Historias del complejo. Segunda serie. (9)
Bajo la sombra del alero, Iris confiesa al narrador los secretos que guardó durante años: cómo su padre no solo toleró, sino que construyó el escenario para que ella descubriera el placer. Una historia de control materno, complicidad paterna y la búsqueda de una intimidad prohibida.
Prólogo
Eran cerca de las tres de la tarde, hora en que nos solemos sentar con Mora a tomar unos mates y descansar un rato bajo la sombra del alero.
A esa hora suele haber muy poca gente en el complejo, sobre todo si el día es de sol y calor, todo el mundo se va para la playa.
Miré para la entrada cuando escuché el portón, y lo vi entrar a Aurelio, llegó hasta la galería, nos saludamos y se sentó a tomar mate con nosotros.
Me preguntó si había lugar en alguna unidad para una chica hasta fin de año, que esa chica era como una hija para un viejo amigo suyo de La Plata.
En la mañana, me habían cancelado una reserva, y aún no había respondido otras consultas, por lo que una unidad estaba disponible.
Aurelio me contó que esa chica había pasado por una situación difícil, y que su amigo Andrés le había dicho que necesitaba unos días para estar sola y pensar.
Andrés, el amigo de Aurelio fue quien la trajo ese mediodía de principios de diciembre, y su carita triste lo decía todo.
Se despidió muy cariñosamente de Andrés y la acompañé hasta su unidad.
Cómo a todos los turistas, le expliqué el funcionamiento del complejo, el horario para el desayuno y le dejé el control remoto del portón para que entrara y saliera cuando quisiera.
Por supuesto los primeros días, salía muy poco de la unidad, solo para ir a caminar a la playa, o a leer un libro en los bancos del parque.
Con el correr de los días fuimos teniendo varias conversaciones, hasta que ya con un poco más de confianza, me terminó contando su historia.
He escuchado muchas situaciones de los visitantes, pero creo que la de Iris, me impactó de una manera diferente, una de esas situaciones, que uno supone que nunca vivirá en su vida.
Iris no solo recibió el año nuevo en el complejo, sino que se quedó una semana más y luego de unos meses, volvió a venir al complejo por otras tres semanas.
Un momento de la vida, difícil si los hay, hasta difícil de escuchar y de comprender, y a medida que me la iba contando, no podía imaginar lo que esa chica había sentido y aún seguía sintiendo.
Con su permiso, por supuesto, y con el mayor de mis respetos, aquí les cuento su historia.
La historia de Iris
Capítulo 1
Aunque aún no es pleno verano, los últimos días de primavera se le parecían bastante, sentada en unos de los bancos de madera del hermoso parque del complejo turístico donde estaba pasando esas tres semanas, veía a las parejas, a los matrimonios con sus niños jugando, y varias personas metidas en la pileta.
Era la primera semana de diciembre, y el calor obligaba a buscar un poco de sombra.
Había salido al parque con mi libro, el que empecé hace unas cuantas semanas, pero por los inesperados sucesos en mi vida, esos que aún no puedo terminar de entender, debo releer cada página, no logro concentrarme en lo que estoy leyendo, mi cabeza está alborotada, toda mi normalidad se vio alterada, al punto de no saber si todo lo ocurrido fue un sueño.
Soy Iris Marcela Ponce Vargas, y a mis veintisiete años, la vida me puso en una situación, que ni en el peor de mis malos pensamientos, hubiera sido posible.
Hija de Luis Ernesto Ponce Varela, mi adorado padre qué dejo este mundo hace ya casi tres años, y al que extraño cada día de mi vida.
Mi madre, María Inés Vargas Lynch, luego de la muerte de mi padre, quedó a cargo de la empresa familiar.
Tengo dos hermanos mayores, Juan Ángel Ponce Vargas, poco más de tres años mayor, ingeniero en electrónica, que está casado con Noelia y son padres de Malena, y están viviendo en la ciudad de Turín, en Italia desde hace casi cuatro años.
Mi otro hermano, Juan Ignacio Ponce Vargas, casi dos años mayor, profesor de educación física, hasta hace un tiempo, director técnico de un equipo de segunda división de rugby en Francia, de novio con Rosa una chica italiana, con la que se volvió a la Argentina para trabajar en nuestro pais.
La compañía familiar, “Inversiones Ponce”, creada por mi abuelo paterno, quedó en manos de mi padre, único heredero del abuelo, y se ocupa de proyectos de inversión, en su mayoría, desarrollos inmobiliarios de gran escala, pero también de importación y exportaciones de bienes y de servicios.
Mi padre era contador, pero desde muy chico trabajaba con mi abuelo, y siempre tuvo en claro, que en algún momento la empresa quedaría en sus manos.
Mi padre conoció a mi madre cuando tenía casi veintisiete años y ella no había cumplido aún los dieciocho, y poco menos de un año después, estaban casados y esperando el primer hijo. Seguidito vino mi otro hermano, y al año y siete meses, nací yo. Un mes después, mi madre cumplía los veintitrés años.
