Xtories
Dominaciónabr 2025

Pónganme a prueba

Siempre tuvo el control en la oficina, pero esta noche el teléfono suena y la invitación no admite negativas. Sin su protector, sin límites, sin vergüenza. Solo ella, tres hombres y la promesa de una degradación que la destruirá para reconstruirla.

zarina697.4K vistas

Meses después que JL mi amante su fuera a otro país los amigos con que jugaba pocker me invitaron a que tomara su lugar. El problema era que no se jugar y que había tenido sexo con ellos y con JL por casi un año. Después que jugaban a las cartas jugaban conmigo, claro siempre con JL mi pareja presente. Y cuando JL se fue todo acabó. Es decir no les veía desde entonces.

Los tres son casados, cincuentones, dominantes, de manicure, cremas y sin kilos de mas. Clientes del banco donde trabajo y supervisores en la mina con cientos de hombres a cargo.

Yo hace meses que estaba sola y entre el gimnasio y la menopausia -que en esto ayuda- la falta de sexo no me desesperaba, aunque algún fin de semana recordándome desnuda entre ellos me humedecía vergonzosamente.

Todo volvió a comenzar un martes en la mañana en que la voz de uno de ellos sonó en el teléfono. Me miré en la pared de vidrio de mi oficina, el pelo corto tomado atrás, la frente ancha y una pequeña nariz respingona, mis labios delgados que me quitan edad pero que ahora me mordía acusando rigidez, blanca como muñeca de loza. Con ansiedad y miedo levanté el teléfono y recordé esa voz que jugaba con mi espalda desnuda mientras me doblaba boca abajo sobre la mesa, una de esas voces que añoraba húmeda un fin de semana de madrugada. Fue correcto, afectivo y formal, yo encogida me miraba en la pared de vidrio vestida de ejecutiva.

“La Muñeca del Diablo” me dicen en mi trabajo. En verdad soy delgada y aparentemente “manuable” como una muñeca de esas articuladas de cara bonita, pelito corto, ojos que se cierran cuando se las acuesta y no tienen ropa interior. Y que doblas como quieras y que ahora de piernas cruzadas miraba mi reflejo en los vidrios, mis tacos altos, mi traje sastre azul de ejecutiva de cuentas que se sube levemente sobre la rodilla y deja ver mis piernas redondas y fuertes. La blusa la dejo abierta un botón mas abajo porque mis senos son pequeñísimos, y coqueta e insegura, me he descubierto mas de una vez agachándome para que el cliente al frente mío pueda vérmelos.

Me comentaba por el teléfono que el viernes en la noche se juntaría con el Dos y el Tres (yo les puse números para no nombrarlos), y que me esperaban.

Un escalofrío bajó por mi espalda. JL que sentía me protegía, -de ellos y de mi misma- no estaría esta vez. Era una invitación a entregarme a tres hombres, tres hombres que conocían a la perfección mis debilidades: mi maldita atracción por la sumisión, la humillación y el miedo que me erotizaban hasta mas allá de mi lo que mi delgado cuerpo podía soportar.

- “Los mismos tres y yo”, comenté y mi mano tiritaba sujetando el teléfono institucional conectado por IP, “… me van a poner a prueba?” pregunté queriendo ser graciosa.

- “Y somos exigentes eh!, y mas sin alguien que te cuide, te la podrás?”, dijo sin cambiar el frío tono de voz.

- “Claro…, pruébenme” respondí arrogante con una sonrisa fingida, las piernas cruzadas y la otra mano sobre el pecho.

Acá en el trabajo el que no me detesta me teme, por ello mi sobrenombre de Muñeca del Diablo. Dicen a mis espaldas que soy frígida, cruel y déspota. Es cierto que no soy simpática, me basta con ser eficiente y así hasta mis jefes me respetan. O me temen, no sé, y me gusta. Pienso también que hay razón en eso de lo que una se compra en el día en la noche se paga, y en mi caso tenía una gran deuda acumulada que comenzaba a pagar, en la cama.

