almorzar y lo primero que le iba a contar era de la cena de esa noche.
-Ayer a la noche me llamó Marchioni…
-¿Sí? ¿Por algo de tu ex?
-Quiere hablar conmigo, la verdad no sé de qué, pero me dijo de cenar esta noche…
-¿Sí? ¿Y vas a cenar con él?
-No quiso decirme nada por teléfono, me dijo que me pasaba a buscar, pero le dije que estaría en el cumpleaños de una amiga, no me interesa que sepa donde vivo…
-Está bien…
-Me dijo que reservaba el restaurante y me mandaba un mensaje, nos encontramos ahí.
-¿Qué puede ser?
-La verdad no sé… y la verdad me tiene nerviosa este tema…
-Sin dudas debe tener que ver con tu ex!
-Seguramente, terminada la cena, me va a decir de traerme a casa, y estuve pensando en que decirle para que no me traiga, no quiero que sepa donde vivo.
-Podés hacer una cosa, si querés, me decís dónde estás y a qué hora y te puedo ir a buscar…
-Podría ser, pero no quiero que sepa nada de mi vida, sé que habló con mi viejo, y que le contó la situación, pero no sé…
-O si te quiere llevar, para que no sepa donde vivís, le decís que te lleve a casa y yo después te traigo.
-Esa podría ser una opción, pero no quiero que estés pendiente, a la espera…
-No hay problema por eso… y le podés decir que es la casa de una amiga y listo.
-Sí! Me parece que voy a hacer eso, es más, le voy a decir que a las once tengo que estar ahí, para que no se haga larga la cena, que me diga en ese tiempo lo que me tiene que decir y listo!
-Dale! Yo te espero en casa! Trabajo hasta las diez y media y me voy para casa! Te mando un mensaje o te llamo once menos cuarto y le decís que es una amiga o tu viejo o algo que se te ocurra y que te tenés que ir
-Gracias Seba!
-Nada que agradecer!
-Bueno! Ahora contame de vos! ¿Te tiene nervioso el nuevo trabajo?
-La verdad es que sí! Pero creo que es una buena oportunidad! Y unos buenos pesos también!
-¿Cuándo te vas para allá?
-Hablé por teléfono con el profe del equipo y me dijo que me presentara el lunes a las cuatro de la tarde en el club, así que supongo que me iré de acá tipo dos de la tarde, para estar con tiempo.
-¿Y ya te quedás viviendo allá?
-Supongo! Pero ya lo sabré el lunes!
-¿Ya le contaste a tus padres?
-Aún no! El viernes me voy a Magdalena a contarles y vuelvo el sábado, así me preparo la ropa y las cosas que me voy a llevar!
-Claro…
Aunque aún faltaban unos días, ya lo estaba extrañando, y para colmo iba a ver a sus padres, con lo que el viernes y el sábado quizás no nos veríamos.
Terminamos de comer y me ayudó a juntar y a ordenar todo, que distinto a mi ex marido, que estando en la casa no movía un dedo…
Nos quedamos un rato conversando en el balcón, mirando el movimiento de la plaza, que con el día lindo, estaba llena de gente.
Puse a calentar el agua, para tomar unos mates antes de que Seba se tuviera que ir al club, y los tomamos en el balcón.
A las cuatro y media nos despedimos en la vereda con un abrazo, quedando de acuerdo en que me llamaría a las once menos cuarto de la noche, y al recibirlo le diría a Marchioni que era una amiga.
A las ocho menos cuarto, me llegó un mensaje de Marchioni con la dirección del restaurante, diciéndome que me esperaba allí a las nueve. Le respondí tan solo que allí estaría.
Ocho y media de la noche me fui a cambiar, nada elegante, un jean suelto, una camisa holgada, una chaqueta encima y sandalias de taco bajo, normalito mi atuendo, sin mostrar o insinuar nada.
El restaurante no estaba lejos, pero de todas formas me tomé un taxi y a las nueve en punto, me bajé en la puerta del restaurante, donde Marchioni ya me esperaba.
-Hola Eduardo!
-Hola Valeria! Qué gusto verte! ¿Cómo estás?
-Bien por suerte!
Entramos al restaurante y nos asignaron la mesa, nos dejaron la carta y elegimos la comida.
-¿Tomás vino Valeria?
