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Crónica de una traición 2

Ignacio lo ve todo, pero elige no ver. Mientras su esposa construye su imperio laboral bajo la sombra de Demetrio, él acumula dudas que pesan más que las certezas. ¿Cuánto tiempo puede durar el amor cuando la distancia se mide en silencios y miradas que no se cruzan?

danny527.7K vistas9.2· 26 votos

Crónica de una traición 2

“La misa”, como la llaman los seguidores de los Redondos, fue un concierto de una intensidad formidable. Abrazados con Natalia, cantamos, bailamos y saltamos en un frenesí de locura. Una fiesta maravillosa.El Indio: cantor, poeta, pensador. No solo líder de la banda, sino líder de toda esa multitud que lo idolatra. Ni un solo desmán. Como me dijo el amigo con el que hablé: pura catarsis.Llegando al final, con el tema “Ji, ji, ji”, se anunció el pogo más grande del mundo. Cuando Skay comenzó su solo de guitarra, había más de cien mil personas saltando. Se movía el piso.Excitados y demolidos. Así es como terminamos.Todo el equipo que llevé para acampar, antes de ir a ver el concierto, lo había cargado en el auto. Nos sentamos en el vehículo, saqué la última botella de agua que nos quedaba en la conservadora y nos la bebimos sin respirar. Nos quedamos dormidos.Cuando despertamos ya estaba aclarando. Todavía había una multitud intentando abandonar el lugar. Cuando logramos llegar a la ruta, el tránsito aún era lento. En cuanto pudimos desviarnos de la ruta principal, lo hicimos y buscamos algún pueblo o parador. Encontramos una pequeña población y preguntamos por un hotel.Tomamos una habitación, desayunamos, nos duchamos y recién nos levantamos para cenar. Una hermosa aventura que, pensé, siempre recordaremos con Natalia.Nos quedamos a pasar la noche en el hotel. Descansados y bien alimentados, nos fuimos a la cama, no necesariamente a dormir.Al día siguiente, después de desayunar, emprendimos el regreso. En ese viaje, Natalia me dijo que quería venirse a vivir conmigo. Nuestra aventura ricotera no podría haber terminado de mejor manera.

Al cumplirse un año de la relación, contrajeron matrimonio.Por la mañana se concretó la ceremonia en el registro civil y, al mediodía, hicieron bendecir los anillos por un cura amigo de la familia de Ignacio. La fiesta se realizó en los jardines de una instalación para eventos, que contó con la concurrencia de familiares, amigos y algún allegado. Demetrio estaba por ser amigo de Ignacio, pero parecía más un invitado de Natalia.Por compromisos laborales y profesionales, el viaje de bodas fue de algo más de una semana. Cuando Natalia terminó el ciclo de educación secundaria, por restricciones económicas de su familia, no pudo hacer el viaje de fin de estudios con sus compañeros de curso.Ignacio, que conocía esta circunstancia, le propuso ir a Bariloche.Mil seiscientos kilómetros de distancia. Se turnaban para conducir y descansar. Más de veinticuatro horas de viaje. El primer día recorrieron los bellos lugares de las inmediaciones.Al día siguiente, recorrieron el camino de los Siete Lagos y contemplaron las bellezas naturales de esa región precordillerana: los lagos inmensos y profundos, cuyo azul contrasta con el verde intenso de los bosques y, en el fondo, la magnificencia de las montañas con sus cumbres nevadas. Todo ese paisaje daba un marco imponente a los sentimientos y sensaciones que estremecieron la piel de Natalia, quien, maravillada, se aferraba amorosamente a Ignacio.Con los años, al recordar esos momentos, supo que esos sentimientos y sensaciones, que no recordaba haber tenido estando con otra pareja, no eran otra cosa que amor y felicidad.

