Una noche con demasiados secretos 1/2
La deuda era impagable, pero la solución era más oscura de lo que imaginaba. No se trataba de perder el dinero, sino de perder el control. Cuando las reglas del juego cambiaron, la línea entre la amistad y la traición se desvaneció en la oscuridad del salón.
El último sábado de fin de mes organizábamos una cena (cada mes en una casa diferente) junto a nuestras esposas. Era una ocasión perfecta para desconectar del día a día y en esta ocasión los anfitriones éramos nosotros.
En cuanto a nosotros os hablaré primero de mi esposa: Beatriz tiene 39 años, y llevamos 10 años casados. Si por algo destaca es por su belleza: 1.70 de alto, ojos verdosos, melena rubia oscura, una magnífica silueta, unos senos de la talla 90 y un culo a los que dedica muchas horas de gimnasio. Yo me llamo Andrés y me considero un hombre normal: 43 años 1.80 de alto, de complexión normal, ojos azules y sin nada destacable.
Aquella noche Beatriz estaba arrebatadora ya que llevaba un vestido largo de color negro, el cual dejaba parte de su espalda al descubierto, pero algo más comedido en su parte frontal, en cuanto a su pelo llevaba un semirrecogido. Yo iba algo más informal con un traje gris sin corbata.
Cerca de las ocho llegaron Beltrán e Ilsa. Él tenía 50 años, pelo canoso y con algo de sobrepeso que disimulaba con una altura cercana a los dos metros. Ilsa tenía unos 30 años, pero en su rostro se apreciaban ciertos retoques estéticos (pómulos y labios). Sabíamos que era de Hungría y es que desconocíamos por completo su pasado ya que en los tres años que llevaban casados, nunca había comentado nada de su vida (como si no existiera). Su aspecto físico tampoco dejaba indiferente: media melena de color rubio (de bote) pecho operado (me imaginaba), bastante delgada (unos 50 quilos) y una estatura cercana al 1.60 de alto. Llevaba un vestido de color rosa con un tejido similar al látex que hacía que sus senos quedaran erguidos y oprimidos a la vez, estos parecían querer liberarse de semejante coraza y para rematar el conjunto llevaba unos zapatos de plataforma transparente que elevaban un poco más su estatura.
Al acceder al salón Beltrán me habló de diversos negocios, mientras ellas se quedaron a escasa distancia de nosotros. Me molestaba que a veces me hablará como si la empresa fuera suya. Yo la había creado de la nada y ellos se habían asociado hacía tres años. Mi empresa para no aburriros mucho se dedica a la logística y organización de eventos por todo el estado español y hace realmente poco nos acabamos de expandir fuera de nuestras fronteras.
Unos minutos más tarde sonó el timbre: eran Claudio y Anabel
Tras abrir la puerta vi que nuestras esposas habían echado el resto en cuanto a sus vestimentas. Anabel parecía una diosa y es que era la antítesis de Ilsa. Era de nacionalidad española, aunque se había pasado la mitad de su vida entre España y Sudamérica. Tenía una altura similar a la de mi esposa, aunque con algún quilo de más que hacían que tanto sus senos (de buen tamaño) como su figura la hicieran más bella, su pelo de color castaño que tenía un brillo especial, su cara redondeada y unos labios carnosos hacían que te fijaras en ella. Su vestido potenciaba aún más estos atributos, era de un tejido similar al punto y de color gris que le llegaba justo hasta la rodilla, rematado con un cinturón de color negro que le marcaba la cintura. Ella era la única de las tres mujeres que sobrepasaba los 40. Claudio tenía 44 años, de complexión delgada y con unos ojos negros muy penetrantes.
Al cabo de unos minutos tomamos un aperitivo como antesala de la cena (el servicio se retiraría tras ella). Nuestras veladas se alargaban hasta altas horas de la noche y siempre que podíamos hacíamos una serie de partidas de póker y esa noche no iba a ser una excepción.
- ¿Bueno chicos estáis preparados para hacer una partidita? -dije yo-
- Yo estoy preparado para ganarte hoy-dijo Claudio-
- ¿Y yo no puedo ganar? -les comenté yo-
- Amor mío, tú casi no ganas nunca-dijo Beatriz-
Su comentario me molestó ya que cuando tu propia esposa no te apoya...pues apaga y vámonos. En parte sus palabras eran bien ciertas ya que solo ganaba una cuarta parte de las partidas que disputábamos y siempre con un límite de 1000 euros, lo hacíamos a modo de divertimento mientras nuestras esposas hablaban entre ellas.