-No Eduardo! Solo agua sin gas!
-Yo me voy a tomar un vino!
Pedimos los platos y me dijo:
-Como te dije, hablé con tu padre, nos conocemos hace años, hemos estado varias veces en juicios, del lado contrario, por supuesto, pero lo respeto mucho.
-Sí, papá ya me había contado algo de eso!
-Me dijo que él es tu abogado por el tema del divorcio.
-Sí! El se está encargando de todo!
-Está muy bien! Este sábado hay una cena del colegio de abogados, Pérez Bastía, el presidente del colegio es amigo mío, y este sábado se va a enterar de lo de tu ex, se va a correr la bola de que fue violento con su ex esposa y te aseguro que, al menos en La Plata, no volverá a tener trabajo en un estudio grande, va a tener que trabajar solo o irse de la ciudad.
-Eduardo, en realidad lo que pase con mi ex esposo, me tiene sin cuidado, él ya no forma parte de mi vida!
-Hablando de tu ex, no sé si estás al tanto, el mismo lunes envió un telegrama de renuncia y ni apareció por el estudio, ni siquiera tuvo los huevos de ir a buscar sus cosas el cagón! Y por supuesto, no le voy a pagar un mango de su trabajo, si quiere cobrar, va a tener que venir a pedirlo, ya le cerré su cuenta sueldo, le cancelé la tarjeta de entrada y la línea telefónica del estudio.
-Te vuelvo a decir, nada me interesa de lo que haga o deje de hacer!
-Y eso está muy bien! Como abogado no puedo decir nada, es bueno, pero por lo visto, como persona deja bastante que desear!
-Necesito pedirte algo Eduardo…
-Lo que quieras!
Esa respuesta ya no me gustó mucho, no le iba a pedir nada extraño.
-En esa cena del sábado en el colegio de abogados, por favor no me nombres, ni digas que ese tipo era el yerno de mi padre, no quiero que nadie lo sepa, cómo estoy seguro que no querrás que todo el mundo sepa que tu mujer se acostaba con mi ex marido…
Lo que dije no pareció caerle bien, sin dudas a él no le gustaría que lo señalaran como el cornudo, endureció el gesto y me dijo:
-En eso tenés razón! No es muy agradable ser el cornudo… y menos que menos, ser el último en enterarse…
Nos trajeron la comida, le sirvieron el vino, a mí el agua y yo seguía sin entender el motivo de la cena, que solo esperaba que no fuera una excusa para tirarse un lance conmigo, si así fuera, lo cortaría en seco.
-Me imagino… y supongo que para un hombre debe ser mucho peor… socialmente es como que una mujer cornuda es lo normal, pero un hombre cornudo es otra cosa…
-En eso tenés razón!
-Cómo que los tipos que son infieles son unos machos bárbaros, pero si son las mujeres, son unas fáciles, por no decir otra cosa…
-Es la sociedad machista en que vivimos! De hecho eso que vos decís, es lo que pienso de mi ex esposa!
Tampoco me interesaba ponerme a filosofar con él sobre la sociedad, y para cambiar de tema le pregunté:
-¿Cómo está tu hija?
-Bien! Si no hubiera sido por ella, a mi ex la hubiera destrozado! La hubiera dejado en la calle, con una mano atrás y la otra adelante! Ya no viven en casa, les alquilé un buen departamento, pago todos los gastos y le paso una mensualidad limitada, si quiere una mejor vida, que trabaje! Y por supuesto, en ese departamento no puede entrar ningún hombre, si me entero de algo así, le quito a mi hija!
-Lo importante es el bienestar de tu hija! Que no quede en el medio del problema entre ustedes, sin dudas es la que más lo va a sufrir!
-Eso es lo que intento! Pero no me puedo olvidar de su traición!
-Seguramente hasta que pase un tiempo y conozcas a alguien…
-Bueno Valeria… supongo que te preguntarás el motivo de este encuentro…
-En verdad sí! Imagino que lo que hemos hablado hasta ahora, lo podríamos haber hecho por teléfono…
-En verdad quería hablarlo personalmente, y pensé en un momento relajado, por eso la cena. Cuando hablé con tu padre, me contó lo sucedido con tu ex y me dijo que tendrías que empezar de nuevo, que ese tipo no te dejaba trabajar más que unas horas y no tenés en este momento, cómo sostenerte económicamente.