Mi madre por su forma de ser y su carácter, no es de las personas que se hacen querer, más bien todo lo contrario, desde que tengo uso de razón, casi siempre tenía la última palabra, muchas veces me pregunté, porque mi padre estaba con mi madre, eran el agua y el aceite, el día y la noche.
Mi padre era un tipo muy ameno, quien no lo conociera no diría que es un hombre de la alta sociedad, siempre anda bien vestido pero no hace alarde de su situación económica. Alto, de espalda ancha y unos cuantos kilos de más, que por supuesto nunca le preocuparon.
Al contrario que mi madre, de contextura media, de buena figura, siempre va perfectamente arreglada con ropa de las mejores casas, siempre perfectamente peinada y maquillada.
Ella es casi ocho años menor que papá, y a sus casi cuarenta y seis años, no pasa desapercibida en ningún lugar, se sabe atractiva y creo que le gusta ser admirada.
Al menos conmigo, mi padre siempre fue muy preocupado y cariñoso, y a medida que fui creciendo, nuestra relación era de total confianza, diametralmente opuesta a la que tenía con mi madre; bueno…, en realidad nunca hubo una relación de confianza con mi madre.
Fue a él a quién le contaba cada cosa que ocurría en mi vida, mis deseos, mis ilusiones, mis gustos, siempre me sentí comprendida y muchas veces amparada por él, incluso con enfrentamientos con mi madre.
Siempre supuse qué mi papá querría que alguno de nosotros siguiera sus pasos en la empresa, no podría afirmarlo, pero creo que los tres, claramente en oposición a mi madre, hicimos que nuestras vidas, no tuvieran nada que ver con la empresa.
Cuando comencé la escuela secundaria, fue que mi madre empezó a ir a la empresa con papá, viendo que a ninguno de mis hermanos les interesaban mucho las carreras afines.
Mi madre siempre les decía que tenían que estudiar administración de empresas, o ciencias económicas o abogacía, qué el futuro de ellos estaba en la empresa familiar, qué en algún momento sería suya.
Intentó convencerlos, los presionó, y diría que casi los obligó, al punto que mi hermano mayor, cursó el primer año de ciencias económicas.
Recuerdo perfectamente, el día que Juan Ángel les dijo a mis padres en una cena, qué dejaría la carrera de ciencias económicas, y que al año siguiente comenzaría la de ingeniería en electrónica, qué era en verdad la carrera que le gustaba.
Esa noche hubo una gran discusión en la mesa, mi padre le dijo que estaba bien, qué estudiara lo que realmente le gustaba, pero mi madre monto en cólera contra mi padre, diciéndole que cómo mierda creía que un ingeniero en electrónica iba a poder hacerse cargo de la empresa.
Algo parecido ocurrió un tiempo después, cuando Juan Ignacio le dijo que estudiaría el profesorado de educación física.
Era un almuerzo de domingo, y ese mediodía ardió Troya nuevamente en casa, hasta recuerdo el exabrupto de mi madre, diciéndole a mi padre qué sus dos hijos varones eran dos pelotudos, por supuesto a los dos les cayó muy mal ese comentario, y se levantaron de la mesa, mi madre a los gritos les decía que volvieran, pero cuando mi padre fue tras ellos, mi madre se descontroló, y terminó discutiendo exageradamente con mi padre.
Desde chica siempre me gustó el arte, cada vez que salíamos de paseo, volvía a casa con algún libro de pinturas, de esculturas, o de arte abstracto.
Con mis dos hermanos sin intenciones de proseguir con la empresa, empecé a sentir que la presión pasaba a estar sobre mí.
Los comentarios de mi madre al principio eran como recomendaciones, intentando convencerme, de que yo era la única que podía seguir con el legado empresarial de la familia, pero a mí, menos que a mis hermanos, me entusiasmaba la idea de estudiar para estar en la empresa.
Mis hermanos eran muy independientes, se podía decir que hacían su vida, y yo quizás por ser la más chica, o por ser la única mujer, siempre sentí que era la preferida de papá, y creo que eso no le gustaba ni medio a mi madre.
Cuando entré en la adolescencia, a diferencia de la mayoría de mis amigas, que eran confidentes con sus madres, yo lo era con papá, a él le contaba todo lo que me pasaba, siempre me escuchaba y siempre me sentí comprendida por él.
A él le conté la llegada de mi primer periodo, y fue el quién me explicó todo lo que tenía que saber.
Fue con él con quién tuve mis conversaciones sobre sexo, él me explicó las transformaciones de mi cuerpo, las sensaciones que poco a poco iría teniendo, cómo debía tratarlo y como cuidarlo.
Fue a él a quién le conté, del primer chico que me gustó a mis trece años, no solo fue mi padre, fue mi confidente, y sin temor a equivocarme, la persona que más me ha querido en este mundo.
