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Dominaciónene 2025

Patricia Morales, capítulo 1

El cajón estaba vacío. El pánico la invadió cuando supo que David tenía las pruebas de su crimen. Ahora, el hombre que nunca respetó su autoridad tiene el poder de destruirla, y la única salida es arrodillarse.

amodepatri12K vistas7.8· 9 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Esta es una historia de ficción, todo es inventado y no está basado en ninguna persona viva o muerta, disfruten del relato.Patricia Morales es una mujer de 37 años, mide 1,67 metros y pesa 60 kilos, tiene el pelo negro y liso, trabaja como directora general de la oficina de Madrid de un banco multinacional, está casada con Bernardo García, médico de urgencias en un ambulatorio madrileño, tienen un hijo, Simón, que tiene ahora 10 años. Pese a que van muy holgados económicamente hablando, tienen los pies en el suelo y viven en un bonito piso sin servicio ni demasiados lujos.

Hace un par de semanas, Patricia cometió un error fatal en el trabajo con una de las cuentas más importantes de su banco, un error humano que podría hacer que su empresa perdiese varios millones de euros. Presa del pánico, tuvo que falsificar varios documentos para ocultar el rastro y solucionar el problema, esos documentos estaban perfectamente guardados en el cajón secreto de su escritorio en la oficina, tan solo tendría que tenerlos allí hasta cerrar el año fiscal, una vez enviados podría seguir con su vida y dejar de vivir en un constante desasosiego.

Se miraba al espejo mientras se ponía su jersey rosa de cachemir, era muy suave y calentito, perfecto para el frío enero de la capital de España. Siempre vestía de manera muy recatada, demasiado recatada en opinión de muchos, que le llamaban “Moralista” a sus espaldas. La principal razón de ese mote era que en una ocasión hace un par de años no contrató a una joven y prometedora becaria para el puesto de ayudante porque sus faldas eran demasiado cortas para su gusto, por supuesto no fue esa la razón que le dieron a la chica, pero era vox populi que no toleraba ningún tipo de comportamiento poco profesional.

Esa mañana llegó a su aparcamiento reservado y aparcó su SUV negro, subió al piso 14 del rascacielos en donde trabajaba, respiró hondo y atravesó la puerta como todos los días.

La oficina era pequeña, tenía dos estancias y un cuarto de baño, según entrabas te encontrabas con la mesa de Nerea, la recepcionista, una chica joven de 26 años, recién salida la facultad, que siempre la recibía con una amplia sonrisa, Nerea tiene unos ojos azules muy claros y el pelo muy cuidado de color castaño y rizado.

- Buenos días señora Morales. – dijo Nerea con su dulce voz.

- Buenos días Nerea, sabes que puedes tutearme, siempre te lo digo. – contestó Patricia mientras avanzaba por la sala.

Había tres mesas más en esa estancia, a su izquierda estaba Antonio, un hombre mayor, de unos 50 años que parecía enfrascado en sus hojas de cálculo como siempre. A su derecha estaba David, de 30 años, un hombre con gafas y barba corta, un comercial vestido con un elegante traje que le hizo un gesto de saludo mientras hablaba por teléfono.

La mesa más cercana a su despacho estaba vacía, era la de su ayudante, Cristina, una mujer de 40 años que era su amiga y principal apoyo, Patricia, su marido Santiago era amigo del marido de Cristina (cosa que desde luego jugó a su favor para que la contratasen a ella en lugar de a la joven becaria para ser su ayudante) Cristina estaba de vacaciones y no volvería hasta dentro de 15 días.

Patricia entró a su despacho, era relativamente grande y tenía un par de sillones para atender clientes o subordinados, también tenía una gran mesa de roble donde estaba su ordenador y un gran sillón negro de cuero que daba la espalda a unas maravillosas vistas del skyline madrileño. Realizó su ritual de cada mañana, colgó su gabardina en el colgador y sacó su móvil del bolso que también dejó colgado. Instintivamente abrió el cajón secreto de su mesa y metió la mano para tocar el dossier con los documentos falsificados. Su corazón se paró. No estaban.

