Ese accidente que lo cambió todo (1)
El accidente no fue solo un choque de metales, fue el impacto de dos vidas que se cruzan. Él, buscando solo placer sin ataduras; ella, atrapada en una rutina que ya no la satisface. Cuando la lluvia los dejó varados, la excusa para el contacto se desvaneció, dejando solo la tensión de lo prohibido.
Ese accidente que lo cambió todo
Capítulo 1
Abrí mis ojos, acostado boca arriba en la cama podía ver la claridad de la mañana que se dejaba ver a través de las rendijas de la persiana del dormitorio.
Desnudo como que estaba, estiré mi brazo para tomar mi teléfono que estaba sobre la mesa de noche para ver la hora.
Las once menos cuarto de la mañana de ese sábado primaveral de octubre, y aunque no era la primera vez, prefería amanecer en mi cama, en mi casa.
Giré mi cabeza y Anabela dormía plácidamente, desnuda también, lógicamente porque habíamos tenido sexo la noche anterior.
Luego de cenar, solos por primera vez, nos vinimos para casa, bien claro teníamos los dos el motivo de ese encuentro, tener sexo… y lo tuvimos. Aún sentía la humedad de su conchita al desnudarla, el calor al penetrarla, el temblor de su primer orgasmo y el de su segundo orgasmo, su cuerpo sobre el mío, moviéndose acompasadamente, haciendo que sus generosas tetas danzaran al ritmo de sus sentones, los que me llevaron a eyacular en su interior, dentro del preservativo, claro.
Era la segunda vez que nuestros cuerpos se encontraban, pero ambos teníamos claro qué tan sólo era sexo, sin ningún otro compromiso, si ningún sentimiento de por medio, tan solo para darle una satisfacción al cuerpo.
Anabela hacia casi tres años que estaba divorciada y con una hija de nueve años, que en ese fin de semana le tocaba estar con su padre.
Aunque tenía ganas de ir al baño, me quedé un momento en la cama, pensando en lo que había ocurrido allí mismo tan sólo una hora antes, y si tengo que ser sincero conmigo mismo, fue tan sólo un polvo y ya, satisfactorio claro, para ambos, pero no más que eso.
Finalmente me tuve que levantar al baño, y al volver Anabela había despertado, con una remera larga puesta, me dio los buenos días y me dijo que iba a preparar el desayuno, mientras yo me volvía a vestir.
Luego de unos mates con galletitas, le dije que ya me tenía que ir, nos despedimos con un beso y salí de su casa.
En verdad no tenía nada que hacer ese sábado, pero tampoco tenía ganas de estar allí, fingiendo nada o ilusionándola de ninguna manera.
Llegué a casa, me di un baño y me puse a preparar algo para almorzar.
Los mensajes de mis amigos no tardaron en llegar, ultimando los detalles para el asado de esa noche.
*
Soy Claudio Esteban García Borré, licenciado en seguridad e higiene, y a mis treinta y cinco años, soy viudo hace casi dos.
Miro mi mano izquierda, y aún llevo puesto el anillo de nuestro casamiento, porque mi esposa, Pilar González, aún está en mi corazón, en los años que duró nuestra relación, esa mujer me hizo el hombre más feliz del mundo.
Nos conocimos en el cumpleaños de Sebastián, un amigo, y Pilar era amiga de la novia del festejado, y allí hablamos por primera vez.
Esa noche había mucha gente en casa de Sebastián, y porque esas cosas de la vida, luego de que nos presentaran, quedamos sentados uno junto al otro.
Conversamos un buen rato, me contó que era recién recibida de farmacéutica, y que seguía en la facultad, pero ahora dando clases.
Una mujer encantadora, que me cautivo en cada palabra, en cada mirada y en cada sonrisa, tanto que antes de que se fuera, le dije:
-Espero no lo tomes a mal, pero me gustaría volver a verte.
Se sonrío y me dijo:
-Hubiera tomado a mal que no me lo pidieras.
Anoté su número de teléfono en el mío y le envié un mensaje para que le quedara mi número en su teléfono.
