Trato con mi jefe
Llegar tarde no era el problema; el problema era la mirada de su jefe. En el silencio de su despacho, el ascenso que tanto deseaba tenía un precio que solo ella podía pagar, y la puerta cerrada prometía secretos que cambiarían su vida para siempre.
Henar recorría los pasillos de la empresa con rapidez hasta llegar a su despacho. Tenía mil cosas que hacer y hoy llegaba tarde de nuevo a trabajar; miró su reloj: las 9:31, se había pasado media hora. Tenía dos trabajos para poder mantenerse: limpiadora, de lunes a viernes de siete a ocho y media, y periodista... o un intento de ello, ya que por muy buenas que fueran sus publicaciones, su jefe no la ascendía.
Posó su bolso, se sentó en su pequeño estudio dentro de la empresa y continuó escribiendo un artículo que había empezado esa misma noche, y que tenía que enseñarlo a las 10 a su superior. Se quedó mirándose unos segundos en la pantalla del ordenador: se consideraba guapa, 23 años recién cumplidos, pelo castaño recogido en un moño tirante hacia atrás, labios carnosos, ojos grandes marrones con largas pestañas... La camisa que se había puesto ese día le quedaba un poco ajustada, al igual que la falda de tubo negra, haciendo notar su pecho grande y su culo voluptuoso.
-Llegas tarde -Silvia miraba a Henar con reprobación por encima de sus gafas rojas; la rubia secretaria, Silvia, era la "novia" del jefe; o más bien su puta, como decían algunos compañeros-. Cuando se entere el jefe no le va a gustar nada.
-Silvia, espera por favor no le informes de esto...-Henar estaba hasta los cojones de ella. No había día en que no quisiera arrancarle ese pelo rubio de bote-. No volverá a ocurrir te lo juro.
-Lo siento, es mi trabajo, aunque ya sabrá que has llegado tarde cuando has pasado tu tarjeta por la puerta de la empresa. Piénsatelo dos veces y organízate el horario. Tal vez hasta este sea tu último día aquí -Silvia se encogió de hombros y sonrió mientras se alejaba taconeando.
Henar la mataba. La mataba a la zorra.
Siguió escribiendo pensando en qué decirle a Daniel, su jefe, y qué hacer para que no la despidiera. Envió su artículo terminado en un correo a Daniel y decidió ir a su despacho tres plantas más arriba. Estaba de los nervios, no sabía qué haría sin el periódico, ya que tenía que pagar a su casero y no iba a permitir atrasarse otro mes más.
Llamó a la puerta y esperó a que le dieran permiso para entrar. Daniel estaba firmando unos papeles y cuando entró Henar ni la miró.
-Siéntate por favor... mmm... Henar Ortega ¿no es así? -dijo el hombre revisando ahora la pantalla de su ordenador, seguía sin mirarla-. Siéntate.
"Qué guapo es el tío joder" Pensó Henar intentando no ponerse roja.
-Eeh... sí, sí soy yo -respondió la chica mirando al suelo quitando su mirada de la cara de él, sus ojos color miel, su pelo ligeramente rizado su mandíbula marcada, parecía una niña pequeña cuando la van a reprender, pensó.
Por fin Daniel la miró despreocupadamente de arriba abajo, parándose dos segundos en sus tetas y en su cintura. "Llega tarde no sé cuantos días y ni se atreve a mirarme a la cara". Daniel tenía 29 años, heredó la empresa de rebote junto con su padre, que era su superior, y desde entonces no le va mal a su periódico, dispuesto por todo el país, y de los más vendidos. Ahora una empleada se atrevía si quiera a llegar tarde a su trabajo, plantarse ante el dueño del periódico más prestigioso del país y no mirarle a la cara. "Una cara bonita no siempre sirve para estos casos".
-¿Y bien? -Daniel la penetraba con la mirada-. Aquí pone que la semana pasada has llegado tarde 2 días de 6, la anterior un retraso también, hoy lunes más de lo mismo. Mira Henar, no estoy para gilipolleces ni para empleados que no cumplen las normas. Algo básico como llegar puntual a tu trabajo... No puedo permitir esto.
Henar al fin le miró a los ojos e intentó tener la cabeza alta.
-Sé que no tengo excusa, pero al menos quiero darle una explicación. Tengo otro trabajo media hora antes que este, y los necesito a los dos...
-Sí -la interrumpió-. ¿Y qué pretendes hacer para solucionarlo?
-Con todo esto quería decirle, que mis artículos son buenos, señor -añadió Henar-. Creo que hago muy buen trabajo en el periódico con muy buenas críticas, y me gustaría que me dieras la oportunidad de expandirme en una mejor categoría, en otro puesto.
"Con todos sus huevos" pensó Daniel "encima me exige a mí que la ascienda de puesto".
-¿Perdona? -Daniel la miró entre divertido y escéptico. Henar se revolvió en su silla pensando que se había pasado.
