Nunca lo hubiera imaginado (1)
Guillermo nunca imaginó que frenar un auto cambiaría su vida. Victoria, herida y vulnerable, le abre la puerta a un deseo que no esperaba. Ahora, la tensión no está en el accidente, sino en lo que sucede cuando la puerta se cierra y la familia crece.
Nunca lo hubiera imaginado
Capítulo 1
Un hecho fortuito me permitió conocerla, a mis veintisiete años, iba con mi auto por la calle, metros antes de la esquina aminoré la velocidad y una mujer que caminaba transversalmente para cruzar la calle por la que yo venía, faltando apenas un par de metros para llegar a ella, la vi caer delante del auto, y frenando de golpe evité atropellarla.
Bajé rápidamente, poniendo las luces intermitentes del auto, y creo que me enamoré de ella cuando levantó la vista, y me miró con cara de pánico por el susto que tenía.
Me agaché junto a ella que aún estaba en el piso y le pregunté:
- ¿Estás bien? ¿Te golpeaste?
Y entre nerviosa y asustada me dijo:
- No, no! Pero no te puedo explicar el susto que me llevé…!
- Me imagino, por suerte te vi y pude frenar a tiempo.
- Cuando baje el cordón me torcí el tobillo y no pude evitar caerme.
- ¿Podés pararte? Te ayudo!
La ayudé a ponerse de pie pero no apoyaba su pie izquierdo.
- ¿Duele?
- Bastante!
- Vamos que te llevo a un hospital!
- Está bien, no te preocupes, ya se me va a pasar.
- De verdad! Te llevo a un hospital, no me cuesta nada, sería mejor que un médico te viera el tobillo.
- Es qué tengo que ir a buscar a mi hija al jardín, sale a las cinco!
- Entonces vamos a buscar a tu hija al jardín y después te llevo a un hospital, así te quedas tranquila.
- No quiero que te molestes, seguro que no es nada.
- No es molestia mujer, al contrario, y así yo también me quedo tranquilo.
Habiéndola convencido subimos al auto, ante la mirada de algunas personas que habían visto el incidente, me indicó la dirección del Jardín de infantes de su hija, y hacia allí fuimos.
La puerta estaba llena de padres esperando a sus hijos, paré el auto en doble fila y cuando los niños comenzaron a salir y a irse con sus padres, abrió la puerta para bajar.
- Por cierto me llamo Guillermo.
Se volvió hacia mí y con una sonrisa me dijo:
- Perdón qué mal educada, soy Victoria!
Bajó del auto y me di cuenta que no podía caminar con el pie dolorido, bajé también y dando la vuelta al auto me paré junto a ella, estiré mi brazo flexionado, para que pueda tomarlo y caminar hasta la puerta del jardín.
A varios metros de la puerta vio a su hija al lado de la maestra, que al verla le dijo a la pequeña que estaba su madre, y la chiquilla con su pintor a cuadros y la bolsita en la mano corrió hasta ella.
- Hola hijita!
- Hola mami!
- Hijita él es Guillermo, me caí en la calle y como me duele el pie, el señor me trajo hasta aquí.
- Te duele mucho mami?
- Un poco hijita! Ella es mi hija Sofía y tiene cinco años!
- Hola Sofía, a mami le duele el pie y ahora vamos a ir a un hospital para que un doctor la vea, ¿si?
La volví a acompañar hasta el auto, abrí la puerta del lado del acompañante, y la de atrás para que subiera la niña.
Le ayudé a ponerse el cinturón de seguridad a la pequeña, y salimos en dirección al hospital.
Estacioné el auto en la puerta de urgencias y la ayudé a bajar, le expliqué a la señora del mostrador lo que había pasado, le tomaron los datos y le dijeron que tomara asiento que ya la atendería un médico, Sofía se quedó con ella y yo volví a salir del hospital para estacionar bien el auto.
Volví y me senté junto a ella a esperar que la atendieran, mientras Sofía le contaba a su mamá lo que habían hecho en el jardín.
Casi media hora después la puerta de un consultorio se abrió y salió un señor mayor, una doctora leyó una hoja que tenía en su mano y dijo su nombre, María Victoria Vallejos.
La ayudé a ponerse de pie y caminar hasta el consultorio, la doctora dijo que podíamos entrar, miré a Victoria y me hizo que sí con la cabeza.
Victoria le contó lo que había pasado, le revisó el tobillo y le indicó una radiografía.
Como le costaba caminar, por teléfono pidió una silla de ruedas, y minutos después fuimos con ella hasta la sala de rayos X, allí no pudimos entrar y me quedé con Sofía en el pasillo.
