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Debí echarme novia fuera del grupo 8

Adri siempre tuvo un apetito que él no podía controlar, pero esta vez la regla cambia: él decide no prohibir, sino participar. La casa rural se cierra a las miradas externas, pero no a los deseos, y cuando Pelayo entra en juego, la frontera entre la humillación pactada y el placer compartido se desdibuja hasta el clímax.

CMoriarty20K vistas9.1· 46 votos

Tras la locura de juego con los amigos de Zubi, Adri y yo comenzamos a tener problemas. Me pesaba cada vez más el hecho de que siempre fuese ella la que más lejos llegaba. La quería mucho pero cada vez podía menos con los celos. Con este runrún en la cabeza, cualquier cosa provocaba una fuerte discusión, así que, tras mucho pensarlo y con mucho dolor, lo dejamos. Ninguno estaba convencido de que fuera dejarlo para siempre, porque lo estábamos dejando queriéndonos todavía mucho, pero creímos que ese período nos ayudaría a ordenar las cosas.

Paralelamente, Harley lo había dejado con Zubi y estaba recuperando su autoestima en su soltería. No se ataba a nadie y, aunque mantenía relaciones frecuentes con Huang, también ligaba conmigo, especialmente cuando Adri y yo rompimos. Aunque lo habíamos dejado, todavía hablábamos con cierta frecuencia, así que le pregunté si le dolería mucho que quedase con ella. Adri se comportaba de manera ejemplar como ex. Me dijo que sí, que le dolía, pero que ella había hecho muchas cosas estando conmigo y yo me merecía también un poco de diversión, que lo que más le dolería sería enterarse de que me enamoraba de ella, pero que asumía que podía pasar y que entonces ella tendría que pasar página.

Con Harley tuve un par de citas, que acabaron siempre con sexo. Fuera de los contextos grupales, descubrí que no tenía tanto en común con ella como con Adri. No compartíamos la mayoría de gustos ni tampoco del todo nuestro sentido del humor. Aun así, era chica dulce deseando ver la vida con alegría, tras haberlo pasado tan mal con Zubi, que había sido un novio pésimo por miles de cosas más de las que ya sabía. La sonrisa de Harley era lo mejor, con esos dientes separados. Besarle la boca era fantástico, y el sexo con ella era íntimo y casi romántico, pero constantemente la comparaba con Adri, y perdía en todo menos en lo que había provocado nuestra ruptura. Un día, después de haber ido juntos al cine y haber hecho el amor, me confesó que sentía que podría llegar a enamorarse de mí, pero que necesitaba recomponerse de la relación anterior. Yo le confesé que seguía enamorado de Adri. Sorprendentemente, no fue muy dura hablando de ella. Me dijo que la había llegado a odiar por el deseo que sentía Zubi hacia ella, pero que el problema real era que Zubi como novio no le diese a ella su lugar, no que Adri tuviese una sexualidad tan salvaje, problema que, en cualquier caso, lo sería del novio de ella. Le pregunté su opinión sobre mi ruptura y las posibilidades de querer a Adri a pesar de todo eso, y me dijo que para ella no era cuestión de falta de amor por parte de ella, como sí pasaba con Zubi,, no veía infidelidad sentimental, ya que parecía que solo me amaba a mí, sino que lo veía como una posible incompatibilidad en lo sexual, cosa en la que era legítimo que no pudiese aceptar su forma de ser, ella tampoco podría, me dijo. Veía en Adri una sexualidad desbocada, pero no malas intenciones. Ese mes que estuvimos teniendo citas, Harley se convirtió en muy buena amiga para mí.

