Las siete 6
La casa es su reino, pero las reglas son absolutas: silencio, mirada al suelo y obediencia ciega. Cuando Irene cruza la puerta, no solo entrega su cuerpo, sino su voluntad, mientras el amo ya tiene planeado su próximo juego con otra mujer que sueña con ser tratada como un objeto.
Capítulo 6.
Habían pasado unos meses en los que disfrutaba de Cristina durante la semana y de Isabel los fines de semana. Ahora vendría la que podría llegar a ser la tercera sumisa de las siete que me propuse. Lo hablé con Isabel y esperamos su llegada por la tarde.
Poco después de las cuatro de la tarde apareció Irene. La hice entrar en la casa pero sin pasar del vestíbulo le dije:
-Esta es mi casa y para poder entrar en ella hay unas condiciones previas. Nunca vendrás con pantalones y al entrar te desnudarás y te pondrás un collar,- que ya tenía preparado, -además no podrás hablar si no se te pregunta directamente. Tu mirada debe ser siempre hacia el suelo salvo indicación contraria y las manos las llevarás en la espalda. Estas son las normas principales, hay más que aprenderás con el tiempo si decides seguir.- Iba a indicarle que si quería hablar como habíamos quedado tenía que cumplirlas aunque después se marchase al no convencerle lo que le propusiese pero se me adelantó y comenzó a desnudarse de forma rápida y dejando en el suelo la ropa, sin abrir la boca y sin mirarme.
Me fijé en ella detenidamente mientras se desnudaba. El pelo por encima del hombro con un rizo final y las gafas de color rosa en una cara redonda le daban un aspecto más juvenil y simpático. Su piel era muy blanca lo que me indicó que cualquier azote se notaría mucho. Era rellenita y por suerte joven pero si no se cuidaba pronto pasaría de rellenita a simplemente gorda. Tenía unas grandes tetas con areolas enormes del mismo color que sus pezones que ya estaban erectos. El culo grande y carnoso, delicioso para los azotes. El coño depilado entero con unos labios sabrosos y cerrados. Tenía un cuerpo apetitoso pero en el límite de lo que me gusta, un poco más de peso y para mi dejaría de ser atractiva, eso tenía que tratarlo con ella.
Terminó de desnudarse y se puso el collar. Antes de que le dijera que pasara al salón, le vi buscar algo hasta que encontró colgada del perchero la correa, que se enganchó y me la ofreció. Me gustó el gesto y lo decidida que estaba.
Cogida de la correa la llevé al salón donde estaba Isabel arrodillada en espera. La llevé a su lado y le mandé arrodillar.
-Esta esclava es Isabel, si decides quedarte en esta relación ella estará por encima de ti en jerarquía. Ella será también quien te adiestre en las posturas que debes poner y en las normas. Pero antes de todo eso quiero explicarte lo que espero de ti y si eso no te convence te marchas y tan amigos.-
-Sí Señor.- Me di cuenta que hasta ese momento no había hablado, ni siquiera cuando le abrí la puerta. -Señor ¿que es jerarquía?.-
-Es el orden, algo así como que ella será tu jefa.-
-Sí Señor.-
-Como ya te dije yo busco esclavas. Me has dicho que eres masoquista y puedo hacer que nuestra relación gire en torno a eso. Pero has de tener muy claro que si no me apetece azotarte durante días o semanas, no lo haré pero eso no significa que no quiera usarte, humillarte o degradarte como la esclava que quiero que seas. Debes estar siempre dispuesta para que pueda usarte como y cuando me plazca. ¿Hasta ahí lo entiendes?.-
-Sí, bueno… ¿qué es plazca? Entiendo algo de látigos, fustas y esas cosas pero esa no me suena.-
Vaya me tocó la cortita, es lo que pasa si dejas los estudios y no lees. Tampoco es que deba ser académica pero hay palabras que no son tan raras.
-Plazca no es una cosa, es si me apetece. Aunque no te guste la lectura, antes de irte hoy te dejaré unos relatos sobre como ser esclava y lo que espero que seas tú. Pero te daré unas nociones básicas, quiero decir, te diré lo que suelo hacer.- Al final voy a tener que reducir yo mi vocabulario.
