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Dominaciónsept 2024

Las siete 2

En la penumbra de un bar, Hugo identifica a la chica perfecta: tímida, reservada y con los ojos bajos. No es solo deseo, es un proyecto. Ella no sabe que al cruzar esa puerta, su vida dejará de ser suya para pasar a ser un objeto de su placer.

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Capítulo 2.

Después de follarme a la vecina pasaron dos días en los que no apareció por mi casa, así que la di ya por perdida. Lo sentí ya que esa chica me gustaba.

Llegó el fin de semana y me lancé a la caza. En el tiempo que llevaba en la ciudad me había ya recorrido todos los sitios de copas y empezaba a desesperarme. Mi vida social se reducía a los pubs, ya que la semana la pasaba en casa trabajando y no veía a nadie. No quería tampoco intimar mucho con la gente del trabajo al ser yo el jefe.

A punto de regresar abatido una vez más y terminando la copa, entran un grupo de jóvenes, eran cinco y por la pinta estudiantes universitarias o a punto de serlo. Algunas con cara muy aniñada, pero el camarero les pidió el carnet antes de servirles las copas con lo que supuse que mayores de dieciocho años. Las miré fantaseando. Si conseguía someterlas a todas ya sólo me quedarían dos más para las siete que tengo como meta.

Como mi mirada se quedó fija en ellas sin en realidad estar atento a ellas, sino en mi ensoñación, se dieron cuenta. Comenzaron con las bromitas entre ellas y a reírse, posiblemente de mi. Salí de mi sueño y de las cinco, de pronto me fijé en una. Esa no reía, no vestía tan provocativa como las otras y tendía a agachar la cabeza. Me parecieron claros síntomas de lo que venía buscando, una sumisa.

En este caso por su juventud una sumisita. Estaba pensando como poder llegar hasta ella y se me ocurrió, era la única morena del grupo, además morena azabache con una boquita pequeña. Las luces del local no permitían apreciar más.

Hablé con el camarero, y les envié una nota, les invitaba a una ronda si la morena venía a decirme su nombre, sólo eso. Supuse que si realmente era sumisa, las amigas llevarían aprovechándose de ella de forma involuntaria desde que la conocieron. Y así fue, por una copa gratis la enviaron a mi, al principio veía como se negaba pero las amigas le insistieron y despacio y con la cabeza baja se me acercó.

-Buenas noches, me llamo Isabel.- Lo dijo con un hilo de voz que con la música apenas logré escuchar y con la cabeza baja.

-Buenas noches Isabel, yo me llamo Hugo.- Dicho esto, creyó que su misión había acabado y se daba la vuelta para marcharse. -Espera Isabel, ¿tan desagradable soy que ni siquiera me miras a la cara?.-

Se volvió nerviosa agarrándose las manos en el regazo y levantó la cabeza. Morena de ojos grises y guapa, con una cara redonda donde sobresalía un poco la barbilla. Pero con unas ropas holgadas que no permitían adivinar su cuerpo.

-Perdón, dijo que sólo debía decir mi nombre.- De nuevo en un susurro por su nerviosismo.

-Y es cierto, pero un poco de educación no viene mal.-

-Lo siento.-

-¿Sois estudiantes?.- Y sin dar importancia a mi pregunta llamé al camarero.

-Sí, somos de segundo de periodismo.- Volvió a bajar la cara cuando llegó el camarero. Le dije que pusiera a las chicas otra ronda que yo pagaba, pero la de ella que nos la trajera aquí. Al oír eso se puso más nerviosa si cabe pero sin llegar a decir nada.

-Bonita carrera. Pero no has respondido a mi pregunta inicial.-

-¿Que pregunta… Hugo?.-

-Que si tan desagradable soy que no me miras a la cara.-

-No,- levantó de nuevo la cabeza, -es agradable, o sea..., no se…, ¿guapo?.-

Le sonreí y le cogí de las manos que no rechazó.

-Muchas gracias por lo de guapo. ¿Sabes por qué te elegí para que vinieras a conocerte?.-

-No.-

-Porque de todas tú eres la más guapa, pero sobre todo porque tienes pinta de ser inteligente y me apetecía charlar con alguien así.- Se ruborizó y sonrió.

-Gracias.-

-¿Te apetece entonces quedarte un ratito o tienes prisa por volver con tus amigas para que se rían de ti?-

-¿Porqué se iban a reír?.-

-Porque te han mandado a hablar con un viejo y querrán saber que te he estado diciendo.-

-No me pareces viejo.-

-Gracias, ¿te quedas entonces?.-

-Vale.-

Estuvimos charlando más de media hora, y me costó que hablara. Le pregunté por sus asignaturas y profesores. Por su vida personal, no tenía novio, el único fue en el instituto y al irse a la universidad lo dejaron, o más bien lo dejó él. A base de preguntas y una segunda copa que le invité se fue soltando un poco. Y decidí probarla aunque ya me imaginaba lo que pasaría.

