Las consecuencias de Diálogo entre cornudos. 3.
Ella no solo se dejó ver, sino que fue obligada a exhibir su placer frente a quienes la juzgan. Ahora, el marido debe decidir si la repudia o si se deja arrastrar por la oscuridad de lo que su esposa ha vivido.
Las consecuencias de Diálogo entre cornudos. 3.
El tercer e mail. Haciendo de modelo.
De: roberto s p [mailto: [email protected]]
Enviado el: lunes, 04 de julio de 2022 13:18
Para: <[email protected]>
Asunto: Re: Enviando por correo electrónico: contestación.
Al siguiente miércoles, vino algo… no sé. Rara. Contenta, pero… no sé.
Si, vino “rara”. Venía de estar con él y me había contado que esa tarde, por primera vez, la había hecho posar desnuda delante de otros alumnos y luego se la había follado... Y algo más, dijo.
Yo sabía que todos los alumnos eran tíos, que todos saben que está casada y que todos, o saben a ciencia cierta, o dan por sentado que el profe se la cepilla. No creo que haya sospechas o dudas.
La verdad es que nada más oírla decir que la había hecho posar desnuda la polla se me puso tiesa como un palo y mi mente a mil por hora. La pedí que me lo contara. Bueno, volví a suplicarla que me contara cómo se la follaban.
Empezó diciendo que la daba vergüenza desnudarse y posar así, pero…
-. Mira, es como un gusano que se te mete por dentro y te altera, te hace perder el control… No sé… Los nervios… la excitación…
-. Te entiendo perfectamente, sé de lo que hablas, dije haciendo que mirara mi bulto.
El caso es que al final obedeció y posó totalmente desnuda. Si, lo que lees, posó completamente en pelotas delante de sus compañeros.
-. ¿Quieres saberlo todo? Preguntó sabiendo perfectamente que me moría de ganas por conocer hasta los últimos detalles. Venga, sácate eso, dijo señalando con un dedo mi entrepierna. Puso una copa para cada uno y se acercó. Se sentó a mi lado.
Dijo que ese día nada más llegar, la sentó en su despacho. Se bajó la bragueta y se la metió en la boca. Sin más. La hizo chupar su polla y acariciar sus huevos hasta que se corrió y ella obediente se lo tragó todo. Luego, la dijo “Hoy vas a posar. Sí, no pongas esa cara, vas a hacer de modelo. Venga desnúdate”. No se lo repitió ni se lo ordenó. Simplemente se quedó mirándola indiferente mientras preparaba unos papeles.
Salió totalmente desnuda del despacho. Toda la clase se quedó en silencio. Pasmada. Lógico. La subió en una banqueta giratoria. Colocó un foco y la apuntó. Volvió a girarla.
Dice que la cara de los compañeros que iban llegando los últimos era alucinante. Algunos se quedaban boquiabiertos, a otros se les ponía morcillona en medio minuto. Si lo ves desde fuera hasta resulta divertido. Los tíos veis algo de carne y os ponéis como tontos en un segundo.
La giró para que todos vieran su cuerpo desde distintos ángulos. Delante de ellos, con la excusa de colocarla, según iba dando explicaciones, la tocaba las tetas y el culo descaradamente. Cogió una de sus piernas y se la puso encima de la mesa. Su coño estaba abierto. Se veían estupendamente los labios. Se moría de vergüenza. Perfectamente se notaba que el coñito brillaba y el botoncito había crecido. Los pezones, de punta, recogidos sobre las aureolas confirmaban que estaba excitada.
Estuvo casi media hora así. Ella les veía. La miraban con cara de salidos. A algunos se les notaba el bulto considerable bajo los pantalones. Con algo de disimulo más de uno se lo tocaba. Seguro que en cuanto puedan se hacen una paja pensó para sí y se rio procurando que no se notara. Desde luego tuvo que oír algún que otro comentario. En cuanto giraban la silla y la daban la vuelta no paraban los murmullos. Que buena está, que buenas tetas… No está mal ese culo…
Los dibujos más que artísticos eran casi pornográficos.
Cuando terminaron no la dejó vestirse. La había quitado la ropa y la había guardado en la oficina.
-. Siéntate, no voy a ir ahora a por la ropa. Ya te han visto todos, dijo en voz alta, qué más te da. Anda pasa a tu sitio y siéntate.
Obedeció. No se atrevió a decir nada. Tuvo que estar hasta el final de la clase totalmente desnuda sentada en su silla, atendiendo o haciendo que atendía a las explicaciones finales. Total, ya te han visto todos… qué más te da, se repetía una y otra vez. Si. Todos la habían visto ya. Todos sabían que se la follaba el profe… Se sintió muy guarra… muy puta. Pero tremendamente excitada.
