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Ese accidente que lo cambió todo (4)

A solo diez minutos de distancia, Marisa lo llama desde la costa vecina. La excusa del accidente fue solo el comienzo; ahora, la tentación de cruzar el límite no está tan lejos.

lolalp14K vistas9.4· 49 votos

Capítulo 4

Comencé mis vacaciones, sin tener nada planeado, no sabía si tenía ganas de ir a algún lado solo, nunca lo había hecho, pero podría ser un buen momento para hacerlo, como había dicho Marisa, no vendría mal un cambio de aire.

Me desperté ese primer día de vacaciones, temprano como siempre, mientras tomaba unos mates, pensé en salir a pedalear un rato, como también pensé en que si me iba a algún lado, sería en la semana siguiente, quizás unos días a la costa, un poco de sol y playa no me vendría nada mal.

Volví al mediodía, me preparé algo liviano para almorzar y mientras lo hacía me puse a buscar algún lugar en la costa para la semana siguiente.

Encontré algunos lugares posibles que me gustaron, un lindo departamento en Mar del Plata frente a la playa, una pequeña casa en Pinamar y una unidad también pequeña en Mar de las Pampas.

No conocía Mar de las Pampas, y decidí ir a ese departamento, que era parte de un gran terreno con tres unidades más, a una cuadra de la playa… ese estaría bien…

Los días de esa semana hice lo mismo, desayunar, pedalear por la mañana y descansar por la tarde, leyendo en el jardín o mirando alguna serie.

El sábado por la tarde salí de compras, necesitaba un short de baño nuevo, unas zapatillas y aproveché para comprar también unas remeras, para empezar a armar el bolso, mi idea era salir el lunes temprano para la costa.

Luego de cenar, me senté en el sillón a continuar con una serie que me tenía enganchado, dos capítulos miré, eran ya la una de la mañana y decidí ver otra más, si me dormía de madrugada, ¿qué problema habría?

Iba la mitad del capítulo, poco más de las dos de la mañana, cuando sonó mi teléfono, me preocupó un llamado a esa hora, y lo primero que pensé fue en mis amigos, que algo les había pasado, ¿quién más podría llamar a esa hora?

Puse la pausa y fui a la cocina, lo había dejado sobre la mesada, y al ver la pantalla, vi que quien llamaba era Marisa.

Me preocupé y atendí.

-Marisa… ¿pasó algo?

-Hola Claudio! Perdón que te despierte a esta hora…

-Tranquila! Estaba viendo una serie! ¿Qué pasó?

-Tuve un problema con el auto! Nos juntamos con las chicas en una quinta en Villa Elisa, estaba volviendo para casa y no sé qué pasó, de repente se paró el motor, estoy en la ruta treinta y seis, mi marido no está y no sabía a quién llamar, si llamo al auxilio lo tengo que esperar, y me da miedo estar acá sola a esta hora!

-Decime dónde estás, mandame tu ubicación y ya voy! No te quedes dentro del auto y no cortes la llamada! Ya estoy saliendo.

Me llegó la ubicación mientras iba camino a la ruta, no era un buen lugar ni una buena hora para una mujer sola, viendo donde estaba, le calculé que en quince minutos o menos estaría allí, y mientras tanto le seguía hablando.

-Marisa, andá diciéndome si algún vehículo se detiene o ves que da la vuelta, tratá de que no vea nadie que estás sola, ya estoy en camino.

-No hay mucho tránsito, pocos autos y algunos camiones.

-Calculo que en menos de diez minutos estoy ahí!

-No sé qué pasó… como que de repente no aceleraba y se paró el motor!

-¿Funcionan las balizas?

-No! La quise encender para que me vieran, pero no prenden!

-Un problema eléctrico seguramente!

Aprovechando que a esa hora no había mucho tráfico, iba bastante rápido, y cuando llegué a la ruta, desde allí estaba a seis kilómetros.

-Ya estoy en la ruta Marisa, en unos minutos llego!

Ahí sí que pisé el acelerador, a ciento treinta kilómetros por hora, llegué rápidamente, vi el auto de Marisa de la mano contraria, esperé que pasara un camión y giré en U, paré detrás de su auto y Marisa venía caminando desde unos árboles que estaba a unos quince metros de la ruta, al llegar a donde estaba me dijo:

-Ay Claudio! Perdón por llamarte! Pero tenía miedo!

