Soy Chloe, universitaria y puta (2)
Chloe nunca imaginó que el dinero fácil vendría con el precio de su dignidad. Entre la inocencia de un adolescente y la crueldad de un desconocido, descubre que su cuerpo es una moneda de cambio y que, bajo la máscara de la peluca negra, puede ser cualquier cosa que le paguen por ser.
Me llamo Chloe y soy puta. Ya expliqué en el primer capítulo como llegué a ser puta sin buscarlo. En esta ocasión os contaré cómo continuó mi aventura en el sexo pagado y duro.
Las semanas siguientes no fueron mejores en mi búsqueda de trabajo. No encontraba nada y las pocas entrevistas que tenía no me volvían a llamar. Solo habían pasado dos semanas, pero se me estaba haciendo larga la espera.
Era viernes, aún estaba en clase, una muy aburrida por cierto. Empecé a recordar la noche con Rubén. No había tenido el valor de volver a llamarle. El recuerdo de él detrás de mí agarrando mi cabeza contra la pared mientras me follaba duro y profundo, me hizo humedecer el tanga.
Comencé a sacudir un cuaderno delante de mi cara en busca de un poco de aire que bajara la temperatura de mis mejillas. Me estaba poniendo cachonda en mitad de una clase.
Ya en casa y sin ningún plan para esa noche, volví a descargar la aplicación que me había llevado hasta Rubén. La había borrado inmediatamente al conocer su uso, y con ella mi perfil. Cotillee los perfiles de las chicas que claramente estaban vendiendo sus servicios. El mercado era grande y muy variado. Las fotos no eran explícitas, pero sí seductoras y sugerentes.
Ese mes estaba claro que no iba a encontrar trabajo. Y la última semana había vuelto a follar, pero no había sido igual. Había conocido a un chico en una discoteca donde había hecho la entrevista. Era atractivo, pero en la cama se las daba de bueno y no era para tanto. No estuvo tan mal, pero tampoco fue para tirar cohetes. Al acabar él (porque yo no lo hice), pensé que al menos podría haber estado pagado.
Tener sexo exporadico era algo normal en mi. No me gusta el compromiso. Pero plantearme cobrar por ello… eso ya eran otras palabras. Sin embargo, terminé creando un perfil nuevo, sin foto y con un nombre falso (el mismo por el que me conocéis en este relato). Busqué mis cosas de cuando actué en una obra de teatro. Tenía un par de pelucas de buena calidad y unas lentillas que ocultaban mis ojos azules.
Cuando me maquillé y me hice unas fotos no podía creerlo. Con esa peluca negra, los ojos oscuros y los labios rojos, no parecía la misma persona. Así completé mi nuevo perfil y comencé a navegar por la app.
Era temprano, y la gente parecía estar menos activa. Pero al cabo de una hora, un chico con una foto borrosa me habló. Era muy tímido, pero fue directo al grano después de las típicas frases cordiales. No como Rubén, que parecía estar ligando como con cualquier otra chica. Finalmente, quedamos en el mismo hotel donde había quedado con Rubén. Le pedí que reservara una habitación en unas horas.
Estaba en el taxi de camino al hotel. Arreglada con la peluca negra, las lentillas, el maquillaje y un conjunto rojo de top y falda. Recibí otra petición a través de la app. Era un tipo de unos 50 años. No tenía foto, pero por privado aceptó enviarme una foto temporal. No iba a quedar con nadie sin verle antes la cara. Antes de bajar del taxi ya tenía una cita con otro hombre para esa misma noche. No me lo podía creer.
Esperé al chico en la habitación que había reservado. No me había percatado de ello la primera vez, pero estaba claro que ese sitio se utilizaba como lugar de encuentros sexuales. Me recosté en la cama y comencé a desesperarme porque el chico no llegaba. No sabía su nombre, se había puesto un nick falso en el perfil. La cerradura de la habitación sonó y detrás de la puerta apareció un chico muy muy joven.
- Hola, soy… bueno, llamame Darkboy.
- Hola, yo soy Chloe. ¿Puedo pedirte algo? ¿Me enseñas tu DNI? Tapa el nombre si quieres. Solo quiero comprobar que eres mayor de edad.
El chico apenas aparentaba los 18 años. Tenía que asegurarme de no cometer un delito mayor. Me mostró el documento y efectivamente, tenía 18 desde hacía un mes.
- Verás Chloe, soy virgen. Todos mis amigos ya lo han hecho y yo no quiero esperar más.
No esperaba eso. Pero en verdad daba el perfil. Me sentí ligeramente mal.
- Y no crees que sería mejor esperar un poco más.
- La verdad es que no. Estoy muy seguro. Me gusta una chica y hemos quedado en navidades. Quiero estar preparado para ella.
Me pareció tan tierno que se me pasaron un poco los nervios que me quedaban. Esta vez el sexo no lo iba a disfrutar. Lo tenía claro.
- ¿Qué quieres que te haga?
- La verdad es que no sé que me gusta. ¿Me haces una mamada?
- Claro.
