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Historias del complejo turístico (27)

Marina siempre supo que Facundo era el refugio seguro, pero la distancia y el deseo no perdonan. Mientras su relación con Mauro se enfría y las sospechas de traición crecen, la tentación de volver a sentirse viva con el hombre que la conoce mejor se vuelve irresistible.

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La historia de Marina

Quinta parte

Cuando el colectivo entró en la terminal, me sorprendí al verlo en el andén de arribo, ¿me estaría esperando a mí?

Al bajar del colectivo nos dimos un abrazo re lindo, interminable, me daba mucha alegría verlo allí!

-MARINA: Hola Facu! ¿Qué hacés vos acá?

-FACUNDO: Hola Mari! Anoche hablé con tu viejo, me llamó para decirme que hoy era la inauguración de la ferretería, me dijo que llegabas de madrugada, y que él te vendría a buscar en un taxi, pero le dije que si quería, yo podía venir a buscarte, estoy mucho más cerca.

Estaba tan contenta de verlo que lo volví a abrazar.

-MARINA: Que alegría verte!

-FACUNDO: Yo también tenía ganas de verte! Por eso le dije a tu viejo que te venía a buscar yo, ¿vas para casa de tus viejos?

-MARINA: Sí, pero ¿qué decís de tomarnos un café antes de ir para allá? Así charlamos un rato!

-FACUNDO: Claro que sí! El de acá enfrente está abierto toda la noche, ¿te pinta ahí?

-MARINA: Donde sea, me da lo mismo!

Facu tomó mi bolso y yo lo agarré del brazo, salimos caminando de la terminal, cruzamos la calle y entramos en el bar, nos sentamos en una mesa y pedimos los dos café.

-MARINA: ¿Ceci se quedó en tu casa?

-FACUNDO: Ceci está otra vez en casa de sus viejos.

-MARINA: ¿Cómo están las cosas entre ustedes?

-FACUNDO: Si te digo la verdad, cada vez más frías, hace un montón que no estamos un fin de semana juntos, se va a casa de sus viejos todos los viernes, y los días de semana, entre mi trabajo y el de ella, nos vemos un rato a la noche, cenamos juntos y nos vamos a dormir.

-MARINA: ¿Y creés que lo de ustedes no tiene solución?

-FACUNDO: No se por qué, pero se me dio por pensar que en Salto conoció a alguien más!

-MARINA: No pienses así, no creo que Cecilia te haga algo así, no la veo una mujer capaz de eso, creo que si ya no te quiere o ya no quiere que vivan juntos te lo dirá y ya.

-FACUNDO: Yo pienso lo mismo! Pero bueno, quizás no esté saliendo con alguien, solo conociéndolo!

-MARINA: ¿Querés que hable con ella?

-FACUNDO: Gracias Mari! Pero no te quiero meter en el medio! Pero ya veremos como sigue la cosa!

-MARINA: ¿Seguís enamorado de ella?

-FACUNDO: Yo siento que sí, pero me gustaría que nuestra relación fuera de otra manera, no sé… ser más compinches, pasar más tiempo juntos, hacer otras cosas, no sé…, salir, pasear, hacer el amor, no sé… como que la llama se va apagando poco a poco, y no encuentro la manera de revertir la situación, o quizás yo tampoco le esté poniendo demasiado empeño, que sé yo!

-MARINA: Ay Facu! Me re apena que estés así! Sabés lo que te quiero y me duele que estés así, me gusta cuando estás contento y sonreís, pero las últimas veces que nos hemos visto, te noté como apagado, como tristón! Y me dan ganas de abrazarte y decirte que todo va a mejorar, que lo tuyo con Ceci va a estar mejor!

-FACUNDO: Eso me gustaría! Qué todo mejorara!

-MARINA: Hablando de abrazo! Me estás debiendo ese abrazo que me prometiste cuando te conté del trabajo nuevo en Mar del Plata!

-FACUNDO: Los abrazos para vos no se me terminan nunca! Solo me los tenés que pedir!

-MARINA: Bueno! Entonces dame un abrazo ahora!

Se levantó de la silla, y se acercó, yo me paré y me abrazó.

Nos reímos los dos por la locura y nos volvimos a sentar.

Conversamos un rato más, y me llevó para casa, llegamos minutos después de las cinco y media de la mañana.

Al despedirnos, dijimos que nos veríamos en un rato, al mediodía papá haría un asado tras la apertura de la ferretería.

Antes de despedirnos nos volvimos a dar un abrazo y un beso en la mejilla.

-MARINA: Gracias Facu por ir a buscarme!

-FACUNDO: No hay nada que agradecer! Al contrario, me gustó el café de madrugada! Y por supuesto los abrazos! Nos vemos en un rato!

Cuando entré en casa papá ya estaba levantado y preparando el mate, fui hasta él y le di un abrazo de aquellos.

-MARINA: Hola pa! Cómo te extrañé!

-LUIS: Hola hija! Qué alegría que estés en casa! Yo también te extrañé mucho!

-MARINA: Qué bien quedó la ferretería! Está buenísima!

-LUIS: ¿Te gusta? Eso es gracias a vos!

-MARINA: Está bárbara!

-LUIS: Y los vecinos están dele preguntar cuando abrimos!