Cuando antes tuve sexo con ellos estaba mi pareja que sentía me protegía, que ponía límites, que me recogía, me alentaba, pero fundamentalmente su sonrisa, su mirada de admiración me recompensaban. Ahora nada de eso habría…

Cuando colgué el teléfono aun con sus palabras golpeando mi cabeza me fui a encerrar en el baño. Que hice??… No sabía porque había dicho así, sin mas, sin que siquiera me preguntase, que sí. De verdad estaba loca. Ya estoy en los 50 años y es ahora o nunca recuperar 24 años de mal matrimonio para nunca tan desesperada…, o sí?. Tenía mis manos que tiritaban apoyadas en el lavamanos y no había encendido la luz. Y si se propasaban?, y mi debilidad que ellos conocen bien, quién les pondría límites?. No, no. Me senté sobre la taza del baño y oculté mi cara entre mis manos. Respiré. Decidí escribirle y decirle que no. No. No iría. Aunque tenga que conformarme con un consolador y una botella de agua caliente a los pies, porque malos amantes ya no voy a soportar.

Salí del baño a buscar el celular, lo tenía en mi mano cuando al whatsapp llegó una invitación a comer en un reservado para cuatro en el Club de Yates. Y fui. Fui y debo reconocer que fue una cena digna de una reina. Mantel largo, luz indirecta junto al mar tormentoso y oscuro. No estiraba mi brazo cuando tenía a mi lado lo solicitado, ninguna de mis copas de cristal bajó de la mitad ni ninguno permaneció sentado cuando yo no lo estaba. Los tres parecían venir saliendo de un barbershop, fragantes, acomedidos como si estuvieran con la gerencia de Australia. Entre ese lujo y caballerosidad acepté viajar al día siguiente a la capital e ir a pasar la noche al departamento.

Un día siguiente que recordaré toda la vida. Un olor penetrante de orín sobre mí, un chorro caliente que empapa mi piel pero que penetra hasta mi misma alma, que me somete y destroza mi vanidad mi decoro y decencia.

Yo sola caminé hasta el baño y entré a la ducha, y desnuda frente a ellos dejé resbalar la espalda apoyada en la cerámica hacia el suelo, las manos sobre mis piernas, mi estómago tenso, con una mirada ansiosa y suplicante hasta que no me atreví a mirarles mas porque sé lo que sigue.

Cuando llego encuclillada al suelo, la espalda a la pared abro mis rodillas, las separo lo mas que puedo para que vean mi sexo abierto y agacho la cabeza y un chorro caliente golpea mi pelo, bautiza mi cabeza mojándome el cuello, baja por mis pechos hasta mi mano sobre mi sexo. Me falta aire, mi corazón hace que mis senos palpiten y mis labios sienten la acidez y cierro los ojos y vencida, pongo una mano sobre mi sexo, la refregó cual bruta sobre él y con la otra abro mis labios y meto la punta de mis dedos en mi vagina, violenta, brusca, meto la punta de mis dedos y los saco mojados mostrándoselos, los meto y saco, los meto y saco, los meto y saco, y ya no hay vergüenza ni recato ni tabúes, ya no hay nada, y lo siento.

Entregada me abro, separo brusca ahora mis labios exponiendo desamparado mi clítoris que refregó con fuerza, desnudo, indefenso, castigándolo como si fuera él el culpable y siento el chorro mas débil ya empapármelo y lo restregó y restregó como un sartén sucio, como se refriega una olla quemada, con inusual crueldad hasta que mi cuerpo todo, con las últimas gotas de orín explota en un grito y termino de resbalar hasta caer sentada al suelo. Mi pelo estilando el meado, mi cuello vencido, mis manos rendidas palpitando en estertores y mi corazón escapándose por mi sexo abierto para ellos, mi sexo que ya no controlo que me supera y eyacula, eyacula abriéndome a mi dulce muerte, segundos, minutos hasta volver de ese limbo y recojo las rodillas las acerco a mis pechos cuando siento que un pie me las separa. Me vuelven a abrir, y un nuevo chorro potente, duro, golpea mi entrepierna, sube a mi cabeza, a mis mejillas, sobre mis parpados y me ahoga y baja por mi pecho hasta mi sexo que me cubro con una mano y vuelvo a acariciar porque la calentura aun permanece.

