Xtories
Dominaciónoct 2024

Las siete 5

La puerta se abrió y no había repartidor, solo una chica con ganas de ser humillada. Ahora tiene un nuevo nombre, una nueva posición y un castigo pendiente. Bienvenido al infierno de las siete.

Mariscal5.3K vistas9.5· 15 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Capítulo 5.

Estaba siendo un fin de semana tranquilo y placentero. Ya tenía a dos esclavas tras aceptar Cristina mi propuesta. Aún la recordaba del día anterior con su vestido nuevo de criada y me excitaba.

Después de cenar con Isabel, nos vestimos y salimos a tomar unas copas. Así estrenó uno de los vestidos que le compré por la mañana.

En el portal nos cruzamos con los vecinos de abajo que regresaban probablemente de cenar fuera.

El marido me miró sonriendo mientras echaba un vistazo a Isabel.

-Qué vecino a divertirse ¿no?.- Isabel se azoró y se pegó a mi, mientras Ana con su cara de mala leche la escaneó de arriba a abajo.

-No, la diversión ha sido antes, ahora nos vamos a relajar un poco, y después más diversión.- Solté una carcajada que secundó el vecino, pero Ana ni sonrió.

-Me ha dicho mi mujer que ya no hacéis el descanso por las mañanas del café.- Me dijo curioso mientras seguía mirando disimuladamente a Isabel.

-No, ya no puedo, ya sabes… el trabajo se acumula y prefiero no trabajar por las tardes, las quiero libres para el ocio o para diversiones...- Dije riendo de nuevo.

Nos despedimos con la mirada asesina de Ana.

Estuvimos en un par de locales de copas intentando no coincidir con sus amigas para no tener que hacer presentaciones. La idea era que en un par de meses ella les dijera que yo le había presentado a un becario de mi empresa y que ella me dejó por él. No me gusta que el entorno de mis esclavas sepan de mi.

Regresamos a casa no muy tarde después de una noche relajada y amena. Resultó que Isabel tenía gustos similares en lectura a los míos y estuvimos charlando de eso todo el rato.

Nos fuimos derechos a la cama donde nos divertimos mucho hasta altas horas de la noche.

Me desperté con la luz entrando por la ventana al olvidar bajar las persianas la noche anterior. Debía ser temprano y no creo que durmiese mucho. Me levanté con cuidado de no despertar a Isabel y me fui al baño a orinar pensando en si volvía a acostarme. Aún no había terminado de orinar cuando apareció Isabel y se arrodilló ante mi.

-Perdón Amo, perdón, lo siento. Me he quedado dormida pero ya estoy dispuesta para su mamada.-

Llevó su mano a mi polla que aún meaba y se la aparté.

-¿Pero que haces pequeña, como pretendes mamarla mientras meo? No seas glotona y espera en la cama.-

-Sí Amo.- Se volvió a la cama enfadada consigo misma.

Regresé al dormitorio ante su atenta mirada, miré la hora y eran las siete de un domingo, bajé la persiana y me tumbé en la cama. Ella seguía expectante sin hacer nada.

-Ahora pequeña, toda tuya que después quiero dormir un poco más.-

No se hizo esperar y engulló la polla para levantarla en segundos. Cerré los ojos y dejé que me invadiera el placer hasta que me corrí en su boca. La escuché balbucear algo y la miré, me estaba enseñando mi corrida en la boca esperando la orden de tragarla. Asentí y me volví en la cama a dormir.

Me desperté a eso de las once, nada más abrir los ojos me la encontré de rodillas al lado de la cama.

-¿Ha dormido el Amo bien? ¿Quiere otra mamada?.-

-No, ahora no. Vamos a desayunar. Y por cierto, cuando me veas como antes que estoy dormido o casi, no esperes a mi aprobación para tragarte mi leche, lo haces y no me molestes.-

-Sí Amo lo siento.-

Nos fuimos a desayunar algo ligero. Al terminar de recoger la incliné sobre la mesa de la cocina y con una cuchara grande de madera le di varios azotes, ni muchos ni fuertes.

-¿Sabes porqué te azoto esclava?.-

-Sí Amo, por que soy su esclava.- Lo dijo mientras se pasaba la mano por su dolorido culo al terminar.

-Exacto, esa era la respuesta correcta.-

El resto de la mañana la pasé en el sofá leyendo mientras ella estaba en mitad del salón arrodillada en posición de espera. Justo antes de almorzar le pedí que trajera la fusta y que me la mamara. Mientras ella chupaba yo le iba dando azotes en el culo, sin ser muy fuertes.

