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Ese accidente que lo cambió todo (3)

Claudio siempre supo que no debía cruzar la línea, pero el olvido de un esposo ausente y la sonrisa de Marisa en su día más especial fueron más fuertes que la prudencia. Entre un café y una torta sorpresa, la tensión crece en un espacio privado donde las reglas del matrimonio se desdibujan.

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Capítulo 3

En la cena de navidad les conté a mis amigos del encuentro fortuito con Marisa, del café y de la cena, y también les reconocí que esa mujer me resultaba atractiva, que no me era indiferente, a ellos nada les ocultaba, y a pesar de no tener expectativas de que pudiera llegar a pasar algo con ella, se pusieron contentos, tanto que Gabriel me dijo, “parece que alguien que conozco está volviendo al ruedo”.

Fue una noche hermosa, a las doce nos entregamos los regalos, los pequeños estaban felices desenvolviendo paquetes, sus caras eran de pura alegría.

Me agradecieron los regalos y yo agradecí los suyos, una hermosa camisa sport y una chomba de color gris, también muy linda.

En un momento me quedé mirando todo desde el sillón, la alegría de los peques, la de sus padres y no pude evitar pensar en que si Pilar aún estuviera, nuestro hijo podría estar allí también, abriendo sus regalos y sorprendiéndose, y esa nostalgia me hizo sentirme algo triste, recordando la hermosa vida que se nos truncó.

Creo que Pablo se dio cuenta y trayéndome una copa de champagne, brindamos por un buen futuro.

Me senté en el piso a jugar con los niños mientras conversábamos de las vacaciones por venir, Pablo y su familia se irían los primeros días de enero a Villa Gesell, y Gabriel y la suya a Mar del Plata, a casa de sus suegros que alquilaron una casa allí en febrero.

Yo les conté que tendría vacaciones en enero, pero que aún no tenía decidido si viajaría a algún lado.

A eso de las tres de la mañana, los chicos ya no daban más, terminamos de juntar y ordenar entre todos y nos despedimos para volver a nuestras casas.

*

El veintiséis de diciembre, me decidí y le envié un mensaje a Marisa,

-Hola Marisa, ¿Cómo estás?, te escribo para pedirte un turno. Sin apuro.

Su respuesta llegó unos minutos después, y decía:

-Hola Claudio, ya creí que te habías olvidado, dame un momento y te busco un turno. ¿A qué hora te viene bien?

-De tarde cualquier día, y de ser posible, cuando más tarde mejor!

Esperé un momento y llegó su respuesta:

-Si no estás de vacaciones, tengo un turno para el martes once de enero a las cinco de la tarde, el último turno.

-Perfecto Marisa! Ahí estaré! Muchas gracias!

-Te espero! Ahí te mando la dirección!

-Dale!

Inmediatamente después, me llegó el mensaje con la dirección de su consultorio, que estaba en una zona semi céntrica, cerca de Plaza Moreno.

Llegó la hora de irme para casa y de camino, pensando en Marisa, caí en la cuenta de que el día que tenía que ir a su consultorio, si no me fallaba la memoria, era el día de su cumpleaños y en ese momento se me ocurrió que podría hacerle un regalo, ya vería que le podría comprar.

Mentiría si dijera que no tenía ganas de volver a verla, aún sabiendo que estaba casada y que nunca le diría nada, ganas de hablar con ella, de mirarla a los ojos, de disfrutar de su sonrisa… la puta madre… ¿no podía haber sido una mujer sin compromiso…?

*

El veintisiete de diciembre, me llamó Carlos para invitarme al brindis de fin de año, sería el jueves treinta a las diecinueve y treinta horas en el edificio de su empresa.

No tenía muchas ganas de ir, pero si me estaba llamando, seguramente sería porque terminaría aceptando mi presupuesto y yo haría el trabajo, por lo que le dije que allí estaría.

Ese día me vestí un poco más formal que de costumbre, un pantalón de vestir, un saco sobre una remera y zapatillas, informal pero bien vestido.

Llegué puntual a su empresa y en el estacionamiento había un enorme gazebo con mesas y sillas blancas, sin dudas habría allí mucha gente, a juzgar por la cantidad de sillas.

Saludé a varias personas con las que había halado y me quedé conversando con el encargado del galpón, cuando Carlos me vio, se acercó, nos saludamos con un apretón de manos y me presentó a algunos amigos suyos, de empresas proveedoras y clientes.

