Xtories

¿Ultimo relato?

Cinco años de pasión prohibida no bastan para calmar el hambre de quien sabe que nunca será suficiente. Cuando ella intenta huir, el destino —o la manipulación— los vuelve a juntar en un ascensor, y esta vez, la puerta de su departamento no se cerrará hasta que el dolor y el placer la consuman por completo.

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Habían pasado 5 años desde que nos quitamos las ganas en aquella habitación de Hotel, con mi exjefe y actual compañero de trabajo.

A estas alturas yo había abandonado aquella aburrida y rutinaria relación que nada sumaba a mi vida. Me había resignado y entregado totalmente al placer que mi compañero ardiente aportaba gustoso, sin el remordimiento de la sociedad y sin pensar en las consecuencias.

El por su lado no renuncio a nada, siguió con la mujer de su vida y con su perfecta familia, aunque todas las tardes se entregaba a la dulce y ardiente tentación de saciar su deseo sexual en mi cuerpo.

Pasamos mañanas; tardes y días comiéndonos los labios; tocándonos como dos enfermos de lujuria, aprendiendo el uno del otro de sus partes más sensible; llegando al éxtasis cada vez que podíamos, ya fuera solos entre cuatro paredes o rodeados de las amistades que ya no reparaban en la locura en la que estábamos sumergidos. Tocando el cielo y disfrutando del infierno en el cual estábamos viviendo. Nos besamos hasta que nuestros labios ardieron, nos mordimos hasta dejar marcas en nuestros cuerpos y marcándonos sin importar quien lo pudiera notar.

Inevitablemente me volví adicta a su posesión. Soy obstinada y poco llevable en la vida, pero una sumisa en la intimidad. Una persona que detesta la violencia a la mujer, pero, que moja su ropa interior cuando la ahorcan y nalguean con la fuerza exacta. Sin embargo, nada puede ser perfecto, podríamos haber vivido una vida de deseo, pero me enamoré y empecé a desear más de lo que él me quería dar. Me ganaron las ganas dormirme exhausta en sus brazos y saborear su excitación en las mañanas cobraron más de la cuenta, me volví adicta al deseo de su mirada a un nivel enfermizo, lo necesitaba los 7 días a la semana y las 24 horas del día. Y lo que tanto disfrutaba se volvió mi tormento. Al resignarme de que eso nunca pasaría, sabiendo que yo no sería lo suficiente para él intente romper todo contacto, Lo bloqueé de mis redes sociales y de todo lo que pudiera, viaje con amigas al caribe y me aleje lo más que pude de su ardiente existencia.

Un mes de llanto; rabia y deseo sin satisfacer me tenían al borde del colapso. Pase noches oliendo su perfumen y tocándome con su recuerdo, sin poder igualar a la excitación de escuchar su voz.

¿Tengo apoyo?, claro que lo tengo. Un ejército de amigas aguantando mis días de llanto y animándome en los momentos de mayor debilidad, salvándome de no correr a sus brazos. Pero un adicto no entiende de razones y cuando el deseo te gobierna durante tantos años no hay forma de evitar ignorar lo que tu cuerpo pide desesperadamente.

Asumiendo toda la culpa y la vergüenza que ya perdí hace mucho y sabiendo perfectamente que lo que esta haciendo estaba mal y lo dañada que saldría, aproveche que mis amigas no estaban cerca espere en mi puesto de trabajo con la esperanza de encontrarse con él a la salida. De forma enfermiza vigile su conexión en el chat empresaria, asegurándome de que él notara que aun estaban en el mismo edificio. No me exculpa de mi manipulación, pero si funciono es porque él esta igual de perturbado que yo. Aunque no contaba con que él notara que estaba en el chat y entre en pánico cuando me escribió.

Esos minutos alucine con encontrarlo en el ascensor al bajar y comérmelo a besos sin importar quien más estuviera en él. En un minuto de lucides reaccione y pensando que quizás aun podía salvarme guarde mis cosas y me fui. Respire cuando el ascensor se abrió y no fue él quien estaba en este. Pase rápidamente por el torniquete y Sali del edificio con un poco de clama y decepción camino a mi casa, sin embargo, al mirar atrás para cerrar la puerta lo vi bajar del ascensor contiguo. Como pude y con toda la fuerza o cobardía que pude no me lancé a sus brazos y camine lo más disimuladamente que pude al paradero, tome el camino largo avergonzada de lo infantil de mis actos y lo manipuladora que puedo llegar a ser.

