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Confesionesjul 2025

El primer fin de semana como sumisa (y2)

Él le ordenó caminar desnuda frente a extraños y jugar al fútbol con sus miradas hambrientas. No era solo exhibicionismo; era el comienzo de un verano donde ella perdería el control y se entregaría por completo a su voluntad.

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El primer fin de semana en que me usaron como una sumisa y perdí la virginidad por todos los agujeros no acabó en las folladas del viernes por la noche como os conté en el relato anterior. Fue el principio de un verano en que estuve saliendo con ese amigo de mi madre.

Después, en septiembre, él tuvo que marcharse a vivir a Londres por una muy buena oferta de trabajo y ya solo nos hemos visto muy esporádicamente. No le guardo ningún rencor. No soy nada posesiva y solo tengo que agradecerle que me hiciera experimentar lo puta y sumisa que yo era y que me pusiera en el camino de disfrutar muchísimo de serlo. Cada vez más.

A la mañana siguiente me dijo de ir a la playa. Yo no llevaba bañador ni nada porque solo había ido a la cena con él. Pero me dijo que íbamos a ir a una zona nudista de una playa que hay cerca del aeropuerto de BCN y que no lo necesitaba. Me prestó una camiseta suya que me iba enorme, me la puse y nos acercamos en su moto. Está muy cerca de su casa y en diez minutos estábamos sacándonos el casco.

Efectivamente la playa es nudista en la zona más hacia el norte, en la otra había chiringuitos y más gente. Caminamos hasta esa zona y, es verdad que había algunas personas desnudas, pero también había más gente que iba en bañador. Él me explicó que al ser sábado pues la gente con bañador “colonizaba” la zona nudista. Pusimos un pareo enorme en la arena, a unos metros de la orilla y me saqué la camiseta y el tanga y me quedé en pelotas. Pero él no. Le pregunté si él no se desnudaba y me dijo que no, que quería que me exhibiera para los demás. Joder, solo eso ya me puso muy caliente. Yo me sentía flotando después de que me hubiera follado como hubiera querido la noche anterior, pero no pensé que el rollo de tratarme como a una sumisa saliera de la casa, ni siquiera de la cama.

Me dijo que le pusiera crema protectora en la espalda, lo hice, y luego me dijo que se la pusiera en el pecho y las piernas. Lo hice también. Después me hizo estirar boca abajo para ponerme él crema a mí y me sobó completamente delante de las otras personas que estaban más o menos cerca en la playa. Eran parejas maduras sobre todo las que estaban desnudas, alguna chica sola, algún hombre solo y un grupo de chicos que estaban con bañador y que se habían puesto detrás nuestro a unos cinco metros. Después me hizo darme la vuelta y boca arriba me puso crema en todo el cuerpo. Eso me dio mucho morbo porque es algo que podía hacer yo y que lo hiciera él dejaba clarísimo que el único objetivo era sobarme. Por supuesto ya teníamos la atención de los cinco chicos que estaban detrás. Todos miraban y hablaban bajito poniendo cara de “Mira ese tío la sobada que le está pegando a la chica esa”. Por el viento se les oía mejor de lo que ellos pensaban, pero no nos enteramos de todo. De que nos miraban, eso sí lo tuvimos claro. Me puso crema en todas partes hasta dentro del coño con sus dedos, haciendo que me abriera de patas. En las tetas, echándola directamente sobre los pezones y luego restregándomela en el pecho, el cuello y el estómago. Luego por las piernas. En fin, que me dejó completamente embadurnada y muy muy caliente.

Nos quedamos al sol un buen rato sin decir nada y escuchando los comentarios de los chicos y viendo a través de las gafas de sol cuando pasaban a nuestro lado para bañarse cómo me miraban. Me dio morbo esa situación y se lo dije.

Hablamos sobre el morbo y me explicó que para él era lo más excitante, crear situaciones morbosas y que lo disfrutaba mucho. Me explicó algunas cosas con alguna tía y me excitó mucho que me lo contara.