A lo lejos pude ver a su secretaria, elegantemente vestida con una minifalda y una camisa ajustada, sin dudas tiene un buen cuerpo y su patrón sacaba provecho de él.

Los mozos iban y venían ofreciendo bebidas y canapés, veía a Carlos hablando con todo el mundo, sin dudas le gustaba ser el protagonista de la reunión y creo que disfrutaba ese papel.

En un momento se acercó y me dijo:

-Qué bueno que hayas venido Claudio!

-Gracias por la invitación Carlos!

-En enero te estaré llamando para empezar con el trabajo, ¿te tomás vacaciones?

-En la empresa, la segunda quincena de enero!

-¿Te vas a algún lado?

-No sé la verdad, pero si tengo que trabajar, seguramente que no!

-Bueno entonces hablamos los primeros días de enero, ¿te parece?

-Dale!

En ese momento se acercó su secretaria, le dijo algo que no pude escuchar y cuando se fue me dijo:

-¿Viste como se vino Fabiana hoy?

-Muy elegante en verdad!

-No se puso corpiño la guacha! Ni te imaginás el polvo que le voy a echar después del brindis! Me está calentando desde que llegó!

Se veía por su forma de hablar que el alcohol le había soltado la lengua, y haciéndome el boludo le pregunté:

-¿Tenés algo con ella?

-Desde hace tiempo! Incluso hace un par de semanas me fui con ella a Uruguay! No sabés los polvos que le eché…! Bueno… a ella y si no es con ella, a un par de chicas más! Tengo para elegir en la empresa!

Cada vez llegaba más gente, y supuse que la esposa de Carlos no estaría, el tipo estaba a cada momento con una mujer distinta.

Me quedé conversando un rato con Nestor, el encargado de la oficina de compras, con el que había estado trabajando, hablamos de distintas cosas, en verdad un tipo culto y bien hablado.

En un momento necesité ir al baño y en el del galpón había mucha gente, le pregunté a Nestor que otro baño podía usar ese día y me dijo que en el edificio, los baños públicos estarían abiertos, que seguramente no habría gente allí.

Entré al edificio y caminé por el pasillo, al fondo estaban las puertas de los baños y de camino agradecí que allí no hubiera gente, la cerveza ya había hecho su trabajo y necesitaba descargarla.

Antes de entrar al baño, escuché que en una de las oficinas contiguas había gente y no precisamente hablando, lo que allí se escuchaban eran jadeos, sin dudas, de alguien teniendo sexo.

La puerta no estaba cerrada del todo y al pasar por delante, en una fugaz mirada, sin siquiera detenerme, pude ver a Carlos cogiendo desde atrás a su secretaria, que con las manos apoyadas en el escritorio, tenía la camisa abierta con las tetas al aire y la minifalda levantada, arrugada en la cintura.

El tipo la tenía tomada de la cintura y la embestía desde atrás.

Nunca había visto a dos personas teniendo sexo en vivo y en directo, y para que mentir, esa mujer estaba muy buena y claro estaba que no se pudieron aguantar a que la fiesta terminara.

Llegué al baño, hice lo mío y ni siquiera apreté el botón del inodoro, si se llegara a escuchar, sabrían que alguien los podría haber visto.

Al salir del baño y pasar frente a esa puerta, la situación había cambiado, Carlos seguía de pie, pero Fabiana, aún con la camisa abierta y la minifalda levantada, estaba agachada frente a él, tocándose la entrepierna y con su pija en la boca, mientras el tipo le sostenía la cabeza.

Salí del edificio y me quedé hablando con otros empleados, que en ese momento hablaban de futbol, y me vino bien para cambiar de tema y sacarme esas imágenes de la cabeza.

Dejé de prestar atención al edificio, después del polvo seguramente volverían por separado, aunque por lo que me había dicho Marcela, era sabido que Carlos se cogía a su secretaria.

A eso de las diez de la noche decidí que ya había cumplido, busqué a Carlos entre la gente y cuando lo vi, me acerqué para despedirme de él e irme para casa.

Estaba hablando con otra de las empleadas, una de las chicas de la oficina de personal, y al acercarme, vi que la tenía tomada de la cintura, bueno casi el culo y le decía algo al oído, mientras ella sonreía.

Al estar a su lado le dije:

-Carlos, ya tengo que irme, mañana me toca trabajar y tengo que madrugar!

-Gracias por venir Claudio! Espero la hayas pasado bien!

-Gracias a vos por la invitación! La pasé muy bien en verdad!

