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Dominaciónnov 2024

Las siete 15

Ana siempre tuvo esa mirada de enfado, pero Hugo sabía lo que escondía debajo. Cuando aparece en su puerta pidiendo ser suya, él no le ofrece amor, sino cadenas. Esta vez, no hay marcha atrás.

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Capítulo 15.

Por la mañana el domingo estando solo en casa le envié un wasap a Ana invitándola a café. No la veía desde la semana anterior que se fue enfada al enterarse que me mudaba. Vi que lo había leído pero no me respondió. Me senté en el ordenador a hacer cuentas para la hipoteca y buscar un préstamo adecuado para la reforma y para amueblar la casa. Al rato llaman a la puerta de la casa, era Ana.

-No es lunes para café.- Me dijo entrando sin esperar a darle permiso y yendo derecha a la cocina.

-Pasa, entra y ponte cómoda.- Dije de guasa.

-¿Que quieres Hugo? ¿Para que me has llamado?.- Estaba envarada, con su cara de mala leche en toda su extensión.

-Ana, si vas a estar borde mejor te marchas. Sólo he llamado para charlar, no me gustó que te fueras la última vez enfadada.-

-Pues ya no estoy enfadada,- dijo pero no exteriorizó, -¿y las chicas?, esto está muy tranquilo.-

-No están en casa, las tengo castigadas por ahora.-

-¿Las has azotado?.-

-Sí y alguna de ellas aún tendré que azotarlas más. Pero no quiero hablar de ello. Mira Ana, esta casa se me queda chica y necesito mudarme. No tiene nada que ver contigo y por supuesto que te echaré de menos. Pero también el cambio es un problema con mis esclavas. Isabel no tiene coche y ni siquiera ha preguntado como irá a la nueva casa. Irene y Daniela han hablado de comprarse una moto lo cual es un gasto para ellas. Las mudanzas son problemas para todos no sólo para ti, es una actitud de niña chica.- Lo dije lo más suave que pude, no quería perder su amistad me gustaba charlar con ella por las mañanas. Al menos las que quedasen, que con la reforma y el amueblado serían mínimo un par de meses.

-Llevas razón lo siento.-

-¿Se te ha pasado entonces el enfado?.-

-No estaba enfadada tonto. Es que me gusta venir aquí y te echaré mucho de menos.-

-Si quieres puedo alguna vez traerte a gatita para que se quede contigo alguna mañana.- Dije riendo.

-Ni loco. Esas cosas ni se te ocurran que eres muy cabrón.-

-Mira Ana, puedo ser muy sincero pero me arriesgo a que te vuelvas a enfadar.-

-No me enfadaré, ahora el crio eres tú.-

-No quieres admitirlo pero eres sumisa, y tampoco quieres admitir que en tu vida te falta eso, el disfrutar de estar disponible para satisfacer a un amo.-

-Ahora lo admito, te doy la razón pero no puedo hacer nada. Mi marido es tradicional y lo he intentado pero se asusta cuando le digo que me de azotes o me la meta por el culo.-

Me quedé perplejo por lo que me dijo.

-¿Quieres que te adivine el futuro?.- Me aventuré.

-A que te refieres.-

-Tarde o temprano encontrarás a un compañero de trabajo que se ofrezca a darte eso y os convertiréis en amantes. Pero si el tipo es un cabrón terminará por destruir tu matrimonio y te sentirás sola y amargada con un complejo de culpa que no te dejará vivir.-

-¿Te refieres a alguien como tú?- Preguntó sonriendo sin decirlo en serio.

-Yo no quise convertirte en amante ni destruir tu matrimonio. Y por supuesto que yo no abandono a mis esclavas, tienen que hacer algo muy gordo para que eso pase. No es casualidad que nos llamemos la familia.-

-Ya, pero ahora no tengo oportunidad ¿no? Dijiste que no das segundas oportunidades.- Lo dijo en serio, o eso me pareció, lo que me sorprendió muchísimo.

