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Las siete 4

Cristina siempre supo que su cuerpo respondía a la limpieza, pero nunca imaginó que alguien vería el verdadero placer en su sumisión. Cuando él le ofrece un uniforme y un collar, la línea entre empleada y esclava se borra para siempre. Ahora, bajo las órdenes de su Amo, debe aprender a ceder el control total de su vida y su cuerpo.

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Capítulo 4.

Después del fin de semana con Isabel donde la azoté durante toda una mañana, para después tenerla toda una tarde con vibradores, llegó el lunes.

A su hora llegó Cristina le dije que tenía que tomarle las medidas para su nuevo uniforme. No puso pegas ni malas caras cuando fui pasando el metro por su cuerpo. No diría que le agradó pero no le disgustó nada, cosa que no me esperaba. No era de grandes pechos más bien medianos y algo caídos, la cintura delgada y cadera ancha pero en armonía. Lo que resaltaba eran las llamadas cartucheras, y que al pasar con el metro y mi mano sobre el pijama de limpieza que llevaba las noté con celulitis. De culo grande y blando abombado en el centro pero no caído. Los muslos en consonancia con el culo pero sin ser excesivo dejando unas bonitas piernas. Pensando en su edad y que probablemente no haya hecho ejercicio nunca, no estaba mal si dejamos sus cartucheras de lado.

Mientras ella se ponía a trabajar envié las medidas a un sexshop online. Las empresas de uniformes no creo que me hicieran el que yo quería.

Mientras trabajaba estuvimos charlando. Ya había perdido la vergüenza por delatarse con su parafilia y después de sondear un poco me enteré de su vida.

En segundo de carrera se fue a vivir con su novio del instituto y fue cuando le apareció la basetofilia que por supuesto no lo supo en principio. Ella por las mañanas estaba en la universidad normal, pero al regresar a casa y ponerse a limpiar se calentaba. Tanto que en cuarto de carrera el novio la dejó, le dijo que era ninfómana y no se fiaba de la fidelidad de una ninfómana. Deprimida se volvió a casa de sus padres en otra ciudad y dejó la carrera en suspenso pensando en terminarla más adelante, nunca lo hizo.

En casa de sus padres le ocurrió lo mismo, al no tener nada que hacer se dedicaba a tareas domésticas, eso la excitaba mucho. Pero siguió sin asociar lo que le pasaba. Lo que hizo que acudiera a un terapeuta fue que no entendía como a pesar de estar deprimida por su novio de toda la vida que la había dejado se masturbara todos los días y a veces en varias ocasiones. Tras meses de estudio por parte del terapeuta, y de abultados honorarios, dio con su parafilia, que en realidad no es basetofilia. Esta se limita al orden y la limpieza. Lo que la pasaba a Cristina se ampliaba a cualquier tarea del hogar aunque especialmente al orden.

Para muchos hombres debía ser la pareja perfecta, le encanta llevar la casa y encima está siempre caliente. Y Cristina a pesar de sus años era una mujer atractiva y muy guapa. Si añades que es universitaria y si hubiera terminado la carrera tendría un buen trabajo, ¿que más se puede pedir?.

Con ese diagnóstico intentó contactar con su novio, pero en esos nueve o diez meses, ya tenía otra novia y no quiso ni hablar con ella. De nuevo la depresión hizo mella en ella y pasó dos años más con sus padres y con el ya conocido terapeuta para tratar su depresión.

Finalmente tomó una determinación que horrorizó a sus padres, los cuales no sabían nada de su parafilia. Regresó con intención de terminar la carrera pero buscando trabajo de limpiadora. Los trabajos que encontró llenaron su vida, según me dijo, por esa razón no volvió a la universidad y finalmente acabó en nuestra empresa. No volvió a tener novios, se sentía una persona anormal con su “enfermedad”. Algunos compañeros de cama pero que a lo largo de los años se pueden contar con los dedos de las manos. Que para ser guapa y atractiva con cincuenta años es como decir nada.

Creí verle alma de sumisa cuando estuve con ella en mi despacho, pero pudo deberse a la situación y al miedo de perder el trabajo. Ya en mi casa, viendo su actitud y la forma de tratarme estaba casi convencido de quererla someter, así que me propuse hacerla la segunda de las esclavas. Por esa razón encargué el uniforme en el sexshop.

El martes de nuevo llamó a mi casa Ana y de nuevo me abstuve de abrirle la puerta.

Por la tarde, cuando Cristina estaba a punto de marcharse le pregunté:

-¿Como te encuentras?.- Lo dije con una media sonrisa que no supo interpretar.

