El hermano mayor Parte1
Diego creía haber encontrado la paz en el campo con Irene, pero la llegada de Abel, su hermano mayor y un exconvicto, rompe la rutina. No es solo un huésped; es una amenaza viva que mira a su esposa con avidez y le susurra que el pueblo entero está dispuesto a pagar por ella. La confianza del matrimonio se quiebra ante la certeza de que el peligro ya está dentro de la casa.
EL HERMANO MAYOR Parte 1
Irene tenía el rostro afilado y hermoso, una nariz recta y fina, unos pómulos salientes, una boca carnosa y llena.
Acababa de cumplir 40 años, me llevaba nueve. Hacía dos años que estábamos casados.
Me costó convencerle, ella tenía un divorcio encima, una hija, no estaba por la labor de comenzar algo nuevo.
Pero entonces me ofrecieron el trabajo en Soria y era una zona rural muy bella y me daban una casa y era mi oportunidad de ejercer mi profesión de veterinario como siempre había querido.
Y ella estaba hasta los cojones de su trabajo de administrativa en el hospital y yo creo que un poco fue eso, la posibilidad de una vida nueva, en otro sitio lo que la convenció. No digo que no me quisiera, creo que se enamoró un poco de la casa rural y la vida fuera de Madrid, en contacto con la naturaleza.
También estaba enamorada de mí, creo que si al menos
Yo estaba flipado con ella, deslumbrado, pillado de un modo casi adolescente.
Ella llevaba el pelo rubio en una melena hasta los hombros, revuelta y un poco salvaje, que realzaba sus ojos verdes y el ovalo perfecto de su cara.
Era una cara que rebosaba femineidad y elegancia, un rostro sensual de una mujer que ha vivido mucho, que ya tiene una experiencia de la vida y que no ha perdido frescura, la nariz recta y pequeña, los pómulos ligeramente prominentes, la boca carnosa con hoyuelos y líneas que marcaban la sensualidad de un rostro que cuando te miraba con esos grandes ojos verdes, cortaba el aliento, no era el rostro de un niña, era una mujer de armas tomar.
Y luego estaba el cuerpazo que tenía, medía 1,72 y era tan contundente, sus piernas musculadas, sus muslos carnosos y macizos, sus tetazas naturales, grandes, sabrosas, todavía bien puestas para ser una mujer de cuarenta tacos, pechos demasiado grandes para ese cuerpo esbelto y flexible y luego la cintura en miniatura y de allí emergía el culo más perfecto y redondo y compacto que había visto en mi vida, cierto es que se mataba en el gimnasio haciendo mucha escalada y ejercicios fuertes.
Era una mujer de bandera, un poco hastiada de los tíos, creo que se consideraba que no había tenido la suerte que merecía, su ex marido era un golfo sin remedio y luego había tenido historias con algunos tíos casados en su haber, uno de ellos, un médico del hospital donde trabajaba.
Supongo que era una tía que sabía lo que quería y lo que no, segura de sí misma y finalmente se decidió a venirse conmigo a iniciar una nueva vida, su hija estaba en la universidad.
Nos casamos y esa misma noche vinimos aquí a esta casa en medio del campo, entre las montañas y los bosques.
Ella que era muy formal para vestir, muy elegante, pero en esta nueva vida comenzó a relajarse y adoptar un estilo country que me encantaba, faldas vaqueras, bastante cortas que realzaban sus piernas torneadas y botas marrones casi hasta la rodilla, todavía podía lucir un vientre liso y perfecto y usaba algunas camisas cortas que dejaban su ombligo al desnudo y hasta a veces se atrevía a llevarlas sin sujetador y sus pechos se bamboleaban libres y orgullosos.
Si tenía que acompañarme a ver a algún animal enfermo, se ponía unos pantalones holgados, pero a veces por la prisa, salía con esas faldas vaqueras, ceñidas al cuerpo que le marcaban ese culo redondo y firme y botas y ya notaba la avidez con que la miraban los hombres en los lugares donde íbamos.