-Sólo digo que... -se lo pensó para obtener las palabras adecuadas-. Que considerarais mi trabajo en tu empresa antes de tomar una decisión -comenzó a tener más calor en el despacho ¿qué la pasaba? Daniel no paraba de mirarla, y ella no sabía como interpretar sus miradas hasta que él sonrió de medio lado.
-¿Volverás a llegar tarde?
-No. Te lo aseguro.
-¿Y cómo sé que en dos semanas no volverás a tener otro retraso? -"Que cara de santa tiene, y cómo me miran esos ojitos de corderito degollado". Nada le ponía más a Daniel que una mujer que le mirara así, sumisa, sin saber qué hacer porque él era el superior. Le miró otra vez las tetas, lo suficiente para que ella se diera cuenta y se imaginó cómo serían a través de esa camisa ajustada. Bastante grandes ¿serían operadas?, no lo sabía, pero se notaban lo apretadas que estaban contra la ropa.
Henar notó la mirada de Daniel en sus tetas. "Qué descarado por Dios".
-Yo... Se lo demostraré -notaba su mirada y se le puso la carne de gallina y los pezones duros. ¿Quién se creía para mirarla así? Y lo peor de todo, empezó a notar el tanga demasiado apretado en su coño.
-¿Cómo? -Daniel se rozó con su mano por debajo de la mesa su polla, que empezaba a ponerse erecta de pensar en como Henar abriría la boca para hacerle una mamada.
Ella no contestó. Parecía que estaba viviendo en una película: su jefe mirándole las tetas descaradamente, ella que estaba pensando en lo mucho que le ponía el cabrón mirándola así, que parecía que le estaba pidiendo que se subiera a la mesa y se pusiera en cuatro para que se la metiera con ganas. No, no creía que su jefe quisiera algo con ella, y Henar no era de baja moral como para ponerle los cuernos a su novio y encima dejarse follar por su jefe.
-Puedes compensarme... y ascender -dijo Daniel al ver que ella no contestaba.
-¿Cómo?
"No me creo que esta puta se siga haciendo la tonta". Daniel se puso de pie y vio como Henar bajó la mirada dos segundos para visualizar su polla erecta que parecía que le iba a explotar el pantalón, pero la subió rápidamente y tragó saliva, seguía sin decir nada. "Joder con esta, con Silvia fue mucho más fácil y más rápido, venía hasta sin tanga ni sujetador... aunque tampoco es que le haga mucha falta porque poco va a sujetar".
Daniel se acercó hasta la silla donde estaba sentada su empleada, la polla a la altura de su cara, y la miró desde arriba.
-¿Hace falta que te lo diga o lo haces tu solita?
Henar abrió mucho los ojos: miró su polla, le miró a él. Y se levantó:
-Perdona pero no soy nadie a quien puedas chantajear de este modo, no sé quién se ha creído que soy -¿qué le diría Carlos su novio, si le chupaba la polla a su jefe?Que era de puta y de guarra para arriba, que se había rebajado. No, Henar no era de ese tipo de chicas. Desde que perdió su virginidad con Carlos hace seis años, no había vuelto a tocar a otro hombre que no fuera él. No era como Silvia, ni como ninguna zorra de esas. Podía tenerle ganas a un chico y aguantarse, como siempre había hecho, y con su jefe... no podía permitírselo.
-Henar... -Daniel la miró con compasión incluso: no se esperaba que alguien se le resistiera tanto tiempo-. Está bien, sólo haz una cosa: desabróchate la camisa y el sujetador, no te pido más.
La chica se lo pensó dos veces, nadie le había visto las tetas salvo Carlos, a nadie le había visto la polla salvo a Carlos, nadie la había tocado salvo Carlos; y ahora su jefe le pedía que se desabrochara la camisa, joder. Le miró, y se dijo a sí misma que no iba a perder su trabajo ni la oportunidad de ascenso por enseñarle las tetas a un hombre. "¿Qué mas da, no? Sólo es enseñarle y se acaba."
Ante la atenta mirada de Daniel, Henar se empezó a desabrochar los botones uno a uno, y dejó caer su camisa al suelo.
"Qué grandes son Dios", observó los dos balones que tenía por tetas, no eran operadas no, pero eran redondas y grandes como dos pelotas, y cuando tiró el sujetador al suelo se desabrochó el pantalón y se metió la mano en el calzoncillo, tocándosela y haciéndose una paja. No se la veía a su empleada incómoda, sino que cogió sus pechos con las dos manos y se los estrujó, cosa que a Daniel no le pudo poner más. "Vaya guarra".
Se acercó a ella con la polla afuera, recta, apuntándola, y se siguió haciendo la paja, consciente de que Henar la miraba con una especie de deseo y culpa. Le sacaba casi dos cabezas, y cogió su miembro y se lo apretó contra el abdomen plano de ella. La miró a los ojos y levantó las cejas: estaba claro que la zorra estaba deseando comérsela.
-Pff -sopló ella mientras le comía con la mirada, y sin pensárselo dos veces lo besó cogiéndole del cuello y apretando su pecho contra el de él; Daniel le devolvió el beso y la agarró por la cintura para después agarrar su culo con las dos manos-. No sé si debería hacer esto... -pero él la calló con otro beso.