-No las doy. Lo único que te queda es moldear a tu marido para que te ofrezca lo que necesitas.-

-Ya te he dicho que lo he intentado pero no quiere. Me dice que eso no es de personas normales. La culpa es tuya, yo era feliz hasta que me descubriste esa parte mía que estaba oculta y ahí seguiría si no te hubiese conocido.-

-Esa parte más tarde o temprano sale a la luz, te lo aseguro.-

-¿Y si me das ahora unos azotes? Sólo eso, sin follar.- Me dijo casi implorando.

-No, no quiero darte unos azotes sólo por que ahora te hayas puesto caliente.-

-No me he puesto caliente ahora, estoy caliente desde que me follaste y me metiste un simple dedo en el culo cabrón. Cada vez que subo a esta casa estoy caliente y cuando bajo me mato a masturbarme. Llevo los estudios retrasados por las continuas pajas que me hago. El día que dejaste a María en casa se me quedó el coño en carne viva de tanto frotarme. Esta nueva vida que me has enseñado me tiene excitada siempre. Y ahora escurres el bulto y me dejas como ese amante que has dicho.-

Me quedé sorprendido ante sus palabras sin poder pensar con claridad lo que me estaba diciendo o lo que me estaba pidiendo.

-Ana, yo no doy segundas oportunidades. Puedo azotarte ahora, y todos los días hasta que me marche a la nueva casa, ¿y después que harás?.-

-Lo que tú me digas.- Así de simple lo soltó.

-¿Como?.-

-Estoy dispuesta abandonar a mi marido si me acoges. ¿No entiendes como me tienes? Lo quiero mucho pero me he dado cuenta que no es más que un amigo, se ha convertido en eso, en un amigo no en un amante.-

-No estás pensando bien la situación. Yo no sería un amante, además que no acogería a nadie que rompiese su matrimonio por mi. Esa decisión es drástica para tomarla a la ligera. Puedes romper con tu marido por muchas cuestiones pero no por desear irte conmigo. Piensa en lo que me has dicho. Rompe con él si no le amas, si no es buena la convivencia, en fin, por muchas cosas. Y después de esas razones puedes buscarme, pero después de lo anterior, y no que esa sea la razón principal.-

-¿Tendré una segunda oportunidad?.-

-No. Pero te puedo ofrecer una alternativa. Quizás no te guste pero es lo único que puedo hacer por ti. Y es que pases a ser una esclava de una de mis chicas.-

Eso es la tontería más grande que había dicho en toda mi vida. Pero es que la rubita de ojos claros me ponía, recordaba su coño sonrosado entre los vellos y esas tetitas para mordisquear que no quería rechazarla sin más después de todo lo que me había dicho.

No se inmutó, sólo pensó unos segundos.

-Esclava de una esclava tuya me hace ser esclava tuya también.-

-No exactamente, no serías responsabilidad mía. Y quien te usase sería tu ama, no yo. Lo haría como capricho alguna vez, pero no sería lo habitual.-

-Eso no me sirve, pero si es lo único que me ofreces lo pensaré. Aunque insisto en pedir una segunda oportunidad.-

-De acuerdo, te voy a dar otra alternativa. Voy a tenerte como esclava intentando siempre que pueda que te marches y me dejes humillándote delante de mis esclavas, te voy a confiar a cada una de ellas para que te use y te humille. Si aguantas eso que tendrá una duración indefinida te daré otra oportunidad. En el momento que rechaces una orden mía o de mis esclavas, sabes que se ha terminado y que no hay vuelta atrás.-

-Me lo pensaré.- Dijo mirándome a los ojos.

-No tienes mucho tiempo. Mañana si vienes al café empezaré a humillarte con Cristina que es la esclava que estará aquí. Si decides que no es lo que buscas, no subas, quédate con tus pajas y como digo siempre tan amigos.-

-Vale, 24 horas y me lo pienso.-

Cuando se fue me quedé pensando en como había cambiado de repente esta chica. Llamé a Irene para desahogarme un poco. Tardó en venir menos de una hora.

-A la sala zorra, quiero hacer ejercicio.-

-Sí Amo, gracias Amo.-

Llevaba desde el día anterior sin sexo y eso no era muy normal, estaba que me subía por las paredes sobre todo después de la conversación con Ana.