Mi madre era todo lo contrario, exigente en casi todos los aspectos de mi vida, siempre tratando de digitar lo que tenía que hacer, en qué momento, y de qué manera.
A modo de ejemplo, cuando estaba por cumplir los quince años, le dije a mi papá que no estaba segura de querer tener la tradicional fiesta de cumpleaños, pero mi madre puso el grito en el cielo y decidió que la tuviera, ¿cómo su única hija no iba a tener fiesta de quince años?
Y por supuesto no pude elegir mi vestido, ni mi peinado, ni los invitados a la fiesta, todas fueron decisiones de mi madre.
En ese momento, me llevaba muy bien con un chico llamado Agustín, con el que mi madre me había visto conversando varias veces cuando me iba a buscar a la escuela, y por supuesto para la fiesta no estuvo en la lista de invitados.
Esa fiesta estuvo llena de amigos y conocidos de la familia, los familiares, y un pequeño grupo de mis amigos y amigas.
Por supuesto la fiesta fue a todo lujo, en uno de los mejores salones de la ciudad, nuestra situación económica podía permitir eso, y por el estatus social de la familia, no podía ser menos.
Si hoy me preguntaran si disfruté de esa fiesta, casi diría que no, mi madre me tenía de aquí para allá, sacándome fotos con gente que ni conocía, y apenas pudiendo compartir la fiesta con mis amigos.
Casi con diecisiete años, seguía viéndome con Agustín, aunque hasta ese momento nada había pasado entre nosotros, creo que por timidez o inexperiencia, ninguno de los dos nos proponíamos nada, solo éramos amigos, hablábamos mucho y nos contábamos todo.
Cuando lo hablaba con papá, me decía que tuviera paciencia, que quizás no era el momento, que quizás Agustín no sentía por mí lo que yo creía sentir por él o que quizás no se animaba a decírmelo.
Pero fue en la fiesta de egresados de la secundaria, qué ante la posibilidad de no seguir viéndonos, estábamos bailando con Agustín, y lo notaba muy nervioso, en un momento me dijo que yo le gustaba desde hacía mucho tiempo pero que tenía miedo de decírmelo, por temor a que me alejara de él, que prefería seguir teniéndome cerca como su amiga.
Yo estaba tan nerviosa como él, y le dije que también él me gustaba desde hacia tiempo, y fue esa noche qué nos dimos un beso, ese esperado beso.
Por supuesto yo no tenía experiencia, era mi primer beso, mi primer contacto con el sexo opuesto.
El salón de la fiesta tenía un patio, y le dije Agustín que saliéramos, mis padres y mis hermanos estaban en la mesa sentados, y no quería que nos vieran.
En el patio nos volvimos a besar, nos miramos nerviosos, sin decirnos nada nos abrazamos y nos volvimos a besar.
En el momento que ambos abrimos nuestras bocas, y nuestras lenguas se encontraron, apareció mi madre, que tomándome bruscamente de un brazo, me metió casi a la rastra de nuevo al salón, y así me llevó hasta la mesa.
Tuve que soportar su sermón con la voz elevada, me moría de la vergüenza porque las personas que estaba cerca nuestro, estaban escuchando todos los improperios de mi madre hacia mí, y en ese momento se terminó la fiesta para mí, recuerdo a mi madre diciéndole a mi padre, que no podía ser posible, que su hija anduviera a los besos con el hijo del dueño de una ferretería de morondanga, lógicamente nuestro estatus social, hacía imposible que pasara algo con Agustín, y por supuesto mi madre, a partir de ese momento, se encargó de prohibirme que lo viera.
El resto de la noche me quedé sentada junto a mi padre, callada, metida para adentro, en ese momento no podía decir si estaba enamorada de Agustín, tan solo me gustaba, me gustaban nuestras conversaciones, siempre fue muy amable conmigo, siempre atento y con lindos gestos hacia mí, es el día de hoy, que llevo en mi muñeca, la pulsera que él me regalara para mis quince años.
Esa noche al estar mi madre a mi lado, no pude hablar con mi papá, quería contarle lo que había sentido en ese primer beso, fue recién dos días después que pude hacerlo, mi padre estaba en su escritorio, y entre para hablar con él.
Ilusionada le conté lo que había pasado con Agustín en la fiesta, y mi padre muy comprensivo me preguntó si estaba enamorada de él, yo le dije que no estaba segura, pero que me gustaba estar con él, conversar de cualquier cosa, pasar el rato, contarnos lo que nos estaba pasando, y mi padre me propuso, a escondidas de mi madre, que si quería seguir viéndolo, él me cubriría las escapadas.
Me puso tan feliz esa complicidad, que lo abracé y se lo agradecí con un sonoro beso en su mejilla.
