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Dominaciónsept 2024

Las siete 3

Descubrir a una mujer en su momento más vulnerable no es motivo de despido, sino de reclutamiento. Para él, el orden lo es todo, y si ella necesita limpieza para encontrar placer, él será quien le dicte las reglas. La puerta se cierra, las normas se imponen y la sumisión comienza.

Mariscal7K vistas9.6· 14 votos
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Capítulo 3.

Fue un fin de semana estupendo en el que conseguí ya mi primera sumisa, Isabel, la joven estudiante universitaria. Comencé la semana de trabajo contento.

La sorpresa me llegó el martes. A las once de la mañana llamaron a la puerta, miré el reloj y supuse que era Ana. Nada más abrir y sin dejar que dijera nada levanté la mano indicando que no entrara.

-Ya te dije que no me quedaba café y el té también se me acabó. Conmigo las cosas funcionan así, tuviste una oportunidad y ya pasó. Que tenga un buen día vecina.- Le puse una sonrisa y sin darle tiempo a responder cerré la puerta. Me quedé mirando por la mirilla y la vi de pie delante de la puerta pensando con la cara descolocada. Se dio la vuelta y se marchó.

No pretendo perder el tiempo con una posible sumisa que no sabe lo que quiere, o peor que ella decide lo que quiere o cuando lo quiere.

El miércoles salí por la tarde a comprar los juguetes para usar con Isabel. De paso decidí pasar por la oficina para recoger algunos papeles y firmar otros. A esa hora, serían las siete de la tarde, las oficinas están cerradas. El almacén funciona 24 horas pero la parte de administración cierra a las seis. Con todo vacío y en silencio me dirigí a mi despacho. Cogí los papeles y firmé los que necesitaba.

Me fijé entonces que los catálogos que suelo tener sobre una mesa auxiliar estaban bien apilados y alienados con el borde de la mesa. Miré mi mesa y todo estaba igual, perfectamente puesto y alineado unas cosas con otras. No me había dado cuenta hasta ese momento del perfecto orden. Hojeé la pila de catálogos, unos doce, y estaban por orden alfabético. Un número más alto lo entiendo, pero doce no es un número que necesite ordenarse por efectividad a la hora de buscar uno en concreto.

Me fui fijando en el despacho, estaba impoluto y perfectamente ordenado todo.

Salí para marcharme dejando los papeles firmados en la mesa de mi secretaria y cuando estaba llegando al ascensor me doy cuenta de que el carrito de la limpieza está junto a los servicios. Me dirigí allí con la intención de felicitar a la persona encargada por el aspecto impecable de mi despacho.

El carrito estaba justo delante del servicio de mujeres, y sin intención ninguna lo aparté en silencio y abrí la puerta sin hacer ruido. No había nadie, y cuando me iba a marchar noto unos gemidos de uno de los cubículos. Lo primero que pensé era que alguien estaba herido o necesitaba ayuda, pero antes de preguntar nada los gemidos fueron más intensos y no precisamente de alguien herido.

Me quedé parado sin creérmelo, alguien se lo estaba pasando muy bien en el baño, probablemente la limpiadora. Me acerqué, ahora intentando no hacer ruido. Confirmé que los gemidos eran de placer y no de dolor, aunque el dolor puede traer placer, pero ese es otro tema.

-Disculpe señorita,- dije con voz muy ronca, los gemidos pararon en seco, -cuando termine lo que está realizando le espero en mi despacho, pero no tenga prisa, puede acabar lo que estaba haciendo.-

Me dirigí al despacho y busqué la ficha del personal de limpieza. El servicio de limpieza de oficinas no lo contratamos con empresas de limpieza externas debido a que pueden ver material confidencial en las mesas. El contrato de estas personas contiene varias cláusulas de confidencialidad.

La chica se llamaba Cristina, cincuenta años recién cumplidos. La foto muestra a una morena muy agraciada de cara con unos ojos azules oscuros, casi grises y de piel muy blanca. En ese momento llaman a mi puerta, no habían pasado más de cinco minutos. La pobre no se atrevió a continuar. Aún no había leído nada de la ficha, sólo nombre, edad y foto.

-Pase.- Dije de nuevo con voz ronca.

Entró la misma de la foto, atractiva, algo ancha de caderas y bajo la ropa de trabajo se le insinuaban buenos pechos. El pelo con un flequillo haciendo círculo desde oreja a oreja y por detrás con una horrible coleta.

-Señor, lo siento, yo pued...-

-Quédese ahí un momento y en silencio.- Le corté autoritario. Se calló y por su nerviosismo se agarraba las manos delante sin parar de moverlas. Seguí leyendo su ficha, levanté la vista y la miré un segundo.

-¡Las manos a la espalda!.- Le casi grité, y volví mi mirada al ordenador donde estaba la ficha que me decía que era soltera y sin hijos.

Ella hizo lo ordenado pero al tener las manos en la espalda ahora hacía como un bailecito de caderas por lo nerviosa que estaba y sin separar la mirada de mi, con un gesto de terror. Creo que se veía despedida.

Era curioso, en formación ponía que tenía cuatro años de ingeniería química. ¿Que le pasó para no terminar?. Yo terminé de leer la ficha, especialmente los comentarios de su supervisor que la ponía como trabajadora ejemplar desde que entró en la empresa hacía diez años. Por lo visto era raro el día que no echaba más horas de las contratadas y nunca pedía esas horas en el sueldo. Es lo único que el supervisor le criticaba. En la empresa con eso somos muy estrictos, cualquier hora de más es hora extra y debe contabilizarse.