Le hice algunas preguntas del jardín como para entretenerla, y la pequeña me contó un montón de cosas, muy suelta para hablar y sin nada de vergüenza, a pesar de estar hablando con alguien que no conocía.
Cuando Victoria salió con su placa en la mano, volvimos al consultorio para que la doctora la viera, y se tranquilizó cuando le dijo que no había ningún hueso roto, solo era una torcedura.
Le indicó analgésicos, y hielo para la inflamación.
En la silla de ruedas la llevaron hasta la puerta del hospital, allí me esperó hasta que volví con el auto.
Se subió, Sofía nuevamente lo hizo en el asiento trasero, y me dio la dirección de su casa.
De camino le pregunté si tenía analgésicos, me dijo que no estaba segura, y antes de llegar a su casa paré en una farmacia para comprarlos.
Llegamos a la puerta de su casa, la ayudé a bajar del auto y a caminar hasta la puerta, buscó las llaves en su cartera y abrió.
Sofía entro corriendo, aunque ganas no me faltaron, no pretendía quedarme, ya había cumplido con lo que sentí que tenía que hacer.
Antes de irme y con un poco de vergüenza le pregunté.
-¿Podré pedirte tu número de teléfono?, prometo que tan solo es para preguntarte cómo sigue el tobillo.
Me miró con una sonrisa y me dijo.
-Claro!
Saqué mi teléfono del bolsillo y anoté su número, le envié un mensaje con mi nombre, para que también le quedara mi número.
-Por cualquier cosa que necesites, podés llamarme o enviarme un mensaje, no importa la hora.
-Gracias por todo Guillermo! La verdad que con este dolor hubiera sido complicado llegar al jardín.
-No hay nada que agradecer, aunque no fue la mejor circunstancia, fue un gusto conocerlas.
-Lo mismo digo caballero!
Nos despedimos con un beso en la mejilla, subí al auto y me fui para casa.
Claramente no pude dejar de pensar en esa mujer, en su mirada, en su sonrisa a pesar del dolor, nunca me había pasado algo así con otra mujer, pero bueno, tampoco quería hacerme ninguna ilusión, quizás ese fuera el único encuentro.
Terminé de cenar, solo como hace casi tres años, y cuando estaba juntando la mesa, me llegó un mensaje al teléfono.
Al ver la pantalla, me sorprendió gratamente ver que era de Victoria, y decía:
-Muchas gracias por todo! Podría haber sido peor, pero tan solo fue un susto! Sofía ya duerme y yo estoy con la pata para arriba y con hielo en el tobillo.
-No hay nada que agradecer! Sentí que era lo que había que hacer! ¿Duele menos?
-Por suerte va aflojando, entre el hielo y el ibuprofeno, duele bastante menos.
-Qué bueno! Que descanses, y por cualquier cosa me podés llamar!
-Qué descanses también y gracias otra vez!
Dos caritas sonrientes para terminar el mensaje.
Dejé el teléfono sobre la mesita del estar con una sonrisa, desde que la relación con Agustina había terminado hace casi tres años, no me había pasado algo así con una mujer, y aunque habían pasado por mi vida y por mi cama algunas féminas, no había sentido nada parecido, pero claro, no tenía que hacerme ilusiones, quizás la cosa terminaría allí.
Con Agustina la relación no había terminado bien, luego de casi cuatro años de noviazgo, la cosa se comenzó a enfriar, menos contacto, menos salidas, menos sexo.
No habíamos decidido vivir juntos, aunque yo tenía mi departamento y ella compartía el suyo con una amiga, ninguno de los dos lo había propuesto, en mi caso, entendiendo que respetaba su espacio, con Pilar, su amiga, estudiaban la misma carrera y pasaban mucho tiempo juntas, hasta que apareció un nuevo compañero de estudios.
No me mostré celoso, pero poco a poco me di cuenta de que allí pasaba algo, y me lo confirmó una noche que fui a visitarla a su departamento, me dijo que allí estaría estudiando con Pilar, pero no estaba.
Me quedé esperándola hasta casi las doce de la noche, para verla llegar con ese chico, bajar de su auto a los besos y abrazos, y entrar acaramelados al departamento.
De lo que pasó luego, nada supe, y en verdad no me importó, a buen entendedor, pocas palabras, hasta allí había llegado la relación.
Eso fue un jueves, el sábado me llamó para vernos por la tarde, y fui a ese café, ya con la decisión tomada, luego de pedir los cafés, le dije que lo nuestro ya no tenía sentido, que me daba cuenta de que con ese chico pasaba algo, y que ya no quería que siguiéramos juntos.
