Xtories

Las cámaras de seguridad XIV

Las cámaras graban todo, pero la verdadera grabación ocurre en la mente del marido: un juego de humillación donde él no es el protagonista, sino el testigo obligado de cómo otro hombre posee a su esposa. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para no perderla?

Aldebaran8114K vistas8.2· 23 votos

El sábado fue solo para nosotros, nada de Pedro ni de historias, fue como debe ser un sábado, limpiar la casa, comer con amigos, un rato de parque, cenital romántica y hacer el amor como siempre lo hacíamos.

Mi mujer estaba insaciable, parece que nunca tenía suficiente y ya no iba a poder irse a dormir sin haber hecho el amor con al menos un hombre. Irreconocible. Es la misma que siempre se dormía a las 22 en sofá porque tenia sueño desde por al mañana, o que te dejaba semanas sin sexo porque no no le apetecía.

Toda esta historia había despertado algo en ella que de momento no tenia pinta de agotarse.

El domingo tuvo que trabajar, y me empecé a preocupar cuando empezaba a retrasarse. Los chats de móvil no los cogía y tampoco las llamadas. Empezaba a estar realmente preocupado.

- “Llegare un poco mas tarde, luego te cuento” - contestó por fin a unos de mis mensajes

Bueno, al menos sabía que estaba bien.

Estuvo toda la tarde del domingo fuera, yo me encargue 100% del niño y aunque me comía la cabeza, tenía en ella una extraña confianza, mezcla de celos y morbo.

Cuando entró por la puerta, me moría de ganas por que me contase.

Primero preguntó por el niño como siempre, lo mas importante, después por mi y me pidió que me acercase al baño, dejé al niño jugando en el salón y sabia que no tardaría en buscarnos.

No fue hasta que el agua templada la inundaba que empezó a hablarme.

- “He estado con Pedro”

Madre mía, está desatada, seguro que viene empapada, lo primero que hice fue pasar los dedos por su sonrosada rajita para confirmar que venia bien cargada.

- “Cuando salía del trabajo estaba en el parking esperándome, no hablamos quedado ni nada, pero sin pensar me metí en su coche y me fui con él. No fue muy lejos quería hablar, creo que había bebido, estaba como un poco tocado”

- “Si, pero bien que habéis follado”

- “Espera espera, ahora te digo… lo primero que me soltó es que quiere dejar a su mujer y quiere que empecemos algo en serio él y yo… algo mas serio que lo que tenemos ahora”

- ¿Como que algo mas serio?

- “Si dice que empieza a sentir algo por mi, y que no es solo sexo, que quiere que seamos algo más, algo como tú y yo”

- “¿Y tu quieres?”

- “No es lo que piensas, no quiere que nos fuguemos ni nada por el estilo quiere… como una relación abierta, pero quiere ser él el que ocupa el primer lugar, no ha sabido explicármelo, ya te he dicho que estaba confuso y bebido”

Yo enjabonaba el cuerpo de mi mujer, con delicadeza, me di cuenta por primer vez en mucho tiempo que los moretones estaban desapareciendo, lo que me indicaba que no había nuevos, ¿es que se habían terminado los azotes y apretones?

Dándome la espalda mientras la seguía enjabonando ella continuaba hablando sin parar.

- “Le he dicho que no, que soy una mujer casada y madre, que él también esta casado y que debería volver con su mujer y su hijo en ese instante”

Pedro le dio una difusa explicación que se veía como su pareja, aunque no quería que me dejase, yo podría seguir siendo su marido, pero le gustaría que aunque fuese a tiempo parcial pudieran vivir juntos, y no solo verse para el sexo, el quiere avanzar en la relación.

- “No tardó en lanzarse a por mi, me besaba con delicadeza y pasión, y me hizo el amor como lo haría un marido a su mujer, con cariño y ternura, incluso me decía que me quería al oido”

Ese hijo de puta quería quitarme de en medio.