Levanté la cabeza y la miré directamente a la cara. Ella sostuvo la mirada unos escasos tres segundos y la agachó.

-¿Sabe quien soy?.- Le pregunté, la mayoría de los trabajadores no me conocen, vengo muy poco y derecho al despacho, gestiono lo que sea y me marcho. Básicamente los de oficina y los de seguridad me conocen, en el almacén creo que ni el jefe sabe como soy.

-Sí… Don Hugo. Verá yo puedo explicarl...-

-¿Como sabe mi nombre?.- Le corté.

-Cuando vino hace unos meses nos dieron una circular donde nos hablaban del nuevo Gerente. Si me deja explica...- La paré en seco.

-¿Puede explicarme porqué se estaba masturbando en horario laboral y en su lugar de trabajo? ¿Le parece eso correcto?.- Su cara de piel muy blanca estaba roja de vergüenza o de miedo.

-Verá Don Hugo, si me deja se lo explico. Lo siento mucho de verdad pero por favor no me despida.- Imploró.

Para formar parte de mis siete la veía muy mayor, pero una segunda mirada me hizo reconsiderarlo.

-No creo que haya explicación para eso. Y como comprenderá es una acción que lleva al despido inmediato.- Nunca voy a tener una sumisa por medio del chantaje, eso es burdo y no consigues lo que busco al someter que es una entrega voluntaria y más placentera para mi. Pero no descarto insinuarlo si por ese medio logro que ellas mismas descubran su lado sumiso, o que yo vea que realmente son sumisas.

-Lo siento, pero es que tengo una enfermedad diagnosticada, puedo traer los papeles del médico.-

-¿Una enfermedad?.- El historial médico no está en la ficha, es algo confidencial y los trabajadores no tienen por qué decirlo a la empresa.

-Lo siento Don Hugo, es que soy basetofílica. Estoy diagnosticada. Pero por favor no me despida, este trabajo es todo lo que tengo.-

¿Basetofílica? ¿Eso que demonios es? Para no dar la impresión de no saberlo me puse a buscarlo en el ordenador aunque estaba claro lo que hacía tecleando.

-Por favor Don Hugo, le traigo mañana los papeles médicos.- Levanté la mano para que guardara silencio y lo busqué. ¡Vaya sorpresa! Con siete esclavas a mis espaldas, ahora con otra, y la búsqueda de más esclavas me entero de que existe eso. Personas que se excitan con el orden y la limpieza. Claro, tenía el trabajo perfecto. Probablemente se masturbase todos los días mientras limpiaba.

Ella seguía con las manos en la espalda y moviéndose nerviosa.

-¿Sabe que no debe darme datos de su historial médico? La empresa no debe saber nada siempre y cuando su trabajo no se vea afectado.-

-Lo siento Don Hugo pero no quiero que me despida. Mi trabajo lo hago siempre bien, nadie tiene quejas.- Y tan bien que acaba corriéndose de gusto al hacerlo.

-Eso es cierto…,- hice como que miraba el ordenador, -Cristina ¿no?.- Asintió con la cabeza.

-Cuando me la he encontrado en esa digamos situación feliz…,- la miré y era imposible que sus mejillas pudieran sonrojarse más, -iba a felicitarla por como está mi despacho. Y también a ofrecerle una propuesta de trabajo.-

Me miró ladeando la cabeza, no sabía si el peligro del despido se alejaba.

-Desde que he llegado a la ciudad no he encontrado a nadie para limpiar mi piso, y la verdad es que en esas labores soy muy vago. ¿Que le parece si por las tardes, antes de venir aquí, se pasa por mi casa un par de horas para darle una mano experta?.-

-¿No me va a despedir?.- Dijo ya algo más serena.

-Ahora no me lo estoy planteando, pero como le he dicho necesito alguien en casa. ¿Le parece bien sobre las tres y media de la tarde hasta las seis menos cuarto? Le daría tiempo para llegar en su horario aquí. Por supuesto con contrato claro.-

-Bueno, son muchas horas, y ahora aquí me pagan bien, no necesito más trabajo.-

-Eso en el supuesto de que siga trabajando aquí ¿no?.- Lo dije con toda la intención que supo entender.

-Está bien Don Hugo.- Dijo resignada.

-Estupendo, le dejo mi dirección, no llegue tarde, no me gusta nada.- Le escribí mi dirección y me despedí de ella hasta el día siguiente.

El jueves a las tres y media en punto estaba Cristina en mi casa. Se la enseñé y le dije donde estaba todo, la dejé y yo me fui a echar una siesta. Al despertarme era ya casi la hora de irse ella.

-Don Hugo,- me dijo cuando estaba a punto de marcharse, -aquí hay mucho trabajo, no sólo de dos horas, tendré que venir por las mañanas también.-

-No, por ahora no puedo por las mañanas, trabajo y necesito que no me distraigan. Y otra cosa, no me llame Don Hugo, eso en el trabajo, aquí en mi casa con señor vale.-

-Sí Señor, pero ¿y los fines de semana? La cocina hay que darle una limpieza a fondo y me han quedado dormitorios sin hacer.- Es lo bueno de esta parafilia según leí. Una vez que ven aquello que no está en orden o lo suficientemente limpio ya no descansan hasta que lo solucionan, en este caso acompañado de placer sexual una vez lo hacen. Empecé a hacer planes para mi segunda esclava.

