Cornudo humillado
Él siempre soñó con verla con otro, pero nunca imaginó que la humillación sería tan dulce. Ahora, atado en la cabina de un camión, solo puede mirar mientras ella se entrega a un desconocido. La vergüenza se mezcla con el placer, y cada noche promete una nueva caída.
Somos un matrimonio sobre los 40. Vivimos en una ciudad del norte de España. Mi mujer es morena, tetona, algo rellenita pero buen cuerpo en general. Desde hace un par de años, yo fantaseaba con ser cornudo. Me pajeaba primero con vídeos y relatos de cornudos, posteriormente iba subiendo la fantasía y me imaginaba que era ella la que participaba en los vídeos, primero con desconocidos, luego con su jefe, clientes, mi jefe, amigos… Llegó un punto en el que no me valía con fantasear con que era follada, también yo quería ser sumiso, humillado.
Poco a poco, me di cuenta de que necesitaba verla follar con otros. No sabía muy bien como proponérselo, así que mirando consejos en internet, se lo fui proponiendo cuando estábamos en la cama. Cuando follábamos, le decía que imaginase que esa polla era la de algún cliente. Según me había dicho anteriormente ella, solía tener éxito entre la clientela. Ella trabaja en una gasolinera, centrada sobre todo en el ámbito del transporte nacional e internacional. O sea, que repostan allí muchos camiones. Y ya se sabe lo salidos y cerdos que son los camioneros…
Ella me había contado varias proposiciones que le habían hecho. Desde algunas como tomar algo, pedirle el teléfono con cualquier excusa, hasta otras más directas como decirle directamente el chófer que iba a hacer noche en el parking y que al finalizar su turno fuese a la cabina, otro ofrecerla irse de ruta por Europa, etc… No solo a ella, sino a alguna de sus compañeras también se lo ofrecían, tanto conductores españoles como rumanos, portuguese y marroquíes.
Yo ya seguía calentando cada vez que follábamos, animándola a zorrear con clientes, hasta que probar otra polla se convirtió para ella en un deseo también. Y no solo eso, sino que yo le remarcaba que quería verlo y ser humillado. Incluso su trato hacia mí cada vez iba siendo más dominante.
Lo tenía muy fácil, ya que mercado no le faltaba. A mi me daba mucho morbo verla con algún camionero cerdo, a su antojo. Me moría por verlos follar y pajearme. Habíamos decidido que habría dos reglas, follar con condón, y ella no tragaría. El resto, lo que quisiese el camionero.
Ella ya se había decidido, un camionero rumano, eslavo, de unos 30 años, de buen cuerpo, que ya le había propuesto irse con él por Europa. Por la discreción, mejor alguien de fuera, callado y que no fuera a correr la voz. A los 11 días, él volvió por la gasolinera. Según me contó ella, la conversación fue más o menos así (reproduzco solo lo importante):
- Mi marido desea verme en la cama con otro. Quiere ser cornudo, pero además quiere ser humillado.
- ¿Hablas en serio?
- Sí. Pero tenemos alguna condición. La primera, es que él esté presente.
- Sin problema. Pero nada de tocarnos entre él y yo.
- No. Él sólo mira y se pajea. ¿Hoy duermes en el parking?
- Sí, hoy me quedo aquí. ¿Dónde queréis quedar?
- Hoy, para ser la primera vez, en tu cabina. Él vendrá cuando yo acabe el turno, me recogerá e iremos a tu camión.
Me llegó un WhatsApp después de esa conversación, era mi mujer diciéndome que tenía que ir a buscarla a las 22:00, que le llevase un tanga negro, una minifalda, una camiseta negra y unos zapatos, y que hoy mi sueño se iba a hacer realidad.
A las 22 en punto estaba yo allí recogiéndola:
- ¿Seguro que quieres seguir con esto?
- Sí. Deseo ver como te follan, como te usan.
- Pues prepárate cabrón. Llévame al parking mientras me cambio.