- “Yo la verdad es que no supe como actuar, y bueno, disfruté del sexo, pero yo no le quiero, se que es un cabronazo y un gilipollas, no podría tener nada serio con el fuera de la cama”

- “¿Pero se va a divorciar?, el otro día Maria Jose me confirmo que sabe que tiene alguna amante, pero no sabe quien, dice que la que tiene ahora le tiene el coco sorbido”

- “¿Pero estas seguro de eso?, mira, que este juego como morbo está bien, y bueno, se que no soy un santa, pero no quiero hacerle daño a nadie”

- “Si, me aseguro que sabia perfectamente que tenia algún escarceo por ahí, pero me remarco mucho que esta ultima, ósea tú, es especial para él, mira que este cabrón si se enamora de tí puede ser muy dañino”

- “Si lo se, si hoy ha sido la vez que mas incomoda he estado con él, no sólo por no decirte nada, sino por su forma de actuar, para ser sincera prefería que se comportase como un gilipollas, azotándome y comiéndome las tetas antes que darme trato de princesa como hoy”

- “Tienes que ser muy sincera, con él y conmigo de lo que sientes, no quiero que esto nos reviente en la cara”

- “Lo se lo se, no podemos seguir o acabaremos mal todos”

Nos besamos y siguió contándome.

- “Ha estado hoy especialmente atento, lo hemos hecho en el asiento del copiloto de su coche, ha bajado el respaldo y se ha puesto encima”

- “Ya veo, veo que te ha gustado”

- “Ha sido distinto, como cuando volviamos del hotel, me ha besado con mucha pasión, me ha estado comiendo el coño durante un buen rato, haciéndome llegar no se ya ni cuantas veces, y cuando ha estado lista para hacerlo, ha entrado con tanta delicadeza y ternura, que me parecía imposible que fuese el mismo hombre”

- “¿Te gusta más cuando te lo hace duro o que?

- “No, no es sólo eso, yo creo que gran parte de su atractivo era que me trataba como a una puta, me usaba para su placer y me hacia enloquecer, que me haga el amor despacio y con cariño me resulta raro, eso es algo que se supone que solo haces tú”

- “Ya veo”

- “Aun así he disfrutado mucho, sabe como moverse eso esta claro, y con el aguante que tiene, he estado disfrutando de él un buen rato, me besaba y acariciaba tan suavemente que parecía que yo me iba a romper, me hablaba al oido y me decía cosas como, que me quería, que estaba enamorado, que estar dentro de mi era como tocar el cielo, que era perfecta y mil cosas mas”

- “Imagino que eso ha ayudado a ponerte a tono”

- “Mas bien lo contrario, me sacaba un poco de sitio, porque el amor no tiene nada que ver en esto. Pero con ese aparato que tiene pues he acabado corriéndome como una burra, y él justo después, llenándome el deposito bien lleno como suele decirme, aunque no me ha pedido que le diga su frase favorita”

Esa noche no pegué ojo, por un lado había recuperado la complicidad con mi mujer y confiaba hasta cierto punto en ella, pero por otro lado había una vocecita en mi cabeza que me decía que era cuestión de tiempo que ella cediese a sus encantos, me abandonase y me dejase allí plantado y solo, quedándose con Pedro y acostándose con él cada noche mientras los dos se ríen de mi, de como han estado humillándome durante todo este tiempo y sobre todo continuando con sus vidas mientras yo me estanco.

Al día siguiente desde el trabajo le escribí a mi mujer un mensaje para decirle que quería hablar con Pedro, y que quería quedar con él en casa para aclararle la situación y dejar cada cosa en su sitio.

- “Vale, si me confirmas que viene esta tarde a casa llevo al niño con los abuelos para que podamos hablar los tres tranquilos”

Confirmé todo y esa misma tarde nos veríamos

Cuando llegó la hora los dos estábamos esperándole nerviosos y listos para dejar las cosas claras, y así fue:

Desde que entro por la puerta todo fue amistoso y bastante amigable, aunque Pedro estaba en guardia, dado que se había declarado mas o menos a mi mujer, y aunque no le había pedido que me dejara desde luego quería robarme parte de mi vida, no sabia muy bien cual sería mi reacción.

Conversamos un largo rato sobre todos estos temas y queríamos dejar meridianamente claro que esto llega hasta el sexo y el morbo que hemos vivido estas ultimas meses pero que ni un paso mas allá, mi mujer tenia muy claro todo y lo explicaba con vehemencia.