Creí que habría algún pedido de explicaciones, o alguna escena, pero tan solo dijo que lo entendía, y que era mejor para los dos, seguir cada uno su camino, sin dudas ya estaba pasando algo con ese chico, que había dejado de pasar conmigo.
Tan solo una semana después, la vi de la mano de ese chico entrar al bar donde casualmente estaba yo tomándonos unas cervezas con dos amigos, al verme se le transformó la cara, pero ni siquiera nos saludamos, ella nada dijo, y yo tampoco, ¿qué sentido tenía?
Soy Guillermo Andrés López Valente, y a mis veintisiete años, trabajo para una compañía de seguros de alcance provincial, y me ocupo del segmento agroindustrial y de logística, por lo que debo viajar regularmente a localidades del interior de la provincia, para una atención personalizada que garantice la continuidad de los asegurados, la gestión de nuevos clientes, y por ende la de mis ingresos, que no son pocos.
Mi padre falleció en mi adolescencia, tengo un hermano mayor que vive y trabaja en Bahía Blanca, y mi madre vive a pocas cuadras de mi casa, y al ser yo, él único familiar cercano, la visito con frecuencia, tres o cuatro veces en la semana, algunos días un rato, y otros me quedo haciéndole compañía un par de horas.
********************************************************
Fui madre muy joven, quedé embarazada a los diecinueve años, y mi princesa Sofía nació con mis veinte ya cumplidos.
Siempre deseé una familia, quizás por la falta de una, mis padres fallecieron en un accidente cuando yo tenía siete años, y me crió mi abuela materna, y luego cuando “la nona” falleciera, a mis doce años, lo hizo mi tía, hermana de mi madre, aunque en nada se parecían, mi madre, o al menos lo que recordaba de ella, era un sol de cariñosa, pero mi tía era todo lo contrario.
Siempre con mala onda, con un trato seco y cortante, viéndolo ahora, creo que era una mujer frustrada, y en muchas ocasiones, me tocó pagar los platos rotos.
Cuando conocí a Mauricio, se prendió una luz de esperanza en mi vida, tenía diecinueve años y él veintiuno, estaba estudiando en la universidad el profesorado de matemáticas.
Me enamoré de él, me trataba bien, se preocupaba por mí y eso me hizo apoyarme en él.
No fue mi primer hombre, ya había estado con un chico a mis diecisiete años, perono tenía buenos recuerdos de esa relación.
Luego de unos meses de noviazgo, me propuso irnos a vivir juntos, se lo dije a mi tía, que por supuesto puso el grito en el cielo, pero siendo ya mayor de edad, así lo decidí.
Al poco tiempo Mauricio me propuso tener un hijo, y yo me sentí feliz, eso era todo cuento deseaba, mi familia, mi casa, mi hijo, y sobre todo, un compañero de vida.
Tuve un embarazo sin problemas, en ese entonces ya trabajaba como administrativa en un colegio privado que tenía jardín maternal, de infantes y escuela primaria, su dueña era Ana, una antigua amiga de mi madre, y lo hice hasta el octavo mes de embarazo.
Cuando nació Sofía, tuve mi licencia y luego volvería a trabajar, y Ana me dijo que podría llevar a mi hija, sin tener que pagar, y eso era una buena solución.
Mauricio trabajaba en una inmobiliaria, el dueño era su tío, y allí tenía muy buenos ingresos.
Todo iba bien, sentía que por fin las cosas en mi vida eran “normales”, pero como en otros momentos, las cosas se empezaron a torcer.
Mauricio poco a poco fue cambiando su trato hacia mí, más seco, más exigente, cuando Sofía cumplió su primer año, la situación ya era tirante, Mauricio pasaba mucho tiempo fuera de casa, y cuando estaba, parecía enojado, siempre serio, casi no le dedicaba tiempo a Sofía, y llegó el momento en que ya no me aguantaba más esa vida.
Y para rematarla, una amiga me dijo que había visto a Mauricio con otra mujer en un restaurante, hablando muy simpáticamente, tomándose de la mano y saliendo abrazados del lugar, le había sacado una foto y me la envió.
Al verla, la reconocí de inmediato, era Valeria, una de las mujeres que trabajaba en la inmobiliaria en ese entonces.
En ese momento no dije nada, pero comencé a estar atenta a sus horarios, sus llegadas tarde, siempre justificadas con cuestiones de trabajo.
Un viernes me dijo que tenía una cena con un cliente, y sin imaginar que yo sospechara algo, hasta me dijo donde era.
Podría ser mentira, pero me fui con Sofía y allí estaba, nuevamente con esa mujer, cenando, hablando, tomándose de la mano y saliendo abrazados.
Antes de subir a su auto, se besaron apasionadamente, ya no tenía dudas, era una cornuda con todas las letras.