-Si quieres puedes correrte cuando sientas mi leche, sin tocarte y no antes que yo.- Le dije sin que ella dejara de mamar y mirándome desde abajo.

Me corrí y ella justo después. Era la primera mujer que conocía que era capaz de correrse con sólo chuparla, sin tocarse y sin una situación anterior especialmente excitante. Además con azotes en el culo mientras lo hacía. Asombroso.

Después de comer la mandé a su casa para su decepción que esperaba estar conmigo hasta la noche.

En la empresa al enterarse que la baja temporal de Cristina la solicité yo en persona, se pusieron durante el fin de semana a buscar una sustituta y el mismo domingo me llamaron que ya la tenían. Llamé a Cristina y le dije que el lunes ya empezaba en mi casa a partir de las ocho de la mañana.

El lunes a primera hora llegó Cristina y al poco tiempo vino a mi despacho ya con su uniforme puesto.

-Señor, no encuentro la mopa por ningún lado, ni siquiera una fregona o una escoba. Habrá que comprarla.-

-No, no quiero que nada estropee los suelos.- Son suelos de lo más normalitos, de madera y algo viejos. -Prefiero que los limpies con un paño, así quedan mejor y no se rayan. Además tengo el robot limpiador.- Evidentemente limpiarlos así significa que ella estará de rodillas y enseñando el culo.

Pensó un poco.

-Lo que diga el Señor, es verdad que quedarán mejor con un paño, me pongo enseguida.-

Pensaba en salir a ver como limpiaba moviendo el culo al aire arrodillada. En esas sonó el timbre de la puerta y dejé que fuera ella quien abriese. Me arrepentí al segundo, con esa ropa daría que hablar entre los vecinos. Me levanté inmediatamente pero ya había abierto ella. De nuevo me arrepentí. Escuché como hacía pasar a alguien al salón. Apareció en mi despacho.

-Señor, es la vecina del piso de abajo que desea hablar con usted, la he hecho pasar al salón.-

-Cristina, a partir de ahora no abras la puerta si no te lo indico, con ese uniforme no es correcto.-

-A mi no me molesta Señor. Es mi ropa de trabajo, no me avergüenza ser su esclava.- Lo decía todo con una calma increíble.

-Me parece estupendo, pero no quiero cuchicheos entre los vecinos. A partir de ahora yo seré quien abra.-

-Sí Señor, como diga.-

Fui al salón y como imaginaba era Ana quien me esperaba.

-Buenos días vecina, vamos mejor a la cocina y tomamos un café.- Me miró con su cara de eterna enfadada pero ahora añadió al gesto uno de odio.

-¿Obligas a la limpiadora a ir con esa ropa? ¿Sabes que eso incumple normas laborales?-

-No es la limpiadora. ¿Café?.- Le dije cuando entramos en la cocina.

-¿Quien es? ¿Otra de tus putitas?.- Lo dijo como queriendo hacerse la graciosa.

-Ana, no se a que has venido, pero vas por mal camino.-

-Ya me dirás como las llamo. El sábado la jovencita que a saber si es mayor de edad y ahora la madurita. Abarcas todas las edades.-

-La jovencita es mayor de edad, te lo aseguro. Y ahora dime a que has venido, tengo trabajo.- Le dije serio mientras preparaba café.

-Llevas dos semanas sin querer hablar conmigo, y tengo preguntas sobre lo que puede ser nuestra relación.-

-Nuestra relación es la de buenos vecinos, no hay ni habrá más Ana. Te lo dejé claro.-

-¿Es lo que buscabas?¿Follarte a la vecina? Como ya lo has conseguido, otra muesca y a pasar a la siguiente, ¿la niña?¿la criada madura?.- Se iba enfadando por momentos. Pero la culpa fue mía, no te líes con una vecina que traen problemas.

-No te pases de lista Ana. Fuiste tú la que decidió dejar la relación y te deje muy claro lo que pretendía, en ningún momento te mentí. Pero sigo esperando que me digas a que has venido, si es para echarme la bronca mejor que te vayas que como te he dicho tengo trabajo.- Lo dije sin levantar la voz pero tan serio que se quedó callada un momento mirándome y pensando.

-¿Puedo al menos tomarme el café y charlar como hacíamos antes?.- Dijo más calmada y sabiendo que fuese lo que fuese lo que pretendía no iba a conseguirlo haciéndome enfadar.