Es que estaba muy buena, tremenda, se la comían con los ojos pero tratando de mantener las formas, al fin y al cabo, hacía años que necesitaban un veterinario dispuesto a currar, a salir de su casa a las tres de la mañana para asistir al parto de una potranca o de una vaca que venía cruzada.
Ahora había cambiado el gimnasio por los senderos montañosos donde corría y escalaba y también tenía un set de pesas en la casa donde se seguía ejercitando, tenía una espalda pequeña y bien formada y buenos brazos, pero sus piernas eran de otro mundo, la forma perfecta de sus rodillas, esa redondez con un pequeño hoyuelo y lo torneadas y firmes que eran.
Era una mujer que disfrutaba de la soledad, bastante introvertida, sencilla en cierto modo, le gustaban los animales tanto como a mí, así la había conocido, un perro muy querido por ella había necesitado de mis servicios de joven ayudante en una veterinaria del barrio de Salamanca.
No se podía decir que viniese de una familia pija, pero su padre había tenido una buena posición en el pasado y algo de cierto refinamiento, superior al mío, subsistía en ella.
No sé si a mi madre le había agradado que me casara con alguien mucho mayor que yo, pero Irene era muy bella y con clase, eso era innegable y al fin creo que mi madre acabó aceptándola.
Todo iba estupendamente, era feliz, aunque el sexo había tomado una forma bastante rutinaria, solo follábamos los fines de semana, especialmente los sábados por la tarde.
_Hoy es sábado por la tarde ¿lo recuerdas?_ le decía yo con ironía.
_No seas niño, Diego_ me decía, sus grandes y felinos ojos verdes se volvían un poco fríos y distantes a veces.
Pero luego cuando la sentía retorcerse y gemir con mi polla dentro de su coño todo parecía encajar de maravillas o cuando ella me montaba y ponía esos tetones a la altura de mi cara y aferraba mi nuca con sus manos fuertes y afiladas y hacía que me los comiera desaforadamente, casi como si quisiera ahogarme en ellos, entre sus grandes y carnosos pechos.
Y entonces yo ponía las manos en esas nalgas firmes y grandes de su culazo y sentía que Irene era un volcán en erupción que de tanto en tanto vomitaba su torrente de lava, pero cuando lo hacía, joder, era la hostia.
Y como todas las historias, la mía tenía su lado oscuro.
Y esa oscuridad provenía del hecho de tener un hermano, Abel, que al momento de mi casamiento estaba en la cárcel por suerte.
Era dos años mayor que yo, tenía 33 años en ese momento.
Nunca nos habíamos llevado realmente bien, yo siempre había buscado su cariño y su afecto pero siempre había sido como un gato montés, reacio y furtivo y yo creo que además era el preferido de mis padres, de mi padre que había muerto hacía diez años y de mi madre quien vivía solitaria en su modesto piso de Teruel.
Por eso debí leer varias veces el mensaje de mi madre, con incredulidad, con temor, con espanto.
_Abel ha salido de la cárcel, ha logrado la condicional, no puede quedarse en Madrid ¿podrías recibirle un tiempo? Respóndeme enseguida por favor, estoy desesperada_ decía
Era mi madre y la amaba, había sido muy amorosa conmigo.
La llamé, al parecer Abel no podía quedarse en Madrid pues le buscaban unos tíos para cargárselo.
Ese era mi hermanito, había participado en algunos robos violentos y finalmente había resultado un chivato al parecer.
_Pero solo podrá quedarse un tiempo, mamá ¿lo oyes?_ le dije
_Si hijo, que sí, vale_ dijo ella
_Me parece bien, es tu hermano ¿no?_ dijo Irene
_Si, pero esta es nuestra casa, si algo de él no te gusta, pues puertas y a otra cosa_
_ ¿Cómo es él?_ dijo ella, intrigada
_Ufff, ya le conocerás_ dije yo.