Fue así que en las tardes que mi madre se juntaba con sus amigas o tenía alguna reunión de la empresa, con papá supuestamente íbamos al cine o a algún museo, y esas eran las ocasiones en que me encontraba con Agustín en algún bar o una plaza, no puedo decir que éramos novios, pero cada vez que podíamos encontrarnos, nos abrazábamos, nos besábamos, cada vez con más intensidad.
Papá se dio cuenta, y faltando casi dos meses para mis dieciocho años, me preguntó si Agustín me había propuesto tener algo conmigo, si habíamos hablado de encontrarnos sexualmente.
En verdad me descolocó su pregunta, me dio mucha vergüenza, pero sabía que lo hacía con una buena intención, le dije que en varias ocasiones lo habíamos hablado, pero que lo veíamos difícil de concretar, fue entonces que papá me preguntó si en verdad yo quería hacerlo con Agustín, cuando le dije que sí, me propuso un plan, me dijo que arreglara con Agustín una tarde, y que lo podríamos hacer en un departamento de un amigo suyo, que lo tenía en alquiler totalmente amueblado.
Se lo conté a Agustín, y me preguntó si estaba segura, yo le dije que sí, y programamos el día.
Por supuesto era uno de los días que mi madre estaba en la empresa, supuestamente esa tarde fuimos al cine a ver una película con papá, pero me encontré con Agustín en el centro, y fue papá quien nos llevó al departamento de su amigo, antes de bajar nos dijo que no teníamos mucho tiempo, como máximo tres horas, y que él nos esperaría en la esquina para cuando saliéramos.
Para que decirlo, estaba súper nerviosa, Agustín bajó del auto primero, y antes de que yo bajara, papá me dijo que estuviera tranquila, que no lo hiciéramos apurados, que tuviéramos cuidado, que usáramos protección y que lo disfrutáramos.
Aunque los dos estábamos re nerviosos, esa tarde perdí mi virginidad con Agustín, y es el día de hoy que la recuerdo con mucho cariño, ese momento fue mágico para mí, Agustín fue muy cariñoso conmigo, creo que él sí estaba enamorado de mí, luego de los nervios de principiantes y de relajarnos nos comenzamos a besar y a acariciar cada vez con más intensidad y cada vez estábamos más excitados, torpemente nos fuimos sacando la ropa el uno al otro hasta quedar solo con el bóxer Agustín y yo con el conjunto blanco nuevo que me había comprado para la ocasión.
Agustín me desabrochó el corpiño y me lo quitó lenta y suavemente hasta que mis tetas quedaron a la vista, las miró y lentamente se acercó para besarlas mientras las acariciaba.
Su erección era inocultable dentro de su bóxer, y acercando mi mano, la toqué sobre la tela, dándome cuenta del tamaño, que en ese momento pensé que todo eso no entraría dentro de mí.
Nos terminamos de desnudar y nos acostamos en la cama, nos abrazamos y nos besamos mientras nos acariciábamos.
Cuando su mano llegó a mi conchita, creí que ya tendría el orgasmo, estaba tan excitada y nerviosa que no iba a poder retenerlo.
Me besó apasionadamente y sus caricias en mi conchita, un momento después me hicieron explotar de placer, en el primer orgasmo que me sacaba otra persona.
Me abracé fuerte a él mientras disfrutaba de esa tremenda sensación, no quería que terminara nunca.
Mi mano buscó su erección y se la acaricié masturbándolo lentamente mientras nos besábamos.
-IRIS: Ahora Agus! Quiero sentirte dentro de mí! Quiero que seas el primero!
-AGUSTIN: Cuando estés lista corazón!
-IRIS: Ya estoy lista! Lo estoy deseando!
Volvió a acariciar mi conchita, llevándome al borde de un nuevo orgasmo.
Del bolsillo de su pantalón sacó el sobre del preservativo, lo abrió y se lo colocó, yo lo esperé acostada y con mis piernas abiertas, para Agustín también era su primera vez, acercó su pija a mi conchita, la tomé con mi mano y la ubiqué en mi entrada, lentamente la sentí deslizarse en mi interior, haciéndome sentir su tamaño, sentía como me iba abriendo.
Fue muy lento, muy suave, entre besos y caricias entraba y salía de mí, en cada movimiento la sentía un poco más adentro y el placer que sentía era inigualable, ya quería que pasara que entrara toda de una vez, y luego de unos momentos, en uno de sus embates hacia adentro, moví mi cadera para que fuera más profundo, y sentí el pinchazo, una molestia, como una descarga eléctrica que me recorrió el cuerpo, pero no me detuve, me seguí moviendo al compás de los movimientos de Agustín.
-IRIS: Ya está! Metela toda Agus!
-AGUSTIN: Claro hermosa!
Sus penetraciones fueron cada vez más profundas hasta que sentí su cuerpo pegarse al mío, se quedó quieto un momento, y luego se volvió a mover saliendo y entrando lentamente, aun persistía la molestia, pero el placer del momento fue tomando protagonismo.
Agustín entraba y salía mientras me miraba a los ojos, me besaba y acariciaba mi cara y mis brazos.