Pero Adri nunca se fue de mi cabeza. Pasaban los días y me aterraba pensar en que ella empezase a salir con otro. La echaba de menos y cada vez concedía menos importancia a sus deslices. Ella, durante el mes y pico de ruptura, siguió estando ahí, como deseando que yo cambiase de opinión pero sin atreverse a decírmelo. Finalmente, quedamos, y no pude contener el estallido de amor y pasión que sentí al tenerla de nuevo frente a mí. Apenas terminamos la cena y fuimos a su casa a follar como animales, de las ganas que nos teníamos. Después hablamos durante toda la noche. Si íbamos a volver, debía serlo sobre la verdad, sin promesas irrealizables. Eso nos lo dejamos claro. Ella me juró no amar a nadie más, someterse a mis vetos y abrir la mente en cuanto a las relaciones que yo pudiera tener fuera de la pareja, como por ejemplo con Harley. Yo le juré que me esforzaría en aceptar mejor su apetito sexual, sin sentirme tan celoso. Durante ese mes y pico, ella no había hecho nada con nadie, solo podía pensar en mí. Lloró por mí y por mis citas con Harley, pero sonrió llena de felicidad cuando le dije que siempre perdió ante mis ojos cuando la comparaba con ella y que se había afianzado como amiga y nada más (al margen de que pudiesen pasar cosas). Quise saber si algún amigo se había intentado aprovechar de nuestra ruptura y, para mi alivio, me dijo que solo Alan había seguido hablando como siempre con ella, pero con mucho tacto. Los demás, no quisieron meterse en esta ruptura que abría una brecha en el grupo. El que sí había insistido incansable había sido Zubi, pero ella lo dejaba siempre en visto. La única oferta sexual que había llegado a contemplar había llegado de un sitio insospechado: Laura la había tanteado para hacer un trío, puesto que su novio pijo estaba obsesionado con querer practicar sexo anal y ella nunca se lo concedería, mientras que Adri estaba más abierta a probar, así que, desesperada por retenerle a su lado, pensó que qué mejor que una amiga íntima satisfaciendo ese capricho y que no lo buscase fuera.

- ¿Y realmente te lo planteaste?

- Bueno… por un lado, Lau es una de mis mejores amigas. Por otro, poder ayudarla haciendo un trío, cosa que me pone… pero aun así, le dije que necesitaba tiempo. He estado muy deprimida sin ti, mi amor.

- ¿Y no te parece un gilipollas? Que vaya a dejar a Laura si no puede darle por el culo… Me parece hasta humillante que te quiera usar así, como un culo que follar para poder seguir juntos.

- Sí, lo es. Pero también me excita imaginarme siendo usada así. En cualquier caso, no hemos vuelto a hablar de ello. Y dos cosas las tengo claras: sin que tú también participases no haría nada con ellos y quiero que tú seas el primero. No se merece desvirgarme por ahí.

Serían como las 4 de la noche, pero fue hablar del sexo anal con Adri y se me puso dura como pocas veces. Decidimos que, entonces, sería bonito sellar nuestro regreso con esa pérdida de virginidad. Hicimos un 69, yo le comía toda la raja y hasta le metí la lengua en ese culito que iba a estrenar. Después, follamos a cuatro, por el coño, mientras yo la penetraba por atrás con un dedo ensalivado por ella. Cuando ya estaba excitadísima, bañé su culo en lubricante y empecé a penetrarla. Tuve que esforzarme para no correrme cuando vi desaparecer mi capullo en su ano. Con ese culo portentoso que ella tenía, era una delicia sentir que estaba entrando dentro. Ella suspiraba y me marcaba el tiempo. Estaba muy cachonda y el lubricante ayudaba, así que más que dolor sentía cierta molestia. Yo la estimulaba con mis dedos en su clítoris y, con su mente centrada en ese placer, fui hundiéndome poco a poco hasta enterrarla por completo y sentir mis huevos pegados a su coñito. Entraba y salía lentamente, disfrutando de cómo me apretaba fuertemente la polla, y de sentir los temblores de Adri, ya al borde del orgasmo. En cuanto empezó a correrse, aceleré mis embestidas y, a la tercera o cuarta vez que me metía por completo, vacié mis huevos dentro de su culo. Nuestra segunda fecha de inicio de la relación quedaba para siempre marcada en el calendario con ese sexo anal delicioso que me dejó hacerle. Pocas veces me había sentido tan feliz.