Al no sentir su presencia me autoconvencí de que estaba a salvo y continue mi camino a casa, Pero a metros de la parada de autobús volví a sentir su presencia, me hubiera gustado decir que fui capaz de fingir asombro o molestia al notarlo a mi lado. Pero en verdad solo escondí mi gran sonrisa que hace mucho tiempo no tenía y la paz que me daba el sentir su olor. Entre en pánico con la idea de que notara que aquello no había sido casualidad y que actúe de forma totalmente irracional. Tomamos el autobús y se sentó a lado, arrepentida de la estupidez que había hecho intente ignóralo, pero como era de esperarse comenzó a preguntar cómo había estado este tiempo.

La mezcla de su olor, el excitante tono grabe de su voz y el roce de mi ropa interior me fueron humedeciendo la entrepierna cada vez más. Pude sentir como mis bragas se humedecían con la idea de montarlo ahí mismo frente a todo el mundo sin importar las consecuencias. Mis pezones se endurecieron como la primera vez y pedían a gritos estar entre sus dientes, que me tomara del cuello para demostrarme que solo él me puede poseer con la brusquedad que enciende todo mi interior.

Nunca sabre si él de verdad confundió mis intentos de mantenerme con la distancia suficiente para controlarme con nerviosismo o la confundida soy yo y de verdad mi cuerpo se estremecía de nerviosismo. Solo sé que aun cuando mis palabras le pedían que se fuera con los suyos, mi cuerpo le suplicaba que se quedara.

Tardamos horas en avanzar una cuadra. Entre tanto lloramos; peleamos y como suele suceder últimamente tuve un ataque de ansiedad que jamás me imaginaria que llegaría a tener. Nos despedimos más veces de las que podría admitir, pero ninguno se quería ir. A esas alturas lo único que importaba era que nuestros labios se querían comer a besos y anhelábamos poseernos el uno al otro. Casi de forma natural mis labios reclamaron los suyos o los de él reclamaron los míos, la verdad ya no importa, nuestras lenguas se unieron y nuestra respiración se elevó; nuestras piernas no respondieron y dejando todo de lado, él me acorralo contra la pared, tomo mis pechos con ambas manos y los exprimió reclamando lo suyo, yo baje mi mano para sentir su duro miembro bajo el pantalón. El mordisqueo mi cuello dejando marca de su pasión y la temperatura se elevó por las nubes. Continúo besándome, pero de un segundo para otro él volvió en si y alejando sus labios me dijo que ese era el último beso, pero tomé su cabeza lo volví a besar recalcando que no podía ser el último. Como pudimos recorrimos el poco camino que quedaba a mi casa y al estar en el ascensor no me pude contener más, bajé su pantalón y metí su gruesa y dura polla en mi boca, no me importaba que faltaran segundos para estar solos, necesitaba sentir su sabor y lo necesitaba YA, necesitaba escuchar sus divinos gemidos. No me importo realmente la posibilidad de que al abrirse el ascensor estuviera un vecino y como pudimos abrimos la puerta de mi departamento. A penas estuvimos adentro continue saboreando su miembro; succione lo más que pude; pase mi lengua por todo su grueso pene y volví a metérmelo en la boca profundizando lo máximo posible, quería y necesitaba tenerlo dentro mío y absorber todos sus fluidos, necesitaba volver a saborearlo. Pero eso no era lo que él planificaba, con una mano me tomo el cuello ejerciendo la presión exacta para encenderme aun más y de forma brutal me dejo con las manos en alto con los pechos contra la puerta principal. Con su voz grabe me dijo al oído que me penetraría con tal brutalidad que lo recordaría por días, soltando mi cuello me nalgueó con tal fuerza que mis gemidos reflejaron el placer que solo el puede darme, el único dolor que deseaba tener en ese momento era ese. Continúo nalgueándome hasta sentir el ardor bajo la ropa que me hizo chorrear de deseo. Entre gemidos y la respiración exageradamente agitada le suplique que me arrancara la ropa y me hiciera suya. El soltó mis manos, pero yo no las baje. Con la mano izquierda ejerció la fuerza justa volviendo a rodear mi cuello dejando mi mejilla pegada a la puerta, abrió mis piernas y con su otra mano desabrocho y bajo mis pantalones. Se acerco más aun dejando en evidencia su dura erección sobre mi trasero.

