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Mi abuelo adora a mi mujer 12

Margo no pertenece solo a él. En la habitación de su abuelo, las reglas se borran y el deseo se comparte. ¿Qué pasa cuando la mujer que amas decide que el placer no tiene dueños únicos?

CMoriarty15K vistas9.1· 28 votos

Nos besamos y seguí trabajando. Después de comer, Margo me pidió que descuidase un poco el trabajo y fuese con ellos al cuarto de mi abuelo. Quise concedérselo, primero, porque era su último día de baja, segundo, porque sentía que recuperaba territorio.

- Aquí dentro, si estoy yo, se está sin ropa.

Nos dijo a los dos, desnudándose. Nosotros empezamos a quitarnos la ropa. Ambos empezamos por la parte de arriba. Ella se arrodilló entre los dos y nos bajó pantalones y calzoncillos. Los dos con las pollas flácidas, de repentino que fue todo. Ella cogió la mía con dos dedos y se metió un momento la punta en la boca, dio un par de chupadas y pasó a la de mi abuelo, a la que dio el mismo trato. Se levantó y se metió en la cama.

Nos metimos en la cama con ella, ella en medio. La habitación y la cama olían distinto a nuestro cuarto y nuestra cama. Olían más fuerte, que no mal, olían a mi abuelo, que era un hombre mayor pero higiénico. Pensé que ella había pasado unas noches siendo parte de esa intimidad, asociando ese olor al sexo. Comenzó a besarse conmigo. Yo le devolvía los besos y recorría su cuerpo desnudo con mis manos, exploración en la que, a veces, mis manos se encontraban con las de mi abuelo. Me sentí extraño, pero no celoso. No esta vez. Era algo entre los tres. Después, ella me dio la espalda y comenzó a besarse con él. Estuvimos así un rato, hasta que ella desapareció bajo las sábanas. Sentí su cuerpo reptar hacia abajo, pero no me escogió a mí para empezar. No tardé en escuchar a mi abuelo gemir, con los ojos cerrados, y, cuando pensaba que no recibiría ninguna atención, sentí la mano de Margo buscando a tientas mi polla, hasta que la encontró y comenzó a acariciarla para después, pajearme mientras se la chupaba a mi abuelo. Tras un tiempo así, se movió y se metió mi polla en la boca. Mi abuelo me miró y habló:

- Lo de esta niña no es de este mundo. Qué delicia de mujer.

Yo me reí. Hasta entonces, había cierta rareza en el ambiente, estábamos haciéndolo pero ni hablábamos. Agradecí que mi abuelo rompiera esa barrera.

- No podía disfrutar yo solo de mi hermosa mujer. En el fondo me alegro de que también a ti te haga feliz, abuelo. Nunca pensé que la compartiría con otro hombre y mucho menos que acabaría viviendo esto contigo. Dios, mi amor, como sigas así me dejas fuera de juego -esto último lo dije en dirección a mi esposa, que me estaba llevando al cielo con su boca.

- Estais muy habladores -ella emergió de entre las sábanas- igual queréis que os deje solos.

Nos reímos. Margo bajó hasta nuestros pies y se tendió en dirección opuesta a nosotros. Con una polla en cada mano, alzó sus dos pies hasta cada una de nuestras bocas. Nos hacía callar sometiéndonos a la adoración de sus ricos pies, con los que había empezado todo, por otro lado. Y mientras cada uno lamía los deditos y las plantas que se le ofrecían, ella se metió en la boca la polla de mi abuelo, para alternar enseguida con la mía. Luego lo hizo con nuestras pelotas. Y luego otra vez con las pollas. Cuando su calentura llegó al punto de que solo se podía saciar metiéndose algo en el coñito, trepó sobre mi abuelo y comenzó a cabalgarle. Tras un tiempo en esta postura, se movió hasta quedar en mitad de los dos y, ofreciéndole el culo a mi abuelo, me abrazó y me besó. Mi abuelo comenzó a tomarla en cucharita. Gemían los dos. O más bien gemía mi mujer, muchas veces dentro de mi boca, mientras mi abuelo respiraba fuerte y cada vez más acelerado. Hasta que se corrió dentro de ella. Y entonces llegó mi turno. Ella me dio el culo a mí y abrazó a mi abuelo, a quien se lanzó a comerle la boca. Yo se la metí hasta las pelotas. Estaba empapada con el semen de mi abuelo. Llevé una mano hasta su clítoris y la embestía con fuerza contra mi abuelo a la vez que la estimulaba. Cuando ella empezó a correrse, me dejé ir yo también dentro de ella.

Tras un rato descansando, abrazados los tres, me tuve que levantar a ponerme al día con el trabajo. Ellos se quedaron durmiendo la siesta.

Un par de horas después, aparecieron los dos en el estudio. Mi abuelo en pijama, ella desnuda.

- ¿No tiene ni un poquito de tiempo para mí mi chico? -me preguntó exagerando una mueca de pena y acercándose a mí.

- Enseguida estoy, mi amor.

- Pues nada. Rafael, haz lo que te pedí -ordenó a mi abuelo.

Mi abuelo entonces, sonriendo, se sacó la polla. Flácida y morena. Se acercó a mi lado y Margo se arrodilló. Mi abuelo apoyó su brazo en el respaldo de mi silla. Tenía a mi esposa a mi lado acercando su cara a la verga de mi abuelo.

