Ese accidente que lo cambió todo (2)
Claudio creía haber dejado atrás el pasado, pero el destino lo cruza con Marisa, una mujer casada con la que comparte una química inmediata y secretos compartidos. Entre la culpa de la infidelidad potencial y la atracción creciente, Claudio debe decidir si cruzar la línea o dejar que la noche los separe.
Ese accidente que lo cambió todo
Capítulo 2
Me quedé pensando en ese momento en que quizás la reunión sería tan sólo entre ellos dos, no sé porqué...
Empecé por el gran galpón, hablando con el encargado, sacando fotos de todo lo que me hacía falta y anotando en mi libreta cada cosa.
Cerca de las cinco de la tarde, decidí dar por terminado ese día, ya volvería al día siguiente.
Al día siguiente volví a la empresa también a las dos de la tarde, esta vez al edificio de oficinas, hablé con el responsable de compras y con el jefe de personal, no creí que tuviera tantos empleados esa empresa, casi ciento veinte, entre profesionales, operarios y personal administrativo.
Como el día anterior, estuve en la empresa hasta las cinco de la tarde, sacando fotos y anotando todo lo necesario.
Ese día no vi a Carlos, fui hasta su despacho para saludarlo, pero no estaba ni él ni su secretaria, y mal pensado de mí, imaginé que habían tenido otra "reunión".
El miércoles no fui, recién el jueves volví llegando también a las dos de la tarde, saqué varias fotos del exterior de las instalaciones, y luego subí a las oficinas del primer piso.
Al ver que estaba Fabiana, supuse que estaría también Carlos y fui a saludarlo. Le conté como venía mi trabajo, y que ese día hablaría con la gente del área contable y de mantenimiento.
Luego de hablar por unos quince minutos, me acompañó hasta la oficina de contabilidad, entró conmigo, y a la responsable del área, le dijo que necesitaba que ese día se quedara un rato luego de su horario, porque tenía que hablar unas cosas con ella.
Al escuchar eso, a esa chica se le transformó la cara, y cuando Carlos se fue, me pareció que estaba a punto de llorar.
Hablamos con Marcela, así su nombre, por casi media hora, de unos treinta y dos o treinta y cuatro años, me resultó una mujer muy agradable.
A eso de las cuatro y media de la tarde, se retiró la última chica que quedaba en la oficina, Marcela me ofreció un café y le dije que sí.
Habíamos hablado incluso de algunas cosas que no tenían que ver con la empresa, mi curiosidad me pudo y le pregunté:
-Perdón Marcela, quizás no deba preguntarte nada, pero me pareció que cuando Carlos te dijo de quedarte luego de tu hora, te pusiste mal… me pareció que estabas por llorar…
-La verdad es que no me lo esperaba...
Bajó la mirada casi a punto de llorar nuevamente, se quedó un momento en silencio y luego me dijo:
-Me parecés un buen tipo, pero no sé cómo es tu relación con él.
-No tengo relación con él, lo conocí la semana pasada, sólo estoy aquí por mi trabajo.
-Por favor te pido que no digas nada, pero podrás imaginarte para que quiere que me quede...
-Por lo poco que lo conozco y por lo que vi de sus actitudes, sobre todo con las mujeres, casi que me lo puedo imaginar...
-El tema es qué, hace unos diez días, me llamó a su despacho y me dijo que trabajaría sólo hasta fin de mes, que mi lugar lo ocuparía un contador, hijo de un amigo suyo. En ese momento se me vino el mundo abajo, mi esposo tuvo un accidente laboral y no puede trabajar, y si no trabaja no cobra. Tenemos dos hijos, un varón de ocho y una nena de seis. Mi hijo más grande tiene una discapacidad, y va a un centro de rehabilitación todos los días, era el peor momento para perder el trabajo, hasta que mi esposo pueda volver a trabajar, el único ingreso en casa es el mío. Le pedí por favor a Carlos que no me dejara sin trabajo, le expliqué mi situación familiar, me miró y me dijo que me podría mantener el trabajo hasta que mi esposo volviera a trabajar, pero que tendría que poner algo de mi parte. En el momento no lo entendí, tan sólo los supuse, conociendo su fama. Luego me dijo que podíamos llegar a un arreglo, mantenía mi trabajo, pero tenía que darle algo a cambio, cuando le pregunté a que se refería, no en estas palabras, pero me dijo que me tenía que acostar con él, que él me diría cuando sería el momento, qué tan sólo sería por un par de horas, y que en mi casa dijera que tenía que hacer horas extras, por eso cuando hoy me dijo que me tenía que quedar, supe que era para eso.