Yo le pedí que me contara más y entonces me dijo, “Vamos a hacer algo mejor”. Se sentó en el pareo y empezó a mirar. La playa no estaba llena, pero había bastante gente, la mayoría con bañador. Me dijo, “Ahora tienes ganas de darte un paseo. Te levantarás e irás caminando por la orilla hasta la altura del segundo chiringuito” y me lo indicó con la mano. Estaba como a unos 300 m de donde estábamos. Siguió mirando hacia donde me había dicho “y como tienes mucho calor y eres una zorra, como ya me has demostrado esta noche, vas a ir tal y como vas ahora, es decir en pelotas. Ah y sácate las gafas de sol, no llevarás nada encima”. Yo lo escuchaba hablar como si no estuviera diciendo lo que decía. Estaba nerviosa y miraba todo lo que tendría que caminar. Ahora me sorprende que me pusiera nerviosa por eso, he hecho muchísimas cosas mucho más extremas que eso, algunas en público, pero en ese momento recuerdo que el corazón me iba a mil por segundo. “Cuando llegues, seguirás hacia el otro lado porque los que están hacia allí -indicó con su mano el otro lado- no te han visto aún, zorra, y también tienen derecho a verte. Cuando vuelvas te vas a dar un baño y cuando salgas te sentarás conmigo y me darás un beso de los que tú sabes dar. ¿Alguna pregunta? No, ¿verdad? Pues hazlo”. Yo respiré hondo. Fui a darle un beso y me apartó la cara y me dijo “luego”.

Me levanté y me paseé en pelotas como me había ordenado. Sentí que me miraba todo el mundo. Me sentí observada, casi tocada por todos esos tíos que había en la playa y también por las mujeres. Pero lo hice. Cuando volví a la zona delante de donde estábamos me bañé y salí mojada hacia donde estábamos. Los chicos de atrás no paraban de mirarme ya de manera nada disimulada. Me estiré junto a él y le di un morreo como los que le había dado la noche anterior mientras me usaba.

Él solo me dijo. “Muy bien, zorra. Esto es morbo. Te ha gustado, ¿verdad?”. Hablamos de eso después de que yo hiciera un “UFFFFFFFFFFFF” para confirmarlo. Me contó otras cosas que había hecho con otras mujeres y entonces los chicos cogieron un balón de plástico y se pusieron a jugar a futbol detrás de la zona donde se habían colocado. Yo los miraba mientras hablábamos, boca abajo estirada en el pareo y veía cómo se quemaban los pies. Al rato se acabó el futbol, pero se fueron al agua con la pelota y pasé de ellos. Entonces él me dijo “¿Quieres otra?” Yo le pregunté “¿Otra qué?” “Otra lección de morbo”. Y sin esperar a que respondiera me dijo “Ahora te van a entrar muchas, muchas ganas de bañarte conmigo. Te levantarás y vas a pedirme que me meta en el agua contigo. Pero yo no quiero bañarme ahora, prefiero esperar un poco. Tú vas a insistir, pero yo seguiré diciendo que no… entonces tú decidirás irte a bañar sola. ¿Ves dónde están los chicos de atrás? Pues pasarás por en medio de ellos, les cortarás el juego. Les sonreirás, darás las gracias como la zorra educada que eres y te bañarás. Luego te van a entrar muchas ganas de jugar con esa pelota a lo que sea que estén jugando y les pedirás si te dejan jugar, ya te apañarás para hacerlo y jugarás con ellos. A ver lo que pasa. Cuando yo tenga ganas de bañarme, entraré en el agua, tú sigue jugando con ellos, y cuando salga te llamaré para secarnos e irnos, porque tendré muchas ganas de romperte el culo y querré llegar a casa para hacerlo.”