-Voy a follarte por la boca, el coño y el culo. ¿Eres virgen de algún sitio de esos?.-
-No Señor. Aunque por el culo hace ya tiempo.-
-Eso lo solucionaremos, cada vez que vengas debes ponerte un enema para estar limpia, ¿sabes lo que es?.-
-Sí señor.-
-Otra cosa, quiero que hagas ejercicio o que controles la dieta, me da igual, pero debes perder unos cinco kilos y quedarte ahí si quieres. Te pesaré y si aumentas serás castigada. Tengo una cinta de correr y una bicicleta estática muy curiosa, puedes si lo deseas venir a usarlas.-
-Señor, es más bien la dieta, no se cocinar y como todo precocinados. Ya se que es malo pero tampoco tengo mucho tiempo para aprender y ponerme a cocinar.-
-Pues decide tú, en internet hay recetas de todo tipo de comida y cocinar no es tan difícil. Puedes cocinar una gran cantidad y congelar para no hacerlo todos los días. Y el ejercicio siempre te vendrá bien. A mi me da igual como lo hagas pero tienes que perder cinco kilos como mínimo en un mes y medio. Si no lo consigues es que no estás entregada y no te aceptaré como esclava. A partir de ahí ese será tu peso límite, si lo superas te castigaré. ¿De acuerdo?.-
-Sí Señor.- Dijo bastante compungida.
-Bien. No pienso interferir en tu vida laboral ni social. Es decir, nuestra relación será privada entre nosotros y no te molestaré ni en tu trabajo ni con tu familia o amigos. Soy muy discreto y espero eso también de ti. ¿De acuerdo?.-
-Sí Señor.-
-Quiero obediencia total y no doy segundas oportunidades. Si decides no continuar no podrás regresar. Aquí estás voluntaria y nadie te obliga pero si te marchas no volveré a admitirte, eso que lo tengas muy claro. Además debes saber que si me apetece que tengas sexo con otras personas deberás hacerlo, todo siempre con discreción. ¿Entiendes?.-
-Sí Señor, ¿eso es que me va a poner de puta?.-
-No, eso no es eso. Es posible que algunos amos lo hagan y que algunas esclavas les excite. A mi ni me excita ni me gusta. Lo que me refiero es que te preste a otros amos o amigos, pero nada de prostitución. Por cierto, ¿lo has hecho alguna vez con mujeres?.-
-No mucho Señor.-
-¿Que significa no mucho?.-
-Pues que alguna vez estando borracha me he liado con alguna pero sin llegar a mucho, besos y sobar algo, nada más. No soy bollera.-
-Una esclava no tiene orientaciones sexuales, debe hacer lo que le mandan, tanto si es con un hombre como con una mujer. ¿Tienes problemas con eso?.-
-Creo que no. Me gusta el sexo aunque prefiero con hombres, pero nunca tuve un momento para estar con una tía a solas.-
-Pues conmigo lo tendrás, me gusta ver a mis esclavas dándose placer unas con otras. Creo que además es el momento. Ponte en pie, las manos en la nuca y las piernas abiertas.- Lo hizo sin rechistar.
-Isabel, come el coño de la nueva a ver como le sienta.-
Ni se lo pensó, gateó hasta ponerse entre las piernas de Irene y comenzó a chuparle. Al principio puso sus manos sobre los muslos de ella pero a los pocos segundos las apartó y se las puso a la espalda. Su cabeza oscilaba entre los macizos muslos de Irene que se iba excitando por momentos. Me levanté y me puse a su espalda agarrando esas enormes tetas y tirando de sus pezones.
-Isa, ¿como vas por ahí abajo?.- Creo que fue la primera vez que usé ese diminutivo, posiblemente para demostrar mi cercanía con ella frente a la nueva.
-Está ya muy excitada Amo, no para de mojar.-
-Sí, estoy muy caliente Amo.- Dijo sofocada Irene, usando por primera vez la palabra amo.
Le retorcí un pezón hasta que logré que gritara.
-No te di permiso para hablar zorra. No vuelvas a hacerlo.-
-Sí Amo.- Dijo mirando su irritado pezón pero más excitada por el dolor que asustada.
Cuando llevaba un rato y su respiración me hacía ver que estaba a punto de correrse dejé de tocarle las tetas.
-Para Isabel. Vamos al dormitorio de los castigos, síguenos.-
Irene estuvo a punto de protestar, tenía el orgasmo a punto y se lo arrebaté. Cuando abría la boca para decir algo sintió que le tiraba de la correa y se calló resignada. Ambas me siguieron al dormitorio que tenía adaptado con argollas y cadenas. Me fijé en su cara al entrar y creo que casi tiene el orgasmo al verlo.
La até de las muñecas al techo y le puse una mordaza.
-Conmigo no hay palabra de seguridad. No soy muy rudo y si no puedes soportarlo es que no me sirves como esclava. La mordaza es por los vecinos, si no puedes aguantarlo chasquea los dedos como si cantaras flamenco. Si lo haces pararé pero no te admitiré como esclava, ya te he dicho que no soy muy duro en los azotes.- Le puse un antifaz para que no viera lo que le haría, que no sería mucho pues no quería que volviera a trabajar por la noche muy fastidiada.
