Xtories

Bajo el Sol de la Traición - Capítulo 5

La noche en Cancún prometía ser solo un baile, pero las miradas de Alice y Sophie encienden una llama prohibida. Con cada sorbo de tequila y cada roce en la pista, Samuel se adentra en un juego de mentiras y deseos donde la línea entre la fidelidad y la traición se desvanece.

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CAPÍTULO 5

El ambiente en la discoteca del hotel era electrizante. Las luces estroboscópicas bañaban la pista de baile en destellos multicolores mientras Esperanza y yo nos movíamos al ritmo de la música. El DJ mezclaba hábilmente ritmos latinos con éxitos internacionales, creando una atmósfera perfecta para una noche en Cancún. El bajo retumbaba en mi pecho, y el aire acondicionado apenas podía combatir el calor generado por cientos de cuerpos en movimiento.

—Me encanta cómo bailas, mi amor —susurró Esperanza en mi oído.

Podía sentir sus labios rozando mi piel de una manera que me erizó el vello de la nuca. Sus caderas se movían contra las mías con la familiaridad que solo años de matrimonio pueden dar.

—Esta noche eres solo mío —su voz tenía ese tono posesivo que siempre me había excitado, y sus manos recorrían mi espalda con determinación.

Mi mente vagaba entre el placer del momento y los recuerdos de esa tarde en los cenotes, donde había conocido a Alice y Sophie. La imagen de sus cuerpos en traje de baño, el agua cristalina goteando por su piel, había quedado grabada en mi memoria más de lo que me atrevía a admitir. También estaba Marisol que con sus manos en mi piel había ocasionado que la lujuria surgiera de una forma rápida, como un volcán en erupción.

Como si mis pensamientos las hubieran convocado, las vi entre la multitud. Alice y Sophie parecían estar en una situación incómoda. Alice, con su cabello rubio que brillaba bajo las luces de neón y sus ojos azules llenos de preocupación, buscaba frenéticamente una salida. El vestido negro que llevaba se ajustaba a sus curvas de una manera que hacía difícil apartar la mirada. A su lado, Sophie, cuyas pecas apenas eran visibles en la penumbra de la discoteca pero que le daban un aire de inocencia cautivadora, se aferraba al brazo de su amiga. Su cabello pelirrojo parecía danzar con vida propia bajo las luces cambiantes.

—¡Déjennos en paz! —escuché decir a Sophie en un español entrecortado, su acento haciendo que cada palabra sonara extrañamente seductora—. ¡No queremos bailar!

—Vamos, hermosas, solo un baile —insistía uno de los hombres que las acosaban, con su mano intentando alcanzar la cintura de Alice.

Mi corazón se aceleró, dividido entre el instinto de protección y algo más primitivo que no quería reconocer. Sin pensarlo dos veces, mantuve mi mirada fija en ellas. Cuando nuestros ojos se encontraron, una mezcla de alivio y algo más oscuro, más tentador, iluminó sus rostros.

—¡Samuel, help us, please! —exclamó Alice en inglés, su voz mezclándose con la música en una súplica que resonó en mi interior.

El aroma de su perfume, una mezcla de vainilla y algo exótico que no pude identificar, me envolvió cuando se acercó. Sus ojos azules brillaban con una mezcla de miedo y algo más profundo.

—Those guys won't leave us alone.

Sophie se colocó a mi otro lado, y pude sentir el calor de su cuerpo a través de mi camisa.

—We feel so much safer with you —murmuró, con su mano rozando suavemente mi brazo en una caricia que pareció durar una eternidad.

Su perfume, más floral y ligero que el de Alice, creaba una combinación embriagadora.

Sentí cómo Esperanza se tensaba a mi lado, su agarre en mi cintura se volvió más firme, casi doloroso. Conocía esa tensión; era la misma que aparecía cada vez que otra mujer se acercaba demasiado a mí. Sus uñas se clavaron ligeramente en mi piel a través de la tela de mi camisa.

Los hombres que las seguían se detuvieron al vernos, evaluando la situación. Uno de ellos dio un paso adelante, pero mi mirada firme y mi postura protectora los hizo reconsiderar. Después de un momento de tensión, desaparecieron entre la multitud, tragados por el mar de cuerpos danzantes.

—Our hero —suspiró Alice, acercándose peligrosamente. Su aliento cálido acarició mi mejilla mientras hablaba—. We need to thank you properly.