-¿A que se refiere Señor? Estoy bien.-

-Me refiero a que sí antes de irte necesitas pasar un rato en el baño, aquí no tendrás problemas por mi parte.- Ensanché la sonrisa al decirlo.

Se puso colorada y se volvió, pero no enfadada, y se mantuvo quieta un momento que aproveché para acercarme a ella y rodearla con los brazos por la cintura desde su espalda.

-Cristina, he visto que has limpiado el dormitorio del fondo, y habrás visto lo que hay allí,- es donde están las argollas en paredes y techo además de la fusta, los látigos y demás juguetes, -en esta casa me vendría bien una limpiadora cuyos servicios sean completos.-

Una mano la dirigí a un pecho y la otra bajando hasta la falda y la metí por dentro hasta dar con sus bragas bastante mojadas. Ella en ningún momento me paró o dijo nada, cuando notó mi mano sobre su braga se limitó a soltar un pequeño gemido. Sin dejar mis manos de donde estaban, desde su espalda la fui empujando hasta la mesa alta del salón. Ella se dejó llevar gimiendo por el roce continuo de mi mano entre sus piernas. La incliné un poco sobre la mesa donde apoyó sus manos, su cara colorada y sus ojos cerrados los veía reflejados en el cristal que había sobre la mesa.

No quise decir nada más, la situación me era favorable y una palabra equivocada puede torcerlo todo. Con cuidado de no dejar de tocar su mojado coño y usando la mano que estaba en su pecho, le bajé las bragas hasta las rodillas, le levanté la falda y ante mi apareció ese culo fofo y blanco. No tenía tanta celulitis como creía pero algo sí. Mientras con una mano seguía frotando un coño que al tacto me decía que era peludo, muy peludo, con la otra me bajé los pantalones.

Apoyé mi polla sobre sus cachetes restregándola hasta que estuvo dura, entonces la pasé entre ellos derecha a su coño donde sin mucho esfuerzo encontró la entrada y la metí hasta el fondo. Se arqueó y suspiró, una mano se la llevó al clítoris para masturbarse. Yo dedique las dos mías a amasar ese culo mientras no paraba de meter y sacar.

Se corrió al poco tiempo, y a mi me quedaba aún. Pero ella como queriendo darse por satisfecha volvió a poner la mano en la mesa. Yo seguí bombeando y cuando me tocó a mi ella me siguió con otro orgasmo con pequeños temblores que hacían parecer a sus cachetes un flan al agitarse.

Me subí el pantalón y me retire a sentarme al sofá en espera de su reacción. Al serenarse, terminó de quitarse las bragas y se volvió a mi.

-¿Señor, puedo usar el baño?.-

-Ya te dije que en esta casa no tendrás problemas con eso, ¿o no acaba de quedar claro?.- Se lo dije con una sonrisa amable.

-Gracias Señor.- Se marchó al baño donde intuí que usó el bidet. Apareció ya recompuesta y derecha a la puerta.

-Gracias Señor, nos vemos mañana. Y por favor, la próxima vez le ruego que use condón, no estoy tomando nada.- Abrió la puerta de la calle para marcharse.

-¡Un momento Cristina!,- se volvió a mirarme, -en esta casa el señor no usa condón, plantéate otro método anticonceptivo.-

-Sí Señor.- Salió cerrando despacio.

El miércoles por la mañana me encontré una nota en el buzón. Como ya imaginé de Ana. En ella me decía que era un maleducado, que al menos debía abrir la puerta para hablar y poder explicarse. Que necesitaba aclarar algunas cosas en su cabeza y tenía preguntas que hacerme, que se lo debía después de haberla follado. Me decía que al día siguiente iría a hablar conmigo y que por favor le abriese la puerta. Conforme la leí la tiré a la basura. No pretendía perder el tiempo con una vecina dubitativa por muy buena que estuviese, eso al final lo que trae son problemas.

Por la tarde vino Cristina y nada más abrirle la puerta me dijo:

-Señor, hoy no han podido pero mañana me ponen un diu, lo de tomar la píldora es más complicado y me puede llevar más tiempo. Por eso le pido por favor que no me folle hasta entonces.-

Lo soltó sin más, me quedé un poco sin saber que decir. Asumió ya que me la iría a follar cuando me apeteciera. Me gustó la velocidad con ella para asumirlo, pero lo que buscaba realmente era someterla, no sólo follarla. Antes de que se me ocurriera que decir me preguntó:

-¿Puedo preguntarle al Señor porqué yo? Quiero decir, usted es joven, atractivo y con éxito. Yo soy mayor y mis formas quizás sean bonitas, pero en cuanto se quita el envoltorio es un cuerpo viejo y blando con todo ya caído.- Me miró con tristeza y miedo de que yo me diera cuenta de eso y no volviera a tocarla.