-Por supuesto, ya te he dicho que por mi seguimos siendo buenos vecinos.- Serví dos tazas de café y poco a poco fuimos distendiendo la atmósfera y charlando de banalidades. Pero yo sabía que ella aún no había acabado, tanto de echarme la bronca como de hacer sus preguntas. Fue Cristina quien le dio la excusa al entrar en la cocina.

-Perdón Señor,- dijo entrando con su mini vestido de criada, -si los señores van a estar más rato en la cocina, aprovecho y le limpio el despacho.-

-No vamos a estar mucho más,- le respondí, -pero puedes darle una mano, mi mesa no la toques que tengo documentos que mirar.-

-Lo que diga el Señor.- Y salió a limpiar el despacho.

-¿De verdad se dedica a limpiarte la casa?- preguntó Ana cuando Cristina salió.

-Sí, de verdad, digamos que es mi criada, aunque hoy no se les llame así. Y antes de que sigas, lleva esa ropa por que también es mi esclava. Por supuesto que consensuado.-

-¿Eso era en lo que pretendías convertirme? ¿En una esclava?.- Lo dijo intrigada, en absoluto enfadada como yo esperaba.

-No se trata de convertir, más bien de buscar dentro de ti y hacerlo aflorar. Una vez asumido lo que queda es disfrutar y dejar de luchar. Y como te dije esto no tiene nada que ver con el amor, he tenido a otras que están felizmente casadas, y otras que siendo mis esclavas han encontrado pareja con la que viven a espaldas de nuestra relación ya que probablemente no las comprendan. De hecho nadie comprende este tipo de relación si no estás dentro. La mayoría de la gente piensa que somos degenerados o que nuestra relación es excluyente y no cambiarán de idea por mucho que les expliquemos. Nunca lo vas a entender Ana, no me importa seguir hablándolo contigo como amigos pero no llegarás a entenderlo.-

-Soy muy lista, fui primera de mi promoción y confío en sacar las oposiciones. Quizás no sepas usar las palabras adecuadas.- Me dijo desafiante.

-Es posible que no sepa usar las palabras correctas o es posible que no sepa mostrarte los hechos. Pero también es posible que tú no seas capaz de ver más allá de lo que te muestro. El caso es que mejor cambiamos de tema.-

-¿Que hechos? ¿Que una señora madura en ropa interior te limpie la casa?.-

-No, que con unos azotes te excitaras, y que con dejarte llevar por mi te corrieras como nunca has hecho. Y eso lo dijiste tú. Insisto, cambiemos de tema.-

-Vale, tu ganas. ¿Podré volver a tomar café o me dejarás en la puerta como una boba como llevas haciendo estas semanas?.-

-En estos momentos me viene mal, tengo mucho trabajo durante este mes. Ampliamos una línea de productos y estoy muy liado. No es una excusa, es verdad que estoy muy liado. ¿Te parece que nos demos un tiempo, hasta el mes que viene?-

-Sigue sonando a excusa, pero te tomo la palabra, el mes que viene subiré de nuevo a tomar el café de media mañana.- Aunque con esfuerzo, en su cara de mala leche le apareció una sonrisa.

Se marchó y al regresar al despacho me encontré a Cristina de espaldas a la puerta, arrodillada en el suelo limpiándolo con un paño. Cada vez que se estiraba dejaba todo su culo a la vista. Recordé que antes de la aparición de Ana era lo que me esperaba ver. Enseguida me excité y me agaché tras ella que a pesar de sentirme ni paró de limpiar. La pasé la mano por la braga y la noté muy mojada al tiempo que ella soltó un gemido y se quedó a cuatro patas quieta con el paño entre las manos.

Sin hablar, la aparté la braga, saqué mi polla ya dura y la metí sin esfuerzo hasta el fondo. Cristina se arqueó al sentir que le entraba y exhaló. Follamos sin prisa conteniéndome para no ser brusco que en ese momento me apetecía pero no era justo que ella pagara por la ansiedad que me dejó la vecinita. Amasé con gula sus cachetes blandos y me derramé dentro al tiempo que lo hacía ella. Descansamos sentados en el suelo unos minutos mientras ella por su filia se puso el trapo en el coño para que no saliera nada y ensuciara el suelo ya limpio.