Mi pulso se aceleró cuando primero Alice y luego Sophie se acercaron para darme un beso de agradecimiento. Los labios de Alice, suaves y húmedos, rozaron la comisura de los míos, demorándose un segundo más de lo necesario. El beso de Sophie fue igual de provocador, y sentí cómo su mano se apoyaba en mi pecho mientras se inclinaba hacia mí.

—¿Qué se creen estas? —murmuró Esperanza.

Su voz parecía que estaba temblando de ira contenida. Sus ojos, usualmente cálidos y amorosos, ardían con una mezcla de celos y dolor como si le retorciese el estómago.

—¿Por qué tienen que agradecerte así? ¿No pueden simplemente decir gracias como la gente normal?

—Mi amor —le dije suavemente, atrayéndola hacia mí en un intento de calmar su ira.

El perfume familiar de Esperanza se mezcló con los aromas exóticos de Alice y Sophie, creando una combinación que me mareó.

—No es lo que piensas. Ya te lo dije antes, ellas... son pareja. Son lesbianas.

La mentira salió fácilmente de mis labios, aunque cada palabra parecía dejar un sabor amargo en mi boca.

—¿Estás seguro? —preguntó, con sus ojos estudiando la forma en que Alice me miraba.

Conocía esa mirada en mi esposa; era la misma que había visto en numerosas ocasiones cuando sentía que algo amenazaba nuestra relación.

—Porque la rubia te está comiendo con los ojos, Samuel.

—Let us buy you both a drink! —propuso Sophie, señalando hacia el bar con un movimiento fluido que hizo que su vestido se ajustara a sus curvas—. "It's the least we can do for our knight in shining armor!"

—Shots of your best tequila! —gritó Alice al bartender, inclinándose sobre la barra de una manera que resaltaba su figura. Su vestido se elevó ligeramente, revelando más de sus piernas—. We're celebrating our hero tonight!

La música cambió a un ritmo más sensual, las notas de una bachata llenaron el ambiente. Sophie me tomó de la mano, sus dedos entrelazándose con los míos de una manera que pareció demasiado íntima.

—Dance with me, Samuel? You're the only one here who understands us —su voz tenía un tono suplicante que hizo difícil resistirse.

—Solo un baile —le dije a Esperanza al ver su expresión.

Mi corazón latía con fuerza, dividido entre el deseo de mantener la paz y una emoción más oscura que comenzaba a despertar.

—No quiero ser descortés con ellas después de lo que pasó.

—Claro —respondió ella, con su voz gélida como un témpano.

Sus ojos se estrecharon mientras observaba nuestras manos unidas.

—Como son “lesbianas” no hay problema, ¿verdad? Aunque nunca había visto a una lesbiana mirar así a un hombre.

Mi mente era un torbellino de culpa y deseo mientras me movía en la pista con Sophie. Su cuerpo se ajustaba al mío con cada movimiento de la bachata, sus caderas siguiendo el ritmo con una precisión hipnótica. Podía sentir los ojos de Esperanza clavados en nosotros, quemando mi nuca con su intensidad.

Alice se unió al baile, creando un pequeño círculo donde yo era el centro de atención. El aroma de sus perfumes se mezclaba con el calor de la pista, y sus cuerpos se acercaban cada vez más al mío con cada movimiento. Mi piel ardía donde me tocaban, y mi respiración se volvía más pesada con cada roce.

—Your wife doesn't speak English, right? —susurró Alice en mi oído, su aliento cálido contra mi piel enviando escalofríos por mi columna. Sus labios rozaron mi oreja mientras hablaba—. That makes things... interesting. We could say anything we want...

Sophie se movió detrás de mí, con sus manos deslizándose por mis brazos.

—You're such a good dancer, Samuel. Your wife is very lucky.

Sabía que estaban equivocadas, tal vez porque en su país no bailasen esos ritmos latinos, y yo me consideraba un hombre de pasos básicos. Ellas seguramente habían empezado la noche bastante temprano, estaban claramente con el alcohol en la cabeza. Y yo me encontré atrapado en un torbellino de sensaciones contradictorias: el deseo ardiente que despertaban estas dos mujeres, la culpa que me corroía al ver el dolor en los ojos de Esperanza, y el miedo a las consecuencias de este peligroso juego que estaba jugando. El tequila llegó, y con él, la promesa de una noche que caminaría peligrosamente en la línea entre la fidelidad y la tentación.

El miembro que tenía en la entrepierna ya había reaccionado, era una fantasía lo que estaba sintiendo en ese momento, tal vez viendo los ojos curiosos de los hombres que presenciaban esa escena podía juzgar que se morían de envidia por dentro. Y eso me reconfortaba.