-Cristina, todo el mundo es en gran medida atractivo según como lo mires. No eres tan mayor ni vieja como te crees, tan sólo tienes cincuenta años, quizás te falte un poco de ejercicio para tonificar y muscular algo, pero tienes un atractivo especial para lo que busco.- Le dije sentándome en el sofá y dejándola a ella de pie.

-¿Y que es lo que busca de mi?.-

-Prefería que aún pasase más tiempo y nos conociéramos mejor pero ya que preguntas te voy a hacer una propuesta. No quiero una respuesta precipitada así que la piensas hasta el viernes. Por favor, ponte con las piernas algo abiertas y las manos a la espalda.- Eso ni lo pensó, se puso como le dije esperando mi propuesta.

-Mi idea es que dejes de trabajar para la empresa y lo hagas para mi a jornada completa. Ganarás lo mismo que ahora en la empresa, pero el trabajo de limpieza será más cómodo. No es lo mismo limpiar una casa que unas oficinas. Seguro que la casa la tienes limpia perfectamente en ocho horas, y al día siguiente poco habrá que limpiar. Mientras que en las oficinas a lo mejor no te da tiempo en una jornada hacerlo todo como a ti te gustaría, y te vas a casa con la angustia de no haber terminado.- Paré y la miré, se la notaba sopesando la situación.

-¿Pero hay más, no Señor? Sino no me habría pedido que buscara medidas anticonceptivas.-

-Por supuesto que hay más. Ahora viene lo mejor de todo el asunto. Creo que como te comportas es de una sumisa. Creo que te gusta ceder el control de tu vida. Y como viste en el dormitorio yo soy un amo. Si decides quedarte a limpiar mi casa, también te acogeré como mi esclava. Eso básicamente significa que podré tener relaciones sexuales contigo cuando me apetezca y como me apetezca.-

-No se si soy sumisa Señor. Pero a mi edad y con mi parafilia que me paso el día excitada, no tendría problemas en tener sexo con usted, joven y atractivo, no soy una puritana y de eso estoy escasa. Lo que me infunde algo de miedo son los látigos y demás. ¿Los usará conmigo?.-

-Sí, pero no debe darte miedo. Es posible que los use para castigar alguna falta que cometas, o simplemente para darme el gusto de hacerlo. Pero no será nada que no podrás soportar y es posible que incluso pasen semanas o meses sin que los use contigo.-

-¿Y eso de ir a orgías o llevarme para prostituirme?.- Solté una risa contenida al escucharla decir eso.

-No se de donde sacas eso. No tengo ninguna intención de llevar a mis esclavas a prostituirse o a ninguna orgía, pero aún así me da que a ti no te afectaría mucho ¿no es así?.- Incluí la palabra esclavas en plural a conciencia para ver su reacción.

-No creo; que a mi edad me lleven a una orgía sería una suerte creo. Perdone, pero ha dicho ¿esclavas?.-

-Cristina, deja de incordiar con lo de la edad, no eres mayor, tienes cincuenta, ¿que vas a dejar cuando te jubiles?.- Se lo dije ya realmente enfadado.

-Lo siento Señor, pero es que llevo mucho tiempo retirada de todo lo que no sea mi trabajo y ni salgo ni tengo amistades y me parece que ya mi vida ha pasado. ¿Ha dicho que tiene más esclavas?.-

-Para quien te crees que está el dormitorio del fondo.-

-Es cierto, no lo pensé Señor.- Se quedó unos segundos procesando la información.

-¿Señor coincidiré con ellas en algún momento, o con ellos?.-

-Pues claro, y son o serán todas ellas. Y tendrás sexo también con ellas si es lo que piensas, dentro de la sumisión no hay género, se hace lo que te mandan con quien te mandan. ¿Eso te supondría un problema?.-

-Nunca lo he hecho con una mujer. Claro que con hombres tampoco es que lo haya hecho mucho después de mi novio en la universidad. Creo que no tendré problema, será una nueva experiencia.-

Me gustaba la serenidad y tranquilidad con que se lo tomaba.