Trató de mantener la calma mientras abría el cajón de golpe pero allí no había nada, de repente unas ganas terribles de vomitar se abrieron paso y ella salió corriendo de su despacho hasta el cuarto de baño que compartía con sus compañeros, rápidamente vomitó todo el desayuno y cuando estaba aseándose la voz de Nerea la sobresaltó.

- ¿Todo bien jefa? – dijo la joven recepcionista.

- Si si, algo me habrá sentado mal. – contestó Patricia intentando quitar hierro al asunto.

Derrotada, volvió a su mesa y se dejó caer sobre el sillón pensando que iba a hacer, claramente alguien había quitado de ahí esos documentos y no era algo aleatorio.

De repente el pequeño sonido de la campanita de la mensajería instantánea de su portátil la sacó de sus pensamientos.

- ¿Has perdido algo? - era el mensaje que se veía seguido de un emoji sacando la lengua. El remitente era David, no había mucha duda, él era el ladrón.

- Devuélveme ahora mismo lo que me has robado y no habrá más consecuencias David.

- Vaya vaya Patri, parece que tienes muchos humos para haber cometido fraude fiscal.

- No me llames Patri, nadie me llama así. Por favor David sé razonable, ven a mi despacho y te lo explicaré todo.

- Te llamaré como a mi me de la gana, Patri, y da gracias que de momento sólo he decidido llamarte de esa forma, iré a tu despacho pero a la hora de salir, acostúmbrate a que ahora las órdenes te las doy yo. ¿Entendido?

- Sí – escribió finalmente Patricia

- Tienes muchas razones para hacerme caso Patri, yo diría que 7 millones y medio de razones, tantos como euros le has perdido a la empresa, o quizá 4 años, que es la pena de cárcel a la que te enfrentas por haber falsificado esos bonitos documentos que están a buen recaudo. Así que trátame bien y comienza por hacer lo que te he dicho, no me gusta tener que repetirme.

- Muy bien, hoy a las 15:00 cuando salgamos te esperaré en mi despacho, como quieras.

- Eso no es todo Patri.

- ¿Qué más tengo que hacer? – escribió Patricia confundida.

- Ya te lo he dicho, darme las gracias porque de momento he decidido llamarte Patri.

- Gracias David. – dijo Patricia tras estar un buen rato pensando.

- Buena chica, nos vemos a las 15:00- escribió David cerrando la conversación de nuevo con el emoji echando la lengua.

La mañana transcurrió extremadamente lenta para Patricia, ¿Qué podía hacer? Ir a la policía estaba totalmente descartado, nadie sabia de la existencia de esos documentos, ni siquiera su marido y mucho menos Cristina, ¿cómo se enteró David?

Y entonces llegaron las 15:00, el sonido de llamar a la puerta, pese a estar esperándolo, la sobresaltó.

- Jefa, nosotros nos vamos ya, que tengas un gran finde. – El que hablaba era Antonio, el mayor, pero sus tres subordinados estaban en el umbral.

- Muy bien. – contestó Patricia – David, ¿puedes quedarte un momento? Necesito hablar contigo.

- Sí, claro jefa. – contestó él con una gran sonrisa.

Ambos se miraron sin decir nada mientras escuchaban los pasos de sus compañeros abandonando la oficina.

En cuanto se escuchó cerrarse la puerta principal, David cerró el despacho de Patricia y echó el cerrojo.

- Te felicito Patri, lo has hecho muy bien manteniendo la compostura delante de todos, gran trabajo. – dijo David mientras avanzaba hacia ella. – Un sillón muy cómodo, me tomé la libertad de sentarme en él mientras cogía los documentos que tan amablemente recopilaste para mí, espero que no te importe. – dijo burlón.

- ¿Es esto lo que quieres? ¿Quieres mi puesto? – dijo ella.

- ¿Por quien me tomas? ¿Por un trepa que tiene que echar a gente para prosperar? Yo no soy de esos Patri, no te confundas, ya descubrirás lo que quiero, de momento quiero que bajes esos humitos cuando hables conmigo en privado, lo primero es tratarme de usted, y lo segundo es llamarme “señor”, ¿queda claro Patri?