Estreché su mano y antes de irme me dijo:

-Hablé con un amigo que te quería presentar para un trabajo, pero tuvo que irse por un problema familiar, pero no faltará oportunidad, si te parece, le puedo dar tu número de teléfono.

-Sí, claro! Todo lo que sea trabajo es bienvenido!

-Los primeros días de enero te estoy llamando, ¿sí?

-Dale! Espero tu llamado! Nos vemos!

Caminé hasta mi camioneta, me faltaban unos metros para llegar, cuando una voz femenina dijo mi nombre.

-Claudio!

Al darme vuelta vi que era Fabiana, que caminaba en mi dirección.

-Perdón Claudio, necesitaba decirte algo…

-Sí, claro!

-No estoy segura de que eras vos, pero si así fue, te pido que no lo comentes por favor, tengo novio y no quisiera que algo llegue a oídos de la gente de la empresa…

-Supongo a que te referís, pero soy un caballero y trato de no meterme en la vida de los demás, cada cual es dueño de decidir en su vida y a mí no me gusta opinar ni comentar nada de la vida de los demás, así que por mí podés estar tranquila… Como decía mi abuela, soy ciego, sordo y mudo…

-Gracias Claudio… Buenas noches!

Y se despidió de mí con un beso en la mejilla.

Me subía a la camioneta y me fui pensando, Carlos es casado y esta chica tiene novio… que par de elementos… y pobres sus parejas, los cuernos que llevan…

*

Para la noche de año nuevo, Pablo cenaría con sus suegros y Gabriel me invitó a su casa, ya que iba la familia de Paula, es decir sus suegros y las dos hermanas de Paula con sus hijos.

Le agradecí de todo corazón, pero esa noche su casa sería un aquelarre.

Decidí quedarme solo en casa, desde la muerte de Pilar, no había pasado una fiesta solo, pero ya iba siendo hora, de todas formas, el resto de las noches también lo estaba y me fui acostumbrando.

Aunque solo, decidí comerme un asado la noche del treinta y uno de diciembre y me compré una botella de champagne, y si me emborrachaba, no pasaba nada, estaba en casa.

Había terminado de prender el fuego y aproveché para mandar algunos saludos de buenos augurios para el año entrante a conocidos, clientes y a mis amigos y sus familias.

En eso estaba cuando me entró un mensaje que me sorprendió, era de Marisa. Lo abrí y allí decía:

-Claudio, espero que este nuevo año te colme de alegrías y aparezca esa persona que consiga sacarte la alianza. Feliz año nuevo!

No esperaba que me saludara y menos aún, lo que en ese mensaje decía. Pensé un momento y le contesté:

-Marisa! Que sorpresa! Igualmente para vos! Qué el 2022 sea tu gran año y que pronto esas dos rayitas rosas te llenen de felicidad. Feliz año nuevo!”

-Muchas gracias! Ya veremos si se me da…!

-Gracias a vos! Nos vemos el once!

Ya no hubo más mensajes, pero si lo supiera…

Esa persona ya había aparecido, pero bueno… no en el momento ni en la situación adecuada…

Me comí el asado, me tomé unos vinos y a las doce estaba sentado en el jardín con el champagne y una copa en la mano, cuando dieron las doce, llené la copa y brindé al cielo, “allí donde estés mi amor, solo espero que estés bien, yo estoy bien, aunque no dejo de extrañarte”

*

En la empresa me pedí las vacaciones para la segunda quincena de enero, ya decidiría luego si me iba a algún lado, aunque nunca había viajado solo en vacaciones.

El cuatro de enero a eso de las dos de la tarde, me llamó Carlos.

-Hola Carlos! Feliz año nuevo!

-Hola Claudio! Igualmente para vos! Te quería avisar que finalmente el trabajo, si vos podés, lo empezaríamos en febrero, este mes estoy algo apretado de tiempo, además voy a tomar vacaciones la segunda quincena y tengo un viaje al exterior! ¿Te parece?

-Sí Carlos! Cómo digas! No tengo problemas!

-Aunque este mes voy a comprar todas las cosas de la lista que me dejaste, para tenerlas ya para febrero!

-Perfecto! Cualquier duda que tengas me avisás, o si necesitás proveedores para todo eso te puedo mandar una lista que tengo armada!

-Me vendría muy bien!

-Quedamos así! Ya te mando por mail la lista! Cualquier cosa me llamás!

-Dale! Te mando un abrazo!