Mi esposa nos observaba desde la barra, sus ojos eran una tormenta de emociones. Sostenía su copa con tanta fuerza que temí que se rompiera, y cada vez que Alice o Sophie se acercaban demasiado, podía ver cómo contenía el impulso de intervenir. La conocía lo suficientemente bien para saber que esto tendría consecuencias más tarde, cuando estuviéramos solos.

—Another round! —exclamó Alice, levantando su copa vacía.

Su mirada se encontró con la mía, prometiendo secretos y posibilidades que no debería estar considerando.

—The night is still young, isn't it, Samuel?

Sophie se inclinó hacia mí, susurrando en mi oído:

—Unless your wife wants you all to herself...

Su tono sugería que esperaba que ese no fuera el caso.

Me encontré en el epicentro de un huracán emocional, donde cada decisión, cada movimiento, cada palabra podría cambiar el curso de mi matrimonio. El alcohol comenzaba a nublar mi juicio, y la línea entre lo correcto y lo tentador se volvía cada vez más borrosa con cada minuto que pasaba.

La culpa comenzó a pesar en mi consciencia mientras observaba a Alice y Sophie moverse provocativamente a mi alrededor. El rostro dolido de Esperanza desde la barra era como un puñal en mi corazón. De repente, una idea atravesó mi mente nublada por el tequila: no tenía por qué excluir a mi esposa de este momento.

—Wait here —les dije a las chicas, y me dirigí hacia donde estaba Esperanza. Sus ojos me recibieron con una mezcla de dolor y reproche.

—Mi amor —le dije, extendiendo mi mano hacia ella—. Ven a bailar con nosotros.

—¿Qué? No, Samuel. No quiero estar cerca de esas...

—Por favor —insistí, interrumpiéndola antes de que dijera algo que pudiera lamentar—. La noche es nuestra, de los dos. No quiero bailar si no es contigo también.

Ella negó con la cabeza, pero yo ya la estaba jalando suavemente de la mano.

—Samuel, no...

—Trust me —le susurré, usando el mismo inglés que tanto la había molestado antes, pero esta vez dirigido a ella, haciéndola partícipe del juego.

Alice y Sophie nos recibieron con sonrisas brillantes.

—¡Esperanza! —exclamaron al unísono, con su español entrecortado sonando adorablemente torpe.

—Shots first! —declaró Sophie, señalando al bartender —¡Tequila para todos!

Esperanza se mantuvo rígida mientras Alice le ofrecía un shot. Vi la duda en sus ojos, la resistencia en su postura. Pero entonces Sophie comenzó a contar en su español mezclado con inglés:

—One, dos, ¡tres!

Para mi sorpresa, Esperanza tomó el shot de un solo movimiento, igualando el ritmo de las otras chicas. Sus ojos se cerraron por un momento mientras el tequila bajaba por su garganta.

—¡Otra! —gritó Alice, y antes de que pudiera darme cuenta, una segunda ronda apareció frente a nosotros.

El alcohol comenzó a hacer su efecto. Las mejillas de Esperanza adquirieron un tono rosado, y una pequeña sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios. La música cambió a una salsa conocida, y Sophie tomó las manos de mi esposa.

—¡Enséñame! —le pidió Sophie, intentando imitar los movimientos de cadera de Esperanza.

Para mi asombro, Esperanza rio. Era una risa genuina, la primera de la noche.

—Así no —dijo, y comenzó a mover sus caderas al ritmo de la música—. Mira, así.

Alice se unió al improvisado curso de baile, y de pronto me encontré observando a las tres mujeres moverse juntas, riendo y compartiendo un momento que minutos antes habría parecido imposible.

—¡Samuel! —me llamó Esperanza, con sus ojos brillando en una nueva luz—. ¿Qué haces ahí parado? ¡Ven!

El cuarto shot de tequila había transformado completamente a mi esposa. Sus movimientos, siempre sensuales cuando bailaba, ahora tenían un toque de abandono que nunca le había visto en público. Sophie y Alice la miraban con admiración mientras ella las guiaba en los pasos básicos de salsa.

—Your wife is amazing! —exclamó Sophie, y por primera vez en la noche, Esperanza no se tensó al escuchar el inglés.

—¡Más tequila! —gritó Esperanza, sorprendiéndonos a todos.

Su acento al pronunciar "tequila" hizo reír a las chicas.

La noche se transformó en un torbellino de risas, baile y más tequila. Esperanza, quien había comenzado la noche como un témpano de hielo, ahora era el centro de atención. Sus movimientos hipnóticos capturaban todas las miradas, y su risa contagiosa llenaba los momentos entre canciones.