-Los fines de semana también imposible. Por ahora estas son las horas de que dispone, pero si está muy interesada, puedo hacer que entre a trabajar en la empresa unas horas más tarde, pero eso supondría también salir unas horas más tarde.-

-Podría entrar a las ocho de la tarde y en vez de salir a las dos de la mañana, hacerlo a las cuatro señor.-

-¿De verdad quieres ese horario?, no te va a quedar mucho tiempo libre para tu ocio.-

-Me da igual Señor, y aquí al menos por un tiempo hay que dar una limpieza general.-

-Muy bien, a partir de la semana que viene diré que te retrasen la entrada dos horas.-

-¿No podría ser mañana? No quisiera que el Señor pasara el fin de semana con la cocina como está.- Mi cocina está limpia, soy un vago pero no un guarro. Además soy de esos que según cocina va limpiando y quitando de en medio lo que uso.

-Cristina no te preocupes, el nuevo horario será a partir del lunes, mañana como hoy. Por cierto, veo que has venido con un “pijama” de limpieza,- son todos muy parecidos, pantalón y chaqueta, y por encima una especie de poncho sin mangas con amplios bolsillos, -eso es un problema para mi.-

-Lo siento Señor, ¿como debo venir?.-

-Verás, esta es mi casa y aquí sólo los hombres llevamos pantalones, las mujeres deben ir con falda.-

Me miró unos segundos en los que pensaba que se enfadaría con algo sobre el machismo, pero lo que parece que hizo fue pasar revista mental a su ropa.

-Creo que tengo un pijama con falda Señor. Lo traeré mañana.-

-Me voy a poner en contacto con una empresa especializada en uniformes,- los sexshop a veces lo son, -y les diré que medidas necesitan tuyas, te haré uno a medida y si queda bien encargamos uno para cada día, ¿te parece?.-

-Sería estupendo Señor. ¿Sabe que me costó mucho que en la empresa me dieran un pijama para cada día?, decían que no eran necesarios. Tuve que pasar unos primeros meses muy malos limpiando con ropa sucia del día anterior.- Tampoco hay que exagerar, que la limpieza de unas oficinas no es tan sucio. Si fuera del almacén lo puedo entender. Pero bueno, es su parafilia.

El viernes por la mañana llamó en la puerta de nuevo Ana. Esta vez ni le hice caso, al ver por la mirilla que era ella, me volví y dejé que tocara el timbre varias veces hasta que se cansó. Hizo lo mismo pasada una hora.

Por la tarde vino de nuevo Cristina, que me volvió loco preguntando el sitio de cada cosa en la cocina e insinuando otro mejor. La verdad es que la mayoría de las veces tenía razón.

A las once de la noche vino Isabel, mi primera esclava con una sonrisa radiante. Cuando cerré la puerta, en el mismo vestíbulo se desnudó y descalzó. Yo me fui al salón donde estaba viendo una película. Ella llegó a la habitación y se puso en espera de pie. Al cabo de veinte minutos, en los anuncios le dije: -Postura de inspección esclava.- Al momento estaba ya preparada, me levanté y recorrí su cuerpo tocando, acariciando y tirando. Su coño bien depilado estaba húmedo.

-¿Cómo tienes el culito pequeña?.- Le pregunté mientras le miraba el agujerito que se veía perfecto y apetitoso.

-Muy bien Amo. El mismo lunes ya no me dolía. Me he puesto plugs toda la semana y creo que está preparado otra vez para mi Amo.- Me lo dijo contenta de poder ofrecérselo al amo.

-Bien, pero por ahora hazme una mamada de las tuyas que tanto me gustan.- Me senté en el sofá, y donde estaba se arrodilló y vino gateando hasta mi. Me bajó el pantalón y la metió en la boca. Se estaba esmerando, creo que pensaba que la dejaría tocarse pero esa no era mi intención. Chupó con ansia después de una semana sin polla del amo hasta que me corrí dentro de su boca. Cuando terminé la sacó, me enseñó la boca llena de mi leche y al asentir se la tragó para volver a enseñarme la boca vacía con una sonrisa de satisfacción del trabajo bien hecho. Después me subió los pantalones.

-Bien hecho, estoy muy contento.-

-Gracias Amo.-

Entonces me fijé, llevaba un collar de perro que hasta ahora no me había dado cuenta. Es lo único que llevaba, totalmente desnuda con un collar de perro y no me di cuenta hasta ese momento. A los hombres a veces nos pasan esas cosas. Agarré la chapa que llevaba y le vi grabado su nombre. Me miraba sonriendo y contenta.

-Bonito collar, ¿y la correa?.-

-Lo siento Amo, la he olvidado con mi ropa en el vestíbulo, ¿la traigo?.-

-No, ahora apártate un poco y ponte en espera, quiero ver la película.- Ella se apartó un poco y de rodillas se puso en la postura que le indiqué. Encendí el televisor y puse una película, la anterior había terminado durante la mamada. Al cabo de tres cuartos de hora, me levanté a por una copa y la bandeja.

-Ponte cerca de mi como la otra vez, de rodillas con el culo apoyado en las piernas y los codos en el suelo, quiero tu espalda recta para poner la bandeja. Espero que esta vez no se te caiga.-

Ella su puso en la posición y cuando se acomodó apoye en su espalda la bandeja y mi copa para continuar viendo la película. Un poco más de una hora tardó la película en terminar y ella aguantó en esa posición. Como la otra vez, agarré mi copa, y le di un sonoro azote en el culo. Se movió un poco pero esta vez logró que la bandeja no se le cayera.