Como me dijo que trabajaba en moto no quise darle fuerte en el culo que me atraía, ya tendría tiempo. Aún así le di con el látigo corto unos buenos azotes hasta ponerlo colorado. Dejé el látigo y cogí la fusta. Entonces Isabel que estaba de rodillas en la puerta me hizo señas que mirara el coño de Irene. Estaba chorreando. Me acerqué a ella y le metí sin avisar dos dedos en el coño y con el gordo apreté su clítoris. No hice nada más y se corrió con espasmos y gemidos ocultados por la mordaza quedando colgada de sus muñecas y con las piernas lacias.
La dejé unos minutos y cuando aprecié que las piernas volvían a sujetarla empecé a darle fustazos en las tetas. Aquí no me contuve, especialmente me entretuve en los pezones. Cuando la azoté en el culo apenas gemía, ahora estaba desbocada soltando el aire a cada azote. Pero eran gemidos de placer. Descansé en las tetas y me propuse darle unos cuantos en el coño, pero cada golpe salpicaba por la cantidad de flujo que salía de la vulva. Paré y de nuevo le metí los dedos y antes de buscar con el gordo donde apretar ya se había corrido otra vez. Después de varios temblores otra vez se quedó colgando sin poder sujetarla las piernas.
Es cierto que era masoquista y buscaba quien la azotara. Nunca había visto a nadie correrse tan rápido con los azotes ni tan intenso. Quizás no fuese la esclava que buscaba, no está entre mis preferencias los azotes intensos que supongo es lo que ella buscaba.
Paré y decidí plantear una sesión dura en otro momento para ver hasta donde llegaba. Ni siquiera la había azotado como cuando lo hice la primera vez con Isabel.
La ayudé a desatarse y la envié a la ducha. Mientras imprimí unos relatos cortos y me fui al salón con Isabel enganchada de la correa.
Me senté en el sofá y me la saqué.
-Chupa pero no quiero correrme, básicamente quiero que la tengas dentro hasta que te avise.-
-Gracias Amo.- Me dijo complacida de meterse mi polla en la boca.
Apareció al rato Irene ya duchada y desnuda salvo el collar. Se quedó parada sin saber que hacer.
-Deja el collar en el vestíbulo, te vistes, coges los relatos que te he dejado y te marchas.-
-¿No me va a aceptar Amo?- La cara estaba a punto del llanto y me di cuenta que no se había percatado de que si le dejaba los relatos es que querría verla otra vez. Quizás fui demasiado tajante.
-No arranques a llorar, no me gustan ni siquiera los pucheros. Vamos a dejarlo por hoy, vendrás de nuevo mañana para que Isa te enseñe las posturas que debes poner. Busca un día de la semana que te venga bien para una sesión de disciplina fuerte. Necesito saber cuanto aguantas, pero lo más importante es que te leas esos relatos, en ellos se describe más o menos como es la esclava que busco. Piénsalo bien, te repito por última vez, no soy un amo que se limite a darte azotes, así que si buscas eso conmigo no lo tendrás. Lee, piensa y si quieres seguir mañana a la misma hora.-
-Vale Amo. Quizás el mejor día sea el martes cuando salga del hotel a las siete. El miércoles entro a las once y media de la mañana y puedo estar toda la noche que al día siguiente suele ser un día tranquilo.-
-De acuerdo, el martes al salir te vienes, pero mañana después de pensarlo te vienes también. Y de nuevo es la última vez que lo digo, no doy segundas oportunidades. Y por supuesto en cualquier momento te puedes marchar.-
-Vale Amo.- Se vistió y se marchó.
-Isabel, tráeme el portátil.- Fue a por él y cuando llegó la tumbé sobre mis rodillas y sobre su espalda apoyé el portátil. No debía estar cómoda, sobre todo cuando el aparato se fue calentando pero no escuché ni un solo gemido. Era una sumisa estupenda.
Desde el portátil encargué un mueble de taquillas. Todos eran de taquillas pares, así que encargué uno de ocho. La idea era ponerlo en el vestíbulo y que cada esclava tuviera la suya para dejar su ropa y guardar su collar.
Encargué también unos paneles adhesivos insonorizantes para el dormitorio de castigos. Así como una mesa recia para atarlas y un potro. Todo llegaría según la web el miércoles. Hice un pedido importante a un sexshop con diversos artículos, desde látigos hasta vibradores con control desde el móvil. La cuenta del banco dio un bajón importante y aunque no me sobraba el dinero sí estaba desahogado y no me importó. Tarde o temprano tendría que comprar esos artículos.