-Tienes hoy y mañana para pensarlo y preguntarme las dudas, pero la respuesta la quiero el viernes aunque la tengas decidida antes, quiero que lo pienses bien. Si al final no acaba de gustarte esta aventura dentro de una semana o un año, no te preocupes que a la empresa siempre podrás volver mientras yo la dirija. Podrás volver a la vida que tenías hasta ahora.-

-Lo pensaré, pero la idea me atrae mucho. Si me da usted su permiso debería ponerme ya con los baños sino no me dará tiempo.-

-Piensa tranquila y pregúntame cualquier duda. Y como hoy no puedo follarte como me has dicho, antes de irte puedes pasar un tiempo en cualquier habitación a solas para desahogarte.- Esto último se lo dije sonriendo, y ella me devolvió la sonrisa, quiero creer que agradecida.

Otro día que de nuevo la pesada de Ana que no se da por vencida vino a mi casa llamando a la puerta. Yo miraba por la mirilla pero sin hacer ruido. Llegó a gritar que me había dejado una nota, que por favor le abriera. Empezaba a preocuparme por el escándalo con los vecinos. Pero al cabo de insistir un poco más, se dio la vuelta visiblemente enfadada y se marchó. Crucé los dedos para que por fin pillara que no tenía interés en ella. Le había dado su oportunidad y la dejó pasar. Además me autoconvencí que tener de esclava a una vecina casada me podría traer problemas.

Ese día por la tarde, jueves, llegó el uniforme que había encargado para Cristina. Me vino muy bien que llegase antes de que ella tomase la decisión. Así vería como estaría todo el día en mi casa con el uniforme y como reaccionaba ella.

Constaba de unas medias blancas con liguero, una falda negra justo hasta el final del culo, que si se inclinaba lo más mínimo ya se la veía todo. El vestido dejaba la espalda al aire y con un escote muy pronunciado. Sobre él llevaba un mandil de encajes blanco atado a la espalda con unos corchetes en un borlón como un rabo de conejita. La cofia de encaje y dos muñequeras blancas también de encajes. No llevaba sujetador y un tanga negro. Tampoco llevaba calzado, pensé en unos tacones negros pero con mi suelo de parquet además de estropearlo sonaría mucho. Y por supuesto un collar, de terciopelo negro con un aro en el centro.

Cuando se lo di a Cristina me quedé esperando su reacción. Lo miró, me miró a mi, y dijo:

-Es muy escueto. Apenas tapa nada.- No lo dijo enfadada sino sorprendida.

-Esa es la idea, ten en cuenta que las otras esclavas no llevarán nada, así que eso que ganas. Pruébatelo.- Se fue a un dormitorio y cuando fue cerrar la puerta, me puse en el dintel y le dije que no con la cabeza. Me miró un segundo y pareció no importarle, se volvió y se puso a desnudarse.

Era la primera vez que le veía las tetas, no estaban tan caídas como ella decía, eran suculentas sin ser demasiado grandes.

Se desnudó sin vergüenza alguna. Se puso el vestido y al verla me excité al momento. Le quedaba como un guante y estaba muy sexy.

-Señor, ¿le gusta como me queda?.-

-Mucho, te veo muy apetecible. ¿Y a ti te gusta y te es cómodo?.-

-El liguero es un poco tirante para el trabajo pero me acostumbraré Señor. Además, al verme con él puesto me he excitado al momento. ¿Sabe el Señor que ya tengo puesto el diu?.- Me dijo de forma lasciva.

No quise andarme con arrumacos, la cogí de la cintura y la tiré boca arriba en la cama. Ella abrió las piernas y sacó sus tetas que en ese vestido era muy fácil. Me bajé el pantalón saliendo ya dura la polla y me eché encima penetrándola de una sola vez apartando el tanga y agarrando sus tetas blandas y agradables de amasar.

-Señor no creo que tenga mucho yaaaa queee pensarrr.- Dijo mirándome y abrazándome por la espalda. Yo seguía amasando y embistiendo ese cuerpo maduro que por alguna razón me ponía mucho.

-Sííííí Señorrrrr.- Decía intercalando jadeos y moviendo sus caderas para acompasar mis movimientos.

Ninguno tardó mucho en correrse, ella algo antes que yo. Nos quedamos en silencio unos minutos recuperando la respiración.

Se levantó y con la mano en el coño para no dejar escapar mi semen, se fue al baño.

Yo me recompuse y me fui al salón a leer. A los pocos minutos apareció.

