Mi padre, el suegro 2 Parte 1
Amalia es la mujer que siempre soñó tocar, pero su presencia está amenazada por la sombra de un hombre que no conoce límites. Cuando el padre del narrador aparece en la puerta, la atmósfera cambia de deseo a peligro, y la cena se convierte en un campo de batalla donde el respeto se quiebra y los instintos más oscuros despiertan.
MI PADRE, EL SUEGRO 2 Parte 1
Miré a Montse zambullirse en la piscina, estaba más hermosa que nunca, a sus 32 años.
Su perfecta carita aniñada y morena, la fina y pequeña nariz, el lunar cerca de su boquita carnosa.
La melena azabache que ya le había crecido, desde hacía más de un año en que mi padre le había cortado el pelo por la fuerza.
Finalmente habíamos superado todo aquello de la mejor forma, los dos decidimos que no huiríamos, es decir nos habíamos quedado trabajando en el mismo estudio jurídico, en el mismo bufete de abogados, donde ya me habían convertido en socio, con una cantidad fenomenal de beneficios.
No me importaba ver a diario al resto de los socios que yo sabía que habían follado con ella, especialmente a Emilio, quien también había sido amante de mi madre.
Casualmente esta casa en Ibiza en donde estábamos ahora, era propiedad del mismo Emilio.
_Disfruta de la casa, chaval, como si fuese tuya_ me había dicho.
Y aquí estábamos instalados con Montse desde hacía una semana, luego del verano nos casaríamos.
Entonces vi cruzar frente a mí, como una pantera, a Amalia, la amiga de Montse que se estaba quedando con nosotros.
Le dijo algo a mi novia y se quedó allí de pie al borde de la piscina.
Era espectacular, una impresionante mujer negra como la noche, con un abundante pelo afro, rizado, el fino cuello de antílope, larga, espigada, con los brazos y las piernas bien tonificadas, los músculos de sus pantorrillas parecían brillar como aceitados y la cintura era una miniatura como las de esas estatuillas de la fertilidad, los pechos cónicos, en punta, bajo el bikini, grandes, inmensos para ese cuerpo delgado y flexible y sobre todo las grandes nalgas, redondas, como dos bulbos, protuberantes y exageradas.
No podía quitarle los ojos de encima.
Flexionó una pierna y pude ver una de las plantas de sus pies, extrañamente blancas y discordantes.
Tenía 37 años y era médica, se habían hecho muy amigas y confidentes con Montse, a raíz de su divorcio, en el cual mi novia había sido su abogada.
Habían destrozado literalmente a su ex marido, incluso, noté que un cierto discursillo pseudo feminista se le había pegado un poco a mi adorable novia.
Los padres de Amalia eran de Ghana y aunque ella había nacido en España, estaba orgullosa de su raíz afro y se consideraba a si misma africana.
Montse sacó medio cuerpo fuera del agua y pude admirar sus tetones, colosales, exuberantes, ver a las dos mujeres juntas era algo especial, único, morboso, notaba las miradas de envidia dirigidas a mí, allí por donde íbamos.
A veces, Montse se dejaba caer en una de las tumbonas y Amalia le untaba protector solar en la espalda y ver esas largas y felinas manos, con las largas uñas de pantera desparramar la crema sobre la suave y morena piel de mi novia me ponía instantáneamente.
Amalia era más alta, Montse medía 1,73 y ella 1,78.
Casi dos metros de maravillosa mujer negra y sensual que se contoneaba todo el día por esa casa. A veces cuando estaban las dos solas, cuando yo me retiraba a dormir una siesta, hacían toples, esos exuberantes par de tetas de dejaban ver en toda su desnudez y luego se desparramaban crema solar sobre la morena piel.
Montse a pesar de ser muy morena, tenía un tono más claro que el negro noche de su increíble amiga.
Varias veces me las había imaginado juntas y les había dedicado varios homenajes masturbatorios y me preguntaba si sería capaz de realizar esa fantasía perversa de estar con las dos al mismo tiempo.
Pero notaba a Amalia, un poco santurrona, no es que fuera religiosa, pero se las daba de tía muy recta y cada tanto hacía un discurso moral sobre la maldad y la desigualdad en el mundo.