Aparté el portátil y dejé que Isabel terminara la mamada que quedó interrumpida y como iba a ser ya la tónica, al correrme yo lo hizo ella también. Me encantaba esa sensación de ver como le llegaba el orgasmo al chupármela y me miraba agradecida.
Al terminar y guardármela, ella de rodillas se fue al centro de salón en la posición de espera como hacía siempre.
-Isabel, ¿que te parece la nueva?.-
-¿Me pregunta a mí, Amo?.-
-¿Cuantas Isabel ves en la habitación?.-
-Perdón Amo. Pero yo no se decirle, sólo soy su esclava.-
-Mañana cuando ella llegue, probablemente esté yo echando una siesta. Le abres y le enseñas las posturas, recuerda que ella debe obedecerte en todo, tú estás sobre ella en jerarquía. Quiero que te fijes muy bien en todo lo que haga o diga. Aún no la he aceptado y hasta la sesión fuerte de azotes no tomaré una determinación, por eso quiero que me ayudes a tomar esa decisión. Creo que esta chica tiene mucha determinación pero no estoy seguro de si entiende donde se mete.-
-Sí Amo.-
Al día siguiente Isabel estuvo parte de la tarde en el salón enseñando las posturas a Irene. Poco antes de su hora para marcharse al trabajo entré en el salón. Isabel inmediatamente se arrodilló en espera, pero Irene tardó en reaccionar y en realidad lo que hizo fue imitar a Isabel.
Entré con la fusta en la mano y fui dándole a Irene en el culo sin mucha fuerza mientras hablaba y andaba a su alrededor.
-Hay un inconveniente esta semana zorra, tengo trabajo y no podrás venir.- Quería darle la sesión con los nuevos instrumentos y esos no llegaban hasta el miércoles. -Así que te vienes el sábado a la misma hora.-
-Sí Amo.- Dijo decepcionada.
-Bien, pues vístete y te marchas que ya casi es la hora.-
-¿Amo? ¿No me va a follar? Ayer tampoco lo hizo.- Lo dijo mirándome a la cara lo que le valió un fustazo fuerte que no se esperaba. Empezó a pasar sus manos por el culo dolorido y le di otro fustazos sobre sus manos.
-Las manos a su sitio zorra. ¿No te dije que no me mires a la cara?.-
-Lo siento Amo.- Recuperó la posición pero aún le di otros fustazos más.
-Te follaré cuando me apetezca, te azotaré cuando me apetezca y te llamaré cuando me apetezca. Eso debes tenerlo claro. Márchate y da gracias que aún no te prohíbo que te masturbes o tengas relaciones con quien quieras. Aún no te he aceptado.-
-Lo siento Amo.- Se levantó con los ojos húmedos, creo que por no tener la ración de sexo que se esperaba y haber estado toda la tarde haciendo posturas. Se vistió y se marchó.
Me senté en el sofá.
-Tengo un problema, quiero que me hables de ella pero también quiero que me la mames y las dos cosas son incompatibles porque usas la boca.-
-Amo, puedo chupar un poco, hablar y volver a chupar. Pero si prefiere puedo chupar hasta que se corra y después hablamos.- Me dijo pícara mientras se acercaba gateando a mi entrepierna.
-Bueno, te dejo que me la acaricies mientras hablamos, después la chuparás.- Le dije sacándola mientras ella acariciaba mis ingles.
-Dime, ¿que te ha parecido la chica?.-
-Es guapa Amo, y no creo que tenga tanto sobrepeso como insinúa el Amo.- Seguía acariciando mis muslos pero no se acercaba a mi polla.
-Eso es porque es muy joven, como tú. Pero en un par de años si no se cuida irá a más. No todos tenemos el mismo organismo, unos tienden a engordar más que otros, y ella es de esos. Ahora no se le nota mucho pero si no lleva un control de la dieta o del ejercicio engordará mucho. ¿Que tal ha estado esta tarde, te ha obedecido?.-
-Sí Amo, no ha puesto ninguna pega. Aunque me preguntó una cosa que no supe responderle. Me dijo que si hacía mal las posturas que le enseñaba si la castigaría yo. Le dije que aunque debía obedecerme en todo, los castigos sólo los da el Amo. ¿Hice mal en decirle eso?.-
-No, es exactamente así. Si hay que castigar lo hago yo. ¿Llegaste a enseñarle todas las posturas?.- Son solamente cinco. Las dos de espera, rodillas y de pie. La de inspección y las dos de castigo también una de rodillas y otra de pie. Estuvieron dos horas así que tiempo tuvo de sobra, de mucha sobra.