La puse en la mesa bien atada y me centré en darle con la pala en la vulva y los muslos. Después de un buen rato y con la pala mojada de los azotes en la vulva, cogí la fusta. Saqué mi polla anhelante y se la metí en un coño chorreante, rojo y muy hinchado por los azotes. Al tiempo que bombeaba le daba con la fusta en las tetas. Irene estaba fuera de sí, se retorcía y gemía de placer. Hacía mucho que no la follaba cuando la azotaba. Me corrí rápido, se la puse en la boca para su limpieza sin dejar de azotar sus enormes tetas. La levanté de la mesa y la até al potro, con el látigo me puse a colorear su culo amplio y blanco como un lienzo que llenaba de líneas de colores rojos, rosa y algunos morados. Hasta que no me cansé no paré. Tenía el brazo lacio del esfuerzo, es posible que nunca le hubiese dado una sesión como esa. Mi cabeza se dejó llevar, por un lado por lo dicho con Ana, por otro que después de esa conversación me di cuenta que tenía a mis esclavas con demasiada libertad y sin humillarlas lo suficiente.

Mi polla de nuevo pedía guerra así que se la metí en el culo que me llamaba expuesto y maltrecho de los latigazos. Bombee poco tiempo hasta que me corrí. La dejé y me senté en el suelo mirando a Irene que se recuperaba poco a poco, creo que llegó a tener cinco o seis orgasmos, la mayoría con el látigo.

-No te muevas hasta que estés recuperada, te vistes sin ducharte y te vas.- Le dije al salir de la sala.

-Gracias Amo.-

Me levanté el lunes echando de menos mi mamada. Escuchaba a Cristina por la casa limpiando, nunca fue discreta a pesar de decirle que hasta que no me levantase no hiciera ruido. Ella se limitaba a decir que la casa no espera.

La encontré en el salón limpiando unas estanterías impolutas y antes de que pudiera decirle nada me soltó.

-Buenos días Señor,- lo dijo sonriendo, -está el corral revuelto ¿no? Las tienes a todas castigadas.-

No quise responder a eso, ni siquiera los buenos días. Le enganché la correa al collar, en cada habitación suele haber una correa que ella misma se encarga de controlar y de poner en su sitio. Tiré de ella sorprendida a la sala.

-¿Que ocurre Señor? ¿También estoy castigada?.- Ya no sonreía.

-¡Callate!.- En la sala la puse sobre el potro sin atarla y cogí la fusta.

-Levántate la falda esclava.- Una vez lo hizo comencé a azotarla en el culo mientras ella se quejaba sin moverse. Tras unos buenos diez azotes paré.

-Te tengo dicho que cuando esté dormido no quiero ruidos en la casa.- Realmente no me despertó ella, pero las órdenes se deben cumplir y antes de la mudanza quería imponer un régimen más estricto con mis esclavas, aunque después se volviera a relajar.

-Lo siento Señor, pero la casa no espera, las cosas se deben hacer. ¡Ay!.-

Le di un fustazo fuerte.

-No me repliques. Cada vez que me despiertes o simplemente esté en la cama y te oiga te castigaré, y más fuerte que ahora. Pero si esto se repite más veces me plantearé buscar a otra persona que sea más silenciosa para que se ocupe de la casa. ¿Has entendido?.- Le di un último fustazo.

-¡Ay! Sí Señor. Lo siento, seré como una tumba. No necesitará buscar a nadie.-

Estuve trabajando inquieto esperando la llegada de Ana. Estaba seguro de que vendría después de sus confesiones del día anterior, pero lo que no estaba seguro es si aguantaría. No me importaba mucho, es más, en el fondo no la quería de esclava. Quizás demasiado altiva o demasiado ligada a su marido sin saber separar esa parte de su vida por mucho que el día de antes me insinuase que estaba dispuesta a divorciarse.

En punto a las once llegó y como siempre Cristina la pasó a la cocina y me avisó en el despacho. Entré en la cocina y me miraba seria sin apartar sus ojos.

-¿Dispuesta?.- Me acerqué a ella.