Había llegado el momento de empezar a jugar.
- Arrancamos-dijo Beltrán-
- Vamos-dije yo-
La primera apuesta fue de 20 euros por persona y la cosa no pudo empezar peor ya que parecía que me había mirado un tuerto, no me llegaba ni una buena mano y es que lo máximo que lograba sacar es una pareja de nueves. En un rato había perdido 600 euros y nos estábamos acercando al límite establecido sintiendo cierta tranquilidad...o eso pensaba yo.
- ¿Andrés, que te parece si hoy para celebrar lo bien que nos van los negocios jugamos sin límite nuestras apuestas? -dijo Beltrán-
- Vosotros queréis desplumarme-les dije de forma seria-.
- ¿No serás un cobarde? -dijo Claudio-
La poca confianza depositada por mi esposa y que ellos me llamaron cobarde, no ayudaban precisamente, pero alguna buena mano me llegaría tarde o temprano.
- ¡Y tanto que voy a jugar!
- Parecéis como niños-dijo Ilsa-
- Andrés, retírate que no pasa nada-dijo mi esposa-
- Nunca.
- Así me gusta con un par-dijo Claudio-.
En esa nueva mano gané un par de partidas, pero también perdí unas cuantas más. Cerca de las tres de la madrugada ya llevaba la friolera de 60.000 euros perdidos y cada nueva partida iba a peor.
Yo disponía de dinero en efectivo (siempre lo hacíamos así), aunque en casa no tenía ni una tercera parte de lo que adeudaba.
- No aprendes Andrés...mira si quieres te ofreceremos un trato "de amigos" y así no hará falta que abones lo que nos debes, ya que dudo que dispongas de tal cantidad de dinero en estos momentos.
- ¿Cuál es el trato? -yo intrigado-.
- Sabe tu esposa siempre nos ha parecido guapísima y como dos caballeros que somos, te perdonaremos la deuda a cambio de disfrutar de su compañía y no temas que podrás observar como la tratamos.
Aquello me dejó noqueado ya que nunca en la vida me imaginé que fueran tan mezquinos, ya que me estaban diciendo a la cara que se iban a follar a mi esposa ante mis ojos, ver el rostro de Beatriz tampoco ayudó.
- No esto no, por aquí no paso y esto te pasa por no saber jugar, aunque si tiene que suceder te lo tendrás merecido y así aprenderás de una maldita vez-increpándome mi esposa-.
- Tienes dinero para pagarnos-Beltrán hablando de forma amenazante-
- Sabéis que no dispongo de esta cantidad de dinero en estos momentos.
- Dejadlo estar esto del dinero, es solo un juego-dijo Anabel-
- Las deudas se pagan cariño-dijo Claudio-
Aquel comentario no me gustó en absoluto, aunque tampoco deseaba que aquellos dos se la beneficiaran. Ahora solo existían dos opciones: ganar o convertirme en un cornudo en toda regla.
- Jugaré otra más.
- Perderás seguro-dijo Beltrán-
- Y si no...
- Te lo dejaré claro: si ganamos te perdonaremos la deuda, pero ella disfrutará de una noche de sexo que no olvidará fácilmente.
Anabel e Ilsa estaban estupefactas viendo como sus esposos, decían con toda la jeta del mundo se iban a follar a otra mujer.
- Mira si gano yo me perdonáis la deuda y dejáis a mi mujer en paz-les dije con mucha seriedad-.
Fue entonces cuando entraron en la conversación Anabel e Ilsa.
- Yo no estoy de acuerdo ya que nosotras también queremos participar-dijo Ilsa-
- Si ganas tú-mirándome a mí- las que vamos a follar seremos nosotras contigo y ellos nos observaran-Anabel muy seria-.
- Vosotras estáis locas-dijo Beltrán-.
- Si tú apuestas nosotras también-dijo Ilsa-.
- Allá vosotras...pero sabéis como acabará todo esto-riendo Beltrán-
- Yo acepto-dije yo-.
Me sorprendió la contrapuesta realizada por ellas e indicando que no eran unas simples mujeres florero. Ahora tocaba finalizar aquella partida en la que cualquier gesto podía delatar mis intenciones y además ver los ojos de mi esposa clavados en mí, no ayudaba en absoluto.
- Andresito, ya te la puedes apañar, porque de esta no te vas a salvar-me decía Claudio-
- Quizás tendrás razón, pero no os lo pondré fácil-lo empezaba a ver todo cuesta arriba-.
La partida se alargó hasta que llegó al punto culminante de la noche, dónde pondríamos las cartas encima de la mesa para saber si la diosa del azar había sido benévola conmigo.
