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Dominaciónene 2024

Humillación de una sumisa en Todorelatos

Ella está en el hospital, vulnerable y enferma, pero él sabe exactamente cómo tocar sus nervios desde la distancia. A través de un chat, transforma su vergüenza en placer y su silencio en confesiones explícitas. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar una sumisa cuando su amo le ordena que se humille frente a las enfermeras?

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Esto es una historia real que me ha ocurrido aquí, en Todorelatos. Gracias a uno de los últimos relatos que publiqué, en la sección de Sexo Anal, he estado conociendo a chica con inclinaciones de sumisa. Empezamos a interactuar por un email que me envió para felicitarme, sobre el relato de la Compañera de Piso, en concreto, con la que he ido interactuando. Se llama Claudia y normalmente, los demás la ven como una muchacha veinteañera, tímida y dulce, pero en realidad en su interior, que me ha mostrado, yace agazapada una sumisa little pervertida que ha ido asomando en nuestras conversaciones... Le gusta la humillación, es masoquista y, aunque llora mientras se le aplica, se excita con ciertos tipos de dolor.

No transcurrió mucho tiempo (pero sí muchas conversaciones), hasta que entramos en la dinámica D/s, y, pese a su timidez, me fue revelando cómo es en realidad y las cosas que más le gustan, los kinks que no conocía y yo le he ido descubriendo.

Detrás de esa fachada de niña buena, cumplidora, la primera de la clase, está una pervertida que poco a poco se está haciendo mi perrita y me empieza a llamar “Amo”.

Lo que viene a continuación es una conversación entre ella y yo, una que está deseando ver publicada para sentirse expuesta, humillada y excitada a la vez.

Es un supuesto en el que ella, que ha estado enferma unos días, hospitalizada, ha estado hablando conmigo y una noche empezamos una conversación en la que se mezclan fantasía y realidad, cuidados para una sumisa Little, y varios kinks…

Empecé a escribirle en un punto de la conversación, mezclando la fantasía con preguntas directas que tenía que responder.

—Y ahora estoy preparando a mi peque para dormir. ¿Quieres que te prepare a ti?

—Me encantaría —me responde ella.

—Pijama, pañal, el culete bien rojo y azotado. Y puede que algo más si has sido buena. O mala.

—Ojalá ☺️

—¿Quieres saber qué más?

—Sii.

—Si, ¿qué?

—Sí, Amo.

—¿Crees que las enfermeras sabrán que eres una perrita pervertida? —le pregunto, provocándola— ¿Que puede empezar a mojarse con lo que le está contando su Amo, su Daddy...? Porque lo eres...

—Dudo que lo sepan…

—Que sepan que eres... Qué... Dilo. Escríbelo. Confiésalo.

—Soy una perrita pervertida, Amo…

—¿Cómo te hace sentir el escribirlo?

—Hace que me sienta humillada, Amo —se empieza a excitar, es perceptible en lo que tarda en escribir y cómo cambia su lenguaje.

—Iría a verte. Pediría una habitación solo para ti. Vestiría traje, formal. Con chaleco. Pediría a la enfermera, de forma encantadora, un pañal. Y, sí, les diría que es para ti, porque debo cuidarte. Y que no quiero que nos interrumpan. Entraría, para verte. Apagaría las luces y solo dejaría la de la cama del hospital. ¿Qué vistes ahora mismo, pervertida? Pero no me respondas en primera persona. Aún no te mereces eso. "Tu perra pervertida viste...". Así es como responderás. ¿Entendido, perrita?

—Me encantaría que vinieras pero me daría vergüenza que lo supieran 🙈. Tu perra pervertida viste un camisón de hospital, Amo. Me gustaría, mucho y me daría mucha más vergüenza.

Me imagino perfectamente su voz, el tono estrangulado de súplica, el timbre más agudo, como en algunos audios. No os imagináis lo pervertida y sensual que puede llegar a ser…

—Irrelevante, para mí placer —continuo—. ¿Estás sola en la habitación o es compartida?

—Es compartida.

Acudiría a tu cabecera, sonriendo, ignorando tu vergüenza y a tu compañía en la habitación. Besaría tu frente. Así compruebo si tienes fiebre mientras te doy un gesto amable. Luego te pediré que beses mi mano, para que declares tu sumisión.