Creo que era coherente con ella, había sido parte de médicos sin fronteras durante cinco años cuando más joven, antes de casarse.
Montse me había contado que el estado anímico de Amalia no era el mejor, que todavía seguía un poco triste a causa de su divorcio e incluso había pasado por un periodo de depresión, de allí esta invitación a quedarse con nosotros en la casa de Emilio en Ibiza.
_Ponte un poco al sol, chico, necesitas vitamina D_ me dijo Amalia, enseñándome su vientre liso, sus tetones. En un tono jocoso pero un poco zumbón.
_Estoy bien aquí_ le dije desde mi tumbona, bajo la sombrilla
Su actitud conmigo era bastante condescendiente, pero distante. Era de esas personas que no sabes si les caes bien o no.
Montse decía que su amiga me apreciaba, pero yo tenía mis dudas, la notaba muy orgullosa, me juzgaba un poco también.
Como si me considerara muy poca cosa para Montse o tal vez le molestara que yo ya había sido hecho socio del bufete y que fuera un abogado más exitoso que mi novia.
Alguna vez, Amalia había deslizado que en el bufete había una actitud machista y que no sabían valorar el talento de Montse, por el mero hecho de ser mujer.
Hasta donde sabía ella, todo lo que había pasado con mi padre, hacía un año atrás no podría decirlo.
Le había preguntado a Montse que tanto le había contado a su amiga, pero se había mostrado un poco evasiva en las respuestas.
Pero yo creo por la forma en que me miraba, que Amalia lo sabía.
Que mi odioso padre se había follado a mi novia y me parecía que lo sabía con lujo de detalles además.
Miré de pronto su cara, antes de que se pusiera unas gafas de sol, tenía un rostro muy bonito, los pómulos muy marcados, la boca era de una carnosidad increíble, los blancos y fuertes dientes, los ojos grandes y un poco rasgados, la delicada nariz y las cejas perfectamente delineadas.
_ ¿Crees que le caigo en gracia a Amalia?_ le había preguntado la noche anterior a Montse
_ Sí, claro, ella sabe lo bueno que eres conmigo_ dijo mi novia, sin inmutarse.
Miré su aniñado rostro, casi angelical, de una pureza de pensamiento extrema, como si no tuviera pensamiento alguno en verdad, con un abandono de la conciencia casi animal por momentos y era cuando más bella la veía.
No habíamos vuelto a repetir la experiencia del cukcold en ese año y medio desde la partida de mi padre, nuestro vecino de enfrente se había puesto un poco pesado al principio, pero acabó por resignarse que lo que había pasado era cosa de una sola vez.
_ ¿Le has contado todo lo que pasó con mi padre?_
_ ¿A Amalia?_
_Claro ¿A quién sino?_
_Como eres, no, le he dicho que mi suegro es un cabrón y que había pasado algo….bastante grave y que eso nos había fortalecido más como pareja_
_ ¿Pero le has dicho que has follado con él?_
_No, Edu, como se te ocurre_
_No te creo, cariño_
_Anda ya, hijo ¿por qué habría de mentirte?_ dijo ella, cepillándose el largo pelo azabache, antes de dormir.
_ ¿Le has contado que tengo la polla pequeña?_
_Uff, otra vez con eso, no me gusta que hables así, tontito, no tienes la polla pequeña ¿Comparado con quién? ¿Con el simio de tu padre?, me voy a casar contigo. Mira si le voy a decir a Amalia algo así, además que ella no es de las que se fijan en eso_
_No, ¿en que se fija ella?_
_En la persona, en el corazón de las personas_
_Su ex marido era muy guapo_
_Es normal, ella también es guapísima_
_Debe ser muy fogosa en la cama, una leona_ dije, un poco para picar a mi novia
_Que bobo eres, como es una mujer de color tiene que ser una pantera en la cama, anda ya, no seas tan hijo de tu padre_
_Sabes que mi padre sería mucho más cabrón que yo_
_Tu padre es un puto subnormal y tú no, por suerte_
La vida sexual entre Montse y yo había retomado una normalidad muy agradable, a menudo usábamos algunos juguetes sexuales, aquellos que mi padre había descubierto en la última vez que estuvimos con él.