Me volví a casa, y cuando llegó, casi dos horas después, lo esperé levantada, se sorprendió al verme y sin decir más nada, le dije que me quería separar, que nuestra relación se había terminado.
Se puso como loco, me dijo de todo, que era una pelotuda, que no tenía donde caerme muerta y no sé cuantas cosas más.
No me importó y ese fin de semana, me fui con Sofía a casa de una amiga, hasta que consiguiera un lugar para vivir.
Hoy puedo decir que fue una decisión acertada, me importó un pepino que me tratara para la mierda, incluso que llegara a pegarme un cachetazo, sin dudas por su orgullo herido, pero decidí que mi vida tenía que ser otra cosa.
Fueron tiempos duros, por suerte tenía mi trabajo, que me permitió alquilar un pequeño departamento, aunque no muy cerca del jardín.
A pesar de tener buenos ingresos, Mauricio me pasaba muy poco dinero por Sofía, casi que no alcanzaba ni para comprarle un par de zapatillas. Pero eso no me importó, estar lejos de él, era lo más importante en esos momentos.
Tampoco se preocupaba por Sofía, la veía cuando tenía tiempo libre, nunca se preocupó por su salud, por su alimentación, por su educación, sabía que yo me ocuparía, y él aprovechaba su tiempo haciendo lo suyo.
Era el último año de Sofía en el jardín, y lo hacía en el turno de la tarde, era el único turno, y aunque yo trabajaba de mañana, Sofía estaba conmigo y luego a la una entraba a su salita, yo me iba para casa, y a las cinco la iba a buscar.
Desde que me había separado de Mauricio, no había tenido, ni buscado, ni aceptado nada con ningún hombre, pero esa tarde algo cambió.
Ese viernes iba caminando al jardín a buscar a Sofía, lo hacía cada tarde, como tenía tiempo, me ahorraba el colectivo.
A mitad de camino, estaba por cruzar la calle, cuando di un paso bajando del cordón, con tanta mala suerte que pisé mal, me doblé el tobillo y caí en la calle, en el momento que un auto venía.
Creí que me atropellaba, pero el auto frenó de golpe, haciendo chillar las ruedas en el asfalto.
El corazón se me detuvo. Un momento después, estando aún en el suelo, un hombre me preguntó si estaba bien, si me había golpeado, y al mirarlo, algo pasó, vi algo en esos ojos marrones y en esa cara de preocupación.
Fue muy amable, me ayudó a levantarme, me ofreció llevarme a un hospital, pero le dije que iba camino del jardín.
Finalmente me llevó a buscar a Sofía, y de ahí al hospital, me esperó y me llevó a casa, parando de camino en una farmacia para comprar los analgésicos que me había recetado la doctora, todo un caballero, y sentí algo que no creí que volvería a sentir.
Nos despedimos en la puerta de casa, aunque de muy buena gana lo hubiera invitado a tomar unos mates, pero quizás no era el momento. Me pidió mi número de teléfono y se lo di, y de muy buena gana.
Recordé que él había pagado los analgésicos, pero no se lo dije en ese momento, quizás sería un buen motivo para que volviera…
En la noche cruzamos un par de mensajes, pero tampoco sabía cómo era su situación sentimental, si estaba casado, o con una novia o en alguna relación, pero después de tanto tiempo, un hombre me había llegado…, y ya vería…
Y no esperé demasiado, ese mismo sábado al mediodía, le envié un mensaje.
-Hola Guillermo.
Su respuesta llegó al instante.
-Hola Victoria, ¿cómo va ese tobillo?
-Muy bien por suerte, duele cada vez menos, y ya puedo apoyar un poco el pie.
-Qué bueno! En unos días volverá a la normalidad, aunque tendrás que cuidarlo un tiempo.
-Eso espero! Ayer no me di cuenta, me acordé esta mañana, no te di el dinero de los medicamentos!
-No hay problema con eso!
-Si te parece y no tenés nada que hacer, pasá por casa, preparé un budín de naranja, te quiero agradecer lo de ayer, te tomás unos mates con budín y te doy el dinero.
-Por el dinero no hay problema, pero el budín suena tentador! Decime a qué hora y paso!
-¿Te parece a eso de las cuatro?
-Claro, a esa hora estoy ahí! Te hago una pregunta, Sofía puede comer chocolate?
-Trato de que no coma todo el tiempo, pero sí.
-Perfecto! Nos vemos en un rato!
Luego de almorzar, le dije a Sofía que Guillermo vendría a tomar unos mates, y ella en su inocencia me preguntó:
-¿Es tu amigo mami?
-Sí corazón!