- Sí… Sí señor- dijo ella.

- Muy bien Patri, vas muy bien, ahora lo que quiero que hagas es levantar el culo de la silla y dejarme sentar a mí, ¿te parece bien?

Patricia se levantó y ofreció su cómodo asiento a su subordinado, éste se quitó la chaqueta y se la ofreció a su jefa, tomó asiento y puso los pies sobre la carísima mesa de roble, reclinándose con un exagerado sonido de alivio mientras se estiraba.

- Esto es vida Patri, te lo has montado muy bien para llegar hasta aquí, dime, ¿te has rascado mucho las rodillas en el camino al éxito?

- ¿Disculpe señor? Creo que no le he entendido bien – dijo ella

- Joder Patri, luego te lo explico, haz el favor y cuelga mi chaqueta en ese sillón, no quiero que se arrugue, y hazme un café. Con leche y dos azucarillos. – ordenó David

Patricia quitó el cerrojo y salió de su despacho, la situación era terrible, tendría que seguir ese extraño juego de poder de David para hacerse con los documentos, necesitaba un plan. Las mesas de sus compañeros estaban recogidas y en una esquina había una pequeña mesa auxiliar que instalaron ahí con una cafetera, algo de leche y azúcar, Patricia la hizo instalar para evitar que sus subordinados perdiesen mucho tiempo bajando a la cafetería de abajo, Nerea era la encargada de hacer el café para todos a las 11.

Mientras removía el café se le pasó por la cabeza la idea de envenenarle, pero rápidamente la desechó, la idea de enfrentarse a 30 años de cárcel por evitar 4 no era la más inteligente.

Entró sin llamar, al fin y al cabo era su despacho, y depositó el café sobre la mesa, al lado de su móvil que había quedado allí. Y se quedó de pie al lado de David.

- Muy bien Patri, un café muy rico. – comentó David tras dar un par de tragos

Acto seguido le dio una sonora palmada en el culo.

- Oye ¿qué te crees que estás haciendo? – gritó Patricia.

David siguió tomando el café como si nada, mientras esbozaba una sonrisa.

- No te pongas así Patri, tan solo te agradecía el café, mujer, como veo que te estás adaptando a esta nueva situación, por esta vez voy a pasar por alto el hecho de que hayas levantado la voz, y también que no me hayas tratado de usted ni llamado señor, pero la próxima vez habrá consecuencias, ¿entendido? – la voz de David iba cambiando de lo desenfadado del principio de la frase hasta una seriedad notoria hacia el final.

- Si señor, disculpe señor. – contestó Patricia asustada.

- ¿Por dónde íbamos? – preguntó David mientras terminaba su café. – Ah sí, ¿cuántas pollas has tenido que chupar para llegar a dónde estás?

- Ni.. Ninguna señor – contestó Patricia.

- Vaya vaya, no sé si creérmelo Patri, bueno entiendo que a tu maridito si que se la chuparás, no? – preguntó David riendo.

Patricia guardó silencio, lo cierto es que no le gustaba hacer eso, lo consideraba denigrante hacia las mujeres.

- ¿No contestas? Bueno da igual Patri, cierra la puerta con cerrojo, no creo que te haga gracia que la gente vea lo que estás a punto de hacer. – ordenó David.

La mujer avanzó temblorosa y echó el cerrojo de su despacho, ahora las intenciones de su subordinado parecían claras y meridianas. Cuando se dio la vuelta le encontró de pie, apoyado sobre su mesa de roble, sonriendo mientras se sacaba la polla.

- Venga Patri, llevo desde la primera semana que entré a trabajar aquí deseando que esos labios besen mi polla, ¿te apetece darle un besito?

- No señor. – contestó sincera

- Bueno no pasa nada, ponte de rodillas y dale un besito.