El regreso a la actividad laboral implicó para Natalia, por acumulación de trabajo, una carga horaria y laboral extenuante. "Hazte la fama y échate a dormir", reza el refranero.Recorrer empresas para relevar y elaborar informes sobre cuestiones inherentes a las distintas temáticas administrativas y de otra índole en el desarrollo de la cuestión laboral era algo que Natalia realizaba con solvencia. La licencia por los días que le debían, las vacaciones y los días de licencia por matrimonio, sumado a que el nuevo organigrama la tenía como encargada de esa actividad, hicieron que el regreso al trabajo fuera de una gran carga horaria y laboral. Viajes, reuniones con jefes de personal en distintas empresas, entrevistas con miembros de los cuerpos de delegados y una reunión para entregar el parte de la actividad semanal, en la que invariablemente se extendía hasta altas horas de la noche.Con todo eso, a los tres meses Natalia quedó embarazada.

Ignacio

Fueron meses de ilusión, de esperar la llegada de la bebé. Natalia eligió el nombre: se llamaría Noemí. Un nombre que me sonaba cercano. ¡Bueno! Hay muchas personas con ese nombre; no me debería sonar ni cercano ni extraño.Ella me cuenta que en el nuevo organigrama, y por su solvencia en el tema, la han colocado en un área donde la conflictividad laboral es recurrente, y ella ha demostrado tener la capacidad necesaria para el manejo de un tema tan sensible, elevando informes y recomendaciones que permiten la resolución de los conflictos.Entre papeleos, viajes y reuniones de trabajo, en su estado, llegaba rendida. La cuido como lo que es, el ángel que iluminó mi vida. Vivo pendiente de que no le falte nada; cuido cada detalle de su bienestar. La amo con toda mi alma.

Natalia no paró de trabajar ni de viajar, visitando empresas del grupo para supervisar y elaborar informes sobre el estado de la conflictividad laboral.Ignacio, por no haber convivido de manera permanente con Natalia, desconocía los horarios que cumplía antes. Tenía la sospecha de que no eran tan intensas ni tan extensas las jornadas laborales, pero era solo un parecer. Natalia volvía extenuada. Se sentaban a ver televisión, ella asentaba su cabeza sobre el regazo de él y se quedaba dormida.Cuando se enteró del cambio de organigrama, la designación y la nueva responsabilidad de Natalia, no tardó en asumir esa realidad y proceder en consecuencia. Vivía para asistirla y contenerla.

Ignacio

Hablé con Tamara, sin que se enterara nadie, ni siquiera Natalia. Todavía faltaba para la licencia que concede la ley por nacimiento. Le pedí, si la empresa le podría dar licencia por reconocimiento a su trabajo.No podía creerlo cuando Natalia me contó que gracias a Demetrio le habían dado licencia adelantada hasta la fecha de parto que concede la ley. Le dije: "Debe ser por reconocimiento a tu trabajo; esas cosas no se consiguen por influencias de nadie. Algún responsable del directorio debe firmar esa planilla". Pero también pensé: "¿Será mérito de Demetrio?".No supe qué decirle. ¿Qué pretende Demetrio con mi mujer? Esto ya ha empezado a molestarme.Lo llamé para “agradecerle el gesto”. Me dijo:—Cuando fui para hablar con Tamara, esta ya había tomado la decisión y firmado la planilla. Me pidió que le informara a Natalia la decisión. Nada tuve que ver. Que se lo haya comunicado yo puede haber sido lo que generó la confusión.—De todas maneras, te agradezco.—No, Nacho. Faltaba más.

¡Bueno! Me dije: nada que objetar.