Con su teléfono en la mano, temblaba como una hoja y me salió abrazarla.

-Tranquila! Ya está!

Temblaba toda ella, sin dudas muerta de miedo, pero por suerte nada había pasado.

Luego de eso le dije:

-Dejame ver qué pasa, si es algo grave, lo dejás acá y te llevo, mañana lo venimos a buscar!

-Bueno dale!

Entré a su auto e intenté darle arranque, nada. Destrabé el capot, salí del auto y lo abrí, saqué mi teléfono del bolsillo y encendí la linterna, aunque lo mío no es la mecánica, miré si había algo suelto o desconectado.

Así me di cuenta que uno de los bornes de la batería estaba flojo, quizás podía ser eso.

-El borne de la batería parece estar flojo, puede que sea eso, voy hasta la camioneta a buscar la caja de herramientas!

Le dije antes de caminar hasta la caja trasera de la camioneta donde siempre llevo mi caja de herramientas. La saqué y volví al auto.

-Por favor Marisa, sosteneme el teléfono así puedo ver dentro!

-Dale!

Ajusté bien el borne con una llave y probé de darle arranque, pero tampoco pasó nada, pensé que quizás la batería estuviera descargada.

-Muevo la camioneta y probamos de puentear la batería a ver si arranca!

-Perdón Claudio!

-Tranquila mujer! Cosas que pasan!

Me subí, la puse frente a su auto y levanté el capot, conecté los cables a ambas baterías y le di arranque a la camioneta, luego de un momento, vería si arrancaba, si no lo hacía, no sabía que otra cosa hacer, mis conocimientos de mecánica no llegan tan lejos.

Me subí al auto de Marisa, le di a la llave y arrancó. Bingo!

Marisa me miró como si estuviera frente al príncipe salvador, y para qué mentir, esa mirada me llegó muy adentro.

-Gracias Claudio! Me volvés a salvar!

-Parece que el problema puede estar en la batería! Hagamos una cosa, no lo pares, seguí para tu casa y yo voy detrás tuyo, por si se vuelve a parar! Y cuando llegués, dejalo en la calle, por si mañana no arranca puedas llamar al auxilio!

-Ay Claudio! No sabés lo que te agradezco esto!

-No tenés nada que agradecer! Por suerte estaba en casa! Si hubiera sido la semana que viene, no hubiera estado!

-¿Te vas de vacaciones?

-El lunes! Unos días a Mar de las Pampas!

-Qué bueno!

-Bueno vamos! Yo voy detrás tuyo!

Subió a su auto y tomamos la ruta, iba detrás de ella por si algo volvía a pasar.

Quince minutos después llegamos a la puerta de su casa, lo estacionó pero no detuvo el motor.

Bajé de la camioneta y desde dentro del auto me preguntó:

-¿Lo paro?

-Sí, paralo! Esperá un momento y le volvés a dar arranque!

Eso hizo y el auto volvió a ponerse en marcha.

-De todas formas te diría que llames al auxilio por las dudas, para ver si la batería carga correctamente!

-Cómo te voy a agradecer esto Claudio! Te juro que no sabía a quién llamar! Si no me contestabas vos, iba a pedir un taxi, un uber o un remis, pero no sabía si me irían a buscar hasta allá!

-Por suerte ya estás en tu casa sana y salva!

Bajó del auto, lo cerró y antes de entrar a su casa me dijo:

-¿Te puedo ofrecer un café o algo?

-Tranquila! Descansá que debés haber pasado un buen susto!

-Ya sé! Te invito a almorzar mañana! Te quiero agradecer!

Lo pensé un momento, sentía una contradicción importante, por un lado me gustaba su compañía, pero por el otro, sabiendo que está casada, tenerla cerca sabiendo que nada pasaría, como que me daba por pensar que alimentaba un imposible, pero entendí que me quería agradecer de alguna forma y decidí aceptar.

-Bueno dale!

-Ok! Busco un lugar y a eso de las doce y media te aviso, ¿te parece?

-Perfecto!

-Pero esta vez pago yo! Sí o sí!

-Está bien!

Caminamos hasta la puerta de su casa, y ante mi sorpresa me volvió a abrazar.

