Historias del complejo. Segunda serie. (10)
Tiene el cuerpo de un compañero de estudios y la química de un desconocido, pero su mente solo busca a uno: el que la hizo sentir viva por primera vez. Cuando el pasado llama desde la costa, la tentación de cruzar la línea entre lo casual y lo real se vuelve irresistible.
La historia de Iris
Capítulo 2
-JUAN: Iris, ahora que estamos solos, quiero aprovechar para decirte algo!
Su cara casi que me lo decía todo, y si lo que tenía para decirme, era que yo le gustaba, le diría que él también a mí y mi cabeza empezó a pensar que nos quedaban casi tres horas aún.
-IRIS: Decime Juanchi!
-JUAN: Desde que te conocí y empezamos a hablar, me parecés una mujer hermosa, por donde te mire, no te puedo decir que estoy enamorado de vos, porque te estaría mintiendo, y no tengo intenciones de mentirte, pero me gustás mucho y creo que podríamos pasar buenos momentos juntos. Estoy diciéndote esto y estoy deseando que no lo tomes a mal y me mandes a la mierda, me gusta mucho estudiar, hablar y compartir tiempo con vos.
-IRIS: No lo tomo a mal Juanchito! Al contrario, me agrada que me consideres una mujer hermosa, aunque yo no me lo crea, también me gusta pasar tiempo con vos, y estoy segura de que mas allá de los estudios y los trabajos, aquí la podríamos pasar muy bien!
-JUAN: ¿Estoy entendiendo bien?
-IRIS: Sí Juanchín! Tampoco te puedo decir que estoy enamorada de vos, pero creo que podemos pasar buenos momentos, lo único que tengo que decirte es que no tengo experiencia, aunque no lo creas, estuve tan solo con un chico antes de cumplir los dieciocho y lo hicimos tan solo un par de veces.
Se me subieron los colores por la intimidad que le estaba contando, pero ya me había tirado a la pileta y era consciente que ahora tocaba nadar.
-IRIS: Te voy a contar una intimidad, que si lo pienso dos veces no te lo digo, pero, ¿sabés qué fue lo que hice ayer cuando vine a conocer el departamento?
-JUAN: Contame! Muero por saberlo!
-IRIS: Después de recorrer el departamento y la terraza, fui a la habitación, al ver la cama tan enorme y tan cómoda, me saqué toda la ropa y me masturbé pensando en que estrenaba con vos la cama!
-JUAN: Upa! Que confesión tan excitante! Y ya que estamos en plan de confesiones, tengo que reconocerte que me he masturbado varias veces pensando en vos!
-IRIS: Ay Juanchito! No me cuentes! ¿Y sabés que más pensé ayer?
-JUAN: Contame!
-IRIS: Que me tengo que emprolijar mi selva! Hace mucho que no le hago nada!
-JUAN: En ese caso, yo podría darte una mano, se me da muy bien el tema depilación, de hecho siempre voy bien depilado!
-IRIS: ¿Serías capaz?
-JUAN: Por supuesto! De eso y de mucho más!
-IRIS: Estoy excitada Juanchi! Tenemos hasta las ocho!
Se puso de pie, me tomó de la mano y caminamos hacia la habitación.
-JUAN: No perdamos el tiempo!
Al llegar a la habitación, nos abrazamos y nos besamos, Juan tenía que agacharse un poco y yo me puse en puntas de pie.
Sus manos recorrieron mi cuerpo con suaves caricias, a medida que nuestros besos subían de intensidad, para que mentir estaba más que nerviosa, aunque no era mi primera vez, me sentía como si lo fuera.
Pero poco a poco, con los besos y las suaves caricias de Juan, me fui aflojando.
Metí mis manos por debajo de su remera, y acaricié su espalda, luego la fui levantando de a poco, y Juan se la término de sacar, acaricié y besé su pecho de músculos marcados.
Luego fue mi turno de quedarme sin remera, y acto seguido también sin corpiño.
Mis tetas medianas, se apoyaron en su pecho, mientras acariciaba suavemente mi espalda y besaba mi cuello.
Lentamente desprendió mi pantalón, y metiendo sus manos dentro, me acarició el culo.
Me daba un poco de vergüenza que me encontrará tan peluda, pero supongo que por la excitación que llevábamos los dos, la depilación sería en otro momento.
Mi pantalón fue bajando hasta llegar a mis tobillos, Juan se agachó frente a mí, y me ayudó a quitármelo.
Se volvió a poner de pie y nos volvimos a besar.
Desabroché su pantalón, que ya mostraba el bulto de su erección, y lo fui bajando acariciando sus piernas.
Luego tomé la iniciativa y bajé lentamente su bóxer para dejarlo desnudo frente a mí.
Tenía tremenda erección, y a primera vista, me pareció muy linda, aunque un poco más pequeña que la de Agustín, la única que había conocido hasta ese momento.