- Voy a empezar yo con...póquer de nueves-dijo Claudio-
- Venga Beltrán que tienes-le dije yo en busca de no alargar más mi agonía-.
- No te impacientes-se puso a reír a carcajada limpia- mira una escalera de color del mismo palo del 10 al 6 de picas...no creo que puedas superarlo así que ya sabes Beatriz que te toca.
- Espera un momento que a lo mejor nos sorprende-Claudio se había venido muy arriba-.
- Aquí tenéis: Escalera real de color.
- Esto no puede ser, seguro que has hecho trampas.
- Yo no hago trampas nunca, así que...
Había ganado la partida y era algo que no me hubiera imaginado al principio de la noche, mientras disfrutaba de aquel momento Ilsa y Anabel se acercaron hacia la mesa quedándose a escasa distancia de mí.
- Bueno creo que hicimos una apuesta y la hemos ganado, así que sin más dilaciones nos toca disfrutar del premio-dijo Anabel-.
- No chicas, somos amigas y eso no se hace-Beatriz muy nerviosa-.
- La culpa no es nuestra, sino de ellos-mirando a sus respectivos maridos-. Andrés ha cumplido con su parte, pero nosotras querida "amiga" cumpliremos con la nuestra y no temas que lo tratáremos muy bien-dijo Ilsa-.
- Pero quienes os habéis creído guarras-Beatriz levantando la voz-.
- Guarra tú y es que nosotras no habríamos apostado, sino le hubieras dicho tonto a tú marido, así que medita tus palabras antes de todo-dijo Anabel sensiblemente enfadada-
Ahora veía que el comentario despectivo de mi esposa había sido el detonante de la apuesta realizada por ellas. La situación me estaba sobrepasando y es que ahora mi esposa sería una mera espectadora. Ellas dos tenían la batuta de la velada y dentro de mí había una mezcla de sentimientos, ya que todo aquello marcaría un antes y un después en los matrimonios de aquel salón.
- Estimados maridos y Beatriz, os importaría acomodaros en otro sitio...eso si sentaditos, calladitos y con las manos a la vista -dijo Ilsa-.
- Andrés has tenido mucha potra y no creo que aguantes mucho con estas dos-Beltrán muy enfadado-.
Si hace unos minutos jugábamos una partida de póquer, ahora se libraba una batalla donde ellos querían salvaguardar su honor ya que en pocos minutos habían pasado de la gloria a la derrota, mientras Beatriz parecía haber enmudecido.
Se dirigieron a otra parte del salón y entonces Ilsa soltó la primera frase la cuál no tuvo desperdicio alguno.
- Creo que necesitarás algo de motivación-dijo Ilsa mirándome-
En apenas unos segundos deslizó su vestido hasta la altura de su cintura, liberando sus senos que ahora si podía que confirmar que estaban operados.
Las palabras que vinieron a continuación eran una invitación hacía un placer prohibido.
- Chúpalos, saboréalos y disfrútalos bien que te los has ganado-dijo Ilsa-
En aquel preciso instante supe iba a cruzar una línea sin retorno alguno. Tenerlos cerca de mi rostro tuvieron un efecto hipnótico que hizo que me abalanzará sobre ellos, comencé a recorrer con mi lengua sus pezones que estaban duros y con un tacto muy artificial, pero en pocos minutos me acostumbré, mientras notaba como mi miembro crecía de tamaño dentro de mi pantalón.
- Que bien lo haces, chúpamelos así que me encanta-Ilsa emitiendo leves gemidos-.
Ahora ya no me contentaba solo con aquellos senos, sino que mi mano buscaba su entrepierna, pero aquel vestido tan ceñido provocaba que la tarea fuera casi imposible de realizar. Ilsa se dio cuenta subiendo su vestido y dejando al descubierto un pequeño tanga. Aquella situación me tenía absorbido y había olvidado por completo lo que pensaban de mí tanto ellos como mi mujer que ahora eran simples espectadores.
Anabel por su parte aún no había participado, hasta que oí su voz.
- Ilsa, creo que su pantalón le aprieta mucho y es que creo que se lo está pasando muy bien-dijo Anabel-.
Anabel me lo desabrochó y entonces Ilsa me privó de sus pechos para ponerse de rodillas, sabía que vendría a continuación
- Veo que lo que tienes aquí nos va a dar mucho placer y seguro que no olvidarás nunca lo que te voy a hacer-Ilsa a escasa distancia de mi miembro-.