-Bien esclava, vas aprendiendo. Mañana tenemos un día duro, por la mañana te daré tu primera sesión de azotes, y por la tarde… por la tarde te dejaré disfrutar, te encantará. Vamos a la cama que quiero madrugar.- Eran casi las dos de la mañana. En el dormitorio la puse a cuatro patas en la cama y comencé a ponerle lubricante en el culo.

-Veremos si sigue abierto. Dejaré que te corras justo al notar mi leche, antes no, el amo siempre primero.- Le metía ya tres dedos en el culo untándolo de lubricante mientras ella soltaba pequeños gemidos de dolor.

Con mi polla ya dura, la puse en la entrada y no queriendo ser brusco aún, ya llegaría el momento, la fui metiendo poco a poco hasta llegar al fondo. Ella se arqueó un poco y soltaba pequeños ayes. Agarró la almohada y la mordió. Cuando estuve un rato parado esperando que se acostumbrara a mi grosor empecé a entrar y salir. Al principio despacio pero incrementando el ritmo según pasaba el tiempo. Ella mordía y agarraba con fuerza la almohada. Veía sus nudillos blancos de apretar fuerte. No quise darle más estímulos aunque me moría por agarrar sus tetas. Pretendía que acabara disfrutando de una enculada. Pasé mi mano por su coño y lo notaba húmedo, pero la retiré inmediatamente. Golpeaba ya rápido en sus cachetes notando mis huevos chocar con su coño hasta que me corrí. Me eché sobre ella sin sacarla para reposar dejando todo mi peso sobre su espalda. Cuando me repuse y mi polla salió sola, me tumbé a su lado. Ella permaneció a cuatro patas relajándose. No se había corrido.

-¿Has notado mi leche entrar en tus intestinos esclava?.- Soltó la almohada que aún mordía ya sin fuerza.

-Sí Amo.-

-Pues esa es la señal siempre que pase para que puedas correrte, nunca antes, ya sea por el culo, el coño o la boca. ¿Entiendes?.-

-Sí Amo.- Seguía a cuatro patas sin moverse.

-Puedes tumbarte a dormir. ¿Como ha sido esta vez, te duele?.- Se tumbó de cara a mi y pude ver que había aún dolor en su rostro.

-Duele un poco, menos que la otra vez Amo pero aprenderé. ¿Me deja el Amo además de los plugs usar un consolador para ir preparando mejor mi culo?.-

-Claro, ya te dije que puedes tocarte todo lo que quieras siempre que no tengas orgasmos, esos son míos.-

-Gracias Amo. ¿Puedo ir a lavarme?, noto como se está saliendo de mi culo su leche.-

-Puedes y al volver no olvides limpiarme la polla, pero no hagas mucho ruido que yo estoy a punto de quedarme dormido.-

Apenas escuché un gracias amo y me dormí placenteramente.

A la mañana siguiente nada más despertar, sin decir ni los buenos días. La agarré por la cabeza y la empujé a mi polla. Ella se despertó en ese momento y al verse lo que hacía se dejó llevar y la metió en su boca empezando una mamada. Yo me tumbé en la cama boca arriba con las manos detrás de mi cabeza y mirando al techo, sin pensar en nada que no fuera el placer que me daba la esclava y sus magníficas mamadas. No tardé en correrme, y ella como ya era habitual me enseñó la boca antes de tragársela.

-Buenos días Amo, ¿ha sido de su agrado?.-

-Sí, estoy muy contento. Es un despertar magnífico, procura que sea así siempre, sin tener que mandártelo.-

-Sí Amo.-

Después del desayuno la llevé a un dormitorio que había preparado con unas argollas tanto en la pared como en el techo tras hacer las compras en una ferretería y otras en el sexshop. Me faltaba comprar un cepo y un potro, pero mientras puse una mesa debajo de las argollas del techo.

-Hoy me apetece darte una serie de azotes, como es la primera vez no seré muy rudo pero debes acostumbrarte a asociar el dolor de mis azotes al placer, ya que es tu Amo quien te los da para su propio placer y eso debe satisfacerte.-

-Sí Amo.- No había miedo en su rostro sino expectación.

La tumbé en la mesa boca arriba y até sus manos y tobillos a las argollas del techo quedando bien abierta de piernas y brazos, dejando libre su cuerpo a los azotes.

Comencé con la fusta, no es el instrumento que más me gusta en los azotes pero lo uso mucho en otras prácticas y quería que lo probase. Los primeros fustazos cayeron sobre sus pequeños pechos que los aguantó bien hasta el cuarto que ya intentó moverse y de los silencios gemidos paso a un grito. No tuve más remedio que ponerle la mordaza, no me gusta amordazar, prefiero sentir sus gritos y jadeos que es lo que en parte me da placer. Escuchar como la esclava te entrega su dolor y sufrimiento es de lo que más me excita cuando doy azotes, que por otro lado tampoco es que sea mucho de usar esa práctica con asiduidad si noto que la esclava no la disfruta.

Una vez amordazada le estuve dando con la fusta por todas partes, para ir calentando. Empecé por sus tetas, la barriga, los muslos y un par en la vulva para terminar. Isabel aguantó aunque noté que lloraba pero apenas se movía cuando le daba. Le acaricié todo el cuerpo, asegurándome de no haber dejado marcas, aún era pronto para marcar su piel. Le puse un antifaz para que no pudiera ver donde le daría a continuación.

