Xtories

Mi vecina - 7 -

Bajo la mesa del restaurante, dos mujeres se disputan su placer mientras el mundo exterior sigue girando. Lucía ya no tiene excusas ni miedos, y esta vez decide tomar el control sin importar quién los observe.

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Volvió Lucía un par de días después y todo volvió a la normalidad. Tal vez no, tal vez era una normalidad un poco mejor. Se mostraba más simpática y cercana, como si se hubiese despejado el día de repente cuando parecía que iba a llover. Las llevé a cenar a un restaurante que conocía de mis tiempos de estudiante, un lugar con biombos y mesas resguardadas, para poder darte el lote sin que te viesen. Mi intención era ir solo con Lucía, presentía que nuestra relación iba a dar un salto adelante y buscaba intimidad pero Mónica se apuntó en el último momento. Con respecto a Lucía me daba cuenta de que ya no podía controlarme y no quería hacerlo. Erámos adultos responsables y si la cosa no iba a mayores era por aquella situación tan rara a tres bandas que teníamos.

Incluso con Mónica delante pensaba pedirle ser pareja y que durmiese conmigo, los manoseos y las masturbaciones estaban bien pero ya había sido muy paciente. Vamos, que quería meterla en caliente y ya me estaba hartando.

Comimos bien y bebimos un pelín más de lo necesario. El vino estaba muy bueno y desaparecieron dos botellas entre los tres. Así sin más ni más, en los postres me dio por comentar lo que había sucedido con Amparo. Lucía, de repente, por toda respuesta se acomodó a mi lado y empezó a meterme mano al paquete. De la sorpresa paré de hablar.

- Pero sigue hombre, no me dejes con la intriga.

Su mano se deslizaba sinuosa sobre mi virilidad que no necesitaba más para despertarse.

- Bueno – Continué como pude – Así que Mónica me bajó el pantalón...

No sin alguna dificultad Lucía me bajó la cremallera del pantalón con una sola mano y metiendola por debajo del calzoncillo empezó a masturbarme. Al otro lado estaba Mónica y aunque la mesa tapaba bastante su linea de visión era muy evidente lo que estaba pasando. Por otro lado nuestra mesa estaba bastante oculta por los biombos pero el camarero podía aparecer en cualquier momento. Me detuve otra vez con la boca abierta de par en par mirando a Lucía con una pregunta implícita. La respuesta llegó con su lengua explorando los recovecos de mi boca, frotándose libidinosa contra la mía haciendo que me pusiese duro como una piedra a pesar de tener el pene bastante aprisionado por el pantalón y los calzoncillos.

- ¿Te empezó a hacer una mamada al mismo lado de la puerta? – Me preguntó

Con la otra mano aflojó el cinturón y bajó algo el calzoncillo. Reconozco que cooperé porque estaba completamente subyugado. Miré a Mónica pero... ¿dónde estaba Mónica?

Sentí una lengua traviesa envolviendo mi capullo, lenta y tranquila, explorando. Mónica se amorraba a mi polla y sus labios al moverse metiendo y sacando mi balano topaban con la mano de Lucía que me masturbaba al mismo tiempo. Ambas trataban de acompasarse.

- Sí – Respondí tratando de seguir la conversación – Empezó a gritar como una posesa al darse cuenta de lo que estábamos haciendo

Sin dejar de masturbarme Lucía se me acercó todavía más y sopló en mi oreja provocándome un escalofrío para después lamer lentamente detrás del pabellón auricular, acariciarlo por dentro o mordisquear el lóbulo

- ¿Así era como te pitaban los oídos con los gritos de esa puta? - Me preguntó pero sin dejar que contestase siguió - ¿Te la chupaba así?

- No, lo hacía... más deprisa – Dije sin razonar, con los fusibles fundidos.

Lucía dejó de masturbarme y acariciando a Mónica le obligó a aumentar el ritmo

- ¿Con este ritmo?

Mónica me aspiraba la polla succionando con fuerza, algo más ansiosa

- Algo más deprisa

Lucía aceleró todavía más el ritmo de Mónica, que se dejaba guiar emitiendo unos ruidos increiblemente eróticos.

- ¿Sabes lo que hizo tu ex al otro lado de la puerta aunque no lo creas?

- No

Cogió mi mano y la llevó a su entrepierna, introduciéndola con el mayor descaro bajo su falda. Estaba encharcada. Comenzó a masturbarse con mi mano

- Se estaba masturbando así. La muy puta quería ser la que te estaba chupando la polla

Era increible. Menudo morbo. Ya no sabía qué hacer. Abrí los ojos para ver que desde el pasillo del restaurante, entre los dos biombos por los que pasaban los camareros nos estaban observando. Me importaba todo tan poco que no me alteré.

- Por favor – Dije alzando algo la voz para llamar la atención al espectador – Traiga un par de cafés y... - No sabía qué iba a querer Mónica. Se escuchó un sonido de succión y un PLOP

- Un sorbete de limón por favor – Pidió Mónica desde debajo de la mesa antes de volver a su tarea

No sé si el camarero se retiró pero nosotros seguimos a lo nuestro. Ya no podía más, exploté un minuto después en la boca de Mónica que se afanó en dejar limpio mi balano. Lucía me siguió usando para masturbarse hasta terminar empapándome la mano, que secó a base de lametones lentos y morbosos.

Cuando llegaron los cafés, fuera ya aquella atmósfera irreal que habíamos creado, me sonrojé como un idiota. Lucía comentó que llevaba más de dos años luchando contra un cáncer rebelde de hígado. Hace seis meses que parecía haberlo superado, acababa de volver de su médico, en Francia, el único en el que por lo visto confiaba y las últimas pruebas mostraban que estaba todo bien. Tenía que revisarse anualmente pero ya se consideraba una persona sana.

- Así que – Me dijo – Esta noche ceno contigo y ya veremos cómo terminamos. Ya no tengo nada que impida que estemos juntos.

Era eso. Lucía había estado preocupada todo el tiempo por el cáncer y no quería empezar ninguna relación sin saber que lo había superado

Aquel día comprendí muchas cosas de Lucía y su forma de ser, sus dudas y reparos en estar conmigo. Pero todavía me quedaban sorpresas por descubrir.