Yo la penetraba por el coño con un inmenso consolador negro mientras le comía el clítoris al mismo tiempo. También se lo metía por el culo, mientras la tenía en cuatro patas, yo la penetraba con mi polla por el coño.
Tener ese cuerpazo cimbreante y moreno para mí, seguía produciéndome un intenso placer y sentido de la posesión, que era reforzado por la pasta gansa que estaba ganando en el curro.
De alguna manera compensaba con el dinero y mi éxito en la profesión el tamaño de mi polla que seguía acomplejándome, por más que Montse me diera estadísticas del pene promedio de los hombres y que yo estaba dentro de ese promedio y bla, bla, bla.
Cuando algo así se te mete en la mente es muy difícil sacarlo de allí.
Ya me había acostumbrado a vivir con eso y sabía que no me impedía ser feliz y follar satisfactoriamente con la mujer que amaba.
Pero notaba en la mirada de Amalia, que ahora se había ocultado tras las gafas de sol, que ella lo sabía y que se mostraba demasiado condescendiente conmigo, como pensando, pobrecillo, tienes demasiada suerte de estar con una mujer como Montse y jamás podrás estar con una hembra como yo.
Por momentos sentía el aguijón de querer seducirla y follármela.
Pero sabía que no tenía la más remota chance, porque dijera lo que dijera Montse, eso de que ella se fijaba en el corazón de las personas y demás, la veía una hembra voluptuosa y que le importaba una buena polla y sentir el poderío físico de su macho de una manera más evidente y cruel que la propia Montse.
Y todo ese barniz de feminismo lo sentía como una inmensa cáscara que ocultaba la verdad de su naturaleza.
Es decir que no era verdaderamente sincera con ella misma, como si su solo andar felino, la forma en que miraba con sus ojos de gata, todo el movimiento de ese cuerpazo infernal desmintiera lo que decía y pensaba.
Esa noche decidimos cenar en casa, a Amalia le gustaba cambiarse para la cena, poniéndose un poco más formal, llevaba un vestido blanco, con la falda corta que dejaba ver sus muslazos musculados y taconazos negros, el largo pelo, era una mata densa y vaporosa, llena de rizos y bucles pequeños y ensortijados, sus manos, que un rato antes habían aliñado la ensalada con esmero, lucían unos grandes anillos con piedras. Al igual que Montse, le gustaba llevar varios anillos en las manos, de dedos largos y finos.
Mi novia por otro lado solo llevaba un pantalón ajustado, una blusa liviana y unas sandalias, habíamos hablado de ir a beber algo después de cenar.
Las miraba trastear un poco alrededor de la mesa y otra vez la fantasía de hacerlo con las dos entraba en mi mente.
Lo que sería tenerlas a las dos para mí en la cama, semejantes mujeres de bandera, una voluptuosa, negra como la noche y la otra morena y con su piel de luna llena sobre los olivares.
¿Pero con tu pollita, chaval? Resonaba una voz irónica en mi cabeza.
Sí, las penetraría a las dos con el consolador, le metería el consolador por el culo a Amalia, hasta arrancarle esa sonrisa orgullosa y llena de confianza en sí misma que tenía.
Y a veces sentía con ella, es duro reconocer que pensaba de ese modo, que ella me despreciaba por el color de mi piel, que era demasiado blanco para ella y que tenía para conmigo una suerte de racismo inverso.
Ese comentario jocoso de que me pusiera un poco al sol para coger color o que me faltaba vitamina D, no era todo lo inocente que parecía.
Miré una vez más el canalito de sus tetas inmensas, esos pezones oscuros y esas areolas rosadas que le había visto a escondidas cuando hacía toples.
_ ¿Qué piensas Edu?_ me soltó de pronto con una enigmática sonrisa.