Estaba siendo muy tierno conmigo y yo disfrutaba de ese momento, tanto que cuando aceleró un poco las embestidas, le dije que me venía el orgasmo.
Aceleró aún más y exploté de placer por primera vez siendo penetrada, las piernas me temblaban y un momento después, Agustín me dijo que iba a acabar, y entre jadeos eyaculó en el preservativo.
Nos quedamos abrazados, Agustín me besaba y acariciaba y yo le sonreía agradecida.
Antes de que su erección disminuyera, la sacó de mi conchita y sentí un vacío, me había encantado sentirme tan llena, aunque al principio creí que no me entraría.
Se deshizo del condón y volvió a la cama conmigo, nos abrazamos y nos volvimos a besar.
-IRIS: Gracias Agus! Me encantó! Nunca creí que me gustaría tanto!
-AGUSTIN: Te digo la verdad, tenía miedo de no hacerlo bien! De hacerte daño!
-IRIS: Fue tan solo una molestia! Pero lo que siguió me gustó mucho! Me gustó mucho como me trataste, me encantaron tus caricias y tus besos!
Miré mi teléfono y había pasado una hora y cuarto, aún teníamos un rato más y quería volver a sentirlo, esta vez un poco menos nerviosa y disfrutarlo nuevamente.
Nos empezamos a acariciar nuevamente y un momento después, Agustín volvía a tener esa hermosa erección, que nuevamente tomé en mis manos, aun sin poder creer que me hubiera entrado por completo.
Nos seguimos besando y acariciando, se volvió a colocar otro preservativo, se acomodó sobre mí, y me volvió a penetrar, al igual que la vez anterior, lo hizo lentamente y con delicadeza.
Cuando ya estaba toda adentro, se empezó a mover lentamente y yo comencé a sentir un enorme placer.
Alternaba las penetraciones con caricias en mi clítoris y ya me tenía a punto del orgasmo nuevamente.
Se detuvo y me dijo de cambiar de posición, él se acostó boca arriba en la cama y yo ubiqué mi cuerpo sobre el suyo apoyando mis rodillas a cada lado de sus piernas.
Tomé su pija con la mano, la acaricié en todo el largo, la froté por mi conchita y la ubiqué en la entrada.
Poco a poco la fui sintiendo cada vez más adentro, llenándome, dándome un placer exquisito. Cuando sentí que mi culo se apoyaba en sus piernas, supe que ya toda estaba adentro.
Comencé a mover mi cuerpo sobre el suyo, buscando darme placer en cada roce y darle placer a Agustín con mis movimientos.
Lo sentía, ya me llegaba, tenía el orgasmo a un suspiro, aceleré los movimientos y le dije a Agustín que me llegaba, él me tomó de las manos, entrelazando sus dedos con los míos y en el momento que tuve el orgasmo, Agustín volvió a acabar en mi interior.
Nos quedamos los dos exhaustos, recostados y abrazados, en verdad pudimos disfrutarlo, y todo gracias a la complicidad de papá, aunque las dos veces que lo hicimos esa tarde, fue nuestro único encuentro íntimo.
Al año siguiente yo comenzaba los estudios en la universidad, y la familia de Agustín decidió mudarse con la ferretería a la localidad de Villa Gesell, en la costa, a más de trescientos kilómetros de la ciudad de La Plata.
Durante un tiempo seguimos en contacto, Agustín había empezado a trabajar en la ferretería con su padre, y yo había comenzado la carrera de licenciatura en artes plásticas.
Mi madre nunca supo lo que pasó con Agustín, y a mi padre le agradeceré eternamente el que me permitiera vivir esa experiencia.
Nuestro contacto continuó por teléfono lógicamente, en persona no volvimos a vernos, su vida en la costa y mi vida universitaria nos fueron poniendo en diferentes lugares y distanciándonos poco a poco, aunque cada cierto tiempo o para nuestros cumpleaños, o para las fiestas, siempre nos mandábamos saludos.
Desde hacía unos años, mi madre se había metido de lleno en la empresa, y hasta podría decir, que poco a poco fue desplazando a mi padre.
Solían irse para la empresa a las nueve de la mañana, y volvían a las cuatro o cinco de la tarde.
Un tiempo después, los viajes de negocios que solía hacer mi padre, los comenzó a hacer mi madre.
A mi padre lejos de importarle el protagonismo de mi madre en la empresa, le permitía estar más tiempo en casa, y yo lo agradecía.
Mi madre nunca me preguntó cómo iba en mis estudios, y varias veces llegó a decirme que con esa carrera iba a perder el tiempo y me iba a morir de hambre.
Todo lo contrario era la actitud de papá, siempre interesado por mis cosas y siempre queriendo que le cuente los temas que veíamos en las clases, los trabajos que tenía que hacer, y hasta me ha ayudado a estudiar para algún examen.