Ilsa estaba disfrutando de aquella situación mientras Anabel se mantenía en un segundo plano. Ilsa dejó mi miembro al descubierto y entonces como todo hombre tuve miedo de no estar a la altura.
- Vaya, vaya… creo que nos lo vamos a pasar muy bien con esto que tienes aquí y de lo que puedes presumir...no como otros.
Vaya pulla le había metido Ilsa a su marido y por un momento pensé que dirían algo, pero no sucedió nada, aunque al mirar a mi esposa pude ver en ella una sensación de asco, pero en aquel momento no me importaba lo que opinará.
Ilsa cogió mi pene y escupió encima de mi glande y posteriormente con su lengua lo recorrió y entonces no pude evitar soltar un ligero gemido de placer. Comenzó a introducirse-la dentro de su boca y os puedo jurar que lo que sentí con aquella mamada no tenía precio, ya que lo recorría una y otra vez.
Anabel estaba a mi lado observando hasta que me habló
- Andrés ¿me ayudas a quitarme el vestido?
- Será un placer.
Llevaba en la parte trasera un lazo el cuál se abrió con suma facilidad y dejando su espalda al descubierto con un bonito sujetador negro, mientras Ilsa se la metía casi por completo dentro de su boca y alucinaba como podía aguantar tanto tiempo.
- Creo que ahora te voy a hacer algo que te encantará-me dijo Ilsa-.
Situó su pene entre sus tetas y lo pajeó con todas sus fuerzas y es que en la vida me hubiera imaginado que aquella mujer fuera capaz de generar placer de esa forma, mientras a mi lado tenía Anabel semidesnuda y solamente con un bonito conjunto de lencería. No sé por qué, pero me encantaba que con Ilsa todo fuera muy sucio y que con Anabel hubiera una parte más cariñosa.
Al tenerla cerca de mí podía notar su respiración y como los ojos de su marido se clavaban en mí con una rabia fuera de normal.
En aquel instante ambos como si tuviéramos telepatía acercamos nuestros labios para fundirnos en un beso largo y dulce. Ilsa seguía deleitándose con mi polla entre sus tetas, pero reduciendo un poco el ritmo, ya que al paso que iba acabaría eyaculando en cualquier momento. El beso de Anabel tenía algo que no se podía definir con palabras y es que aquellas dos mujeres habían despertado algo en mí que yo desconocía.
Me separé de los labios de Anabel para hablarles y hacerles saber que estaba dispuesto a gozar con ellas.
- En lugar de estar aquí, podríamos irnos al sofá para esta más cómodos los tres.
- Me apetece la idea-dijo Anabel-.
En la amplitud de aquel salón destacaba un sofá muy amplio y donde seguro que podríamos seguir disfrutando.
- Chicas me muero por jugar con vuestros coños que seguro que deben estar muy mojados-yo poseído por la lujuria-.
- Por cierto, él mío está muy mojadito-me dijo Anabel-
Ambas se despojaron de la poca ropa (quedándose solamente con los zapatos) que llevaban y me fijé en sus pubis. Anabel llevaba una línea muy fina de pelo, mientras Ilsa llevaba tatuado un pequeño corazón rojo en un lado de su pubis totalmente rasurado.
- Aquí estaremos más cómodas y además nos verán perfectamente-Anabel en un tono jocoso-.
Me desvestí y ambas se sentaron una al lado de la otra y ahora mi dilema era con quien empezar y al final me decidí por Anabel, que no sé porque sacaba un lado sensible dentro de mí. Acerqué mi rostro y al notar el contacto de mi lengua con su sexo noté como ella hizo como un pequeño respingo y es que no me engañaba al decirme que estaba excitada. Empecé de forma lenta hasta que pude notar los efectos de lo que estaba haciendo.
- Me encanta así, no pares quiero sentir tu lengua dentro de mí-decía Anabel-
Anabel me tenía absorbido y no podía atender a Ilsa, pero cuándo alcé la vista pude observar, como ella se las apañaba la mar de bien ya que sus dedos entraban y salían con gran fervor de su sexo.
La respiración de Anabel iba aumentando hasta que los primeros gemidos inundaron aquel salón y ahora ya no sabía ¿si era por lo que le hacía yo?, o ¿por qué disfrutaba viendo a Ilsa o por saber quién había en la sala?
- ¡No pares, follarme más fuerte con tu lengua.!
Las palabras que salían de su boca me indicaban que estaba disfrutando y continué haciéndolo de la misma forma, hasta que levanté la mirada y vi cómo se pellizcaba aquellos preciosos senos naturales.