A las cuatro en punto sonó el timbre, le abrí y nos saludamos con un beso en la mejilla, cuando Sofía apareció, lo saludó como si lo conociera de toda la vida, y cuando le entregó el huevo de chocolate con la sorpresa, Sofía le agradeció con un abrazo y un beso.
Nos sentamos a tomar los mates con el budín y a conversar.
Me contó de su trabajo, de sus viajes, y traté de que no se me notara, pero cuando me dijo que luego de separarse de su novia, vivía solo y que no estaba en ningún relación, algo en mi se movió.
Le conté un poco de mi vida, de mi trabajo, de mi relación con Mauricio y de Sofía, y también le dejé en claro que no estaba en ninguna relación, que desde que me había separado, no había estado con ningún hombre, que tan solo me ocupaba de mi hija.
Cuando quisimos acordar, eran las siete de la tarde y Guillermo me dijo que ya se iba, si por mi hubiera sido, lo hubiera invitado a cenar, pero no quería apurar las cosas.
Creo que ambos lo notamos, la atracción era mutua, parados en la puerta, mientras Guillermo se despidiera de Sofía, de la nada mi pequeña, dijo:
-¿Vas a venir otro día Guillermo?
Me miró un momento y para qué negarlo, pensé en que le podría decir que viniera cada día.
-Quizás venga otro día…
-Dale porfa!
Dijo Sofía, pero bien podrían haber sido mis palabras.
Y para ese día no faltó mucho, el lunes por la tarde, me mandó un mensaje preguntándome si estaba en casa para pasar a dejarle un regalito a Sofía, pero imaginé que era una buena excusa para volver a verme.
Sonó el timbre a las cinco de la tarde, y Sofía mirándome me preguntó:
-¿Es Guillermo mami?
Me mató su pregunta, siempre he pensado que si en algún momento llegara a estar con un hombre, ese hombre tenía que aceptar a Sofía, y ella aceptarlo a él, y ahora, eso parecía estar pasando.
-Sí corazón!
Y con una alegría inesperada dijo:
-Iupii!
Abrí la puerta, nos saludamos con un beso en la mejilla y antes de que entrara, apareció Sofía corriendo y abrazándolo por las piernas le dijo:
-Hola Guillermo!
Él se agachó y ante el abrazo de Sofía, le dio un beso en la mejilla. Guillermo le entregó una bolsa que traía en su mano, Sofía sacó lo que había adentro, una caja de pinturitas, y varios libritos para colorear, junto con un libro de cuentos infantiles.
Nos sentamos a tomar unos mates, con las medialunas que había traído también, conversando de varias cosas, mientras Sofía venía a cada rato, para mostrarle las imágenes que iba coloreando, y que decir, ver la atención que Guillermo le prestaba, lo feliz que veía a mi hija con él, y lo que pasaba en mi interior, cada vez me sentía más atraída por ese hombre.
El miércoles por la tarde, recibí un mensaje de Mauricio, en el que me decía que el sábado en la noche era el cumpleaños de su padre, es decir, el abuelo de Sofía y que vendría a buscarla el viernes a eso de las seis de la tarde y la traería de vuelta el domingo luego del almuerzo.
Cosa rara que Mauricio pasara un fin de semana con su hija, pero acepté sin problema, quería que Sofía tuviera contacto frecuente con su padre.
Como en otras ocasiones, cuando vino por Sofía, traía cara de culo, siempre serio y con mala onda, la saludó y se fueron diciéndome que el domingo a eso de las cuatro de la tarde la traería.
Sola en casa, se me ocurrió dar un paso más con Guillermo, invitarlo a cenar. Sabía que era muy sobre la hora, pero decidí tirarme el lance enviándole un mensaje.
-Hola Guillermo, ¿cómo estás?
Inmediatamente me contestó.
-Hola Victoria! Muy bien, ¿y vos?
-Cada día mejor, por suerte, te quería preguntar algo…
-Preguntá nomás!
-¿Tenés planes para esta noche? Te quería invitar a cenar… sé que es un poco sobre la hora, pero Sofi recién se acaba de ir a casa del padre…
-No tengo planes, y me gusta la idea! ¿Querés que vayamos a un restaurante?
-Podría ser, pero hoy preferiría que vengas a casa, me gustaría que veas lo bien que se me da la cocina.
-Me parece muy bien! Decime a qué hora, y que llevo!
-No hace falta que traigas nada!
-Por favor! Me daría mucha vergüenza ir con las manos vacías…
-Está bien! Lo que te guste de postre! Pensé en un risotto con champiñones, ¿te gusta?
-Me encanta!
-Bueno te espero a las nueve, ¿está bien?
-Perfecto!