No había nada más grato, que llegar de la facultad y que estuviera papá en casa, a pesar de que siempre hubo en casa una señora que se ocupaba de todo, cuando yo llegaba de la facultad, él mismo era quién me preparaba el almuerzo o la merienda.
Y nos sentábamos juntos a comer o a merendar y le contaba cosas de mi vida.
Alguna vez me preguntó si extrañaba a Agustín, si seguía en contacto con él, y sí me gustaría volver a verlo.
Todo lo contrario era cuando llegaba y estaba mi madre, jamás me preguntó cómo me iba en los estudios, no recuerdo haber tenido con ella una conversación sobre mi vida.
En algún momento me dio por pensar, que hasta estaba celosa de la relación que teníamos con papá.
En el segundo año de la carrera, fue cuando papá empezó a tener problemas de salud, hacía algunos años había tenido problemas de corazón, y el malestar había vuelto a aparecer.
El médico le mandó a hacer muchos estudios, y con los resultados, le recomendó que bajara su exigencia laboral y el estrés, y fue a partir de ese momento, que papá iba a la empresa tan solo una o dos veces por semana, y yo por supuesto disfrutaba de su compañía al llegar a casa.
La frase recurrente de papá, en las mañanas o cuando llegaba de la facultad, era “buenos días mi arcoíris”, o “ya llegó mi arcoíris”.
Alguna vez le pregunté porque me decía arcoíris, y recuerdo, la emoción que me provocó su respuesta, "porque este arcoíris llena de colores mi vida", como explicar lo que sentí…
Ese año, comencé a relacionarme con Juan Cruz, un compañero de clases, comenzamos a estudiar juntos, a hacer trabajos, y a preparar exámenes.
La primera vez que fue a casa, papá lo recibió muy amablemente, merendamos los tres y luego me fui a mi habitación, allí era donde estudiaba, donde tenía mi computadora y todos mis libros y carpetas de la facultad.
Con Juan Cruz nos llevábamos muy bien, era un chico muy amable y respetuoso, con el tiempo teníamos tanta confianza que conversábamos de muchas cosas, incluso temas que nada tenían que ver con la facultad.
Estuvo muchas veces en casa, y a papá le parecía un buen chico, incluso una tarde que estábamos tomando unos mates sentados en la galería del jardín, me preguntó:
-LUIS: Hija, Juan Cruz me parece un buen chico, ¿te pasa algo con él?
-IRIS: Nos llevamos muy bien, tenemos mucha confianza y hablamos de todo!
-LUIS: De eso ya me he dado cuenta! Pero no te vayas por la tangente que te conozco!
-IRIS: Bueno, no te puedo negar que es un lindo chico!
-LUIS: Me seguís esquivando la respuesta, y eso me da a pensar que te gusta!
Juan Cruz en verdad era un chico lindo, alto, bastante más que mi metro sesenta y siete, de espalda ancha, delgado, pero musculoso, supongo que por ser jugador de vóley, de pelo siempre corto, ojos color café y una sonrisa atrayente.
-IRIS: No te lo puedo negar, pa! Me parece un lindo chico, pero nunca ha pasado nada entre nosotros!
-LUIS: Ya me había dado cuenta, sobre todo por la forma en que lo mirás, y supongo que también a él le pasa algo con vos, también por su forma de mirarte. Desde ya te digo que si en algún momento hay algún tipo de proposición, solo tenés que avisarme y los puedo dejar solos!
-IRIS: No sé pa! Ya veremos más adelante! Por ahora la pasamos bien juntos y no sé si llegará a pasar algo con él!
-LUIS: Ya sabés que podés contar conmigo! Lo único que me importa es que seas feliz, y si te hace feliz tener algo con Juan Cruz, yo te voy a apoyar en lo que sea, noviazgo o solo amigos con derechos! Tenés que vivir la vida hija! ¿Cómo saber quién es el indicado, si no lo conocés en todos los aspectos?
Papá me estaba diciendo lisa y llanamente, que si quería tener relaciones con Juan Cruz, aunque no fuéramos novios, él me apoyaría! Qué clara tiene papá las cosas!
-IRIS: Si llegara a surgir algo entre nosotros, te voy a tener al tanto!
-LUIS: Yo te aconsejaría que dejes fuera de esto a tu madre, ya sabés como es de controladora de todo!
-IRIS: Si, pa! Decímelo a mí!
Todas las veces que Juan Cruz había estado en casa, había sido cuando estaba papá, mi madre ni siquiera sabía que estudiaba con un compañero, pero fue una tarde que al llegar mi madre, la escuché hablar con papá y luego subir raudamente a mi habitación.
En ese momento, estábamos haciendo un trabajo con Juan, teníamos láminas colgadas en una de las paredes de mi habitación, otras sobre mi cama y trabajábamos sobre el escritorio cuando mi madre, intempestivamente irrumpió en la habitación.
-INES: ¿Qué es esto de traer un hombre a tu habitación? ¿Estás loca vos?