Me entregué por completo al ardiente camino que tomo su mano derecha al hacer pequeños pero firmes círculos en mi clítoris, los gemidos pronto se transformaron en gritos y cuando dos de sus divinos dedos entraron en mi interior el primer orgasmo quedo plasmado en la palma de su mano;Aun cuando mis piernas flaquearon y se cerraron por inercia, él no abandono mi entrepierna e intensificando el ritmo logro que mis gritos continuaran y con mi cuerpo tiritando en el éxtasis mismo, con mis ojos llenos de lágrimas de placer comencé a sentir como mi excitación chorreaba por mis muslos.

Era tal nuestra excitación que, en un segundo bajo mi ropa interior, humedeció su miembro con mis jugos y penetro mi trasero sin contemplaciones; entregado totalmente a la pasión del momento. Uno de los dolores más excitantes de mi vida. En mi necesidad constante de sentirlo en mi interior curvé mi espalda y con la palma de mis manos ejercí presión para intensificar sus estocadas aun más. Podía sentir sus gemidos cada vez que su pene entraba totalmente apretado en mi interior.

Sin saber en qué momento ocurrió me encontré sin sostén y con sus dedos pellizcándome los pezones mientras el continuaba con el ritmo infernal que me permitió sentir como chorreaba todos sus jugos en mis nalgas confundiendo sus fluidos con los míos.

Entre besos y abrazos llegamos a la cama, no nos animamos a decir una sola palabra, sabíamos que aun cuando lo habíamos disfrutado ¡como siempre! nada cambio entre él y yo.

Luego de minutos de calma y entre caricias la respiración se volvió a encender, mis pezones se volvieron a endurecer y podía sentir el fuego que causan sus caricias sobre mi cuerpo, su miembro fue recuperando esa divina dureza. Sabiendo que quizás esa seria la ultima vez que lo tenia en mi cama, me subí a horcajadas y me acomode para que al mover mis caderas nuestros sexos sintieran el calor y la necesidad que tenemos el uno por el otro. Como pude acerque su cara a mis pechos y deje que sus gemidos se fundieran en ellos. Lentamente introduje su gruesa polla en mi interior enderece mi espalda para sentirlo completamente y poco a poco intensifique el ritmo de mis caderas, sintiendo me llena, plena y como una puta Diosa cabalgando a su pura sangre. El puso sus manos en mis nalgas exigiéndome más, el sonido de nuestros jugos se confundía con nuestros gemidos y nuestra respiración exageradamente caliente. Lo monte disfrutando cada segundo, intensificando el rose y haciendo pequeños saltos que permitiera sentirlo por competo en mi interior con el deseo desenfrenado de más, él me tumbo y se bajo de la cama, me tomo los pies y me jalo a la orilla, me penetro nuevamente con un ritmo desesperado y con una exactitud divina siguió estocada tras estocada, cada cierto tiempo aflojaba el agarre de mi cuello y tomaba mis caderas para llegar a lo mas profundo de mi ser. Podía ver cómo se mordía el labio, echaba su cabeza para atrás y gemia al tenerme totalmente dispuesta. Yo gritaba de placer cuando golpeaba y mordía mis pezones, sabía que era suya, que podía poseerme de todas las formas posibles en ese momento y yo seguiría gritando de placer. Solo pude sonreír cuando sentí su excitación en mi interior con una brutal corrida.

Sabiendo que todo lo que habíamos hecho era un retroceso en mi proceso de dejarlo atrás me levanté de la cama y me di una ducha de agua caliente esperando que se llevara mi culpa.

Evidentemente el se fue luego de lograr lo único que adora y necesita de mí. Volvió con la mujer que eligió para él, Yo en cambio quede sola con el remordimiento de seguir presa del deseo, con su recuerdo vivo en mi cuerpo del mejor sexo de mi vida. Aun decidida a olvidarlo y dispuesta a renunciar al amor de mi vida para recuperar mi estabilidad mental.