-¿Te apetece ir al baño?.- Le guiñé un ojo.

-Ahora no tengo ganas.- dijo inocente.

-No chica, me refiero a otro tipo de ganas los dos juntos.-

Entonces abrió los ojos y bajó de nuevo la cabeza.

-No sé.-

-Pues a mi me apetece sobre todo con un bombón como tu.- Realmente aún no sabía como era la chica, su ropa no anunciaba nada, salvo la carita poco más se adivinaba.

-Vale.- Era tan sumisa que sólo le faltaba un cartel anunciándolo. La agarré de la cintura como un par de novios y me la llevé a los baños. Entramos en el de chicas, el otro debía estar a esas horas concurrido además de muy sucio. Los chicos bebemos más y no se porqué tenemos tan mala puntería.

Tras cerrar la puerta de uno de los cubículos la besé durante un rato, sin prisas. Y tocando sus tetas que aún apenas notaba por la ropa. Me separé y le di la vuelta, ella se dejaba hacer.

-Dame tus bragas y apoya las manos en la pared.- De espaldas a mi, se metió las manos por el vestido. Llevaba un vestido de una pieza sin escote y con cremallera a la espalda, le llegaba hasta los tobillos. Se sacó las bragas y me las dio para de nuevo volverse y apoyarse como le dije.

-¿Eres ruidosa?.- Pregunté sacando mi polla. La pregunta era retórica ya que tenía planes para esa braga.

-No creo.- Noté su respiración acelerarse.

-Por si acaso, mejor no dar espectáculo.- Le lleve la braga a la boca, al principio se extrañó pero al segundo la abrió y le metí sus bragas. Remangué todo ese vestido como pude en su cintura apareciendo ante mi un culo blanco como la leche respingón y algo flaco. Por debajo podía ver asomar una enorme mata de pelo.

Con la polla dura la metí entre sus piernas buscando el coño entre tanto pelo. Ella de espaldas a mi y apoyada en la pared empezó a resoplar. Encontré lo que buscaba y la metí despacio pero sin parar hasta el fondo. Arqueó la espalda y al sentirla entrar soltó el aire.

Entre mis movimientos quise buscarle las tetas pero el vestido no me dejaba y por encima de él no notaba apenas nada, así que desistí. Con una mano en la cintura bajé la otra en busca del clítoris para estimularla más. Tras apartar mucho pelo logré encontrarlo al tacto y en pequeños círculos lo masajeé. Ella cerró los puños, aceleró la respiración por la nariz y acabó apoyando su frente en la pared. Estuve bombeando un rato hasta correrme, y antes de sacarla noté como lo hizo ella que al temblar se dio pequeños cabezazos con la pared.

Nos recompusimos y salimos de nuevo a terminar nuestras copas. Aunque la luz del local era muy tenue logré apreciar las mejillas arreboladas haciendo su cara más hermosa. Sus amigas al vernos salir juntos y yo llevándola de la cintura se quedaron en silencio mirando y tras unos segundos se pusieron entre ellas a hablar como locas.

Un par de sorbos y seguíamos en silencio.

-¿Te ha gustado? No quisiera que te hubieses quedado con ganas.- Le dije.

-Mucho, ha sido espléndido.- Lo dijo mirando al suelo, no se atrevía a mirarme.

-Pues a mi me apetece más, con semejante belleza siempre se quiere más. ¿Que tal si nos vamos a mi casa?.- Se lo dije muy pegada a ella, al oído, y le di un pequeño mordisquito.

-Vale.-

Quise tensar la cuerda viendo como se prestaba.

-Creo que deberías ser más educada, y pienso que deberías llamarme señor, ¿no te lo parece?.- No paraba de darle lametones suaves en el cuello y la oreja.

-Vale.-

Me separé de ella y le levanté la cabeza para que me mirara.

-¿Vale qué?.-

-Vale señor.- Y volvió a bajar la cabeza.

La agarré por la cintura y me dirigí ante la atónita mirada de sus amigas a la puerta del local.

-¿Tienes que avisar a alguien, a tus amigas por ejemplo?.-

-No es necesario.-

Le di un pellizco en el culo.

-No es necesario ¿qué?.- Se lo dije en silencio y cuando pasábamos por delante de sus amigas que nos miraban estupefactas.

-Señor..., no es necesario señor.-

-Estupendo, tengo muchas ganas de pasarlo bien Isabel, ¿tú también o estás asustada?.- Ya estábamos fuera del local.

-Yo también, pero algo asustada estoy.- Le volví a pellizcar el culo.