El siguiente encuentro no se hizo esperar, y fue al día siguiente a tomar un café por la tarde.
Luego de dos encuentros de café y una cena, la química entre los dos era más que palpable, y así comenzó nuestra relación.
El día de nuestro primer aniversario, le propuse matrimonio, y dos meses después ya estábamos casados, a sus veintiocho años y los casi veintisiete míos.
Nos fuimos a vivir a mi casa, la que había heredado de mis padres y en la que aún hoy sigo viviendo.
Pilar era una mujer maravillosa, cariñosa, detallista, con un corazón inmenso y un carácter divino, apasionada por cada cosa que le interesaba, la docencia, la bicicleta y nuestro matrimonio.
Los años que vivimos juntos, fueron los mejores de mi vida, disfrutamos de cada momento, en casa, en nuestras salidas, en los viajes, en cada hora pedaleando juntos, pero fundamentalmente en nuestra sexualidad, que fue maravillosa.
Nos entendíamos a la perfección, llegamos a conocernos tanto que bastaba una mirada para saber que ambos deseábamos hacer el amor, incluso escapándonos de la casa de algún amigo, de un restaurante, del cine o de la playa, para irnos a donde pudiéramos darnos amor y pasión.
Ambos queríamos tener hijos y lo habíamos hablado muchas veces, tomamos la decisión de ser padres cuando yo cumpliera los treinta años, darnos ese tiempo para disfrutar como pareja y luego pensar en nuestros hijos, que en nuestros proyectos serían dos, y luego de esos dos, ya veríamos si vendía un tercero, esos eran nuestros proyectos.
Y así lo hicimos, cuando cumplí los treinta años, Pilar dejó las pastillas anticonceptivas, y nos dijimos que sería sin apuro, cuando llegara.
Hacíamos el amor sin cuidarnos pero el embarazo no llegaba, y luego de seis meses de intentarlo sin éxito, decidimos consultar a los médicos, hacernos los estudios necesarios, para que nos dijeran si estábamos en condiciones de concebir un hijo.
Los primeros resultados fueron los míos, el conteo de espermatozoides y la movilidad eran normales para mi edad, por lo que, en un principio, no habría problemas.
Los estudios de Pilar demoraron un poco más, ya que luego de unos estudios de rutina, la ginecóloga le mandó otros estudios más específicos, algo no estaba bien en los ovarios de Pilar y casi un mes después, su ginecóloga le confirmaba que tenía un cáncer de ovario.
Esa noticia nos cayó como un balde de agua helada, pero estuvimos de acuerdo en darle batalla para poder seguir adelante.
Hicimos todo lo humana y medicamente posible, incluso dejé de trabajar para poder estar todo el tiempo con ella, y para poder solventarnos y cubrir los gastos médicos, vendí uno de los dos departamentos que había heredado de mis padres en la ciudad de Buenos Aires.
Visitamos a los mejores médicos del país los mejores sanatorios, pero fue en vano, el maldito cáncer se las llevó de mi lado a sus casi treinta y tres años.
La cuidé y estuve a su lado todo el tiempo, hasta su último suspiro, eso me dio algo de paz, hice todo lo que estaba a mi alcance, tratando de luchar contra esa enfermedad, y cuando ya era irreversible, estando a su lado todo el tiempo.
Fue muy duro para mí, ver cómo se deterioraba día a día y quiero pensar que se fue en paz, sabiendo el amor que le tenía, y que por supuesto aún le tengo, por eso es que aún llevo en mi dedo la alianza de matrimonio.
Luego de su muerte estuve casi un mes sin trabajar, solo en casa, tratando de entender cómo sería mi vida sin ella.
Pero desde que supimos de su enfermedad, tuve dos pilares qué me sostuvieron, mis dos amigos Pablo y Gabriel, y por supuesto sus esposas.
Me bancaron en todo, a cada momento, incluso fueron ellos los que se ocuparon de todos los trámites del velatorio de Pilar, y cuando estuve solo en casa, estuvieron todo el tiempo conmigo.