Me encontré riéndome sola, después de tanto tiempo, volvía a tener una cita con un hombre, aunque sea en mi casa, si todo iba bien, ya habría ocasiones para salir, aún no me podía poner tacos altos por el tobillo.
Hice las compras, preparé el risotto, ordené la casa y me fui a dar un baño.
En mi habitación, frente al espejo, me encontré preparándome para un hombre, no quería ser muy explícita, pero quería estar arreglada.
Un jean de color negro, que me hacía buena figura, una camisa rosa de mangas tres cuarto y unas zapatillas, nada elegante ni insinuante.
Apenas me maquillé, ojos delineados y brillo en los labios, con eso era suficiente, y me recogí el pelo dejando un par de mechones sueltos.
A las nueve en punto sonó el timbre y se me aceleró el corazón, indudable señal de lo que me hacía sentir ese hombre.
Al abrir me lo encontré con un paquete, supuse el postre, y dos bolsas, una con bebidas y otra con un juego para Sofía, definitivamente, a Guillermo le caía muy bien mi hija, y a mí, él claramente también.
La cena estuvo estupenda, me sentía muy bien hablando con él, y a pesar de conocerlo hacía tan poco tiempo, me parecía que fueran años.
Luego de cenar, me ayudó a levantar la mesa y a lavar los platos, al no estar muy acostumbrada al alcohol, me sentía rara, como suelta.
Nos sentamos a comer el postre y nos terminamos la botella de vino, luego vino el café, que tomamos sentados en el sillón.
Mientras hablábamos de nuestras últimas relaciones amorosas, me dijo algo que me aceleró el corazón.
-No conozco al padre de Sofía, pero cuanto más te conozco, menos lo entiendo, me parecés una mujer con las cosas muy claras, una hermosa mujer que no dejaría pasar.
Me hizo sonrojar, y como para devolver la atención le dije:
-También pienso que tu ex novia no supo ver la clase de hombre que sos, al menos por lo poco que te conozco…
Y sin que me lo esperara, aunque lo deseaba, su mano corrió suavemente unos de los mechones de mi pelo y me hizo una suave caricia en mi mejilla, con el revés de su mano, mientras me decía.
-Sos una mujer hermosa Victoria, y me he sentido atraído por vos desde ese momento en que te vi al bajar del auto.
No quería ser menos, a mí también me pasaban cosas y se lo dije:
-No me había pasado esto con ningún otro hombre en mi vida, ni siquiera con el padre de Sofía…
Terminé de decir eso y vi como lentamente su cara se acercaba a la mía, su boca buscó la mía y la encontró, un suave beso que me supo a poco, pero le siguió otro, junto con una suave caricia en mi nuca.
Con el corazón acelerado, respondí a esos besos suaves, pero que expresaban mucho.
-Perdón Victoria, no lo pude evitar…
-No hubiera querido que lo evites, también lo deseaba.
Luego de esos besos, nos abrazamos, apoyé la cabeza en su pecho, recibiendo sus caricias en mi espalda, ¿deseaba que pasara algo más? Obviamente, pero también quería ser cauta, conocerlo un poco más.
A eso de las dos de la mañana, antes de irse, me dijo:
-No quiero apurar las cosas, soy consciente de que hace poco que nos conocemos, pero te juro que me gustaría intentarlo…
-A mí también me gustaría Guillermo, nunca me ha pasado algo así, pero espero que entiendas que tengo a Sofi…
-Lo entiendo perfectamente, y adora a tu pequeña princesa…
********************************************************
Luego de esa cena vinieron otras, algunas en su casa, con su hija Sofía, que cada día se metía más en mi corazón, y a solas, en las contadas ocasiones en que el padre pasaba algún día con ella.
Fue casi dos meses después, un fin de semana en que Sofía estuvo con su padre, que invité a Victoria a cenar en casa, y fue luego de la cena, el café y los besos en el sillón, que hicimos el amor por primera vez.
Los dos lo estábamos deseando, Victoria ya había venido preparada, con un conjunto de ropa interior que le quedaba tremendamente sensual.
Si con ropa era hermosa, desnuda me hizo admirarla aún más, un cuerpo armonioso, nada exuberante, pero con unas curvas hermosísimamente sensuales.
No hubo apuro, fue todo muy suave y lento, lo importante para mí, era hacerla disfrutar, que esa primera vez, la recordáramos como algo hermoso.
Y así fue, nos recorrimos conociéndonos, no hubo esa primera vez, mucha parafernalia de posiciones ni derroche de exagerada sexualidad, fue sentido, pausado, con muchas miradas a los ojos, con palabras suaves, con algunas lágrimas de Victoria, por sentirse bien.
Fue para mí, algo maravilloso, algo nunca antes vivido.