-MARINA: Después me mostrás todo! ¿Mamá está durmiendo?

No terminé de decir eso, cuando la vi aparecer a mamá, corrí hasta ella y la abracé tan fuerte como a papá.

-FERNANDA: Hola hijita!

-MARINA: Hola ma!

-FERNANDA: Que felicidad tenerte acá!

-MARINA: Feliz cumpleaños ma! Te traje un regalito!

-FERNANDA: Gracias hijita! El mejor regalo es que estés vos!

Nos sentamos los tres a tomar mate y a conversar, les conté como iba todo, el trabajo, de Mauro, de Eva, y papá estaba re feliz, por fin tenía la ferretería de sus sueños!

-MARINA: No vi el cartel! ¿Cómo se va a llamar al final?

-LUIS: Es sorpresa! En un rato cuelgo el cartel!

Seguimos charlando, no me di cuenta, pero ya eran casi las diez de la mañana, cuando papá dijo que me quedara con mamá, ponía el cartel y volvía.

Cuando volvió, nos dijo que el cartel ya estaba puesto, que fuéramos a verlo.

Cuando fuimos para el frente de la ferretería, no pude aguantar la emoción, el cartel decía, “Ferretería Marina” y debajo en letras algo más pequeñas, “Maquinas y herramientas”

-LUIS: Esto es gracias a vos hija! Por eso lleva tu nombre!

-MARINA: No hacía falta pa! Le hubieras puesto De la Fuente!

-LUIS: No hija! Si no hubiera sido por vos, esto no hubiera existido!

Los abracé a los dos y les dije cuanto los amaba!

Papá entró al local y levantó la persiana.

-LUIS: A partir de este momento, la ferretería Marina, abre sus puertas!

Entramos los tres y me quedé impresionada por cómo había quedado todo y por la cantidad de cosas que había para vender.

-LUIS: Con mami ya estuvimos repasando toda la mercadería, Facundo me ayudó a armar las listas de precios de venta para poder encontrar todo más rápido! Un fenómeno ese Facundo!

-FERNANDA: Y también le hizo un Instagram y un Facebook para hacer propaganda!

Papá estaba feliz! Mamá dijo que iba a traer el mate y en ese momento paró un auto, el primer cliente.

Entró un hombre de unos cincuenta años y compró varias cosas, antes de irse, papá le entregó un número para un sorteo de un taladro eléctrico que sortearía entre los cien primeros clientes.

Mientras tomábamos unos mates, siguió entrando gente, algunos eran vecinos que felicitaban a papá y le deseaban suerte y otras personas más que no eran del barrio, pero entraban a comprar.

Lo llamé a Mauro por teléfono para contarle como había quedado el negocio, como estaban papá y mamá, y él me contó que se estaba preparando para ir para la empresa donde se encontraría con los dueños antes del almuerzo. Quedamos que nos volvíamos a hablar antes de que se fuera para la cena de la empresa.

A eso de las once y media, lo vi llegar a Facundo, nos saludó a todos y papá dijo:

-LUIS: Hola Facundo! Muchas gracias a vos también! Has hecho mucho vos también por este sueño!

-FACUNDO: No hay nada que agradecer Luis! Yo vine por el asado!

Y nos reímos los cuatro.

En eso apareció Rodrigo con cara de dormido, mamá me había dicho que había salido con sus amigos, ese día no trabajaba, pero que se levantaría para hacer el asado, ya que papá cerraría a la una y media.

Al verme también me dio un abrazo y también me dijo que me había extrañado.

Lo veía feliz a papá atendiendo a sus clientes, y mamá en la caja cobrándoles.

Papá había puesto en el frente del local, pegado al árbol, un banco de madera para que la gente pueda sentarse, y en la vereda contra la pared, varias cosas en exposición, escaleras, carretillas, baldes de pinturas y varias cosas más.

Mientras mamá y papá atendían a los clientes, nos sentamos con Facundo en el banco a tomar mate.

-MARINA: Me pone feliz ver a papá y a mamá así!

-FACUNDO: Sos tremenda hija Mari! No cualquiera hace lo que has hecho vos por tus papás!

-MARINA: Es lo menos que podía hacer Facu! Gracias a ellos he podido estudiar y tener el buen trabajo que tengo!

-FACUNDO: Por eso te lo digo! No todos los hijos son así con sus padres.

-MARINA: Me encantó cómo te agradeció papá, no me habías contado nada lo que habías estado haciendo!

-FACUNDO: Los quiero mucho a tus viejos, son dos personas bárbaras, y vos sos digna hija de tus padres!

-MARINA: Para de tirarme flores! Me lo voy a terminar creyendo!

-FACUNDO: Créetelo boluda! Ellos están orgullosos de vos y de tu hermano, tu viejo me lo ha dicho un montón de veces! ¿Sabes una cosa? Hubiera querido tener a mis viejos unos años más, tu papá me hace acordar mucho al mío, Luis tiene un corazón enorme!

-MARINA: Lo sé, por eso es que los amo tanto! Y a vos también te quiero mucho Facu! Vos también sos un gran tipo, y con un corazón enorme!

-FACUNDO: Yo también te quiero tontona!