-Sí, haré lo que me digas pero te pediría como favor que me dejes tiempo suficiente para los estudios.-

Sin que se lo esperase le di un bofetón que casi la tira al suelo.

-En esta casa las esclavas están desnudas siempre. ¿Como te atreves a presentarte ante mi vestida?.-

Se recompuso y tras un segundo comenzó a desvestirse.

-No interferiré en tus estudios, vendrás cuando te llame y estarás aproximadamente una hora. Algunas veces tendrás que ir a la casa de mis esclavas también una hora. Los fines de semana a lo mejor te requiero algo más de tiempo. Así que tienes mucho tiempo para seguir con tus estudios y para estar con tu marido. Yo no pondré en peligro tu vida social, ni marital. Nadie salvo mi familia sabrá de tu condición.-

Se había desnudado entera, y era la primera vez que la veía. Algo bajita pero con un cuerpo estupendo, de piel algo pálida, imaginé que en todo el verano no había tomado el sol por sus estudios, o sus pajas como me confesó. Sus tetitas insinuantes apuntado al techo a pesar de no ser ya tan joven. Y su sonrosado coño medio oculto entre el vello rubio.

-Coge tu ropa zorra y sígueme.- Una vez hecho me siguió al vestíbulo.

-Estas son las taquillas de mis esclavas, están libres la seis, la siete y la ocho. Elije una y deja allí tu ropa y te pones este collar que lo llevarás siempre en mi casa, para cuando te envíe a la casa de alguna de mis esclavas te comprarás otro que lo tendrás en tu casa.-

Metió la ropa en la última taquilla, la ocho. Cogió el collar y se lo puso. Le enganché la correa y metí un dedo sin delicadeza en su coño. Se estiró al no esperarlo pero no dijo nada. Estaba mojada, muy mojada así que le metí otro y haciendo pinza tiré de ella. La postura era incómoda para los dos, ella andaba con dificultad y yo algo agachado pero de esa forma la llevé a la sala. Nos cruzamos con Cristina que nos miró sorprendida y a Ana se le subieron los colores.

En la sala la apoyé en el potro sin atarla y con la fusta le di algunos azotes.

-Sabes que no me gustan los coños peludos. No se como se te ha ocurrido subir a mi casa así.-

-Lo siento Hugo, lo olvidé.- Dijo entre gemidos de dolor por los azotes.

-No se te ocurra volver a llamarme por mi nombre, para ti soy Maestro hasta que decida si te doy otra oportunidad, y te aseguro que eso no pasará hasta dentro de varios meses. Vete a buscar a Cristina, te arrodillas ante ella y le suplicas de forma humillante que te depile ese coño.-

-Sí Maestro.- Se levantó tocándose el culo por donde la había azotado y se fue a buscar a Cristina.

Lo malo de mi casa es que es pequeña para mi familia, pero lo bueno es que se escucha todo estés en la habitación que estés. Así que yo regresé a mi despacho pero la oí en el salón donde estaba Cristina.

-Señor, esta humilde esclava le solicita que le depile su sucio coño como me ha indicado mi Maestro.-

Entraron en el baño y al cabo de casi media hora vino a buscarme. Ahora podía ver su coño, jugoso, cerrado con labios carnosos y sonrojados sobresaliendo entre sus piernas. Era el más apetecible de mis chicas, una delicia que toqué y estaba mojado y sensible por sus gemidos mientras permanecía de pie frente a mi que estaba sentado en el ordenador.

La calenté un poco y le ofrecí mis dedos para que los limpiara. No supo que debía hacer con mis dedos frente a su cara.

-Limpia los dedos tonta, están sucios de tu coño.- Puso cara de asco pero lo hizo.

Llamé a Cristina al despacho. Acudió algo asustada, desde sus azotes de por la mañana temprano y ahora con Ana no sabía que estaba pasando.