Cuando me levanté para seguir trabajando le dije:

-Cristina, voy a comprar una bicicleta especial,- ya tenía en mente que tipo de bicicleta,- y una cinta para correr. Quiero que de tus horas laborales, una se la dediques a hacer ejercicio para eliminar la celulitis y mejorar tu aspecto.-

-Sí señor, ¿pero podría ser fuera de mi horario laboral? Aquí hay mucho que hacer.-

Ocho horas al día durante una semana en un piso de tres dormitorios, salón y cocina con dos baños, ¿que hay tanto que limpiar? Además teniendo en cuenta que soy de los que llaman minimalistas, no me gusta tener todo lleno de objetos decorativos. Pero bueno, es su filia y no le discutiré.

-Haz lo que creas conveniente, pero creo que es mejor que lo hagas dentro de tu horario laboral, ya que es algo que te voy a obligar. Por eso no quiero quitarte tiempo de tu ocio.-

-¿No soy su esclava? Haré lo que me mande, ¿no?. Pero ya le advierto que a la casa le queda mucho y casi voy justa de tiempo.-

-Por ahora lo harás dentro de tu horario, cuando tenga esas máquinas ya lo volvemos a hablar.-

-Sí Señor.-

Las máquinas llegaron pasada una semana y convertimos el dormitorio que quedaba libre en gimnasio apartando la cama a un lado. La cinta de correr incluía un monitor donde le ponía para calentarla más películas porno. Al igual que la bicicleta estática que también tenía monitor, pero esta era especial. El asiento tenía un agujero por donde asomaba un dildo, según la marcha que pusieras, el dildo subía más o menos alto al pedalear. En marchas bajas el pedaleo era suave pero el dildo subía poco, en marchas más duras el dildo subía más pero el pedaleo costaba también más. Además el dildo vibraba según la velocidad, a más velocidad más vibración.

La primera vez que lo probó Cristina con una marcha suave tardó menos de diez minutos en correrse y no pudo seguir del orgasmo. Le costó acostumbrarse a usarla, sobretodo a recuperarse y seguir después de cada orgasmo. Y a mi no me quedó otra que poner un sillón en la habitación para que cada vez que se paraba a recuperarse de la corrida usar la fusta y ayudarla a continuar. También usaba la fusta en la cinta cuando veía que bajaba el nivel de zancada. Como la bicicleta la dejaba muy agotada, siempre empezábamos por la cinta, veinte minutos corriendo mientras la animaba a base de fustazos. Descanso de cinco minutos y treinta y cinco minutos de bicicleta. Al final quedaba deshecha pero con unos tres y a veces cuatro orgasmos que se llevaba más otros dos o tres a lo largo de su jornada cuando me daban ganas de sexo que estaba siempre dispuesta y muy mojada.

Pasaron un par de meses sin otra novedad en mi vida. Durante la semana y por las mañanas me follaba a Cristina un par de veces mientras me limpiaba la casa. La vecina subía a tomar café a media mañana pero sin hablar del tema de mis esclavas. Al llegar el viernes llegaba por la tarde Isabel con la que pasaba el fin de semana. En este tiempo tan sólo un examen le bajo la nota según quedé con ella y se llevó el correspondiente castigo de azotes pero seguro que lo que más le dolió fue mi decepción.

Un sábado que no pensaba salir, después de recibir una maravillosa mamada de Isabel mientras la azotaba con la fusta y que a pesar de ello tuvo su orgasmo, decidí humillarla, simplemente por diversión. La dejé arrodillada y por supuesto desnuda con su collar en mitad del salón con la puerta abierta de forma que desde la puerta de la calle se vería directamente. Llame para pedir unas pizzas delante de ella, que escuchó la conversación imaginando lo que le esperaba. Mi idea era que al llegar el repartidor y yo abrir la puerta, viese detrás de mi a la chica de rodillas, de espaldas y desnuda. Aunque no le viese la cara, era la primera vez que la expondría ante un extraño.

Pero no me salió como yo esperaba. Para empezar no detecté nada de nerviosismo o vergüenza en Isabel. Pero es que al abrir la puerta a quien me encontré no fue a un repartidor, sino a una repartidora. Tras darme la pizza se quedó mirando fijamente a Isabel y entonces me di cuenta de otro error. En su espalda y su culo se apreciaban claramente las marcas de la fusta.

Ya me esperaba algún discurso sobre el feminismo, o peor aún, que no dijera nada y acabara siendo el cliente que azota mujeres. Sinceramente me aterroricé hasta que ella habló con una simple pregunta:

-¿Me azotarías a mi también?.- Lo dijo serena y sin apartar los ojos de la espalda fustigada de Isabel.

-Perdón, no se a que te refieres.- Aún no había soltado el aire que me atenazaba imaginándome un piquete de feministas en la puerta de mi casa con pancartas e insultos.