-Muchas gracias Claudio! Gracias por todo!

Entró a su casa y yo me subí a la camioneta, de camino a casa no podía dejar de pensar en esa mujer, parece que el destino me la pone delante a cada momento, pero como a un niño que le muestran un juguete pero no puede jugar con él.

Me desperté el domingo a eso de las once, ya no saldría a pedalear ese día, me tomé unos mates, puse algunas ropas más en el bolso y a eso de las doce del mediodía me escribió Marisa.

-Buen día Claudio! Espero hayas podido descansar! Hice una reserva en un restaurante de acá de City Bell para las trece horas, ahí va la ubicación!

-Hola Marisa! Dale! A esa hora estoy ahí!

La puta madre… que difícil se me está poniendo esto, cuanto más compartía con ella, más quería tenerla cerca y a la vez necesitaba alejarme.

Me cambié y me fui para el restaurante, llegué unos minutos antes y la esperé en la vereda.

Cuando la vi llegar, estaba hermosa, con un vestido de verano hasta las rodillas, unas sandalias de verano sin taco, el pelo recogido y apenas maquillada, ni falta que hacía, con su sonrisa era más que suficiente.

Al llegar a la entrada del restaurante, me saludó con un beso en la mejilla y no pude evitar decirle:

-Hola Marisa!

-Hola Claudio!

-Dejame decirte que estás muy elegante!

-Muchas gracias! Vos también!

-Gracias! Aunque no visto muy diferente a todos los días…

Entramos al restaurante, nos enseñaron la mesa y nos sentamos, el mesero nos trajo la carta y mientras decidíamos le pregunté:

-¿Arrancó sin problemas el auto?

-Por suerte sí! Pero igual mañana lo voy a llamar a Pablo, para ver si él lo puede ver!

-Está muy bien!

Decidimos nuestros platos y nos pedimos cerveza para los dos, y mientras esperábamos la comida le pregunté:

-¿Cómo vienen esas vacaciones?

-En casa… aprovechando a descansar y a leer… por suerte la tengo a Ester esta semana en casa, para no estar sola.

-Qué bueno! ¿Y tenés pensado algo para la semana que viene?

-La verdad es que no… mi marido vuelve, pero tiene que trabajar… que le voy a hacer…

-¿Y alguna amiga como para hacerte una escapada?

-Tengo dos amigas desde hace muchos años, y también mis dos socias, pero ya tenían planes con sus parejas…

-¿Y sola?

-Lo pensé… pero… ¿Dónde voy a ir sola? De haberme decidió tendría que haber sido esta semana, pero bueno… Vos te decidiste!

-Nunca viajé solo de vacaciones, de joven fue con mi familia, luego con mis amigos y después con mi esposa, pero solo, será la primera vez… llevo un par de libros por las dudas.

-¿Cuándo volvés?

-El domingo que viene, al mediodía ya estaré volviendo, el lunes tengo que volver a trabajar.

-Claro, yo también vuelvo al trabajo el lunes!

Nos trajeron la comida y seguimos conversando, no me cansaba de hacerlo con ella, a pesar de conocernos hacía poco tiempo, nuestras charlas eran muy agradables.

-Me parecés una mujer tranquila con la que se puede hablar de cualquier tema, pero la noche del choque te conocí de otra manera…

-Ay sí… ni me hables! No sabés lo loca que me puse cuando te choqué! Pero te juro que no suelo ser así de endemoniada! Ni sé las barbaridades que dije…

-Algunas te escuché!

Me sonreí ante su cara de vergüenza, sin dudas recordando su estado de esa noche…

-Cuando te vi a las puteadas creí que me ibas a dar una piña!

-No… con vos no estaba enojada… me enojé conmigo por ser tan boluda! Y porque creí que no iba a llegar a la iglesia a tiempo, pero bueno… llegué!

-Por cierto… estabas espectacular esa noche!

-Ay gracias! esa tarde anduve a las corridas, peluquería, bañarme cambiarme, maquillarme y por eso iba sobre la hora! Encima ese vestido no lo había usado nunca y la verdad no estaba completamente segura de usarlo, pero bueno… salió así!

-Y te quedaba muy bien!

-Ay… gracias!