Otra maravilla fue despertar a su lado, verla dormir, admirarla, sentir por ella lo que no había sentido jamás por otra mujer, definitivamente, la quería en mi vida, estando yo en la suya.
Nuestra relación se fue afianzando día a día, Sofía se ponía feliz cada vez que iba a su casa y poco a poco, nos íbamos convirtiendo en una familia.
Una tarde de sábado, Sofía dormía la siesta mientras nosotros mirábamos una película, en un momento nos besamos, pero justo cuando Sofía venía descalza al comedor, y al vernos en medio del beso apasionado, dijo:
-Mami, ¿Guillermo es tu novio? Porque se estaban dando un beso de novios…
Nos miramos, y sintiendo que Sofía estaba contenta conmigo, Victoria le dijo:
-Sí mi corazón! Guille es mi novio! ¿Te gusta que sea mi novio?
-Sí mami! Me gusta que sean novios! Y que se den besos de novios!
A partir de allí blanqueamos frente a ella nuestra situación, y mi relación con Sofía se hacía cada vez más estrecha, me tenía embobado esa criatura.
Victoria nunca le decía a su hija lo que tenía que decir o no en casa de su padre, por lo que unas semanas después, Mauricio se enteró que “mamá tenía un novio”, por lo que un domingo por la tarde, cuando la trajo, le dijo que tuviera cuidado con quien metía en su casa, ya que su hija vivía allí, a lo que Victoria le contestó, que era perfectamente consciente de eso y que la relación de Sofía conmigo era excelente.
Supongo que escuchar eso no le haría gracia, pero así eran las cosas.
Casi seis meses después, decidimos vivir juntos, lógicamente en mi casa, para que Victoria dejara de alquilar.
En mi casa, armamos el dormitorio para Sofía, donde tenía todas sus cosas, y estaba feliz, tanto como Victoria y yo, en esta nueva etapa de nuestras vidas, conformando lo que podríamos llamar, nuestra familia, y aunque Sofía no era mi hija, la sentía como tal, preocupándome por el bienestar de ambas.
Sofía era una niña muy inteligente, tanto que casi sabía leer, antes de comenzar la escuela primaria, le encantaba que tanto Victoria como yo le leyéramos cuentos y libros infantiles, y luego por su cuenta, hacía dibujos referidos a los hechos de las historias que escuchaba.
Nuestra familia funcionaba muy bien, por las mañanas desayunábamos juntos y luego salíamos los tres, llevaba primero a Sofía a su escuela, luego a Victoria a la suya, y me iba a mi trabajo.
Cuando me tocaba viajar, era Victoria quien llevaba a Sofía a la escuela en su bicicleta, y de allí se iba a su trabajo.
La relación con Sofía se fue haciendo cada vez de más confianza, y me contaba muchas cosas, incluso algunas que no le contaba a Victoria, pero que luego se enteraba por mí.
Desde que vivíamos juntos, Victoria me contaba que la actitud de Mauricio hacia ella había cambiado, le hablaba mejor, le preguntaba por cosas de Sofía y pensó que estaba asumiendo la situación, pero unas semanas después me dijo que le había hecho ciertos comentarios fuera de lugar, luego de preguntarle como estaba, le preguntó si no extrañaba “esas noches de pasión” y que podrían encontrarse algún momento para rememorarlas.
Enojada Victoria le dijo que era un desubicado, que la única relación que los uniría, sería ser los padres de Sofía, solo eso.
Esa noche mientras cenábamos, como otros domingos al volver de casa de su padre, Sofía nos contaba lo que habían hecho y dijo también:
-Papá me dijo que jamás le tenía que decir papá a Guille!
A lo que Victoria luego de mirarme le dijo:
-Hija, vos tenés a tu papá y él siempre va a ser tu papá, Guille es el novio de mamá, y aunque te quiere mucho, no es tu papá…
-Yo también lo quiero mucho mami!
-Y yo a vos princesa! Y mami tiene razón, vos tenés un papá, y eso lo voy a respetar siempre, ¿sí?
-Sí Guille! Pero me gusta más jugar con vos que con mi papá, cuando voy a su casa está siempre con la computadora, y yo tengo que jugar siempre sola…
Nos miramos con Victoria, pero no dijimos nada.
Un par de veces me crucé con Mauricio, pero nunca hemos hablado, y ni ganas tenía de hacerlo, me parecía un pelotudo, aunque nunca lo dije, ni siquiera a Victoria.
Nuestra relación se fue afianzando, y aprovechábamos los fines de semana que Sofía estaba con su padre, para nuestras sesiones íntimas sin apuros, pero sin reparos.