-No pretendo meterme donde no me llaman señor. Pero parece que es amo o tienen una relación de ese tipo. Llevo buscando alguien así, me pone mucho que me azoten y las parejas que he tenido no han sabido hacerlo, o se quedan cortos o no son capaces. ¿Me azotaría a mi también?.- Volvió a preguntar.

Me fijé en la chica, unos veintitantos de piel muy blanca, para ser de una ciudad costera demasiado blanca, ella no vería el sol ni por televisión. De cara normalita con gafas, media melena castaña y ojos negros. Con algo de sobrepeso, una curvy con unas tetas enormes. Podría pasar por la típica empollona de la clase.

-Pues verás...- la señalé para que dijera su nombre.

-Irene, me llamo Irene.- Me dijo mirándome a la cara.

-Verás Irene, esto no trata de azotar sin más y marcharte calentita. ¿Que te parece si me das tu número de teléfono y te llamo esta semana para tomar un café y lo hablamos?.-

-Durante la semana trabajo en un hotel, me viene bien por la mañana temprano antes de las once que es cuando entro a trabajar, o a partir de las siete y media de la tarde.- Dijo mientras apuntaba su número en la misma caja de la pizza.

-Por favor señor, llámeme, tengo mucho interés.- Dijo casi suplicando. Una chica con las ideas muy claras para ofrecerse al primero que encuentra para que la azote.

-Te lo prometo, esta semana busco un hueco y quedamos.-

Cuando cerré la puerta me quedé un poco sin saber que hacer con la pizza en la mano mirando su número.

Estuve cenando en silencio mientras le tiraba trozos de pizza al suelo a Isabel para que ella cenara también. Otra esclava es lo que buscaba, pero una esclava abiertamente masoquista me daba un poco de miedo. Mi exnovia lo era, y le daba duro, pero a ella la conocía desde hacía mucho tiempo y sabía hasta donde llegar. A Isabel después del primer fin de semana supe cual era su límite y que por muy sumisa que fuese, masoquista no era, se dejaba azotar como buena esclava pero intentaba evitarlo. A Cristina los azotes no le iban nada. Sólo los fustazos que le daba cuando hacía ejercicio le costaba asimilarlos. En el fondo creo que Cristina ni siquiera era sumisa, sólo se encontró una situación para tener sexo en abundancia y se dejó hacer. Así que los azotes no los aguantaba. Pero esta chica no la conocía de nada y ya me pedía que la fustigara. Además que para llegar a eso antes tendría que ser esclava, no acepto a las que llaman spankee cuyo deseo es básicamente ser azotadas en una sesión por mucho sexo que incluya. Lo que busco son sumisas y si además desean ser azotadas estupendo, pero fundamentalmente quiero esclavas.

No la hice esperar, el mismo lunes la llamé y quedamos el martes para una cerveza a las ocho en un bar cercano y tranquilo donde poder hablar sin oídos alrededor.

Llegó quince minutos tarde cuando estaba a punto de marcharme. Esta vez venía sin gafas, debía llevar lentillas. Venía luciendo una agradable sonrisa en una cara muy normalita pero con la lozanía de los veinticuatro años que supe después. Nada más sentarse se deshizo en disculpas, me dijo que nunca sabe exactamente cuando sale del trabajo y que hay días que tarda un poco más como era el caso. Trabajaba de limpiadora en un hotel y su turno acaba con las habitaciones listas, no puede dejar una a medias. Por esa razón perdoné el retraso y lo comprendí. Soy muy escrupuloso con los horarios y no me gustan nada las personas que se retrasan de la hora convenida, y mucho menos si son esclavas.

-Háblame de ti Irene, cuéntame tu vida y lo que buscas para irnos conociendo.- Dije.

-Bueno, tampoco yo se nada de ti, podemos ir alternando preguntas.- Me dijo sonriendo.

-No, esto no funciona así. Primero soy señor, no me tutees.- Dije serio. -Segundo has sido tú la que quieres algo de mi y no al revés. Así que primero hablas tú y yo decidiré después.-

Se encogió un poco de hombros sin apartar su mirada de mi. Pensó unos segundos y agachó un poco la cabeza mirando a la mesa donde estábamos sentados.

-De mi vida no hay mucho que contar. Tengo veinticuatro años. Familia normalita, al terminar los estudios básicos no quise seguir. Entonces no pesaba lo que ahora pero sí tenía ya estos pechos y no me costaba nada ligar con chicos. Me gustaba tontear y salir de fiesta. Después de un año sin hacer nada mi padre dejó de darme dinero y me avisó con echarme de casa si no trabajaba o estudiaba. Y como los estudios no me gustaban, me busqué un trabajo de reponedora en un centro comercial.- Había cogido carrerilla y no quise pararla, tampoco me interesaba tanto su vida en ese momento.