A la hora de cerrar, le ayudamos a papá a entrar todo y nos fuimos para casa a almorzar.

Después de comer, papá se recostó un ratito a la siesta, a las cuatro y media de la tarde, volvía a abrir la ferretería.

Rodrigo también se fue a dormir una siesta, y nos quedamos con mamá y Facundo charlando en el sillón.

Después de un rato, mamá fue a despertar a papá para abrir el negocio y nos quedamos con Facundo en el sillón.

Los dos se fueron al negocio y nosotros nos quedamos en casa.

No sé en qué momento, pero me quedé dormida, seguramente porque lo único que había dormido, había sido durante el viaje en el colectivo.

Cuando desperté, seguíamos sentados en el sillón, pero yo tenía mi cabeza apoyada en Facundo, y él había pasado su brazo sobre mis hombros.

-MARINA: Uy Facu, me re dormí!

-FACUNDO: Ya me di cuenta, en un momento me quedé hablando solo como un loco!

-MARINA: Perdón Facu, debe ser que dormí poco anoche!

-FACUNDO: No pasa nada corazón!

Me estaba haciendo pis, y tuve que levantarme al baño, mientras estaba en el baño, me vinieron a la cabeza, recuerdos de cuando me quedaba en casa de Facundo, y me despertaba junto a él, abrazándome, muchas veces, desnudos los dos.

Cuando salí del baño, preparé unos mates y nos fuimos para la ferretería.

A eso de las siete de la tarde, Facundo dijo que se iba para su casa, que también había dormido poco y estaba muerto de sueño.

Saludó a mis viejos y antes de subir a su auto, nos dimos un abrazo y me dijo si quería que me llevara a la terminal, le dije que no tenía problemas pero que no quería joderlo tanto, me insistió y le terminé diciendo qué me llevara.

Esa noche les cocinaría a papá y a mamá, para que cuando cerraron el negocio, no tuviera que ponerse a cocinar.

Durante la cena, papá estaba feliz, no creía que en el primer día iba a tener tantos clientes.

Después de cenar me fui a dormir, en verdad estaba muy cansada.

Acostada en mi cama, rememoraba mi vida en estos últimos meses, cuantos cambios importantes habían ocurrido, nueva ciudad, nuevo trabajo, vivir con Mauro…, pero cuantas cosas seguían igual, mi familia, siempre unida, siempre incondicional, y también Facu, siempre ahí, desde que nos conocimos, siempre lo he sentido cerca mío.

El domingo me levanté temprano, casi a la hora en que se levanta papá, quería que charlemos un poco, después del almuerzo me volvía para Mar del Plata.

Esa fresca mañana, tomando unos mates en la cocina con papá, no se borrará nunca de mi cabeza, papá mirándome a los ojos, diciéndome lo que me amaba, que era una hija maravillosa, que estaba orgulloso de mí, pero por sobre todas las cosas, qué era una buena persona.

Lo abracé y le di un beso, los dos estábamos llorando, pero de emoción.

Cuándo se levantó mamá volví a preparar el mate, y papá se quedó con nosotras un rato más, pero como culo inquieto que es, después de un rato, se puso a hacer cosas en casa.

Nos quedamos conversando con mamá, me preguntó cómo estaban las cosas con Mauro, y cómo venía nuestra convivencia.

Habíamos comido asado el día anterior, pero papá volvió a prender fuego, para que me fuera bien llenita de asado, me dijo.

Yo últimamente no estaba muy carnívora, pero sabía qué para papá prepararte un rico asado era su forma de agasajarte.

En la sobremesa, charlamos los cuatro, le dije a papá que Facundo venía a buscarme para ir a la terminal, ya se iba haciendo la hora de irme y no quería que llegara.

Facundo vino como a las tres y media, tomamos unos mates antes de irnos, preparé todo en el bolso, me despedí entre lágrimas de papá y mamá, de Rodrigo y nos fuimos para la terminal en el auto de Facundo.

Me acompañó hasta el andén cargando mi bolso, esperamos conversando la hora en que llegara mi colectivo.

Cuando llegó, despaché el bolso y nos despedimos antes de subir.

-FACUNDO: Me gustó mucho verte estos días! Te voy a extrañar!

-MARINA: A mí también me gustó verte! Espero que las cosas mejoren con Ceci, o no! Lo que tenga que ser, pero espero que estés bien! Es lo único que me importa! Y por supuesto que te voy a extrañar, con vos me pasa como con mamá, puedo hablar de todo lo que siento, y siempre, siempre!, me sentí comprendida por vos, por eso es que te quiero tanto, y espero que siempre estés en mi vida!

-FACUNDO: Yo también espero eso! Sabés lo que te quiero y lo importante que sos para mí! Chau linda! Por favor avisame cuando llegues, para saber que llegaste bien!

-MARINA: Claro que sí! Chau Facu! Llamame cuando quieras!

Nos dimos un abrazo re lindo, muy sentido y le di flor de beso en el cachete antes de subir al colectivo.

Nos saludamos con la mano mientras el colectivo salía del andén, hasta que lo perdí de vista, y mientras íbamos saliendo de la ciudad, le mandé un mensaje a Mauro, diciéndole que ya estaba en camino y que llegaría a eso de las nueve y media de la noche a Mar del Plata. Casi una hora y media después me contestó que me estaría esperando, que no había escuchado el teléfono, se había acostado un rato a dormir la siesta.