_Que el aguacate os gusta mucho a las mujeres_ dije
_ ¿Crees eso? ¿Qué hay alimentos que nos gustan a las mujeres por el solo hecho de serlo?_
_Pero es que es algo que es así, el aguacate va en todas las ensaladas que hacéis_ dije
_Claro, las mujeres somos las que hacemos la ensaladas y vosotros esperáis sentados_
_Venga que ayer he cocinado yo_
_Pizza congelada, de microondas_ dijo Montse
_Además las propiedades medicinales, que el antioxidante, el colesterol, me las sé de memoria_ dije, queriendo continuar la pequeña discusión
_Bueno, es que es verdad todo eso, el aguacate regula el colesterol, tiene fitoesteroles, ácido fólico, magnesio_ dijo Amalía
_ ¿Ves lo que digo? Ningún hombre se fija en esas cosas a la hora de comer_
_ Porque no os importa echarle porquerías al cuerpo_ dijo Montse y entonces sonó el llamador de la puerta.
_Quien podrá ser_ dije
_ ¿Te fijas tú, cari?_ dijo mi novia
_Sí, claro_ mucho aguacate, pero a la hora de abrirle la puerta a un extraño, va el hombre de la casa, pensé.
Abrí la puerta corredera de vidrio que comunicaba la sala con el jardín y la piscina, las aguas azuladas ondeaban bajo las luces y la noche, crucé un sendero de lajas entre una vegetación algo selvática, llegué hasta la puerta de calle, miré por la mirilla.
En un principio pensé que me había vuelto loco, que había un error garrafal en todo aquello.
Aquella gran cabeza con el pelo blanca raleado, dejando ver una calva incipiente, las arrugas alrededor de los ojos azules grisáceos, ojos ávidos, de tiburón, sin vida.
El bigotón, amarilleado de nicotina, el gesto impaciente.
Era mi padre.
Mi maldito padre en la puerta de mi casa.
Tuve un terror completamente absurdo, como un niño descubierto en su escondite y al que lo van a reprender.
Volvió a llamar a la puerta, abrí de un golpe con el terror pintado en el rostro.
_ ¡Joder, ven aquí!!_ dijo y me echó los brazos al cuello, era más alto y más fuerte que yo y me estrujó entre sus brazos y me dio dos besos en las mejillas, sentí su aliento a tabaco y a alcohol y el roce de su bigotón.
No podía articular palabra, la sorpresa me había paralizado.
_Te has quedado de piedra ¿pensabas que había muerto o qué?_
_ ¿Qué….qué haces aquí?....._ dije en un balbuceo penoso
_ He venido a verte, Emilio me ha dicho que en la casa había cuartos suficientes y aquí estoy, también me ha dado su sitio en el muelle para mi barquito_
_Pero…como…._ comencé a decir
_Venga, hijo ¿Vas a dejarme aquí en la calle?_
Y entonces vi con horror que llevaba un enorme bolsón marinero consigo, como los de los soldados de las películas, un enorme chorizo de lona.
_ ¿Piensas quedarte aquí?_
_Me ha dicho Emilio que no había problema, que la casa es grande_
Maldije a Emilio desde lo más profundo de mí ser.
_No estamos solos_ dije
_Ya lo sé, Emilio me lo ha dicho_
Dudé sobre qué hacer, dejé paso a mi padre quien me dio un suave empellón para entrar.
_Venga, chico ¿Ya habéis cenado? Tengo un hambre que da calambre_
De pronto vi su enorme espalda por el sendero, llevaba una camiseta blanca, bastante ceñida y unos pantalones bastos, también blancos y sucios y unas franciscanas en los pies, su coleta amarillenta le colgaba de la nuca.
Avancé a los trompicones tras él.
La cara que pondría Montse cuando le viera.
_Oye me ha dicho Emilio, que la negra que se queda con vosotros está muy buena _ dijo y entonces de repente vi que Amalia estaba frente a nosotros, caminando en dirección contraria por el sendero.
Seguramente le había escuchado.
Me adelanté rebasando a mi padre.
_Papá ella es Amalia, mi padre_ hice las presentaciones
Mi padre quiso besarle en las mejillas, ella se apartó con repulsión y extendió una manita oscura y delicada.
Mi padre le cogió la mano y se la llevó a los labios.
_Encantado, Amalia, espero que seamos buenos amigos tu y yo_
Ella no dijo nada y me miró estupefacta.
Pasamos por la piscina, Monte estaba junto a la puerta corredera.
Mi novia estaba petrificada, se retorcía una mano con la otra y tenía la vista fija en mi padre, quien avanzaba hacia ella.
La tomó de los hombros y le dio los besos en la mejilla de rigor.