-Sí Amo. Pero a veces se lía con el nombre. Las posturas las sabe y las hace bien, pero suele confundir. Si le digo que haga la de inspección a veces hace la de espera de pie, cuando le digo que es la de las manos en la nuca entonces ya la hace bien. Es cuestión de repetirlas mucho Amo.-
-Pues ese será tu trabajo, el sábado cuando venga empezarás con ella y si no lo hace bien me lo dirás para su castigo. Pero quiero que sepas que si el mismo sábado no termina de aclararse tú también serás castigada. Así que aplícate.-
-Sí Amo.- Seguía sin tocar la polla con sus caricias.
-¿Que haces esclava? ¿No te dije que me acariciaras? Aún ni la has tocado.-
-Lo siento Amo, estaba esperando.-
-¿Esperando a qué?.-
-Para mamarla Amo. Me gusta mucho sentirla crecer en mi boca y no quería que se empalmara antes. Lo siento me he dejado llevar por mi placer y le pido perdón.- La vi sinceramente afligida.
-Trae la fusta, ese fallo tuyo tiene castigo.- Se levantó rápido y la trajo adoptando la postura de rodillas de castigo poniendo su culo frente a mi. Es lo que me gustaba de ella, lo rápida de pensamiento que era. Yo no le dije nada de adoptar ninguna postura pero si la iba a castigar y yo estaba sentado, esa era la postura más cómoda para mi.
Le di unos cinco azotes muy rápidos y no muy intensos.
-Vuélvete y empieza a mamar zorra.- En cuanto se la metió comencé a fustigarla despacio y sin intensidad, estaba más pendiente de su mamada.
Me la puso dura en unos segundos y consiguió que me corriera en pocos minutos, pero ella no se corrió, y eso me extrañó mucho. Cuando me recuperé llevé mi mano a su coño que abrió para facilitarme, y estaba chorreando.
-¿Te ha faltado poco para llegar o es que ya no te excitas con la polla de tu Amo?.-
-No Amo, siempre me excito con su polla y con su corrida, es deliciosa. Pero no lo merecía. Pensé que no debería obtener placer por no habérsela acariciado como me dijo.-
-Eso debo decidirlo yo. Me gusta que tengas iniciativa pero los castigos los impongo yo. No vuelvas a hacer nada así o me enfadaré mucho. Túmbate en mis rodillas boca abajo.-
Se puso y noté sus tetas aplastadas en mis muslos. Le corregí la postura para echarla más adelante y que quedaran las tetas colgando, visión que me encanta aunque en esa postura es difícil de apreciar.
Le di unos cinco azotes por cachete y con su culo rojo metí la mano en su coño y comencé a masturbarla hasta que al poco me pidió permiso para correrse y se lo di.
-Isabel, aún llevamos poco juntos y todavía tenemos que conocernos mejor. Ya me has dicho más de una vez que te gusta sentir mi polla en tu boca según se endurece.- Le decía esto mientras ella se recuperaba de su orgasmo y yo le acariciaba el culo. -No creas que cae en saco roto, procuraré darte ese placer pero recuerda que el principal placer es el mio no el tuyo.-
-Sí Amo, gracias.-
Desde ese fin de semana, Isabel se traía lo necesario el viernes para pasar la noche del domingo en mi casa e ir de allí directa a la universidad el lunes por la mañana.
La semana pasó rápido. Tenía más trabajo que de costumbre por una nueva serie de artículos. Seguía follando a Cristina una o dos veces en la mañana. A veces, antes de irse que estaba en la bicicleta o la cinta, me pasaba a darle unos azotitos y animarla.
La novedad de esa semana fue una administrativa del puerto. Era rara la semana que no tenía que ir a la Autoridad Portuaria. En la empresa nos llegaban contenedores continuamente, y no uno o dos, a veces cuando llegaba un barco nos traían unos cuarenta o cincuenta contenedores sólo para nosotros. Eso me obligaba a ir a visitar al Director de Planificación del puerto casi todas las semanas para papeleo que podía delegar fácilmente pero me interesaba hacer amistad con él por si alguna vez se necesitaba algún favor.
Entre las administrativas que estaban en la sala anterior a su despacho donde esperaba para que me recibiera había una en la que me fijé ya el primer día. Era una chica de treinta años guapísima. Pelo castaño largo muy por debajo de los hombros, ojos negros, nariz pequeña y unos carnosos labios pequeños, todo en una cara de proporciones perfectas. Nunca llevaba maquillaje lo que me gustaba mucho en una mujer. Tenía una sonrisa cautivadora y desde que fui por primera vez la usaba conmigo. Apenas cruzábamos unos saludos ya que el director me recibía siempre enseguida. Su mesa estaba llena de adornos de gatos y perros y por eso no le hice mucho caso aunque ella parecía incitarme. Las personas fanáticas de las mascotas no me atraen, acaban humanizando a los animales y eso les hace más mal que bien. Además no soy de tener animales en casa, es mucha responsabilidad y prefiero tener libertad de movimientos sin pensar que hacer con ellos si viajo o llego tarde.