- Lo haré si dejas el móvil sobre la mesa. – intentó negociar Patricia

- Vale, esto ya no puedo dejarlo pasar Patri, te has olvidado otra vez de tratarme de usted y de señor, así que voy a hacer caso a tu petición para que no te pongas nerviosa, pero ahora ya no quiero solo un besito, ahora quiero que me la chupes. – dijo David mientras apoyaba su móvil en la mesa. – Tómate el tiempo que necesites, pero vas a arrodillarte y a chupármela sin rechistar, a no ser que quieras acabar en la cárcel.

Patricia quedó petrificada en el sitio.

- Patri, te lo voy a poner fácil, son las 15:10, si en 10 minutos no me he corrido, me voy a ir y conmigo se irán todas las opciones que tienes de no ir a la cárcel, ¿te ha quedado claro?

- Sí señor – dijo Patricia tartamudeando mientras unas lágrimas comenzaban a asomar por sus marrones ojos.

La mujer se arrodilló, hoy aparte del jersey rosa llevaba unos vaqueros de cintura alta, miró hacia el pene de su compañero de trabajo, ella tan solo había estado con dos hombres en su vida, se casó muy joven, esa polla era ligeramente mayor que la de su marido e iba a ser la segunda que sus labios tocasen, la primera y la única mamada que le hizo a Bernardo fue en su noche de bodas, y no acabó muy bien ya que le hizo daño con los dientes. Abrió la boca y la metio dentro, estaba caliente, una vez ahí, comenzó a succionar y a mover la lengua torpemente.

- Joder Patri, pues va a ser verdad que no has chupado ninguna polla para llegar aquí, porque con ese estilo madre mía, eres bastante mala.

Intentó no escuchar las palabras de David y siguió concentrada en lo suyo, tenía 8 minutos para librarse de la cárcel.

De repente el cuerpo de David empezó a temblar, el muy cabrón se estaba descojonando con su mamada.

- 5 minutos Patri, a este paso se me va a bajar la erección.

Entonces, derrotada, Patricia se la sacó de la boca y levantando la vista suplicó

- Por favor señor, no sé chupar pollas, déjeme hacerle una paja para compensarle, eso se me da bastante bien.

- Jajajaja, ¿acabas de escucharte Patri? Apuesto a que cuando te levantaste esta mañana no pensabas que estarías rogándome que te dejase hacerme una paja mientras me comías la polla, ¿a que no?

- No, señor, no lo pensaba. – contestó Patricia roja como un tomate.

- Bueno, como soy magnánimo te dejaré que me hagas esa paja que tantas ganas tienes de hacerme, pero a cambio me correré en tu cara, no creo que quieras estropear este parqué tan bien cuidado, ¿verdad?

Patricia comenzó a masajear la base de la polla de David y con la otra mano empezó a acariciar y a estimularle los huevos, la verdad es que había hecho multitud de pajas a su marido, sobretodo cuando se ponía pesado pidiendo que se la chupase.

- 2 minutos por cierto. – dijo David mientras le acariciaba el pelo.

Apurando la marcha, Patricia lo dio todo y en pocos segundos un chorro de semen caliente aterrizó en su frente y en su mejilla derecha.

- No te limpies todavía Patri, mírame. – le dijo David mientras levantaba su cara poniéndole la mano bajo su barbilla.

Sintiendo como el semen viscoso se deslizaba poco a poco por su cara, Patricia levantó la cabeza, ayudando a parar el deslizamiento y evitando que cayese sobre su jersey rosa. David la miraba satisfecho mientras se guardaba el miembro y ofrecía un pañuelo de tela.

- Ten, límpiate si quieres, lo has hecho muy bien. – terminó diciendo David mientras acariciaba la mejilla que no había manchado de semen.

David entonces se levantó, quitó el cerrojo y se despidió.

- ¿Ya limpias tú esto verdad? – dijo señalando el café que quedaba sobre la mesa y cogiendo su abrigo. – Puedes quedarte con el pañuelo de recuerdo.

Patricia no contestó nada y esperó arrodillada, mientras se limpiaba el semen de la cara. Con los ojos fijos en el suelo.

- ¡Que pases un gran finde Patri! Nos vemos el lunes.

Entonces Patricia rompió a llorar.CONTINUARÁ