Mi abuelo adora a mi mujer 13
Nunca imaginé que mi abuelo tendría tanta vida sexual, menos aún con mi esposa. Pero esa noche, en la oscuridad de nuestra cama, las reglas cambiaron: ella no era solo mía, era el juguete de dos generaciones dispuestas a saciar cualquier deseo.
Esa noche nos acostamos los tres juntos, esta vez en nuestro dormitorio. Tras cenar las pizzas que pedimos a domicilio, subimos al cuarto, nos tendimos los tres desnudos y estuvimos charlando.
Mi mujer recordó que hacia no mucho habíamos pillado a mi abuelo masturbándose con su calzado, y ahora estábamos así. Él nos confesó que nunca pensó que volvería a sentirse tan vivo, ni cuando se ilusionó ante la idea de que su nieto se fuera a vivir con él. Eran conversaciones tiernas. Mi abuelo, ante una de las bromas de Margo, comenzó a hacerle cosquillas y ella a retorcerse de risa. Con esa excusa, comenzó el tacto. Rafael aprovechó las cosquillas para magrear sus tetitas, ella intentó vengarse haciéndole cosquillas con las uñas en el escroto. Y a mí se me ocurrió una cosa. Consulté a mi esposa si le apetecía y casi se corre solo de anticiparlo.
Vendamos los ojos de mi mujer y le atamos las muñecas al cabecero de la cama. La dejamos bocabajo.
- Abuelo y nieto van a darte placer y a sacar provecho de tu cuerpo. Tú, en el mejor de los casos, solo podrás intuir quién hace qué. Si en algún momento hay algo que no te gusta o te agobias, gritas "pizza". ¿Entendido?
Ella asintió. Dócil, expentante.
Mi abuelo comenzó a jugar con ella. Empezó a acariciarle las suelas de los pies y sus deditos con un tanga de ella. Suavemente, no quería hacerle cosquillas ahora, solo que disfrutase. Subió por la pantorrilla haciendo círculos, después debajo de las rodillas, y, deteniéndose donde más sensibilidad creyese que ella podía tener, fue dándole caricias con ese suave trocito de tela por todas sus piernas, sus nalgas, su espalda... ella gemía relajada, suavemente, espaciadamente.
Rafael estaba dándole un trato divino. Yo observaba muy excitado cómo ese viejo panzudo, mi querido abuelo, jugaba con mi esposa como con el juguete más delicioso que nadie pueda tener. Mi abuelo dejó el tanga y se inclinó hasta sus pies. Comenzó a besar sus deditos y después ambas plantas. A continuación, repitió los movimientos con su lengua. Besó sus pantorrilla, lamió bajo las rodillas y subió hasta su culo. Que comenzó a amasar con ambas manos. Separó sus nalgas y olió su raja, para después, depositar un dulce besito en su ano. Y se alejó para dejarme sitio.
Yo tomé relevo de mi abuelo y empecé también por sus pies. Me lancé a lamerle los deditos directamente. Iba uno a uno succionándolo con mi boca. Tras ello, froté con mi lengua la unión entre sus deditos. Ella se derretía, gimiendo más fuerte. Acaricié las arruguitas de sus pies y subí mis manos hasta sus nalgas. Las amasé un rato y las separé, haciendo un gesto a mi abuelo para que viniese. Saqué la lengua e indiqué a mi abuelo lo que quería que le hiciese a mi esposa. Sabía que no le daría asco.
Con sus nalgas separadas por mí, mi abuelo enterró su cara en esa raja y comenzó a besar y lamer su culo. Lamió la raja del culo de arriba a abajo y entonces se concentró en su anito. Margo suspiraba e incluso gimió: "joder...". Mi abuelo lamió y lamió el ojete de mi esposa hasta que él mismo necesitó más y comenzó a meterle la lengua y a tratar de follarle el culito con ella. Tras torturarla de gusto un rato, aparté a mi abuelo e introduje un dedo en su vagina. Lo impregné bien y se lo llevé a la boquita de mi esposa. Ella lo lamió con deleite. Indiqué a mi abuelo que hiciese lo mismo. Hurgó con uno de sus gordos dedos y se lo dio a chupar. Ella obedecía con gusto. Después, lamí uno de mis dedos impregnándolo bien en babas, y se lo di a probar. E indiqué a mi abuelo que hiciese lo mismo. Ella succionaba lo que le diéramos. Mi abuelo entonces ganó autonomía. Lamió bien un dedo suyo y se lo hundió a mi esposa en el culito. Lo sacó y se lo dio a chupar. El dedo estaba limpio, no era algo escatológico, pero sabiamos que ella se sentiría muy cerda haciéndolo. Alcancé la mano de mi abuelo y le agarré dos dedos, que introduje en el coño de mi mujer. La follé con ellos un poco, los saqué y yo mismo los llevé hasta su boca. Ella empezó a succionarlos pero yo, con cierta suavidad, moví la mano de mi abuelo para follarle la boca con ellos. Después, repetí la acción con tres dedos. Ella pringó de babas la mano de mi abuelo. Me agaché y la besé. Nos chupamos como animales. Tras de mí, vino mi abuelo a devorar también la lengua de mi esposa.
- Dadme más.