- No aguanto, no aguanto-decía Anabel-
Tras aquellas palabras pude notar como emanó una gran cantidad de flujo, el cual me lancé a saborear. Que aquella diosa se hubiera corrido de esa forma me hacía sentir que como amante de momento estaba dando la talla y es que eran unas palabras que nunca había escuchado de los labios de mi esposa.
Ahora sabía que tenía que disfrutar de aquella velada y aceptar las consecuencias a posteriori, también me daba cuenta de que con semejantes diosas no duraría muchos asaltos...y como siempre estaba a la expectativa de que querían hacer.
Ilsa tomó la palabra nuevamente.
- Yo me he quedado con ganas de que juegues conmigo-mirándome con cara de traviesa-
- Pues yo también le quiero regalar a él una parte del placer que me ha dado-dijo Anabel-.
- Estírate en el suelo, para que vean bien como nos haces gozar-Ilsa con cierto regodeo-.
Al tumbarme en el suelo noté algo de frío, pero la calentura que se transpiraba en el ambiente haría que aquella sensación desapareciera rápidamente.
Ilsa acercó su coño a mi boca y me lancé a saborearlo. Me hallaba ocupado en aquel menester cuándo noté como la lengua de Anabel tocaba mi prepucio y como recorría todo el tronco de mi miembro. Todo aquello era algo único ya que estaba practicando sexo con dos mujeres a la vez.
- Joder cabrón que bien que lo comes...joder-decía Ilsa.
Anabel se deleitaba con mi miembro, pero con una delicadeza que me estaba enloqueciendo de placer en una situación muy morbosa.
Yo no articulaba palabra alguna ya que mi lengua se adentraba dentro de Ilsa y es que era una forma de devolverle una parte del placer que ella me había dado a través de todas sus artes amatorias.
Anabel se introducía por completo mi pene en su boca llevándome al límite y es que cada una de ellas sabía practicar una felación, pero con un estilo diferente.
- Ilsa no aguanto más, necesito sentirla dentro-dijo Anabel-
Anabel se colocó entre mis piernas cogiendo mi pene el cuál empezó a adentrarse dentro de su sexo, yo lo único que pude hacer fue soltar un gemido de placer.
- Ohhhh
Podía notar como cada centímetro de mí mástil se iba acomodando dentro de ella. Ilsa se quitó de encima de mí para ofrecerme sus labios y seguidamente nuestras lenguas empezaron una batalla. Anabel me cabalgaba a veces de forma frenética y otras de forma lenta lo que hacía que como siguiera con esa cadencia en cualquier momento derramaría toda mi leche dentro de ella.
Yo seguía besándome con Ilsa, aunque lo hacíamos de forma más lenta y disfrutando de cada toque de nuestras lenguas, hasta que se separó de mi para hablarme.
- ¿Te gustan mis besos? -levantando la vista y mirando a los presentes-
- Mucho.
Anabel seguía cabalgándome y llevándome a unos límites de placer inimaginables, Ilsa volvió a posar sus tetas encima de mi rostro para que las devorará de nuevo. Cada movimiento de Anabel me llevaba al límite y es que con el traqueteo que me estaban dando aquellas dos, mi clímax era ya inminente.
- Joder chicas, no voy a aguantar más.
- Ahora te voy a hacer correr como tú lo has hecho conmigo-contestó Anabel-
Sus palabras fueron como un aliciente para saber que me volvería loco de placer, subió su cuerpo por completo y lo bajó de golpe, entonces pude notar una fuerte explosión de placer dentro de mí.
- Me....corro
Mi polla parecía un auténtico volcán ya que notaba mi semen derramarse dentro de ella. Anabel no hizo ningún ademan para salirse, mientras Ilsa se separó de nosotros sentándose en el sofá y entonces Anabel dejó caer su cuerpo encima del mío y pude notar sus pechos encima de mi torso, sus labios contactaron con los míos y estuvimos varios minutos besándonos como si fuéramos una pareja de novios, realmente no sabía cómo definirlo.
- Ha sido espectacular sentir tu corrida dentro, una ya no está acostumbrada a sentir ciertas cosas-Anabel mirándome de forma sensual-.
Las palabras de Anabel fueron algo que me gustó y es que aún alucinaba con todo lo que había sucedido. En aquel momento pensé que todo había llegado a su fin y que aquella sesión de sexo había finalizado, pero Ilsa no tardaría de nuevo en incendiar el ambiente con un nuevo comentario que daba a entender que la noche aún no había llegado a su fin.
PD: Muchas gracias por haber leído este relato y es que después de muchos años de inactividad uno ya no sabe si está a la altura.
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