-Señor, necesitaré más tangas si me va a follar cuando le apetezca. No podría seguir el día trabajando sin ropa interior o peor, con un tanga sucio de la corrida del Señor.-

-Por eso no te preocupes, compra los que creas necesarios que los pagaré yo. Cuando termines hoy de trabajar dime si el traje te va bien, y encargo otros cuatro.-

-¿Solo cuatro Señor?.-

-Claro, de lunes a viernes.- Le dije curioso.

-¿Y sí tengo que venir algún fin de semana, o hay días de lluvia y no se secan los limpios?.-

-Está bien, encargaré diez más.- Asintió con la cabeza y se volvió a trabajar.

El viernes nada más entrar en la casa me dijo que aceptaba la propuesta. Ya tengo dos esclavas, aunque a esta aún la tendré que ir enseñando. No es que Isabel sea ya una esclava ejemplar o experimentada, pero está muy decidida a serlo. Mientras que Cristina le viene de nuevas aunque lo desee.

Llamé a la empresa y le indiqué que Cristina estaría de baja al menos unos meses, que buscaran a otra persona lo más urgentemente posible aunque ella seguiría hasta que encontraran a alguien. Al poco tiempo me llamó el supervisor y no le hizo mucha gracia la baja de una empleada tan fiel y capaz. Le dije la mejor excusa para evitar preguntas, tenía un problema familiar que requeriría todo su tiempo, aún no se sabía cuanto duraría. Use ese verbo, duraría, dejando la duda de si me refería a la baja o al supuesto familiar que tiene el problema. Les dije que ella acudió a mi y prefería que la dejaran en paz sin preguntas hasta que llegara la sustituta.

Cristina ya quería quedarse ese día pero no podía dejar las oficinas sin personal de limpieza. Antes de marcharse a la empresa a trabajar y después de limpiar en mi casa, tuve el detalle con ella de follármela antes de que se cambiara de ropa.

Realmente no se que iba a limpiar durante ocho horas todos los días en mi casa. Tres dormitorios incluido el mío, un despacho, salón, cocina y dos cuartos de baño. Creo que tiempo hay de sobra, además que tengo el robot que barre y friega todos los días el suelo por la noche.

A las once llegó Primera, o Isabel. Me estaba planteando cuando tuviera en casa a más de una sumisa llamarlas por un número. Así las despojaba un poco de su identidad dentro de la casa.

Venía como el anterior fin de semana, caliente y deseando que la usara. Pero a la pobre la hice sufrir y la dejé en mitad del salón de rodillas hasta que terminó una película que estaba viendo.

La llevé a la cama y estuvimos un buen rato follando, pero al terminar le dije que se fuera a otra cama o al suelo, que quería dormir solo.

La mañana llegó agradable cuando al despertarme sentí que me la estaban mamando. Ni siquiera abrí los ojos para saber que esa mamada tan experta era de Isabel. La forma que tenía en usar su lengua, como lamía o como se la metía entera en la boca era una auténtica gozada. Pero lo mejor es que aprendía rápido, desde que le prohibí usar las manos en las mamadas no había perdido nada en su pericia y el placer de su boca era increíble.

Tras el desayuno estuvimos parte de la mañana ensayando las posturas básicas, aunque en realidad ya las hacía bastante bien y sin dudar. Me senté en el sofá con ella en mitad de la habitación en espera.

-Dime esclava, ¿antes de conocerme tenías mucho sexo?, y recuerda que no debes mentirme, te juegas seguir con esta relación.- Le dije para conocer más a mi primera esclava.

-No Amo, sólo mi novio del instituto.- Dijo algo colorada viendo que la conversación iría sobre ese tema. Curioso, es ya una esclava, la he follado por todos sus agujeros, la he azotado, atado y la tengo desnuda en mitad del salón de rodillas, pero hablar de sexo le avergüenza.

-Me hablaste de una compañera lesbiana, ¿o eso se te ha olvidado?.- Lo dije serio.

-No Amo, lo siento, creí que se refería a hombres. Sólo he tenido sexo con mi antiguo novio y con esa compañera, nada más… bueno y con mi Amo.-

-¿Como me explicas entonces lo de la noche que nos conocimos? A las primeras follaste en los baños y luego te viniste a mi casa. Eso no suena a una chica que no tiene sexo habitualmente.-

-No se Amo. Nunca nadie me lo había pedido antes. Normalmente cuando salimos los fines de semana, los chicos sólo se acercan a mis amigas, a mi nadie. De todas formas la mayoría que acaban con mis amigas no me atraen, los veo muy insulsos. No son como mi Amo. ¿Puedo llamarle Mi Amo?.- Preguntó levantando levemente la cabeza.