Parecía temblar como una hoja, los tetones se revolvieron inquietos bajo la camisita de color rojo
_ ¿Cómo estás hija? ¿Me habéis extrañado?_
_ ¿Qué…qué coño quieres aquí?_ dijo ella
_ Emilio le ha dado permiso para quedarse en la casa_ dije
_Pero….que maldito gilipollas…._ dijo ella
_ ¿Habéis cenado?_ dijo mi padre, como si eso solo fuera lo único que le importase.
Mi padre era como una tromba que se había abatido sobre la casa, le acompañé hasta una de las habitaciones, estaba pegada a la nuestra y luego venía la habitación que ocupaba Amalia.
_Joder, que buena está la negraca y Motse, también sigue buena que te cagas_ me dijo
_Te pido que te comportes…..por favor…_ dije
_Tranquilo hijo, sabes como soy, un caballero_ dijo
_ No sé cómo has tenido la idea de quedarte aquí ¿No podías dormir en el barco?_
_Llevo año y medio sobre ese bote, me apetece un poco de tierra firme_
Miré los tatuajes de sus brazos, obscenos, la cicatriz del cuello, otra vez la imagen de un viejo pirata pasó por mi mente.
_ ¿La negra ya ha ligado con algún macho o la tenéis de chaperón?_ dijo
_No hables así de ella, acaba de divorciarse_ dije
_Joder, las ganas de follar que tendrá entonces_
Montse y Amalia ya habían dispuesto la mesa para cenar.
_Dime que hay un buen solomillo_ dijo mi padre
_Tenemos salmón_ dije yo
Amalia le miraba con curiosidad, mientras mi padre se sentaba y Montse tenía una cara de cabreada que asustaba.
Comenzamos por una ensalada y unas gambas.
_ ¿Quieres vino?_ dije a mi padre, este asintió.
_ ¿Cómo estás chiquilla? ¿Cuándo os casáis?_ dijo mirando a Montse y bebiendo de su copa de vino
_ Después del verano_ dije
_ ¿Vas a quedarte mucho tiempo?_ dijo Montse a mi padre, su gesto era duro
_Joder, que bienvenida, no se pregunta eso a un huésped recién llegado_
Montse le clavó la mirada, Amalia se sirvió vino.
_Voy a quedarme unos días, el barco necesita unas reparaciones_
_ ¿Tienes un barco?_ dijo Amalia
_Un velero, acabo de cruzar el océano, el navegante solitario_ dijo
_ ¿Dónde has estado?_ dije
Montse comenzó a servir los platos, con gesto adusto.
_El caribe sobre todo, Brasil también, y esta vez me he quedado bastante en Curasao, conocí a alguien allí_
_Debe ser bonito_ dijo Amalia
_ ¿No conoces?_ dijo mi padre
_He estado en Santo Domingo con mi ex esposo y en México pero por un congreso una vez_
_Ya has follado en las aguas del caribe entonces, es lo mejor de la vida_
_Joder, no seas borde_ dijo Montse
_Está bien_ dijo Amalia
_No hay como los mariscos de aquí_ dijo mi padre, comiendo con apetito, con esa expresión de bestia satisfecha que yo tan bien conocía.
_ ¿Y tú a que te dedicas, Amalia?_
_Soy médica_
_ ¿En Madrid?_
_Si…_ dijo ella, comiendo lentamente, con cierto aire digno, masticando con parsimonia.
_Ha estado en Ruanda, con médicos sin fronteras_ dije
_ ¿Si? casi no la cuento allí_ dijo mi padre señalándose la cicatriz en el cuello
_ ¿En qué años has estado allí?_ dijo Amalia
_Fines de los 90, ya había pasado el mogollón de la guerra, recorrí media África en motocicleta_ dijo mi padre ¿tú de dónde eres?_
_Mis padres son de Ghana_
_Tierra de hermosas mujeres, tú debes tener algo de sangre inglesa por las venas ¿no?_
Me pareció que Amalia enrojecía.
_ ¿Cómo le dices eso?_ dijo Montse
_ ¿Qué le digo qué?_
_ ¿Qué coño sabes de ella?_
_Tía, me he pasado diez años en África, se de lo que hablo, se cuándo una hembra es africana pura o hay algo de mezcla en su sangre_ dijo mi padre, sin levantar la voz y con la cabeza de una gamba entre sus gruesos dedos.