-Cuando empecé a ganar dinero fue cuando también empecé a tener mucho sexo.- Esta frase la dijo algo más baja de volumen, como avergonzándose.

-Así que con mi sueldo y con veinte años decidí irme de casa para no tener que decir a mis padres nada de mis salidas o de mis novios de fin de semana. Al poco ya descubrí que me ponía mucho que me azotaran. Entre las fiestas, el alcohol y el sexo mi vida se descontroló un poco. Me echaron del centro comercial por llegar tarde casi todos los días y tuve que regresar a casa de mis padres. No llevaba ni dos meses con ellos cuando descubrí que por encima de todo lo que quería era sexo duro, con azotes claro.- Iba bajando el volumen de su voz según me contaba el análisis de su vida que la hacía parecer más madura de su edad.

-Por favor Irene,- le dije, -sube un poco la voz que casi no llego a escucharte. Entiendo que me estás contando algunas intimidades a una persona que no conoces, pero si quieres algo de mi primero debo conocerte y saber quien eres. Es posible que congeniemos o no, pero para eso debes seguir como ibas pero un poco más alto.- Para relajarla sonreí aunque no se si lo apreció ya que su mirada no se apartaba de la mesa.

-¿Que significa congeniemos?.- Me preguntó.

-Que nos llevemos bien,- respondí extrañado, -continua.-

-Pues eso,- dijo un poco más alta, pero no mucho más, -que las fiestas y el alcohol no me parecieron importantes. Pero para tener el sexo que buscaba debía irme de nuevo de casa de mis padres. Así que conseguí el trabajo que tengo ahora de limpiadora de planta en un hotel y de nuevo me fui de casa. Vivo en un piso muy pequeño pero lo que me molesta es pagar el alquiler, así que quiero comprarme uno pero no tengo ni para la entrada. Por eso los fines de semana me dedico a repartir pizzas y espero que en tres o cuatro años pueda comprarme un piso con su hipoteca claro. Pero con tanto trabajo y que he engordado, ya no tengo tanto sexo como quiero. He tenido tres novios que me duraron casi un año cada uno, pero no me daban lo que me gustaba, uno incluso lo mantenía.-

-Cuando dices lo que te gustaba te refieres al sexo ¿no?.-

-Sí, bueno y a los azotes.- Levantó un momento su mirada. -No soy una viciosa pero no puedo evitar ponerme caliente cuando me azotan.-

-No eres una viciosa. Mientras no dañes a nadie todo es lícito. Y ahora por lo que me dices buscas a una persona que lo haga como me pediste el otro día. ¿Porqué crees que puedo ser yo si no me conoces?.-

-Usted es amo ¿no? Y los amos azotan a sus esclavas, luego debe saber hacerlo bien y no lo ve como algo malo.-

-Soy amo sí. Y azoto a mis esclavas cuando se lo merecen o cuando me apetece. Y algo de experiencia tengo. Pero sigues pensando que lo que te apetece es algo sucio. No es malo desear unos azotes si son consentidos para estimularte, no eres una persona rara ni lujuriosa por pensar así.-

-No se que significa lujuriosa, pero sí me siento rara y como dice algo sucia por tener esas ganas de que me azoten.-

-Lujuriosa no es una palabra muy extraña, significa un deseo descontrolado de sexo. Me da que además de los azotes necesitas leer un poco más.- Dije algo socarrón pero sin querer humillarla.

-Perdón, no me gusta mucho leer, prefiero la tele.- Volvió su mirada a la mesa.

-Bien, ya me has explicado lo que buscas, ahora te digo lo que te ofrezco. Yo no soy un azotador, es decir, si esperabas que pudiésemos quedar un día, te diese un tanda de azotes y te marchases hasta la próxima, ese no soy yo. Lo que te ofrezco es que seas mi esclava y sabiendo tu tendencia procuraré azotarte lo más que pueda pero eso no significa que lo haga siempre. Habrá días que no lo haga, incluso puede pasar tiempo hasta que te azote de nuevo. Lo haré según mis apetencias y como esclava no tendrás más remedio que aceptarlo. No soy el típico amo que busca exclusivamente su propio placer y considera a sus esclavas meros trozos de carne con agujeros. Me gusta ver como mis esclavas sienten placer, placer que yo le doy y por esa razón procuro hacer con ellas aquello que sé que les gusta más. Sin embargo no dejan de ser esclavas a merced de mi capricho. ¿Lo entiendes?.-

-Sí señor. Bueno, no se que significa “merced” pero lo imagino.-

Esta chica parece tener un vocabulario algo corto. Aunque sí la notaba madura para su edad. Es lo que da tener que vivir tan joven de tu propio trabajo. Aprendes a gestionar tu vida en general y aparcas un poco las locuras si pretendes llegar a fin de mes.