El embarazo avanzaba. Su amorosa madre había pedido licencia en su trabajo y, durante el periodo prenatal, vino para estar y cuidar a su hija.Yo había restringido mi jornada laboral para poder estar con Nati.Ella pasaba mucho tiempo abstraída, como pensativa. Algunas veces, mientras mirábamos televisión o estaba ocupada en algún otro menester, pensando que yo no le prestaba atención, noté que se quedaba mirándome de una manera que no sabía desentrañar y siempre que esto sucedía, en algún momento se acercaba donde yo pudiera estar, me abrazaba y me besaba, sin poder disimular su angustia. Le preguntaba, y me decía: "Creo que son cosas del embarazo y además, porque te quiero, tonto".Después de trabajar, me dedicaba de lleno a las tareas del hogar: comprar, cocinar, después de cenar lavar y limpiar la cocina, etc., hasta que, al día siguiente, Elena, la señora que es empleada de la familia, se haga cargo de la limpieza y las labores en general.Yo me ocupaba de hacer las compras, de llevar la ropa al lavadero, de preparar el desayuno y la cena. Mi suegra preparaba el almuerzo para ella y Natalia.Un buen día, al regresar de mis ocupaciones, me encontré en la puerta de casa con un camión estacionado, un equipo de dieciocho ruedas. Aroldo, mi suegro, aprovechando que estaba de paso y, a la espera de que la empresa de transporte le indicara dónde tenía que ir a buscar carga, había venido a visitar a su hija y a su bella esposa.Una persona de más de cincuenta años. Corina, su esposa y mamá de Natalia, algo más de cuarenta. Con estudios secundarios completos al igual que Corina. Una persona de trato agradable, instruida y culta. Afecto a la lectura, al igual que su esposa. Me comentó que la lectura es su pasatiempo en las interminables esperas, tanto para cargar como para descargar.Su visita no duró mucho. Pasó la noche en casa y, al otro día, tenía que ir a recibir carga a un molino harinero.

Los días transcurrieron entre la ilusión, la espera y Natalia, discurriendo entre la esperanza, una angustia mal disimulada y esas miradas indescifrables con las que me observaba y que, invariablemente, terminaban en abrazos, caricias, besos y, algunas veces, lágrimas.

El nacimiento de nuestra niña inundó mi vida de dicha, alegría y una indescriptible sensación que trascendía todos los sentimientos amorosos. Estaba todo el tiempo pendiente de ella y de su mamá. Todo fue un maravilloso viaje al cielo de la felicidad.Era una bebé preciosa. Corina, su abuela, me dijo que era una foto de Natalia recién nacida.Al día siguiente, en su vehículo particular, llegó su papá Aroldo con los dos hermanos de Natalia. Hacía años que no se reunía toda la familia; el momento lo ameritaba. Un desfile de amigas de Natalia y amigos míos pasaron por nuestra casa en esos días.

Al poco tiempo, hubo bautismo y celebración. Natalia quiso que el padrino fuera Demetrio. Siempre me he allanado a sus decisiones, no encontraba la manera de negarle nada; la amaba hasta lo indecible. La madrina fue Carmen, amiga y compañera de trabajo, con quien solía juntarse para salir a cenar y tomar algo. Se conocían desde antes de que Natalia ingresara a trabajar en el grupo. Según Natalia, Carmen había intentado, sin éxito, hacerla ingresar a la empresa.Yo hubiera querido que la madrina, tanto en la boda como en el bautismo, hubiera sido Tamara. Ya le había contado a Natalia que, en nuestras épocas universitarias, había tenido un romance con Tamara; pero supongo que Demetrio dio información más detallada de aquello y Natalia no la aceptó para acontecimientos tan íntimos. Le pregunté si lo que sabía de Tamara venía del lado de Demetrio. Me respondió: "Esa historia la conocen varios en la empresa".

Natalia tuvo que reintegrarse a su labor. Corina, por un tiempo, se hizo cargo del cuidado de Noemí, mientras que yo acomodé mi horario para asistir a mi suegra, quien en ese tiempo me enseñó todo lo que debía saber sobre el cuidado de la niña.La chica que reemplazaba a Corina en el estudio contable tenía que marcharse, por lo que esta tuvo que regresar. Fueron unos meses de amorosos cuidados, tanto para su hija como para su nieta.Tuvimos que contratar a una muchacha para que se hiciera cargo de la bebé.La chica encargada de cuidar a Noemí lo hacía con mucho amor, estaba pendiente de todo en lo atinente al cuidado de la niña.Hablando con ella, supe que era allegada de la familia de Demetrio.

Ignacio notaba cómo Demetrio estaba presente en todas las conversaciones y decisiones que tomaba Natalia. No le dio importancia; él se sentía amado por su esposa y Demetrio era su amigo. Nada que objetar.