-Cristina, esta guarra está formándose como esclava. Quiero que la uses como te venga en gana, pero que le quede claro que es la última mierda, tienes una hora y si veo que no la humillas lo suficiente te caerá un castigo. ¿De acuerdo?.-

-Sí Señor ¿tengo algún límite?.-

-En principio no pero si dudas me preguntas. Si detectas cualquier signo de rebeldía me lo dices que la echamos.-

Cristina se la llevó de la correa a uno de los baños. Escuchaba sus órdenes claramente. Le mandó meterse por el culo el cepillo del retrete y que frotara bien la taza.

-¿Señor?,- vino Cristina a mi despacho, -la esclava es algo perezosa ¿puedo usar la fusta?.-

-Puedes usarla pero no te pases ni le dejes marcas.-

Escuchaba como mientras limpiaba la taza con el cepillo en el culo, Cristina la obligaba a sacar las tetas hacia delante y le caía un fustazo respondiendo Ana con pequeños gritos. Así estuvo un rato hasta que dejé de escuchar los golpes, entonces oí a Cristina.

-Come guarra, quiero mi chocho gastado por tu lengua.- De nuevo escuché los azotes, después pude ver que el culo de Ana estaba muy rojo. Por los gemidos de Cristina deduje que al menos dos orgasmos tuvo. Salieron del baño con Ana de la correa, ya era la hora pero siguieron a la cocina. Salí tras ellas, le dije que una hora y ya se había cumplido. Antes de alcanzarlas escuché dos gritos leves de Ana.

-Ahora te presentas al Señor que ya ha pasado la hora.- Escuché que le dijo Cristina.

Yo la esperaba en el vestíbulo y apareció con dos pinzas de la ropa en sus pezones.

-Maestro esta esclava se presenta como le ha indicado la Señora Cristina.-

-Esto es más o menos lo que te espera durante varios meses, pienso degradarte todo lo que pueda para que te rindas.-

-No me importa Maestro, lo aguantaré.- Me dijo lasciva. Toqué su coño y estaba caliente, abrió sus piernas de forma obscena para permitírmelo y gimió de gusto.

-¿Ha sido tu primera vez con una mujer?.- Le pregunté sin dejar de tocarla.

-No Maestro...fue… en la uni...versidad.- Estaba muy excitada y se movía acompasada por mi mano.

-¿Y que pasó?¿Acabaste la carrera y dejaste de verla?.-

-No… Maes...tro… conocí… a mi marido, con...ella...fue esporádico...-

-Tienes prohibido masturbarte y el sexo con tu marido. Vístete y márchate, ya te llamaré.- Me aparté sacando mis dedos.

-Por favor, ¿me va a dejar así? Estoy muy excitada. Por favor...- Se puso de rodillas.

Me apiadé de ella. Me quité la zapatilla y señalé el pie.

-Te lo dejo cinco minutos.- Me miró sin entender al principio pero cuando se dio cuenta de lo que quería decirle se acomodó encima del pie y comenzó a frotarse. No necesitó los cinco minutos, apenas con tres ya tembló un poco y se corrió. Al recuperar un poco la respiración empezó a darme besitos en la pierna sobre el pantalón mientras me la abrazaba.

-Ya vale, vístete. Ya sabes, nada de sexo ni siquiera con tu marido.-

-Maestro, ¿puedo decirle algo?.-

-Dime.-

-Ayer quizás no lo pensé bien. No deseo divorciarme, quiero mucho a mi marido y en estos momentos no se si llega a ser amor o no, pero no me gustaría dejarle. Aunque sigue en pie lo que le dije, haré lo que usted me mande.-

-Tu marido es una parte de tu vida que no me concierne, haz lo que tu veas conveniente pero no me metas en esa ecuación. Ahora largo.-

-Sí Maestro.-

Cuando se fue, busqué a Cristina que estaba arrodillada frente a la taza del retrete limpiándola.

-Aunque puso ganas la nueva esclava, un retrete no se puede limpiar con un cepillo en el culo Señor.- Dijo al sentirme pero sin volver la cabeza.

Yo me arrodillé detrás de ella y le levanté la falda, estaba muy caliente por la situación desde que vino Ana.

-Aún no es esclava, es aspirante y quiero someterla de la forma más humillante que se me ocurra, quiero que se rinda o que se convierta en la más sumisa de todas.- Y le metí la polla en el coño.