Solo notaba calor. Por la vergüenza, y por… Porque estaba como una moto y solo el roce de sus muslos la hacía temblar. Tenía miedo a juntar las piernas. Tampoco quería estar espatarrada… No quería que vieran su coño abierto y húmedo. El tacto de la silla en sus nalgas desnudas la excitó más aún. El saber que con la mínima excusa la miraban. O que buscaban cualquier reflejo para ver su cuerpo la alteraba más todavía.
Sentía su propia humedad. Se moría por tocarse, pero no se atrevía. Sabía que, si bajaba la mano una sola vez y se tocaba el coñito, aunque fuera de refilón y ya no habría vuelta a atrás. No podría parar y tendría que hacerse una paja delante de todos o… o… Cualquier cosa. Lo que fuera. Sabía que si empezaba no podría parar.
Nada más cerrar la puerta la dijo: ven aquí so puta. El tono que empleó era una orden, pero también un insulto a la vez. Puta… Y era verdad. Se sentía como una puta y cuanto más se sentía así, más perdía su dignidad y el control sobre sí misma. Se levantó obediente y fue hacia él directa, con prisa. Quería sentirle. Entregarse a él, que hiciera lo que quisiera.
La paró en seco delante de él. No la dejó acercarse ni tocarle. La hizo permanecer así. Exhibiendo su cuerpo un par de minutos interminables.
Alargó las manos y desde abajo sujetó sus pechos y clavó los dedos estrujándola las tetas. Luego mirándola fijamente a los ojos la tocó el coño. Estaba excitada, como loca. Naturalmente calada. Fue tocarla y empezar a retorcerse de placer. La empujó contra la puerta de la calle y siguió masturbándola. Cada vez más rápido. Cada vez más fuerte.
Mientras gemía la dijo al oído: Cacho puta… Te gotea el chocho… Les has puesto cachondos a todos… Zorra… ¿Sabes que esos cerdos están escuchando tras la puerta? La giró y mientras la tocaba desde atrás y se bajaba la bragueta la hizo mirar por la mirilla. Allí estaban dos alumnos. Uno un viejo verde salido. El otro su colega, un borrachín más joven.
Y me lo contó. Con todo lujo de detalles. Estaba tan excitada por haber estado desnuda delante de todos que se corrió desde el primer momento. Nada más tocarla. No necesitó ni sentir su polla dentro de su coño. No paró de correrse. Estaba fuera de sí. Y se lo permitió. Todo. No dijo que no a nada. No quiso ni supo negarse. Abrazada a él, mientras la masturbaba y se corría se lo dijo.
Sí, le dijo gimiendo, soy una zorra, o una puta o lo que tu digas… Y mientras se volvía a correr se lo dijo. Si, le dijo que hiciera con ella lo que quisiera. Y él respondió riendo. ¡Pero qué puta eres!... Te ha gustado que te vieran en pelotas ¿eh?...
Ya ni contestó. No podía articular palabra. El corazón latía a toda velocidad, y parecía no ser suficiente. Casi ni podía respirar. Su orgasmo fue aún mayor. Sus piernas no la sostenían y se fue dejando caer al suelo hasta casi arrodillarse.
-. Eres tan puta que serías capaz de enseñarles cómo te follo ¿verdad guarra? Él no esperó respuesta. Solo jadeaba en el suelo con los ojos cerrados. Completamente rendida. Completamente entregada.
No se negó a que abriera la puerta y entraran los dos alumnos.
Si, la daba vergüenza que la vieran así, entregada, caliente como una perra. Pero…
-. Entrad…
No se enteró de lo que hablaron. Ni les oía. Bastante tenía con recuperar la respiración. Todo su cuerpo seguía temblando de placer.
El profe la hizo levantarse y apoyarse en la pared. Separó los muslos, y directamente se la metió desde atrás haciéndola chillar. Y tan campante empezó a follársela mientras los otros dos miraban embobados.
-. Menuda puta, decía el viejo verde mirando el meneo de sus tetas. Y sin más se la sacó. El otro, claro, le imitó. No quitaban ojo y se masturbaban delante de ella llamándola de todo. El que más cosas decía era el viejo, el otro solo asentía a todo con la cabeza.
Y ella se encendía más mirando sus pollas, sabiéndose deseada. No la importó que sin sacársela la hiciera caminar con el rabo empotrado hacia el escritorio. La tumbó de bruces sobre la mesa aplastando sus tetas. Se la sacó. Solo lo necesario para volver a acomodarse bien. La separó bien las nalgas para que todos vieran sus agujeros.
Y embistió. Una vez. Otra. Otra. Sentía como su cuerpo se iba hacia adelante. Lo hacía fuerte. Presumiendo, haciéndola gritar. Notaba como entraba en su cada vez más dilatado y abierto coño.