-Claro que sí. Ahora eres mi esclava, luego soy tu Amo. Y lo de los chicos no me extraña, con esas ropas que llevas siempre que parecen de monja. ¿No tienes otro tipo de ropa?, no tiene que ser sexy pero por lo menos que marquen tus deliciosas curvas.-

-Bueno, tengo un par de vestidos, pero mis amigas siempre insisten que no son adecuados y que me quedan mal. Creo que me dejo influenciar mucho por ellas pero me da igual, como ya le he dicho los chicos que se acercan no me atraen. Por eso no me molesta ponerme ropa sin forma así además de espantarlos quedo bien con mis amigas.-

-Pues yo lo que creo es que tus amigas no lo son tanto. Tienes un bonito cuerpo para llevarlo tapado por un saco. Vístete, vamos de compras, yo invito.- Se levantó con una sonrisa y la cara iluminada.

Fuimos a un centro comercial y elegí un par de vestidos, normalitos pero con algo de escote y cintura llegando justo antes de la rodilla. Le busqué también un par de camisas sueltas justo por la cintura y unas faldas sueltas también algo más cortas. El color se lo dejé a ella, no pretendo meterme en ese barrizal de como nombrar a los colores.

En los probadores había una chica del centro comercial y no podría entrar con ella que era lo que me había propuesto. Así que le di instrucciones de que dejase la puerta entreabierta para poder verla como se cambiaba y que saliera con cada vestido a verla. Acertamos con las tallas y le quedaban todos bien. Al segundo que se probaba, ya un par de hombres que como yo esperaban se dieron cuenta de la puerta y disimuladamente se pusieron en una posición para verla cambiarse.

Isabel no sólo no le vi mostrar pudor, sino que en ningún momento miró ni siquiera a mi, entraba, dejaba la puerta entreabierta, se desnudaba y se cambiaba sin mirar nada más que a la ropa que se quitaba o ponía.

Ya cuando iba probarse la última falda, una señora que no se le escapó las miradas de los hombres arremolinados en el mismo sitio, creyendo hacer un favor le cerró la puerta advirtiéndola de su despiste.

Después le compré un par de zapatos de medio tacón acordes con el vestido y las faldas. Intenté que al probárselo abriera las piernas para que se le vieran las bragas. Isabel lo hizo sin recato pero en ese momento no había ningún mirón, ni siquiera el empleado que estaba atendiendo a varias al mismo tiempo.

Cuando estábamos regresando a casa me agradeció los regalos, pero me dijo que si no me importaba los dejaría en mi casa para cuando me ordenase ponérselos.

-No me importa que esos los dejes, pero a partir de ahora ve poco a poco cambiando tu vestuario, deja de llevar esa ropa informe.-

-Sí Amo.-

-Por cierto, me ha gustado que ya hayas perdido la vergüenza, he visto en los probadores que no has tenido pudor en hacer lo que te mandé a pesar de tener varios espectadores.-

-No sé Amo, quizás sola no me hubiese atrevido, pero sabía que mi Amo estaba allí por si ocurría algo. Además cuando estoy con usted mi cuerpo ya no es mio sino suyo ¿no?.-

-Correcto, me perteneces y puedo enseñar ese cuerpo a quien quiera. Y volviendo al tema sexo,- ya estábamos en el coche de vuelta a casa, -me has dicho que sólo has tenido sexo con dos personas, conmigo tres, pero sabes que puedo prestarte a otros o llevarte a una orgía. ¿Como llevarías eso en este momento?.-

-No me asusta Amo. Aunque no he tenido mucho sexo, no soy ninguna reprimida ni moralista ni nada parecido, simplemente que no he tenido oportunidad. No me asusta tener sexo con sus otras esclavas ni con nadie si son órdenes suyas.-

-Y si no te lo ordeno, quiero decir, si te encuentras en la situación de tener sexo ¿te sentirías mal?.-

-No Amo, ya le he dicho que no soy reprimida. Pero sabiendo que no puedo correrme por su prohibición, no creo que me apetezca mucho calentarme para no poder desfogarme.-

Llegamos a casa y me puse a preparar la comida mientras ella en posición de espera de pie me miraba.

-Por cierto esclava, algún día te contaré mi vida anterior y la de mis esclavas. Pero ahora quiero que sepas que tengo la propuesta de tener más esclavas aunque por ahora sólo tengo a dos. Tú fuiste la primera pero por razones absurdas que ya sabrás en su momento, deseo llegar a tener en mi grupo a siete.-

-Sí Amo.- fue lo único que dijo. Pensaba que se sorprendería al saber que no tengo una cuadra llena de esclavas para cada día del mes.