Cómo había dejado mi trabajo, tuve que buscarme otro, y así fue que comencé en la empresa en la que estoy trabajando actualmente, una empresa de montajes industriales que opera dentro de la planta nacional de hidrocarburos en la vecina ciudad de Ensenada, y me desempeño como responsable de la seguridad e higiene de los empleados y de las instalaciones.
Luego de ese mes, entendí que mi vida había cambiado, sin esperarlo, pero había cambiado.
Pablo y Gabriel me empezaron a insistir para que saliera de mi casa, y esas primeras salidas, fueron a la casa de ellos o a tomar alguna cerveza a un bar.
Así fue que conocía a Anabela, es una amiga de Paula la esposa de Gabriel, dos noches que cené en su casa, ella también estaba invitada, era clara la intención de mis amigos de emparejarme con ella.
Y aunque no terminó siendo lo que ellos esperaban, al menos llegamos a la cama, pero solo eso.
*
En la empresa trabajo de lunes a viernes por la mañana, entro a las siete y salgo a la una tarde, por lo que me queda la tarde libre, donde hago trabajos de forma particular.
Igual que lo hacíamos con Pilar, los sábados y domingos por la mañana salgo a pedalear, y aunque no es lo mismo sin ella, sigo con esa costumbre.
Ese viernes de mediados de octubre, como era feriado no me tocó trabajar, y luego de desayunar liviano, aunque el pronóstico daba lluvia para él mediodía, igualmente salí con la bicicleta.
Era un día de bastante calor pero el cielo estaba completamente gris, tanto que la lluvia llegó antes del mediodía, una llovizna tenue me agarró volviendo a casa.
Luego de almorzar salí a hacer unas compras, esa noche comeríamos un asado con Gabriel y Pablo, en casa de este último.
Me tocaba comprar la bebida y todo para la picada, Pablo se encargaba de la carne, Gabriel del pan, el hielo y el helado para el postre.
Aunque despacio, llovió toda la tarde y a eso de las ocho de la noche, salí con la camioneta para la casa de Pablo.
Mi casa está Gonnet, una localidad al norte de la ciudad de La Plata, y para ir a casa de Pablo, siempre tomo la avenida siete, aunque con semáforos en cada esquina, es más directo.
Iba despacio, con la calle mojada no me gusta levantar velocidad, me faltaban unos metros para llegar a la calle treinta y cinco, cuando el semáforo se puso en amarillo, frené antes de que se pusiera rojo, y un instante después sentí el golpe, alguien me había chocado desde atrás.
Viendo por el espejo retrovisor, vi que era un auto, inmediatamente de él, bajo una mujer agarrándose la cabeza, con un vestido de fiesta, largo, de color verde agua con detalles en blanco y sandalias de taco alto también de color blanco, el pelo castaño recogido hacia un lado y maquillada, sin dudas de camino a una fiesta.
Tomé el paraguas que siempre tengo en la camioneta y me bajé.
Caminé hacia la parte de atrás, y esa mujer, de más o menos mi edad, visiblemente alterada decía:
-No me puede estar pasando esto! La puta madre que lo parió! Justo ahora no!
La cubrir con el paraguas y le dije:
-Tranquila mujer! ¿Estás bien? ¿Te golpeaste?
-No! Pero no me puede pasar esto justo ahora!
-Tranquilízate por favor! Lo importante es que no te pasó nada! El auto se arregla!
-Es que a las nueve se casa mi amiga y tengo que estar menos cuarto en la iglesia!
- En qué iglesia se casa?
- En la del Sagrado Corazón! Cómo hago para llegar a tiempo? La puta madre! Soy la madrina!
-Vamos a hacer una cosa, antes que nada, corro la camioneta, te subís al auto, lo ponés en punto muerto, y lo estacionás, yo te empujo, ¿te parece?
-Tenés razón! Estamos en el medio de la calle!
La acompañé hasta su auto cubriéndola con el paraguas, estacioné mi camioneta unos metros adelante y volví para empujar su auto hasta que quedó bien estacionado junto al cordón.