Luego fue el turno de mí bombachita, y una vez desnudos los dos, nos acostamos en la cama.
Juan beso y acarició todo mi cuerpo, incluso mi entrepierna cubierta por la mata de pelos, su lengua hizo maravillas en mi clítoris y me sacó el primer orgasmo.
Fue mi turno de devolverle la atención, bajé besando su pecho hasta llegar a su pija, qué terminó en mi boca.
No tenía mucha experiencia en el sexo oral, pero puse mi mayor esmero.
Supongo que tan mal no lo estaba haciendo, porque en un momento, Juan me dijo que parara porque lo iba a hacer acabar.
Había llegado el momento, y necesitaba sentirlo en mi interior.
Juan se colocó un preservativo y lo hicimos, estaba tan mojada por la excitación y por el orgasmo, que lo sentí entrar deliciosamente.
Lo hizo despacio, poco a poco, hasta que sentí su cuerpo contra el mío y supe que toda estaba adentro.
-IRIS: Cógeme Juan!
Fue aumentando la velocidad de las embestidas, aunque no eran violentas, entraba y salía de mi interior dándome un placer enorme.
Mientras tanto besaba y chupaba mis pezones, y eso más me excitaba.
-IRIS: Así Juanito!
Sus embestidas fueron teniendo cada vez más intensidad, hasta que ya no lo pude contener y tuve un orgasmo exquisito! Las piernas me temblaron, mis jadeos se dejaron oír, mientras nuestras lenguas jugaban en nuestras bocas.
Pero Juan no se detuvo, solo por un momento bajó el ritmo de las embestidas, para luego ir incrementándolo de a poco, hasta tenerme nuevamente al borde del orgasmo, y en el momento en que me dijo que ya no podía aguantar más, lo sentí eyacular en mi interior.
Me había dado mucho placer, y sobre todo me había sentido cuidada y considerada.
Su erección fue menguando, hasta que se salió de mi interior.
Nos quedamos abrazados en la cama, apoyando mi cabeza en su pecho, haciéndonos caricias suaves mutuamente, y no pude dejar de recordar mi primera vez con Agustín, quizás por la ansiedad de la primera vez, o por ser Agustín o no sé por qué, había sido más significativo esa vez, en esta ocasión, lo había sentido como un desahogo del cuerpo, ¿placentero? Claro que sí, pero sentía como que le había faltado algo.
-IRIS: Me encantó Juanchito!
Y haciendo alusión a mi pelambre, le dije:
-IRIS: Espero no te hayas cruzado con Tarzán en esa selva!
Nos reímos los dos, y me dijo que la próxima vez que tuviéramos tiempo, se ocuparía de podar mi selva.
Miré mi teléfono y eran las siete de la tarde, aún teníamos un rato, y nos quedamos los dos desnudos en la cama abrazados y conversando.
Después nos levantamos y nos dimos una ducha, y antes de las ocho me dejó en casa.
Al entrar con mi mochila colgando, me encontré a papá sentado en el sillón mirando televisión.
-LUIS: Llegó mi arcoíris! Hola hermosa!
-IRIS: Hola pa!
-LUIS: No te voy a preguntar cómo te fue, porque se te nota en la cara!
-IRIS: ¿Qué cosa se me nota en la cara?
-LUIS: Creo que la has pasado muy bien hija mía! Y me alegro mucho por vos, no quiero los detalles por supuesto, tan solo que me digas si estuvo bien!
Me senté a su lado en el sillón y mirándolo a los ojos le dije:
-IRIS: Estuvo muy bien papi! Mucho mejor de lo qué había imaginado! Aunque si soy sincera, no llegué a sentir lo que sentí con Agustín, pero estuvo bien!
-LUIS: Es lo único que me importa hija! Qué estés bien y seas feliz!
-IRIS: Pero antes estuvimos hablando, fuimos sinceros los dos, ninguno de los dos estamos enamorados, pero si te lo digo en criollo, nos teníamos ganas!
-LUIS: Eso es lo importante para mi hija! Disfrutar de la vida, ya llegará ese hombre que te mueva el piso, pero mientras tanto, podés ir entrenando!
Nos reímos los dos ante su frase y le di un abrazo y un beso en su mejilla.
-IRIS: Gracias papi! Esto es gracias a vos! Si Fuera por mamá, no estaría con un hombre hasta mi noche de bodas!
Y se volvió a reír a carcajadas!
-LUIS: Acordate! De ese departamento ni una palabra a tu madre!
-IRIS: Quédate tranquilo que nunca se va a enterar de la cueva!
-LUIS: ¿La cueva?
-IRIS: Así bauticé al departamento!
-LUIS: Me parece muy bien! Mientras yo viva esa será tu cueva entonces!