-Te lo digo porque según aumente el grupo coincidirás con otras esclavas y no quiero a nadie con celos. Mis esclavas están para mi satisfacción, lo demás es secundario y los celos no me gustan. Quizás algo de competencia pero no más allá.-

-Lo entiendo Amo. Yo sólo estoy aquí para darle lo que me pida, y como dice, aunque haya sido la primera reconozco que eso no me dará ningún tipo de poder salvo el que me quiera dar el amo.-

-Estupendo, pues vamos a comer que después te daré el postre.- Sonrió ante la perspectiva y se sentó al comer.

-Amo… a pesar de todo me siento muy orgullosa de haber sido la primera esclava del Amo.- Me lo dijo alzando un poco la cabeza, no mucho, y mirándome con una amplia sonrisa.

-Bueno, has sido la primera en esta ciudad. Como ya te he dicho algún día te contaré sobre las otras esclavas que dejé al mudarme.-

-Me alegro que el Amo se mudara.-

Tras la comida me hizo una de sus fantásticas mamadas y me quedé dormido en el sofá sin darme cuenta. Al despertar, sobre las cinco de la tarde, tenía a Isabel de rodillas en espera en medio de la habitación. Ni siquiera recordaba cuando me limpió la polla al terminarme la mamada.

-Haz café y prepárate uno para ti si te apetece.- Le dije mientras me desperezaba.

Al rato vino con mi taza, ya le había puesto el azúcar que me gusta. Tras darme la taza fue a por la bandeja para ponerse a cuatro patas y que la apoyara pero la paré.

-¿No te apetece un café pequeña?- Le pregunté dejando mi taza en la mesa.

-Sí Amo, pero no podré tomarlo mientras sostengo su bandeja.- Me dijo mirándome sin saber que hacer.

-Deja la bandeja ahora. Si te apetece ponte uno y te lo tomas conmigo, venga ve.-

Regresó a la cocina y vino con una taza de café que dejó en la mesa y ella se arrodilló en el suelo frente a mi.

-Dime, ¿cómo te van los estudios?.- Mi interés era sincero. Una esclava debe tener un futuro por si a ella o a mi nos da por romper la relación. Me considero algo cabrón pero no tanto como para hipotecar la vida de una persona. No me importa tener en casa de forma permanente a una esclava, o más, pero eso supone para ellas no tener otra vida salvo la de sumisa. Para Cristina a lo mejor puede servir, pero Isabel es aún muy joven y la vida da muchas vueltas como se suele decir. Su vida de esclava debe ser paralela a la otra, debe buscar una estabilidad económica, incluso una sentimental. Por eso para mi era importante que sus estudios no se resintieran. Incluso me había planteado que si no podía con ellos romper la relación.

-Van bien Amo, no tengo problemas. Como se que el fin de semana no puedo dedicárselos durante la semana me esfuerzo y estoy dedicada a ellos todo el día.-

-Si alguna vez, por los exámenes o por otra cuestión necesitas estudiar durante el fin de semana, no dudes en decírmelo. Así como cuando haya algún evento o fiesta universitaria. No quiero que por mi culpa te conviertas en la rarita de la clase que no socializa con nadie.-

-Bueno Amo, eso ya lo soy desde primero. Aunque desde que mis compañeras saben lo nuestro he dejado de serlo un poco. Y con lo nuestro me refiero a que les dije que estábamos saliendo como novios.-

-Bien, pues si se supone que somos novios, esta noche saldremos después de cenar a tomar unas copas, ¿te apetece pequeña?.-

-Mucho Amo.- Me dijo como en un susurro.

-Vaya, no te veo muy ilusionada.-

-Lo siento Amo. Es que… no se… ¿me va a usar para buscar a otra esclava?.-

-No, no lo voy a hacer. Saldremos a relajarnos y tomarnos unas copas, nada más. Pero si en algún momento hoy u otro día encarta que te use para eso, tendrás que hacerlo, lo entiendes ¿no?.-

-Sí Amo.- Dijo en parte resignada en parte contenta de salir con su amo como si fueran novios.

-En cuanto termines el café, te dejaré que me la mames como regalo.- Y poco más pude decir, de un sorbo lo terminó y gateando hasta mi, me bajó el pantalón y se puso a chuparla con ganas.