Miré la hora, eran las ocho y media, me acerqué a la ventanilla y le dije:
-Si te parece, cerrá el auto y te llevo hasta la iglesia para que no llegues tarde, luego lo venís a buscar, con esta lluvia, va a estar complicado que consigas un taxi…
-De verdad? Me podés llevar?
-Por supuesto, y de camino vemos lo del seguro!
Del asiento del acompañante tomó una cartera blanca y volvió a bajar del auto, lo cerró, puso la alarma y caminamos hasta mi camioneta, abrí la puerta del lado del acompañante, puse en el asiento trasero las bolsas que llevaba a casa de Pablo, y esa mujer subió.
Arranqué la camioneta y fui en dirección a esa iglesia, de camino le dije:
-No te duele nada? A veces por la tensión del momento, uno no se da cuenta!
-Creo que no, ese sería el menor de mis problemas, el tema va a ser…, cuando le diga a mi marido que le choqué el auto, es el de él.
-Son cosas que pasan, lo importante es que no te hiciste nada, y estoy seguro que eso dejará tranquilo a tu marido, el auto se arregla!
-¿Cómo hacemos con el tema del seguro?
-No pienses en eso ahora, anotá mi número de teléfono y mañana me llamás, ahora lo importante es que llegues a tiempo a esa iglesia!
-No sabés lo que te agradezco esto! Si no llego mi amiga me mata!
-Tranquila que vas con tiempo!
De su pequeña cartera sacó el teléfono le di mi número y le dije:
- Claudio es mi nombre!
-Perdón Claudio! Venía muy apurada creí que cruzabas con la luz amarilla, y cuando vi que parabas, ya era tarde!
-Tranquila, no pasa nada, los fierros se arreglan, lo importante es que no te pasó nada y además que llegues a horario… Lo único creo que tendrías que retocarte un poco el maquillaje…
Bajé el parasol de su lado para que se viera en el espejo mientras lo hacía me dijo:
-Perdón Claudio, con los nervios no te dije ni mi nombre, soy Marisa, y ahora te mando un mensaje así te queda mi número.
-Dale! Ya estamos llegando! Disfrutá del casamiento y mañana hablamos!
Llegamos a la iglesia y no había lugar para estacionar, paré unos metros más adelante, bajé con el paraguas y la acompañé hasta la entrada de la iglesia, para que la lluvia no arruinara su peinado.
Cuando llegamos a la puerta, antes de entrar me dijo:
-Mañana por la mañana te llamo!
-Sin apuro, si es después del mediodía mejor, me estoy yendo a comer un asado con unos amigos y seguramente me acostaré tarde!
-Ok, tipo tres de la tarde te parece bien?
-Perfecto!
Me miró a los ojos, y me dijo:
-Perdón y… gracias!
-Que disfrutes de la fiesta Marisa!
No me lo esperaba, y con una sonrisa, se despidió de mí con un beso en la mejilla.
Me volví caminando a la camioneta pensando en esa mirada, en esa sonrisa, la puta madre, lástima que sea una mujer casada!
Llegué a casa de Pablo y les conté lo que me había pasado, por supuesto me cargaron por la demora, diciéndome que en vez de llevarla a la iglesia, la había llevado a otro lado.
La cena estuvo bárbara, el asado excelente como siempre y llegué a casa cerca de las cuatro de la mañana.
El sábado me desperté cerca del mediodía, por suerte había dejado de llover, tenía pensado salir a pedalear, pero tendría que esperar el llamado de Marisa.
No quise almorzar, tan sólo tomé unos mates con una manzana, bastante había comido y tomado la noche anterior, y luego de los mates fui a ver la camioneta con la luz del día, quería ver bien cómo había quedado.
Pablo me había dicho la noche anterior, que cuando resolviera el tema del seguro, se la llevara a Adrián, Pablo tiene un taller mecánico y su hermano Adrián, uno de chapa y pintura, uno a dos casas del otro.
A eso de las tres de la tarde sonó mi teléfono, supuse que sería Marisa, y al ver la pantalla lo confirmé.