Los “invitados” sin dejar de meneársela empezaron a dar vueltas alrededor de la mesa buscando el mejor ángulo para no perderse el espectáculo. Se pusieron uno a cada lado. Y el primero fue el chico. El viejo se fue atrás para ver moverse ese “culazo”. Se sentía observada. Era como una actriz de una película. Sucia y excitada al tiempo. Pero la daba igual.
Estaba como hipnotizada con esa polla que se meneaba delante de ella, y por supuesto con la que la estaba taladrando. Y de repente se paró. Dejó de empujar.
No pudo evitar decirlo: sigue, sigue por favor. Y bajó su mano entre las piernas para masturbarse. Apenas tuvo tiempo de acariciarse el clítoris. Un pequeño orgasmo la sacudió.
Una palmada en las nalgas la hizo abrir los ojos y la vio. Su polla estaba muy cerca de su cara. Totalmente perpendicular al cuerpo. Un ángulo de 90 grados perfecto. Dura, tiesa, rígida. Tuvo que seguir tocándose. No podía dejar de mirarla mientras gemía. Y contempló cómo se la tocaba, cómo se la meneaba, cómo al hacerlo sus huevos depilados aparecían y desaparecían ocultos por la mano.
Abrió la boca pensando que iba a metérsela, que tendría que chupársela. Por un momento, pensó lo que estaba a punto de hacer. Iba a ser usada por dos penes al tiempo. Y se dijo a si misma que más puta no se podía ser. Pero la daba igual, es más, lo quería, lo deseaba.
Y entonces oyó la voz del viejo: -. ¡¡¡Esta zorra te quiere comer el piturríiiin!!!. Todos se rieron. El chico se cortó y se alejó un poco. Si no llega a decir nada, seguro que se la acaba metiendo hasta la campanilla.
-. Pero que puta eres, dijo despectivo el viejo. ¿no tienes suficiente con un rabo?
Las risas… las burlas… Y sobre todo, la tremenda excitación. No tenía voluntad. Solo obedecía a un estímulo: al sexo, al deseo, a la lujuria. Solo deseaba seguir. Que aquello no se detuviera nunca.
La idea surgió del viejo. Cómo no. Ese cerdo pervertido no paraba de babear y en cuanto podía la tocaba las nalgas o una teta. Lo que fuera. El caso era tocarla.
-. Dala unas hostias en ese culo a ver cómo suena. ¿Zorra, te han zurrado alguna vez la badana? preguntaba riéndose. Venga estrénala el pandero, insistió el viejo sobando como podía sus nalgas y clavando sus uñas.
-. Espera, dijo decidido el viejo, déjame a mí. Decirlo y hacerlo. No tardó ni un segundo. Un tremendo azote. Un grito. Dolor. Humillación, pero también placer. Otro golpe. Otro más fuerte aún. Y sin darse cuenta, su mano se movía más y más rápida. Estaba al borde de un orgasmo permanente.
-. Joder a esta puta la va la marcha. Mira cómo se toca el coño la muy guarra. ¡La gusta que la zurres en el culo!
Y el viejo la empezó a darla más y más fuerte, más y más rápido.
-. ¡Joder, no seas bestia, que la vas a dejar marcada!… ¡Para coño, que luego la ve su marido!, dijo el profesor.
-. ¿Pero esta puta está casada? Los dos, y sobre todo el viejo se burlaban y reían. Devuélvesela bien follada a su marido, vamos, que se entere la puta que tiene en casa.
-. Seguro que ya lo sabe, ¿verdad zorra? ¿Sabe tu marido que le pones los cuernos?
Según ella, no contestaba, pero cada vez que alguno me llamaba cornudo, sentía como un calambre de placer que empezaba en su cabeza y la recorría entera de arriba a abajo multiplicando por mil sus sensaciones.
Y solo podía gemir, no podía ni hablar de tantísimo placer como estaba sintiendo. Y otra vez la pregunta. Y otro azote. Y otro escalofrío de placer cuando después de azotarla la empujaba metiendo todo su rabo, empotrándola con tanta fuerza, que a veces hasta movía la mesa.
Una vez se salió. Entonces el viejo metió su asquerosa mano entre las piernas. Y los dedos en el coño. ¡Joder, está calada! Esta puta tiene el coño baboso, está chorreando, decía invitando al otro a que lo comprobara, a que hiciera lo mismo. Y los dedos de su otro compañero hurgaron en el coño haciéndola gemir. Esos dedos si la gustaron. Y mucho… El viejo acercó sus dedos a su cara: huélete el chocho, guarra, y los restregó bajo su nariz y luego por toda la cara.
El profe volvió a colocarse. Solo la puntita, y en cuanto la tuvo preparada, la sujetó por las caderas y dio un empujón súper violento. Chilló. Todo su cuerpo se arqueó. No fue dolor no. Fue un calambrazo, una descarga eléctrica. Todo el cuerpo se convulsionó. Hasta sintió como las tetas salían disparadas hacia arriba. ¡¡¡Estocada hasta los cojones!!! Gritaba el viejo como loco.