-Yo también ¿que?.-

-Ya también tengo ganas de pasarlo bien señor.-

-Eso está mejor. No tienes de que asustarte. ¿Te relajas si te doy la dirección de mi casa y se la mandas a una amiga por whatsapp?.- No pretendía tener a una joven asustada sino dominada.

-No es necesario señor.-

Llegamos a casa sin cruzar una palabra y llevándola por los hombros abrazados como una pareja normal. En el salón le miré a la cara y la bajó. Le abrí la cremallera del vestido y lo dejé caer. Isabel se dejaba hacer sin levantar la vista del suelo pero con una excitación que no lograba ocultar. Le quité las bragas y después el sujetador. Me puse a contemplarla bajo la luz del salón más intensa que la del local. Su piel era blanca y sonrosada haciendo destacar mucho su pelambrera del coño negra y abundante. Sus pechos no muy abundantes pero con una forma de pera deliciosa, con pezones rojos y areola sonrosada. El culo pequeño y apretado blanco como la nieve.

Le pasé la mano por todo su cuerpo mientras ella gemía. Al llegar al agujero de su culo lo presioné sin meterlo y cerró los ojos.

-¿Eres virgen del culo?.- Pregunté muy excitado.

-Sí.- Le di un cachete.

-¿Sí qué?.-

-Sí señor.-

-Eso lo solucionaremos ahora mismo.- Me regodeaba con un culito virgen y apretado como el suyo. Me dirigí a mi dormitorio y al ver que no me seguía me volví.

-¿A que esperas?-

-Es que dicen que duele mucho.- Y al darse cuenta añadió rápido: -señor.-

-Eso es si no se sabe hacer bien, y es verdad que puede doler al principio pero después es muy placentero.- Me volví y seguí al dormitorio, ella me siguió desnuda.

La puse a cuatro patas en la cama sin parar de acariciarla para relajarla. Le unté un poco de vaselina en el agujero y me puse un condón. No los uso casi nunca, pero no me apetecía sacarla sucia.

-Esto es para que entre sin doler mucho, aunque algo al principio dolerá, pero si aguantas se convertirá pronto en algo que te gustará.- Mientras le decía eso le fui metiendo los dedos en ese culo cerrado. Ella jadeaba sin hacer ruido pero con la cabeza girada para mirar lo que le hacía.

-Cuando notes que la meto, debes relajar el esfínter, como si fueras al baño y no dolerá tanto. Una vez dentro me quedaré quieto un rato para que se acostumbre a mi tamaño. Entonces verás como te gusta.-

Una vez algo dilatado por mis dedos, apunté con la polla y presioné. Noté resistencia al principio pero se relajó y entró casi entera de un tirón sin yo querer. Entre la vaselina y su relajación se me fue de las manos, literalmente ya que al entrar la polla la solté de la mano que la dirigía.

Isabel soltó un grito que atenuó rápido al morder las sábanas poniendo sus brazos estirados delante de su cabeza agarrando lo que encontraba, sábanas, almohada o colchón.

La tuve quieta unos segundos y apreté para meterla entera. Ella aguantó dando pequeños gritos con la sábana en su boca. Mi polla es algo más gruesa de la media, así que no suelen dejarme usar el culo las chicas de fin de semana, es una de las muchas razones por las que prefiero esclavas, ellas no pueden protestar. Isabel no lo hizo, a veces soltaba las sábanas para decir “duele mucho” pero volvía a morderlas y no se movía, me dejaba hacer y no se retiró en ningún momento.

Yo estaba en la gloria, notaba ese culito muy cerrado y virgen que apretaba con fuerza.

-Aguanta, pronto te llegará el placer,- le dije, -cuando notes que sale es cuando debes apretar, no mucho, y cuando entre debes relajar como al ir al baño. Así me darás a mi mucho placer, que es lo que quieres ¿verdad?.-

Gimió algo pero no la entendí con las sábanas mordiéndolas. No quise hacerle daño en su primera vez y que se me asustara. Ya tendría otras veces para hacerlo como me gusta, por que ya había decidido someterla y apuntarla como mi primera de las siete.

Despacio estuve entrando y saliendo con su esfínter ya dilatado y notaba como intentaba cerrarlo y abrirlo como le dije pero por falta de práctica aún no lo hacía bien. Sin embargo el placer de desvirgarlo me pudo y en poco tiempo me corrí. La saqué despacio con el condón lleno de heces y ella bajó sus piernas y se quedó tumbada en la cama. Me fui al baño a quitarme el condón satisfecho pero con ganas de más sexo.

Al volver del baño oía a Isabel sollozando tumbada como estaba en la cama.

-Isabel, ¿estás bien?.- Me tumbé a su lado y la acariciaba por la cintura.