Ya en la ruta, no dejaba de pensar en lo lindo de estos días, la felicidad de mis padres, que por supuesto también es la mía, el ansiado negocio, y ver a Facu, aunque verlo en la situación en que se encuentra con Cecilia, me dejaba algo triste, es un buen hombre y se merece ser feliz, pero me daba la impresión de que a lo suyo con Cecilia, no le quedaba mucho recorrido, me puse en su lugar, y creo que en su situación, no sé si aguantaría compartir la vida de esa forma, quizás por mi forma de ser sería blanco o negro, estamos bien o no estamos, no sé si podría soportar esa media tinta, esa sensación de estar sin estar bien.

Cuando entramos en Mar del Plata, le mandé un mensaje a Mauro y me contestó que ya estaba saliendo de casa para la terminal.

Tenía ganas de verlo, de abrazarlo, y por supuesto de hacer el amor.

Cuando el colectivo entró en la terminal, lo vi sentado en uno de los bancos esperándome.

Cuando bajé nos abrazamos y le comí la boca.

-MARINA: Hola mi amor! Cómo te extrañé!

-MAURO: Hola mi vida! Yo también te extrañé mucho! Aunque no tuve mucho tiempo, la empresa me tuvo al trote el viernes y el sábado, por eso me dormí una siesta!

Durante el camino a casa le empecé a contar todo, incluso que Facundo me había ido a buscar a la terminal de La Plata, y que también me había llevado.

De camino compramos algo preparado para no tener que cocinar, yo estaba ansiosa por cenar irnos a la cama.

Mientras comíamos, le seguí contando y mostrando el montón de fotos que había sacado.

Después de cenar nos fuimos a la cama, yo estaba apuradita por qué me coma toda, me desnudé antes de acostarme, como para que no quedaran dudas.

Mauro también se desnudó, y abrazados nos empezamos a besar.

Su erección no fue inmediata, tuve que trabajar un poco, y cuando lo logré, lo hice poner boca arriba en la cama, y me senté en su pija, penetrándome por completo, por supuesto ya estaba bien lubricada.

En esa posición, solo con la penetración, tuve mi primer orgasmo, increíblemente, Mauro aguantó más que la mayoría de las veces, ¿se habría masturbado en la siesta? Bueno eso no importaba ahora, cambiamos de posición, esta vez yo debajo, y cuando sentí que estaba por acabar, le dije que mi orgasmo estaba allí, que me diera más fuerte, y luego de que el acabará en mi interior, llegó mi segundo orgasmo, cuánto lo necesitaba!

Después nos abrazamos y nos quedamos dormidos, al día siguiente ambos trabajábamos.

Se puede decir que a partir de esa semana, comenzó mi trabajo en serio, los entrenamientos hasta las nueve de la noche, y los partidos los domingos.

Ese primer fin de semana, jugábamos de visitantes en la provincia de Córdoba, viajaríamos en avión, era mi primera vez volando, y estaba un poco nerviosa.

El vuelo salía el mismo domingo a las siete y cuarto de la mañana, por lo que tendría que madrugar.

El sábado, le dije a Mauro de cenar temprano para irnos rapidito a la cama, quería una despedida a todo volumen, aunque no fuera muy larga.

Y así fue, un orgasmo cada uno y a dormir.

El domingo me llevó Mauro temprano al club, ya estaba el colectivo que nos llevaría al aeropuerto.

Nos despedimos hasta el lunes, el vuelo de regreso, salida de Córdoba a las once y media de la noche, llegaría a casa en la madrugada del lunes.

De camino al aeropuerto, iba sentada con Matías, uno de los chicos utileros, y le iba contando que nunca había volado, y que estaba un poco nerviosa, pero él me dijo que no tuviera miedo, que no era nada, él había volado un montón de veces, y me dijo qué salvo alguna turbulencia en el vuelo, no se siente nada.

Llegamos al aeropuerto, despachamos todo y subimos al avión, le dije a Matías que se sentara conmigo, y así lo hizo.

Ya quería que pasara, la espera para el despegue me estaba matando de los nervios.

Cuando el avión se empezó a mover, empecé a temblar, y cuando empezó a tomar velocidad, se me salía el corazón por la boca.

Matías se dio cuenta y me tomó la mano.

-MATIAS: Tranquila Marina! No pasa nada ya vas a ver!

Miraba por la ventanilla y veía pasar todo cada vez más rápido, el avión temblaba y yo no me quedaba atrás, hasta que se despegó de la pista y dejó de temblar, aunque yo lo hice por un rato más.

En el ascenso se me taparon los oídos, y Matías me dijo que era normal, que abriera grande la boca para que se me destaparan.

En realidad el vuelo era muy sereno, y poco a poco me fui tranquilizando.

Cuando me vio que dejé de temblar, Matías soltó mi mano.

-MARINA: Gracias Mati! Tenías razón, no era para tanto, pero soy un poco cagona!

-MATIAS: Cuando te acostumbres a volar, vas a querer ir en avión a todos lados!