-Hola Marisa
-Hola Claudio, ¿te desperté?
-No, no, estoy levantado hace rato.
-¿Te parece encontrarnos dónde quedó el auto? Tengo que ir a buscarlo!
-Perfecto decime a qué hora.
-Tres y media te parece?
-Dale, a esa hora estoy ahí!
Me cambié, me subí a la camioneta y fui hasta siete y treinta y cinco.
Con la luz del día también pude ver cómo había quedado el auto de Marisa, bueno del marido de Marisa, tenía aboyado el paragolpes, el capot y rota la parrilla, el radiador y los faroles delanteros.
Minutos después de las tres y media de la tarde, Marisa bajó de un taxi, caminó hasta mí, que estaba parado delante de su auto.
Venía con un jean, una camisa y zapatillas, y me pareció más linda que la noche anterior, cuando llegó frente a mí, me saludó con un beso la mejilla.
-Hola Claudio, ¿como estas?
-Muy bien! ¿Vos? ¿Algún dolor hoy? A veces duele al otro día…
-Por suerte no!
-¿Y qué dijo tu marido cuando le contaste?
- Uff… Mejor ni te cuento todo lo que me dijo! Se lo dije después de la ceremonia, a la que encima llegó diez minutos tarde! Venía de Buenos Aires…
-Bueno… Por lo menos se quedo tranquilo de que no te pasó nada…
-Qué va…! Ni siquiera me lo preguntó… Y encima me dijo que como lo choqué yo, lo tengo que arreglar yo…
-¿Tenés dónde llevarlo?
-No tengo ni idea, es la primera vez que choco y nunca me ocupo del auto, de todo eso se ocupa mi marido!
-Uno de los amigos con los que cené anoche tiene un taller mecánico y el hermano uno de chapa y pintura, son muy buenos los dos! Si querés le puedo preguntar…
-Ay sí, por favor! No tengo ni idea de donde llevarlo!
-Esperame un minuto…
Fui hasta la camioneta, tomé el teléfono y lo llamé a Pablo.
-Hola Clau, ¿como estas?
-Hola Pablín, todo bien! Escúchame una cosa, estoy con la mujer que me chocó anoche, nos encontramos dónde quedó el auto por el tema del seguro, el marido se calentó y le dijo que tiene que ocuparse ella de arreglarlo, y no conoce ningún taller mecánico, te lo podrá llevar?
-Por supuesto querido! Si quiere lo puede traer ahora estoy en casa, lo metemos en el taller y el lunes lo veo!
-Buenísimo Pablín! Le digo que pida una grúa y los llevamos!
-Esperá! Que no llame una grúa, estoy al pedo Clau! Ahí lo voy a buscar con la camioneta y llevo el carrito para traerlo de tiro!
-Qué groso que sos!
-Decime dónde estás y en media hora estoy ahí!
-En siete y treinta y cinco! Te espero querido! Gracias!
Volví al auto de Marisa y le dije:
-Marisa, hablé con mi amigo Pablo, él y su hermano te lo arreglan! Y te aseguro que son muy buenos!
-Gracias Claudio! Cuando se lo tengo que llevar?
-En media hora viene él a buscarlo y lo deja en su taller, el lunes lo ve!
-Buenísimo! Qué suerte porque no sabía cómo hacer! Y me viene bárbaro así mi marido no ve cómo quedó el auto…
-Te aseguro que va a quedar como si no hubiera chocado!
Mientras esperábamos a Pablo, intercambiamos nuestros datos y los del auto y la camioneta, para resolver el tema del seguro.
Cuando Pablo llegó los presenté, hablaron un momento por el tema de los arreglos y luego, con mi ayuda, Pablo subió el tren delantero del auto al carrito, y nos despedimos.
Cuando nos pasamos nuestros datos, al ver su documento, vi que vivía en City Bell, a unas quince cuadras de mi casa, y luego de que se fuera Pablo con su auto le dije:
-Marisa, pude ver en tu documento que vivís en City Bell, yo vivo en Gonnet, si vas para tu casa te puedo alcanzar!