No tenía muchos instrumentos de azotes, no me había dado tiempo de comprarlos. Además de la fusta, tenía una paleta y un látigo corto de tres colas y otro de nueve.

Una vez sin poder ver, cogí el látigo de nueve colas y de nuevo le estuve dando por los mismos sitios pero en orden aleatorio.

Entre la fusta y los dos látigos llevaba ya hora y media azotándola. Paré, la desaté y le quite el antifaz pero no la mordaza.

-Tranquila pequeña, estoy muy orgulloso de como lo estás llevando. Ahora te dejaré descansar un rato.- La ayudé a levantarse y la lleve a una pared, donde la puse de cara y sujeté sus brazos a unas argollas altas. Era mi sustituto a una cruz de san Andrés. Apagué la luz y la dejé colgada aunque sus pies apoyaban en el suelo.

La dejé una media hora en esa posición, al regresar volvió su cabeza a mirarme algo asustada.

-A mi me apetece continuar, pero como es tu primera vez te preguntaré ¿quieres seguir?.-

Asintió con su cabeza resignada pero sin pensarlo. Así que le puse de nuevo el antifaz. Cogí el látigo de tres colas y me centré en su culito que pronto estuvo rojo brillante. Tuve que dejarlo si no quería marcas, le di algunos más por la espalda teniendo cuidado de no subir mucho y solté el látigo. Lo sustituí por la paleta, debía usarlos todos para comprobar que estuvieran en condiciones, por eso de la garantía.

Le di especialmente por los muslos, su culo que es lo que mas gusta azotar, sobre todo con la paleta pero estaba ya muy castigado y es muy flaco. Las piernas apenas la sujetaban, así que paré. La desaté y casi en brazos la llevé al centro de la habitación, ahí la colgué del techo con los brazos juntos y la subí hasta dejarla de puntillas.

Acaricié todo su cuerpo entreteniéndome un rato en su coño que para mi gusto no lo tenía lo suficientemente húmedo. Lo froté un poco en círculos hasta que reaccionó mojándose levemente, entonces le metí un par de dedos y la follé con ellos hasta notarla ya caliente. Para su decepción saque los dedos y me fui a por la paleta de nuevo. Como no me veía no sabía por donde le venían los golpes. Le di uno en cada teta, para pasar a su vulva pero como no tenía atadas las piernas, no había forma de que las abriera y me costaba mucho. Decidí entonces dejar la paleta y pase el látigo de nueve colas, es un poco más largo que el de tres pero menos doloroso.

Entonces comenzó un festival de flagelación, sin parar ni para coger aire, le fui dando por todas partes mientras daba vueltas a su alrededor y ella trataba de protegerse moviéndose según le venían los azotes intentando alejarse de ellos. Fue un bonito baile hasta que derrotada le fallaron las piernas y decidí parar la danza.

La desaté mientras le decía palabras amables, aunque realmente dudo que me escuchara de lo agotada que estaba. Le quité la mordaza y el antifaz. Su respiración se iba tranquilizando mientras la metía en la bañera conmigo. Le pase con cariño la esponja por todos lados mientras le daba pequeños y sonoros besitos. Me miró una de las veces y musito un “gracias amo” y una sonrisa.

Después del baño juntos, la sequé y la tumbé en la cama apreciando que las marcas se irían en breve. Aún quedaba como dos horas antes de la comida y la tarde sería aún más agotadora para ella, así que la deje dormir un poco.

Estaba muy excitado y me apetecía mucho una de sus mamadas, pero tuve que aguantarme.

Comí solo, cuando fui a despertarla me dio pena y preferí dejarla dormir. No suelo azotar durante tanto tiempo a mis esclavas, una hora como mucho dos y no tan intensos, pero era su primera vez y quería ver lo que aguantaba. También necesitaba saber si era esclava masoquista, pero lo poco que estuvo mojada me indicó que no era de esas. A pesar de todo, aún necesitaba comprar el cepo y el potro como mínimo, la suerte es que hoy se puede hacer por internet incluso con las medidas deseadas.

Cuando estaba con el café apareció en el salón.

-Lo siento Amo, me he quedado dormida.- Venía tocándose el culo donde aún le quedaban pequeños restos de la azotaina.

-No te preocupes, te he dejado descansar que la tarde será larga. Ve a la cocina y come tranquila.-

-Sí Amo, ¿puedo preguntarle algo?.-

-Claro, dime pequeña.-

-¿Ha disfrutado el Amo o me he rendido antes?.-

-Era tu primera vez y por eso he sido algo más duro de lo normal para conocer hasta donde podías llegar. He disfrutado mucho y has aguantado muy bien. Anda, ve a comer que tengo guardado tu postre.-

-Sí Amo.- Se marchó a comer y yo seguía con mi calentura.

Regresó a la media hora y sin decir nada se situó como estaba haciendo desde que empezó a ser mi esclava en mitad de la habitación a la espera de rodillas.

-¿Has terminado ya?.- Le pregunté.

-Me falta el postre Amo. Como dijo que usted me lo tenía guardado no he tomado nada.- Aunque su mirada era al suelo, noté su sonrisa.

-Ven aquí y sírvete, no dejes ni una gota.- Vino hacia mi gateando, me bajó el pantalón y engulló mi polla casi erecta abrazándola con la mano mientras entraba y salía de su boca.