-Sí, no pasa nada… señor.- El sollozo remitía al notar mis caricias.

-¿Entonces porqué lloras?.-

-Me duele todavía pero ya se pasará señor.- Esa frase es de estar ya sometida.

-Si tanto te dolió ¿porqué no me paraste?.- No lo hubiera hecho pero ahora es fácil decirlo.

-Quise darle placer como me dijo y pensaba que me gustaría… señor.- Ya estaba más tranquila.

-A lo mejor por ser la primera vez te ha dolido un poco, pero ya verás como al final te gusta, te lo aseguro.- La volví en la cama para ponerla boca arriba y después de besarla un poco me dediqué a sus tetitas que casi podía engullirlas enteras en mi boca. Que placer más inmenso comer esos pechos prietos y duros.

Tras un rato de besos, lamidas y chupetadas yo estaba listo para el siguiente combate. Isabel por como le tocaba el coño también. De nuevo la puse a cuatro patas sobre la cama.

-Por favor señor, otra vez no, me duele todavía mucho.- Me dijo en un susurro sin moverse de como la puse.

-No te preocupes, ahora vamos a por otro sitio.- Y diciendo eso se la fui metiendo despacio, aunque hubiera sido igual hacerlo más rápido, tenía el coño encharcado y caliente. Ya dentro me eché sobre ella y le agarré las tetas que las amasaba fuerte para tirar de sus pezones y retorcerlos hasta oírla dar grititos. Ella tuvo un orgasmo pero yo seguía a lo mio y antes de acabar, la volteé y la puse boca arriba. Me eché sobre ella y la penetré de nuevo, esta vez la besaba en la boca con ansia de la que sería mi primera sumisa en la ciudad.

Me corrí en pocos minutos y antes de salir y se corrió ella con su segundo orgasmo. Me eché a un lado y sin decir nada me quedé dormido.

Me desperté temprano el domingo y abrazada a mi estaba Isabel mirándome con sus ojos grises y sonriendo.

-¿Que tal la noche pequeña?.- Le dije medio bostezando.

-Muy bien señor.- Me dijo alegre.

-¿Tienes que irte ya? ¿Con quien vives?.-

-Vivo en un piso de estudiantes, no tengo que volver hasta las clases del lunes. Si el señor quiere.- Dijo la última frase como en susurro, esperando que no se terminase aquella aventura.

-¿Que tal si empezamos con una buena mamada? A mi eso me encanta por la mañana.-

No tuve que repetirlo y ya estaba mamando mi polla que tenía su erección mañanera. Lo hacía bien, mamaba muy bien y casi sin darme cuenta me corrí en su boca, y solícita subió la cabeza enseñándome todo el semen que estaba en su abierta boca.

-Traga, pequeña.- Ella lo tragó de un golpe y de nuevo abrió la boca para enseñarme que lo había hecho.

-Eso que has hecho me gusta mucho, ¿donde lo aprendiste?.-

-Lo he visto en vídeos de internet.- Ya me imaginaba que tipo de vídeos.

Nos levantamos y fuimos derechos a la cocina a preparar el desayuno. Mientras lo hacíamos le estuve preguntando.

-La mamada ha sido genial, ¿has tenido muchos novios?.-

-No señor. Sólo he tenido uno.- Dijo ruborizándose y sonriendo mientras se tomaba las tostadas.

-¿Fue él quien te desvirgó?.-

-Sí señor. Pero como no teníamos a donde ir casi siempre le hacía mamadas.-

-¿Me quieres decir que no follabais?.-

-Muy pocas señor. Pero como contigo… con usted, nunca. Anoche fue maravilloso.- Ya tenía el señor asumido, un paso dado.

-¿Te apetece quedarte el resto del día?.- Le pregunté sabiendo su respuesta.

-Sí señor, si no le molesta.-

-Al contrario, no me molesta y me agrada. Pero primero llama a tus amigas para decirles que estás bien. Yo me voy a la ducha, te espero allí.- Y le puse una sonrisa guiñando un ojo.

Apareció en segundos, imaginé la conversación con sus amigas, “hola estoy bien iré por la noche, adiós”. No creo que le diera tiempo a más.

Nos duchamos juntos tocándonos por todos lados y olvidando casi siempre el gel. Cuando salimos a secarnos ya la tenía ostensiblemente dura y ella no le quitaba ojo.

La volví contra el lavabo y me puse a su espalda buscando la entrada a su poblado coño.

-Por favor señor, me duele mucho todavía.- Me dijo creyendo que la encularía, pero lo que me gustó fue que a pesar de decir eso, no hizo amago de cambiar la postura.