El vuelo a Córdoba duraba una hora y cuarenta minutos, cuándo aterrizamos, me puse un poco nerviosa, pero no tanto como en el despegue.

El partido era a las cuatro de la tarde, en Córdoba capital, y esta vez volvimos a ganar.

Luego del partido y los trabajos físicos, el plantel se fue a los vestuarios, cuando todos estaban cambiados, subimos al micro y fuimos a cenar a un restaurante, hasta la hora de ir al aeropuerto.

El vuelo de regreso, no lo sufrir tanto, Matías tenía razón, era muy lindo viajar en avión.

Cuando llegamos al aeropuerto de Mar del Plata, el micro nos llevó hasta el club, me habían dicho que no volvería sola a casa, que alguien me llevaría, y Matías se ofreció a hacerlo.

Llegué a casa a las dos y media de la mañana, y por supuesto Mauro estaba durmiendo.

No lo quise despertar, en unas horas se tenía que ir a trabajar, ya le contaría todo a la tarde cuando regresara, ese día no teníamos entrenamiento.

En el mes de julio, Mauro tuvo que hacer su primer viaje a La Plata, se iría un jueves temprano en la mañana y volvería el viernes en la tarde.

Nuestra vida iba sobre rieles, aunque los domingos no podíamos compartirlo, aprovechábamos los sábados, que ninguno de los dos trabajaba.

El día que se fue para La Plata, nos despedimos bien temprano, ese día no tenía que ir al club, y aprovecharía para hacer cosas en casa, y si podía, me encontraría con Eva, hacia casi un mes que no nos veíamos.

La llamé por teléfono y quedamos en encontrarnos para almorzar, ella entraba al sanatorio a las cuatro de la tarde, y estaríamos juntas hasta esa hora.

Nos pusimos al día, yo le conté del trabajo, del viaje a La Plata, de los viajes con el equipo, y de cómo iban las cosas con Mauro.

Ella, como siempre, me contó de sus chongos, de su trabajo y de las vacaciones que estaba pensando en Alguna playa de Brasil.

Esa noche, era la primera en que dormía sola, y en verdad me sentí rara, nunca había dormido sola fuera de casa.

El viernes cuando Mauro volvió, yo estaba en el club y nos volvimos a ver recién el viernes por la noche.

Me preguntó si estaba muy cansada, y cómo le dije que no, salimos a cenar.

La cena estuvo muy linda, la pasamos muy bien, y creí que al llegar a casa tendríamos acción, pero Mauro estaba cansado y nos acostamos a dormir.

Ese fin de semana, nos tocó jugar en Olavarría, pero esta vez, nos tocó volver con la cabeza gacha, el equipo no jugó bien, y perdimos el partido por paliza.

Después de ese primer viaje de Mauro a La Plata, vinieron más, en los meses de julio y agosto, fueron tres viajes por mes, los dos viajábamos mucho y cuando estábamos juntos muchas veces estábamos muy cansados.

Los primeros días del mes de septiembre, me llamo Facundo por teléfono, y hablamos por largo rato, cuando le pregunté cómo iban las cosas con Cecilia, me dijo que estaba casi seguro que estaba conociendo a alguien más, y que veía que la relación, estaba llegando a su fin.

En verdad eso me puso muy mal, no sabía hasta qué punto estaba Facundo enamorado de ella, pero supongo que lo suficiente como para seguir a su lado.

Yo le conté cómo iban nuestras cosas, qué había semanas en que nos veíamos muy poco, y antes de cortar, me dijo que por Andrés, el hermano de Mauro, se había enterado qué Sandra, la ex esposa de Mauro estaba haciendo un posgrado en La Plata.

En ese momento se me dio por pensar si Mauro sabría eso, pero supuse que seguramente no lo sabría, de saberlo me lo hubiera comentado.

En el mes de septiembre, tuvo que viajar tres veces a la plata, en el último viaje, me dijo que en vez de volver el viernes, volvería el domingo, el sábado en la noche era el cumpleaños de uno de los amigos de La Plata.

Y en ese viaje, fue la vez que más días estuvimos sin vernos, el equipo jugaba en Mendoza, y yo volvería en la mañana del lunes, es decir que desde el jueves a la mañana qué Mauro se fue para La Plata, nos volvimos a ver, recién el lunes en la noche cuando volví del entrenamiento.

Esa noche yo venía con muchas ganas de verlo y abrazarlo, lo había extrañado mucho, cuando entré en casa, lo abracé bien fuerte y lo besé apasionadamente.

Esa noche había pedido una pizza, y mientras llegaba me fui a dar un baño.

Después de cenar, ya me quería ir a la cama, habían sido demasiados días, sin encontrarnos, y pensé que Mauro estaría tan deseoso como yo por hacer el amor.

Después de bañarme solo me había puesto una remera larga, para no tener que sacarme mucha ropa.

Cuando fuimos al dormitorio, me quedé desnuda, lo abracé y lo besé, esperando sentir su erección contra mi cuerpo, pero no fue así, esta vez, tuve que volver a esmerarme para que la tuviera.

Ya desnudos los dos, nos metimos en la cama y lo volví a cabalgar, pensé que acabaría al instante, después de tantos días sin hacerlo, pero volvió a durar un poco más, y tuvimos nuestros orgasmos casi a la par. Después de eso nos quedamos dormidos.