Las siguientes semanas vivimos nuestra relación de manera convencional, sin terceras personas. Solo en nuestras conversaciones aparecían otros. Fueron muy excitantes las charlas en las que Adri, mientras nos masturbábamos mutuamente, me preguntaba sobre el sexo con Harley. No lo hacía molesta ni celosa, parecía tener auténtica curiosidad y hasta excitarse sabiendo cosas:

- ¿Cuál crees que sería la mayor diferencia en el sexo entre ella y yo?

- Mmm… es difícil de explicar, pero con ella es como si fueras un lord de las novelas inglesas de época, ella se siente delicada, vulnerable… contigo en cambio…

- ¿No me ves delicada?

- No es eso, no tiene ni siquiera nada que ver con que ella sea tan delgada. Es por todo, su forma de ser, de comportarse en la cama… contigo es más como si de repente me convirtiese en un vampiro enamorado, quiero devorarte y saciar mi hambre, pero a su vez no quiero destruirte.

A ella le gustó lo que le dije. Entre otras cosas porque es fan de Crepúsculo.

- ¿Y qué tal sabe ella? ¿La lamiste ahí abajo?

- Sí, claro…

- Claro, eres un lord de las novelas inglesas –me cortó, riéndose.

- Ya sabes que yo se lo como a las chicas con las que estoy, me pone. Ella sabe genial, no quiero engañarte. Cuida mucho su higiene… y los gemidos parece que se le escapan contra su voluntad.

- ¿Querrías que yo la probase?

- ¿Cómo? ¿A ella, su coño?

- Sí. ¿Te excitaría ver mi cara enterrada en su coño, penetrándola con mi lengua, besando y lamiendo su clítoris para que se corra con tu polla en su boquita?

- Joder, Adri… Me estás poniendo malo. Sería brutal.

- Después, querría que nos pusiéramos las dos juntas, a cuatro. Estoy segura de que ella no se vería tan bonita como yo en esa postura, pero no es lo que importa. Querría que se la metieses un par de veces, te salieses y la enterrases en mí, llena de sus fluidos, y conmigo lo mismo, te salieses y volvieses a ella. Seríamos tus dos coñitos, para usarnos como quisieras…

Con ella diciéndome estas cosas, me corrí como un animal. Ella estaba mojadísima también, apenas tuve que comerle el coño para que ella llegase. Este tipo de conversaciones salieron varias veces. No fantaseábamos con ella haciendo cosas con otros chicos, siempre eran chicas. Era su forma de complacerme ahora que habíamos vuelto, mostrarme que no iba a seguir siendo celosa conmigo para que yo tolerase mejor su fogosidad. Casi siempre hablábamos de Harley, con la cual me dijo estar dispuesta a hacerlo realidad, pero también metió, de forma imaginaria, a Marina y a Laura, incluso se acordó un día de Sakura. Se le daba genial imaginar situaciones morbosas.

Pero al final acabó llegando uno de esos momentos que ponían la relación realmente a prueba. Laura había vuelto a sacarle el tema a Adri, entendiendo que ahora que volvíamos a estar juntos quizás se habían esfumado las posibilidades, pero sabiendo que nuestra relación era peculiar, no quería quedarse sin preguntar. Adri me contó que no había zanjado el tema con Laura, que quería hablarlo conmigo y que ella estaba abierta a hacerlo, pero que le había puesto una condición: si ella le consentía a su novio follar su culo, Laura debía consentirme a mí lo que yo pidiese. Laura se mostró favorable, aunque también tenía que hablarlo con su novio antes de confirmar nada. Teniendo en cuenta las cosas que habíamos hecho atrás, esto solo tenía, como factor verdaderamente fuerte, el elemento humillante de que un pijo le follase el culo en sustitución del de su novia, así que, pensando en follarle las tetas a Lau, di mi consentimiento. Pelayo, por su parte, también aceptó, muy emocionado ante la posibilidad de hacer real su fantasía. Su única condición fue que Laura no me diese a mí lo que le había negado a él.