- “Ya veo que lo tenéis muy claro”

- “Si Pedro, no es algo que vaya a cambiar, pero si crees que esto va a ser un problema para tí, lo dejamos todo y se acabó”

- “Creo que será lo mejor”

Yo observaba la conversación entre ellos y tenia una extraña sensación de alivio, tenia dentro de mi el pequeño deseo de que esa aventura se acabase y todo volviese a la normalidad, pero tenia por otro lado perder de nuevo a mi ardiente mujer, deseosa de sexo, dispuesta a todo por un poco mas de placer.

- “Si, queréis que esto sea solo sexo, deberíamos darnos la oportunidad de despedimos como Dios manda, ¿no?”

- “Mira, no tiene que ser nada tan dramático, solo date un tiempo para aclararte y ya hablamos mas adelante” - dijo mi mujer.

Yo entendí perfectamente lo que quería Pedro, quería salir de todo esto por la puerta grande y porque al final esto no va solo de sexo, va también de humillarme a mi, de doblegarme poco a poco hasta convertirme en un pelele en sus manos, las manos de ella, y las manos de él.

Me acerque a mi mujer que estaba en pie frente a él que la miraba sentado en el sofá, la abracé por detrás con suavidad y le hable al oido con suavidad, pero también para que Pedro me oyese.

- “Creo cariño que nuestro invitado lo que quiere es poder pasar un rato contigo por ultima vez”

- “Si si, si lo he entendido, pero no es el momento, y creo que las circunstancias….”

Mi lengua recorrió su cuello con suavidad hasta terminar en su oreja, que mordisquee suavemente haciéndola entornar los ojos

- “Creo que nos lo debemos los tres, ¿no?”

- “El cornudo sabe de lo que habla, hazle caso putita, así que deberíais perder un poco de tiempo en preparaos… por que no vais a vuestro cuarto y haces que el cornudo se ponga su cinturón, y tu te pones esa lencería amarilla tan sexi que tanto me gusta?

Mi mujer entro en barrena, me cogió de la mano y me llevó al dormitorio sin darme lugar a replica

- “Vamos, ponte el cinturón mientras yo me aseo un poco y me visto”

Con la practica que tenía no tarde casi nada en ponerme el cinturón y volver a colocarme la ropa por encima, mi mujer estaba preciosa como siempre, y en su cadena de oro volvía a lucir su anillo de casada y la llave de mi libertad, la lencería que le regalé le quedaba tan bonita, realzaba sus pechos y se ajustaba tan bien a sus caderas.

- “Vete al salón con Pedro, mientras yo me pongo las sandalias de tacón alto, no tardo”

Me fui al salón y ahí estaba él, expectante.

- “Pero bueno cornudito, todavía estas así?”

- “¿Como?”

- “Esperaba que estuvieses ya listo, con tu pollita bien encerrada y enseñándosela a todo el mundo, vamos desnúdate”

- “No no, que va, lo llevo puesto, debajo de la ropa”

- “Que si que si, si se que te encanta, pero quiero que todos podamos verlo, venga, fuera la ropa”

Dude unos instantes pero enseguida obedecí.

- “Jajajaja, me imaginaba la imagen pero jamás pensé que te vería algún día así”

Justo en ese momento entraba mi mujer por la puerta.

Las sandalias le estilaban aún mas si cabe sus formas, sus suculentos muslos blancos como la leche se marcaban fibrosos y sus pechos se veían hinchados y deliciosos, esperando ser comidos. Apenas se inmutó de verme desnudo y se aproximó a Pedro que seguía sentado y la tomo de la mano para hacer que se acercara y hundir la cara en su pubis, aspirando fuerte.

- “UHHHHMMM, después de tantas veces todavía te excitas solo con verme, ¿verdad?”

- “Ajam”

Se levantó y empezó a besarla y tocarla por todas partes, creo que podía sentir el contacto de sus dedos, mi cuerpo se estremecía de excitación y me ardía la cara de la vergüenza.

Ella empezó a desnudarlo con avidez, su camisa, sus vaqueros, su slip apenas podía sujetar su polla.

