Xtories

Larga batalla por una esposa. 31

María llega con una propuesta que cambia todo: ella tiene el plan, la determinación y la voluntad para actuar donde otros fallaron. Pero su ayuda tiene un precio íntimo y requiere una obediencia absoluta que Javier no se atrevía a imaginar.

Tayfun23.8K vistas7.2· 25 votos

Larga batalla por una esposa. Capítulo 31

Me llegó casi simultáneamente un mensaje de alivio de mi hija, su madre ya estaba de nuevo en Barcelona y todo iba bien… no quise preguntar ni decir nada, por supuesto, la tranquilidad de ella era más importante que todas las inquietudes y desatinos que me rodeaban.

Sorprendentemente, María vino a visitarme una semana después de mi “excursión” a Dominicana. Lo hizo casi imponiendo su presencia, avisándome prácticamente cuando ya estaba en Toledo, bajando del AVE. Quedé con ella en Zocodover y nos sentamos en la única terraza clásica que allí sobrevive, rodeados de turistas que engullían la bazofia del burger aledaño. Hablamos de cómo habían cambiado las cosas en España, que ahora sólo trabajaban como camareros chavales hispano-americanos o magrebíes, y que tanto unos como otros aportaban mucho, pero también eran partícipes de unas costumbres y mentalidad bastante alejadas de la nuestra, unos más y otros menos, desde luego. Lo mejor era que María ya se había jubilado, anticipadamente, pero el dinero no era problema, y aspiraba a disfrutar de unos años sin horarios y con salud. La conversación trascurría anodina, de lo uno a lo otro, como dos amigos que no tuvieran preocupación alguna ni temas pendientes. Ya pensaba en ir cerrando y volver a casa, cuando por voluntad de ella entró en liza el asunto de Beatriz. Parecía que sólo deseaba conocer en qué estado estaba la cuestión, pues ella ya había perdido todo contacto, tanto con la pareja nefasta como con mi ex-mujer. Decidí, y no se porqué, contarle mi última peripecia “caribeña”, sin escatimar detalles. ¿De verdad te has gastado esa pequeña fortuna y has viajado a semejantes chiqueros en busca de Beatriz?... La pregunta era retórica, solo la hacía para fijar un dato que sabía de sobra era tan cierto como el alba y el ocaso. Su expresión fue pasando de la curiosidad al espanto para terminar en conmiseración… Estoy seguro de que le afectó en lo más íntimo de su ser, hasta el punto de mudarle el semblante y permanecer sin decir nada.

Apuré la cerveza, dejé pasar varios ángeles y ya cuando me disponía a pagar la cuenta y despedirme, María dijo algo que trastocaría todo, que supondría el vuelco definitivo, el cambio de rumbo que parece mi subconsciente intuía y por el que realmente me había anclado a un calvario de decepciones. Fue breve pero determinante y podría resumirlo así: “me voy ahora mismo a mi casa porque tengo una tarea ineludible, eres un hombre maravilloso, como muy pocos hay en el mundo, y en unas semanas sabrás de mi. Por favor, presta atención al teléfono y haz lo que yo te diga, sin preguntas ni titubeos. Te mereces lo mejor y lo vas a tener…”

Me dio el par de besos en la mejilla de rigor y la pude observar como se alejaba, camino de la parada de taxis, con un andar que no podía dejar de ser femenino, sandalias y pantalón que marcaba unas piernas bien contorneadas, con una cintura oscilante estrecha, justo sobre glúteos naturales en omega.

Caminé como un autómata, desde Alcántara por la ronda y saltando el Puente de la Degollada para alcanzar la Ermita del Valle. Luego continué hasta el Cigarral de Caravantes y volví a entrar en el núcleo urbano por San Martín. El vistazo a la Cava, evocando la leyenda de Florinda y el rey godo, conseguiría finalmente hacerme pensar en algo agradable, al menos estimulante. Las mujeres siempre detrás de las penurias, pero también fuente y alimento de las grandezas…

Ya en casa, pude advertir que me había llegado un mensaje de whatsapp. Era María y me pedía que abriera un correo que me acababa de enviar al mail. Transcribo su contenido entero, porque me parece esencial en esta larga y compleja historia:

“Estimado Javier, muchas cosas me gustaría contarte, que se remontarían a casi un decenio de años atrás. Pero voy a decirte lo principal, y prefiero hacerlo por este medio, porque es el mejor. Escribiendo puedes pensar, analizar, ponderar y corregir. Hablando saltas de lo principal a lo accesorio, acabas dejando lo imprescindible en el hueco del olvido o de la prudencia, porque no sabes expresarte con la precisión necesaria.