-Tranquila pequeña, hoy dejaremos que descanse ese agujero.- Y se la metí bombeando con fuerza y mirando nuestras caras en el espejo. Notaba muy caliente su coño y yo no tenía ganas de florituras, así que al poco me corrí. Y con mi polla ya fuera, le pellizqué los pezones con una mano y con la otra el clítoris hasta que se corrió también.

Con la respiración algo acelerada me fui a sentar en la cama mientras ella se reponía apoyada en el lavabo todavía.

-Isabel, aún no has acabado.- Dije con voz seria. Ella llegó mirándome intrigada. -Siempre que mi polla entre en ti, debes después limpiarla, ¿no te parece?.-

-Sí… señor.- Lo dijo tímidamente y se arrodilló frente a mi a limpiar mi flácida polla.

Una vez la consideré ya limpia la aparté con suavidad y me puse un pantalón de chándal, sin slip y una camiseta. Ella fue a vestirse pero la paré.

-Prefiero que estés desnuda, me gustas más así.- Le guiñé un ojo y me sonrió.

Fui al salón dispuesto a explicarle lo que esperaba de ella y se vino detrás de mí desnuda. Me senté en el sofá y al ir ella a sentarse me levanté y la agarré por los hombros sin rudeza y mirando a sus ojos grises.

-Anoche vinimos un poco cachondos y algo bebidos, por eso no me dio tiempo a decirte una cosa importante.- Ella me miró expectante sin abrir la boca.

-Mi casa es muy especial, es una casa de hombre, de macho. Y aquí las mujeres o las hembras deben hacer lo que el macho le diga.- Uno o dos segundos para asimilar lo que le dije y asintió con la cabeza algo asustada.

-Por ejemplo que debes estar siempre desnuda es una de las cosas, y otra es que no puedes sentarte al mismo nivel que un macho. ¿Entiendes?.-

De nuevo asintió con la cabeza. La solté de los hombros y le dediqué una sonrisa antes de volver a sentarme en el sofá.

-Puedes sentarte frente a mi en el suelo y así hablamos tranquilamente.- Le señalé con la mano en un gesto inequívoco para que se sentara. Y lo hizo sin pensarlo.

-Otra de las cosas que ya sabes, es la de hablarme con respeto, siempre de señor y de usted. Y dicho esto, antes de continuar con algunas normas de la casa, después de hoy, ¿te gustaría que nos siguiéramos viendo?.-

-¿Cómo novios señor?.- Solté una carcajada que me salió sin yo esperarlo y la ruborizó.

-No pequeña, no somos novios. Me refiero a vernos en esta casa para pasarlo bien como esta noche, sería una relación exclusiva de sexo. Eso no te impide salir con algún chico más de tu edad.-

Aún con las mejillas coloradas, bajó la cabeza y susurró -vale señor.-

-Estupendo, pero hay cosas que tenemos que cambiar. Lo primero ese matojo de pelos que me impiden ver y tocar tu coñito. ¿Por qué no vas al baño?, en la repisa encontrarás tijeras y cuchillas sin estrenar, espuma y loción no irritante. Si te lo rasuras ahora me darás una alegría.-

Me miró a mi cara donde le puse una sonrisa traviesa. Se levantó y fue al baño.

Yo me fui a la cocina a preparar la comida aunque quedaba tiempo, era media mañana todavía.

Estando allí, pasada media hora, apareció Isabel y se puso a mi lado. Disimuladamente la miré y tenía una sonrisa en la cara pero no le hice caso. Al cabo de unos minutos no pudo aguantar.

-Amo, ya está.- Era la primera vez que usaba la palabra amo y yo no se lo había dicho.

Me volví a ella y sin mirar su rasurado coño le pregunté:

-¿A que viene esa palabra de amo?.-

-Lo siento Señor, ¿pero no es esto lo que hacemos?.- Me dijo con las mejillas coloradas y bajando la mirada.

-¿Y como sabes que es esto?.- Dije para ponerla más nerviosa pero también intrigado.

-Bueno Señor, he leído algo y es parecido a esto.-

-Así que has leído sobre sumisión. ¿Y eso te excita?.-

-Mucho Señor. ¿Va a ser mi amo?.-

-¿Quieres que lo sea?.-

-Sí Señor. Siempre desde que leía sobre esto he soñado con tener un amo, y si es guapo mejor ¿no?.- Esto último lo dijo mirándome a la cara.

-Bueno, pues me has ahorrado mucho trabajo para someterte. Pero tendré que adiestrarte, por ejemplo en que no debes mirarme a la cara, ya te has ganado un castigo.-

-Sí Señor Amo, lo siento.-

-Inclínate sobre la mesa y pon las manos sobre ella. No se te ocurra hacer ni el más mínimo ruido, aquí hay muchos vecinos y no quiero problemas.- Cogí una espátula de cocinar de silicona mientras ella se ponía en la posición que le dije.