Terminada la licencia por maternidad, más algunas semanas que le concedió la empresa, Natalia tuvo que volver al trabajo.Al regresar, se encontró con la novedad de que había sido asignada al departamento de estadística, que dependía del organigrama de la gerencia de Demetrio. El buen desempeño demostrado a lo largo del tiempo que llevaba en la empresa y los conocimientos adquiridos en sus estudios le permitieron llevar adelante la tarea de recolección, sistematización y análisis estadísticos de información que luego serían puestos a disposición para la toma de decisiones.

La intensidad laboral y los cuidados de la niña fueron apagando los ímpetus de los primeros tiempos. La relación de dependencia laboral de Natalia y la carga horaria que le imponían al estar como sub encargada del departamento de estadística hacían que yo tuviera que hacerme cargo de las consultas al pediatra, controlar sus vacunas, llevarla e ir a buscarla a la guardería. Para darle a Gladis tiempo libre para sus cosas, solía llevar a Noemí conmigo a la oficina. ¿Molestia? Nada me daba más felicidad que atender a mi niña y estar con ella.Cuando Natalia y yo logramos tener un tiempo para nosotros, lo vivimos con amorosa y placentera intensidad. De todas maneras, extraño aquellos fines de semana cuando iba a buscarla a la salida de la universidad. Pero bueno, es lo que me toca; la amo, y eso no es poco.

En el departamento debía hacer relevamientos periódicos de estadísticas de producción, ventas y comercialización. Encontrar información necesaria para tomar algunas decisiones era caótico. El archivo y el departamento tuvieron que ser reorganizados. Natalia, con la asistencia de personal de informática, lo hizo.Al poco tiempo, el encargado de ese departamento fue desplazado, y al frente del mismo quedó Natalia.Esto implicó viajes, carga horaria y agotamiento, que se notaba cuando, en muchas ocasiones, se quedaba dormida sentada mientras esperaba que yo sirviera la cena.En algún momento le sugerí dejar de trabajar.—Sé que no es por dinero, pero te estás matando —le dije.Ella respondió:—Estudié y me preparé para esto, y lo estoy haciendo bien en un grupo empresarial importante, con reconocimiento por mi labor. Cuando me asiente en el cargo y tenga respaldo, voy a exigir que me asignen personal para delegar funciones y actividades. Mientras tanto, tendré que apechugar.Más de una vez tuve que ir a buscarla al aeropuerto o a la terminal de ómnibus cuando regresaba de algún viaje de trabajo.

Natalia quedó al frente del departamento, cuyo organigrama dependía de la gerencia de Demetrio, pero operativamente respondía al personal adscrito al directorio. Una vez reorganizado el sistema, cada vez que el directorio requería información, por ejemplo, para hacer memoria y balance o informes trimestrales para accionistas, los tenían disponibles en sus terminales. Antes debían pedírselo al antiguo encargado.Este hecho generó algunos chispazos con Demetrio. El antiguo encargado era muy allegado a él. Natalia no se cortó sola; por una cuestión de funcionamiento, estaba más ligada al personal adscrito al directorio que al organigrama de la gerencia. Toda esta operatoria se decidió desde el directorio. Con el tiempo, esta situación sacaría a la luz algunas cosas. Al menos, para Natalia.

El tiempo transcurrió, y Demetrio entendió que lo ocurrido no fue algo hecho de modo deliberado por parte de Natalia. Utilizando su influencia, puso el departamento bajo su total responsabilidad y repuso como adjunto y segundo de Natalia, con funciones de supervisor, al antiguo encargado.