Para llevar a cabo el acuerdo, decidimos alquilar una casa rural un fin de semana, y aprovecharíamos para hacer algo de senderismo por las montañas y tener unas minivacaciones. Fuimos en el coche de él, un cochazo de su padre. Tuve que focalizar mucho mi mente en las delicias que cumpliría con Lau para no sentirme fatal ante la mirada que echó Pelayo a Adri cuando nos encontramos. Suponía que por su mente, al ver el bello rostro de mi chica, solo pasaría la idea de que, en unas horas, estaría arrugando el ceño cuando le metiese la polla por el culo. Por lo demás, con su forma de ser, que me generaba antipatía natural, pero trataba de ser simpático. Llevándose todo el rato la mano a su melenilla de pijo, nos preguntó qué música nos apetecía escuchar, había comprado algunos aperitivos para el viaje y se mostraba cariñoso con Lau y atento con nosotros. Pero siempre arrogante, aun detrás de toda la máscara de amabilidad.

Tras hora y pico de viaje, habiendo parado para comprar comida y bebida (que pagó Pelayo), llegamos a la casa al atardecer. Era preciosa, de piedra, y los propietarios la habían mantenido caliente, con la estufa encendida. Tenía dos dormitorios, uno con cama matrimonial y el otro con dos camas individuales puestas juntas. Nos dejaron quedarnos con la matrimonial, siempre consintiéndonos en todo. Nos aposentamos en la casa, nos duchamos y cenamos prontito. Estábamos todos en pijama, cómodos, sentados por parejas en el sofá. Adri sentada a mi lado, sobre sus piernas flexionadas, su pijama eran unas mallas, los pies blanquitos descalzos, con sus uñas pintadas de rojo, y encima una camiseta ajustada de manga larga, sin sujetador, que le marcaba sus preciosas tetitas. Laura iba con un pijama completo, de un tono rosa apagado, holgado de pantalones y en la parte de arriba una pieza abotonada, con cuello bebé, que igualmente no podía ocultar el inmenso tonelaje de su pecho.

Usábamos la tele para poner música mientras charlábamos de la vida, de los amigos comunes, etc, cuando, de pronto, Pelayo dio una palmada sobre el muslo de Laura y dijo: “Bueno, bellísima. ¿Empezamos? ¿Cómo queréis hacerlo?”. Laura aprovechó un parpadeo para dejar los ojos cerrados un segundo más de lo normal, como cogiendo fuerzas para llevar las riendas de la situación: “Sí, cariño. Hablándolo con Adri, hemos pensado que lo mejor sería empezar a calentarnos por parejas, y luego ya pasar al intercambio. Podemos hacerlo en vuestro cuarto, esa cama es mejor.”

Efectivamente, para eso habíamos venido a la casa rural, para que un tío le follase el culo a mi novia ante la negativa de la suya. Sentí uno de esos breves momentos de malestar estomacal al pensar que en un rato la polla de ese pijo estaría dentro del recto de mi chica. Y a su vez sentí que se me empezaba a poner dura. Y ni siquiera me había puesto a pensar en la cubana que me haría Laura, me había excitado ante la idea de mi novia humillada así, de nosotros como pareja humillados así. Nos levantamos y fuimos a nuestro dormitorio. Estábamos nerviosos los cuatro, pero el ansia de Pelayo le hacía llevar iniciativa. Tumbó a Laura en la cama y se lanzó a besarle la boca y el cuello mientras le metía mano por debajo del pijama. Yo tumbé a Adri al lado de Laura y nos empezamos a morrear mientras le tocaba las tetas sobre la camiseta. Pelayo miraba por el rabillo del ojo, pendiente de que calentase debidamente la carne que se iba a comer. Laura no tardó en estar con la camisa del pijama abierta y sus dos enormes tetas al aire, blancas como la leche, con sus pezones rosaditos. Después, voló la parte superior del pijama de Pelayo, que se había desnudado a sí mismo. Era delgado sin llegar a estar en forma, y tenía mucho pelo en la zona del ombligo hasta el pubis, donde tenía una ligera barriga. Cuando yo había pasado a tocarle las tetas bajo la camiseta a Adri, tras jugado con ellas con mis labios sobre la ropa, Pelayo ya estaba quitándole los pantalones y las bragas a Laura, dejándola completamente desnuda. Y tras desnudarla a ella, se quedó también él en pelotas. Nosotros todavía con toda la ropa puesta. Claramente, Pelayo tenía prisa. Su polla era normal tirando a pequeña, pero sorprendentemente oscura. Adri, viendo que ellos ya estaban así, me empezó a quitar la camiseta, tras lo cual se la quité yo a ella. Pelayo alzó la cara de los tetones de Laura para deleitar su vista con los pechitos de Adri y, con la osadía de quien sabe que ese cuerpo en cuestión de minutos será completamente suyo para su disfrute, llevó una de sus manos a la teta de mi chica que tenía más cerca. Adri se sorprendió, pero se dejó llevar y suspiró de placer. Yo le comí la teta que estaba libre y bajé por su estómago hasta su coño, con el que empecé a jugar por encima de su ropa mientras Pelayo seguía magreándole las tetas con su mano libre. A su vez, mientras su mano iba de una teta a la otra de Adri, su boca devoraba los melones de Lau, que era consciente de lo que le hacía su novio a Adri pero debió entenderlo como algo normal, dado el contexto.