Hacía ocho años que no veía a mi hermano y francamente me sorprendió lo cachas que estaba, fui a recogerlo al autobús.
_Joder, Chaval, que gordo estás, ¿No haces ejercicio?_ dijo él
Yo había ganado algunos kilos en estos dos años, pero no podía decirse que estuviese gordo en verdad, me la pasaba todo el día currando con mis animales.
Abel en cambio, lucía muy musculoso y fibroso, su rostro bastante avejentado, profundas arrugas le surcaban el rostro como cicatrices, parecía mayor de los 33 años que tenía.
_En el talego lo único que haces es levantar pesas, si no estás fuerte estás jodido_ dijo con su voz áspera.
_ ¿Se puede fumar aquí?_ dijo
_No hombre, en el coche no_ dije, teníamos un utilitario para todo uso
_ ¿Y qué tal Irene? Mamá dice que es muy guapa_ dijo
_Si, es muy guapa ¿no has visto fotos?_ dije
_No me gustan las fotos, cuando la vea en persona te diré, pero su se ve que está potente_ dijo despectivamente.
Seguía teniendo esa gran nariz curvada y aguileña que le recordaba, el pelo negro, liso y pajoso, siempre había sido más moreno que yo.
_Quisiera pirarme a Andorra, pero debo esperar_
_ ¿Por qué te persiguen?_
_ A mí nadie me persigue, chaval ¿te crees que les tengo miedo?_ dijo, amoscado
_Bueno, es lo que madre ha dicho_
_Bah, tonterías de ella, siempre hay algún idiota que te tiene tirria, tal vez le follé la mujer a alguno son darme cuenta_ y se rio, sus dientes parecían afilados como colmillos.
Llevaba una camiseta con tirantes y un vaquero gastado, en sus bíceps se veían esos tatuajes cutres que siempre había llevado y varios nuevos hechos en la cárcel.
_ ¿Te has recuperado bien de aquel….?_
_ ¿De la puñalada dices? Sí, estoy bien pero casi me hacen pasar a mejor vida los hijos de puta_
Llegamos a la casa, Irene estaba de pie en la entrada, llevaba una de esas faldas vaqueras muy cortas y ceñidas y unas botas de media caña que dejaban mucha pierna a la vista, un cinto con hebilla redonda y una camisa blanca, dentro de la falda.
_Joder ¿viste siempre así?_ dijo Abel
_Muchos años de administrativa en un hospital, siempre de traje_
_Y ahora se desquita, vaya piernas, tío_ dijo sin cortarse un pelo
_Te debe destrozar con ellas, cuando te aprieta el culo_ dijo con una sonrisa torcida
Bajamos del coche.
_Hola, guapa_ dijo Abel
_Hola, bienvenido_ dijo ella y se dieron los besos de rigor en las mejillas.
Abel medía más o menos como yo, entre 1,75 y un poco más
_Así que eres la mujer de mi hermanito, vaya cabrón con suerte_ dijo él.
Irene bajó los ojos, sin responder.
_Ya está preparada la cena, si quieres comer_ dijo ella
_ Sí que me apetece_ dijo él y luego miró las formidables piernas de ella cuando marchaba dentro de la casa y me guiñó un ojo.
Toda su presencia me generaba una gran incomodidad y pensé que no aguantaría una semana de tenerle en casa.
_Puedes lavarte las manos por aquí, luego Diego te enseña el cuarto_ dijo ella, se mostraba segura de sí misma como siempre, aplomada pero también algo apocada, como si la presencia de Abel la disminuyera en parte.
_Gracias, que bien huele eso_ dijo él, Irene, con las tacones de sus botas quedaba de su altura y había entrado al baño para poner una toalla
_Hice rabo de toro guisado, algo bien casero_ dijo Irene
_No me refería a la comida_ dijo él
_Vale_ dijo ella con incomodidad, su pelo rubio era bastante rizado y salvaje, le daba un aire de leona.