-¿Tienes libres los sábados y domingos por la mañana?.- Le pregunté.

-Sólo trabajo al medio día y por las noches. Pero para unos buenos azotes tienen que ser entre semana, porque para repartir pizza voy en moto y si tengo el culo dolorido no puedo sentarme bien.-

-No te preocupes, si aceptas ser mi esclava primero tenemos que conocernos mejor. ¿No te parece?.-

-Sí claro, lo que diga.- Volvió a mirarme a la cara, creo que esperanzada.

-Pues este sábado te vienes a mi casa después de comer, cuando salgas de trabajar y concretamos lo que significará ser mi esclava. Y si te portas bien a lo mejor te doy unos azotes ¿de acuerdo?.-

-Sí Señor, salgo a las cuatro de la tarde, en unos quince minutos estoy allí.-

-Bien, pues hasta el sábado.- Me levanté para marcharme y ella hizo lo mismo y cuando salíamos del bar le dije: -Aún no me has preguntado mi nombre.-

Me miró y sonriendo dijo: -¿Señor o Amo?.- No le respondí y me marché riendo.

El resto de la semana fue apacible. Con Ana, la vecina, ya nos habituamos a tomar un café y charlar a media mañana. Era Cristina quien le abría la puerta con su mini vestido de criada y como si de una gran mansión se tratase siempre le decía lo mismo: -Buenos días señorita. Si me hace el favor de acompañarme a la cocina el Señor llegará en seguida.- Y la guiaba yendo delante de ella con casi medio culo al aire. Una vez la dejaba en la cocina me iba a decírmelo al despacho aunque evidentemente yo ya sabía que había llegado.

Ella muy en su papel me decía: -Señor, la señorita Ana le espera en la cocina.- Me reía y al pasar le solía dar un azote cariñoso en el culo. Mientras tomaba café con Ana, Cristina aprovechaba para limpiar el despacho, y estoy seguro que esperaba a oír que se marchaba la vecina para limpiar el suelo. De rodillas pasando un paño por el suelo de madera exponiendo su culo de espaldas a la puerta, consiguiendo casi siempre que conforme entraba me agachara detrás de ella y me la follara.

Con Ana conseguí tener algo así como una amistad y de mutuo acuerdo dejamos el tema de mis esclavas excluido de nuestras conversaciones. Eran charlas insustanciales que pretendían relajarnos, a mi del trabajo y a ella de sus estudios.

El sábado por la mañana, después de la mamada de rigor que me hacía Isabel al despertar y mientras desayunaba la mandé ponerse de rodillas frente a mi.

-Isabel, esta tarde viene una chica nueva. Voy a explicarle lo que espero de ella si acepta ser mi esclava. Como tú estarás presente, quiero que sepas que lo que le exija a una no tiene que ser lo mismo que a otra.-

-¿Es la de las pizzas Amo?.-

-Sí, esa misma. Quiero saber si te sientes de alguna forma celosa o desplazada.-

-No Amo. Soy su esclava, nunca debo tener celos y aunque me da miedo que acabe prefiriéndola a ella, no tengo más remedio que resignarme. Sólo le pido por favor al Amo que no me deje.-

-No tengo intención de dejarte pequeña. Has sido mi primera esclava en esta ciudad y desde el principio has sido muy sumisa conmigo y aprendes rápido. Eres paciente y dispuesta. Además me sigue sorprendiendo mucho que consigas orgasmos sólo con chupármela, eso me halaga mucho.-

Se puso colorada y agachó la cabeza con una sonrisa.

-Es que es la polla de mi Amo y adoro tenerla en la boca. Si el Amo me dejase estaría desde el viernes que llego hasta irme el domingo con ella en la boca.-

Me reí, -eso habrá que probarlo alguna vez. Aunque sería complicado por varias razones. Primero no podría moverme contigo entre las piernas, segundo te pasarías el fin de semana sin comer y tercero no podría aguantar sin orinar tanto tiempo.-

-Pero Amo, podría agarrarme a su cintura cuando andase por la casa y acompasar mis pasos a los suyos. No pasa nada porque no coma dos días. Y si quiere podría orinar en mi boca, así bebo y me hidrato.- Ya no sabía si me estaba hablando en serio o no.