-Me puedo tomar un taxi Claudio, ya te moleste bastante…
-No es molestia mujer! Vivimos a quince cuadras, voy para casa y no tengo nada que hacer!
-Bueno dale!
Subimos a la camioneta y emprendimos camino a su casa, luego de unas cuadras le pregunté:
-Creí que vendrías con tu marido, supuse que querría ver el auto!
-Es hincha de Boca Juniors y se fue con los amigos a ver el partido a Buenos Aires, en mi auto por supuesto!
-Entiendo…
Llegamos a su casa y antes de bajar me dijo:
-Gracias por todo Claudio! Encima de que te choqué la camioneta! Me conseguiste un taller para arreglar el auto! De verdad muchas gracias…
-No fue nada Marisa! Tenés mi teléfono, por cualquier inconveniente con el auto me llamás!
-Dale! Y muchas gracias también por traerme a casa!
-Nos vemos Marisa!
Bajó de la camioneta y antes de entrar a su casa me volvió a saludar con la mano.
Le había dicho “nos vemos”, aunque suponía que no volvería a verla, una lástima en verdad, me había resultado una mujer encantadora, sólo un pequeño detalle, estaba casada…
*
En la semana hablé con Pablo y me comentó que con Adrián ya estaban arreglando el auto de Marisa, bueno, del marido de Marisa, y que seguramente lo tendrían listo para la semana siguiente.
A mediados de noviembre, Mario Caballero, el dueño de la empresa para la que trabajo, me pasó el número de teléfono de un ingeniero que tenía una empresa de instalaciones y necesitaba poner en marcha un plan de seguridad e higiene, un tal Carlos Morgante.
En la tarde del jueves lo llamé por teléfono y coordinamos un encuentro en su empresa al día siguiente.
Su empresa, de nombre TresInstall, tenía oficinas y un gran galpón en la zona de Hernández, me pasó la ubicación y acordamos que a las catorce horas del viernes estaría allí.
El viernes salí del trabajo, comí algo de camino y fui directamente a la empresa sin pasar por casa, ya que desde mi trabajo hasta su empresa tenía que cruzar toda la ciudad.
Llegué unos minutos antes de las dos de la tarde y me sorprendió el tamaño de su empresa, un enorme galpón y un edificio de dos plantas bastante grande, incluso tenía una zona de estacionamiento en el que había un montón de autos.
Entré al edificio, el hombre de seguridad me preguntó el motivo de mi visita y me acompañó hasta un mostrador donde me atendió una amable señorita.
Me presente diciendo que tenía una reunión con Carlos Morgante, tomó el teléfono habló un momento, supongo que con él, y saliendo de detrás del mostrador, me dijo que la acompañara.
Subimos a la planta alta y me acompañó hasta el último despacho, que era el de Carlos.
Antes de la entrada a su despacho, había espacio abierto con un escritorio, y sentada detrás de él, una chica de unos veinticinco o veintisiete años, que según me dijera la chica que me acompañó, era Fabiana, la secretaria de Carlos.
Muy amablemente esa chica me pidió que tomará asiento, qué Carlos estaba hablando con una persona, pero ya sé desocupada.
Un par de minutos después, del despacho salió un hombre con ropa de trabajo, sin dudas, alguno de sus empleados.
La secretaria de Carlos me acompañó y entramos juntos al despacho.
Se puso de pie y salió de su escritorio, se acercó a mí y nos saludamos estrechando las manos.
-Mucho gusto Claudio!
-Un gusto conocerlo Carlos!
-Mario me habló de tu trabajo y por eso decidí llamarte! Pero por favor tuteame que no soy tan grande!
-Perfecto Carlos!
-Café?
-Sí claro!
-Fabiana, nos traes dos café por favor!
-Si Carlos, ya los traigo!
La chica salió de la oficina, los dos nos sentamos uno frente al otro en el escritorio, Carlos guardó unos papeles que tenía sobre el vidrio, y un momento después la chica volvió con los dos café.