El equipo iba bien, y el tercer fin de semana de octubre, jugábamos de visitantes en la ciudad de La Plata, era consciente de mis actividades durante los partidos, pero estando en mi ciudad, quería hacerme un hueco en el día, para ir a ver a mis padres.

Desde hacía un tiempo, Mauro había empezado a salir algunos viernes con sus compañeros y compañeras de trabajo, se juntaban a cenar, y después se iban a algún bar a tomar unos tragos.

Yo no lo veía mal, con varios de ellos, se conocían desde hacía tiempo, de trabajar juntos en La Plata.

Pero para ese mes de octubre, las salidas ya eran todos los viernes.

Las primeras veces, volvía a eso de la una de la mañana, pero con el correr de los encuentros, la hora se fue extendiendo.

Muchas veces no lo escuchaba llegar, pero una de las noches, me desperté al escucharlo entrar, hizo bastante ruido, supuse que vendría un poco borracho porque se llevó por delante una de las sillas del comedor.

Cuando miré mi teléfono, vi que eran las cuatro y media de la mañana, que yo supiera, nunca había llegado tan tarde.

Antes de acostarse, estuvo en el baño, y en ese tiempo me volví a dormir.

No quise darle mayor trascendencia, pensando en que la pasaría bien con sus amigos, y la hora se les pasaría volando.

El domingo que nos tocó ir a La Plata, me levanté bien temprano y fui al club en la bicicleta.

Salimos con el colectivo a las ocho de la mañana.

De camino, hablé con papá y mamá para decirles que estaría en la ciudad, que no sabía bien en qué momento, pero que iría a saludarlos, al menos darles un abrazo.

También le mandé un mensaje a Facundo, diciéndole que estaría en la ciudad y en que club era el partido, pero no sabía en qué momento tendría un rato libre.

Lo hablé con el entrenador, me dijo que podría ser después del partido, jugábamos a las cuatro de la tarde, y el colectivo de vuelta para Mar del Plata, salía a las diez de la noche, después de cenar, y si quería podría ir a cenar con mis padres, y estar de vuelta para la hora que saliera el colectivo.

Esa tarde el equipo volvió a ganar, y para mí sorpresa, Facundo estaba en la tribuna viendo el partido.

Después de los trabajos de recuperación, el plantel se fue a los vestuarios, y yo le dije al entrenador que iba a ver a mis padres, me dijo que me fuera sin problemas, pero que a las diez estuviera de vuelta.

Cuando salí de los vestuarios, Facundo me estaba esperando.

Cuando llegué hasta él nos dimos un abrazo.

-FACUNDO: Hola linda! Qué buen partido!

-MARINA: Hola Facu! Qué alegría me da verte!

-FACUNDO: No tenía nada que hacer, estaba solo en casa, ¿Cómo no iba a venir a verte un rato?

-MARINA: ¿Te puedo pedir un favor?

-FACUNDO: Por supuesto! Lo que necesites!

-MARINA: ¿Me podrás llevar a casa de mis viejos? Muero por darles un abrazo! Ceno con ellos y tengo que volver antes de las diez de la noche.

Subimos al auto y de camino a casa de mis padres fuimos conversando.

-MARINA: ¿Y Cecilia?

-FACUNDO: En Salto, por supuesto, como todos los fines de semana!

-MARINA: ¿Cómo están las cosas entre ustedes?

-FACUNDO: Creo que nuestra relación ya tiene fecha de vencimiento, cada vez estoy más seguro de que está con alguien más en Salto, ya va para dos meses que ni nos tocamos, más que una pareja, parecemos dos personas que comparten un departamento.

-MARINA: ¿Lo han hablado?

-FACUNDO: Sí, me sigue diciendo que me quiere, pero que necesita ver a sus padres, ¿qué le voy a decir? Lo que me llama la atención, es que nunca me diga de ir a Salto con ella, a buen entendedor, pocas palabras, entiendo yo que no quiere estar los fines de semana conmigo, y por eso creo que esto no da para más.

-MARINA: Me pone mal verte así, pero creo que sería bueno para los dos, hacer algo, no sé..., tomarse un tiempo quizás!

-FACUNDO: Creo que sí nos tomáramos un tiempo, sería bien, bien largo, casi te diría que sería eterno.

Llegamos a casa de mis padres, a las siete y cuarto de la tarde, los abracé a los dos, y les dije que me podía quedar hasta las nueve y media, tenía que volver antes de que saliera el colectivo.

Por supuesto le dije a Facundo que se quede en casa, y me dijo que él me llevaría de vuelta.

Pedimos unas empanadas, para que mamá no se pusiera que cocinar.

Durante la cena les conté cómo iba todo, y ellos me contaron lo bien que andaba la ferretería, papá me decía que nunca creyó que trabajaría tan bien, que todas las semanas tenía que hacer pedidos para reponer mercadería, y agregar las cosas que le iban pidiendo y no tenía.

Y me dijo que ya estaba pensando, en hacer la construcción de arriba, el depósito le estaba quedando chico.

Por supuesto me alegré mucho por eso.

Después de cenar, ya eran las nueve de la noche, en media hora me tenía que ir, y aproveché para abrazarlos y darles besos a los dos.