- Dios, desnúdala ya, eso se come sin ropa de por medio.

Me sobresaltó que Pelayo me dijese eso de golpe. Adri levantó el culo para que le pudiese quitar la ropa con facilidad, así que llevé mis manos al elástico de sus mallas, cogí también el de su tanga y se los bajé, revelando sus carnosos muslos y su coñito depilado. Me desnudé yo también por completo y me lancé a comerle el coño.

- Sois las dos bellísimas. Menuda suerte tenemos, ¿eh, Ángel?

- La verdad que sí –le respondí, alcé mi vista para mirar a Adri a los ojos, que me miraba sonriente y excitada, todavía con una mano de Pelayo en su teta.

Pelayo entonces bajó también al coño de Laura, quedando las dos parejas en idéntica posición. Era impresionante ver las tetas de Laura desde abajo. Así tumbada, caían ligeramente hacia los lados, pero se mantenían principalmente en su sitio. Eran unas enormes tetas duras.

- Igual deberías ir preparándola…-Pelayo estaba muy suelto, no me estaba gustando que me dijera cómo tenía que calentar a mi novia. De todos modos, por el bien de Adri, decidí que le vendría bien que trabajase su culo. No quería que le doliese, por amor hacia ella y por evitar una humillación mayor.

- Date la vuelta, cielo –le dije, posando mis manos sobre sus caderas para ayudarla a moverse.

Giró sobre sí misma y quedó con su redondo culo hacia arriba.

- Madre de Dios. Vaya culo me has regalado, amor –tuvo la poca vergüenza de decirle Pelayo a Laura.

Tras nuestra ruptura, yo no estaba dispuesto a seguir siendo el mismo que se hacía pequeño en cuanto pasaban locuras de estas. Adri era distinta conmigo y yo iba a serlo con ella. Así que me lancé yo también. Amasé sus nalgas, ante los ojos de Pelayo, las hice a los lados para que contemplase su ano, las solté de golpe y le di un azote con ambas manos, una en cada nalga:

- Toca esto, Pelayo, toca el cielo –le invité.

Adri suspiró cachondísima. Pelayo no se hizo de rogar. Con una mano le dio un azote en una nalga y la dejó encima, amasando.

- Los enamoras con tu culo, Adri –dijo Laura, incorporándose en la cama.

Adri le sonrió, con la carita girada hacia su lado y Laura pasó una mano por su espalda, acariciándola, hasta llegar a su culo. Imitando a su novio, le dio un azote y luego apretó su carne.

- No te quejarás del culo que te he regalado. Espero que con esto quedes satisfecho por un tiempo –le dijo a su novio.

- Sí, mi amor. Eres el amor de mi vida ¿lo sabías? –le respondió él, besándola.

Cada uno tenía una mano en una nalga.

- Abridle el culo, que voy a calentarla de verdad –les dije, quería llevar yo también la iniciativa.

Ellos hicieron como les dije. Trepé sobre las piernas de mi chica y se la metí en el coño.