María, que así se llama esta belleza administrativa, siempre era muy simpática y reconozco que me derretía con una sola sonrisa cuando me miraba de lado. Cruzaba algunas bromas con ella, sobre todo de las fotos y de las figuritas de gatos o perros que tenía por toda su mesa.
Pero ese jueves, el director estaba en una reunión y me toco esperar un poco más.
-¿Eres capaz de recordar todos los nombres de tus mascotas?.- Le pregunté mientras esperaba.
-No son mis mascotas, yo no tengo. Adopté un gato al empezar la universidad pero se murió de viejo hace un par de años y no he querido más animales en casa.-
-¿No has querido o no te ha dejado tu pareja?.- Yo tenía claro que con tantas fotos le gustaban las mascotas y sería una de esas fanáticas.
Sacó una de sus sonrisas en las que el tiempo se paró unos segundos, -No tengo pareja.-
Me salían las típicas frases de eso es porque tú no quieres o como es posible con alguien tan guapa, pero me contuve aunque realmente las pensara.
-Pues para no tener mascota, a tu mesa le falta espacio con tanto bicho.- Intenté responder con una sonrisa pero creo que me salió una mueca extraña.
-En realidad me gustan pero no para tenerlas. A veces pienso que lo bonito sería ser una mascota, las envidio. Siempre tranquilas y mimadas por sus dueños.-
-¿Sabes que eso se puede solucionar? Sólo tienes que encontrar la pareja adecuada que te mime.-
-Ya, pero no es sólo eso. No se, es una vida que no tiene responsabilidades, se limitan a dormir y comer, es una vida simple.-
-Pues a lo mejor puedo decirte como hacerlo.- Me miró extrañada. -Pero para decírtelo sería necesario que quedásemos a comer o cenar.- Le dije sonriendo.
-Una forma original de pedir una cita.- Me dijo mirándome directamente a mis ojos.
-Es posible, pero te aseguro que puedo decirte como hacerlo. Claro que a cambio de la información quiero esa cita. ¿Te viene bien este fin de semana?.- En mi cabeza ya tenía un proyecto que siempre quise desde que mi exnovia se convirtió en mi primera esclava.
Se rió y le aparecieron unos hoyuelos a los lados de la boca. Esa chica lo tenía todo y tenía que hacer esfuerzos para no quedarme embobado mirándola, era un ángel.
-Vale de acuerdo. El sábado para cenar, pero sólo para cenar. Bueno y para que me des la información secreta de las mascotas.- Me dijo sonriendo.
-Cena sólo no que es muy aburrido, tiene que ser cena y copa. A cambio te dejo que elijas el restaurante y el pub.-
-Hecho, te llamo mañana al trabajo y te digo el sitio y la hora.- Me dijo sacando los hoyuelos en sus mejillas.
El sábado escuché cuando llegó Irene a casa. Yo estaba medio dormido de la siesta en mi dormitorio y oí como Isabel le daba órdenes de como comportarse y seguía instruyéndola en las posturas. Las dejé una media hora poco más para que Isabel le recordara las posturas y aparecí en el salón. Al momento las dos se arrodillaron en espera. Esta vez noté que Irene no lo hizo por imitar si no que ya había aprendido que debía hacer al verme aparecer.
-Espero esclava que hayas ya aprendido las cinco posturas básicas. No te haré un examen pero si cuando te las pidas me fallas te castigaré. Por ahora por norma cuando llegues a la casa Isabel te recordará las posturas ya que un fallo tuyo será también de ella y el castigo será de las dos. ¿Te leíste los relatos que te di?-
-Sí Amo. Eran un poco largos pero los leí todos.- ¿Largos? Precisamente escogí los más cortos, el que más era de treinta páginas, el resto no pasaban de las quince.
-Son relatos y por tanto ficción. Pero más o menos es lo que espero de una esclava, que sea sumisa y dócil. ¿Te identificas con algún personaje?.-
-No, yo no salgo en ninguno…,- comenzó a sollozar, -es que no se lo que quiere el Amo, no se que es dócil.- Realmente estaba apenada. Aunque parezca mentira, hay personas que son así, ni entienden el significado de algunas frases ni de algunas palabras por muy comunes que nos parezcan a los demás. No se si se debe al fracaso del sistema de educación, a la falta de lectura o a la desidia por aprender o retener.