- “Vamos nena, enseñaré a tu marido como te las apañas con la polla de un hombre”

Mi mujer se puso en cuclillas frente a él y bajó el slip de su cadera para dejar su polla libre, no era la primera vez que la veía en persona pero casi no podía apartar los ojos de ella, parecía como de otro cuerpo, como si hubiesen cogido lo polla de un hombre alto y fuerte como yo y la hubiese cambiado con la pequeña polla de un tío bajito com él.

- “Ohhh, si eso es”

Mi mujer devoraba esa verga mirándole a los ojos, se agitaba la melena para que cállese detrás de sus hombros y poder mirarle directamente a los ojos sin nada en medio, trabajaba esa tranca desde la base a la punta como tantísimas veces he visto en video, y de vez en cuando me miraba a mi

Estuvo dedicándole un buen rato a la mamada, él le hizo una coleta con su mano, y la uso para guiar el ritmo y la fuerza de la mamada, la hizo tragar varias veces hasta atragantarse. Se inclinaba sobre ella y deslizaba su mano por su sujetador y su pecho hasta capturar un pezón y pellizcarlo con ganas, ella gemía y entornaba los ojos, incluso cuando él no hacia nada, a veces entornaba los ojos como si estuviese recibiendo un placer increíble chupando su polla.

Cuando mi mujer se cansó de esa postura, acabó por ponerse de rodillas para continuar otro rato mas y cuando no pudo mas hizo que se sentara en el sofá para rematar la faena. Se esmeró en hacerle descargar sus huevos.

-“Me voy a correr, me voy a correr en tu boca, pero no quiero que te lo tragues, guárdalo, ahhhhhh”

Debió tener una abundante descarga, mi mujer apenas pudo contenerla y continuar chupando.

- “Ahora quiero que la compartas con el cornudo, que se la trague él”

Mi mujer se dirigió a mi, y poniéndose de puntillas y sujetándome del cuello me traspasó todo el sabor salado y agrio de su corrida hasta que no pude hacer otra cosa que tragar.

- “Jjjajaja, muy biennn cornudo. Eso es lo mas cerca que estarás de tener en ti la lefa de un hombre de verdad”

Estaba teniendo unas punzadas horribles en los huevos, mi polla luchaba por salir de ahí, no podía con toda esa excitación.

- “Vamos al dormitorio, quiero darle un buen espectáculo a tus cámaras, porque seguirán grabando ¿no?”

- “Si”

Cuando llegamos al dormitorio se tumbó junto a mi mujer en la cama y empezó a deshacerse de la ropa que quedaba, la siguió calentando un buen rato, hasta que la ordeno de ponerse a cuatro patas sobre la cama.

- “Vamos cornudo, prepárala para mi, quiero todos sus agujeros bien lubricados”

Ella obediente se sitúo cerca del borde de la cama y me ofreció toda su carne rosada y amoratada para comer, y empecé a lamer todo lo que se me ofrecía. Ella enseguida empezó a gemir de gusto y alargó sus manos para estirarse sobre la cama, como una preciosa gata desperezandose y alargando su cuerpo, aplastando sus preciosas tetas contra las suaves sabanas.

- “Eso, es, no queremos que se haga daño cuando la folle un hombre de verdad, ¿no?, pero mucho cuidado cornudo, no dejes que se corra, ella solo debe correrse con una buena tranca metida en sus entrañas, no quiero que pierda sus orgasmos con tu lengua de cornudo”

Joder, estaba tan excitado que me daba igual lo que me dijera, estaba dispuesto a soportar cualquier humillación mas con tal de continuar un poco mas lejos en esa espiral de locura.

- “Dejaré que prepares su culito, ve jugando con tus dedos, de uno a uno”

Se subió a la cama y ofreció su polla de nuevo para mamar, estaba morcillona y tenia que recuperar su esplendor antes de follarsela. Mi mujer no se quejó lo mas mínimo y de nuevo usó sus manos para mantenerse a 4 patas y sujetar su polla y sus huevos, me moría de vergüenza cuando levantaba la vista y me encontraba mirándonos los dos a los ojos, con su típica sonrisa en la cara.