Un par de días después, al llegar a casa por la tarde, estaba mi madre hablando con papá sentados en el sillón, saludé a mi madre y luego me acerqué a saludar a papá, quedé en medio de los dos dando la espalda a mi madre, y mi padre me miró con una sonrisa y me guiñó un ojo, supongo que imaginando lo que habría pasado en la cueva.
Faltaban un par de meses para que terminaran las clases, y una tarde al llegar a la facultad, Roberto Matiuzzo, uno de los profesores me dijo que luego de la clase quería hablar conmigo.
No sabía cuál podría ser el motivo, tanto en su materia como en las demás tenía muy buenas calificaciones, casi diría que las más altas del curso, me encantaba la carrera y ponía mucho empeño en cada trabajo y en cada examen.
Cuando me senté junto a Juan, le comenté lo que me había dicho el profesor, ninguno de los dos adivinábamos el motivo.
Luego de la clase, nos íbamos con Juan para el departamento, y le dije que me esperara un momento.
Cuando todos los alumnos se retiraron, me acerqué al escritorio y Roberto me ofreció, para el curso del año siguiente, ser ayudante de cátedra, para la materia que él mismo daba en el primer año de la carrera, me dijo que era una excelente alumna, qué en mis exposiciones se notaba mi gusto por el arte, y que estaba convencido de que sería una buena docente.
La propuesta me sorprendió, pero automáticamente le dije que sí, qué con gusto aceptaba la propuesta.
Me dijo que él mismo haría la nota solicitando mi participación como ayudante de cátedra, pero me aclaró que probablemente los tres o seis primeros meses, serían ad honorem, y si todo iba bien, como él creía, luego pasaría a hacer ayudante diplomada, por lo que comenzaría a cobrar mensualmente.
Le agradecí, y me dijo que antes de que terminara el año, tendríamos una reunión para explicarme a mí y a las otras dos personas, el proyecto de la cátedra para el año siguiente, y dejarnos todo el material para ir familiarizándonos.
Me despedí del profesor volviendo a agradecerle, y salí rápidamente del aula.
Juan me esperaba en la puerta, y llegué hasta él casi corriendo, lo abracé con una sonrisa y le conté la propuesta del profesor.
Se puso muy contento, y me felicitó diciéndome que me lo merecía.
Estaba tan contenta que al llegar al departamento, nos tomamos unos mates, y dejamos el trabajo para otro momento, nos fuimos directamente a la cama, y estuvimos casi una hora dándonos placer.
Después me fui para casa, y al llegar solo estaba papá, me senté a su lado, me miró con cara de pícaro, y me hizo un gesto como de interrogación con la mirada.
-LUIS: ¿Y?
-IRIS: ¿Y qué papá?
-LUIS: No se haga la tonta mi arcoíris! Ya sabés lo que te estoy preguntando!
-IRIS: Muy bien papi! Va todo muy bien!
-LUIS: Me alegro hija! Solo me importa que disfrutes de la vida! ¿Es él?
-IRIS: ¿Vos me estás preguntando si es el hombre indicado?
-LUIS: Eso mismo hija!
-IRIS: Nos llevamos muy bien, la pasamos bien, y te lo digo sin pelos en la lengua, en la cama también, pero no siento que sea él. Tengo que ser sincera, creo que me gustó mucho más con Agustín, no sé..., creo que Agustín sentía algo por mí qué Juan no siente, pero bueno!
-LUIS: Acordate que el límite siempre lo pones vos, y si no sentís estar enamorada de Juan, sé sincera con él y recordárselo siempre!
-IRIS: Siempre lo hablamos pa, y los dos lo tenemos bien claro, en un par de meses se vuelve a su ciudad, estaremos el verano sin vernos, sí me preguntaras si lo voy a extrañar, te diría que como hombre no estoy segura, y tengo perfectamente claro, qué en algún momento se puede enamorar de alguna chica o yo de algún chico, y cortar con nuestras encuentros, incluso si llega a suceder eso, yo misma cortaría con nuestros encuentros.
-LUIS: Eso está muy bien, mientras ninguno de los dos tenga compromisos, puede pasarla bien, y luego seguir siendo solo amigos o compañeros de estudio!
-IRIS: Así es como lo pensamos pa, pero mientras tanto, nos entretenemos!
Esa complicidad que tenía con mi padre, hacia que no le ocultara nada, me gustaba decirle lo que pensaba y lo que sentía, y siempre escuchaba sus consejos, no podía sentirme más comprendida y apoyada.
Le conté a papá la oferta del profesor para el año siguiente, y por supuesto me felicitó, me dijo que era muy buena en lo mío, y que eso era solo el principio.
Desde que había comenzado la facultad, papá me había abierto una cuenta en el banco a mi nombre, y todos los meses me depositaba dinero para mis cosas.