-Por Dios Marcela! Ya tuviste que acostarte con él?
-No, supongo que será esta tarde. Todas sabemos acá cómo es Carlos, no lo ha hecho sólo conmigo, lo hace y lo ha hecho con otras chicas, incluso todas sabemos que se acuesta con su secretaria.
No podía creer que este tipo fuera tan cerdo, aprovecharse así de la situación de esa mujer para poder cogérsela, un buen hijo de puta, y en ese momento se me ocurrió algo.
-Que lo parió! Cómo puede haber gente así? Perdón por la pregunta Marcela, cuál es tu sueldo aquí?
- Doscientos veinte mil!
- Yo tengo una pequeña empresa, necesitaría alguien que me lleve los papeles, te puedo ofrecer doscientos cincuenta mil, y dejás este trabajo, es una mierda tener qué acostarte con un tipo para no perder el trabajo, si aceptás, ya mismo me pasas tu número de cuenta y te transfiero un adelanto, y hoy mismo renuncias a este trabajo, así no tenés que hacerlo! Es una locura lo que te propuso!
-De verdad me lo decís?
-Por supuesto! Pásame tu cuenta y ya mismo te transfiero! Cumplí tu jornada de hoy, y antes de irte le presentás la renuncia!
Las lágrimas le explotaron, no podía soportar que esa mujer le tuviera que ser infiel al marido para mantener el trabajo, para poder solventar a su familia.
-Lo único que te pido es que no le digas que vas a trabajar para mí!
No paraba de llorar, si ya no me caía bien este tipo, ahora me caía mucho peor.
-No sabés lo que significa esto para mí Claudio, te juro que no sabía cómo iba a mirar a mi esposo a la cara después de acostarme con otro, pero no podía quedarme sin trabajo en este momento! Mi hijo necesita ir a ese lugar a diario!
-Ya no tenés que hacerlo! Anotá mi teléfono y mañana me llamás!
Anotó mi teléfono y antes de que me fuera de su oficina, me agradeció una y mil veces.
Salí de ahí pensando en que éste sería el trabajo mejor pago, le iba a arrancar la cabeza con mis honorarios, por hijo de puta.
Al día siguiente me llamó Marcela por teléfono y le dije que el lunes siguiente nos encontraríamos en mi casa, donde le mostraría todos los papeles de mi pequeña empresa.
Esa semana terminé el relevamiento en la empresa de Carlos, y le dije que le armaba el plan de trabajo y el presupuesto y que a más tardar en diez días pasaría por la empresa a dejarle todo.
Era un trabajo importante, a pesar de que el tipo era un hijo de puta, qué le metía los cuernos a su esposa y hacía abuso de poder en su empresa, eso era trabajo, un buen trabajo y debía enfocarme en eso.
Durante varias tardes estuve preparando toda la documentación para mostrarle, armé una carpeta donde le detallaba lo que había que hacer en cada área, y los dispositivos de seguridad para los empleados, plan de evacuación, readecuación del sistema contra incendios, salidas de emergencia y demás temas de seguridad, y se lo presentaría el miércoles de esa semana por la tarde, primeros días del mes de diciembre.
El lunes por la tarde me llamó Marcela, y le pregunté si podía venir a casa al día siguiente a eso de las tres de la tarde, me dijo que sí y le pasé mi dirección.
En una de las habitaciones de casa, la que da la calle, tengo mi oficina, nada del otro mundo, un escritorio donde trabajo, otro al costado con la computadora y la impresora y un par de muebles donde guardo la documentación de los trabajos y todos los papeles de mi empresa.
A las tres en punto de la tarde, Marcela tocó el timbre casa.
-Hola Marcela!
-Hola Claudio, ¿como estas?
-Muy bien por suerte! ¿Vos? ¿Tu esposo cómo está?
-Bien! Recuperándose, tiene por lo menos para dos meses más!
-Pasá por favor! Aquí es donde trabajo, algo así como la oficina de mi empresa! Mate o café?
-Por mi unos mates!