Yo no dejaba de mirarlo decirme todo eso y me calentaba que notaba como se me mojaba el coño y como respiraba cada vez más fuerte. Le dije que sí, me levanté, hice el paripé de intentar que viniera a bañarse para que vieran los chicos que él no quería y me fui a bañar.

Pasé por en medio del grupo de chicos que dejaron de jugar y me bañé. Luego al salir, les dije si podía jugar. Como al entra yo éramos seis, dos equipos de tres y a quitarse la pelota Yo con dos de ellos y los otros tres juntos. Ellos con bañador y yo en pelotas. Ellos bastante más altos y yo un poco más de 160. La gracia era marcarme a mí para que cuando la tuviera no la pudiera pasar y que cuando la tenían los otros yo no la recibiera y cuando la tenían ellos pues intentar robarla. Una chorrada, pero fue muy divertido. Total que el juego era no parar de hacerme placajes o cogerme para que no la pasara. Me reí un montón, la verdad, pero me excité aún más con las sobadas que me pegaron. Primero la cintura, pero en nada me sobaron las tetas o el culo sin problemas. Mi amigo no paraba de mirarnos y sonreír así que era como si les diera permiso. Acabé agotada y tragué bastante agua, pero me reí mucho. Luego vi que él se levantaba, se daba un baño y al salir me dijo. “¿Nos vamos, eli?” Yo le dije que sí, me despedí de los chicos y nos secamos para irnos. Él se sacó el bañador y ya vi que tenía la polla deseando llegar a casa y se puso un pantalón corto. Yo me puse el tanga y la camiseta y recogimos y nos montamos en la moto y fuimos a casa. Solo entrar, bajarme yo de la moto para cerrar la puerta del jardín y dejar que él se quitara el casco, ya lo tenía encima, Me levantó con sus manos en mis nalgas y me pegó una morreada de las que nos ponen a mil, me acercó a la piscina y me tiró dentro

Él se sacó la camiseta, tiro las chanclas que llevaba y se sacó el pantalón mientras yo me sacaba su camiseta empapada sin salir de la piscina. Se tiró al agua, me agarró del pelo, me dio la vuelta para que quedara de espaldas a él, agarró el tanga que aun llevaba y le pegó un tirón hasta romperlo, se agarró la polla y me la metió por el culo de golpe dentro del agua. Me dolió más que la noche anterior, lo tenía dolorido de las veces que me había dado por el culo por la noche y esta vez no preparó nada mi agujero. Me tapó la boca con una mano y no paró de darme por el culo en el borde de la piscina mientras me decía que lo había puesto a mil que era una muy buena zorra, que le había gustado que me dejara sobar por esos tíos, que era una muy buena puta. Todo eso me lo decía al oído sin dejar de taparme la boca y sin parar de meterla y sacarla del culo. De golpe la sacó se subió al borde de la piscina y me hizo comérsela, lamerse los huevos, me folló la boca agarrándome del pelo, incluso me pegó un par de bofetadas. Yo estaba tan a punto de correrme que si acercaba mis piernas la una a la otra iba a estallar en un orgasmo de la hostia. Entonces se volvió a meter en el agua me agarró por las caderas con las piernas separadas y me la metió otra vez por el culo. Cuando la había metido entera me agarró de las tetas y me dijo, “No grites que hay vecinos” y, aunque no nos veían, era evidente que no quería que pensaran nada raro. Me folló sin dejar de estrujarme las tetas y me corrí dos veces con su polla en el culo. Cuando la sacó me llevó a las escaleras me metió la polla en la boca y me la folló hasta correrse dentro y soltar toda su leche en mi garganta. No la sacó hasta que no me lo tragué todo y cuando lo hizo me restregó su polla por la cara y se volvió a tirar a la piscina.

Nos estuvimos bañando un buen rato. Yo seguía caliente de toda la mañana y él lo notó, me agarró de la cintura me levantó para que me sentara en el borde y me echó hacia atrás, quedé estirada con las piernas abiertas en el borde de la piscina y él me estuvo comiendo el coño hasta que me corrí dos veces más. Fue una pasada.