-Deja de sollozar no me gusta.- Probablemente no supiera que es sollozar, pero supo intuirlo o al menos eso creo. -Dócil es una persona que hace lo que se le ordena sin cuestio… sin preguntar y lo hace contenta. Y ya se que no sales en los relatos, me refería a si te hubiera gustado ser alguno de los personajes de ellos.-
-Sí Amo, quería ser todas. Me pajeé con casi todos, usted me dio permiso.-
-De acuerdo, pues entonces pasarás si lo deseas a ser mi esclava a partir de hoy y hasta que alguno de los dos decidamos dejarlo. ¿Quieres?.-
-Sí Amo, quiero.- Dijo levantando la mirada hacia mi, lo que le valió un fustazo en los muslos.
-No debes mirarme a la cara zorra.-
-Perdón Amo.-
-Ponte a cuatro patas guarra. Isabel chúpamela.-
Mientras Irene se ponía a cuatro patas yo me situé a su espalda y me bajé los pantalones. Isabel se acercó y se metió mi polla en la boca. Toqué el coño de Irene y acaricié su clítoris aunque la verdad poca estimulación necesitaba. Su coño estaba preparado y entre sus poderos y blancos cachetes se veía sonrosado y brillando de humedad. La pericia de Isabel hizo que se me pusiera dura en un momento, la aparté y apunté al coño de Irene.
La fui metiendo despacio pero sin parar hasta llegar a chocar mi vientre con su amplio culo. Ella soltó un gemido y giró su cabeza con satisfacción. Le azoté el culo fuerte.
-Zorra mira adelante, nunca gires la cabeza.- El coño era suave pero no apretadito como me gusta, mi polla apenas sentía cuando entraba. Tan ancho me llegó a parecer que dejé de sentir placer y la saqué.
-Isabel, trae el lubricante. Irene, esta semana te compras unas bolas chinas, tienes que fortalecer el suelo pélv… el coño. Que te indiquen donde las compres como usarlas.- Llegó Isabel con el lubricante que descubrí había guardado un bote en cada habitación. Entendiendo lo que iba a hacer lo extendió en el agujero del culo de Irene y en mi polla.
Una vez lubricada le metí la polla del tirón y entró con facilidad aunque por el grito de Irene con algo de dolor. Fui despacio hasta que noté como el esfínter se acomodó y acrecenté el movimiento sonando en la habitación el choque contra su culo. Parecía que dábamos palmadas. Quise agarrar sus tetas pero al ser grandes me costaba llegar a los pezones y con el movimiento de vaivén no logré pellizcarlos. Me limité a cogerla por las caderas o por los hombros y apretar hasta que me corrí.
Me senté en el suelo y ya tenía a Isabel limpiando la polla. Quise regañarla, no le había dicho que lo hiciera, pero pensé en dejarla.
Irene no se movió de su postura pero me di cuenta que estaba llorando en silencio.
-¿Te he hecho daño Irene?.- Le pregunté preocupado. El dolor de los azotes no es el mismo que el que se produce por un desgarro. El primero es placentero para una esclava, o debe serlo. El segundo nunca da placer y no me gusta nada producirlo.
-No Amo, lo siento. No es eso. Es que a nadie le gusta ya follar conmigo, todos dicen que tengo el coño muy grande.- Seguía en la misma postura y le pasé la mano por la espalda para tranquilizarla.
-Irene, relájate que tiene solución. No es habitual con tu edad, pero sin ser especialista creo que es a causa de tu obesidad que aunque no es excesiva puede afectar al suelo pélvico, es decir, al coño. No creo pero a lo mejor también es por penetrarte con dildos gruesos, quiero decir, con consoladores. No entiendo nada de esto, así que lo mejor es que esta semana vayas a tu ginecóloga y que lo mire. Pero deja de llorar, no me gusta. Además, al ser ya mi esclava tienes prohibido masturbarte o follar con nadie sino lo autorizo yo. Así que nadie va a probar ese coño que ya me pertenece y por tanto nadie volverá a decírtelo.-
-Pero mi Amo no ha querido usarlo.- El lloro paró pero seguía sollozando.
-Tu Amo sólo ha pospuesto su uso. Vamos a esperar que dice la ginecóloga por ahora. Levántate y apoya la espalda en la pared con los brazos en la nuca.-
Se levantó más despacio de lo que debió hacer pero no quise reprenderla. Se puso de espalda en la pared y entrelazó sus manos en la nuca. Por la cara se le veían los lagrimones del lloro.
Me acerqué a ella y la besé en la boca hasta que note que se tranquilizó.
