El jefe de su marido ( décima parte)
Silvia sabía que estaba cruzando una línea que no debería haber tocado, pero el dolor en sus nalgas y el placer en su vientre borraron toda culpa. Ahora, en la cama de su esposo, otro hombre duerme a su lado, y él le ha ordenado volver a ver a su amante anterior. ¿Podrá resistirse a la tentación de entregarle su cuerpo y su secreto?
Se quedaron toda la tarde viendo la televisión. Silvia de vez en cuando no podía evitar apoyar la mano en el muslo de él, aquella sensación de acariciar los vellos de la pierna le agradaba mucho. Él observaba su comportamiento en silencio. Le 3xcitaba sentir aquella mano como poco a poco se introducía por el hueco del pantalón de deporte y se apoyaba en sus testículos y los agarraba con cuidado. Silvia miraba la tele pero su cabeza estaba centrada en él contacto de aquellos genitales sobre su mano abierta. El señor Gómez intentaba no gemir cuando ella movía sus dedos como dándoles un lento masaje. En otros momentos al introducir su mano era el glande el que abarcaba con la mano y cuando lo sentía hinchado y totalmente lubricado movía su mano semicerrada en círculos y él se sentía desfallecer de placer en silencio. A Silvia le fascinaba conseguir poner aquel sexo totalmente duro y sentir el poder de dar placer a aquel hombre que tanto respeto imponía a todo el mundo. Cuando sentía que estaba a punto de hacer correrse a ese señor detuvo sus caricias. El la miró extrañado y a su vez pidiéndole por favor que continuase con la mirada. Silvia se levantó y cuando pasó por delante suyo se bajó las bragas quitándoselas mostrándole sus nalgas desnudas. La vio entrar en el dormitorio.
Como se atrevía a dejarlo así cuando estaba a punto de correrse? Esta mujer que se ha creído? Se cree que por estar en su casa puede hacer lo que le dé la gana? pensaba furioso. Se levantó del sofá muy cabreado y se dirigió a la habitación para pedirle explicaciones. Al asomarse dentro la vio en la cama tumbada con las piernas muy abiertas, se sentó en la cama y ella al sentir su presencia comenzó a temblar.
-No se si podré resistirlo.
- Estoy muy cabreado por como me has dejado, lo sabes, verdad?
- Lo se, pero no me atrevía a pedírselo
- Esas no son las maneras - la mano de él acarició su nalga – creo que no puedo ser benévolo contigo, sino no aprenderás nunca a decirme lo que deseas.
- Haga lo que considere necesario – se sintió humillada de sentir que se ponía totalmente en sus manos para aprender a comportarse.
Silvia se estremeció de dolor cuando aquella mano abierta impactó con fuerza en su nalga, sin darle tiempo a prepararse recibió otra fuerte palmada en su otra nalga.
- Tienes un hermoso culo y es una pena tener que hacerte esto - aquellas palmadas eran fuertes, violentas – pero es que no aprendes.
Silvia mordía la almohada, no quería gritar y demostrarle a ese viejo que la estaba haciendo mucho daño, sentía sus nalgas arder. Había perdido la cuenta de las veces que aquella mano había golpeado sus glúteos. Se sentía en manos de aquel hombre y se dio cuenta que podía hacer con ella lo que le diera la gana. El dolor inexplicablemente se volvió en placer. Mordía la almohada para no gemir, su cuerpo temblaba. Un fuerte azote la hizo eyacular abundantemente y se avergonzó. Odió a su sexo que eyaculando hacía visible su placer a los ojos de ese hombre.
- Y encimas eyaculas como una cerda - se puso cachondo al ver como esa mujer casada se corría con sus azotes desmesuradamente fuertes.
- Odio a mi coño por hacer eso.
- Lo odias? – las manos de ese hombre sujetaron las caderas de ella y levantaron su culo de la cama.
- Si, lo odio.
- Yo también lo odio – la mano abierta impacto contra su coño y Silvia gimió y gritó en alto.
- Si lo odia péguele.
- Si lo odio - las palmadas en su coño, si no tan fuertes como en las nalgas, eran también algo violentas
Al tercer impacto en su coño, Silvia comenzó a eyacular sobre la mano del señor Gómez, pero él no detenía sus palmadas en él y aquel coño sobreestimulado no dejaba de eyacular. Los golpes fueron haciéndose mas suaves y mas espaciados en el tiempo. Todo el cuerpo de aquella mujer temblaba desmesuradamente. Tenía las nalgas muy rojas y el coño muy colorado. Él la ayudó a tumbarse de nuevo y le acarició las nalgas con cariño.