Me imaginé por donde venía la cosa, y antes de que se le ocurriera decirme algo más, le dije:
-Bueno, mientras estuve casada no pude trabajar más, pero la semana que viene ya conseguí más trabajo en la escuela que estoy, y horas en otra escuela, con eso ya me puedo solventar!
-La intención de este encuentro, sabiendo de tu situación, era proponerte que trabajaras para mí, me parecés una mujer decidida, y ahora que nos conocemos un poco más, me parecés directa y con las ideas claras. Te quiero proponer trabajar para mí, como mi… asistente llamale, no cómo empleada para el resto del estudio, o sea que no tendrías que trabajar para los demás, y por supuesto, con un muy buen sueldo y una jornada de seis horas, que podemos arreglar, para que puedas seguir dando clases. Supongo que cómo docente no se debe ganar mucho más que cien mil pesos, yo te ofrezco doscientos cincuenta mil por esas seis horas, y de lunes a viernes, te quedarían los fines de semana libres. No me respondas ahora, no tengo apuro, pensalo tranquilamente, analizalo y cuando tomes la decisión, me avisás, y vemos cuando podés arrancar.
Ya estaba dando por sentado que aceptaría, eso ya no me gustó, no sé por qué, pero no me terminaba de cuadrar la idea de trabajar con él, no me daba confianza en absoluto, pero tampoco quería ser descortés, también existía la posibilidad de que realmente quisiera darme una mano económica, pero no me terminaba de cerrar lo que me había dicho, ser su asistente, solo trabajar con él, ¿tendría segundas intenciones?
Sencillamente desconfiaba de los abogados, sé que todos no son iguales, pero en su posición y prestigio, sin dudas habría cosas oscuras.
-Te agradezco el ofrecimiento Eduardo, lo voy a analizar, en verdad lo mío, lo que me apasiona es la docencia, desde chica quise ser profesora y trabajar de eso, pero ya te digo que lo voy a pensar…
-Pensalo! Yo creo que es una buena oferta de trabajo y estoy seguro de que podríamos trabajar muy bien juntos! Aprenderías mucho, y podrías lograr muchos contactos con gente importante!
-Lo voy a pensar Eduardo, y cuando tome una decisión te voy a avisar!
-Muy bien Valeria! Espero que podamos trabajar juntos!
Ya no quería seguir hablando, ya me quería ir, no quería mirar la hora, me parecía como una falta de cortesía, pero al menos cambiar de tema, pero no se me ocurría que decirle.
Ya habíamos terminado de cenar, yo le dije que postre no comería, que la comida me había llenado, pero pidió café para los dos.
Por fin sonó mi teléfono, antes de salir de casa, había cambiado el nombre al número de Seba, le había puesto, María, por si se veía la pantalla, que no reconociera un nombre de varón.
Saqué el teléfono de la cartera, miré la pantalla y mirándolo a Eduardo le dije:
-Perdón Eduardo, es una amiga y tengo que atender…
-Sí está bien! ¿Necesitás que me aleje?
-No! no!
Atendí la llamada diciendo
-Hola Mary, ¿cómo estás?
-No, no! estoy en el centro, en un restaurante
Hacía espacios como si alguien estuviera diciendo algo, pero solo escuchaba a Seba preguntándome si todo estaba bien.
-Sí corazón! Decime!
Otro espacio de silencio.
-Claro que sí mi vida! No, tranquila, ya terminé de cenar, dame unos minutos, me tomo un taxi y voy para allá!
-Tranquila corazón todo va a estar bien! Ya voy!
Corté la comunicación y Eduardo me preguntó:
-¿Todo bien?
-Mi amiga María está separada, tiene tres hijas, la más pequeña vuela de fiebre, y con su ex la van a llevar al hospital, y me preguntó si me podía quedar con las dos más grandes que ya están durmiendo, no quería despertarlas para llevarlas con ella!
-Claro! Pero no es necesario que tomes un taxi! Yo puedo llevarte!
-No quiero molestarte Eduardo!
-No es molestia mujer!