Empecé a darle azotes y al tercero comenzó a dar pequeños gritos.

-¿Conseguirás no gritar?.- Le pregunté.

-No lo creo Amo Señor. Me duele mucho y quizás aún no esté preparada.- Me gustó su respuesta.

-Como ya sabemos los dos que eres mi esclava, deja de llamarme señor, con amo basta.- Cogí un paño de la cocina y se lo metí en la boca.

Continué con los azotes, y al llegar a veinte, estaba llorando y con el culo rojo a pesar de que no es el instrumento ideal para azotar. Paré, y le saqué el paño de la boca. Ella seguía sollozando y sus manos se acariciaban el culo dolorido.

-Este ha sido un castigo por mirarme a la cara. Pensarás que era una norma que aún no te había dicho, pero eso no me importa. Te castigaré cuando quiera, ya sea por una falta o simplemente porque me apetece. ¿Está claro?.-

-Sí Amo.-

-Bien, acércate y abre las piernas, quiero ver como te has rasurado para mi.- Se acercó sonriendo y abriendo las piernas, mostrando el trabajo que le había encomendado su amo y del que se sentía orgullosa, tanto de haberlo hecho bien como de que lo tocase con mis manos.

Estaba muy suavecito pero sobretodo muy mojado. Era una delicia de coño joven, con los labios cerraditos y sonrosados. Un clítoris gordito y sobresaliendo un poco que me dediqué a masajear dando círculos con mi dedo sacando gemidos de mi agradecida primera esclava.

La dejé con ganas y agitada. Me di la vuelta y continué con la cocina sin prestarle atención.

-Amo, ¿le ayudo?.- Dijo aún sofocada.

-No es necesario, estoy ya terminando. Vete al salón y pones la postura de espera que voy enseguida.- No sabía que había leído sobre el tema pero las posturas son básicas, aunque según el amo difieren de una a otra. Como por ejemplo yo, que son a mi gusto y muy diferentes de las de otros amos. Ella salió rápida de la cocina y en una media hora dejé la comida lista para calentar cuando fuera la hora.

Al entrar en el salón estaba Isabel en medio de rodillas con el culo apoyado en sus talones. La espalda recta y mirando al suelo. Tenía sus manos apoyadas en los muslos con las palmas hacia arriba. Las piernas abiertas quizás demasiado. Le corregí esa postura de las piernas dando pequeñas pataditas con mi pie sin hablar. Y me senté frente a ella en el sofá.

-Bien esclava, esto te lo voy a decir sólo esta vez. Estás aquí por tu propia voluntad. Si en algún momento esta relación no te gusta y decides marcharte debes saber que no volverás jamás conmigo pero no te detendré. Quiero una esclava entregada y no una niña dubitativa o asustada. ¿Estás de acuerdo?.-

-Sí Amo, lo estoy.- Dijo sin levantar la mirada.

-Primero empezaremos por las posturas que debes aprender cuando estés conmigo. La de espera ya la sabes, pero hay otra de espera de pie, levántate,- lo hizo rápido, -las piernas algo abiertas y las manos en la espalda agarrando los codos, la mirada algo más levantada. Bien, buena esclava, aprendes rápido.- Sonrió orgullosa.

-Siguiente postura, la de inspección, piernas algo más abiertas y manos en la nuca. Mirada al frente.- Lo hizo mientras yo me acerqué a ella y le pasaba la mano por todo su cuerpo. Bajé al coño y lo tenía muy mojado.

-Hay dos posturas de castigo, una de pie, piernas abiertas y las manos agarrando los tobillos.- En cuanto se puso le di unos cuantos cachetes mientras le acariciaba la espalda.

-La otra de castigo es de rodillas, con las piernas muy abiertas, la cara pegada al suelo y los brazos extendidos delante.- Se puso en posición y de nuevo le di otra tanda de azotes en el culo que soportó sin abrir la boca.

Estaba muy excitado, me senté en el sofá y la miré un rato pensando como continuar.

-Ven y hazme una mamada.- Vino hacia mi gateando, bajó mi pantalón y se la metió en la boca. Realmente esta chica era magnífica haciendo mamadas. La engullía casi entera y jugaba con su lengua en mi glande. Fui a ponerle la mano en la cabeza para dirigirla pero no fue necesario, la chupaba con ganas.

-Lo haces muy bien esclava, por eso te voy a dar un premio, puedes tocarte si quieres y cuando me corra tienes dos minutos para hacerlo tú, pero ni se te ocurra hacerlo antes que yo.- No tardó en llevarse la mano a su coño, pero de vez en cuando la veía separar la mano. Debía estar muy caliente y no quería correrse antes que el amo.