- Gracias!! - ella al girar su cara hacia él vio su polla totalmente dura y acercó su boca.
- Estás desfallecida Silvia, puedo esperar.
- Hágalo usted por favor - abrió su boca todo lo que pudo para ofrecérsela.
Aquel glande gordo fue entrando con dificultad en su boca y fue él quien empezó a moverse. Estaba totalmente cachondo y Silvia sintió como le estaba follando su cavidad bucal. Era la primera vez que ese hombre usaba su boca de esa manera. Le venían arcadas cada vez que aquel glande apretaba su garganta, se sentía ahogar por momentos pero él magistralmente sabía cuando aflojar. Se puso cachonda, gimió cuando ese hombre comenzó a moverse muy rápido y profundo como si estuviese follando su coño. Sorprendida, volvió a eyacular con aquella sensación y él no pudo aguantar al ver que esa mujer eyaculaba mientras le follaba la boca y eyaculó en su garganta para placer de los dos.
- Tienes una crema antiinflamatoria?
- Hay una en el baño, en el mueble debajo del lavabo.
- Creo que sido un poco bruto - regresó del baño con la crema en la mano y comenzó a extendérsela por las nalgas, ella sintió muchísimo alivio en ellas.
- No importa - Silvia se sentía extraña por lo que sentía, le había gustado entregarse así a ese señor – Quédate un rato así para que tu piel absorba.
- Está muy fría - sintió que la mano de él estaba echando crema con cuidado por los lados de su vagina. Lo hacía con mucha delicadeza. - en serio odia a mi coño?
- Lo adoro pero lo deseo tanto que a veces lo odio. Y tu lo odias?
- A veces si porque.. – aquellas suaves caricias estaban haciéndola sentir placer y gimió – porque… - su coño estaba eyaculando de nuevo y se estremeció - ve!! Por eso lo odio – se tapó la cara con las manos.
- Es maravilloso verte eyacular constantemente cariño. Tienes un coño agradecido
- Pero me da muchísima vergüenza. - Silvia por un instante pensó en su marido – Y también lo odio porque con mi esposo mi coño no eyacula.
- Pero eso no es culpa de tu coño, deberías culpar a tu marido de no saber hacerte eyacular.
- Ya lo culpo.
- Enséñalo a hacerte disfrutar. Se que lo amas – recordó la foto que estaba boca abajo en la mesilla.
- No se como hacerlo. Claro que lo amo pero me siento una mala esposa porque mi cuerpo me exige placer.
- Solo has eyaculado conmigo?
- No… - Silvia se quedó callada, había metido la pata al responder sin pensar y sus mejillas la delataban. - Bueno, es que no se explicarlo.
- Has sido infiel a tu marido con otras personas además de mi? - la mirada de él y su caricia en el pelo con ternura la hicieron derrumbarse y comenzó a llorar. - Confía en mi cariño.
- Yo jamás le había sido infiel a mi marido hasta que pasó lo que pasó con usted. Yo me sentía feliz sexualmente con Mateo. La primera vez que usted me tocó y eyaculé me quedé sorprendida porque nunca me había pasado eso y fue como si necesitara sentir eso mas veces. Además yo nunca pensé que tratándome mal un hombre podría excitarme y con usted me pasaba, bueno aún me pasa - un dedo señalando sus nalgas le aclaró a que se refería.
- Y después de empezar lo nuestro estuviste con alguien?
- Es que me cuesta contarlo.
- Te escucho cariño.
- Es como si a partir de ese momento mi cuerpo hubiera cambiado. Yo no puedo dominarlo y como le decía antes mi vagina me exige placer hasta eyacular y yo cuando me masturbo no soy capaz de hacerlo.
- No eyaculas cuando te masturbas?
- No. Por eso odio masturbarme.
- Continua Silvia
- Recuerda el día que me dio dinero para comprarme bragas nuevas? – un gesto afirmativo con su cabeza la hizo entender que se acordaba perfectamente – Pues ese día fui a una boutique y allí conocí a una mujer, era la dueña – la cara de él era de curiosidad y de sorpresa y ella se dio cuenta - A mi no me gustan las mujeres eh!! Pero aquella mujer fue muy buena y atenta conmigo y sin darme ni cuenta en su casa me terminó masturbando… y eyaculé con sus caricias. – Silvia prefería omitir que hubo una segunda vez con aquella mujer y que habían follado juntas.
- Y hubo alguien mas?