Margo ronroneó un "mmmm". Llevó su boquita hasta esa polla que colgaba y se la introdujo entera en la boca. Y comenzó a sonar el Teams. Tuve que ponerme los auriculares y conectarme, desactivando la cámara y activando el micrófono solo para saludar y preguntar qué pasaba. Mis compañeros empezaron a darme el coñazo con una reunión rutinaria absolutamente innecesaria para comentar un asunto pendiente. Volví a centrarme en mi esposa y mi abuelo. Estaban muy divertidos con la situación. Rafael acariciaba la cabecita de Margo. Su polla ya se había puesto dura.

- Mira, mi amor. Qué polla más rica. Menos mal que tengo otro hombre en casa. El mío solo tiene la mitad de su atención para mí. ¿Cuánta tienes tú para mí, abuelito?

- Ya sabes que toda, mi niña. Eres mi reina.

- Mmmm... -y comenzó a frotar su cara contra la polla erecta de mi abuelo. Frotaba sus mejillas, su frente, la lamía y volvía a rebozar su cara en su polla- qué verga más rica, mi amor.

Esto último lo dijo acariciando mi mano, mirando a los ojos. Y, sosteniéndome la mirada, comenzó a frotar su mejilla contra la polla de mi abuelo, arriba y abajo. Le estaba estimulando con su carita, pegando la polla de mi abuelo a su vientre para poder hacer fricción. Se giró hacia ella y volvió a comérsela. Después, se la subió hacia arriba y enterró su nariz en sus pelotas, bañadas de vello canoso. Y volvió a frotar su cara contra sus huevos y contra toda su polla. Yo me había tenido que sacar la polla, me dolía dentro de los pantalones.

- ¿Toni, pudiste hablar con los proveedores? -me sacaron de lo que realmente me importaba. Tuve que volver a poner el micrófono y responder. Estaba torpe. Necesitaba que esa reunión se acabase.

Mientras volvía a atender al Teams, mi mujer empapaba los cojones de mi abuelo a base de lengüetazos. Rafael estaba en la gloria. En cuanto colgué. Margo se levantó, giró mi silla y apoyó sus manos sobre los reposabrazos. Su cara estaba pegada a la mía. Tenía la cara pringosa de sus propias babas y del líquido preseminal de mi abuelo. Toda despeinada, con cara de fiera salvaje. Se lanzó a comerme los morros. Ni tan siquiera sentí reparos por dóndo acababa de estar su lengua. Se había puesto con el culo en pompa y mi abuelo no había perdido el tiempo. La penetró y comenzó a follarla, moviéndola sobre mí, empujándonos a los dos cada vez que nos besábamos.

- Cariño, tienes la cámara encendida.

- ¡¿QUÉEE!? -acababa de sufrir un microinfarto. Lo comprobé y vi que mi esposa mentía. Cuando me giré hacia ella, reía con la boca abierta, disfrutando de la polla de mi abuelo dentro de su vagina.

La agarré del pelo y me lancé a su boca. Con cierta violencia.

- ¿Cómo puede ser tan mala la hermosa mujer de la que me enamoré hace diez años?

Ella me acarició la cara y la cabeza llevada por el placer, me besó en todas partes, me lamió los párpados, la nariz, la boca... y comenzó a correrse, soltando el aire caliente de sus gemidos dentro de mi boca.

- ¡NO, NO, NO!

Se volvió alarmada, se tiró al suelo y amarró su boca a la polla de mi abuelo. Él se estaba corriendo y había lanzado al menos el primer chorro dentro de ella. Ella exprimió su polla con ansia y se giró hacia la mía.

- La quiero toda, mi amor.

Y comenzó a comérmela con gula. Bajó hasta mis huevos y me los lamió, como a mi abuelo, y volvió a meterse mi polla en la boca mientras me pajeaba. No pude contenerme mucho más. Empecé a gemir y a llenarle la garganta de semen.

Tras eso, pareció tranquilizarse. Mi abuelo salió y ella se sentó encima de mí mientras yo trabajaba un poco. Acaramelados los dos. Ella estaba muy bonita, los colores de su piel realzados, sus ojos brillantes. Le dije que su baja le había sentado muy bien, que la veía más bella que nunca. Ella me besó y me dijo que me amaba, y que era muy loco lo que estábamos viviendo. Lo era. A partir del dia siguiente volvería la rutina, pero sabíamos que no sería igual que antes.

Margo se quedó desnuda el resto de la tarde. Esa mujer esbelta, desnuda, parecía hacer brillar la casa con su desnudo integral. Quiso que nosotros estuviésemos vestidos, le excitaba el contraste. Para cenar, se le ocurrió pedir comida a domicilio y abrir ella al repartidor, con cada uno de nosotros a un lado suyo.

- Me estoy poniendo cachonda de pensarlo. ¿Qué pensará el chico que venga al verme desnuda con un hombre joven y un viejo? ¿Pensará que Toni y yo somos hermanos? ¿O que Toni es un cornudo patético?

- O que eres una prostituta -le dije para devolvérsela.

Se rio a carcajadas.

- ¿Lo haréis por mí?

Accedimos a concederle el último capricho de su baja.

Cuando llamaron a la puerta, nos pusimos nerviosos. Fuimos los tres a abrir, con Margo en medio. El chico era un hombre latinoamericano de entorno a 30 años. Nada más abrir preguntó por Margo para confirmar, pero se quedó helado al ver la escena.

- Sí, soy yo, cielo. ¿Cuánto es?

El chico balbuceó el precio, sin apartar la vista del cuerpo desnudo de mi esposa.

- Toma, cariño, ¿vas poniendo tú la mesa? Esta vez paga tu abuelo.

La muy cabrona quiso representarle el cuadro completo al repartidor. Pagaron, se despidieron del repartidor deseándole buenas noches y cerraron la puerta. Margo estaba exultante. Carcajeándose colorada de vergüenza. Nuevamente, me sorprendió lo bella que se veía ese día.

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