Gimió ella. Le follé el coño con dos dedos míos y se los dí a lamer. Después le metí un dedo en el coño y otro en el culo, simultáneamente, y me lamió los dos dedos juntos.
Indiqué a mi abuelo entonces que le metiera uno solo de sus gordos dedos y volviese hacer lo mismo. Tras ello, le indiqué que volviese a meterle un dedo, pero cuando lo sacó, le hice señas para que acercase a su boca su polla. Sonriendo como un niño travieso, acercó su glande a la boquita abierta de mi esposa, que esperaba ansiosa por ese dedo. Cuando lo que saboreó fue una polla, se lanzó a comerla con hambre.
Pero teníamos que seguir jugando con ella. Mi abuelo se apartó y yo le metí un dedo en el culo a Margo. Ella esperaba feliz por una polla, pero le metí mi dedo recién salido del culito. Ella protestó con un mohín. Me subí sobre ella y le introduje la punta de mi polla en el culo. Metía la punta y la sacaba, la volvía a meter y la sacaba. Ella gemía. Me bajé y me acerqué a su boquita. Tenía mi polla a escasos centímetros, podia olerla, pero en su lugar le metí mi dedo gordo en la boca. Ella lamió con decepción. Le saqué el dedo de la boca y se volví a meter. Lo saqué otra vez y esta vez la premié con mi polla. Como había hecho con mi abuelo, comenzó a comérsela con hambre voraz. Aprovechando que mi abuelo estaba a mi lado, se la saqué de la boca, se la volví a meter y a dejársela unos segundos dentro, me aparté e indiqué a mi abuelo que hiciese lo mismo. Se la metió en la boca, ella notó que era la otra polla, y comenzó a lamerla. Mi abuelo se retiró y se la volvió a meter en la boca. Y a los pocos segundos, se salió y repetí yo.
Nos alejamos de su boca y mi abuelo se subió sobre ella. Comenzó a frotar su polla por su raja del culo, expuesta indefensa a la lujuria de este joven y de su viejo abuelo. Mientras él se frotaba, yo froté mi polla por sus pies. Junté ambos pies y comencé a masturbarme pasando mi polla por entre los dos. Rafael entonces se dejó llevar y penetró a mi mujer hasta el fondo. Ella soltó un gran gemido liberador. Alcé mi vista y pude ver el hermoso y a la vez grotesco espectáculo del cuerpo viejo y fofo de mi abuelo aplastando con su peso a mi bella, esbelta y delicada mujer mientras con su polla la llevaba al cielo. Margo gemía muy fuerte. Con tanto calentamiento, estallaría en cuestión de segundos. Yo quise ayudar a llevarla al límite, así que me agaché y me puse a lamerle los dedos de sus pies y, especialmente, la unión entre deditos, que sabía que le gustaba mucho. No tardó en empezar a gemir como una cerda y a correrse gritando. Cuando acabó de correrse, mi abuelo se salió y metió la punta de su polla en ese apretado anito que ya empezaba a conocer bien. Con su cuerpo de viejo simio encima de mi esposa, se empezó a pajear con la mano mientras tenía su capullo hundido en el recto de Margo y enseguida liberó su corrida con los fuertes gemidos de un macho veterano.
- Ven, déjame limpiarla.
Suplicó mi mujer, con su carita de lado, roja como un tomate, como en trance, agitada tras su orgasmo. Mi abuelo se bajó con esfuerzo y llevó su polla a esa tierna boquita que le llamaba. La succionó hasta que quedó flácida. Yo sentí, todavía con la polla tiesa, que de golpe había quedado fuera de juego. Los dos habían quedado satisfechos y yo quedaba como una escena postcréditos. No sabía cómo seguir. Entonces, vi el semen de mi abuelo empezar a salir del culito de mi Margo, y se me ocurrió una gran cerdada, afectado como estaba por la excitación máxima y la falta de orgasmo. Llevé un dedo a su culito y lo entafarré en semen de mi abuelo. Lo llevé a su boquita y ella lo lamió con ganas. Mi abuelo, sentado en la cama, cerca de la cabeza de Margo, observaba complacido. Volví a pringar mi dedo y volví a darle el semen de mi abuelo en su boca. Me subí sobre ella y esta vez pringué mi propio glande con esperma ajeno. Me bajé y le metí la polla en la boca. Sentía que volvía a estar excitada con mi ocurrencia. Lo volví a hacer una vez más y otra vez me subí sobre ella. Iba a bajarme cuando me habló, sensual, todavía casi en trance:
- Toni. Métela entera y lléname el culo de leche.
Mi mujer me daba consentimiento para follarla analmente. Por primera vez en su vida, alguien iba a meter algo más que la punto y un poquito de tronco. Con suavidad, fui penetrando su culo poco a poco, ayudado por el semen de mi abuelo. Entraba casi sin esfuerzo, ella estaba muy excitada y teníamos lubricante natural. Y se la metí hasta que mi ingle quedó pegada a su culo. Era un gustazo estar así, completamente enterrado en su culo. Empecé a mover la pelvis para sacársela un poquito y volver a metérsela. Ella se quejaba suavemente pero me pedía que siguiese, que siguiese hasta correrme. Y seguí, seguí follándole el culo con movimientos lentos hasta que, por fin, aullé llenándole el recto de semen.
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