-Otro para vos!

Bueno, finalmente haría el trabajo y esa misma tarde, les avisé a Santiago y a Mateo, los dos chicos que trabajan conmigo, más que nada para saber si estarían de vacaciones, y quedamos de acuerdo en que les avisaría cuando arrancábamos.

*

Un par de días antes del turno odontológico con Marisa, sentado a la sombra en el jardín de casa con el mate y un libro, pensé en que podría comprarle para su cumpleaños, y estaba entre algún libro o alguna pulsera, aros o un collar, no quería que fuera algo ostentoso, tan solo un presente.

Finalmente, sabiendo que también le gustaba la lectura, le compré un libro de Coelho que me gusta, El alquimista, si ya lo leyó, sin dudas lo podrá cambiar.

Antes de que lo envolviera la chica de la librería, le pedí una tarjeta y le escribí “Feliz cumpleaños”.

Estaba en casa mirando la hora, pasadas las cuatro de la tarde, me cambié, me cepillé los dientes y salí para el centro.

Encontré lugar para estacionar a media cuadra y faltando unos minutos para las cinco, entré en la clínica. Un lugar muy moderno y bien decorado, donde me recibió una chica a la que le dije que tenía turno con Marisa Sánchez Lima, me pidió mis datos, y me indicó que me sentara un momento.

A las cinco y cuarto se abrió la puerta de uno de los consultorios, salió una mujer y detrás de ella, Marisa se paró en la puerta, me miró y me dijo:

-Hola Claudio! Pasá por favor!

Antes de entrar, nos saludamos con un beso en la mejilla.

-Hola Marisa, ¿cómo estás?

Antes de que me respondiera, me di cuenta que no estaba en su mejor día, su atractiva sonrisa no había hecho acto de presencia, su lugar fue reemplazado por una mueca que intentó serlo.

En ese breve lapso de tiempo, se me ocurrió pensar que no era de su agrado el cumplir años, a mucha gente no le gusta, supongo que por no ponerse más viejo o vieja.

-Sentate Claudio por favor!

Antes de sentarme y viendo su estado de ánimo, se me ocurrió darle el regalo, para ver si me regalaba una sonrisa.

Saqué la bolsa de mi mochila mientras ella acomodaba su instrumental sobre la mesa de trabajo que tiene el sillón.

Cuando se dio vuelta, mirándola a los ojos, estiré mi brazo con la bolsa de la librería y le dije:

-Feliz cumpleaños Marisa!

Su cara fue de sorpresa y mirándome a los ojos, ahora si me regaló una tímida sonrisa y me dijo:

-Ay gracias Claudio! ¿Cómo sabías que era mi cumpleaños?

-Esa vez que nos encontramos en el Pasaje Rodrigo, ¿te acordás?

-Sí, claro!

-Ese día cuando te pregunté tu edad, me dijiste que cumplías años el once de enero…

-Tenés razón! Muchas gracias Claudio!

Claramente sabía de que se trataba, por la bolsa con el logotipo de la librería y por la forma del paquete.

Sacó el libro de la bolsa y con cuidado le quitó el papel, encontrándose con la tarjeta, levantó un momento la vista, me sonrió y terminó de sacar el libro.

-Si ya lo leíste, podés cambiarlo!

-No, no lo he leído! De todas formas, no sé por qué, pero no me gusta cambiar los regalos, siento que si la persona lo eligió para mí, no sé… es como que estaría despreciando su intención… una boludez, ya sé…

-Para nada! Yo tampoco los cambio, salvo que sea una prenda que no sea mi talle, pero en ese caso, lo cambio por lo mismo, pero de mi talle!

-Gracias Claudio!

-Me dio la impresión de que no estás en un buen día…

-Uff… que decirte… como que cumplir años no me molesta, es la vida misma, cada día es uno más, y a su vez uno menos, pero hoy en particular, pasó algo que no me esperaba…

-Perdón, no quería ser entrometido…

-No es eso… esta mañana cuando me desperté, mi esposo ya se había levantado, siempre lo hace antes que yo, supuse que vendría a saludarme antes de irse, pero tan solo se despidió como todos los días.