En ese momento pidió la cuenta, cuando pagó la cena, salimos del restaurante caminando media cuadra hasta su auto, al subir le di la dirección de la casa de Seba y en diez minutos, estábamos en la puerta del edificio. Antes de bajar del auto le dije:
-Gracias por todo Eduardo! Por la cena y por la oferta de trabajo! Lo pienso y te aviso, ¿si?
-Dale Valeria! Espero que podamos trabajar juntos! Sin dudas lo haremos muy bien! Y puede ser un nuevo comienzo… para los dos…
-Nos vemos Eduardo! Gracias por traerme!
-No hay nada que agradecer! Fue un placer haber cenado con vos!
Me despedí con un beso en la mejilla y bajé del auto, le toqué timbre a Seba y me abrió inmediatamente, antes de entrar, lo saludé con la mano.
Mientras esperaba el ascensor y subía, fui pensando en esa oferta de trabajo, sin dudas una excelente posibilidad, pero no me interesaba trabajar con él, no sé por qué, pero me imaginaba que sus intenciones eran otras.
Seba me esperaba como siempre en la puerta de su departamento, al bajar del ascensor, lo saludé con un abrazo y un beso.
-Pasá Vale! ¿Cómo te fue?
-Uff… te juro que no veía la hora de que la cena se terminara!
-¿Todo bien?
-El motivo de hablar conmigo, era ofrecerme trabajar con él, la verdad es una buena oferta, seis horas de lunes a viernes por doscientos cincuenta mil pesos!
-¿Doscientos cincuenta lucas? ¿Y qué le dijiste?
-Él había hablado con mi viejo, sabía que necesitaba trabajar, mi viejo se lo dijo, pero te digo la verdad, creo que no quiero trabajar con él…
-¿No te cae bien?
-No me termina de cerrar… me dijo que sería su asistente, que trabajaría solo con él, no con el resto de abogados del estudio, y que aprendería muchas cosas con él y que podría lograr muchos contactos, pero la verdad es que no quiero trabajar allí… pero por otro lado el salario es muy bueno…
-¿Creés que esa oferta tiene alguna otra intención?
-Sí! Justamente pienso eso! Por eso es que no voy a aceptar ese trabajo! Aunque me haga falta el dinero! Pero con la venta del auto voy a tener para unos meses, mientras consigo más trabajo.
-No quiero influir en tu decisión, pero si te da mala espina…
-Tal cual Seba! Ya te digo, quería que la cena terminara, ni postre comí!
-Por eso no hay problema! Compré helado, ¿te pinta?
-Por supuesto!
Fue a la heladera y volvió con el pote de helado y dos cucharitas, me entregó una y sentados en el sillón, comimos los dos directamente del pote, realmente prefería mil veces comer helado con Seba, que el postre más tentador en un restaurante de lujo con Marchioni.
Después del helado, Seba me llevó a casa.
***
Sebastián
Que me contara de la cena con ese abogado no me gustó para nada, no me dan buena espina los abogados, aunque sé que no todos son iguales, pero algo me hacía pensar que las intenciones de ese tipo tenían que ver con Valeria… pero como mujer…
Le propuse ir a buscarla, pero sin dudas no quería que la viera irse con un hombre, entonces le dije de llamarla y que se inventara una excusa para dar por terminada la cena.
Llegué del club, salí a hacer entregas y a las diez y media volví para casa.
De camino compré helado en una de las heladerías de las que hago muchas entregas, sin dudas por lo rico que es el helado allí.
Llegué a casa, me comí dos empanadas y a las once menos cuarto la llamé.
Hablaba conmigo como si fuera una amiga, yo tan solo le pregunté si todo iba bien, y cuando dijo que se tomaría un taxi, supe que la cena había terminado.
Unos veinte minutos después, escuché el timbre y abrí la puerta.
Cuando llegó a mi piso, nos saludamos con un abrazo, como siempre.
A pesar de no estar vestida elegantemente, estaba hermosa, con ropa suelta, como casi siempre y el pelo recogido, sin dudas me gustaba mucho esa mujer.
Nos terminamos el medio kilogramo de helado entre los dos, sentados en el sillón, mientras me contaba de la cena, luego la llevé a su departamento.
Al día siguiente, era mi último día como profe en la escuela, y antes de ir, pasé por un kiosco y compré algunas golosinas para los chicos, me despediría de ellos, con una clase especial, un poco más descontracturada.