Cada mirada, cada sonrisa, cada gesto hacían que me gustara más esa mujer, y supongo que ella estaría a gusto, ya que se la veía actuar con naturalidad.

Hablamos de series, de películas de sus amigas, de los míos, pero principalmente de libros y eso me fascinaba también de ella.

Luego del almuerzo seguimos con el postre y luego una café, cuando quisimos acordar, ya eran casi las cuatro de la tarde, y si fuera por mí, hubiera seguido allí con ella toda la tarde.

Un rato después Marisa dijo que ya se iba, quería pasar por la casa de una amiga para saludarla antes de que se fuera de vacaciones a Brasil.

Cómo ya me había dicho, aunque insistí, no me permitió pagar el almuerzo.

Nos despedimos en la puerta del restaurante, donde me volvió a dar un abrazo y nos dimos un beso en la mejilla.

-Que tengas unas buenas vacaciones Claudio! Qué puedas descansar!

-Gracias Marisa! Vos también! Quizás te animes y te tomes unos días!

-Ya veré! Nos vemos!

-Hasta la próxima!

Con una sonrisa se fue en dirección a su auto y yo a mi camioneta, cada vez más atraído por esa mujer, que quizás me estuviera viendo como un amigo, cosa que a mí me costaba cada vez más.

*

El lunes me levanté temprano, como todos los días a eso de las seis de la mañana, desayuné con unos mates, luego volví a prepararlo por si me daban ganas de matear en la ruta, cargué el bolso en la camioneta y a las siete menos cuarto salí para la costa.

La ruta tenía algo de tráfico pero se podía ir a buena velocidad, a mitad de camino, a eso de las nueve de la mañana, paré en un costado de la ruta, me metí en un camino de tierra y me tomé tranquilo unos mates mirando el campo, no tenía apuro para llegar, hasta las trece horas o después de las quince, tenía horario para retirar la llave del departamento.

Entré a Mar de las Pampas a las doce menos cuarto por ese camino que atraviesa el bosque.

Ubiqué la inmobiliaria, y retiré la llave, me indicaron cómo llegar, me dieron las indicaciones y una tarjeta con el teléfono por cualquier cosa.

Llegué al complejo, estacioné la camioneta en el espacio de estacionamiento en el frente, con el bolso y el mate en la mano, subí la escalera que me llevó a la unidad.

Una construcción de estilo moderno, que me hizo recordar a las construcciones típicas de Noruega o Finlandia.

El lugar no era muy grande, un amplio dormitorio con una amplia cama matrimonial y a un costado, una cama de una plaza, al otro lado, un placard, cerca de la puerta de entrada, una zona de cocina y detrás un gran baño con jacuzzi.

Acomodé mi ropa en el placard, me puse un short y una remera, y me fui caminando hasta la playa, unas playas muy amplias a las que se llegaba por unos senderos de madera que atravesaban los médanos.

Caminé un rato por la playa que tenía bastante gente, y volví a la zona de las casas cuatro o cinco cuadras más allá, para recorrer un poco el lugar.

Encontré un pequeño restaurante y me senté a almorzar, luego volví al departamento, agarré el equipo de mate, el libro, una pequeña lona para sentarme en la arena, y el protector solar para irme a la playa.

Caminé un buen trecho, donde había un poco menos de gente, sobretodo alejado de los que ponen la música a todo volumen, para poder así leer más tranquilo.

Me quedé un momento mirando el mar, recordando los viajes con Pilar, lo que nos gustaba a los dos la playa, lo que la disfrutábamos, incluso aquella pequeña locura que habíamos hecho una noche en una playa de Bombas y Bombinhas, que luego de cenar, fuimos a caminar por la playa, llegando hasta una zona de piedras. Esa noche Pilar tenía un vestido playero, casi hasta los tobillos y debajo solo una tanguita. Apoyados en una gran piedra nos comenzamos a besar y a tocar, tan solo hizo falta mirarnos a los ojos para saber que estábamos pensando lo mismo.

Pilar metió las manos por debajo de la pollera y se quitó la tanguita, con esa pícara sonrisa que tanto le conocía. A esas alturas mi erección estaba a pleno, y metiendo su mano dentro de mi pantalón playero, nos empezamos a tocar mutuamente. En un primer momento, supuse que tan solo sería eso, tocarnos, calentarnos y hacer el amor al llegar al hotel, pero no nos aguantamos. Me apoyé contra la piedra, Pilar, delante de mí se levantó la pollera y me dio la espalda, desde atrás se la metí entera, estaba empapada.