Volvió a penetrarla, pero ahora además de empujones, también la daba azotes en el culito. Es más, se puso todavía más caliente sabiendo que los otros dos no perdían detalle de cómo se la follaba y de cómo inauguraba “el pandero”, como “se ponía morado” a darla azotes en el culo. Ya daba igual si dejaba marcas o no. Él también estaba como loco.
Era brutal. Oír como la humillaban, como su polla súper dura entraba con energía en su chocho, como se abría camino dentro del coño mientras la insultaban, mientras a el viejo me llamaba cornudo y el otro se la meneaba tan cerca que podía hasta olerla.
El chocar de las nalgas contra sus caderas… el ruidito que hacia el chapoteo de su polla dentro del coño… Pero lo que más la ponía era el ruido de los azotes. Los jadeos y gemidos la ponían cachonda por supuesto, pero eran los golpes en el culo lo que la hacía perder el control.
El profe empezó a gemir y lo dijo a voz en grito: ¡te voy a llenar el potorro de leche!
-. Déjaselo calentito para el cornudo gritaba el viejo enloquecido. Los dos se reían burlones.
Confesó tan tranquila que la encantó ver cómo sus compañeros de clase se la cascaban mientras ella chillaba. Y sobre todo como se corrieron apuntado a su cara. Reconoció que más de un chorrito la entró en la boca. El viejo no tanto, pero el otro tenía “muy buena puntería”, dijo con cierto retintín.
Queriendo o no, se lo tragó. Tampoco la importaba y ni lo pensó. Solo estaba a lo que estaba: que el profe la estaba reventando el culito a base de azotes y el coño a base de pollazos. Y lo demás daba igual. Ella estaba allí, corriéndose y chillando escandalosamente con la cara llena de semen. El resto del mundo no existía.
Y encima delante de dos compañeros de clase. Seguro que la próxima semana todos sabrían lo puta que era. Bueno más que saber, lo confirmarían. Pero exagerado por lo que iban a contar esos dos. Al principio no la tocaron, el profe no les dejó, luego la sobaron todo lo que quisieron.
Lo curioso del caso es que ninguno de sus compañeros se la quiso “beneficiar”. Por supuesto, en ese estado ella se habría dejado follar si se lo hubiera pedido. O sin pedírselo, tal y como estaba la daba igual. No la habría importado lo más mínimo. Pero no lo hicieron, solo se la menearon delante de ella viéndola follar y viendo como el profe la daba azotes en el culo “por puta”, que es lo que decía el viejo.
Y en vez de estar preocupada, todo lo contrario. La idea la ponía más caliente, la hacía perder más el control y sus orgasmos eran tan intensos que estuvo a punto de desmayarse.
Cuando el profe terminó se dejó resbalar y se quedó tirada en el suelo. Jadeante. Respirando agotada sin dificultad. Mirando sus pollas fofas desde abajo. Mirando sus cojones ya descargados. Perezosa abrió sus piernas exhibiendo su coño recién follado.
El joven no la quitaba ojo de encima. La miraba lascivo.
-. ¿Qué pasa tío, quieres follártela o qué? dijo el profe. No te cortes.
-. No jodas tío… mira qué guarra está... cualquiera mete ahí la polla, dijo indicando con el zapato su coño…
-. Pues no la quitas ojo…
-. Joder… una puta así no se ve todos los días… dijo guardándose la polla en el pantalón.
El caso es que me corrí dos veces mientas me la meneaba como un mono y lo contaba en el salón. La segunda de mis corridas fue súper intensa. Luego me puso otra copa y volvió a mi lado.
En ese momento se desnudó y se giró. Su culo aún estaba colorado. Por eso venía hoy tan rara…
Ese día, desnuda, me enseñó el culito rojo como un tomate y el coñito irritado. Lo miré extasiado. Lo acaricié con suavidad. Lamí todas sus nalgas, de arriba abajo, de derecha a izquierda... Incluso me atreví por primera vez en mi vida a meter mi lengua entre sus glúteos.
Cuando metí la mano entre sus muslos noté su humedad. Estaba calada. Su clítoris súper sensible. No llegué a su ojete, no sé si era lo que ella esperaba, pero no tuve tiempo de más. Apenas toqué su coño para que se corriera allí mismo. De pie. Sin mirarme, sintiendo mis dedos en su vagina y mi lengua lamiendo como un perro su maltratado culito.
Te puedes imaginar lo que pasó a continuación y cómo terminamos. Solo te digo que al día siguiente los dos teníamos ojeras en el trabajo.
Postdata: muy interesantes los correos y los comentarios que voy recibiendo. Gracias
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