Fui a la cocina, preparé el mate y volví a la oficina, mientras mateábamos, le mostré todos los papeles de mi empresa, la facturación, las compras, los papeles de los dos empleados que trabajaban conmigo y todo el tema de impuestos.
Marcela me dijo que tenía todo bastante ordenado, pero que en pocos días, tendría que presentar las declaraciones juradas de ingresos, liquidar impuestos, y demás temas impositivos.
Marcela me dijo también, que ella se podía ocupar del tema de las compras, pedir presupuesto, encargarse de los pagos y de recibir la mercadería, y estuve de acuerdo.
Acordamos que no sería necesario que viniera todos los días, que podía trabajar desde su casa, para poder estar más tiempo con su familia.
-Te agradezco mucho esta oportunidad Claudio...
-Era una mierda que tuvieras que ser infiel parar mantener el trabajo... Además me hacía falta alguien para todo este papeleo!
-Es verdad! Ese mismo día que renuncié, cuando llegué a casa se lo conté todo mi esposo, incluso lo que me había propuesto Carlos.
-Uff... ¿Y qué te dijo?
-No le gustó nada, pero le hice entender que no era mi deseo hacerlo, que me había sentido obligada por la situación.
-Lo entendió?
-Le pregunté si la situación hubieras ido al revés, si él hubiera estado en mi lugar, si se hubiera acostado con su jefa, y creo que eso lo hizo pensar y me dio un abrazo pidiéndome que lo perdonara, agradeciéndome por habérselo contado y a vos por ofrecerme trabajo.
Antes de irse me agradeció una y mil veces y me dijo que cualquier cosa administrativa que precisara, qué tan sólo la llamara.
*
Ya tenía toda la carpeta preparada, la lista de lo que tendría que comprar para cada lugar, sólo me faltaba la hoja con mis honorarios, que por parecerme un mal tipo, sería un poquito más alto.
El miércoles por la mañana lo llamé por teléfono, para preguntarle a qué hora estaba disponible, me dijo que a las cuatro ya estaba libre y le dije que a esa hora estaría en su empresa.
Me presenté delante de su secretaria, me hizo pasar al despacho, Carlos me ofreció un café y lo acepté.
Mientras volvía su secretaria con los café, de mi mochila saqué la carpeta y se la entregué.
Todo estaba detallado, lo general, sistemas de incendio, salidas de emergencia, plan de evacuación, cuestiones de seguridad en escaleras y pasillos.
Luego lo necesario en cada una de las áreas, los dispositivos de seguridad para el personal y los temas de seguridad en cada puesto de trabajo.
Luego las modificaciones del edificio, la lista de cosas a comprar, el cronograma de trabajos y por último mis horarios, qué ascendían a dos millones cuatrocientos mil pesos.
Cuando llegó a la última hoja, la miró detenidamente y luego levantó la vista y me dijo:
-Guau… No creí que sería tanto…
-Es un trabajo importante Carlos, hay que hacer muchas cosas, pero estás en tu derecho de pedir otro presupuesto, mi trabajo es de excelencia y tiene garantía por un año, además me ocupo también de las tramitaciones en la dirección de bomberos para el sistema contra incendios.
-No cuestiono tu trabajo! No pienses eso, tan solo que supuse que sería menos dinero. Este mes es algo complicado, por el tema de los aguinaldos, y además viajo a Uruguay por un trabajo importante ¿lo podremos encarar en enero o febrero?
-Por supuesto! El presupuesto tiene una vigencia de treinta días, luego tendremos que ajustarlo según la inflación, ¿te parece?
-Bien! Bien! Quedamos así! Si es en enero te llamo los primeros días, o si no, será en febrero, pero necesito hacerlo cuanto antes, desde hace varios meses tengo la gente preparando la certificación!
-Dale! Cuando te decidas me llamás!
Nos despedimos con un apretón de manos y no sé por qué, me dio por pensar que hablaría con alguien más, para ver si le salía menos que lo que yo le cobraba. Si bien era un buen trabajo, si no me volvía a llamar, casi que me daría lo mismo, por suerte trabajo no me faltaba.
*
Como los años anteriores, para las fiestas, mis amigos me invitaban a su casa para que no estuviera solo, y la navidad de este año no sería diferente, Pablo me dijo que fuera a su casa para la cena de Navidad, ya que Gabriel y su familia también irían.