- ¿Me ayudas a prepararla? –le pregunté a Laura, alzando el dedo gordo de mi mano hasta casi tocar sus labios, al estar sentada quedaba casi enfrente de mí.

Ella se metió mi dedo en la boca y lo chupó, mirando a su novio a los ojos. Cuando lo hubo empapado bien, lo saqué de su boca y se lo metí despacito en el culo a Adri.

- Uff… mira cómo se traga el dedo, cielo, estoy deseando sentirlo –le dijo Pelayo a Laura.

Me daba la sensación de que hablaban entre ellos casi como si fuésemos juguetes sexuales. La situación, a la vez que ligeramente ofensiva, era tremendamente excitante. Notaba a Adri muy lubricada, toda la situación ya la tenía al borde del orgasmo. Laura se volvió a acostar y le pidió a su novio que la follase también.

- Lo siento, amorcito, estoy muy caliente y quiero durar, pero te voy a seguir comiendo el coño.

Y mientras yo seguía follándome a mi chica, penetrándole el culo con mi dedo gordo, Pelayo se había vuelto a zambullir en el coño de Laura. En mi cabeza resonaron las palabras de Pelayo: “quiero durar”. Quería durar follándole el culo a mi novia, el culo que yo le estaba preparando. Si él iba a aprovecharse así de Adri, yo me aseguraría de sacarle provecho a Laura. Si seguía follándome a Adri, acabaría corriéndome, así que me salí y me agaché ante su culo, que empecé a besar a la vez que lo amasaba. Ese pijo no se merecía gozar el manjar que me estaba comiendo, y aun así lo haría. Abrí el culo de mi chica y le pegué un lametón por toda la raja, de abajo a arriba. Ella se retorcía de gusto. Llevé mis labios a su ano y, tras besarlo, empecé a jugar con mi lengua, primero lamiéndolo superficialmente, después introduciendo mi lengua.

- Yo creo que ya está lista, ¿no?

Pelayo había dejado de comerle el coño a su chica y miraba ansioso el culo de Adri. Laura, completamente dócil, seguía acariciándole la melenilla.

- ¿Estás lista, Adri? -le preguntó Laura a su amiga.

Adriana ya estaba demasiado cachonda. Mordiéndose el labio, con su carita girada de lado y las mejillas coloradas, asintió.

- Amor, deja a Pelayo que me folle, ya estoy lista -me dijo, acariciándome la cara.

Sentí una excitación muy fuerte, mezclada con la frustración y los celos. Me eché hacia atrás, poniéndome de pie en el cuarto, a los pies de la cama. Pelayo se alejó de las piernas de Laura y se inclinó ante el culo de mi novia.

- Lau, amorcito, ¿puedes traer el lubricante? Esta en mi mesita.

Y Laura, obediente, se levantó en cueros. Pelayo hundió su nariz en la rajita de mi novia y aspiró el olor de su coño.

- Lo vamos a pasar bien, ya verás -le dijo, mordiéndose los labios y amasando las dos grandes nalgas.

Laura volvió, caminando ágil, con sus tetas botando que daba gusto. Traía un tuvo de lubricante en la mano, que le entregó a su novio. Pelayo echó un pegote en dos de sus dedos y llevó los dedos al ano de Adri, extendiendo el lubricante y comenzando a introducir un dedo en él. Mientras iban desapareciendo las falanges de su dedo, la cara de Pelayo era de vicio total, no podía ni cerrar la boca. Laura y yo observábamos fascinados. Pelayo ya había hundido su dedo por entero y ahora lo metía y lo sacaba, entrenando el culo. Después unió un segundo dedo al anterior, lo impregnó bien del lubricante que había alrededor del ano de Adri y comenzó a introducirle ambos dedos. Adriana soltaba gemiditos de molestia mezclada con placer. No podía estar sintiendo placer por la penetración, pero toda la situación, su culito penetrado por el novio de su amiga, con ella y yo mirando, la tenían con la piel de gallina. Tras penetrarla un poco con ambos dedos, Pelayo se alzó sobre sus rodillas y la hizo a ponerse a cuatro.

