Xtories

Un final inesperado

Descubrir que tu sumisión era solo un juego para él y sus amigos no es el final de la historia, sino el comienzo de tu liberación. Cuando la verdad sale a la luz, la única forma de sobrevivir es huir.

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⭐ Si eres nuevo lector, te sugiero que empieces desde el primero de mis relatos hasta llegar a este, así podrás seguir en orden el hilo de mis experiencias.

🛑 Fin de la Serie. Con este episodio concluye mi serie de relatos sobre mis aventuras sexuales a lo largo de estos años. Aunque he compartido una parte significativa de esas experiencias, aún quedan muchos detalles, momentos y dosis de morbo que no han sido contados. Dado que la serie podría extenderse indefinidamente, he decidido darle un cierre, pues el tiempo y las ocupaciones podrían impedirme continuarla como me gustaría. Sin embargo, cuando tenga la oportunidad, seguiré compartiendo relatos aleatorios sobre mis vivencias durante todos estos años.

Hasta dónde había llegado y en qué me había convertido. Me sentía una completa desviada (sexualmente hablando), el cosquilleo en mi coño cada vez que en mi mente se desataba una pelea entre pensamientos reflexivos y pecaminosos, siendo estos últimos que con el pasar del tiempo terminarían imponiéndose cada vez con más fuerza sobre los primeros hasta casi aniquilarlos.

Me sentía a gusto sabiéndome una desviada, pertenecer a un selecto grupo de mujeres que actúa de un modo que en otros tiempos habría significado la hoguera, la inquisición, la crucifixión. Amaba el sexo rudo, la humillación, los dichos y actos obscenos. El esperma de una vela quemando la punta de mis pezones, mi clítoris, la entrada de mi ano. Leo follándome analmente sin piedad alguna conduciéndome muchas veces a orgasmos imposibles de explicar. Bofetadas y nalgadas que enrojecían mis mejillas y nalgas, asfixias, manotazos, jalones de cabello. Orales agresivos, torturas, latigazos, correazos, cosquillas.

¡Oh! las cosquillas. En una ocasión me tenía atada a un colchón, me torturaba el clítoris con un vibrador, me quemaba con el esperma de una vela en diferentes partes del cuerpo y de repente comenzó a hacerme cosquillas, soy demasiado sensible en ello. Al principio lo tomé como un simple juego pero Leo no se detuvo, le rogué que se detuviera, me llevó al límite, me privé, pensé que moriría, las lágrimas se derramaron. Cuando al fin se detuvo yo lloraba de la desesperación, me molesté y le dije que me desatara pero en lugar de eso solo me desató de los tobillos, subió mis pies a sus hombros y me folló alocadamente, excitadísimo de verme molesta, con las mejillas bañadas en lágrimas.

Pero lo que más hacía llorar a mi sensible coño, conduciéndome al deseo y al placer sexual era todo lo relacionado con sentirme sumisa, una sumisa especial: morbosa, masoquista, obediente, puta. Mi placer sexual radicaba en ese patrón, influenciado -por supuesto- por la cantidad de veces que espié a Leo y a mi hermana follar como pervertidos, por desearlo siendo mi cuñado, por dejarme seducir y ser parte de su infidelidad hacia mi hermana. Por todo lo que vendría después; los tríos con ellos, las locuras a las que me indujeron, mi espíritu de sumisión saliendo a flote y ellos aprovechándose al máximo, los actos lésbicos cometidos, el trato de esclava al que fui expuesta decenas de veces, el trato de puta, de pervertida.

Lo sucedido con el viejo Alfonso, ¿cómo dejé que sucediera? ¿por qué permití que más adelante Leo se saliera con la suya y me entregara a ese feo anciano que se dio el gusto de observar el trato de puta que me daba Leo, el gusto de manosearme, de follarme?

Cuando experimenté mi primera doble penetración con Leo y Carlos supe que no habría algo más placentero para mi que ello. Sería mi perdición, mi talón de Aquiles y Leo lo sabía sin dudas desde que mi hermana y él me hicieron la primera DP.

Entonces Leo comenzó a compartirme con sus dos amigos y se olvidó de Don Alfonso, muy viejo para esos trotes. Los tríos con Carlos y Leo me conducían a sensaciones tan placenteras como desesperantes, terminaba destruida pero satisfecha de tan buen sexo.

Lo mismo sucedió en los tríos con Leo y Diego pero estos encuentros se limitaron a tres.

Noté que Leo estaba más encompinchado con Carlos que con Diego, quien solo significó un plan B para cuando Carlos no podía.

Aparte de estos tríos, la mayoría de ellos con Carlos, Leo aprovechaba cualquier oportunidad morbosa para hacerme sentir su perra. Así como el relato anterior (en la estación de gasolina), viví otras situaciones en diferentes lugares y contextos que si el tiempo me permite les contaré en otros relatos.

Los tríos con Diego se limitan a tres encuentros, suficientes para que creciera en él una obsesión insana hacia mi. Antes de que Leo lo invitara por segunda ocasión, había logrado conseguir mi número y me llenaba de halagos sabiendo que era inadecuado. Yo evité contarle esas cosas a Leo, borraba los mensajes y le advertía a Diego que dejara de escribirme de esos modos.

Luego, cuando Leo lo invitaba y me cogían ambos se desarrollaba en mi mente un extraño deseo hacía él. En los momentos que Leo se sentaba a mirar como Diego me follaba sentía que le estaba siendo infiel a Leo, recordaba los mensajes, me sentía tan puta en ese momento, todo lo que pasaba por mi mente, le estaba escondiendo esos detalles a Leo y eso no hacía sino producir en mi un morbo extra.