Cogí una mordaza, se la puse y la fusta. Al verme se calmó y excitó.
Comencé a darle en las tetas de forma fuerte, cada dos o tres fustazos le daba uno en los pezones. Movía la cabeza de un lado a otro gimiendo de placer. Y como me pasó la vez anterior, cuando quise azotarle en la vulva, estaba tan mojada que salpicaba. Paré y fui por el látigo.
-Isabel, cómele hasta que se corra.-
Gateó hasta ponerse en la entrepierna de Irene y de dos lengüetazos se corrió de lo excitada que estaba por los azotes en los pechos. Aparté a Isabel y sin dejarla reponerse del orgasmo la flagelé desde los pechos hasta los muslos. Sin estar atada aguantó sin moverse. Sólo su cabeza que giraba de un lado a otro y a veces la levantaba gimiendo. Viendo su reacción me dieron ganas de llevarla al dormitorio donde estaban aún sin estrenar el potro y la mesa para azotarla más. Pero si lo hacía la pobre pasaría una jornada de trabajo infame y no era cuestión.
Dejé el látigo y le indiqué por señas a Isabel que volviera a lamerle el coño mientras yo me dediqué a sorber sus tetas y mordisquear los pezones que son mi delirio. Un nuevo orgasmo le llegó al minuto y ya no pudo sostenerse cayendo desmadejada al suelo.
Me senté en el sofá y me bajé los pantalones indicando a Isabel que viniese a chupar. Cuando empezó le puse la mano en la cabeza y la paré. Intuyó que lo que yo quería era que mantuviese mi polla en la boca sin chupar y eso hizo.
A los pocos minutos Irene se arrodilló poniendo la postura de espera.
-Si te has recuperado puedes ducharte y marcharte hasta mañana.-
-Sí Amo, he pensado en dejar los repartos de pizzas. Así podré venir como Isabel todo el fin de semana si lo quiere el Amo.- Dijo aún con la respiración algo forzada.
-Ni se te ocurra. Te planteaste la meta de ganar dinero para comprar un apartamento y no vas a dejar esa meta, al menos no por mi. Por cierto, ¿como es que no trabajas en el hotel los fines de semana que es cuando más trabajo hay? Lo normal es que libres entre semana ¿no?.-
-Sí Amo, pero la supervisora me hizo el favor de dejarme los fines de semana libres que es cuando más se gana repartiendo.- Se levantó y se fue a la ducha.
Se me ocurrió una idea. En mi empresa hacemos repartos en la ciudad y cercanías. Podría contratarla por las mañanas temprano antes de entrar a trabajar en el hotel. Seguro que ganaba más que con las pizzas y el fin de semana lo tendría libre. Pero no lo pensé por mi conveniencia sino por ayudarla en algo. No dije nada, tendría que hablarlo antes con los encargados de almacén y recursos humanos.
Cuando se marchó me fui a la ducha con Isabel algo decepcionada por no dejarla hacer la mamada. Me había aficionado a que me frotara el gel con sus tetitas.
Mientras me secaba la vi mirando glotona mi polla lacia, así que le di permiso para chuparla y con una sonrisa de felicidad se puso a ello. No tenía intención de tener sexo con María en mi “cita” así que preferí ir descargado.
Me vestí y le dije que saldría a cenar. La até en la cama boca arriba con los brazos y piernas abiertas. Al decirle que saldría puso cara triste pero al atarla se alegró, para ella eso significaba que al volver tanto sólo como acompañado estaría en mi cama esperando.
Continúa en
- Relato #222950— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
Relatos similares
- Dominación
Me hizo sumisa y obediente 3
No imaginaba que la oficina de un motel fuera el escenario de mi verdadera sumisión. Mientras Tomi me ordenaba arrodillarme bajo el escritorio,…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Una sumisa novata 2
Las órdenes llegan por la pantalla antes de que ella cruce la puerta. Marta sabe que al llegar, su cuerpo dejará de ser suyo para convertirse en el…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Sadomaso
Sandra Icardi Reyes
No es solo sexo; es un juego de vida o muerte donde el aire es un privilegio concedido. Sandra creía conocer sus límites, pero Pedro y Raquel están a…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Esclava Raquel
La primera vez que entró en la sala de 'enfermería', no sabía que la disciplina no se aprendía, se sentía.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Sadomaso
Comenzar a ser Amo (2)
La mansión estaba vacía, pero las sombras guardaban secretos. Él no venía a jugar; venía a reescribir las reglas.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Una Vida Peculiar. Emputecimiento. Cap. X
El olor a orina rancia y el dolor en las plantas de los pies son solo el preludio. Mientras su hermana sonríe con sadismo y su amo observa impasible,…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general