- “No dejes que se corra, cornudo” - me repitió

Ella no dejaba de suspirar y gemir, gemidos ahogados por toda la carne que tenía ahora en la boca.Se atragantaba de vez en cuando y él la empujaba con su pubis, haciendo que su trasero y su coño se chocasen con mi cara que a estas alturas estaba totalmente pringada de saliva y flujos. Mis dedos jugaban con su ano suavemente, mi lengua lo lubricaba y vuelta a empezar, cuando notaba que mi trabajo en su rajita estaba subiendo de intensidad y la iba a hacer correrse me detenía para cumplir con la orden de Pedro.

- “Vamos apártate”

Pedro dejo su sitio y me hizo quitar de la grupa de mi mujer para colocarse él.

- “Mirala a los ojos”

Me situé justo delante de ella, y me agache para ponerme a su altura, tenia los ojos llorosos, las mejillas encendidas, y la boca entreabierta.

Su cara empezó a transformarse ante mis ojos, primero abrió mucho los ojos y su boca, parecía que iba a gritarme a la cara algo, pero enseguida emitió un gemidito suave y largo, mientras sus ojos volvían a entornarse y quedarse casi en blanco totalmente.

- “Ahhhh, ahí va toda, perra. ¿Has visto la cara que pone cuando se la meto?, seguro que tus cámaras no son capaces de captarlo, quería que lo vieses al menos una vez para que sepas que nunca vas a conseguir hacer lo mismo”

- “Ah ah, si, si que bueno, no pares”

- “Joder, que buen trabajo has estado haciendo cornudo, entra la polla prácticamente sola, está empapada. Ahora quiero que te pongas de rodillas en aquel rincón y que observes sin hacer ruido.“

Sin decir nada me aparté de la cama y me fui al rincón que me indicaba, me arrodille y noté el frio del suelo en mis huevos, estrangulados por el cinturón de castidad, ese extraño alivio del frio me hizo tomar mas consciencia de mi situación en ese momento, totalmente sometido y castrado mientras un cabronazo se folla a mi mujer.

- “Ah dios, que gorda, creo que esta mas grande que nunca, ah ah ah”.

Mi mujer gozaba sin medida, imagino que tenerme delante hacia que su morbo se disparase sin limite, y Pedro también debía estar a tope, sabia que se le acababa la aventura y seguro que quería aprovechar a tope.

- “Dame las manos”

Pedro estiro los brazos para coger a mi mujer, que miraba al frente con la boca muy abierta sintiendo toda esa carne dentro, sujetó a mi mujer por los brazos a la altura de los codos, y manteniéndola en equilibrio empezó a darle con fuerza y rapidez.

Plas plas plas plas, “AHAHAHAHAHAH, DIOOOOSS, AHAHHHHHHH”

Era increíble la forma de moverse y como sus tetas colgando grandes y suculentas se movían adelante y atrás al ritmo de la follada, parecía que se ondulaban en el aire tan rápido con todo ese bamboleo.

Pedro no daba muestras de fatiga y seguía con su ritmo frenético, mi mujer gritaba, gruñía y decía cosas ininteligibles, los ojos parecían que iban a salir de las orbitas, su carne se agitaba y los ruidos de sexo y placer invadían nuestro dormitorio. Parecía que no iba a acabar nunca, como un pistón mecánico la horadaba sin piedad, sudaba en cantidad y no dejaba de decirle lo mucho que le gustaba clavársela bien profundo, sabia que estaba ahora tocándola en un sitio donde yo no podía llegar y lo decía mirándome a mi, haciéndome apartar la mirada avergonzado.

En un momento dado, mi mujer pego un tirón para liberarse de las manos atenazantes e Pedro y derrumbarse de costado en la cama, su cuerpo temblaba casi con convulsiones, se llevó la mano dede atrás a la entrada de su vagina y respiraba ansiosa como su hubiese estado buceando 5 minutos.

- “Ah, cabrón, me has destrozado, ah ah”

Pedro, se acercó a ella y en esa misma postura, de costado sobre la cama, llevó la rodilla de ella hasta casi su boca, exponiendo totalmente su rajita hinchada y ano y empezó a hurgar con su verga en la entrada trasera de mi mujer.

- “Ah ah, no no, espera espera, no puedo, yo…”

Se calló cuando su mano atrapo uno de sus pechos, estrujando con fuerza, el pezón de ella duro y enorme se escapaba entre sus dedos, y la polla de él a la vez se enterró en lo mas profundo de una sola estocada.