-Fluye, venga Henar, chúpamela...
Ella dudó, pero pronto se vió asímisma poniéndose de rodillas. Le agarró el gran miembro, mucho más grande que el de su novio, le miró desde abajo, y comenzó a comerle los huevos, absorbiendo lentamente y dejándolos en su boca, saboreándolos y sabiendo que a él le gustaría. Se sentía una guarra, pero ya le daba igual, le hacía una paja de mientras, y oyó un breve suspiro de su jefe, que estaba disfrutando como nunca. Ella le volvió a mirar, y manteniéndole la mirada sacó la lengua del todo y desde abajo del frenillo le recorrió hasta arriba, se detuvo jugueteando con la punta de la polla con la lengua mirándole, y se la metió en la boca, dándose cuenta de que no le cabía entera.
Primero lento, después fue cogiendo más ritmo, vaya polla se estaba comiendo, no quería parar. Daniel la agarró por el moño y le apretó la cabeza contra su polla.
-Joder Henar, que bien lo haces... -esa frase la puso a 1000. Se dejó hacer mientras hacía sonidos con la boca:
-Ggoggo -sin avisar, Daniel le metió la polla hasta la garganta, y como vio que ella aguantaba, la cogió la cabeza con las dos manos y empezó a follarle la boca.
-Dios... joder que puta he encontrado entre mis empleados... ahh... -cómo le ponía el sonido de su polla en la boca de Henar, cómo le hacía garganta profunda sin rechistar y como se le quedaba el gloss de sus labios en la polla.
La sacó sin avisar y le dio un golpe en la mejilla. Henar, completamente sumisa lo recibió con gusto.
-Saca la lengua -Henar no reaccionó al instante-: que saques la lengua, puta.
Abrió la boca y sacó la lengua.
-Ahora cógela y date golpes con ella -Henar hizo lo que le pidió: se dió golpes con la polla en la lengua, y Daniel iba a explotar de placer, le chupó un poco la puntita y volvió a darse golpes-. Así... joder... buena chica... quiero metértela en tu coño.
Henar le miró asustada y negó con la cabeza.
-¿No? ¿No quieres que te la meta? -antes de que su empleada contestase le pegó una bofetada que le giró la cara. Cuando se giró hacia él de nuevo, le metió otro pollazo en la mejilla-. Pues chúpala puta. Hasta que me corra. Abre la puta boca -a Henar se le había soltado una lagrimilla por lo fuerte que le había dado en la cara.
Daniel la cogió del pelo y volvió a follarle la boca de una forma más salvaje. La destrozó el moño, le pegó otra torta.
-Así puta -qué placer tenerla sumisa comiéndole la polla, follandola como si fuera un objeto para su propio placer, pero Henar también estaba disfrutando sentirse más suelta-...ahh... Dios -sentía que la corrida estaba apunto de salir, le sacó la polla dejándola respirar y apuntó con ella a su cara. Su empleada le miró abriendo la boca y él se tocó un poco para soltar la lefa blanca y espesa sobre la carita de Henar, que acabó empapada de semen la muy guarra.
Daniel sonrió y cuando acabó la miró con deseo, qué bien lo había hecho sin rechistar, sumisa como le gustaba a él y verla tan indefensa de rodillas, con las tetas al aire y con su lefa en la cara goteándole en el pecho le encantó. Sin que ella se diera cuenta, sacó su móvil del bolsilloy le hizo una foto. Quería recordar ese momento, aunque ya había una cámara escondida en el despacho.
-Límpiate tragándotelo y chupándotelo, venga.
Ella lo hizo, chupándose las comisuras de los labios, sacando la lengua por la mejilla, con un dedo se limpiaba y se lo metía a la boca, así continuamente. Después Daniel le tendió un pañuelo para que se terminara de limpiar los restos.
-¿Bien? -le inquirió Daniel, tampoco iba a ser un cerdo.
-Sí... bien -le sonrió tímidamente y se puso los tirantes del sujetador. Acto seguido él sin decir nada se puso por detrás y se lo abrochó. Se puso a mirar por la ventana mientras ella se abrochaba la camisa.
-Revisaré más detenidamente tu trabajo Henar, y tu trayectoria en la empresa -dijo sin girarse.
-Gracias... -se dispuso a marcharse mientras se volvía a hacer el moño.
Fue al baño al cerrar la puerta del despacho y se lavó las manos. "Joder con el cabrón..." Pensó. "Qué guapo, qué polla... No entiendo cómo Silvia está tan amargada con un tío así a su lado" Se retocó el maquillaje y se le vino a la mente la cara de su novio, el cual hoy cenaban juntos en casa de ella. "Cómo la he cagado joder, y qué ganas tengo de volver a ver a Daniel".
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Hola a todos, es mi primer relato y acepto consejos de cualquier tipo: sobre el relato, si continuarlo o no... Gracias por leer:)
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