Como lo hacíamos cuando estaba Pilar, compraría regalos para ambas familias y para no hacerlo sobre la fecha, la tarde del viernes quince de diciembre salí de compras.
Fui a un centro comercial de la ciudad, no es muy grande, pero lo que necesitaba comprar, lo podría conseguir todo allí.
Pablo tiene dos hijos, Malena de siete años y Franco de cinco, a ellos le compraría algún juguete.
Para Miriam, la esposa de Pablo, un libro, le gusta tanto leer como a mí, y para Pablo, ya lo tenía, hacía unas semanas le había comprado una linda cuchilla para cuando comemos asado, la que tiene daba lástima.
Para Gabriel, una remera deportiva, sé que le encantan, para Paula su esposa, algunos aros, pulsera o collar, siempre anda con muchos accesorios y sé que le gustan esas cosas, y para Sofía su pequeña de cuatro años, algún juguete también.
Casi dos horas tardé en comprar todo, eran casi las siete de la tarde y con todas las bolsas, me senté a tomar un café en el bar de allí mismo, aprovechando el aire acondicionado.
Me acababan de traer el café, cuando una mujer a mi derecha dijo mi nombre:
-Claudio!
Al escuchar la voz, me pareció, pero al girar mi cabeza lo confirmé, también con varias bolsas en sus manos, y con su conocida sonrisa, Marisa caminaba esos pocos pasos en mi dirección.
-Marisa! ¿Cómo estás?
-Cuando salí de la casa de ropa me pareció que eras vos!
-¿De compras también?
-Para las fiestas Claudio! ¿Vos también?
-Así es! No me gusta hacerlo sobre la fecha, todos los negocios están llenos de gente!
-A mí tampoco! Por eso vine hoy!
-¿Tomás un café?
-Dale!
Se sentó frente a mí, dejando sus bolsas en la otra silla, llamé a la mesera y cuando se acercó, Marisa le pidió un café cortado.
-Contame Marisa, ¿cómo quedó el auto?
-Perfecto! Cómo habrá quedado de bien que mi marido dijo que parecía que no había chocado! La verdad unos genios tus amigos! Perdón por no llamarte para agradecerte, lo estuve por hacer varias veces, pero por una cosa o por otra no lo hice, pero antes de las fiestas te iba a llamar!
-No hacía falta!
-Es más! Encontrarte me vino como anillo al dedo! Por todas las molestias y por tu ayuda, te había comprado un presente y te iba a llamar antes de las fiestas para entregártelo!
-No hacía falta Marisa!
-Pero te quería agradecer de alguna forma!
Buscó entre sus bolsas y sacó un pequeño paquete cuadradito.
-Es una pavada… pero pensé que te podría gustar…
Me entregó el paquete envuelto para regalo, al tomarlo le pregunté:
-¿Lo puedo ver ahora o tengo que esperar hasta el veinticuatro?
Y con una amplia sonrisa me contestó:
-Cuando vos quieras!
Saqué el papel que lo envolvía para encontrarme con una caja cuadrada de unos diez centímetros por lado, y sobre ella una tarjeta que decía “Gracias por todo Claudio” y al abrirla, dentro tenía una hermosa billetera de cuero marrón.
-Muchas gracias Marisa! No tenías que hacerme ningún regalo!
-Te quería agradecer! No solo te choqué la camioneta, gracias a vos llegué a la iglesia y gracias a vos arreglé el auto…
En ese momento trajeron su café y cuando la mesera se fue me preguntó:
-¿Tenés hijos Claudio?
No me esperaba esa pregunta, y no tenía sentido ocultar la verdad, por lo que le dije:
-No llegamos a eso… mi esposa falleció hace casi dos años…
Aún revolviendo su café, su cara se transformó, de sorpresa y como si hubiera metido la pata.
-Perdón Claudio! Cuanto lo lamento! Como vi que llevabas una alianza creí que estabas casado… te pido perdón…
-Tranquila Marisa… no pasa nada…
-Perdoname, nunca imaginé… ¿un accidente?
-No! Un maldito cáncer de ovarios se la llevó en lo mejor de su vida y en nuestro mejor momento, cuando comenzamos a buscar nuestro hijo fue que se lo detectaron, y a pesar de darle batalla, el maldito se la llevó a los casi treinta y cuatro años.