Llegamos al camión indicado. Nos bajamos del coche, ella tocó la puerta y abrió. Le dio un pico al camionero, y me presentó como su cornudo. El tipo me dio la mano, e inmediatamente después me dijo que me quitase la ropa. Así lo hice. Después me dijo que me iba a atar las manos. Que si me pajeaba y me corría muy pronto, igual me arrepentía.
Una vez atado, se dirigió a mi mujer:
- ¿Cuáles son las otras condiciones que tenéis?
- Follar con condón, y no trago corrida.
- Bien, aparte de eso, puedo hacer contigo lo que quiera, ¿verdad?
- Sí, a excepción de cosas que tengan que ver con pis, caca, sangre, etc…
- Perfecto. Ven aquí, ponte de rodillas y empieza a comérmela, zorra. Llevo un par de años queriendo follarme esa boca que tienes.
A mi mujer aquella forma de tratarla la excitó mucho. Se arrodilló inmediatamente, sacó la polla del camionero de su chándal y empezó a mamársela como nunca antes la había visto. Él la agarraba de la cabeza y le follaba la boca. A los pocos minutos, mi mujer ya tenía la cara empapada de saliva y líquido preseminal.
Sin esperarlo, de repente él le dio una bofetada.
- Deja de mamar zorra, que me vas a hacer correrme ya. Quítate la minifalda y la camiseta ahora mismo. Déjate esos zapatos puestos.
Mi mujer se quedó con el tanga negro y los zapatos. Con las tetas al aire. Él empezó a magrearlas y lamerlas. Cuando se cansó, le dijo que se pusiera a cuatro patas. Después se dirigió a mi, y me dijo que le oliese el coño, a ver si estaba cachonda. Yo arrimé mi nariz, y aunque aún llevaba puesto el tanga, estaba mojadísima.
- Sí, mi mujer está cachonda.
- Pues pídeme que me la folle, cornudo.
- Fóllatela, por favor. Deseo verla con otro.
- Quítate el tanga, zorra. Y deja que tu cornudo te de unas lamidas en el coño mientras me pongo el condón.
Una vez se puso el preservativo, la llevó a la cama, la tiró y se puso encima a follársela. Era una cabina de camión y la cama no era muy grande, pero dos entraban bien. Después de un rato, la puso a cuatro patas. Yo les veía de lado. Él le tiraba del pelo, le pegaba azotes en el culo. A veces me miraba sonriendo. Ella en esa postura se corrió.
Después, le dijo que le iba a romper ese culazo. Le metió un dedo, luego dos, sacó su polla del coño y se la metió en el culo. La cara de mi mujer era entre dolor y excitación. Yo de vez en cuando se la metía en el culo, pero es verdad que la del camionero era parecida de ancha, pero algo más larga. Sacó la polla del culo, y dijo:
- Date la vuelta. Me has dicho que no tragarías, pero nada de que no pueda correrme en esa cara.
Mi mujer obedeció, y al poco él descargó su corrida en su cara. Yo ya me había corrido sin tocarme, de lo excitado que estaba. Pero la cosa no acabó ahí:
- Me has lamido la polla y los huevos sudados, después de viajar durante 6 horas. Ahora te vas a limpiar la cara, y después me vas a comer el culo antes de irte.
Mi mujer cogió pañuelos de papel del bolso y se limpió. Él se puso boca arriba en la cama, con los pies tocando el suelo. La mandó arrodillarse a los pies de la cama y comerle el culo. Era lo más excitante y humillante que habíamos visto mi mujer y yo. Se me puso dura de nuevo. Una vez le pareció bien a él, nos dijo que por hoy se acabó la función, que mañana madrugaba. Me desató y nos ordenó vestirnos, y nos dijo que a partir de ahora, siempre que pasase por nuestra ciudad, avisaría con tiempo, unos 2-3 días, para repetir. Que ella sería su zorra.
Así fue nuestra primera vez, y desde entonces ha repetido varias veces con él. Además de estar con otros. No he puesto los nombres porque la historia es real, y no me gusta llamarla de otra manera a ella, ni a mi.
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