El clímax aun palpita en mi cuando escucho que me ordenan: “mírame!!” y alzo la vista hasta encontrar su cara y la de los otros dos a su lado, sonrientes, satisfechos. Un mechón de pelo en su frente y sus ojos que me penetran, desnudo como los otros dos, tiene una mano en su verga con que me baña y la otra en su trasero. “síguete tocando, apuesto a que llegas de nuevo” y está en lo cierto. Sentada desde el suelo le miro como pidiéndole perdón, no sé porque, y vuelvo a separar las piernas todo lo que puedo frente a ellos y revivo mi olvidada mano sobre mi sexo y siento mi estómago hacerse agua, un cálido calambre me que acoge y sé que voy a explotar de nuevo “mírame putita, mírame!!” me grita y subo la vista y abro mi boca sin decir palabra, la abro entera y el placer me es incontrolable y escucho desde muy lejos su orden, “mírame!!” y le veo y entiendo que soy de él, de ellos y mis dedos pellizcan mi sexo lo frotan lo restriegan hasta provocarme un nuevo orgasmo, el mas profundo y destructivo, un orgasmo potente que escapa de mi boca abierta y salpicada por el chorro de pis que disminuía.

Allí entendí que ya era completamente de ellos, que estaba entregada a sus deseos y a su poder. Tiritaba en el suelo sintiendo ese éxtasis con mi cabeza doblada y mis nalgas sintiendo el fluir del meado ya frio hacia el desaguadero, cuando, perdida entre ese placer agónico y el olor del orín que me llena un dedo de pie se introdujo entre mis labios y abrió mi boca. Era mi última purga, aun me poseía el dulce estremecimiento del clímax y un nuevo meado mas caliente golpeó mi cabeza, luego mi cara, y yo sin asco ya, sin vergüenza ni recato alguno la levante y le ofrecí mi rostro y le abri mis rodillas y paseé mis manos empapadas por mis senos, los refregué en ese chorro, con ese hedor pestilente del pichí, sentía la dureza de mis pezones hinchadísimos y calientes por el meado y no me preocupé de los pliegues de mi estómago doblado y con mis manos empapadas y el sabor ácido en la boca recorrí mis piernas abiertas y calientes e impregnadas por su largo meado, era orín de ellos y yo era de ellos. Ya era completamente de ellos.

Cuando terminó se sacudió dio un paso dentro de la ducha y me miró sonriente, “hasta la última gotita, perrita, hasta la última” y acuclillada me fui adelante y llevé mi boca a su polla y la lamí y chupé suavemente, un delgado y breve chorro salió atravesando directamente mi garganta, agrio y picante me que tragué sin alternativa pero sin resistencia alguna. Luego chupé solo su cabeza, le lamí y alcé la vista mirándole si estaba satisfecho y me dijo “báñate, estás hecha un asco, hueles a basura” volviéndome al espalda.

Cuando llegué esa tarde donde ellos aun venía con mi traje sastre de ejecutiva de banco, mi pelo tomado atrás, mi labial, mis pestañas con rímel. El vestido ajustado dos dedos sobre la rodilla, mi blusa blanca dentro del cinturón de la falda y el blazer azul marino. Recuerdo también que el Dos cuando me vió dijo algo como “mi sueño erótico; tirarme a una ejecutiva de cuentas” pero nunca, nunca me imaginé que en unas horas mas terminaría así como ahora estaba, en un rincón del suelo del baño, tan destruida como agotada de gozar cual jamás imagine podía hacerlo.

Había caminado hacia el fuego hasta quemarme. Nadie me obligó pensé cuando me secaba, es mi condición, la misma del alacrán que cruzando el río mata a la rana que le lleva, la misma condición que hace que me tape con una camisa de alguno de ellos que quedase en el baño y con el pelo mojado, sin zapatos, regrese a la sala, sumisa, tiritando como hoja por el viento… es mi condición.

continua

[email protected]