Me pareció que Abel ya comenzaba a pasarse un poco y apenas esto comenzaba.
Pero durante la cena se mostró educado y más bien parco.
_Puedes quedarte todo el tiempo que quieras, estás en tu casa_ dijo ella
_Gracias, pero me piraré pronto, tengo que solucionar algunas cosillas y ya_ dijo él
Luego se fue a la cama temprano.
_Estoy sobado, me voy a mi chabolo_ dijo
_Que es eso_ dije
_El chabolo es la celda, mi cuarto_
_Buenas noches_ le dijo Irene.
Ella y yo bebimos un café juntos.
_Parece una persona bastante torturada_ dijo ella
_Bueno, él se lo buscó_ dije
_Supongo que el ambiente influye_
_Yo me he criado en el mismo barrio que él, con los mismo padres_
_Pero todos somos distintos, Diego, tu hermano tal vez no tenía la misma entereza que tú_
_Siempre ha sido un golfo, un mujeriego y nunca le ha gustado currar, Irene, eso es todo_
_Eres su hermano, no puedes ver la problemática social que hay detrás de alguien como Abel_ dijo ella.
Pensé que eran tonterías y no quise discutir
Luego como siempre, yo me fui a la cama y ella se quedó mirando algo en la tele o leyendo, Irene leía mucho, mucho más que yo pues tenía más tiempo además.
Por la noche me desperté sobresaltado, Irene aún no había regresado a la cama.
Me llegó el olor del tabaco, ella había dejado de fumar hacía muy poco, fui hasta la sala, con sus paneles de madera recubriendo las paredes.
Irene estaba absorta mirando la pantalla de la tele, una película, en el sofá, con una manta cubriéndole las piernas y en un sillón, mi hermano Abel también miraba la tele, sin decir palabra, fumando, imaginé que ella le había dado permiso.
De pronto noté como su mirada se desviaba de la pantalla y la miraba a ella, de manera torva y luego seguía fumando parsimoniosamente.
Por la mañana, pensé que Irene tenía un cuello muy hermoso, largo y delicado, sosteniendo su hermosa cabeza y el pelo un poco revuelto, los ojos verdes un poco tristes.
_ ¿Está bien así el desayuno?_ dijo ella
_De puta madre_ dijo él, muy serio, con cara de dormido.
Ella ya tenía puesto un short vaquero, desflecado que usaba para correr un poco por los senderos de montaña y una camiseta vieja que era desbordada por sus grandes tetones naturales.
_Haces un buen café, Irene_ dijo él
_Gracias_ dijo ella
_ ¿Me acompañas? Tengo que hacer una recorrida por varias fincas de la zona_ dije
_Vale, vamos_ dijo Abel
Subíamos al utilitario cuando vimos como Irene se perdía por el sendero de detrás de la casa, trotando, sus tetazas se sacudían arriba y abajo.
_Joder, con Irene, que bien servida va_ dijo él
_Oye, córtate un poco, ella es mi mujer_ dije
_Bien por ti, chico_
Conducimos en silencio, Abel miraba un punto lejano, repantingado en la butaca.
_Ponte el cinturón de seguridad_ le dije
_No, no me gusta estar amarrado_
_Pues si me multan ya veremos_ dije
_Te preocupas demasiado por todo, por eso estás gordo y amargado_ dijo él
_No fumamos dentro de la casa_ dije
_Ah, le pregunté a tu mujer y ella no tuvo problema_
_No te abuses de ella, de su hospitalidad, digo_
_Me dijo que el olor del tabaco le hacía bien, le ayudaba con el mono_
_ ¿Qué mono?_ dije
_El mono de la abstinencia, vaya putada que es eso_
No sabía que Irene estuviese sufriendo de abstinencia por el tabaco,
Abel había pasado por un periodo de adicción a la heroína de muy joven, pero lo había superado.
_El mono del caballo, tío, es la peor mierda que puede existir_
_Si tú lo dices_ dije
Conduje otro poco en silencio.