Antes del tercer encuentro Diego continuó con su obsesión, me decía de todo con atrevimiento, que amaba cogerme, que no podía dejar de pensar en mi, en tenerme de nuevo, en hacerme suya y que lamentaba que Leo no le permitiera correrse en mi cara o boca, pues, era "lo que más" deseaba hacerme.

Leo se centró en Carlos, los tríos con Diego cesaron y por extraño que parezca lo extrañé. Él continuó escribiéndome aunque en menor medida ya que yo no le prestaba mucha atención.

Con Carlos fue diferente. Leo y él hicieron conmigo en tríos lo que se les vino en gana. Leo le dejaba follarme a su gusto, me trataba como puta, a él sí le permitía correrse en mí donde le diera la gana. Entendí que eran super amigos, que Carlos para él era como un hermano con quien compartir su perra.

Al viejo Alfonso volví a dirigirle la palabra tiempo después. El pervertido de Leo me había prohibido terminantemente mirarlo, toparme con él, conversar. Luego desistió y no me fastidiaba con eso, probablemente se le olvidó o se cansó. Así que Don Alfonso volvió a tomar vida y esperanzas de alguna vez volver a disfrutar de mi, yo solo le sonreía las veces que me lo topaba, a veces teníamos pequeñas charlas en el ascensor pero sin llegar a nada, solo el morbo de recordar brevemente algún momento vivido. No se conformaría, seguiría insistiendo.

Todo iba perfecto, mi vida libertina me daba felicidad aunque obviamente en el absoluto anonimato, cuidando de que mis amistades se enteraran de la vida que llevaba. Era como una doble vida, una doble vida que sumaba morbo. Los tríos con Carlos continuaron, además de incrementarse. Perdí la cuenta, me hicieron su puta una y otra y otra vez, semana tras semana, mes tras mes.

Pero esa vida loca y divertida que llevaba llegó a su final una tarde en que Leo entró a ducharse luego de dejarme destruida en la cama después de un intenso anal. Su teléfono móvil vibró y me entró la curiosidad de revisar, cosa que rara vez yo hacía.

No voy a entrar en detalles, pues, el relato se extendería como no tenéis idea. Esa tarde descubrí que Leo junto a Carlos andaban en cosas raras. Duré varios días investigando gracias a que accedía al teléfono de Leo sin que él lo notara.

Lloré, lloré demasiado. Leo y Carlos se estaban follando a otras mujeres, los contactos los hacían por twitter. Descubrí un montón de cosas locas, contactos, amistades, parejas. No sé si me entenderéis el cómo me sentí, pues, ustedes los hombres son muy perros, ocultáis cosas, no sois sinceros, preferís que os descubran antes que asumir y reconocer cuando actuáis mal.

Leo notó el distanciamiento que supe disimular bien con pretextos, dolores de cabeza, sueño, ánimo bajo, cualquier tontería pero una vez que descubrí la red loca en la que estaban inmersos decidí dejarlo. Aproveché un día que estaba en su trabajo para agarrar mis cosas y volver a casa de mis padres.

Duró semanas pidiéndome perdón, excusándose en su "naturaleza", me acosaba, me sorprendía en cualquier lado de la ciudad. Hubo un momento en que sentí miedo, pues, había leído historias de parejas, de hombres obsesionados cometiendo locuras pero yo no quería estar más con él. Le pedí que dejara de acosarme o pondría una denuncia.

Quizá penséis "oye, pero si tú eres tan puta como él un mujeriego". Pues, no es lo mismo. Yo era exclusiva para él y lo que él dispusiera, muy diferente a tener pareja y andar a escondidas follando con otros.

Pasé días pensando que era un castigo de Dios. Pensé en mi hermana. nos había hecho la misma jugarreta. Sentí que me merecía todo eso, por andar metiéndome con un hombre ajeno, infiel y mujeriego como jamás imaginé.

Transcurrieron varios meses, Leo buscándome, yo ignorándole, decidida a no volver atrás.

Quise volver al cristianismo, mis padres casi me convencen de abandonar ese "mal camino" que llevaba pero ellos solo se referían a mi noviazgo informal con Leo, no sabían nada más que eso.

Asistí a la iglesia durante un par de semanas pero entendí que ese jamás volvería a ser mi ambiente. No podía vivir una falsedad, no me sentía a gusto creyéndome una santa o una pecadora arrepentida.

Diego retomó el contacto conmigo, no sé cómo pero se enteró de mi ruptura con Leo y volvió a insistir conmigo con un objetivo claro: que volviéramos a estar juntos. Esta vez a solas. Que "ambos sabíamos lo mucho que habíamos disfrutado", que él sabía que me gustaba, que "había notado mi disfrute mientras él y yo follábamos" en presencia de un Leo morboso, fascinado de compartir a su perra.

Le conté un poco sobre mi ruptura con Leo, fue empático, me hizo sentir a gusto contándole cosas, de repente me sentí querida y continué conversando con él durante días aunque sin vernos, a pesar de su insistencia de tener un encuentro.

El otro que me contactó fue Don Alfonso, también se enteró. Me escribió directo al grano, sin tantas emociones, que deseaba algún día cumplir la fantasía de tenerme para él solito, que si ese día llegaba podría morir en paz.

La situación social y económica en Venezuela iba de mal en peor y luego de aguantar durante varios meses más tantos problemas de distintas indoles, decidí irme a un país extranjero.

Llevo varios años en Chile desde entonces, adaptándome a una nueva cultura y gente pero con el deseo de algún día volver a mi Venezuela.

Aquí termina la serie pero faltan muchas cosas por contar y vais a quedar sorprendidos. Solo espero que el tiempo me permita continuar escribiendo, esta vez sin tanta presión. Serán relatos aleatorios, eso me quita presión, pues, ya no es una cronología.

Gracias por leer. Espero que pronto tengáis un nuevo relato de mi❗