Minutos antes de que nos fuéramos, llegó Rodrigo con Inés, su novia, no me había dicho nada que tenía novia, pero me alegré mucho por él, los saludé a todos, y mamá y papá me acompañaron hasta la puerta.

Al oído le pregunté a mamá qué tal Inés, y me dijo que estaba muy contenta con ella, qué era una buena chica, y se veía lo que quería a Rodrigo.

En el viaje de vuelta, le dije a Facundo que me tuviera al tanto, de su vida, de cómo iban sus cosas.

Cuando llegamos al restaurante donde estaba el equipo, habían terminado de cenar, y en unos minutos nos volvíamos para Mar del Plata.

Nos despedimos con Facundo con un abrazo y un beso!

-FACUNDO: Cuidate linda!

-MARINA: Llamame y contame como van tus cosas, ¿si?

-FACUNDO: Dale! Hasta la próxima!

Al bajar del auto, vi su cara como de tristeza, diría que casi estaba por llorar.

Llegué a casa de madrugada, dejé la bicicleta en el club y Matías me llevo hasta casa.

Cuando entré Mauro estaba durmiendo, me di una ducha y me acosté, estaba muerta.

El jueves de esta semana, nos encontramos con Eva.

-EVA: Hola nena!

-MARINA: Hola Evi! Qué ganas tenía de verte! ¿Cómo van tus cosas?

-EVA: Cuando te cuente te morís!

-MARINA: Contame boluda!

-EVA: Estoy saliendo con alguien!

-MARINA: ¿Saliendo saliendo? ¿Lo que se dice saliendo? ¿Vos me estás diciendo que estás en una relación estable con alguien?

-EVA: Es reciente boluda! Nos estamos conociendo!

-MARINA: Te escucho y no lo puedo creer! Vos que cambias de tipos como de bombachas, ¿en serio estás saliendo con alguien?

-EVA: Sí boluda! Es un divino! Ariel se llama, y trabaja en una distribuidora de insumos médicos, lo conocí en el sanatorio, y por casualidad nos encontramos en un bar, y flashé boluda! Nunca un tipo me pegó así! Es más, ni siquiera cogimos esa noche!

-MARINA: Te enamoraste boluda! Te llegó tu Adán!

-EVA: No sé, nunca sentí estar enamorada de ningún tipo, pero con este tengo ganas de estar todo el tiempo, ya nos vimos varias veces, y recién nos acostamos en el quinto encuentro, y fue una locura! Tiene un año menos que yo, pero es un bombón!

-MARINA: Ay boluda! Me encanta verte así!

-EVA: Nunca estuve así Mari, Te lo juro! Y encima me coge re lindo! Ya estoy deseando que llegue mañana que nos volvemos a ver!

-MARINA: Me alegro mucho Evi, verte así de feliz, me pone feliz a mí.

-EVA: Escuchame! Otra cosa te quería decir, el viernes este que pasó no, el anterior, estábamos en una cervecería de calle Olavarría con Ariel y lo vi entrar a Mauro con una chica, no los vi haciendo nada raro, pero conversaban animadamente y se reían.

-MARINA: ¿Estaban ellos dos solos, o con más gente?

-EVA: No sé después, pero mientras nosotros estuvimos ahí, estaban ellos dos solos! Nosotros después de un rato nos fuimos, a eso de la una de la mañana, teníamos que hacer unos trámites en casa!

-MARINA: Todos los viernes salen con los compañeros de trabajo a cenar y después van a tomar algo, seguramente era una de las compañeras de trabajo, pero que raro estaban solos, siempre me dice que suelen ser cinco o seis.

-EVA: No los vi en nada raro, pero por las dudas, estate atenta! No sea cosa que tu chico ande pistoneando por ahí!

-MARINA: Nunca me dio por sospechar de sus salidas, no creo que me haga algo así!

Seguimos conversando hasta la hora en que tenía que entrar al sanatorio y antes de despedirnos le dije que quería conocer a su Adán, me dijo que pronto lo conocería!

Volviendo a casa fui pensando en lo que me había dicho Eva, ¿tendría que empezar a sospechar de Mauro? Acepto que tenga salidas con sus amigos y amigas, por supuesto, también yo tengo las mías con Eva o con Facundo por ejemplo, pero no sé por qué, se me dio por pensar que quizás Eva no haya querido decirme todo lo que vio, pero quiso ponerme en alerta.

Una tarde de los primeros días de noviembre, estábamos tomando unos mates con Mauro en el sillón y le entró un mensaje a su teléfono que estaba sobre la mesita baja delante del sillón, cuando lo tomó, para ver el mensaje, lo vi desbloquearlo deslizando su dedo por los puntos blancos en la pantalla.

Nunca había tenido bloqueado su teléfono, como tampoco tenía yo bloqueo en el mío, incluso muchas veces le había pedido que viera él mi teléfono cuando me llegaba un mensaje y yo no podía verlo, que me dijera de quién era y que también me lo leyera, ¿tenía que pensar que habría mensajes en su teléfono que yo no podía leer? ¿Por qué otra razón podía tener bloqueado el teléfono?