_No sé cómo puedes vivir aquí, el campo no es lo mío_ dijo
_ ¿Y ayer qué? ¿Os quedasteis viendo una peli?_
_No podía dormir y le pregunté si le molestaba que me quedara a su lado, fumando_
_ ¿Y de que hablasteis?_
_De nada, nos quedamos en silencio, mirando la peli, bah, yo no miraba nada, solo fumaba_
_Vaya par_ dije
_Joder, tener una mujer que puede quedarse en silencio, te has ganado la lotería, macho_ dijo él
Llegamos a la finca de Paco, este era un tío que daba bastantes problemas, había casos de hemorragia epizoótica en el ganado bovino y este hombre era muy reacio a las vacunas.
_Hola Paco, él es mi hermano, Abel_ le dije
Se saludaron con un breve apretón de manos y una mirada oblicua, de estudio.
Este Paco, era un gañán de unos 55 años, panzón y muy moreno, con aspecto desgreñado, siempre con su boina y sus botas.
No entendía como todavía subsistía este tipo de campesino tan reacio a los avances de la veterinaria.
_Hola Doc creo que tengo una oveja con parásitos_
_Déjame verla, me imagino que con moxidectina irá bien, ahora te la receto para que la compres_
_Creo que me queda, todavía_
_Tal vez estén vencidas, déjame verlas_
Recorrimos su granja y fuimos hasta el rebaño, unos niños jugaban entre los árboles.
_ ¿Son tus nietos?_ dije
_Si, se crían saltando como las cabras_ dijo él
Abel miraba todo con aburrimiento.
_A ver si no es la mosca, que luego se quejan los del coto de caza_ dijo Paco
La mosca de la oveja estaba afectando a los corzos esa temporada y había que estar pendiente de ello.
_No, solo son parásitos externos, aísla este animal, me tendrías que haber hecho caso con las vacunas, igual se pondrá bien_ dije
La oveja estaba tirada en la tierra y miraba con ojos de miedo, esas miradas de los bichos siempre me conmovían, no podía evitarlo.
_ ¿Y su mujer? ¿No le acompaña hoy?_ dijo Paco
_Está con sus cosas_
Recordé que este personajillo era uno de los que más embobados quedaba cuando veía a Irene, se quedaba viendo sus pechos como tonto
_La mujer debe estar ocupada siempre, si no….._ dijo él con intención
_Bueno, hazme caso con el endocticida así cortas el ciclo de la enfermedad_ dije
_Vale, Doc_ dijo él, se había sacado la boina y se rascaba los pocos pelos grasientos que le quedaban.
Cuando volvimos a la furgoneta y habíamos recorrido un buen trecho, Abel rompió el silencio.
_Joder, como deben flipar estos paletos cuando ven a tu mujer_ dijo
_Bueno, no son todos tan básicos como este_
_No te envidio, chico, vivir aquí así, mira, no se si no me quedo con la prisión_
_ ¿De verdad lo dices?_
_No, es broma, el talego es el infierno, pero luego le sigue esto, joder con el aburrimiento aquí_
_Bueno, a Irene y a mí nos encanta_
_ ¿No se aburre ella?_
_No, le gusta la naturaleza, atiende los animales que tenemos, lee, hace sus cosas_ dije
_No sé, una mujer como ella, no sé cómo hace para soportar este….pantano_
_Joder ¿Dónde ves pantanos aquí?_ dije
_Es una forma de decir_ dijo
Me sentí tonto de haber tomado tan literal lo que Abel decía.
Visitamos dos o tres lugares más y luego tuve que ir al pueblo a por algo que me había encargado Irene, al pasar por el bar del pueblo, Abel me pidió que le dejara allí.
_Mira que yo debo volver a casa_ dije
_Ya me arreglaré yo, tu ve tranquilo con tu mujercita_ dijo burlón, se había dedicado a fumar en silencio toda la mañana, lo vi encaminarse al bar con paso firme y pesado, realmente estaba muy ejercitado, los brazos musculosos, la cintura estrecha, el pelo liso y con aspecto de sucio.