-IRIS: Estamos estudiando mamá! Donde querés que vaya! Tengo todo lo que necesitamos aquí!
-INES: Y a mí que me importa! Última vez que veo un hombre en tu habitación!
-IRIS: No soy una nena mamá! Y estoy estudiando!
-INES: No me importa!
En ese momento, Juan, que supongo no sabría donde meterse, se puso de pie, tapó el marcador que estaba utilizando, y sin mirar a mi madre, me dijo:
-JUAN: Tranquila Iris, ya me voy!
Y mirando a mi madre, antes de salir de mi habitación, dijo:
JUAN: Buenas tardes señora!
Mi madre fue tras él, como queriendo asegurarse de que se fuera realmente de nuestra casa.
Bajé detrás de ellos y luego de que Juan se fuera de casa, encaré a mi madre.
-IRIS: ¿Qué te pasa? ¿Cuál es el problema? Estoy estudiando con Juan! Siempre diciéndome que tengo que ser educada, y vos fuiste una maleducada! Ni siquiera saludaste, sos mi madre, no mi dueña!
-INES: No me faltes el respeto pendeja de mierda! ¿Quién te creés que sos para hablarme así?
-IRIS: La que ya no se aguanta más tus tratos! ¿Pensás que si quisiera coger con Juan no lo hubiera hecho ya! Y no tendría que pedirte permiso para hacerlo!
Y en ese momento pasó lo que nunca creí que pasaría, me dio vuelta la cara de un cachetazo, y fue ahí donde escuché gritar de verdad a mi padre por primera vez en mi vida.
-LUIS: Inés! Le volvés a poner la mano encima y me vas a conocer!
-INES: Vos callate boludo! Todo esto es culpa tuya, que dejaste entrar un tipo a casa!
Y papá no se quedó callado, elevando aún más el tono de voz, le gritó:
-LUIS: Yo dejo entrar en mi casa a quien se me canta las pelotas! Y ese pobre chico no tiene por que soportar tu carácter de mierda y tu mala educación! Y bajá el tono de voz antes de que me caliente de verdad! Me tenés podrido de gritar todo el tiempo!
La discusión a los gritos entre papá y mi madre siguió, pero yo estaba tan mal, que me fui a llorar a mi habitación, no podía estar pasándome esto, me moría de la vergüenza ante Juan por el comportamiento inadecuado de mi madre.
Cuando me tranquilicé encerrada en mi habitación, lo llamé por teléfono.
-IRIS: Hola Juan!
-JUAN: Hola Iris! ¿Ya pasó la tormenta?
-IRIS: Te pido mil perdones Juan por la situación que tuviste que pasar! Nunca creí que la loca de mi madre pudiera hacer algo así!
-JUAN: Tranquila! No pasa nada, tan solo me fui para no levantar temperatura y terminar contestándole a tu madre! No lo creí correcto! También tu papá me pidió disculpas antes de que saliera de tu casa. Pero quedate tranquila que no pasa nada!
-IRIS: No quería que te enojaras conmigo y ya no trabajemos juntos!
-JUAN: Tranqui Iris! No podría enojarme con vos, y menos por esto!
Hablamos un rato más y me quedé algo más tranquila, al menos Juan no se había enojado conmigo.
Al día siguiente, hablé con papá sobre lo ocurrido, por supuesto me daba la razón sobre la actitud de mi madre, y me dijo que ya le encontraríamos la solución.
Estuve muchos días sin hablar con mi madre, bueno, es decir sin responder sus preguntas o acatar sus órdenes, que ante mi negativa, se transformaban en gritos, pero me mantuve firme y no le hice caso en nada.
Unos días después, al llegar a casa, papá me esperaba para merendar y mientras lo hacíamos, me dijo que ya tenía la solución.
-LUIS: Hija, ya tengo la solución para que puedan seguir estudiando tranquilos con Juan!
-IRIS: ¿Cuál pa?
Y de su bolsillo sacó tres llaves colocadas en un llavero con un arcoíris colgando de una cadenita.
-IRIS: ¿Y esto pa?
-JUAN: Son la llaves de un pequeño departamento que tengo desde hace muchos años y del que tu madre no tiene ni idea que existe! Pueden ir allí a estudiar tranquilos con Juan!
-IRIS: ¿En serio?
-LUIS: Bueno, pueden ir allí tranquilos a hacer lo que quieran!
Me miró con cara de pícaro y me guiñó un ojo.
-IRIS: Sos terrible pa!
-LUIS: El departamento no es muy grande, tiene un amplio dormitorio que funciona como tal y pueden trabajar en el comedor que es bastante grande y tiene una linda mesa.
-IRIS: ¿Y se puede saber por qué tenías un departamento a espaldas de mamá? ¿Acaso te ibas con alguien más? Sinvergüenza!
Le dije en tono gracioso y le saqué una carcajada. Como me gusta ver a papá reírse de esa forma, aunque no lo hace muy a menudo.