Ya no nos importó más nada, mis pantalones terminaron en mis tobillos y las hermosas tetas de Pilar fuera del vestido.

Fue un polvo hermoso, sintiendo la brisa del mar, esa misma que estaba sintiendo en este momento.

Tomé mi teléfono, abrí la cámara y con el mar de fondo me hice una selfie, que mandé al grupo que tenemos con mis amigos y sus esposas.

Las respuestas de todos fueron instantáneas, felicitándome por haber viajada a la playa, hasta un comentario de Gabriel que me hizo gracia, “abrí el plano y mostranos con quien estás, no seas escondedor”. Estuvimos un rato intercambiando mensajes, contándoles mi decisión de viajar solo.

Casi dos horas estuve leyendo sentado en la arena, pero con el sol y el calor, tenía ganas de darme un chapuzón, la próxima vez, tendría que gestionarme algo de sombra.

A unos metros, debajo de una gran sombrilla, estaban sentadas dos mujeres y un hombre, los tres rondando los cincuenta años, me levanté, me acerqué a ellos, una de las mujeres se percató de mi acercamiento y se me quedó mirando.

-Disculpen, buenas tardes! Necesitaría darme un chapuzón, serán ustedes tan amables de mirar un momento mis cosas.

-Claro muchacho! Andá tranquilo que yo te las miro!

Me dijo esa mujer, y la que estaba a su lado agregó:

-Traelas un poco más acá! Por las dudas!

Volví a buscar mis cosas y las puse a un par de metros de ellos.

-Les agradezco! Con tanto rato al sol necesito un baño!

-Andá tranquilo hijo!

Caminé hasta la orilla y entré al agua, con las olas golpeando suavemente mis tobillos, me quedé un momento mirando esa inmensidad, esa hermosa masa de agua que se junta con el cielo.

Luego seguí caminando hasta que el agua me llegaba a la altura del pecho, me quedé unos minutos y salí para volver a sentarme en la lona, pero antes de hacerlo, me acerqué a esas personas y les dije:

-Muchas gracias! Son ustedes muy amables!

-No hay por qué darlas muchacho!

Y el señor agregó:

-Todos los días estamos acá, si estás solo, ya sabés, te venís por acá y nosotros te miramos las cosas!

-Muchas gracias!

Me volví a sentar al sol un par de horas más, en las que terminé de leer un libro de Ricardo Güiraldes que había leído hacía muchos años, de adolescente, pero que volví a leer, Don Segundo Sombra.

A eso de las seis de la tarde, junté mis cosas y me despedí de mis “vecinos”

-Hasta luego gente! Muchas gracias! Que tengan buenas tardes!

-Adiós muchacho! Ya sabés! Estamos siempre acá!

-Seguramente nos volvamos a ver mañana!

Volvía al departamento, me di un baño en el jacuzzi, me cambié y salí a caminar por esas hermosas calles de arena rodeadas de añosos árboles.

En el estante de arriba del placard, al guardar mi ropa no la había visto, pero en el último estante, había una sombrilla plegada, ya tenía sombra para mis ratos de playa.

La localidad no es muy grande, la mayoría de los locales comerciales están sobre la avenida El Lucero, pero entre la zona de casas, me encontré con algunos otros locales, bares o restaurantes.

Cené en uno de esos restaurantes y antes de volver al departamento, caminé un rato por esas calles entre el bosque admirando la zona y las hermosas, y algunas imponentes, casas de gente con mucho dinero sin dudas.

Ya en la cama, comencé otro de los libros que había llevado y antes de dormirme, pensé que me tendría que haber traído la bicicleta.

Por la mañana, como todos los días, amanecí bien temprano, me comí una banana mientras preparaba el mate y me fui para la playa.

A esa hora había muy poca gente, eran recién las siete y unos minutos, mateando caminé por la orilla casi una hora, me senté un rato a mirar el mar y luego volví.

Casi por llegar al camino de madera que lleva al departamento, pude ver a mis “vecinos” del día anterior, ya sentados bajo su sombrilla, también mateando.