Por supuesto no era poco dinero, y nunca alcanzaba a gastarlo por completo, él me decía que eso solo era para la facultad, el resto de mis necesidades, la ropa, la comida, los viajes, seguía siendo igual que siempre.
Así que a esa altura del año, mi cuenta de banco estaba bien abultada.
Un par de días después, papá me mandó un mensaje mientras estaba en la facultad, preguntándome si ese día volvería a casa por la tarde, le dije que sí y me dijo que necesitaba que lo acompañara a un lugar.
Por supuesto no le pregunté a dónde, a cualquier lugar dónde tuviera que ir lo acompañaría.
Llegué a casa, merendamos juntos y salimos en su auto.
De camino me dijo que íbamos al estudio de un escribano amigo suyo, pero no pregunte cuál era el motivo, pero cuando llegamos, antes de entrar se detuvo y me dijo:
-LUIS: Hija, la cueva es mía desde que era soltero, y puedo hacer con ese departamento lo que quiera, sin que tenga intervenir tu madre, y vinimos a ver a Jorge, para firmar los papeles necesarios, para que la cueva pasé a tu nombre.
-IRIS: No hace falta papá! ¿Y mis hermanos?
-LUIS: Tranquila que todo está arreglado! Ángel ya tiene una propiedad a su nombre, aunque ahora la tiene alquilada, y Nacho tendrá el suyo también. Esto es el comienzo, quiero que tengas una base para poder empezar tu vida!
Lo abracé con lágrimas en los ojos y le di un buen beso en la mejilla.
Entramos en la escribanía, saludamos a Jorge, que ya tenía todos los papeles preparados, y firmamos todo lo necesario, la cueva ya era mía.
Nos despedimos de Jorge y volvimos para casa.
Durante el viaje de regreso, papá me dijo que por el momento no dijera nada del departamento, sobre todo a mi madre, ya habría tiempo para eso.
Mi madre no estaba en casa y papá me dijo que se iba a descansar un rato.
Entré a mi habitación, y no sé porque se me cruzo Agustín por la cabeza, y decidí enviarle un mensaje para ver cómo andaba.
-IRIS: Hola Agus! ¿Cómo estás tanto tiempo?
Su respuesta llegó unos minutos después.
-AGUSTIN: Hola Iris! Qué sorpresa tu mensaje! Ayer pensaba en vos, no quise molestarte, sé que estás muy ocupada!
-IRIS: Escribime cuando quieras Agus! Siempre te voy a contestar, no importa si estoy ocupada!
No me podía mentir a mí misma, a pesar de la distancia y del tiempo que hacía que no nos veíamos en persona, lo seguía extrañando, y durante esa conversación, se me ocurrió pensar, qué con el dinero de la cuenta del banco, cuándo terminarán las clases, me podría hacer un viaje a la costa unos días, para encontrarnos.
No se lo dije a Agustín en esa charla, ya que no estaba segura de poder hacerlo, sobre todo por mi madre, ya no era una nena, pero mi madre me seguía controlando todo el tiempo.
Con Juan tuvimos varios encuentros sexuales más, siempre en la cueva, y cada vez que lo hacíamos, no podía dejar de comparar lo que sentía con Juan, y lo que había sentido con Agustín.
Intentando analizarlo, llegaba a la conclusión, de qué con Agustín había sido mi primera vez, que lo había pasado muy bien, y que la relación con Agustín era bien diferente a la que tenía con Juan, ni mejor ni peor, tan solo diferente, siempre sentí que Agustín me miraba de una forma, en la que Juan nunca me ha mirado.
Terminaron las clases, preparamos un examen final con Juan, y la tarde antes del día del examen, lo hicimos por última vez, luego del final, Juan se volvía a Pehuajó, su ciudad natal, a pasar el verano en casa de sus padres, y nos volveríamos a ver recién en el mes de marzo del año próximo.
Los dos aprobamos el examen final, mi nota fue un diez, y la de Juan un nueve.
Con la nota de ese final, tenía la calificación promedio más alta del grupo.
Cuando llegué a casa, papá y mamá estaban sentados en el sillón tomando un café, cuando les conté que me había sacado un diez, papá se levantó a abrazarme y a felicitarme, y mamá desde el sillón, lo único que dijo fue, para eso estudia.
A pesar de no esperar una felicitación por parte de mi madre, me cayó un poco mal su comentario, mi papá me hizo un gesto como que no le diera importancia.
Al día siguiente, le comenté a papá que había hablado con Agustín, y que estaba pensando en irme unos días a la costa para encontrarme con él, pero que no sabía que le iba a decir a mamá.
Y la respuesta de papa me dejó con la boca abierta.
-LUIS: Vos pensá la fecha, que yo me ocupo de todo!