Y en cuanto a beber mi orina, no es de mis fetiches. Puede que en determinados momentos me ponga orinarme encima de una esclava y si algo le cae en la boca vale pero beberse toda una meada no era muy de mi agrado.

-Bueno, vamos a dejarnos de bromas. Lo que quiero de ti es que me ayudes a enseñar a esa chica, se llama Irene, lo que espero que le enseñes como esclava son especialmente las posturas. Pero sobre todo que actúes como siempre sin dudar cuando te de una orden.-

-Lo haré Amo, como hago siempre. ¿Puedo preguntar Amo?.-

-Dime pequeña.-

-¿Se quedará ella a dormir Amo?.-

-No, en principio vendrá esta tarde y a lo mejor mañana por la tarde. Después ya veremos cuando viene a casa. Y por cierto, en cuanto a jerarquía, tú estás por encima de ella y cuando tengas que ordenarle o decirle algo la llamarás Tercera. Al igual que procuraré llamarte a ti Primera.-

-Gracias Amo. Estoy seguro que cada vez que me llame Primera me sentiré orgullosa de haber sido la primera esclava. ¿Puedo preguntar otra vez Amo?.-

-Que pesada con pedir permiso, pregunta sin necesidad de hacerlo. Eres una chica inteligente y sabrás cuando debes pedir permiso. Anda pregunta.-

-¿Quien es Segunda?.-

-Es verdad, no la conoces aún. Segunda se llama Cristina y es la que limpia la casa de lunes a viernes. Ella tiene permiso para ir vestida con uniforme de criada. Pero no es tan sumisa como tú, ni me da placer tan bien como tú, pero eso nunca se lo digas.- Le guiñé un ojo que la puso colorada.

La enganché de la correa y nos fuimos a la ducha. Nos frotamos el uno al otro y me quedé mirando su cara mientras estábamos bajo el agua y me frotaba. Era una expresión de felicidad, se la veía contenta mientras pasaba sus manos por todo mi cuerpo.

Entre frotar en la ducha y después con la toalla, mi polla se despertó. No tuve más remedio que pegarla de cara a la pared, inclinarla para que sacara el culo y metérsela por su jugoso coño. Suavecito y mojado como estaba me entró con facilidad hasta el fondo. Después de unos minutos, le di la vuelta y la senté sobre el lavabo para metérsela de nuevo y notar como mis huevos chocaban en su culo. Me metía sus pequeños pechos en la boca enteros, ¡que placer me daba notarlos dentro! y como se retorcía ella cuando los succionaba para finalmente morder sus pezones. Ella no paraba de repetir “siempre Amo”. Al poco me corrí y unos segundos después lo hizo ella.

Ya descansados y mientras yo me vestía le pregunté.

-Que quieres decir con “siempre Amo”, ¿que te gustaría estar siempre así?.- Que es lo normal que se dice en un orgasmo, lo típico de no quiero que nunca termine o quiero pasar mi vida así, en fin hay muchas variantes pero todo es lo mismo, intentar que esa sensación no acabe nunca.

-No Amo, bueno sí, me gustaría estar siempre así. Pero cuando siento su polla dentro de mi y mis tetas dentro del Amo, es como la unión perfecta del Amo y su esclava. Una parte suya en mi y otra mía en usted y deseo que “siempre” estemos así unidos los dos cuerpos.-

-Muy bonito, me ha salido una esclava filósofa. Aunque quizás algo cursi, me pensaré si te azoto un poco para eliminar tanto almíbar.- Le dije riendo. Pero la verdad es que le daba la razón, es muy agradable la unión de dos cuerpos de esa forma. Salvo que yo no hacía el amor desde que mi novia se convirtió en mi esclava, desde entonces me limito a follar y busco la forma de conseguir más placer. Quien sabe, igual vuelva a enamorarme un día de nuevo. El problema es si Isabel lo habría hecho ya. Tendría que estar pendiente con ella, una esclava que te adora es una sumisa casi perfecta pero una esclava que está enamorada al final es un problema. Puede fingir no tener celos pero los tendrá y eso acabará por corroerla por dentro y acabará su vida amargada.

Al final no le di esos azotes pero la dejé en medio de la habitación en espera el resto de la mañana hasta la comida.

Continúa en