—¿Cómo llevas el pelo ahora? —le pregunté por nuestro chat de Telegram.

—Tu perra pervertida lleva el pelo suelto, Amo.

Tendré a mano mi maletín de cuidados para eso. Cepillo, desenredante antipiojos de olor a mango, y algunos juguetes sexuales y BDSM.

—¿Cómo has pasado el día?

Te escucharé mientras te miro el cabello y espero a que te desnudes. Tus pezones se endurecen al momento. ¿Cómo son? Descríbelos.

—Pues no sé muy bien cómo describirlos porque nunca tuve que hacerlo… Pero los pezones de tu perra pervertida son pequeños, de un tono rosado y claro… no sé qué más decir… —me confiesa, describiéndose realmente. Así que ahora, todos vosotros que estáis leyendo esto, lo sabéis.

—¿Areola estrecha, o ancha? —le pregunto—. Me gusta el color rosado.

—En proporción con el pezón…

—cuando te encuentres mejor habrás de mostrármelos como una buena pervertida ofrecida a su Amo.

—Sí, Amo.

Voy a cepillarte el pelo. Pero para hacerlo, voy a ponerte unas pinzas en los pezones, esos lindos y duros pezones.

Te acariciaré la mejilla, pasaré el pulgar por tus labios esperando que abras la boca para que lo chupes, obediente, pervertida, bien zorrita para mí, mirándome a los ojos antes de darte un cachete que te caliente la mejilla.

Sopesaré tus pechos en mis manos. ¿Cómo son? Descríbelos, zorrita pervertida.

Pondré las pinzas en los pezones y empezaré a cuidarte el pelo.

—Los pechos de tu perra pervertida son algo grandes y redonditos.

—Quiero verlos, sopesarlos y estrujarlos mientras gimes. Quiero atarlos y constreñirlos con una cuerda que te ate fuerte y te humille ser una perra atada.

Te peinaré con cuidado, y te pediré que, despacio, me cuentes una perversion tuya. ¿Qué es lo más pervertido que has hecho estando sola? Confiesa, pervertida. Y ahora, perra pervertida, confiésale a tu Amo si estás empezando a mojarte.

—Sí, Amo, llevo un rato ya así por las cosas que me dices…

Quiero sentir tu dolor y tus gemidos mientras te peino. Acabado el cuidado de tu cabello, mi mano viajará hacia abajo. Acariciando tu cuerpo suavemente, saboreando tu piel en las yemas de mis dedos. Llego al monte de Venus. Descríbelo. ¿Depilado? ¿Rasurado? Clítoris grande o pequeño? ¿Te abulta? ¿Es muy sensible? ¿Cómo son tus labios? ¿Sobresalen los menores o están guardaditos tras unos labios mayores acogedores?

—El monte de venus de tu perra pervertida está depilado. El clítoris es pequeño, demasiado sensible. Los labios menores están guardaditos, no sobresalen nada.

Lo buscaré y hurgaré con mis manos, mis dedos, largos y algo gruesos, para cogerte con una mano del cuello y controlar el aire que tomas, y con la otra, te acariciaré como te gusta... Pero también como me gusta a mí, tomando lo que quiero de ti. Dilo, perra, sumisa, pervertida y puta, pequeña sumisa, di que es mío. Entrégalo. Y te concederé el orgasmo...

—Me va a subir hasta la fiebre si seguimos así…

—Sigue. Dilo —le contesto, ordeno, tajante—. Quiero que acabes empapada. Que busques una excusa para ir al baño a tocarte de lo que te provoco, mi pequeña putita entregada. Mi perrita pervertida deseosa... Quiero que te palpite el coño, el ano, que se te endurezcan los pezones, que la palabra "Amo" haga hincharse tus labios de ganas de decirla en voz alta al correrte...

—Cada vez me mojo más y más, me palpita todo y se me acelera el pulso y la respiración… una pena no estar en mi habitación para poder tocarme y enseñártelo. Y, lo digo: mi coño es tuyo, Amo.

—Eso es...

—Y ahora, tu humillación final, pequeña.

Porque mientras te corres en mi regazo, mientras tiro de tus pezones y te llamo “mi perra, mi puta, puede correrse” al oído, también te daré una orden final con el orgasmo, mientras te pongo de espaldas a mi, desnuda y yo vestido, chorreando flujo, gimiendo y con los pezones al rojo vivo, casi llorando: “córrete para mí… Mientras te meas encima”

—Aaaah… Es una humillación muy grande pero me llama mucho la atención, me encanta…

Te has meado. Y eres una guarra. Una perra meona. Llamo a la enfermera para que vengan a limpiar.