Al pasar por delante de ellos, una de las mujeres me saludó con la mano y le respondí de igual modo.

Fui al departamento, volví a preparar el mate, el libro, el protector, la lona y por supuesto la sombrilla.

Llegué a la playa, al mismo lugar que ayer, aunque esta vez, me ubiqué un poco más cerca de mis “vecinos”.

-Buenos días gente! ¿Cómo están?

-Buen día muchacho!

-Buenos días!

Dijeron las dos mujeres, el hombre en ese momento no estaba con ellas.

-Me llamo Claudio! Y soy de La Plata!

-Mucho gusto Claudio! Yo soy Mabel y ella es Mirta, una amiga y Adolfo, mi esposo que fue a buscar agua caliente para el mate!

-Es un gusto haberlos conocido! ¿De donde son ustedes?

-Vivimos en Entre Ríos! En la ciudad de Concepción del Uruguay!

-Hermoso lugar! Estuvimos unos días allí hace unos años con mi esposa!

-Vivimos siempre ahí! Y nos venimos para acá siempre en enero, nos quedamos todo el mes! Tenemos una casita acá a dos cuadras!

-Qué bueno! Es hermoso este lugar! Yo no había venido nunca, pero me encantó!

-Sí! Es hermoso, pero desde hace unos años hay cada vez más gente y más turistas!

-Claro! Con lo lindo que es este lugar, cada vez viene más gente!

La otra mujer preguntó:

-¿Y a tu esposa no le gusta la playa, o no vino con vos?

Ya me había acostumbrado a que me preguntaran por mi esposa, y al contarles que era viudo, muchas personas me miraban como con pena, pero de todas formas no les iba a mentir.

-Mi esposa falleció hace dos años…

-Ay…! Perdón corazón! Cuanto lo lamento…

-Un cáncer de ovario que no pudo superar!

-Yo también soy viuda hijo! Pero hace casi catorce años… ya sé lo que se siente… y perdón por preguntar!

-No pasa nada! Tranquilas! Las cosas de la vida…

En ese momento volvió el hombre con el termo en la mano, se acercó a mí dándome los buenos días, me puse de pie y estiré el brazo para estrechar su mano.

-Buen día Adolfo! Soy Claudio! Nos hemos presentado con su esposa y su amiga hace un momento!

-Un gusto Claudio! Pero tuteanos que no somos tan viejos!

-Claro que no!

Mirta muy amablemente, me dijo que me acercara y tomara mate con ellos, esa mañana en vez de leer, conversé con ellos hasta la hora del almuerzo.

Y así fueron los días de esa semana, caminar temprano por la playa, conversar con mis vecinos, leer y meterme al mar, sin dudas un descanso que no me esperaba disfrutar, esa gente era muy amable y de conversación más que interesante.

Nos contamos muchas cosas de nuestras vidas, en la tarde del jueves, al volver a la playa luego de almorzar, solo estaba Mabel, aunque bajo la sombrilla estaban las otras dos reposeras.

-Hola Mabel!

-Hola Claudio!

-¿Adolfo y Mirta en el agua?

-No precisamente, fueron un rato hasta casa!

-Ah…

Supuse que al baño o a calentar agua, pero un momento después, Mabel me miró con una pequeña sonrisa y me dijo:

-Me pareces un buen chico y te voy a contar una cosa! Adolfo y Mirta se fueron a hacer algunas travesuras…

Al escuchar eso, me pude imaginar a qué tipo de travesuras, pero no lo quise dar por hecho, la miré como sin entender y agregó:

-Cuando falleció Ismael, el marido de Mirta, ella se vino a vivir a casa, nadie nunca lo supo, pero desde adolescentes, teníamos una relación muy íntima con Mirta, incluso mucho antes de que conociera a Adolfo. Éramos amigas, pasábamos mucho tiempo juntas, yo me quedaba en su casa o ella en la mía, y desde los catorce años, hemos tenido intimidad, no sé si me entendés…

-Sí, claro!

-Tuvimos nuestros novios, pero igual nos seguíamos viendo, nos gustaba mucho el sexo entre nosotras, pero entenderás que en esos años, eso era ultra secreto, si alguien se enteraba se armaba la podrida.