Esa misma noche me volví a comunicar con Agustín, y le conté que estaba pensando irme unos días a la costa, para poder vernos.
Agustín se alegró mucho, y me dijo qué en la ferretería de su padre, tendría vacaciones tan solo la primera semana del mes de enero, y luego volvería a tener vacaciones en marzo.
Entonces le dije que seguramente en esa semana andaría por la costa.
Al día siguiente lo hablé con papá, le dije que quería ir la primera semana de enero y me dijo que él se ocuparía de todo.
Faltaban unos días para las fiestas, y una tarde al llegar a casa, papá preparó el mate, y nos sentamos a la sombra en el parque a conversar.
-LUIS: Todo arreglado hija! La primera semana del año vas a estar en la costa!
-IRIS: ¿Y con mamá cómo hacemos?
-LUIS: Ya lo tengo arreglado! Hay una posible inversión en Pinamar, un proyecto inmobiliario, de un conocido mío, con el que ya hemos hecho algunos desarrollos en Mar de las Pampas y en Cariló. Hablé con tu madre y le dije que yo iba, y qué de paso me vendría bien unos días de descanso. Tu madre me dijo que en esos días no podía ir conmigo a la costa, porque había unas reuniones por un desarrollo en San Isidro. Yo ya lo sabía por supuesto, y le dije que te llevaría conmigo, como para que fueras viendo los negocios de la empresa, y quizás te pudiera ir convenciendo para que entres a trabajar vos también. Así que vamos a hacer así, yo me voy a quedar en la casa de Pinamar, dónde por supuesto vos también te podés quedar conmigo, pero si querés estar en Gesell con Agustín, conseguí el departamento de un amigo para esa semana.
Escuchaba todo lo que me decía papá y no lo podía creer, en verdad lo había arreglado todo.
-IRIS: ¿Cómo hacemos con mamá, si vos estás en Pinamar y yo en Gesell?
-LUIS: Despreocúpate, lo único que te voy a pedir, es que el día que tenga la reunión con ese hombre, vos estés conmigo, por si en algún momento él habla con tu madre, quedemos cubiertos.
-IRIS: Por supuesto pa!
Ese mismo día le mandé un mensaje a Agustín, para decirle que estaría en Villa Gesell la primera semana de enero, aunque le aclaré que no todos los días, le expliqué que tenía que estar con mi papá en Pinamar para una reunión.
Me dijo de hacer una videollamada y por supuesto le dije que sí.
-AGUSTIN: Qué alegría Iris! Si supieras lo que extraño nuestras charlas!
-IRIS: Yo también Agus! Por eso es que tenía ganas de verte!
-AGUSTIN: ¿Vas primero a Pinamar, y después te venís para Gesell?
-IRIS: No lo sé todavía, pero uno de esos días tengo que estar en Pinamar!
-AGUSTIN: Desde que estoy acá, no he tenido a nadie para conversar como lo hacía con vos!
-IRIS: Ya vamos a tener tiempo para ponernos al día!
-AGUSTIN: Estás tan linda como siempre!
-IRIS: Gracias Agus! A vos te queda muy bien el pelito corto! Estás lindo!
Se veía la alegría en su cara, y yo también por supuesto estaba contenta de volver a verlo.
Conversamos un momento más, me dijo que se tenía que ir a cenar, y quedamos en que volveríamos a hablar para las fiestas antes de mi viaje a Gesell, para decirle que día llegaría y dónde iba a parar.
Un día antes de Navidad, llegó mi hermano Juan Ignacio de Francia, acompañado por su novia italiana.
Pasarían unos días en Argentina, con posibilidades de volver a vivir en el país. A mediados de enero, Nacho tenía una reunión en un club de rugby, para ver si llegaban a un acuerdo para que sea el nuevo entrenador, de ser así, volverían a estar en casa con nosotros.
Su novia me cayó muy bien, una hermosa italiana, de nombre Rosa, algo tímida, pero muy agradable en su trato.
En esa mezcla de italiano y español, que sonaba muy lindo, me contó qué sus padres eran valencianos, pero que se habían ido a vivir a Italia, y ella había nacido allí.
Se podría decir que las fiestas de ese fin de año, con Ignacio y con Rosa, estuvieron algo más amenas.
El primero de enero, preparamos con papá las maletas, y cómo le había dicho a mamá, intentaría convencerme para que fuera conociendo los temas de la empresa, le seguí un poco la corriente, y el trato de mamá fue un poco más agradable, siempre haciendo hincapié, en qué prestara atención, y que me vaya empapando de los manejos en las reuniones.
Yo a todo le decía que sí, pero mi cabeza estaba en otro lado.
Para casi todos los viajes que hacía papá por negocios, tenía un hombre de unos cuarenta y ocho o cincuenta años que manejaba el auto, Andrés, de total confianza de papá, y sería quién nos llevaría a Pinamar, y luego me llevaría a mí a Villa Gesell, y durante esa semana Andrés también se quedaría en Pinamar.