Procedí a besarlo. Era dulce y se notaba inexperto. Me subí a horcajadas sobre él y me sorprendió lo rápido que se le puso dura. Se notaba que tenía un buen tamaño. Le desabroché los pantalones y efectivamente. No era el pene de Rubén, pero tampoco estaba mal. Mejor que el del tío de la discoteca. Me lo metí en la boca un poco y apenas había lamido un par de veces cuando lo sentí tener un espasmo. Paré. Tenía que tener cuidado o se correría muy rápido. Cada vez que me metía su polla en la boca lo miraba y lo veía poner los ojos en blanco. Estaba disfrutando, se le notaba.
Me vine arriba. Podía controlar a ese chico a mi antojo. Así que en esa ocasión mandaría yo. Le hice tocar mis tetas, agarrar mi culo y meter sus dedos en mi coño. Le enseñé a tocar el clítoris y aprendió rápido. Esperaba que al menos aprendiera algo de aquello y en navidades a la chica con la que follara le diera placer.
- Quiero meterla ya -su voz sonaba ahogada, estaba muy cachondo.
- Túmbate -me coloqué encima de él y tras ponerle un condón comencé a moverme despacio.
Cuando llevaba un rato me animé a moverme más rápido. El chico parecía aguantar bien y su polla daba bastante placer.
- Quiero que te tumbes, me quiero poner encima.
Así fue, me puse debajo y el chico la metió torpemente, pero al cabo de dos movimientos comenzó a cogerle el truco. Le dije si quería correrse en algún sitio en especial, porque lo veía a punto de venirse. Pero negó con la cabeza y en ese momento se corrió.
No fue la experiencia más placentera, pero me gustó. Cobré y me marché después de una ducha rápida. Fui a por algo de cena y a ingresar el dinero. En un par de horas tenía una cita con el tipo de 50 años del que sólo sabía que se apodaba como Marcos.
El encuentro con Marcos fue inesperado. En el ascensor de camino a la habitación. Le había dado las misma indicaciones que al chico joven.
- Chloe verdad. En tu perfil pone que te va la sumisión. Si te parece comenzamos ya.
- Sí, claro -no me lo esperaba, pero me apetecía que me dieran caña.
En el mismo ascensor comenzó a besarme con brusquedad agarrándome del cuello. Apenas habíamos entrado en la habitación y con un movimiento rápido debajo de mi falda me quitó la ropa interior y metió un dedo en mi coño.
- Estás húmeda. Eso me gusta. ¡De rodillas puta!
Obedecí. Me puse de rodillas y al cabo de unos segundos tenía la polla más gruesa que había visto en mi vida en la boca. Apenas podía tragarla. No era larga, pero su grosor era monstruoso.
- Abre más la boca puta -me abofeteó con su polla en mi boca.
Eso me puso bastante. Así que me esforcé en que entrara un poco más en la boca. Fue difícil, pero en el momento en que comenzó a follar mi boca, esta fue cediendo. Me estaba dando miedo lo que esa polla podría hacerle a mi coño.
- Mira puta, a mi solo me gusta follar con perras, así que solo te follaré a 4 patas. Y si quieres cobrar te tendrás que poner esto.
Del bolsillo del pantalón sacó una correa de perro. Me la dejé poner. Pero estaba aterrada y cachonda al mismo tiempo. Con un tirón fuerte me indicó que siguiera chupando su polla. Lo hice y con más esmero. Con la cuerda de la correa me azotó el trasero hasta ponerlo rojo. Después noté otro tirón que me separó de su polla. Las babas de mi boca comenzaron a caer sobre mis pechos desnudos. Una polla tan gruesa no te permitía controlar la saliva.
Tiró de la correa hasta que me coloqué a 4 patas encima de la cama. Como una perra. Le acerqué un condón XL que había comprado. No me fiaba de que otro le quedara bien. Y mientras lo hacía saqué un bote de lubricante del bolso (que había dejado en la cama) y me preparé para la embestida.
Como me imaginaba, la metió rápido y sin compasión. Al principio dolió un poco, pero unas embestidas después ya lo empezaba a disfrutar. El tipo no paró de follarme así, a cuatro patas. En ningún momento buscó otra postura. De vez en cuando tiraba de la correa hacia él, haciendo que mi espalda se curvara.
El tipo no paraba de gritarme cosas.
- Oh sí puta, así me gusta perra. Quiero que sufras mi polla. Puta, maldita zorra. Tienes coño de perra, guarra.
Conseguí correrme. Y un momento después tiró de la correa de nuevo mientras sacaba la polla de mi coño y se quitaba el condón.
- Agg, si que gusto perra -y se corrió en mi culo.
No me preguntó dónde se podía correr. Pensé que para la próxima vez haría una tabla de precios en mi perfil y eso lo cobraría más caro. Ahí me dí cuenta de que estaba dispuesta a ser puta más veces.
Ese día me marché habiendo ganado 500€. Casi lo mismo que ganaba en medio mes en mi antiguo trabajo. Obviamente al chico joven le cobre menos que al de 50. Había sido un trabajo mucho más fácil y habíamos acordado el precio antes de la cita.
Así terminó mi segunda y tercera aventura como puta. En el siguiente capítulo habrá un reencuentro muy especial.
No os lo perdáis, porque fue una experiencia nueva de dominación y prostitución.
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