—I wish I could move like her —suspiró Alice, intentando copiar un movimiento particularmente complejo que Esperanza había ejecutado.

—Es el ritmo latino —respondí, orgulloso de ver a mi esposa brillar—. Lo llevamos en la sangre.

—¡En la sangre! —repitió Esperanza, levantando su copa.

Sus palabras sonaban extrañas, su voz empezaba a ponerse más pasmosa por el licor, pero su entusiasmo las hacía perfectas.

La tensión inicial de la noche se había transformado en algo completamente diferente. Ya no era un juego de celos y tentaciones, sino una celebración de conexiones inesperadas. Observé cómo mi esposa, entre risas y palabras mezcladas, había encontrado una manera de hacer suyo el momento que antes la amenazaba.

Las luces de la discoteca seguían girando sobre nosotros, pero ahora iluminaban una escena muy diferente: cuatro personas que habían encontrado una manera de derretir el hielo de los celos con el calor del baile y la alegría compartida. Y en el centro de todo, Esperanza brillaba con una luz propia, recordándome por qué me había enamorado de ella en primer lugar.

El mundo giraba a mi alrededor. Las luces de la discoteca se habían convertido en manchas borrosas, y la música parecía llegar desde muy lejos. El tequila había hecho su trabajo; mis piernas se sentían pesadas y mis párpados luchaban por mantenerse abiertos.

—Creo que es hora de irnos —dije arrastrando la boca, mi voz surgía a través de la neblina del alcohol.

—No, no... ¡la noche es joven! —exclamó Sophie, o tal vez fue Alice.

Las voces se mezclaban en mi cabeza.

—Oh, poor Samuel —la voz de Alice sonaba divertida—. He really can't handle his tequila, can he?

Intenté mantenerme derecho, pero el suelo parecía moverse bajo mis pies. Sentí las manos de Esperanza sosteniéndome por la cintura, su agarre firme y familiar.

—Time to say goodbye —dijo Sophie, acercándose.

Lo que sucedió después fue como una secuencia de imágenes borrosas. Sentí el cuerpo de Sophie presionarse contra el mío, su perfume invadiendo mis sentidos. Sus labios encontraron los míos en un beso que duró más de lo apropiado, su lengua rozando suavemente mi labio inferior. Antes de poder reaccionar, fue el turno de Alice. Su beso fue más intenso, más demandante, su cuerpo presionándose contra el mío de una manera que, incluso en mi estado de embriaguez, sabía que era peligrosa.

—Gracias por esta noche increíble —susurró una de ellas en mi oído, sentí su aliento cálido contra mi piel.

Mi mente nublada registró vagamente que debería preocuparme por la reacción de Esperanza, pero en ese momento apenas podía mantener los ojos abiertos. ¿Había visto los besos? No estaba seguro. Todo era confuso y borroso.

—Vamos, mi amor —la voz de Esperanza sonaba distante—. Necesitas dormir.

El camino hacia el elevador fue una aventura. Mis pies parecían tener vida propia, y las paredes del pasillo se movían como olas. Esperanza me guiaba con paciencia, sosteniendo gran parte de mi peso.

—Solo unos pasos más —me animaba ella mientras buscaba la tarjeta de la habitación.

La morada daba vueltas cuando finalmente entramos. Las luces de la ciudad de Cancún brillaban a través de las ventanas, creando patrones hipnóticos que solo empeoraban mi mareo.

—La cama... necesito la cama —murmuré, o al menos intenté hacerlo.

Caí sobre el colchón como un peso muerto, sin siquiera intentar quitarme los zapatos. El techo giraba sobre mí como un carrusel enloquecido. Sentí las manos de Esperanza quitándome los zapatos, seguía sintiendo su toque gentil a pesar de todo.

—Espera, al menos quítate la camisa —escuché que decía, pero su voz sonaba cada vez más lejana.

Los últimos pensamientos antes de que el sueño me venciera fueron una mezcla confusa de culpa y preocupación. ¿Había visto Esperanza los besos? ¿Qué consecuencias tendría todo esto mañana? Pero el alcohol y el cansancio fueron más fuertes, y la oscuridad me envolvió antes de poder encontrar respuestas.

Lo último que registré fue el sonido de Esperanza en el baño y el roce de las sábanas cuando se acostó a mi lado, pero incluso eso podría haber sido parte de un sueño que ya comenzaba a formarse en mi mente exhausta.

Continuará...

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