El dos de enero salimos temprano para Pinamar, y llegamos a la hora de almorzar.
Pasamos por la casa para que papá dejara sus cosas y yo las mías, y luego nos fuimos los tres a almorzar a un restaurante.
Andrés dormiría en un hotel a una cuadra de la casa, y mientras papá no lo necesitaba, podía tomarse esa semana merecida de descanso.
Le mandé un mensaje a Agustín, diciéndole que ya estaba en Pinamar y que iría para Villa Gesell al día siguiente, ese día quería quedarme con papá.
Después de hablar con Agustín le dije a papá que ese día me quedaba con él, se alegró y me dijo que luego saldríamos a cenar los dos.
Papá descansó un rato, y luego lo acompañé hasta la playa, aunque no nos metimos al agua, a papá le encanta estar frente al mar.
Volvimos a la casa, nos dimos un baño, y salimos a cenar.
Al día siguiente, también desayunamos juntos en un café cerca de la casa, y luego Andrés me llevo hasta Villa Gesell.
Llegamos al departamento, estaba a un par de cuadras de la calle principal, en el sexto piso de un hermoso edificio, y la ventana del estar comedor tenía una hermosa vista al mar.
Me despedí de Andrés que se volvió para Pinamar, y quedamos de acuerdo en que el día de la reunión me vendría a buscar.
Acomodé mis cosas y bajé a buscar algo para almorzar, luego de comer le mandé un mensaje a Agustín diciéndole que ya estaba en Gesell, me preguntó la dirección, y me dijo que en diez o quince minutos podía estar aquí.
En verdad estaba algo nerviosa, o ansiosa, o no sé, hacía mucho tiempo que no estaba cara a cara con él.
Casi veinte minutos después, Agustín me mandó un mensajito que estaba abajo y me dijo que estaba en auto por si quería que fuéramos a algún lugar.
Le dije que me esperara unos minutos que me preparaba y nos íbamos para alguna playa.
Me puse la bikini y un vestido arriba, unas sandalias playeras, en el bolsito una lona, protector y mis anteojos.
Cuando bajé y lo vi en la puerta, no sé porqué, pero me puse nerviosa.
Cuando me vio salir, una sonrisa se dibujó en su cara, y al llegar a él nos dimos un lindo abrazo.
-IRIS: Hola Agus! Qué ganas tenía de verte!
-AGUSTIN: Hola Iris, no sabés las ganas que tenía de que llegara este momento!
-IRIS: Estás muy lindo Agus! Me imagino la cantidad de chicas que tendrás detrás tuyo!
-AGUSTIN: Qué va! Sí me la paso trabajando…! ¿Dónde te gustaría ir?
-IRIS: Donde vos digas! Seguramente conocerás las playas mejor que yo!
-AGUSTIN: Vamos a Mar de las Pampas entonces, ahí las playas son re lindas y no hay tanta gente!
Cruzamos todo Villa Gesell, y por el camino de arena llegamos a Mar de las Pampas, Agustín estacionó el auto, me dio el equipo de mate y del baúl del auto sacó un par de reposeras y una sombrilla.
Cruzamos los médanos, y encontrando un lindo lugar, Agustín clavó la sombrilla en la arena y abrió las reposeras, nos sentamos a la sombra y nos pusimos a conversar.
-AGUSTIN: Contame cómo te va en la facultad.
-IRIS: Re bien Agus! Me encanta! Y aunque no lo creas, el año pasado tuve el mejor promedio del curso!
-AGUSTIN: Cómo no lo voy a creer, si siempre te apasionó el arte! Siempre supe que el arte era tu vida!
-IRIS: ¿Y sabes qué?
-AGUSTIN: Contame!
-IRIS: Me propusieron para este año ser ayudante de cátedra! Estoy feliz por eso!
-AGUSTIN: Que bueno Iris! Cuánto me alegro por vos!
-IRIS: ¿Y vos cómo estás? ¿Cómo va tu vida acá?
-AGUSTIN: En verdad en nada se parece a la que tenía en La Plata, fue un cambio muy grande y no me termino de acostumbrar, sobre todo por la falta de amigos!
-IRIS: Me imagino! De repente te cambió totalmente la vida, de solo estudiar y salir con amigos, a tener que trabajar y sin tiempo para disfrutar!
-AGUSTIN: Te digo la verdad, lo qué más extraño son las conversaciones con vos!
-IRIS: Yo también Agus!
Yo aún no me había sacado el vestido, y Agustín no se había quitado la remera, hacía tanto calor, incluso debajo de la sombrilla, qué le dije a Agustín de darnos un chapuzón en el mar.
Me dijo que sí, el se sacó la remera y las zapatillas, y yo me saqué el vestido.