"No pasa nada, se ha meado encima", le diré

—Es muy humillante☺️. Casi no puedo respirar.

Voy a darte una orden. Una muy suave, como un latigazo de seda mojada. Lleva tu mano discretamente a tu entrepierna. Hunde un dedo en ti. Y luego, chúpalo.

—Sí, Amo… Pero hay gente…

—Irrelevante.

—Sí, Amo… —pasan dos minutos—. Ya. Gracias, Amo.

—¿Y sabes que va a pasar con todo este texto, perrita? ¿Con toda esa humedad que hay en tu entrepierna por mis palabras? Qué lo voy a convertir en un relato que voy a publicar, para que todos los pervertidos que lo lean vean lo guarra, lo perra pervertida que eres, así, expuesta. Solo tú sabrás lo expuesta que estás...

—Es Muy humillante☺️. Y me excita mucho…

—¿Te gustaría que lo hiciera?¿Te humillaría y excitaría, perra pervertida?

—Me encantaría la verdad —me confiesa.

Mientras vienen a limpiar, me sentaré uno de los sofás, para que te vean venir, desnuda, a cuatro patas, y empezar a... ¿hacer qué en mi entrepierna dura, erecta y cubierta de preseminal? Dilo tú.

—¿El qué…?

—Lo que sigue aquí

—¿Y qué sigue…?

—¿Tú qué crees...?

Vienes a cuatro patas, desnuda, recién corrida, meada, tú Amo está sentado y su polla empalmada fuera, esperando… ¿Qué tiene que hacer la perrita?

—Una mamada.

—Veremos qué es capaz de hacer esa boquita.

Porque pasarán dos cosas:

Una, tienes que complacer a tu Amo con tu boca. ¿Lo deseas? ¿Te gusta hacerlas? Confiesa, perrita.

Y, dos: tarde o temprano, te agarraré de las dos coletas que te he hecho, y te irrumaré.

—Sí lo deseo, Amo. Me gusta mucho hacerlas

— Bien, bien. Me gustan tus confesiones. Sobre todo porque casi seguro que te has imaginado haciéndomela cuando lo has leído... Confiésate a tu Amo, perra.

—Sí, lo he imaginado Amo

…Y después, te irrumaré… Repito.

—Esto, te gustará también.

—Me gustará mucho

En la oscuridad de la habitación, mientras pasa gente por el pasillo, tarde, y las luces de la ciudad brillan al otro lado, entre las gotas de agua de la tarde que han quedado en el cristal, te follaré la boca. Tomaré posesión de ella y la usaré para mí placer hasta derramarse dentro de ti, en tu garganta, haciéndote tragar todo lo que salga para que cumplas como una buena perra pervertida.

—Me encantará

Acariciaré tus labios usados e hinchados y recogeré un poco de semen que ha quedado fuera con el pulgar para metértelo en la boca, y ver cómo lo chupas… Y tragas, visiblemente.

Y tras esto, deberás agradecerlo.

—Gracias por alimentar a tu perrita sumisa y pervertida con tu semen, Amo...

—¿Cómo te sientes, escribiéndolo?

—Y ahora... —prosigo, sin darle tregua— ¿Cómo son tus orgasmos? ¿Tienes solo uno y potente? ¿Tienes varios? ¿Uno o dos seguidos y después descansas?

Porque voy a volver a usar tu coñito pervertido con algo que llevo en el maletín… Hasta recuperarme yo... Y poseer tu culo de perrita...

Te escuchan. Te escuchan decirlo. No he dicho que la limpiadora se haya ido. Te han visto hacer todo eso. Chupar. Mamar. Follada por la boca. Agradecer el semen como una puta pervertida, una sumisa pequeña...

—Me siento humillada y pervertida, Amo. Tengo varios orgasmos seguidos y son intensos… —confiesa. Noto su vergüenza, y más que le va a dar cuando vosotros lo leáis—. Me encanta imaginármelo 🥰… La humillación, lo pervertida que soy…

Usaré primero un vibrador para poner tu clítoris al 100%, hasta oírte gemir... Solo para privarte del orgasmo. Entonces, y solo entonces, pondré un plug transparente en tu culo, para verlo dilatado y abierto.