Mi mujer gritó con fuerza y agarró la almohada para morderla y apaciguar el grito, sino algún vecino podría hasta llamar a la policía con semejante berrido.

Pedro no dio lugar a nada y continuó con un bombeo frenético en su culo también

La almohada acallaba un grito constante de mi mujer que estaba siendo sodomizada brutalmente. Quise levantarme y ayudarla, quitárselo de encima, pero ella no dijo nada al respecto, solo gritaba y gemía, creo que hace ya un rato que no se acuerda de mi presencia.

El bombeo incesante de Pedro solo se interrumpía para escupir en su propio miembro y continuar de nuevo la penetración. De nuevo empezaba los gritos de dolor desgarradores, pero cuando el proceso se repitió 3 o 4 veces, Pedro sacó su polla una vez más, dejó caer desde su boca un gran escupitajo que calló justo en el punto donde se tocaban la punta de su polla y el ano de mi mujer y empujó de nuevo hasta los huevos dentro de mi mujer, dejando escapar ella un sonoro gemido de puro y autentico placer.

Ya no gritó mas, solo escuche gemidos de gusto por su parte.

Pedro, inagotable como siempre, arrancó orgasmos sin parar de mi mujer en varias posturas, para terminar en una especie de misionero, y cuando por fin, sintió que se corría se sacó la polla y apuntó al cuerpo de mi mujer, dejando caer su lefa en por su cuerpo,

Me pareció sorprendente que tras correrse hace solo unos minutos volvía a lanzar varios chorros de su leche salpicando piernas, brazos, pelo y pecho de mi mujer que respiraba exageradamente tras la brutal follada que acababa de recibir.

- “Ahora cornudo quiero que la dejes bien limpia con tu lengua, vamos, no pierdas el tiempo”

Pedro se marchó del cuarto y yo gatee hasta el filo de la cama y llegué a mi mujer, para besarla en los labios y comenzar a lamer su cuerpo

Recogía cada gota con mis labios y mi lengua, besando la piel de mi mujer con devoción, continue hasta la cara y el pecho, amasaba y acariciaba cada lugar que acababa de limpiar mientras ella se dejaba hacer

Para cuando Pedro volvió con una botella de agua a medio terminar, yo ya tenia mi cabeza enterrada en la rajita de mi mujer que me sujetaba con sus manos para disfrutar lo máximo de mis atenciones.

Pedro se acercó a mi mujer y cogió de su cuello la cadena de oro con la alianza y la llave de mi candado, se la quitó con cuidado y me hizo poner de pie, quitó el candado y me dijo:

- “Quítate eso, quiero ver como te follas a tu mujer, quiero ver que la dejo en buenas manos”

Yo ya ni me planteaba lo que me pedían, solo obedecía cada petición como una orden imposible de ignorar.

Me quité el cinturón con la llave que me dio mi mujer y libere mis huevos.

Mi polla encogida y babeante parecía ridícula al lado del pollón de Pedro que incluso a medio gas me parecía enorme.

- “Vamos, la tienes bien lista para follar, ¿a que esperas?”

Mi polla no reaccionaba, como me pasó la otra vez creo que necesito unos minutos para que pueda volver a empalmar.

- “Joder, sabia que la tenias pequeña, pero no que eras impotente, no me extraña que tu mujer tenga que buscarme a mi”

Me apartó de un empujón y se lanzó de nuevo a por ella

- “No no, no puedo, estoy destrozada”

- “Venga nena, es nuestra despedida, al menos una vez más”

- “Ah por favor, al menos déjame descansar un rato”

Contrariado Pedro se lanzó a por sus tetas, estrujando y chupando con ganas, mordiendo los pezones y amasando los dos ricos globos de mi mujer, mientras yo me concentraba en despertar a mi polla de su letargo, sin sensaciones de momento. Me tocaba un poco a ver si volvía pero nada, no conseguía empalmar.

Mi mujer dejo poco a poco que se encargara de nuevo a ella, y se besaban y acariciaban hasta que su enorme verga de nuevo hinchada adornada por dos enormes huevos bien marcados, casi con vida propia acabó alojado en la vagina de mi mujer, que no pudo evitar poner los ojos en blanco.