Por un tiempo, la carga laboral sobre Natalia fue aligerada. Esto sirvió para que pasara más tiempo con su bebé y le dedicara a Ignacio todo el cariño que se debía a sí misma y a él. Se encargó de preparar la fiesta para el primer cumpleaños de Noemí, al que acudieron muchas mamás, compañeras de trabajo y amigas con niños pequeños.La fiesta se realizó en un local que contaba con la actuación de jóvenes especializados en divertir a los pequeños. Carmen, la madrina, estaba acompañando a su hermana con su hijo.Ignacio miró la lista de invitados. Todos acompañaban a sus pequeños. "¿Quién lo invitó?", se preguntó cuando vio a Demetrio ingresar al local con un gran oso de peluche para su ahijada. Cuando Natalia lo vio, se acercó a Ignacio.Demetrio tomó a su ahijada, la alzó, la besó y durante un rato estuvo haciéndola jugar con el oso de peluche. Después se acercó al matrimonio, le dio un abrazo a Ignacio y un beso a Natalia, y se marchó. Durante todo ese tiempo, Natalia permaneció al lado de su marido.

Las cosas siguieron en esa tónica. Natalia, alguna vez a la semana, debía quedarse después de hora y regresaba bastante tarde, algo que se había vuelto habitual. Una vez al mes, para realizar relevamientos estadísticos, viajaba a una empresa ubicada en una región bastante lejana. Por cuestiones de trasbordo y horarios del transporte, salía los viernes por la mañana y recién volvía los domingos a última hora.Natalia iba a trabajar y, a juzgar por el bronceado que traía, parecía que, más que trabajar, había ido a tomar sol. Según dijo, en la espera para volver, aprovechaba que el hotel tenía piscina, gimnasio y solárium, lo que le permitía nadar, distenderse y tomar sol.Ignacio veía que, algunas veces, Natalia se acercaba, lo abrazaba y se quedaba así por un rato, mientras le decía:—Te he descuidado tanto que tengo miedo de perderte.

Ignacio la amaba más que a su vida y se preguntaba:—¿Cómo es que no se me nota?

Noemí estaba pronto a cumplir tres años, y la carga laboral de Natalia había retomado la impronta de tiempos que se pensaban superados. Esta vez, a diferencia de los dos cumpleaños anteriores, fue Ignacio quien tuvo que hacerse cargo de todos los preparativos.Las invitaciones fueron complicadas, porque la mayoría de los niños eran hijos de las compañeras y amigas de Natalia. Tuvo que llamar a Carmen para que lo ayudara en su cometido. Ella se ocupó, pues conocía a casi todas las mamás. Lo demás lo tuvo que llevar adelante Ignacio, quien lo hizo con gusto y placer.

La fiesta había comenzado cuando apareció Natalia, después de que nuestra amada hija había preguntado cantidad de veces por su mamá.Natalia le trajo una caja llena de regalos y se puso a jugar con su niña. La felicidad en el rostro de Noemí era total. Después de que los anfitriones comenzaron a hacer jugar a los niños, Natalia empezó a buscarme con la mirada. Cuando me localizó, corrió hacia mí, abrazándome y pidiendo perdón. Le dije:—Si tienes que pedir perdón, debes hacérselo a nuestra hija, que estuvo preguntando por ti con angustia.Al rato apareció Demetrio con una caja de regalos. Él es el responsable directo de la carga laboral de Natalia. Cuando lo vi entrar, me retiré a otra dependencia de las instalaciones. No quería verlo ni estar con él.

Al día siguiente, fui para retirar aquellas cosas que quedaron de la fiesta y podrían estar estorbando el funcionamiento del espacio de eventos. Abrí el baúl del auto y me cargaron con dos bolsas de consorcio repletas de lo que había sobrado: cajas vacías de regalos con sus envoltorios, bolsas de snack... Me puse a ver qué cosas se debían tirar y cuáles no.Me tomé el trabajo de seleccionar los envoltorios de los regalos para después acomodarlos, de modo tal que, por un tiempo, le quedaran de recuerdo. Intenté identificar a quiénes correspondían, si esto fuera posible, y, en nombre de Noemí, enviar tarjetas de agradecimiento para esos niños.En esa búsqueda me encontré con dos cajas y envoltorios similares que eran del mismo comercio. Una, estoy seguro, era la caja del regalo que trajo Natalia, y la otra no la recuerdo. Sé que Demetrio también trajo una caja, pero no puedo determinar tamaño ni color. Ni bien lo vi entrar, me fui."No, debe ser solo una coincidencia", pensé.

Continuará