_ Déjale, tía, no tiene importancia_ dijo Amalia
Seguimos comiendo en silencio, un trueno resonó a lo lejos, parecía corresponder con la tensión de la mesa.
_No puedo creer que vaya a llover_ dije yo
_ ¿Habéis visto los juegos olímpicos?_ dijo mi padre
Nos quedamos sorprendidos, mirándole.
_Yo les he visto en Curasao, por la tele_ dijo
_Si, les hemos visto, como todos_ dije
Los juegos no me interesaban demasiado, en cambio Montse trataba de ver todo lo que podía, gimnasia femenina, natación y atletismo.
_En atletismo son solo los negros, joder, debieran hacer un juego olímpico para ellos solos_ dijo mi padre
_ ¿Lo estás diciendo en serio?_ dijo Amalia frunciendo la boca de labios carnosos
_Es que joder, a correr no hay quien les gane, los blancos no podemos ni comenzar con vosotros_
_Es un poco racista lo que dices, hombre, córtate un poco_ dije y miré a Amalia
_ ¿Un poco racista dices? Jamás había escuchado una gilipollez igual_ dijo Amalia
_Venga tía, es la pura verdad, la masa muscular de una mujer negra, Ufff, no puede ni compararse con la de una blanca_ dijo mi padre
_ Ya me había dicho Montse como eres, menudo morro_ dijo Amalia y bebió de su copa, nerviosamente pero tratando de mantener el control
_Yo creo que paso de seguir escuchando, ahí tenéis el salmón_ dijo Montse y se marchó, fui tras ella.
_Amalia, eres médica, hija, ¿Acaso estoy mintiendo en lo que digo?_ dijo mi padre
_Claro que no, yo sé bien lo que hay detrás de la gente que dice esas cosas…._ dijo Amalia, mirando a mi padre con fijeza.
Montse ya estaba en nuestro cuarto, la casa era de una sola planta, con mucha laja, mucha piedra en el interior.
_No me puedo creer que esté pasando…otra vez…_ dijo ella
La abracé por detrás, sentí su cuerpo compacto, firme y cálido a la vez.
_Venga, será solo unos días, no des importancia a las tonterías que dice_ dije
_Dile que se marche, Edu, por favor…_
_Es la casa de Emilio, cariño, él le ha dado permiso para quedarse_
Ella me miró con sus hermosos ojos color café.
_Amor, si me quieres realmente, pídele que se marche, no quiero verle_
_ ¿Tienes miedo de liarte con él?_ dije
_No tengo miedo de eso, no va a suceder ¿tú lo quieres?_
_No, joder……ya hemos dejado eso atrás, vamos a casarnos…_ dije
En realidad jamás habíamos hablado de que sucedería si mi padre aparecía otra vez en nuestras vidas, es más, en mi fuero íntimo pensé que jamás volvería a saber de él.
_Es un maldito cabrón, quiere jugar con nosotros ¿¿no lo comprendes?_ dijo ella
_Es solo un viejo idiota, solo eso_
Notaba a realmente a mi padre más avejentado, su rostro más arrugado y rojizo, el sol sobre su palidez de sebo le daba ese aspecto.
_Va a molestar a Amalia todo el tiempo, ya me doy cuenta, va a por ella_
_Bueno ella es una mujer bien plantada, no creo que…._ dije
Y entonces la imagen de mi padre yendo a por ella cruzó por mi mente con la velocidad de un relámpago, un nuevo trueno se escuchó a lo lejos.
Mi padre doblegando a esa hermosa y orgullosa mujer negra.
Mi padre, el gran cazador blanco, haciéndole una muesca a su rifle, yendo a por su presa en medio de la selva.
Mi padre, tomando una esclava por la fuerza, convirtiéndola en su esclava sexual, haciendo lo que había hecho con Montse hacía un año y medio atrás.
_Pero no tiene la menor chance con ella_ dije, temeroso y fascinado a la vez
Entonces escuché una pequeña risa femenina desde el comedor, cargada de ironía, pero risa al fin.
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