-LUIS: No hija! Alguna vez viví allí cuando era soltero, en esa época he ido acompañado algunas veces, no te lo voy a negar, pero luego de casarnos con tu madre, ya no fui allí con nadie más, lo he mantenido, quizás por nostalgia, tengo un sentimiento especial por ese departamento, quizás por ser el primero que pude comprar por mí mismo, y lo han usado un par de amigos cuando no han tenido lugar para vivir. Pero tranquila que terminaron unos arreglos que había que hacerle y todas las semanas lo limpia una señora. También te compré una compu nueva para que no tengas que ir y venir con la tuya, sábanas nuevas y varias cosas en la heladera, podés ir cuando quieras, bueno, cuando quieran.
-IRIS: Sos muy groso papá!
-LUIS: Queda a cinco cuadras de acá, si alguna vez tu madre, se pone densa, te mando un mensaje y te venís con apuntes en la mano, como si hubieras ido a sacar fotocopias!
-IRIS: Lo tenés todo pensado!
-LUIS: Lo único que me importa es que la pases bien, que vivas tranquila una buen vida, lo demás no interesa! Y a veces tu madre pareciera que quiere todo lo contrario.
-IRIS: Gracias pa! Sos un genio!
-LUIS: Cuando vayas, me avisás si falta algo y lo compramos enseguida!
-IRIS: Me voy a ir ahora, ya quiero conocerlo!
Me dio la dirección y me fui para allí.
Estaba en el último piso del edificio, el piso once, y tenía salida a una pequeña terraza solo para el departamento, separada del resto de terraza por un muro de casi dos metros.
Estaba completamente amueblado y al entrar en la habitación, me encontré con una cama enorme, y una pantalla de televisión en la pared frente a ella.
Me sentía mal por tener que mentirle a mi madre, pero se lo tenía merecido por ser tan controladora y tan antipática.
Me tiré en la cama, que era súper cómoda, incluso más que la de mi habitación, no sé por qué, pero me sentí excitada, quizás pensando en que nadie sabría que estoy allí y nadie podría molestarme, que podría hacer lo que yo quisiera, y como un primer acto de libertad, digámoslo así, me saqué toda la ropa, me acosté desnuda y me empecé a tocar pensando en todo lo que podría hacer allí, sin nadie que pudiera interrumpirme, mis manos buscaron mis tetas y mis pezones, y los comencé a tocar. Luego fue el turno de mi entrepierna que poco a poco comenzó a mojarse.
Mientras me tocaba, no dejaba de pensar en que debía acomodar mis vellos púbicos para que mi conchita quedara prolija y atractiva.
Me gusta mucho alcanzar el orgasmo boca abajo en la cama, con el culito para arriba, moviéndolo al compás de las caricias en mi clítoris y apretándome alternativamente los pezones con los dedos de la otra mano. En ese momento se me cruzó Agustín por la cabeza y el recuerdo de lo que había sentido con él.
También pensé en Juan y lo que podría llegar a pasar con él, en el momento en que imaginé que Juan me cogía en esa posición, que su cuerpo chocaba contra el mío en cada embate, tuve un orgasmo delicioso, el primero en mi nueva cueva!
Al día siguiente, cuando entramos a la clase, Juan ya me esperaba como siempre, reservándome un lugar junto a él.
Ese día, salíamos a la una de la tarde, y le mandé un mensaje a papá, diciéndole que luego de las clases iba al departamento y que llegaba a eso de las cinco de la tarde.
En su respuesta, me dijo que me podía quedar hasta las ocho ese día, mi madre tenía una reunión en la empresa hasta esa hora.
Salimos de la clase y le dije a Juan que no iríamos a casa, que tenía un nuevo lugar para estudiar tranquilos.
Fuimos en el auto de Juan, compramos algo para comer y llegamos al edificio y cuando entramos, se quedó alucinado con el departamento.
-IRIS: Mi madre no sabe de la existencia de este departamento, era de cuando papá estaba soltero, así que no hay peligro de que se aparezca!
-JUAN: De todos modos no le tengo miedo a tu madre! Será muy gritona, pero eso a mí no me amedrenta! Solo la respeto porque es tu mamá, si no ya la hubiera mandado a la mie….
Juan no terminó la frase y nos reímos los dos.
Preparé el mate y nos sentamos en el sillón a comer los sándwiches y a pensar un trabajo que teníamos que entregar la semana siguiente.
A eso de las tres de la tarde, ya lo teníamos casi terminado y Juan en ese momento, me preguntó a qué hora tenía que volver a casa.
Cuando le dije que mi madre hasta las ocho estaba en la empresa, me dijo que seguramente lo terminaríamos antes.
Y así fue, antes de las cinco de la tarde, ya lo teníamos listo.
Volví a preparar el mate y nos sentamos en el sillón.
-JUAN: Iris, ahora que estamos solos, quiero aprovechar para decirte algo!
Continuará…
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