Estaba saliendo de la escuela, cuando me llamó mi amigo Miguel, hablamos unos minutos, y me dijo que el domingo en la noche, haríamos un asado de despedida en su casa, para desearme buena suerte en mi nuevo trabajo.
Antes de cortar, le pregunté si podía ir con Valeria y me dijo que sí.
Mis amigos sabían de ella, de su situación, y de lo que yo sentía, y le pedí que esa noche, si es que iba con Valeria, no se dijera nada.
Esa tarde en el club, también me despidieron con un aplauso de todo el plantel, deseándome suerte en esos meses en el nuevo club.
Antes de irme, le di un abrazo a Mariano, sin dudas tenía mucho que agradecerle.
De camino a casa, me llegó un mensaje de Valeria, preguntándome si quería cenar con ella, tenía pensado salir a hacer entregas, pero bueno… que decir… prefería estar un rato con ella a ganar unos pesos.
Al día siguiente por la mañana, me iría a casa de mis viejos, les quería contar en persona de mi nuevo trabajo, y me quedaría hasta el sábado en la tarde, tenía que volver para armar el bolso con la ropa que me llevaría.
Llegué a casa de Valeria a eso de las nueve menos cuarto, ya al entrar se sentía el olor a carne a horno, y yo para el postre, había llevado un tiramisú, que sé que a Valeria le encanta.
Como en otras ocasiones la cena estuvo espléndida, conversando y riéndonos como tanto me gustaba.
Mientras cenábamos la miraba, sabiendo que dentro de unos días, estos encuentros se terminarían.
Terminamos de cenar, juntamos y lavamos todo y ya con el postre en la mesa le dije:
-Vale, hablé con mi amigo Miguel y el domingo en la noche, hacen un asado en su casa, a modo de despedida, para desearme suerte en mi nuevo trabajo!
-Qué bueno! Qué bueno tener amigos así…
-Fueron las primeras personas que conocí al venir a La Plata a estudiar, vivíamos en unos departamentos, eran tres y yo vivía en el del medio. Yo soy el más chico de todos, pero nos hicimos amigos y cada vez que podemos, nos seguimos encontrando. Son cinco amigos, ellos siguen viviendo allí todavía, en el departamento del fondo es donde se hacen los asados habitualmente, salvo que llueva, y ahí viven Miguel y Pablo, y en el departamento del frente viven Paula y Alan, que son hermanos y Ángel, un primo de ambos. Con ellos es el asado el domingo.
-Qué bueno!
-Son bárbaros y siempre no llevamos muy bien entre todos!
-Yo quiero intentar recuperar la relación con mis amigas, éramos compañeras en la facu y andábamos siempre juntas, Ana y Pía están casadas, Pía con una hijita de casi cuatro años y Alejandra, que tiene un hijo de cinco, se divorció hace como dos años.
-Está muy bien! Para mí, al menos, los amigos son como hermanos, y me gusta bancarlos y sentirme bancado por ellos…
-Eso quiero recuperar… siempre me sentí contenida por ellas, pero bueno… mi situación conyugal hizo que poco a poco me fuera distanciando…
-Vale, ¿te gustaría venir el domingo al asado?
-¿En serio?
-Sí, claro! Me encantaría que los conozcas!
-Sí, por supuesto! Me encantaría conocerlos!
Que quisiera conocer a mis amigos, me hacía quererla más aún, como si eso fuera posible, me moría de ganas de darle un abrazo, de besarla, de decirle de una vez lo que me pasaba con ella, pero no podía, a días de irme a otra ciudad, no podía largarle algo as e irme…
A eso de la una de la mañana, luego de un café, me fui para casa, ese viernes quería salir temprano para Magdalena, quería pasar ese tiempo con mis viejos, no sabía cuándo podría volver a verlos.
Le avisé a mi mamá que llegaría a eso de las once de la mañana y me quedaría hasta el sábado, mamá se alegró y me dijo que me haría unos ravioles caseros para esperarme.
Mientras almorzábamos le conté de mi nuevo trabajo y se pusieron muy contentos, sin dudas que a su hijo le fuera bien, los alegraba.
Y ya en la sobre mesa, le conté de Valeria, de cómo la había conocido, de lo que había hecho y de lo que sentía por ella.