Se besaban en los labios, ella clavaba sus uñas en el culo de él y lamia el sudor que chorreaba por su pecho y cuello.

- “Ah dios mio”

Yo en ese momento, desnudo totalmente y en pie junto al armario, decidí volver a mi rincón como un mueble mas y observar como follaban una vez mas.

Aunque no era un polvo de enamorados ni mucho menos, si que fue mucho menos violento que lo anterior.

Pedro serpenteaba sobre el cuerpo de mi mujer que no se cortaba en decirle lo mucho que le gustaba, que lo sentía mas profundo que nunca, que tenía mejor polla que el cornudo, y que va a usar en su consolador en cada polvo conmigo,

“Cada vez que el cornudo impotente no empalme voy a usar el molde de tu polla” dijo literalmente.

Mi humillación no tenia limites, yo solo agachaba la cabeza y me sentía reconfortado de que ella almenas se acordaba que yo estaba allí.

- “Vais a usar la polla de goma cada vez que lo hagas con él, ya sabes que tu coño y culo es como un guante, no debe perder la forma de mi polla jamás”

Se reían y besaban cómplices totales.

Mi mujer quiso ponerse encima y Pedro se tumbó apoyando su cabeza en el cabecero de la cama, ella se subió sobre él y volvió a acoger su polla en su interior de un solo movimiento y hasta la empuñadura, empezó a moverse despacio y a deleitarse con cada milímetro de carne que alojaba su vagina, se atraparon las manos entre los dos y empezó un bamboleo cada vez mas intenso, su cadena de oro se balanceaba a la vez que sus tetas con cada embate, dejaba escuchar el tintineo de su anillo de casada y la llave de mi cinturón con cada movimiento, balanceándose sobre la cara de Pedro, que aunque sabía que su aventura se acababa no iba a dejar pasar la ocasión de disfrutarla una vez mas. Atrapaba los pezones de mi mujer cada vez que el movimiento los acercaba a su boca, era incesante, asfixiante y humillante escucharles gemir, decirse cosas entre dientes casi como si quisieran que yo no los escuchase, la forma de follar, la intensidad el olor, los sabores, las manchas sobre las sabanas grises de mi cama, todo me daba vueltas en la cabeza

Se agitaron los dos casi al unísono gimiendo y gritándose un ultimo orgasmo en sus bocas mientras se besaban, descargando Pedro el resto de su carga en el coño de mi mujer que todavía gemía y respirada agitada por el incontable orgasmo recibido

Pedro besó a mi mujer en los labios con pasión y tardó en salirse de ella, que destrozada en una cama revuelta, era incapaz de moverse, en ese rato solo podía admirar el rastro de manchas y lamparones y el charco de semen entre sus piernas, escurriendo de su rajita manchándolo todo, ya no le importaba ni había nada que ocultar, los cuerpos brillantes por el sudor, el contraste del color de sus pieles. Sin decir nada mas y tras reponerse un poco después de la tórrida tarde-noche Pedro se fue a la ducha, dejándonos solos una vez mas.

- “¿Que te ha parecido cornudito?, ¿entiendes por que volvía a caer una y otra vez?. Es una fuerza de la naturaleza”

- “Lo entiendo, pero esto esta traspasando todas las barreras, no podemos seguir así”

- “Lo se, no cambia nada, pero sólo espero que se entiendas un poco mi posición hasta ahora”

Pedro se vistió y se marchó, nos despidió en lo que había sido su dormitorio esa tarde noche, ella le dio un beso en los labios y apretó sus tetas una última vez, y a mi me dio la mano diciéndome:

- “Espero que al menos puedas empalmar esa mierda de polla en algún momento, sino tu mujer va a acabar volviendo a llamarme”

Lo acompañe a la puerta con un albornoz puesto, y cuando volví al dormitorio mi mujer ya estaba en la ducha, me metí con ella y por fin pude empalmarme, empezaba a preocuparme de verdad.

Mi mujer me besaba suavemente y me pajeaba con dulzura, no hizo falta mucho mas para que me corriese entre sus dedos, dejando caer mis chorros sobre su muslo suave y blanco como el mármol y sobre la loza de la ducha

- “Vamos a tener que trabajar ese aguante, cornudito, con esto no tengo nada que hacer”