-No esclava, hasta ahora no te lo he enseñado,- dejó de mamar para mirarme entre intrigada y asustada, -cuando me hagas una mamada de rodillas, las manos a la espalda. Por las mañanas te dejo usarlas pero las demás veces siempre con las manos detrás, usa sólo tu linda boquita.-

Puso sus manos a la espalda y siguió su mamada. Es curioso que cuando vemos a una mujer de labios carnosos siempre pensamos que sería un placer una mamada suya, pero eso no significa que lo haga bien. Isabel tiene boca pequeña y labios finos, pero mamaba de una forma que es difícil aguantarse mucho sin correrse rápido, esa lengua hacía estragos y sabía usarla y donde usarla.

Bajé mi mano a su coño, cuando lo notó abrió más sus piernas para facilitármelo. Estaba mojada, muy mojada pero para su decepción retiré mi mano y continué disfrutando de su boca.

No tardé mucho en correrme y ella golosa se tragó todo después de enseñarme su boca llena. Me la limpió y guardó con ansia de más.

-Imagino que estarás deseando algún orgasmo ¿no?.-

-Sí Amo, llevo caliente desde el fin de semana pasado.- Dijo ilusionada.

-Vamos al dormitorio de los castigos.- La cara se le cambió decepcionada, pensaba en más azotes.

Al llegar la senté en el suelo con su espalda pegada a la pared. Allí había unas argollas donde le até los brazos quedando estos en alto y en cruz. Isabel se dejaba hacer pero en su cara se reflejaba angustia por una nueva azotaina. Después le até las piernas para que estuvieran muy abiertas y la cintura para que no pudiera levantarse. Le pasé la mano por el coño y su humedad había descendido.

-No te asustes pequeña, que ya no hay más azotes. Y a partir de ahora puedes tener todos los orgasmos que quieras hasta nuevo aviso.- Cogí un vibrador remoto pequeño especial para el culo, lo unté de lubricante y se lo metí. Después uno un poco más grande para el coño que también le metí lubricado. Su cara ya había cambiado y se la veía ansiosa. Le puse una braga especial que va con corchetes por los laterales y con una goma en la cintura para apretarla. Salí de la habitación y apagué la luz cerrando la puerta.

En el sofá me puse la cámara que había instalado el día anterior en la tablet. La veía intentando mover sus caderas para estimularse. Entonces encendí los dos vibradores, dio un respingo y se dejó hacer. Movía un poco el culo levantándolo del suelo, intentando cerrar sus piernas y mordiéndose los brazos por el placer. En escasos minutos le llegó el primer orgasmo que escuché desde el salón con un gemido tremendo. Apagué los vibradores y regresé a la habitación. Sin decirle nada le coloqué la mordaza. Tengo vecinos y una reputación.

De nuevo en el salón volví a encenderlos y me puse a ver una película con la tablet al lado. Su cuerpo cada vez se movía más, lo que podía claro. Notaba su barriga dar pequeños espasmos, sus ojos cerrados y los brazos y las piernas en tensión intentando soltarse. Un nuevo orgasmo le llegó pero no apagué los vibradores.

Estuvo así todo el tiempo que duró la película, no los conté pero alrededor de seis orgasmos debía llevar. Paré y me acerqué a la habitación.

Me miró agradecida y cansada mientras le pasaba la mano por las tetas y las acariciaba.

-Me ha surgido un imprevisto y tengo que marcharme, pero no te preocupes esclava que te dejo en buenas manos, bueno manos no exactamente.- Dije riendo mientras volvía a apagar la luz y cerrar la puerta.

Regresé al salón y le encendí de nuevo los vibradores. Cogí un libro y me tumbé en el sofá a leer mientras la veía de nuevo agitarse contra la pared.

Isabel pasó la tarde entre convulsiones por los orgasmos, en total creo que debió tener desde que le puse los vibradores unos quince orgasmos. No llevé la cuenta y por sus movimientos creo que a veces encadenaba algunos que no conté. Pocas veces a lo largo de la tarde la dejé descansar apagando los vibradores, así que cuando llegó la hora en que decidí parar estaba lacia, con la cabeza caída sobre el pecho y sujeta por sus brazos.

Entré y la desaté, sus ojos estaban aún vueltos del último orgasmo y las piernas no la sujetaban. La cogí en brazos y la llevé a la cama. Ni yo dije nada ni lo hizo ella que parecía casi desmayada.

Lo poco de tarde que quedaba lo pasé leyendo para después preparar la cena. Como no tenía prisa y me daba igual a que hora cenase, lo dejé todo preparado y regresé a leer al salón.

Apareció sobre las once de la noche, unas cuatro horitas de sueño. Visiblemente las piernas le fallaban y al llegar al salón se puso a cuatro patas para llegar hasta mi.

-Amo siento haberme quedado dormida.-

-Te dejé yo, no tienes que preocuparte de eso. ¿Como te encuentras?.-

-No puedo apenas andar Amo, y estoy agotada.- Decía mientras intentaba ponerse de rodillas en espera pero se iba a los lados.

-Te ayudo pequeña, levanta que vamos a cenar, ¿tendrás hambre?.- La ayudé a levantarse y con un brazo en la cintura la ayudé a ir a la cocina y sentarse.

-Creo que nunca en mi vida he tenido tanta hambre Amo.- Serví la cena para los dos y me senté a comer con ella.

-¿Lo has pasado bien?.- Le dije sonriendo y con un toque de sorna en la voz.