No me quería perseguir, pero ni siquiera me lo había comentado, y con esta iban varias cosas que no me había comentado, que su ex esposa estaba estudiando en La Plata, que al menos una noche había estado solo con una chica, y ahora que tenía su teléfono bloqueado.

Y sumado a eso, también que nuestra actividad sexual, había decaído bastante, cosa que yo atribuí a nuestro trabajo y sobre todo a los viajes.

¿Algo está pasando en nuestra relación que yo debiera saber? ¿Me tengo que preocupar?

A partir de ese día empecé a prestar atención cuando le llegaba un mensaje, y me di cuenta que en muchos de esos mensajes, a pesar de estar juntos, no me decía de quien eran o que decían, cuando antes siempre me lo contaba, tanto como lo hacía yo cuando me llegaba un mensaje a mí, yo veía como normal el comentarnos esas cosas.

Las salidas de los viernes continuaron y ya era costumbre que volviera no antes de las cuatro de la mañana.

Cuando alguna vez al llegar, yo estaba despierta, me decía que se habían quedado con los amigos tomando y charlando.

Varias veces lo observé, recibir un mensaje, desbloquear el teléfono y alejarse un poco de mí, quizás para escuchar algún audio.

Ese mes de noviembre, Mauro fue todas las semanas a La Plata, y el último fin de semana del mes, me dijo que hacían una juntada de amigos el sábado en la noche, y que volvería el domingo a la tarde.

Cuando le pregunté dónde se quedaría esos días, me dijo que se quedaba en casa de un amigo.

No le dije nada, pero me sorprendió que no se quedara en casa de sus padres o en la de su hermano, seguramente lo haría para no llegar a cualquier hora.

Ese último fin de semana de noviembre, jugábamos en Mar del Plata, la ante última fecha, el primer domingo de diciembre, nos tocaba jugar de visitantes en la ciudad de Campana y la última fecha, también jugábamos de visitante en la ciudad de Bahía Blanca.

Entre sus viajes a La Plata, y los míos con el equipo, en verdad nos veíamos muy poco, y por qué no decirlo, hacíamos muy poco el amor.

No me considero una desesperada por el sexo, pero me gusta, lo disfruto y lo necesito bastante más seguido de lo que lo necesita Mauro.

Ese fin de semana que Mauro estuvo en La Plata, después de tanto tiempo sin hacerlo, volví a masturbarme, meses hacía que no había tenido la necesidad de hacerlo, pero ese sábado en la noche, sola en la habitación, desnuda después de haberme bañado, me miré al espejo, me sentí excitada, y necesité hacerlo.

Me sequé el pelo, y me tiré en la cama a tocarme, mi mente no tenía ninguna imagen en particular, me toqué las tetas, me presioné los pezones con los dedos, y fui bajando mi mano derecha hasta mi conchita, que ya estaba mojada.

No sabía qué era lo que me tenía tan excitada, quizás la falta de sexo con Mauro, qué en el mes, solo lo habíamos hecho un par de veces.

Como sin quererlo, empecé a recordar momentos en los que me sentí muy excitada en los que había disfrutado mucho sexualmente.

Irremediablemente a mi cabeza vino Facundo, fue con él es con quién más he disfrutado sexualmente, esas noches que me quedaba en su casa a dormir, eran interminables, eran encuentros muy intensos, en los que era normal tener cinco, seis o más orgasmos con él.

Con esos recuerdos tuve un orgasmo hermoso, pero no quedó ahí, me seguí tocando, me puse boca abajo en la cama, con mis manos entre mis piernas, y recordando su lengua recorriendo mi espalda hasta llegar a mi culo, tuve el segundo orgasmo, y poniéndome sola en cuatro en la cama, recordé cuando Facu me cogía desde atrás, y tuve mi tercer orgasmo de esa noche.

Luego de aplacar a esa sed, me sentí culpable, sentí que estaba engañando a Mauro con esos pensamientos, y a pesar de haber gozado de esos orgasmos, me dormí sintiendo culpa.

Mauro volvió el domingo a la tarde, cuando yo aún no había regresado, cuando llegué a casa, estaba durmiendo, seguramente habría salido el sábado hasta vaya a saber qué hora.

Lo dejé dormir, pero cuando salí de darme un baño, lo encontré preparando el mate.

Lo abracé y lo besé, y por mi cabeza, volvió a pasar la culpa de haberme masturbado pensando en Facundo, aunque por supuesto no se lo conté.

Tomamos unos mates mientras me contaba de su viaje, y de la salida del sábado en la noche.

Después de cenar nos fuimos a la cama, quería que me hiciera el amor, pero por primera vez desde que estábamos juntos, no tuvo una erección, por más que me esmeré con mis manos y con mi boca, no logré que se le parara, y en verdad me sentí muy mal, no lograba excitar a mi novio.

-MAURO: Perdón amor! No sé qué me pasa, es la primera vez que no se me para, debe ser por el cansancio, volvimos de mañana a la casa de Patricio, después de tomar como unos descosidos.

-MARINA: No pasa nada amor! Ya será la próxima!

Hablamos un momento más y se quedó dormido.

Yo por supuesto me quedé mal, no había logrado excitarlo, y pensé, ¿vendría deslechado de La Plata, y por eso no se le había parado?

Continuará…

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