- ¡DIOS! ¡CUÁNTO HE DESEADO ESTO, JODER!

Me sobresaltó ese arrebato de Pelayo. Laura se acercó a su novio, de rodillas sobre la cama, le acarició la espalda, le dio un beso en los labios y se dijeron “te amo” mutuamente. Después, Laura se sentó casi al borde de la cama, con una pierna flexionada y en diagonal, quedaba de frente a mí, pero en un ángulo con el que podía ver cómo su novio se follaba a la mía. Yo me acerqué. Laura me sonrió y me acarició la pierna, y nos pusimos a observar cómo comenzaba la penetración. Los ojos de Adri estaban fijos en mí. Estaba tan cachonda que hasta yo estaba deseando que la follasen. Pelayo se untó la polla en lubricante y la acercó al culo de Adri. Se detuvo un instante para observar la cara de mi novia, vio que me miraba a mí, clavó sus ojos en los de Laura, que asintió levemente, y volvió su atención al anhelante ano que tenía frente a su polla. Y comenzó a enterrar su capullo en él. Adri soltó un gemido de anticipación. Lentamente, Pelayo fue hundiéndose en su culo, con la respiración agitada, casi tembloroso. Según se hundían los centímetros de polla en su culo, Adri fue arrugando el ceño, tal y como pensé que la imaginaría Pelayo en el coche. Y por fin, el culo se había tragado toda la polla. Pelayo soltó un bufido y comenzó a salirse casi entero para volver a enterrarla, esta vez más rápido. Y otra vez. Y otra. Cada vez más rápido.

- ¿Qué tal, princesa, te está gustando? -le preguntó a mi novia.

Con la respiración entrecortada, ella respondió un tímido “sí”.

- Genial. Prepárate.

Y empezó a acelerar de verdad. Ahora ya se escuchaban las palmadas de la pelvis de Pelayo contra el culo de mi novia, sonido potenciado por la humedad del lubricante. Laura y yo nos miramos y ella me preguntó qué quería que me hiciera. Yo lo tenía clarísimo. La hice tumbarse bocarriba y me monté sobre ella, lanzándome a comer esas enormes tetas, con la banda sonora de la reventada anal de Pelayo a mi novia. Me alcé y enterré mi polla entre los melones de Laura, que entendió al instante y empezó a hacerme la cubana más espectacular de mi vida. Adri gemía de fondo, no sabía si de placer o de esfuerzo. Laura escupió sobre mi polla para lubricarla, mostrando mucha soltura en la práctica. Entre lo que me hacía en la polla y el contacto de mis huevos sobre su torso con mis ligeros movimientos de pelvis, me lo estaba gozando. Laura todavía me mostró un poco más de la sexualidad que tanto trataba de ocultar echando su cabeza hacia adelante y chupando un poco la punta de mi polla. En ese momento, Pelayo todavía se puso un poco más salvaje y agarró en un puño la melena corta de Adri, echando su cabeza hacia atrás, como si fuera un caballo. En ese momento Adri comenzó a gemir como una cerda y vi que, a su vez, se estaba machacando ella misma el clítoris con una mano. En cuanto ella empezó a correrse, con la polla de Pelayo enterrada en su culo, yo, mirando fijamente a los ojos de Laura, que parecía ida, mirándome como poseída por una sexualidad salvaje, empecé a regarle el cuello de lefa, bufando como un toro.

Tras correrse, Adri volvió a sostenerse sobre sus dos manos, agotada, con la cara colorada. Pelayo todavía la tiraba del pelo, reventando sin piedad su culito. Sus gemidos ahora eran claramente de esfuerzo, denotaban algo de dolor.

- ¡OH, DIOS, YA VIENE! ¡MÍRAME! -le ordenó, de forma casi innecesaria, ya que él mismo le movió la cabeza que tenía agarrada de los pelos, y, cuando hicieron contacto visual volvió a gritar- ¡DIOS, DIOS, JODERRRR… TE VOY A LLENAR EL CULO DE LECHE!

Y así, completamente ido, se corrió a voces dentro del culo de mi chica.

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