-Claudio, necesité hablar con vos, porque estoy tratando de lograr una certificación ISO de calidad de servicios, quiero establecer en la empresa, un plan de seguridad higiene, para las instalaciones y para todos los puestos laborales.
-Perfecto Carlos, algo en particular, o todo lo que haga falta?
-Supongo que todo, algunas cosas tenemos, el tema de los matafuegos, un plan de evacuación, salidas de emergencia, elementos de seguridad para el personal y todo lo que haga falta, ahí es donde necesito de tus conocimientos, tenemos muchas cosas, pero hace falta una mirada profesional sobre el tema.
-Es lo mejor Carlos, quizás en algún momento creas que es demasiado, pero ante un imprevisto, es importante contar con todos los medios de seguridad, aunque no lo creas, les puede salvar la vida tanto a tus empleados como a vos.
-Seguramente, ya he tenido algún accidente en la planta y bien caro me han salido.
-Además, si un empleado, por no contar con los medios de seguridad adecuados tiene un accidente, eso no solo impacta en la productividad, también te puede traer problemas legales o con los sindicatos.
-Es cierto, nos pasó!
-En ese caso, será necesario recorrer todas las instalaciones de la empresa y si fuera posible, hablar con los responsables de las diferentes áreas, para estar al tanto de lo que se hace en cada una de ellas y luego de eso, te preparo un informe de todo lo que habría que hacer.
-Perfecto! Y también armame un presupuesto de lo que saldría tu trabajo!
-Muy bien! Podremos hacer una recorrida ahora? Tenés tiempo?
-Sí claro! Pero a las tres tengo una reunión en el centro!
-No hay problema! Hacemos una recorrida inicial, y luego vendré un par de veces, para ver todo en detalle y hablar con los responsables, te parece?
-Me parece bien! Yo les avisó y vos venís cuando quieras!
-Seguramente será tres o cuatro tardes, por la mañana estoy en el otro trabajo.
- Buenísimo! Vamos!
Salimos de su oficina y Carlos le dijo a su secretaria que cualquier llamado se lo pasará al móvil, la chica estaba de espaldas y vi cómo le miraba el culo, y por la forma de dirigirse a ella, llamándola Fabi, me dio por pensar que había cierta confianza entre ellos.
Por casi media hora recorrimos la empresa, y en cada área, me iba presentando a la persona responsable, comentándoles que conversaría con ellos en unos días.
Durante el recorrido fuimos hablando, y a cada momento que pasaba, me daba cuenta de lo engreído que era el tipo, además de baboso, diciéndole algo a cada mujer que cruzábamos.
Luego de ver la empresa no despedimos en la puerta con un apretón de manos, quedando de acuerdo en que la semana siguiente vendría varias tardes.
En mi trabajo y en el contacto con tanta gente, he aprendido a darme cuenta cómo son las personas, y en raras ocasiones me equivoco, y en este caso, me parecía que Carlos además de pedante y creído, tenía ciertas actitudes de dominio, como de marcar su situación de poder, sobre todo con las mujeres.
*
Ese fin de semana estuve solo y aproveché para salir a pedalear el sábado y el domingo por la mañana, por la tarde, me quedé en casa haciendo un poco de orden y limpieza, y luego leyendo a la sombra en el jardín el fondo.
Dos libros estoy leyendo, uno de Paulo Cohelo y el otro de García Márquez, ambos los habíamos empezado a leer con Pilar, a ella también le gustaba la lectura, y teníamos la costumbre de leer entre los dos cada libro, varias páginas o un capítulo cada uno, y estos dos no sé porqué, no los podía terminar.
Luego de cenar el domingo, preparé todo para la visita a la empresa del día siguiente por la tarde, me iría directamente desde el trabajo.
Llegué cerca de las dos la tarde a la empresa de Carlos, fui hasta su despacho, y me dijo que me moviera tranquilo por la empresa, que él tenía que salir a una reunión, y un momento después lo vi irse con su secretaria.
Me quedé pensando en ese momento en que quizás la reunión sería tan sólo entre ellos dos, no sé porqué...
Continuará…
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