Conocí a Beatriz en el trabajo, y créeme cuando te digo que todos estábamos turbados por su belleza. No solo la exterior, que bien sabes es impresionante, sino también por la interior. Es una gran mujer, dulce como muy pocas hoy lo son, dispuesta a hacer feliz a quien esté a su lado. Para bien y para mal, también es multiorgásmica y ello la hace vulnerable cuando cae en las manos sucias de gente aborrecible, como Joana y Rubén.

Creo que yo misma estuve algo enamorada de Beatriz. Nunca me atreví, por supuesto, a decirla nada y siempre me he mostrado con ella respetuosa y leal. También sabia, porque había compartido contigo alguna cena de Navidad de la empresa, que eras buena gente. Este tiempo horrible, en el que ella ha caído en las garras de esos impresentables he podido conocer de primera mano, y ser muy consciente, de tu categoría como ser humano y como hombre. Hoy, saber todo lo que has gastado, en tiempo y dinero, me ha conmovido profundamente. Te han golpeado sin piedad, te han humillado, te han lastimado hasta un punto que poca gente es capaz de tolerar. Y no eres ningún consentidor o “manso”, tal que algún corto-mental de espíritu decimonónico pudiera pensar (si es que esa palabra sirve para tales individuos). Amigo mío, tu seguro que sabes, y hasta conoces, del típico “machito” (muchos nos vienen ahora allende los mares) que se atiborra de porno y lee relatos eróticos, pero que se tiene por muy moral y decente. Están, además, muy seguros de su “hombría”, el trasfondo de su código consiste en que la mujer (la “suya”) no la toque nadie y el pueda tomar la que se deje o consiga. Sus límites son los del paleo-cerebro que les guía, el de un mundo simple, de cretinos que se creen faros de la ética, unívocos en su pensamiento y, sobre todo, hipócritas, muy hipócritas. Sus historias son breves, simples, concisas, estrechas… como su horizonte vital… y su sensibilidad. Del camino no quieren saber, porque no saben andar. Viven, es un decir, en la “cultura de lo acultural”, algunos incluso van a misa pero no entienden nada, y del mismo modo que se atiborran de grasas vacías engullen lecturas huecas y ordinarias. Cuando se topan con algo hermoso, original o simplemente con vocación de serlo, no sólo no lo reconocen sino que lo desprecian, sólo porque no encaja en su pensamiento mononeural. Sea una idea, un edificio, un libro o una mujer.

Me encanta como eres, humano, afable, indulgente, empático, luchador en la adversidad, honrado, desprendido, paciente. En suma, buena persona, en todo y para todos. Has tenido muy buena y a la vez muy mala suerte. Tienes una mujer especial, se cuentan con los dedos de una mano las que existen similares a ella. Pero igualmente has tropezado con unos monstruos como muy pocos hay también…

Termino, Javier. Te prometo que voy a actuar con la vileza y maldad y que a ti te faltan. Son las armas para combatir la iniquidad y perversidad con la que te has topado. Sólo te voy a pedir dos cosas. La primera es que me hagas caso en cuanto te voy a solicitar, sin preguntar y sin titubeos. Lo segundo es que valores mi presencia en tu vida, es decir, si crees que podemos compartir muchas cosas, intimidad incluida. Estoy más que segura de que vas a ser feliz, ese es el único y principal objetivo que voy a tener en este tiempo que se viene. Estoy seguro que vas a estar a la altura porque, como dijo el pensador, tienes esa generosidad y ceguera necesarias para saltar al precipicio, pensando y sabiendo que lo haces, empujado por la fuerza que mueve a esos humanos que verdaderamente se distancian del simio: el amor.

Un gran beso

María”

Continúa en