Mi viejo no dijo nada, pero que apoyara su mano en mi hombro y me mirara, fue suficiente para hacerme saber que me apoyaba.
Mamá, cuando papá se fue a dormir una siesta, me preguntó algunas cosas más de Valeria, y terminó diciéndome algo que me dejó pensando, me dijo, “si tiene que ser será hijo, a veces las cosas tiene su momento y pasan cuando tienen que pasar, solo hay que tener paciencia, y si no, por algo será”
El sábado al mediodía, papá se mandó un asado tremendo y a eso de las cinco de la tarde, cuando les dije que me iba, para que no me agarrara la noche en la ruta con la moto, a mamá se le escaparon un par de lágrimas y papá al despedirse de mí con un abrazo, me dijo.
-Estamos muy orgulloso de vos hijo, y no solo por lo que estás logrando, que es mucho, sobre todo porque sos un buen hombre!
Me fui tranquilo, sabiendo que había cumplido con aquella promesa que les había hecho al irme a estudiar a La Plata.
Llegué a casa a eso de las siete de la tarde, puse ropa a lavar y le mandé un mensaje a María Marta, aún no había cambiado el termotanque y quería decirle que cuando lo necesitara, podía entrar sin problema.
Me contestó al instante, diciéndome que estaba en el primer piso, que en un momento pasaba.
Quince minutos después, me golpeó la puerta.
-Hola Mary!
-Hola Seba! El lunes llega el termotanque!
-De eso te quería hablar! El lunes ya me voy a Florencio Varela, así que cuando quieras podés entrar!
-Ok! Pero cuando lo vengan a instalar voy a estar yo, por las dudas!
-Perfecto! Otra cosa… El alquiler te lo voy a transferir, no sé cuando pueda venir…
-Sí! No hay problema! Bueno Seba! Espero que te vaya muy bien en ese trabajo!
-Gracias Mary!
Se acercó a mí y me dio un abrazo, haciéndome sentir esas tetas en mi pecho, y casi en mi oído me dijo:
-Y no te olvides! Cuando quieras me tocas el timbre!
-No te puedo asegurar Mary! Pero ya te dije, si un timbre he de tocar, el tuyo será el primero!
-Chau lindo!
En el bolso más grande que tengo, empecé a guardar la ropa, cuando me llegó un mensaje de Valeria.
-Hola Seba! ¿Ya estás en La Plata?
-Hola Vale! Ya estoy en casa! Preparando la ropa en el bolso!
-¿Necesitás una mano? Voy y te ayudo!
-Lo que estaría necesitando, es alguien que cebe unos mates…
-Dale! Y llevo unas medialunas!
-Te espero!
No solo me cebó unos mates, también me ayudó a guardar toda la ropa en el bolso.
Ya casi no tenía cosas en la heladera, y esa noche nos comimos una pizza que pedí en una pizzería cerca de casa, y a eso de la una de la mañana, la llevé a su casa.
Cuantas ganas de decirle que se quedara en casa esa noche, pero bueno…
El domingo, salí a trabajar un rato al mediodía, y a eso de la una del mediodía, Valeria me envió un mensaje.
-Hola Seba! Supongo que estarás trabajando! Pero si podés, pasá por casa, hice pastel de papa!
¿Cómo resistirme a eso? Aunque cada vez se me estaba haciendo más difícil, compartir tantas cosas con ella sin poder decirle nada, ¿tendría que hacerle saber lo que sentía? ¿Tenía sentido hacerlo un día antes de irme por meses? Sin dudas sentía que tenía que esperar…
-Qué tentador suena eso! En media hora paso! Llevo helado!
Almorzamos juntos, y pasamos la tarde juntos, se nos hizo la hora de cenar y le dije de ir a un restaurante de un club, donde se come de maravilla a un precio más que accesible, y a eso de las doce de la noche, la llevé para su casa.
De camino a casa pensaba en lo difícil que será no verla, no hablar con ella, no mirarla a los ojos, no abrazarla, la puta madre…
Ya en mi cama, antes de dormirme, me quedé pensando en lo que comenzaría al día siguiente, sin dudas, un puntapié a lo que podría ser mi futuro.
Me desperté temprano, dejé todo listo, el bolso ya armado y al lado de la puerta, saqué lo poco que me quedaba en la heladera y luego de limpiarla la desenchufé.