-Quizás lo hizo a propósito, para que creyeras que se olvidó y tenga preparada alguna sorpresa… no sé, digo yo…

-Quise pensar lo mismo, pero hace un rato me mandó un mensaje diciéndome que tenía una reunión en Buenos Aires y que cenaba allí con esa gente, que llegaría a casa cerca de la una de la mañana… y ni siquiera hizo mención a mi cumpleaños…

-Puedo imaginarme como te sentís…

-Para la mierda la verdad… algo que no esperás de la persona con la que convivís… qué se yo…, la verdad me sentó mal… me dejó el día triste…

-Seguramente me sentiría igual!

-Entiendo que el día de mi cumpleaños es un día como cualquier otro, de hecho, estoy trabajando, pero es inevitable esperar un saludo de cumpleaños, no sé… sentir que para esa persona sos importante… que piensa en vos… y no me importan los regalos, no espero un regalo importante, le doy más valor a la acción… sin ir más lejos… a vos te he visto tan solo un par de veces y sin embargo lo recordaste y valoro el hecho de que te tomaras el tiempo de ir a una librería a comprarlo y escribir esta tarjeta…

Por un momento me pareció que se iba a largar a llorar, y si así fuera, creo que no podría evitar abrazarla.

-Pero bueno… no te quiero llenar de pálidas! Vamos a lo nuestro! Muchas gracias por el libro! De corazón te lo agradezco!

-Espero te guste! A mí me encantó, de hecho lo leí un par de veces!

-Te prometo que será mi próximo libro a leer!

Guardó el libro en su cartera que estaba colgada en el perchero mientras yo me sentaba en el sillón.

-A ver esa boca!

Me dijo al sentarse en el sillón giratorio, abrí la boca y con ese instrumento que no sé cómo se llama, me empezó a mirar.

A pesar del barbijo, el tenerla tan cerca, me provocaba algo que no podría explicar, ver sus ojos tan cerca y sus manos tocar suavemente mi cara mientras me revisaba, me daban ganas de que no acabara su trabajo.

Luego de unos minutos de revisarme, enderezó su cuerpo y me dijo:

-Cerrá nomás!

Cerré la boca y la miré a los ojos, su semblante era otro, muy distinto al que mostraba cuando llegué, después de todo, el recordar su cumpleaños y hacerle un regalo había dado resultado.

-Claudio, tu boca está muy bien, tenés todas las piezas, todas en su lugar, la verdad está muy bien, tan solo una pequeña caries en un premolar, que si tenés tiempo, la podemos arreglar ahora, antes de que se haga más grande!

-Por mí está bien! Si tenés tiempo, arreglala nomás!

-Ok! Es muy chiquita! Casi que no necesitaría anestesia!

-Adelante doctora usted es la que sabe!

Volvió a sonreír y empezó a preparar las cosas para el arreglo, se dio vuelta con la turbina ya en la mano, abrí la boca y un momento después, sentí el vibrar de ese aparato en mi boca.

Fue tan solo un momento y luego colocó una pasta.

Un rato después, supongo que cuando la pasta secó, pulió el arreglo y me dijo que pasara la lengua por él, para ver si había quedado bien.

Le dije que sí y allí terminó el arreglo.

-¿Soy tu último paciente?

-Así es! Ya me voy!

-Bueno! Decime cuanto debo!

-Nada Claudio! Con lo que has hecho por mí… no te voy a cobrar!

-Por favor! Es tu trabajo!

-Por eso! Por favor no me insistas! La próxima será…

-Quedamos así! Muchas gracias!

Acomodó todo el instrumental en una caja de metal, ordenó la bandeja del trabajo, se quitó el guardapolvo y lo colgó en el perchero, tomó su cartera y salimos del consultorio.

La secretaria ya no estaba y la puerta del frente estaba cerrada, mientras caminábamos para la salida, me dijo:

-Pía ya se fue, trabaja hasta las cinco, los martes a la tarde estoy sola, cuando entra el último paciente se va y cierra la puerta.

-Claro!

Ya en la vereda, cerró la puerta con llave, activó la alarma y en ese momento le dije:

-Marisa, ¿te puedo invitar un café?

-Sí, claro! Ya está visto que el comité de celebraciones no se ha reunido hoy…

Sinceramente su marido me parecía un pelotudo, Marisa es una mujer joven, hermosa, con un buen trabajo, por lo que he conocido hasta ahora, con un buen carácter, no podía entender como se había podido olvidar del cumpleaños de su esposa, sin dudas nunca me pasó algo así con Pilar y supongo que tampoco me pasaría con ninguna otra mujer.

Caminamos hasta el bar que está en la esquina del consultorio, una panadería que además tiene, en la planta alta, muchas mesas para tomar un café.