Cuando Sofía estaba en casa, hacíamos el amor en la noche, cuando ya dormía, tratando de no hacer demasiado ruido, pero cuando estábamos solos, lo aprovechábamos.
Y vaya si lo aprovechábamos, solíamos arrancar los viernes en la noche, donde nos hacíamos el amor en donde nos sorprendía la excitación.
Cuando comenzamos nuestra relación, Victoria era más bien recatada a la hora del sexo, recuerdo esa primera vez, que al verme desnudo se le iluminó la carita, y luego de un beso, mientras acariciaba mi erección, me dijera que era la más grande que había tocado.
No es que sea un superdotado, ni ahí, supongo que debo andar un poco sobre la media, pero nada exagerado, quizás algo más ancha, y eso es lo que vuelve loca a Victoria.
Poco a poco se fue soltando, principalmente en algunas otras posiciones, descubriendo que le encantaba estar sobre mí, moviéndose mientras le toco las tetas y se las chupo, llegando a unos deliciosos orgasmos en esa postura.
También le gusta estar en cuatro y que se la meta desde atrás, me dice que en esa posición la siente más adentro.
También se fue haciendo fanática de chuparme la pija, y nuestros encuentros casi siempre comienzan con esas mamadas que me vuelven loco, en la que muchas veces debo decirle que se detenga cuando siento que estoy por acabar, y mientras descanso un momento, mi boca recorre toda su conchita de bellos prolijamente recortados, hasta que alcanza su primer orgasmo.
Son varios los lugares de la casa que saben de nuestra pasión, el baño, el estar donde el sillón es uno de nuestros lugares favoritos, allí nos despachamos, yo sentado y ella sobre mí, en misionero, en cuatro con sus brazos apoyados en el respaldo, o arrodillada en la alfombra mientras me la chupa, pero las sesiones más largas, esas en que sin apuros nos recorremos con manos, bocas y lenguas, son en nuestra cama, donde luego del primer asalto, si aún nos responde el cuerpo, entre besos y caricias, volvemos a empezar.
Cada vez que podemos, es decir cuando no está Sofía, nos bañamos juntos, y si la temperatura lo permite, vamos desnudos por la casa.
No me puedo quejar de nuestra sexualidad, ¿Qué podríamos probar otras cosas?, claro que sí, alguna vez hablamos del sexo anal, pero Victoria aún no se decide, aunque le gusta mucho que le chupe ese culito hermoso que tiene, y que le meta un dedo cuando está camino al orgasmo.
También hemos hablado de que le gustaría probar mi semen en su boca, y ganas no me faltan, pero si le acabo en la boca, debo esperar a recuperarme, y en esos momentos, muero por estar en su interior.
Con el tiempo nos fuimos conociendo cada vez más, sabíamos perfectamente cuando uno de los dos estaba excitado y la manera de darnos placer, y nuestras sesiones de los fines de semana, eran de una complicidad deliciosa, haciéndonos el amor varias veces, dándonos placer mutuamente y afianzando cada vez más nuestra relación.
Sin temor a equivocarme, estaba viviendo el momento más feliz de mi vida.
Continuará…
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Castillos de naipes 6/8
Olana nunca imaginó que su refugio sería también el lugar donde despertaría un deseo dormido.
Comparte:Infidelidad ocultaRelacion medico pacienteConexion inesperada
- Hetero: General
La Flama Púrpura 01: Familia Normal
Lleva dieciocho años siendo la mujer perfecta, pero la cama se ha convertido en un desierto.
Comparte:Infidelidad ocultaRelacion medico pacienteConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
Morir una vez más… (4)
Lleva años huyendo de sus fantasmas, pero al llegar a la tierra de sus víctimas, la culpa y el deseo chocan con la misma violencia.
Comparte:Infidelidad ocultaRelacion medico pacienteConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
(4) ¡soy enfermera, no puta!
Lola siempre fue una esposa fiel, hasta que conoció a Don Rolo. Ahora, entre sábanas y secretos, descubre que la prohibición y la vulnerabilidad de…
Comparte:Infidelidad ocultaConexion inesperadaEncuentros repetidos
- Hetero: Infidelidad
Volver a sentir (9) FINAL
Las cartas encontradas en el cajón de un muerto no solo revelan secretos, sino que devuelven a María el dolor que intentó enterrar.
Comparte:Infidelidad ocultaConexion inesperadaEncuentros repetidos
- Hetero: Infidelidad
Un solo día para cambiar una vida
Tras sobrevivir a un atraco, Carmen siente que su vida está muerta. En la comisaría, una mirada y una mano en la oscuridad de una furgoneta encienden…
Comparte:Infidelidad ocultaConexion inesperadaCircular termina donde empieza