-No se Amo, al principio era maravilloso, un orgasmo tras otro, pero llegó un momento en que estaba demasiado cansada y quería que parase. Creo que tengo mis partes irritadas.-

-Eso es normal, quizás a mitad debí ponerte más lubricante especialmente en el culo. Termina sin prisa la cena que nos acostaremos tranquilos y mañana será otro día.-

Me apetecía mucho sexo, me servía incluso una de sus mamadas, pero tampoco era cuestión de dejarla tan exhausta. Ya me desquitaría. Además la semana que llegaba tenía planes para Cristina.

Tras la cena donde Isabel comió el doble que yo. La llevé de nuevo a la cama, le dije que durmiera. Creo que en sus ojos esperaba que me acostara con ella, pero era demasiado temprano y volví al salón a ver una película. Me acosté con ella profundamente dormida.

El amanecer del domingo fue fabuloso sintiendo juguetear la lengua de Isabel con mi polla. La tenía muy dura, debía llevar ya un tiempo, y sin abrir los ojos la dejé hacer hasta correrme. Me relajé y a los pocos minutos abrí los ojos, allí estaba ella delante de mi esperando para enseñarme mi corrida y mi permiso para tragarla.

Nos fuimos derechos a la ducha donde exploré el cuerpo de Isabel buscando marcas de los azotes, pero apenas quedaban unas en el culo y otras en la espalda que estaban ya desapareciendo. Fue una ducha tranquila y la cara de Isabel de felicidad era para hacerle una foto mientras me pasaba el gel o el champú.

Desayunamos charlando como una pareja normal. Isabel más bien devoraba, le quedó hambre del día anterior.

-Ya me dijiste que los fines de semanas estás libre para venir aquí, pero necesito que me avises con cualquier cambio lo antes que puedas, para hacer yo mis planes.- Le dije.

-Sí Amo. Perdón Amo, a mis compañeras de piso les he dicho que estaba saliendo con usted para que no sospecharan de mi ausencia. ¿He hecho bien?.-

-En principio no hay ningún problema, pero no quiero que digas nada de mi. No quiero que nadie sepa de nuestra relación. Más adelante buscaremos otro novio ficticio por el que me dejes.-

-Sí Amo.- Lo dijo apesadumbrada. Más adelante supe que le encantaba hablar de mi como su novio sin entrar en detalles de lo que hacíamos claro.

Después del desayuno, ella se puso a ordenar la cocina y yo me fui al salón a leer un rato. Apareció a los pocos minutos y se puso en espera en mitad de la habitación. Hice como que no me daba cuenta de su presencia y seguí leyendo. A media mañana me levanté por un refresco y la ignoré.

-¿Amo?, ¿quiere su bandeja?.- Me preguntó al verme sentar de nuevo.

-No es necesario.- Seguí leyendo una hora más. Entonces viendo que la postura ya le costaba le di un premio.

-Esclava me apetece una mamada.- Dije sin más. Ella vino gateando lo más deprisa que pudo. Me bajó el pantalón y se puso a lamerla con sus manos detrás. Cuando se endureció se la metió entera de una vez, para volver a sacarla despacio y a chuparla. Nunca me han gustado las famosas gargantas profundas, tengo mucha aversión a la falta de aire, es algo que siempre me ha dado algo de miedo, por eso verlo en otras personas no me agrada. Chupó como siempre y tragó contenta.

Le pasé la mano por su coño que al ver mi intención abrió las piernas. Estaba muy mojado. La acaricié viendo en su cara el placer. Apreté suavemente su clítoris y le metí dos dedos que nada más entrar hizo que se corriera. No me explicaba de que estaba tan excitada, había estado toda la mañana de rodillas y sólo me hizo una mamada. Cuando se serenó le mostré mis dedos que limpió cuidadosa. Y sin decir nada, cuando me vio volver a coger el libro, se retiró y se puso en posición de espera.

Una hora más pasó hasta que decidí comer. La llevé a la cocina y la puse sobre la mesa que uso para comer. Sus tetas y su cara encima de la mesa, con las piernas algo abiertas apoyadas en el suelo. Estuve preparando la comida y cada vez que pasaba a su lado le daba un cachete en el culo. Una vez acabada de preparar me senté frente a ella y le levanté la cabeza mirando fijamente sus ojos.

-No quiero que te acostumbres, la esclava no siempre comerá conmigo en la mesa, pero hoy te dejaré. Sirve.-

Se levantó y puso los platos, los vasos… Mientras comíamos le pregunté por como le había parecido el fin de semana.

-Un poco extraño Amo.-

-No siempre será así, no suelo azotar a menudo, ni dejar a mi esclava con vibradores tanto tiempo. Pero sí pasarás mucho tiempo a la espera. Incluso puede que algún día salga a cenar o comer y te deje así, eso debes asumirlo. Por cierto, quiero que tu móvil lo tengas cerca siempre, incluso en casa, por si vengo acompañado que te retires del salón.-

-Sí Amo.- Estaba asumiendo esa parte de su esclavitud, la de estar de rodillas durante horas sin nada que hacer.

-Si te portas bien, quizás no te deje tanto en espera y te use o te deje que te usen alguna de mis esclavas.- Aún sólo la tenía a ella, pero mi intención era llegar lo antes posible a siete.

Los ojos se le abrieron como platos, esos ojos grises.

-¿El Amo tiene más esclavas?.- No identifiqué su tono, si era enfado o curiosidad.