Me pregunté qué impresión causaría en el bar, si les contaría a los parroquianos que era mi hermano.
Volví a casa, Irene había preparado el almuerzo.
_ ¿Y Abel?_ dijo ella
_Se ha quedado en el bar_ dije
Me lavé las manos, le ayudé a ella con los platos y las fuentes.
_ ¿Qué impresión te ha causado?_
_ ¿Abel dices? Es un solitario ¿no?_
_Si, lo es….a su manera…_
_ ¿A su manera?_ dijo ella, estaba muy guapa, la rubia cabecita, la melena leonina y rizosa un poco revuelta, la carita perfecta y sensual, esos pómulos fuertes, la fina naricita, los tetones desbordando una camiseta con tirantes, esos tetones que eran exagerados usase la prenda que usase. Demasiado grandes para ese cuerpo esbelto.
_Es un bicho de ciudad, dice que se aburriría aquí….._
_Si, puede ser…….si siempre ha estado en Madrid, cuesta acostumbrarse_
_ ¿A ti te ha costado?_
_Bueno, sí, un poco al principio_ dijo ella llevándose el tenedor a la boca con un poco de ensalada de hoja verde, su boca era plena, a veces su labios parecían hinchados de tan carnosos que eran
_Pensé que siempre te había gustado esto…_
_Soy feliz aquí contigo…_ dijo ella con una media sonrisa, pero esta vez me pareció una sonrisa algo triste.
Luego de comer, me puse a ordenar cuestiones de trabajo en el portátil.
Por primera vez sentía que tal vez ella no fuera realmente feliz de estar en el campo, viviendo conmigo de esa forma, tal vez lo que había dicho de Abel era cierto, también ella era bastante solitaria, dos solitarios en medio del campo.
Por primera vez los visualicé juntos en mi fantasía.
¿Dos almas torturadas?, no, mi hermano era un chulo de feria, nunca le había gustado currar y vivió casi en la calle desde muy pequeño.
Escuché el ronronear de un motor y luego un coche se detuvo en la entrada y una portezuela se cerró y escuché un Gracias y un Hasta ahora.
Y luego Abel entrando por la puerta.
Era una realidad, mi hermano estaba allí viviendo con nosotros, por un momento había pensado que todo era una pesadilla, una fantasía de mi mente.
_Hola, Diego ¿Qué haces?_ dijo, me pareció que estaba un poco borracho o casi.
_Adelanto trabajo_ dije
Se sentó en un sillón, cerca de donde estaba yo.
_ ¿Y tu mujer?_
_Duerme siesta_ dije
_Ah, mira que bien_
_ ¿Y cómo te ha ido en el bar?_
_Bien, joder, todos te conocen allí_ dijo, admirado
_Es normal, el veterinario aquí es más importante que el médico_
_ ¿Si?_
_Esta gente vive para y por sus animales_
_Se ve que la peña te aprecia, hablan bien de ti_ dijo
_Hombre les has dicho que eres mi hermano entonces…_
_Claro, me han preguntado, soy sapo de otra pozo…_
Nos quedamos en silencio, yo seguí trabajando
_ ¿Quieres café?_ dijo
_ Vale, ¿te apañas tú?_
_Por supuesto, hombre…_
Le escuché trastear en la cocina, trajo el café humeante en jarros de losa.
_ ¿Está bien así?_ dijo
_Si, está muy bien_ dije, me gire hacía él
_Has encontrado tu lugar en el mundo, bien por ti, chaval_ dijo
_Es lo que queremos todos ¿O no?_ dije
_A mí no me va quedarme mucho tiempo en un sitio, pero me alegro por ti, la gente te quiere aquí_
Por primera vez en años sentí un acercamiento afectivo con mi hermano, en realidad siempre había buscado ganarme su buena voluntad, esa admiración por mi hermano mayor que se había quebrado allá lejos en el tiempo.