Miraba ese departamento, sin saber a ciencia cierta cuándo volvería…
A eso de las once de la mañana, Valeria me envió un mensaje, diciéndome que me esperaba a almorzar con un pollo al horno con papas, la puta madre, yo había pensado tan solo pasar a saludarla, la despedida me iba a costar mucho… pero bueno… no podía despreciar tan lindo gesto…
***
Valeria
Por un lado estaba feliz por su oportunidad de trabajo, pero por el otro, lo iba a extrañar, pasar todo ese tiempo estos últimos días, habían sido muy lindos, pero en horas tan solo, todo sería diferente, Seba había sido muy importante para mí en un momento difícil de mi vida, casi un protagonista de que pudiera dejar de padecer al estúpido de Guillermo.
Nunca había tenido un amigo varón, un hombre que tan solo estuviera a mi lado sin proponer o decir algo respecto de una situación más allá de la amistad, con Seba tenía esa tranquilidad, conociéndolo sabía que nunca diría o haría algo que me hiciera sentir incómoda, sentía que con él podía hablar de cualquier cosa que me estuviera pasando y él siempre actuaba de tal forma que me hacía sentir bien, comprendida, apoyada y por qué no, querida… ¿Tendría Seba algún sentimiento para conmigo más allá de la amistad? ¿Y si así fuera… que sentiría yo…?
Cuando volvió de casa de sus padres, intenté pasar con él los últimos momentos, no sabía cuando lo volvería a ver, pero sabía que lo iba a extrañar.
Ese domingo fue un día hermoso, lo pasamos juntos y en verdad lo disfruté mucho, me sentí tan bien con él…
El lunes por la mañana, salí a hacer unas compras, para cocinar un pollo al horno con papas, sé que a Seba le gusta, es una de sus comidas favoritas, ¿qué mejor forma de despedirlo?, y mientras pelaba las papas, se me salieron un par de lágrimas.
Por suerte aceptó almorzar en casa, pero me dijo que a más tardar a las dos de la tarde, se tenía que ir, que incluso vendría con su bolso, para irse directamente desde casa a Florencio Varela.
El almuerzo fue muy lindo, pero notaba sus nervios, sin dudas estaba ansioso por su nuevo trabajo, pero a pesar de eso disfruté de los últimos momentos en su compañía.
Se hicieron las dos de la tarde y bajé con él, antes de salir a la vereda, nos abrazamos, sin lugar a dudas, el abrazo más largo y sentido que nos hallamos dado, y por supuesto, no pude evitar las lágrimas.
-Te voy a extrañar Seba!
-Yo también Vale! Pero seguiremos en contacto!
-Claro! Ya sabés mis horarios! Cuando puedas me llamás o me mandás mensajes y me contás como va todo…
-Claro que sí! Bueno Vale… ya me tengo que ir…
-Te deseo lo mejor en este nuevo trabajo! Sé que lo vas a hacer muy bien! Espero que el lugar donde tenés que vivir esté bueno!
-Eso espero! Y espero que pronto puedas conseguir trabajo!
-Estoy segura de que así será!
-Vale! Prometeme algo…
-Decime y te digo si te lo puedo prometer…
-Si necesitás dinero, no lo dudes! Sabés que ahora voy a ganar más! Además tengo unos ahorros también!
-Tranquilo Seba! No hace falta!
-Por favor! Prometeme que me vas a decir si te hace falta dinero!
-Te lo prometo!
-Chau Vale! Hasta la próxima!
-Cuando puedas venir avisame!
-Claro que sí corazón!
Acomodó el bolso en su moto, y antes de que se pusiera el casco, lo volví a abrazar, pero ya no nos dijimos más nada.
Arrancó la moto, se puso el casco y lo vi irse, con lágrimas en los ojos me quedé mirándolo alejarse de casa.
Volví a entrar al edificio y esperando el ascensor, recordé sus palabras, “claro que si corazón” me había dicho. Que se refiriera a mí en esa forma tan cariñosa, tan amorosa… tan… cercana… me hizo sentir que me faltó abrazarlo más…
Sin dudas lo iba a extrañar, por Dios, como lo iba a extrañar…
Continuará…
Continúa en
- Relato #221087— title-regex: contiguous parts (8 -> 9)
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