Con esa maestría en la mamada no tardé mucho en correrme y justo al segundo de terminar mis eyaculaciones lo hizo ella. Se quedó un poco aturdida por el orgasmo y cuando estaba a punto de ordenarle que me la limpiara, reaccionó y se la metió en la boca para limpiarla. De nuevo estaba a punto de mandarla parar cuando la sacó reluciente y con mimo me la metió en los pantalones subiéndolos. Se retiró un par de metros y se puso en postura de espera arrodillada.

Que suerte con esta chica pensaba, será una sumisa estupenda.

-Vamos a seguir con más normas, lo primero son tus estudios, así que durante la semana no nos veremos, vendrás los fines de semana. Durante la semana es el tiempo que dedicarás por completo a los estudios. Me traerás las notas de tus exámenes, aquellos que bajen de un 8 sobre 10, traerán consigo un castigo cuya intensidad será dependiendo de la nota. Y por cierto, norma fundamental, una esclava no miente ni oculta nada a su amo, si descubro que lo haces lo más seguro es que rompa la relación. ¿Está claro?.-

-Sí Amo. ¿Puedo preguntar?.-

-Dime.-

-A veces mis padres vienen a visitarme en fin de semana, ¿qué debo hacer?.-

-Esas veces te quedas con ellos, al igual que si hay alguna fiesta de la universidad. Como te dije puedes llegar a conocer algún chico y no te lo limitaré. Pero ten muy clara una cosa, a partir de ahora tus orgasmos son míos, me pertenecen y te los daré cuando yo diga. Por supuesto que los tienes prohibidos así como todo tipo de relación sexual, puedes tocarte o dejar que te toquen pero nada más. Si lo deseas mucho me llamas y ya veré si te doy permiso.-

-Sí Amo.-

-Otra cuestión es la ropa. Tienes totalmente prohibidos los pantalones, sean de vestir, de deporte o del pijama. Para deporte y exclusivamente para eso, te dejo que uses leggins discretos pero muy ajustados. Nada de bragas de abuela, que sean modernas y bonitas, y si llevas tanga mejor. Las faldas siempre por encima de las rodillas. No necesitas vestir de forma vistosa, quiero esclavas no putas. El escote me da igual. No creo que salgamos mucho de la casa y aquí siempre estarás desnuda, pero si alguna vez lo hacemos ya te diré que ponerte. Sólo en esas veces a lo mejor te pido zapatos de tacón, pero el resto no, especialmente si vienes a casa. El suelo es de parquet y no quiero estropearlo. ¿Algún inconveniente?.-

-No Amo.-

-¿Te has puesto alguna vez un enema?.-

-Sí Amo.- Me dejó sorprendido.

-¿Como y cuando fue eso?.-

-A veces me excita hacerlo Amo.- Dijo con la cara muy colorada.

-Cada vez que vengas a mi casa te tienes que poner uno. Cómprate también unos plugs anales, no quiero que se te cierre el culito en esta semana una vez que lo tenemos abierto.- Me hice nota mental de hacer una compra en un sexshop. Desde que llegué a la ciudad me puse a buscar sumisas y no pensé en lo necesario para usar con ellas. Eso me recordó…

-¿Te han azotado alguna vez?.-

-No Amo, a veces cuando me estoy masturbando me doy cachetes pero no con la intensidad que imagino lo hará el Amo ni como lo hizo antes.-

-Probablemente imagines bien, pero ya lo veremos más adelante. Cómprate un collar de perro y su correa, te dejo elegir como lo quieres. Procura que sea cómodo, lo llevarás siempre que estés en mi casa. Que te graben la chapa con tu nombre.-

-Amo, ¿tengo que poner que soy de su propiedad?.-

-No, aún no. Bueno por ahora eso, vamos a comer.-

Estuvimos comiendo en silencio, pero al rato de pasar la tensión iniciamos una charla normal. Al terminar la mandé al salón mientras yo recogía. Al entrar estaba en medio arrodillada en la postura de espera. Me senté frente a ella. Aún era temprano y empezaban las noticias en los distintos canales de televisión. Encendí el televisor y me puse a ver las noticias cambiando de un canal a otro. Ella permanecía sin moverse y sin decir nada. Cuando terminaron apagué el televisor y la llamé con unas palmadas en mis rodillas. Ella vino gateando y su tumbó sobre mis piernas boca abajo.

-Ver las noticias siempre me enfurece,- le dije mientras le di un azote fuerte. Ella soltó un gemido sordo. -Sobre todo las de política,- otro azote, -son todos unos chorizos,- otro azote. Ella aguantaba.

Estuve un par de minutos dándole azotes de distinta intensidad.

-Relaja mucho tener con quien desahogarse.- Dije parando de azotarla y acariciando el culo rojo.