_Están como motos con Irene_ dijo de pronto
_ ¿Con Irene? ¿Quiénes?_
_Todos, aquí en el pueblo y en los alrededores_
_ ¿Si? ¿Qué te han dicho?_ dije, ya en guardia
_Ya sabes ¿se puede fumar aquí?_ dijo desviando la mirada
_No, mejor que no fumes aquí ¿Qué te han dicho de ella?_
_Ya sabes, las cosas que se dicen…._
_No, no se las cosas que se dicen_
_ ¿No sabes?_
_Venga, dilo ya_
Abel se sonrió, un mechón de pelo rebelde le caía sobre la frente.
_Que no se pueden creer lo buena que está tu mujer_
_ ¿Quién dijo eso?_
_Todos, estaba ese Paco que fuimos a su finca hoy, luego me ha traído hasta aquí_
_ ¿Él te lo ha dicho también?_
_Uf! ese está peor que todos_
_ ¿Solo eso dicen? es normal, nunca han visto una mujer como ella_
_ No pueden creer lo buena que está, el careto que tiene, las tetazas que se carga, la tetuda le llaman_
_Que bordes ¿no?_
_ Tú lo has dicho, son unos paletos_
_ ¿Y Paco que te ha dicho? Cuando venías en el coche_
_Joder con ese Paquirri…._ dijo él y bebió de su café
Siempre había sospechado que algo dirían en el pueblo de Irene, pero saberlo así tan crudamente era una sensación de mucha incomodidad y de un poco de rabia también, no tenían derecho a hablar así de ella ni de mí tampoco.
_ ¿Qué hay con él?_ dije
_ ¿Con paquirri? Que alucina en colores con tu mujer, dice que daría lo que fuera por follársela…_
_Que subnormal, decirte eso a ti_
_Daría lo que fuera por follársela por el culo, es que dice que es el culo más perf…_
_Oye, tío, es mi esposa_
_Joder, chico, tú me has preguntado ¿no?_
_Vale, perdona, dejemos es puto tema_
_Más vale que no te cuente lo otro entonces_ dijo él y cogió un cigarro para ir a fumárselo afuera.
_ ¿Lo otro? ¿Qué milongas te estás inventando?_ dije ya un poco hastiado de su tono
_Yo no invento nada_ dijo con acritud
Intenté seguir trabajando pero no me podía concentrar, el saber que decían esas cosas de ella, que estaba muy buena, que le llamaban la tetuda, era cierto que ella era demasiado para ese pueblo de paletos, pero los creía…no sé…más gente.
No me extrañaba de Paco, siempre había mirado a Irene de un modo perturbador. Salí al exterior, Abel fumaba con parsimonia, apoyado en una columna.
_ ¿Qué es eso otro que has dicho?_
_ Déjalo, no te va a gustar…_ dijo él
_Venga, suéltalo ya…_
El miró para abajo, acabó el cigarro y luego lo aplastó con el tacón de su bota.
_ Le han puesto recompensa_
_ ¿Qué?_
_Le han puesto precio a su cabeza, como en las pelis del Oeste_
_ ¿Qué coño dices?_ dije
_Que han puesto un premio, 15.000 euracos…_ dijo él sonriendo
_ ¿Qué me estás diciendo?_ dije, pero una oscura idea de todo aquello comenzaba a formarse en mi mente.
_Han juntado esa pasta…… para……..para el primero que logre follarse a tu mujer…_ sus ojos refulgían, era como una fiera salvaje estudiando mis movimientos.
_Te estás quedando conmigo…_
_Piensa lo que quieras….._ dijo
_ ¿Y tú que les has dicho?_
_Ya me conoces, me gusta el juego, siempre me gustó apostar_
_ No me lo creo_ dije
_Bueno, les pregunté que si yo también podía participar_ dijo Abel, la pequeña cicatriz, cerca de su boca, parecía reír con vida propia.
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