Patricia Morales, capítulo 2
Patricia siempre se vanagloriaba de su control, pero el semen en su rostro y el miedo a ser descubierta han roto su fachada. Ahora, en la intimidad de su hogar, la tentación de David se cuela en su matrimonio, transformando un acto de amor conyugal en un juego peligroso de nombres y fantasías prohibidas.
Este capítulo es una continuación, recomiendo leer antes el primer capítulo para disfrutarlo en su totalidad.CAPITULO 2
Eran cerca de las tres y media de la tarde y Patricia Morales seguía en la oficina, no era por unas horas extra como tantas otras veces, estaba limpiándose de semen la cara con el pañuelo de su empleado David, la D y la R de sus iniciales (David Rodríguez) quedaban manchadas del ligero tono marrón de los restos de maquillaje y la corrida que tenía en la cara, el pañuelo estaba hecho un asco, antes de tirarlo a la basura, sin saber muy bien por qué, Patricia olió profundamente el tejido, estaba avergonzada de sí misma por haber hecho lo que hizo, pero también profundamente excitada, puso la mano dentro de sus bragas y comprobó la gran sensación de humedad que había en su ropa interior.
Patricia y su marido llevaban un par de sesiones yendo a un terapeuta de parejas, porque desde hacía unos meses ella no era capaz de lubricar correctamente para mantener relaciones sexuales, no entendía nada, ella quería mucho a su marido Bernardo y él la trataba como a una princesa, sin embargo el trato de su empleado llamándola “Patri” y obligándola a chuparle la polla y a llamarle señor parecía mucho más eficaz a la hora de mojarle el coño. Ella siempre se vanagloriaba de no ser de la clase de mujeres que sucumbía a sus bajos instintos.
Tras retocarse el maquillaje y el pelo, Patricia salió hacia el parking y subió al coche para regresar a casa. En el trayecto no paraba de revivir la fallida mamada y la paja que le hizo a David, y pensaba en como salir de esa situación, por lo que el camino se le hizo muy corto.
En cuanto llegó a su piso le recibió la voz de su marido.
- Amor, ¿qué tal te ha ido en la oficina? – preguntó Bernardo
- Bien, como siempre, ¿qué tal Simón? ¿Ya lo has llevado al entrenamiento? – le dijo Patricia mientras colgaba su ropa en el pequeño armario auxiliar de su hall.
- Sí, tenemos que ir a buscarle a las 6, todavía tenemos tiempo para ver una peli o algo si te apetece.
Entonces Patricia se lanzó a los brazos de su marido y comenzó a besarle, le empujó hasta el sofá y lo tumbó de espaldas, después miró hacia abajo y descubrió horrorizada una pequeña mancha de semen en el cuello de su jersey.
- ¿Vienes con ganas de fiesta amor? – la cara de Bernardo se ilusionó con la posibilidad de follarse a su bella mujer tras tanto tiempo sin hacerlo.
Como respuesta, Patricia se sacó rápidamente el jersey y lo echó al suelo del salón, quedaba en un sencillo (y bastante grande) sujetador negro, rápidamente desabrochó y lanzo sobre el jersey.
Sus grandes pechos estaban erizados por el frío del ambiente y tenía sus pezones duros y apuntando hacia su marido que los miraba con gula. Tenía una copa 95D, aunque a sus 37 años ya no tenían la firmeza que tenían a los 20, estaban muy pero que muy bien. Patricia tenía una cara bastante resultona pero sin duda, lo que más contribuía a que sea una mujer atractiva eran esas impresionantes tetas.
Sin perder tiempo Bernardo comenzó a amasar las grandes tetas de Patricia, a dar pequeños mordisquitos a los pezones y a lamerlos como solía hacerlo siempre y a su mujer tanto le gustaba. Mientras tanto ella le desabrochó los pantalones a su marido y una vez hecho eso, se levantó y se quitó de un golpe sus pantalones y sus bragas.
A Bernardo se le iluminaron los ojos mientras veía el recortado vello púbico triangular que coronaba el coño de su mujer, y estaba reluciente, brillando con los fluidos que llevaba tanto tiempo sin ver, le parecio percibir incluso un olor intenso en ella.
Comenzó a acariciarle la vagina y a meterle un dedo que entró sin problema, entonces Patricia agarró las dos muñecas de su marido y las junto sobre su cabeza inclinándose violentamente sobre él, con la otra mano asió el miembro de Bernardo y de un golpe lo metió en su húmedo y caliente coño.
- ¿No quieres que me ponga condón hoy amor? – dijo Bernardo con los ojos cerrados.
- Calla y fóllame, llámame Patri. – le dijo Patricia entre gemidos mientras movia las caderas para disfrutar de la polla de su marido.
No sabía por qué había dicho eso, bueno en realidad sí lo sabía pero no quería admitirlo, en el fondo deseaba que el hombre que tanto le había humillado fuese el que se la estuviese follando y no su marido. Cerró los ojos y comenzó a imaginarse follándose a David en el suelo de su oficina mientras se odiaba a sí misma por hacerle eso a su fiel Bernardo.
Entonces cuando estaba empezando a disfrutar verdaderamente del polvo, sintió en sus adentros como su marido se corría y le apartaba suavemente de encima de él.
No había tenido ni para empezar y Bernardo ya había terminado.
- Has estado fantástica Patri, ¿te has corrido también? – preguntó su marido todavía con los ojos cerrados.
- ¿Por qué me llamas Patri?, sabes que lo odio – le dijo mientras descabalgaba.
- Tú me lo has pedido hace un momento, cuando me montabas como si no hubiese un mañana, a mí también me extrañó.
Joder, esto era terrible, en medio de la excitación le había dicho a Bernardo que le llamase Patri, menos mal que no le llamó por el nombre de David sin querer. Se levantó y cogió toda su ropa mientras se encaminaba al baño.
- Sí, yo también me he corrido amor. – mintió descaradamente a su marido. – Voy a ducharme.
Mientras le caía el agua caliente y en el estado de excitación en el que estaba, Patricia no pudo evitar masturbarse salvajemente en la ducha, para poder alcanzar ese orgasmo que Bernardo le había negado. Se miró al espejo con el pelo atado en una toalla y otra toalla atada sobre sus tetas, no reconocía a la persona que le devolvía la mirada en el espejo, hace sólo unas horas su vida era totalmente distinta, era incapaz de mantener relaciones sexuales y ahora le había chupado la polla a su compañero, le había dejado correrse en su cara y no solo eso, sino que se había puesto más cachonda de lo que había estado en mucho tiempo.
El sonido de alguien llamando a la puerta del baño le sacó de sus pensamientos.
- Pasa amor, ya he terminado – dijo la mujer.
- Patricia, te han llamado de la oficina, que cuando puedas le llames, creo que dijo que se llamaba David.CONTINUARÁ
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