-Vamos a la cama, me apetece una siesta.- Me levanté mientras lo decía haciendo que ella se cayera al suelo. Me fui hacia el dormitorio y me fijé que me seguía a cuatro patas. Me paré.

-No te he dicho que andes a cuatro patas, cuando estés de rodillas cerca de mi y te requiera sí debes hacerlo, pero las demás veces de pie.-

Ella se levantó y me siguió. Nos metimos en la cama los dos, le hice chupármela hasta ponerla dura y después me tumbé boca arriba.

-Sube encima y métetela.-

-¿Por donde Amo?.- Me dijo preparándose.

-¿No dijiste que el culo aún te duele? Pues por el coño tontita.- Se la metió de una estacada y noté lo lubricada que estaba además de caliente. Un coño caliente y suavecito que me apretaba la polla. Llevé mis manos a sus tetas y tirando de los pezones le imponía el ritmo.

-Si quieres un orgasmo debe ser al notar mi leche, pasado un minuto no podrás tenerlo.- Le dije con la respiración ya agitada.

No tardé mucho, me corrí y antes de ese minuto lo hizo ella. ¡Que facilidad para tener orgasmos cuando se lo ordenaba! Aunque en ese momento yo no pensaba eso, sólo en como su coño me apretaba mi polla casi flácida antes de sacarla. Me volví de lado y me quedé dormido.

Cuando me echo la siesta suelo poner despertador, si no soy capaz de estar durmiendo una, dos y hasta tres horas, según lo cansado que me encuentre. Ese domingo estuve dos horas durmiendo, me desperté a las seis y media casi y nada más abrir mis ojos me encuentro la naricita de Isabel frente a mi y abajo su pequeña boquita.

-¿Ha descansado el amo?.- Me preguntó en voz muy baja.

-Creo que sí, ¿y la esclava ha descansado?.-

-Sí Amo. Pero yo no duermo tanto.- Lo dijo sonriendo.

-¿Y que has hecho mientras tanto?.-

-Esperarlo Amo.- Entonces me fijé que no estaba en la cama, sino arrodillada al lado en postura de espera.

-Bien hecho pequeña.- Y le acaricié su cabeza como a una mascota.

Me levanté y fui al salón con ella detrás de mi. No le decía nada y me dispuse a servirme una copa, entonces me fijé que ella al llegar al salón se fue al medio de la habitación y se quedó de pie en la postura de espera. La miré, cogí una bandeja y mi copa y me dirigí al sofá.

-Ven, ponte a cuatro patas aquí a mi lado, apoyando el culo en las piernas y el antebrazo en el suelo. Quiero la espalda recta.- Se puso como le dije y apoyé la bandeja en su espalda y puse mi copa.

-No quiero que se me derrame ni una gota ni que se caiga nada, así que quieta esclava.- Encendí el televisor y me puse a mirar los canales hasta encontrar un documental de historia interesante.

Estuve como una hora. En ese tiempo, a veces se movía un poco pero muy despacio y lento. Tras esa hora, levanté mi vaso y le di un azote en el culo. Como no se lo esperaba se movió lo justo para tirar la bandeja y soltar un ay.

-Te dije que quieta, has tirado la bandeja que tiene más valor que tú.- La bandeja era de esas de plástico de los bazares.

-Lo siento Amo.- Me levanté y dejé el vaso y la bandeja en la mesa. Volví a sentarme a su lado.

-Ponte sobre mis rodillas, no puedo dejar pasar esa falta de desobediencia.-

Se puso boca abajo sobre mis rodillas y yo comencé a darle azotes alternando los cachetes de sus blancas nalgas hasta verlas coloradas.

-Vístete y márchate. Ya nos veremos el próximo fin de semana.-

-Sí Amo.- Se levantó y recogió su ropa que estaba en el salón desde la noche anterior. Se puso la ropa interior, pero antes de ponerse el vestido la llamé.

-Espera, ven aquí. Antes de irte te voy a dejar que me la chupes pero esta vez no tienes orgasmo, no te lo mereces.-

-Sí Amo.- Vino triste, se arrodilló y me la sacó del pantalón. Tenía la polla totalmente flácida, pero ella la metió entera y comenzó a engullir y a usar su lengua. En poco tiempo la tuvo totalmente empalmada y en pocos minutos logró que me corriera. Era una mamadora genial.

Terminó, se tragó mi leche y me la limpió para guardarla de nuevo en mi pantalón. Se levantó y se terminó de vestir.

-Amo, ¿cuando vengo?.-

-Te quiero aquí si deseas continuar el viernes a las once de la noche, ya cenada. No olvides vestirte como te he dicho y comprar los plugs, el fin de semana que viene volveremos a usar tu culito.-

-Aquí estaré Amo.- Se marchó sin que yo me dignara en despedirme de ella.

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