-Claro, supongo que en esa época no sería muy bien visto…

-Y menos en un lugar tan chico… todos nos conocíamos, así que fue siempre nuestro secreto… Cuando lo conocí a Adolfo, luego de casi un año de estar juntos, y ya por casarnos se lo conté, no podía guardar un secreto así con él.

-¿Y qué pasó?

-Se rió el boludo! Y me dijo que viendo la relación que teníamos no le resultaba raro…

-No se lo tomó a mal entonces…

-No, por suerte me entendió… pero desde que estuve con él, no volvimos a estar juntas. Tiempo después Mirta conoció a Ismael y se casaron, ambas tuvimos hijos con nuestros maridos, que ya son grandes claro, y viven por su cuenta, y cuando Ismael falleció, una noche hablando de Mirta con Adolfo, me preguntó si alguna vez había vuelto a estar con ella. Le dije que no, aunque le conté que muchas veces hablábamos y recordábamos nuestras tardes de pasión, nuestros padres trabajaban, y en su casa o en la mía, por la tarde estábamos solas, nos encerrábamos en la habitación y nos pasábamos la tarde desnudas haciéndonos de todo, nos encantaba. Y no me lo esperaba de Adolfo, me dijo de proponerle a Mirta que viviera con nosotros, y que si yo quería volver a tener intimidad con ella, que él estaría de acuerdo.

-Bueno… que abierto… pudo entender el lazo entre ustedes…

-Sí, Adolfo siempre supo de nuestros sentimientos… y así fue que un par de días después, ya habían pasado casi seis meses de la muerte de Ismael, una noche cenando en casa se lo propusimos, y para que las cosas fueran equilibradas, delante de los dos, les dije que también me gustaría que ellos tuvieran relaciones, o sea, hacerlo entre los tres.

-Y Mirta aceptó…

-Sí, y le hizo muy bien, volvió a estar mucho mejor de ánimo.

-Permitime sorprenderme… para bien por supuesto, a veces se escuchan comentarios, historias, pero un caso como el de ustedes, nunca había conocido.

-Y nos llevamos muy bien, hacemos muchas cosas juntos, fuera de casa, somos un matrimonio que vive con una amiga viuda, pero en casa somos un matrimonio de tres, incluso dormimos juntos, pero eso nadie lo sabe, ni siquiera nuestros hijos… es nuestra secreta vida, y somos felices viviendo así…

-Y eso es lo importante, los tres así lo decidieron y si son felices, es lo único que importa, la vida es una sola y que mejor que vivirla como lo desean.

-Así lo sentimos Claudio! Y ahora que ya sabés, te lo puedo decir en criollo, se fueron a echar un polvito!

Nos reímos los dos y seguimos conversando casi hasta las cuatro de la tarde que volvieron Mirta y Adolfo.

Me saludaron y se sentaron en las reposeras, y en ese momento Mabel dijo:

-Mis amores, le conté Claudio de nuestra relación, así que podemos hablar tranquilos, ¿cómo estuvo?

Y Adolfo fue quien contestó:

-Muy rico, como siempre, aunque te extrañamos!

-No se hagan problema! A la noche estamos los tres!

Me parecía extraña esa conversación, pero veía que entre ellos tres había una complicidad que los hacía felices, y eso era suficiente.

Me fui al departamento y ellos para su casa y luego de darme un baño salí a caminar un rato, hacerlo por esas calles era muy lindo.

El viernes por la noche, caminaba buscando un lugar para cenar cuando me llegó un mensaje, creí que sería de mis amigos, con los que hablábamos todo el tiempo, pero al ver la pantalla, vi que era un mensaje de Marisa y me sorprendió. El mensaje decía:

-Hola Claudio, ¿cómo estás? ¿Te podré llamar?

Pensé en ese momento que tendría algún problema, entonces decidí llamarla yo, y al segundo tono de llamada, contestó.

-Hola Claudio, ¿cómo estás?

-Hola Marisa! Qué sorpresa!

-No sabía si podías hablar, por eso el mensaje!

-Sí, estaba buscando un lugar para cenar, ¿vos cómo andás?

-Muy bien! ¿Estás en Mar de las Pampas?

-Sí, así es!

-Yo estoy en Villa Gesell!

La puta madre, está a un paso, a diez minutos, pensé…

Continuará…

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