Nos sentamos en una mesa y un momento después, la mesera se acercó para atendernos.

Marisa pidió un café doble cortado y yo uno doble solo.

Cuando la chica se retiró, le dije a Marisa que necesitaba ir al baño, pero lo que hice fue bajar a la planta baja donde tienen todas las confituras y masas, vi una especie de tortita pequeña bañada en chocolate, me acerqué a la chica que atendía y le dije:

-Estamos en la mesa de arriba, acabamos de pedir dos café y quería agregar al pedido esta pequeña torta de chocolate!

-Sí, claro!

-Una cosa más! Es el cumpleaños de mi amiga, ¿se le podrá poner una velita y llevarla encendida junto con los café?

-Por supuesto señor! Ya le llevan todo a la mesa!

-Muchas gracias! Muy amable!

Volví a la mesa y Marisa escribía en su teléfono, seguramente respondiendo algún saludo.

Conversamos un momento y vi, a espaldas de Marisa, venir a la mesera con los café y la tartita con la vela encendida.

La cara de Marisa no tuvo desperdicio, valió la pena tan solo para verla sonreír sorprendida.

La chica dejó todo sobre la mesa, aunque desentonando, le canté el cumpleaños feliz y antes de que soplara la velita, le dije:

-No te olvides de pedir los tres deseos!

Miró la vela encendida y un momento después, sopló.

Me puse de pie y la saludé con un beso.

-Feliz cumpleaños Marisa!

-Gracias Claudio! Muchas gracias! Es un hermoso gesto…

-No sé si habrá festejo después, pero la velita hay que soplarla y los deseos, pedirlos!

-Ester seguramente haya hecho una torta también! Y la soplaré con ella…

-Bueno! Serán seis deseos entonces!

-No… serán los mismos tres…

Corté la pequeña torta en cuatro trozos y serví una porción para cada uno.

En verdad estaba buenísima y la terminamos entre los dos.

-Últimamente tengo cada vez más tiempo para leer en casa, ya casi termino el libro que estoy leyendo y luego leeré este!

-Está muy bien! Yo también leo mucho en casa…

-Claro… aunque vos estás solo…

-Perdón por la pregunta, ¿no están bien las cosas con tu esposo?

-No es que estén mal, pero tampoco están bien… yo entiendo que su empresa le demande mucho, pero de un tiempo a esta parte, mi matrimonio no se parce en nada al de años atrás, casi no compartimos tiempo juntos, muchas noches ni siquiera cena en casa, y los fines de semana siempre tiene algún compromiso… o se va a la cancha a ver a Boca, con decirte que se va a tomar una semana de vacaciones el quince, pero se va a ir una semana a Brasil a comprar maquinarias.

-¿No podés acompañarlo?

-Va con gente de la empresa y me dijo que tienen que ir a tres lugares, varias reuniones y visitas a fábricas, que me iba a aburrir todo el día yo sola.

-Claro! ¿Y luego no puede tomarse más vacaciones?

-En el verano me dijo que no! Que quizás más adelante…

-¿Y vos cuando tenés vacaciones?

-Todos los años cerramos la clínica la segunda quincena de enero, es cuando menos pacientes tenemos, así que tomamos turnos para febrero directamente. ¿Vos tomás vacaciones?

-También la segunda quincena de enero, eso en la empresa, pero posiblemente tenga que hacer un trabajo particular, así que no sé si me iré a algún lado… y menos solo…

-Claro… pero a veces está bueno cambiar de aires…, otro lugar, otra rutina, que sé yo… al menos a mí de vez en cuando me hace falta…

-Otros horarios… o sin horarios… tenés razón… viene bien algo así…

A eso de las siete de la tarde, Marisa me dijo que ya se iba para su casa, que necesitaba darse un baño y cambiarse.

Salimos del café, la acompañé hasta su auto y antes de subirse, mirándome a los ojos me dijo:

-Gracias Claudio! Fue un gesto muy lindo!

-No hay nada que agradecer! Espero termines muy bien tu día!

-Cenando con Ester sin dudas!

No me lo esperaba, dio un paso al frente, me dio un abrazo, aunque no pegó completamente su cuerpo al mío, y un beso en la mejilla.

Se subió al auto y se fue, caminé hasta la camioneta sin poder dejar de pensar en esa mujer, sin dudas me atraía, sin dudas me gustaba hablar con ella, verla sonreír, la puta madre... habiendo tantas mujeres… justo ella…

Continuará…

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