Teníamos las cosas bastante cerca de la orilla, y desde ahí podríamos verlas, caminamos hasta el agua, y como si fuéramos dos chicos, entramos corriendo y nos zambullimos.
Al contacto con el agua fría, mi piel se erizó, y se me pusieron duros los pezones, qué no pasó desapercibido para Agustín, qué le dio una fugaz mirada a mis tetas.
Después de un rato en el agua, volvimos a las reposeras, y Agustín preparó el mate.
Conversando de nuestras vidas y nuestras cosas, nos terminamos el termo completo.
Le dije que me pondría un rato al sol, y corrí mi reposera, Agustín hizo lo mismo, y seguimos conversando de frente al sol, dando la espalda al mar.
Los dos estábamos blancos, y el sol sin protector nos iba a dejar rojos.
-IRIS: Agus tengo protector!
Lo saqué de mi bolso, y se lo di, se puso en el pecho en la cara y en las piernas, y le dije que yo le ponía en la espalda.
Luego fue mi turno, y también él me puso en mi espalda.
No podría mentir, sus manos recorriendo mi espalda, aunque no tuviera ninguna connotación erótica, me trajo a la memoria, lo que ya había vivido con él, recordando aquella tarde en qué nos encontramos por primera y única vez.
El sol fue cayendo, y Agustín me preguntó si quería que cenáramos juntos, por supuesto le dije que sí, y luego de juntar todas nuestras cosas, me llevó hasta el departamento para bañarme y cambiarme, el haría lo propio, y me pasaría a buscar a las nueve de la noche.
Me había terminado de bañar, y me llegó un mensaje de papá, preguntándome si todo estaba bien, le contesté que todo estaba más que bien, y que saldría a cenar con Agustín.
Papá me dijo que la reunión sería el lunes a las diez de la mañana, y por supuesto le dije que allí estaría.
Era jueves, y tendríamos todo el fin de semana con Agustín para estar juntos.
A las nueve en punto me pasó a buscar, me había puesto un vestido, un poco por arriba de las rodillas y unas sandalias bajas.
Agustín venía con un jean y una camisa blanca, estaba muy lindo.
Camino al restaurante, iba pensando que aún no le había contado de Juan, y decidí que se lo contaría esa noche, no tenía sentido ocultárselo.
Fuimos a un restaurante muy lindo en la zona de pinares del norte de Gesell, un lugar hermoso y nos sentamos en una de las mesas en la vereda debajo de los pinos.
La noche estaba hermosa, pedimos la comida y cerveza para los dos.
Hablamos un momento del lugar y de la noche, y decidí contárselo en ese momento, pero antes le preguntaría si él tenía algo con alguna chica, él tampoco me había contado nada sobre ese tema.
-IRIS: Contame Agus, ¿hay alguna chica en tu vida?
Creo que la pregunta lo descolocó, hasta diría que lo puso un tanto nervioso, lo que me confirmaba que sin duda, había alguna chica.
-AGUSTIN: En la otra cuadra de la ferretería, vive una chica desde hace unos meses, se llama Paula, y vive con su madre y un hermano menor, luego de la separación de sus padres, se mudaron a esa casa.
Vino varias veces a comprar cosas a la ferretería, siempre muy simpática y amable, y empezamos a conversar, hasta que un día ella me preguntó si quería que fuéramos a tomar una cerveza cuando cerraba la ferretería.
Al no tener mucha vida social aquí, le dije que sí, y desde hace un par de meses, hemos tenido algunos encuentros íntimos, aunque en mi caso no es nada serio, le dije que al menos por ahora, no estaba enamorado de ella, ella me dijo que por el momento tampoco, pero que aún así podríamos pasarla bien sin compromisos.
Escucharlo mientras me contaba eso, me hizo sentir rara, no sé, como que no me lo esperaba, solo deseaba que en ese momento no se notara mi sensación.
-IRIS: Desde hace tiempo estudio y hago trabajos con un compañero del curso qué se llama Juan, y desde que mi papá me consiguió el departamento que te conté, también hemos tenido varios encuentros allí, aunque desde un primer momento nos hemos sido claros, ninguno de los dos está enamorado del otro, nosotros también, solo la pasamos bien.
-AGUSTIN: Te entiendo!
Bajó la mirada al decirme eso, y supuse que le habría pasado lo mismo que a mí al escucharlo, quizás tampoco se lo esperaba.
Luego cambiamos de tema, y ya no volvimos a hablar ni de Juan ni de Paula.
Fue una noche muy linda, recordando encuentros y conversaciones de hacía un tiempo, parecía que los meses no hubieran pasado.
Cerca de la una de la mañana, nos fuimos del restaurante y me llevó al departamento.
Nos despedimos con un abrazo, y quedamos en vernos al día siguiente para volver a ir a la playa.