La señora de la limpieza mira, está apoyada contra una pared, y se está tocando...

Y te ha visto humillarte, chupar, tragar, hablar agradeciendo ser mi receptáculo de semen, y ahora verá cómo te pongo sobre mis rodillas, y empiezo a castigar tus nalgas mientras cuentas y agradecer cada porción del castigo, mientras tus pechos encadenados por pinzas, que te están torturando de dolor, cuelgan.

Cuando tengas el culo al rojo vivo y no puedas suplicar más, entre lloros, tendrás que acuclillarte, y te dejaré masturbarte. Otro orgasmo que me entregarás... Sí, también querré que te humilles más y orines, si puedes. Seguro que algo saldrá. Y ahí, desnuda, atormentada por las pinzas, con el culo ardiendo y poseído por el plug anal, me miraras mientras sale el pequeño chorro.

"Pídele perdón a la señora, por ser una perra meona".

—Perdón por ser una perra meona… casi me corro al escribirlo Amo, estoy muy, muy excitada…

—Vamos. Escríbelo. Confiésale a tu Amo que eres una perra meona. Escúchame, léeme bien, Claudia: cuando regreses a casa, cuando vayas a ducharte, te querré en cuclillas, masturbándote, y orinando. Porque eso eres. Y me lo confesarás.

Arrodillada, en posición de disculpa, frente en el suelo, sobre tus orines, mientras ella te mira y se corre al ver lo sucia y pervertida que eres. Porque te has meado, pero tambien te has corrido.

Ha pasado un rato. Ahora voy a poseer tu cuerpo, a usarte, porque lo deseas.

De pie, de nuevo, delante de mí, te retiro las pinzas. ¿Te has puesto alguna vez? ¿Sabes cuándo duelen más?: cuando se quitan. Y querré que me miras mientras lloras, te quejas, gimes. Y conforme lo haces, sin mediar palabra y mientras se va la limpiadora, te volcaré con brusquedad sobre la cama y tomaré tu culo sin piedad. Retirando el plug, dejándolo a la altura de tu cara, te cogeré las manos, aprisionándolas desde detrás contra tu espalda, con una sola mano sobre tus dos muñecas, y reclamaré ese culo como mi posesión.

Dímelo ahora, perra, dime de quién es ese culo libremente entregado. Escríbelo y dime qué sientes.

Y no pararé hasta vaciarme en tu interior.

Sí gritas, te meteré el plug que ha estado ahí en la boca como mordaza y lo ataré con mi pañuelo para que no lo puedas sacar.

Bien dentro, clavado, sintiendo cómo se dilata tu ano, cómo eso hace que me endurezca más, te daré mi semen... Y deberás volver a agradecérmelo.

Más tarde nos iremos, cuando te encuentres mejor.

Tú culo aún lleno de semen. Todos te mirarán, aún vestida, sabiendo lo que eres. ¿Qué eres...? Respóndeme...

—Sí, Amo…

—He dicho que confieses, no que simplemente digas que sí. No seas vaga, pequeña. Sé siempre específica.

—Perdón, necesitaba leer todo, me has creado una necesidad ☺️. Soy una perra meona, Amo

—Bien. Con el tiempo, lo harás. Con el tiempo, hasta te grabarás meando para que yo te vea, entregando e tu humillación.

—Este culo libremente entregado es tuyo, Amo. Siento muchas ganas de poder realizarlo en la realidad y mucha humillación tan solo de leerlo. Lo haré todo, quiero hacerlo todo y humillarme ante ti. Quiero tus recompensas y tus castigos… Necesito correrme…

—Voy a recopilar todo esto para convertirlo en una historia que publicar en TodoRelatos. Pero no puedes correrte hasta salir del hospital. Sobre todo porque tus orgasmos son míos…

—Sí, Amo. Son tuyos…

—Lo próximo será que leas esto en Todorelatos.

—Gracias, Amo. Me voy a sentir muy humillada…

—Lo sé. Y yo lo voy a disfrutar.

Si tenéis alguna pregunta o comentario sobre la que ahora es mi perrita, sucia y expuesta, dominada y puta, me lo podéis dejar en comentarios o por mail y haré que la muy zorra conteste.