-Algunas más, y tendrás que aprender a estar con ellas. ¿Has estado alguna vez con otra mujer?.-

-Sí Amo, en el primer curso, con una amiga que es lesbiana. Pero no me gustó mucho, sólo estaba conmigo para que le diera placer y a mi no me dejaba.- Dijo poniéndose colorada.

-¿A que te refieres?, habla sin irte por las ramas, ¿que es eso de darle placer y a ti no te dejaba?.-

-Bueno Amo, me da vergüenza aunque después de este fin de semana… Ella sólo quería que le comiera el coño pero ella a mi no quería chupármelo, a veces me tocaba ella un poco pero al final para llegar al orgasmo tenía que masturbarme yo.-

Solté un risa que la descolocó.

-No me extraña, con esa boquita maravillosa que tienes para dar placer.- Me miró sonriente.

-Cuando termines de comer,- continué diciéndole, -puedes tomarte el postre, no necesitas esperar a que te lo de yo.-

De forma algo disimulada empezó a comer más rápido y terminó antes que yo. Recogió su plato y se metió bajo la mesa, me bajó el pantalón y se puso a lamer su postre. Cuando consiguió ponerla dura, pasó a los chupetones y a tragársela jugando con su lengua. En esa situación terminar el almuerzo me resultó difícil. Ella seguía chupando y succionado el glande, jugando con su lengua hasta que logró que me corriera. Asomó su cabeza por debajo de la mesa enseñándomela dentro de su boca y a un asentimiento mío se la tragó.

-¿Te gustan los postres que te doy esclava?.-

-Mucho Amo, no se lo que me pasa. Con mi anterior novio no me la tragaba, me daba un poco de asco, pero con usted me encanta. No está muy buena de sabor pero me gusta mucho sentirla en mi lengua y paladearla. De todas formas es lo que se espera de una esclava ¿no? Que deguste la leche de su amo y la desee ¿no Amo?.- Su cara era de felicidad, estaba satisfecha por su trabajo.

-Sí, así es. La esclava debe gozar con esos postres que te doy por ser tan buena y portarte bien.-

Recogimos la cocina entre los dos y nos fuimos al salón. Yo me senté a leer y ella sin decirle nada se puso en espera en mitad de la habitación.

A media tarde la envié a hacerme un café. Lo trajo muy ufana su tacita sobre un platito y en la otra mano el azucarero. Me serví un par de cucharadas de azúcar y se lo llevó de vuelta a la cocina. Antes de que se pusiera de nuevo en espera, la llamé.

-Trae la bandeja, ¿no ves que no puedo leer y sujetar el café al mismo tiempo?.- Era de lo más absurdo, a mi lado y delante del sofá hay una mesa baja precisamente para estas cosas.

Rápidamente fue a por la bandeja desolada por no haberse dado cuenta del detalle. Se puso en la posición que ya sabía para colocarle la bandeja encima.

-Lo siento Amo, no me he dado cuenta. Perdón.-

Puse la bandeja sobre su espalda y seguí leyendo y tomando el café hasta terminarlo. Aparté la bandeja y la puse de rodillas frente a mi.

-Estoy muy contento contigo, eres una esclava que aprende rápido y muy dócil. Es hora ya de marcharte, recuerda que las notas de tu exámenes me las tienes que traer.-

-Sí Amo.- Me lo dijo decepcionada, esperaba otra mamada al menos supongo.

-Espera que vea como estás.- Le pasé la mano por el coño y lo tenía como suponía mojado.

-Vaya, así no puedes irte. ¿Quieres que te baje algo ese calorcito que llevas?.-

-Sí Amo por favor.- Se le iluminó la cara al pensar que la masturbaría.

-Ponte a cuatro patas zorrita.- Me bajé el pantalón con la polla ya dura. Ella volvió la cabeza y le di un sonoro azote en el culo.

-La vista al frente esclava, no vuelvas a hacer eso. No quiero que gires nunca la cabeza.-

-Perdón Amo.-

Apunté mi polla a su coñito y la fui metiendo hasta llegar al fondo. Estaba mojada de sobra y empecé a embestir rápido agarrándome a su cintura. Ella respiraba forzada y gemía sin parar.

-No te olvides que nunca has de correrte antes que tu Amo si la polla está dentro de ti, sea el agujero que sea. Espera a la leche que te regalo.-

-Si Amoooo- Ella estaba excitada pero yo lo estaba más, así que no tardé en correrme y al sentirme lo hizo ella, con fuertes temblores que la hicieron apoyar su cara en el suelo. Cuando los temblores pasaron se dejó caer quedando lacia tumbada boca abajo.

Me senté en el sofá esperando que se recuperara. Tenía sensaciones encontradas, por un lado no me gustaba que mis esclavas perdieran tanto el control, pero por otro me gustaba darles placer y me halagaba saber que se lo doy yo. Por esta vez la dejé disfrutar de su orgasmo.

Pasaron un par de minutos, y gateando con dificultad se volvió hacia mi y me la chupó para limpiarla y volver a guardarla en el pantalón.

-Lo siento Amo, no he podido controlarlo, ha sido muy fuerte pero me doy cuenta de mi culpa. Intentaré mejorar Amo.-

-Me alegro que te des cuenta de tus errores. La polla del amo no debe quedar sin limpiar sólo por que a la esclava le faltan las fuerzas. Vístete y nos vemos el viernes de nuevo a las once de la noche.

-Sí Amo.-

Continúa en