Después comimos lo que había en la nevera de la noche anterior y por la tarde nos echamos una siesta en el sofá que también acabó en follada, esta vez alternando el coño y el culo y acabó corriéndose en mi cara. Después fuimos de compras y a cenar y luego por la noche volvió a usarme durante un montón de horas. Me hizo comerle el culo y acabó atándome a la cama con unas muñequeras de velcro que llevaban una correa. Con las piernas super abiertas atadas a los pies de la cama y las manos al cabezal. Yo me puse muy nerviosa mientras me ataba, nadie, por supuesto, nunca lo había hecho y estaba cagada de miedo y muy nerviosa, pero a la vez muy muy excitada. Cuando me tuvo atada que no podía mover nada, me dijo que era lo que me faltaba probar en ese finde, que luego vendrían más cosas. Entonces desapareció, me dijo “Ahora vengo” y estuvo por la casa durante un buen rato, creo que fue una media hora, pero se me hizo eterna allí, sujeta sin poder moverme y despatarrada al máximo. Cuando volvió me tocó completamente, me apretó las tetas, me metió los dedos en la boca y en el coño me pellizcó los pezones y los estiró y retorció lo que le dio la gana y acabó azotándome las piernas, el coño y las tetas y alguna vez incluso la cara. Me corrí mientras me daba palmadas en el coño abierto y eso le encantó entonces se puso entre mis piernas y se echó encima con su polla super dura y me la metió en el coño de un golpe, Yo estaba muy abierta, mojadísima y muy muy excitada y cuando me la metió y empezó a follarme mientras me morreaba y me agarraba la cara no tarde nada en volver a correrme. Estuvo mucho rato follándome así atada encima de mi sudando, hasta que ya iba a correrse. Entonces salió de mi coño, salió de encima de mi apoyándose en mis tetas y aplastándomelas y se sentó sobre mi cara. Puso el culo abierto sobre mi boca y empezó a restregarlo en mi boca y mi nariz. Recuerdo que le goteaba el sudor por la espalda y me caía en la cara y llegaban las gotas a mi boca. Él se iba pajeando creo y me azotaba las tetas mientras yo le comía el culo, me tocaba el coño y me lo follaba con varios dedos, hasta que noté que iba a correrse y soltó un montón de chorros sobre mis tetas y mi estómago. Se quedó sentado sobre mi cara, Yo estaba sofocadísima, tenía un calor horrible, tenía el pelo mojado de sudor y me sentía una puta llena de semen con su culo sudado y peludo sobre mi cara. Cuando le dio la gana, se levantó de mi cara y se fue a dar un baño a la piscina. Me dejó atada ese rato con el sabor de su culo en la cara y su leche secándose sobre mi cuerpo. Cuando se dio el baño y se secó regresó con una cerveza en la mano. Se sentó en la cama a tomársela y me hizo contarle cómo me había sentido. Cuando acabamos de hablar de eso, me desató. Me di una ducha y nos acostamos.

Dormimos hasta la mañana siguiente de un tirón. La mañana la pasamos en la piscina. Volvimos a follar una vez más y al mediodía fuimos a comer a Barcelona y me llevó a casa.

Cuando llegué a casa os juro que yo era otra persona de la que se había ido el viernes. Estaba enganchada a él y a esa forma de usarme. Me sentía una zorra y me gustaba y estaba orgullosa de haberme atrevido a dejar que hiciera lo que le diera la gana.

Empezaba un verano que iba a ser muy especial. Yo aún no lo sabía, pero en ese verano iba a convertirme en la eli que soy ahora y además iba a disfrutar de cosas que ni yo pensaba que iba a probar.

Espero ir contándolas, aunque no pienso hacer una historia paso a paso, así que igual el próximo relato va de otra cosa de las que me han ido pasando.

Gracias por leerme.

Eli