-Qué joven por Dios… cuanto lo lamento… en verdad lo lamento…
-Fue muy duro para mí, pero bueno, de a poco he ido saliendo adelante… y el anillo sigue aquí… porque ella sigue aquí conmigo…
-Te entiendo… y perdón por preguntar…
-Tranquila…
Realmente veía pena en su mirada, y cambié de tema.
-¿Y vos tenés hijos?
-Aún no… y no porque no quiera o no pueda, lo venimos hablando con mi esposo pero… se viene postergando… su trabajo… el mío… en fin… pero la verdad es que deseo ser madre y no me quedan muchos años…
-Pero sos joven aún Marisa… y hoy en día las parejas buscan ser padres después de los treinta…
-Sí… puede ser… pero te digo la verdad, no quisiera esperar mucho más… no querría ser madre a los cuarenta…
-Claro… te entiendo… perdón por la pregunta y por supuesto estás en tu derecho de no contestar, pero… ¿Cuántos años tenés Marisa?
-Cumplo treinta y cuatro el once de enero!
-Tenés unos años aún para tener un hijo…
-Sí… eso sí… pero ya te digo, si fuera por mí, ya sería madre…
Conversamos algunas cosas más y a eso de las siete y media de la tarde me dijo:
-Bueno Claudio… fue un gusto verte! Pero ya me tengo que ir… la señora que trabaja en casa está de vacaciones, mi esposo está fuera del país por trabajo y tengo que gestionarme la cena…
-Eso toca… ya me he tenido que acostumbrar a eso también…
-Claro… ¿vivís solo?
-Sí, soy hijo único y mis padres fallecieron hace años, por eso pasaré las fiestas con mis amigos!
-Te entiendo…
Hablamos un momento más, y pensando en que tendría también que pensar en mi cena, me tiré el lance.
-Marisa, espero no lo tomes a mal, si me lo permitís, me gustaría invitarte a cenar, pero sin ningún compromiso…
Me miró un momento, supongo que evaluando su respuesta, o quizás buscando alguna excusa, después de todo, tan solo nos habíamos visto un par de veces y luego de decirlo, creí que me había pasado tres pueblos.
-Bueno dale! Lo único, tendría que dejar todas estas bolsas en el auto!
-Yo también! Tengo la camioneta acá a la vuelta!
-Yo tengo el auto a una cuadra y media!
Pagué los café y salimos del centro comercial, dejamos mis bolsas en mi camioneta, fuimos hasta su auto y dejamos las suyas y luego caminamos una cuadra hasta un gran lugar que antaño supe ser un bazar y ahora es un lugar con muchos locales de distintos tipos, comerciales, de comidas, bebidas y cervecerías.
Entramos a uno de los restaurantes más tranquilos y nos dieron una mesa.
La mesera se acercó trayéndonos la carta, elegimos la comida y le pregunté que tomaba, ella agua sin gas, y para mí una cerveza.
Mientras esperábamos la comida me dijo:
-La verdad no esperaba estar cenando en un restaurante hoy…
-Yo tampoco, pero bueno… me gustó hablar con vos, y entre comer cada uno en su casa, es preferible ya llegar cenados, ¿no te parece?
-La verdad que sí! Además no se me da muy bien la cocina, Ester es la que cocina en casa, y lo hace como los dioses!
-Qué bueno! Pero bueno, también le tocan vacaciones…
-Hace muchos años que trabaja en casa, es más… para mí es como de la familia… me hace acordar tanto a mi vieja…
-¿No tenés a tu madre?
-Ni a mi vieja ni a mi viejo, ambos están fallecidos, primero mi viejo de un ataque al corazón y unos años después, mi vieja con un cáncer de colon…
-Maldito cáncer…
-Y Ester me cuida como si fuera su hija… ella vive en su casa con su hijo, su nuera y sus tres nietos, pero no se lleva bien con su hijo, en casa tiene una habitación y muchas noches se queda en casa, sobre todo cuando mi marido llega tarde o viaja, no le gusta dejarme sola, y para mí mejor, me encanta su compañía…
-Qué bueno!