- Si… - respiro hondo porque aquello le costaba mucho confesarlo - es un señor mas mayor que usted, ochenta años o así, no recuerdo si me lo dijo. Ese señor se sentó a mi lado en un parque y estuvimos hablando. Le juro que cuando accedí a ir a su casa no pensaba que fuera a pasar nada. En su casa él era agradable conmigo y me acordé de usted y es como si sintiera curiosidad por saber si las caricias de todos los señores mayores eran como las que usted me hacía.
- Y te acarició? Sus caricias eran como las mías?
- No, él me acarició mucho mas despacio y suave.
- Y te hizo eyacular?
- Si.
- Con ese señor follaste?
- Si – sentía las mejillas acaloradas.
- Y te gustó su polla?
- No se explicarlo, la suya me gusta mas señor Gómez. – el recuerdo de Joaquín la hizo excitar, lo había olvidado durante días pero ahora se sentía excitada - tóqueme por favor.
- Estás excitada de contarme esto? – sintió la mano abierta sobre su coño y Silvia gimió. – O te ha puesto cachonda recordar a ese señor?
- No lo se. No se porque me he puesto así. Hacía días que no me acordaba de ese hombre.
- Y ahora al recordarlo te has puesto cachonda – sus dedos jugaban con su clítoris – tienes el clítoris durísimo.
- Si, al recordar lo que me hacía me puse así – abrió sus piernas totalmente para que la siguiera dando placer.
- Que te hacía?
- No por favor - no se veía capaz de confesarle lo que Joaquín le había hecho.
- Está bien, entonces no te seguiré tocando.
- Es que hizo algo que nunca me había hecho nadie - necesitaba que siguiera tocándola y correrse – Por favor tóqueme.
- Si quieres que te haga correrte debes decirlo – su dedo rozó su clítoris y luego detuvo la caricia. – Quieres correrte?
- Si por favor!!
- Que te hizo ese hombre?
- Ese hombre me dio besos en las nalgas – de nuevo sintió aquellos dedos, estaba apunto de correrse
- Sigue Silvia.
- Ese hombre me besó el ano. Me chupó el culo totalmente – hablaba con dificultad pues el placer era indescriptible.
- Y te gustó que te hiciera eso?
- Si, si, me gustó muchísimo – se estaba corriendo de nuevo con los dedos hábiles de él – Me hizo eyacular mientras me chupaba el ano. - había confesado la cosa que mas vergüenza le daba pero necesitaba sentir ese orgasmo. - Me había prometido a mi misma no contar esto jamás. Nadie entendería que quiera volver a casa de Joaquín para sentir eso de nuevo.
- Tranquila cielo. Ya está, ya lo has dicho - él la acariciaba el pelo, la espalda con cariño.
- Me perdona?
- Que te tengo que perdonar?
- Todo lo que le conté, lo que esas dos personas me hicieron sentir. Lo que le dije de volver a casa de ese señor.
- Deseas volver?
- No se si volveré, pero cuando lo recuerdo siento la tentación de ir.
- Tienes el teléfono de ese señor?
- El teléfono? No, no lo tengo, por qué? Pero sé donde vive.
- Mañana vas a ir a su casa.
- Mañana? Usted está loco? – Silvia se incorporó y se sentó en la cama – Por qué dice eso?
- Quiero que vayas y vuelvas a vivir eso con ese caballero. Mientras te masturbaba ahora, he sentido que deseas que te lo vuelva a hacer y creo que te mereces que sea generoso contigo.
- Gracias señor Gómez – ella lo abrazó apoyando la cara en su pecho. Al estar sentada sintió escozor en sus nalgas. - Me acabo de dar cuenta que no podré ir, seguro que tengo las nalgas totalmente marcadas.
- Irás igual Silvia. Vale?
- Vale, como usted quiera.
Por la noche cenaron y Silvia se sintió extraña al meterse en cama y no ser su marido quien estaba a su lado. Se sintió culpable de que otro hombre estuviera ocupando su lugar. Ella abrazó a ese intruso de su cama matrimonial y apoyó su cara en él. Acarició su barba, su pecho.
- Me siento rara que esté usted aquí en el lugar de Mateo, ese es su lado de la cama.
- Quieres que me vaya al salón?
- No - llevó su mano hacia el pene él y se lo acarició, enseguida se puso cachonda al sentir aquel pene hincharse entre sus dedos – quédese por favor.
Silvia se metió bajo la sábana y chupó un rato aquella polla que tanto le gustaba. Se puso sobre él y lo cabalgó con deseo. Sus gemidos llenaron la casa, le encantaba follarse a ese hombre, a ese odioso viejo al que le estaba cogiendo cariño. Eyaculó tres veces antes de sentir como ese hombre eyaculaba dentro de ella. Se durmieron abrazados con sus cuerpos temblando.
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