-Para, vas muy rápida y no quiero correrme tan rápido, trae la fusta.- Mientras salió en busca de la fusta tuve un momento de debilidad. Pensé que en realidad no necesitaba las siete esclavas que me había propuesto. Con Cristina durante la semana e Isabel los fines de semana ya iba listo, ¿para qué complicarme más la vida?.

Me trajo la fusta y reanudó su mamada mientras me dedicaba a darle fustazos en el culo sin demasiada fuerza. Acabé mi corrida con dos fuertes fustazos y con un temblor le llegó a ella el orgasmo. Pasado un minuto que se repuso se dedicó a limpiármela y guardarla. Entonces es cuando me di cuenta, ella no se estaba tocando, tan solo me chupaba con la boca y con las manos en la espalda como le enseñé. Yo tampoco la tocaba salvo por los azotes de la fusta. Además antes de la mamada no hubo ningún tipo de estimulación ni circunstancia excitante.

-¿Te has corrido sólo con mamármela?- Le pregunté muy intrigado.

-Sí Amo, lo siento.- Dijo arrepentida pensando que había fallado en algo.

-No lo sientas, no te lo prohibí. Tienes prohibido hacerlo antes que yo, pero no después. Lo que me resulta curioso y por eso te lo pregunto es que si te has corrido sólo con chuparme la polla.-

-Sí Amo. No puedo remediarlo, me gusta mucho sentirla en mi boca, me excita mucho. Sobre todo cuando no está dura y la noto que lo va haciendo dentro de mi. Es una sensación maravillosa y cuando se corre y noto su semen caliente entrar disparado el placer se multiplica y me cuesta parar el orgasmo.- Lo dijo algo avergonzada.

-A ver si te va a pasar como en “Garganta profunda”.- Dije soltando una risotada.

-Perdón Amo, no se que es eso. Bueno, se las mamadas de garganta profunda si es eso a lo que se refiere. Pero ya me dijo que a usted no le gustan.-

-No, me refiero a la película. Una muy antigua donde la chica no tiene orgasmos al follar y al final es porque el clítoris lo tiene en la garganta. Del título de la película viene esa expresión y esa forma de mamarla.- Decía sin parar de reírme.

-A lo mejor Amo, o lo más seguro es que sea por que la polla de mi Amo está muy rica.- Dijo con una enorme sonrisa.

El resto de la tarde la pasé leyendo. La puse sobre mis rodillas boca abajo. En su espalda puse el libro y con una mano le acariciaba el culo unas veces, y otras con la otra mano el cuello y la cabeza.

Poco antes de cenar me vino a la mente la conversación que tuvimos sobre cuando me preguntó si la usaría para buscar otra esclava. Mientras le acariciaba el muslo, dejé el libro sobre su espalda.

-Cuando me has preguntado,- le dije, -si te usaría para captar a otra esclava ¿realmente que pensabas? ¿Crees que un Amo no puede tener a más de una?.- Aunque creía saber su respuesta quería que me lo dijera ella.

-No Amo. Soy su esclava y usted tiene derecho a tener cuantas le apetezca.- Lo dijo de una forma algo seca, pero yo sabía que los tiros no iban por ahí.

-¿Realmente eso es lo que pensabas al preguntármelo? Dime la verdad, no quiero que me ocultes nada. No serías buena esclava si lo haces.-

-No Amo. Por favor no se enfade. Pero pensaba que a lo mejor quería ya sustituirme.- Dijo algo inquieta. Era lo que supuse, es lo que tienen las esclavas tan jóvenes y con la estima tan baja, siempre temen no ser lo suficiente para su amo, ya me pasó en la otra ciudad con la sobrina.

-Isabel, llevamos en esta relación menos de un mes ¿tan rápido crees que cambio de esclava?. Si alguna vez decido dejarte te prometo que te lo diré en cuanto tome esa decisión. Pero te aseguro que no tengo esa intención, me gustaría que me durases mucho, y que finalmente fueras tú la que decidiera romper por cuestiones ajenas a nosotros como un trabajo fuera de aquí o una pareja, o incluso por un nuevo amo que te satisfaga más. No quiero que vuelvas a tener esos pensamientos, no me gusta tener que estar pendiente de si mis esclavas están tristes por algo que ni va a pasar.-

-Sí Amo. Lo siento.-

-Aunque como esclava debes procurar hablar lo menos posible, solo cuando te pregunte o tengas algo importante que decirme. A pesar de eso cuando se te pasen por la cabeza estos pensamientos no dudes en preguntar.-

-Sí Amo. Gracias Amo por ser.-

-¿Por ser qué?.-

-Pues por ser mi Amo.-

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