-Tiene una hermana en Santiago del Estero, la única que le queda y hacía como tres años que no la veía porque no le alcanzaba para los pasajes. En casa gana bien, pero pone mucha plata en su casa, su hijoo es medio vago y le esquiva de lo lindo al trabajo… y es ella la que más aporta…
-Me imagino… pero supongo que le debe dar bronca…
-Sí, pero por no tener problemas con su hijo no dice nada! Y hace unos días le pregunté si le gustaría visitar a la hermana y me dijo que sí, pero que no sabía si podría. Cuando le pregunté si era por dinero me dijo que no, pero bajó la mirada y entendí que sí. Entonces yo le compré los pasajes, para que pase las fiestas con su hermana, así que vuelve los primeros días de enero.
-Imagino lo que habrán dicho su hijo y la nuera…
-Se la habrán tenido que bancar! Y podés creer que me llama día por medio para ver como ando!
-Se ve que te quiere…
-Y yo a ella… no sabés lo que la extraño… y no por la comida o la limpieza, extraño hablar con ella. Hay días en que hablo más con ella que con mi marido… pero bueno…
En ese momento nos trajeron la comida, le agradecí a la mesera y comenzamos a comer.
-Contame Claudio, ¿a qué te dedicas?
-Soy licenciado en higiene y seguridad en el trabajo y estoy trabajando en una empresa dentro de la petrolera estatal en la planta de Ensenada! Y después hago también trabajos particulares… ¿vos?
-Yo soy odontóloga y con dos amigas tenemos una clínica odontológica, y entre mis socias y yo hacemos todo, las tres hacemos odontología general, pero Patricia se especializó en ortodoncia, Micaela en implantes y yo hago estética.
-Qué bueno! ¿Les va bien?
-La verdad es que sí! Sobre todo en los trabajos particulares, muchos tratamientos que no cubren las obras sociales o prepagas! ¿Tenés odontólogo?
-Me tendría que hacer un control, mi odontóloga, la que me atendió siempre se jubiló hace como un año y desde entonces no he ido a otro!
-Bueno, te doy la dirección y me vas a ver!
-Dale!
Conversamos de otras cosas, de viajes, de libros, de series y mientras comíamos el flan de postre me preguntó.
-Perdón por lo chusma…, desde que falleció tu esposa… ¿no has estado con ninguna otra mujer?
-No! bueno… digamos que no en una relación… tan solo un par de veces con una mujer, pero… sin compromiso, nada serio diría yo… cuestión del momento…
-Por necesidad digamos…
-Algo así…, aunque no me cierro a otra relación…, pero tampoco es que salgo a buscarla…
-Bueno… quien te dice que aunque no salgas a buscar, alguien pueda aparecer…
-Si algo así ocurriera, estaría dispuesto a intentarlo…¿Quién te dice? Pero en ese caso me tendría que sacar la alianza, ¿no?
-Claro! Cualquier mujer pensaría que sos casado…
La conversación estaba yendo hacia un terreno que me hacía dudar, me parecía una mujer espléndida, pero no quería decir o hacer nada que la hiciera pensar que quería algo más con ella, está casada y eso lo respetaría siempre.
Terminamos el postre, en el reloj de la pared del restaurante, daban las diez y media de la noche, estaba tan a gusto que no quería irme, pero tampoco quería dilatarlo más, había sido un lindo encuentro, una linda cena, pero solo eso, no tenía más intenciones.
Un momento después Marisa dijo:
-Bueno Claudio, ya tengo que irme…
-Sí, yo también!
Le pedí la cuenta a la mesera y Marisa me dijo:
-Permitime invitarte Claudio!
-Por supuesto que no! Yo te invité!
-Bueno… Gracias!
Pagué la cuenta y salimos del restaurante, la acompañé hasta su auto, desactivó la alarma y antes de subir me dijo:
-Llamame y te doy un turno! Ya tenés mi teléfono!
-Perfecto! En estos días te llamo!
-Muchas gracias por el café, por la cena y por la charla!
-Al contrario! Gracias a vos por el regalo y por la compañía! La pasé muy bien!
-Yo también! Espero tu llamado!
-Ok!
Abrió la puerta de su auto, nos despedimos con un beso en la mejilla y arrancó.
Caminé hacia mi camioneta pensando en esa mujer, la había conocido por casualidad pero… la puta madre… ¿por qué tenía que estar casada?
Continuará…
Continúa en
- Relato #223449— title-regex: contiguous parts (1 -> 2)
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