El viernes estuvimos todo el día en la playa, volvimos a repetir la rutina del bronceador, y yo a volver a sentir esa sensación.
Conversamos todo el día de nuestras cosas, me contó que su intención era en algún momento poder volver a vivir a La Plata, y que estaba ahorrando dinero para poder comprar un remís.
Cuándo empezó a caer el sol, me dijo sí cenábamos juntos esa noche y por supuesto le dije que sí, pero la condición fue que esa noche la cena la pagaba yo.
Me dejó en el departamento, para bañarme y cambiarme, y él se fue para su casa.
Mientras me duchaba, me dio por pensar, que quizás me gustaría volver a encontrarme con él íntimamente, pero claro, eso no dependería solo de mí.
Con esos pensamientos en la cabeza, me puse el conjunto de ropa interior más sexy que había traído, y otro vestidito también a medio muslo.
Agustín me pasó a buscar puntual a las nueve de la noche, y nos fuimos a cenar a Mar de las Pampas.
Comimos en un hermoso restaurante, y por supuesto no le permití que pagara la cuenta, aunque me insistió. Cuando salimos del restaurante, me dijo si queríamos aprovechar que era viernes, para irnos a tomar algo a algún bar, y por supuesto le dije que sí.
Allí mismo en Mar de las Pampas, caminamos hasta un bar que él conocía, un lugar no muy grande, pero que a esa hora estaba lleno de gente.
Esquivando personas llegamos hasta la barra, y los dos nos pedimos unas cervezas.
Nos quedamos cerca de la barra, hasta que se desocupara alguna mesita para sentarnos.
Nunca nos han faltado temas de conversación, siempre contándonos nuestras cosas, nuestros proyectos y deseos.
Un rato después conseguimos una de las mesitas altas, y mientras yo ocupaba el lugar, Agustín fue a la barra a buscar dos cervezas más.
En verdad la pasaba muy bien con él, sobre todo nos reíamos mucho, y con las cervezas que llevaba tomadas, más todavía.
El lugar estaba a reventar, y había mucha gente bailando en una parte en la que no había mesas.
Cuando sonó una canción de nuestra época de secundaria, Agustín me tomó de la mano, y me llevó a bailar, seguramente perderíamos nuestro lugar, pero en ese momento no nos importó.
Bailamos un buen rato riéndonos, y después nos acercamos a la barra por otra cerveza, allí adentro hacía mucho calor y me la tomé como si fuera agua.
Volvimos un rato más a bailar, y a eso de las dos y media de la mañana, le dije que ya no daba más.
Agustín me dijo que necesitaba ir al baño, y que luego nos íbamos.
Lo esperé parada cerca de la barra, y al estar sola un muchacho se acercó para hablarme.
Estaba un poco alcoholizado, y buscando no tener problemas, le dije que mi novio había ido al baño, pero pareció no importarle y siguió diciéndome un montón de cosas.
Ya deseaba que Agustín volviera, ese chico me estaba poniendo incómoda.
Cuando vi que Agustín se acercaba, intenté caminar hacia él, pero el chico me tomó del brazo, para que no me fuera, Agustín vio la situación, y se acercó a mí rápidamente entre la gente.
-IRIS: Cuánto tardaste mi amor!
Al escuchar eso, se dio vuelta mirando a Agustín, y soltándome el brazo, se hizo el simpático y le dijo a Agustín que tenía una novia hermosa.
-AGUSTIN: Ya lo sé flaco!
Agustín me tomó de la mano, y salimos caminando del bar entre la gente.
Al salir del bar nos reíamos los dos, aunque yo me había puesto un poco nerviosa, nos reíamos como dos locos.
Caminamos hasta el auto que estaba a tres o cuatro cuadras, y volvimos para Villa Gesell.
La había pasado también con Agustín, que mientras conversábamos y nos reíamos en el viaje, iba pensando en proponerle, que esta noche se quedará conmigo, aunque no estaba segura de si aceptaría.
Llegamos al departamento, Agustín detuvo el coche, y antes de bajar le dije:
-IRIS: No sé si quisieras, pero la pasé muy bien con vos y me encantaría que te quedarás esta noche conmigo.
Me miró con esa carita que le conozco y me contestó:
-AGUSTIN: En verdad nada me gustaría más que eso!
Estacionó bien el auto y subimos al departamento.
Para qué voy a mentir estaba un poco nerviosa, o bastante quizás.
Cómo para no ir directo al grano, de la heladera saqué dos botellitas de cerveza, y nos sentamos a tomarla en el sillón.
Ya estaba deseando que me abrazara y me besara, pero no me animaba a ser yo la que diera el paso.
Terminó su cerveza, corrió a un costado un mechón de mi flequillo, y me miró a los ojos.
Continuará…
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