Ella abrazó el retrete y su cabeza quedó casi dentro mientras yo no paraba de bombear con furia hasta correrme.

-Ponte unas bragas para no chorrear pero no te limpies, quiero que sientas mi leche hasta que te la limpies al volver a tu casa.-

-Señor, por favor, no puedo estar todo el día sucia.-

-Me importa un bledo, este será tu castigo durante toda la semana.-

Me desperté el martes y lo primero que vi fue la cara de María con una sonrisa traviesa. Como si no hubiera pasado nada en los últimos días.

-¿Quiere mi dueño que se la mame?.- Dijo y se relamió los labios. Me costó mucho mantener lo que le dije a Isabel sobre su exclusividad de las mamadas frente a la belleza lasciva que ponía María sacando la lengua muy poco y pasándola por sus labios.

-No, espérame en la cocina, hablamos mientras desayuno.- Me aseé y en ese momento no sé por qué pero eché de menos a Daniela para descargar mi pis en ella.

Me cruce con Cristina que limpiaba en silencio y nos dimos los buenos días.

En la cocina estaba María en la postura de espera. Ella era la única a la que Isabel no había enseñado, era la gatita y no necesitaba aprender posturas. Incluso con esfuerzo le enseñó a Cristina que se pasaba el rato protestando que ella siempre tiene cosas que hacer y que las posturas de espera no podría usarlas nunca. Pero por ver a mis otras chicas María las habría aprendido.

-Entiendo que si has venido es que has pensado lo que te dije el sábado.- Dije serio mientras me preparaba mi café y las tostadas.

-Mi Dueño, quiero hablarle sobre eso.- Dijo en la postura y la cabeza gacha.

-No hay que hablar María, o eres mi esclava para todo lo que te diga o no lo eres.-

-Lo soy mi Dueño pero de esto quiero hablarle. No quiero llamarle más Dueño, esta palabra aunque indique posesión también lleva responsabilidad. Mi Dueño me pone la comida, y se encarga de que limpien mi arenero y me pongan agua. Mi Dueño me lava todos los sábados y domingos y me gusta mucho, aunque sea sólo pasar el jabón y aclarar salgo tan caliente que la toalla sobra. Está pendiente de mi y me cuida. Quiero llamarle a partir de ahora Amo. El amo no tiene por qué preocuparse de si como o no, de si estoy limpia o no. Es un dueño sin responsabilidades.-

-Eso no es así, el amo tiene esas mismas responsabilidades, vuestra seguridad es del amo, vuestra vida fuera de esta casa es mi responsabilidad también aunque diga que son vidas separadas.-

-Bueno, lo que quiero decir es que el amo es una palabra en su esencia más fuerte que dueño, el dueño cuida su propiedad, el amo no tiene por qué. A lo mejor lo hace pero no tiene por qué. Quiero llamarle amo, quiero ser más suya si se puede y me deja. No me gusta nada el sexo fuera de nuestra familia, pero por ti lo haré sin pensarlo si es lo que deseas. Me costará hacer algunas cosas, pero para eso están los castigos ¿no?. Espero no ser merecedora de ninguno pero si tiene que usarlos para enseñarme estoy preparada para recibirlos. Quiero poder llamar a mi Dueño Amo.-

-No termino de ver la diferencia pero te dejaré hacerlo si eso te complace. Espero que de ahora en adelante seas además de mascota una esclava sumisa como debí hacerte ver desde un principio.-

-Lo seré Amo.-

-Ahora te dejaré dormir tranquila aunque no puedo decir lo mismo de Cristina.- Solté la broma para distender un poco la situación. -Cuando te despiertes me avisas. Ana va a estar en prueba como esclava, pero no será como Daniela. Ana quiero convertirla en la más sumisa de todas vosotras, quiero que vaya lamiendo el suelo donde piso. Así que la dejaré a tu cuidado de vez en cuando para que la uséis como si vuestra propia esclava se tratase. Cuando despiertes la llamaré y estará una hora contigo.-

-¿Ana la vecina de abajo?.-

-La misma.-

-Pero yo soy esclava, no sé como tratarla.-

-Eso es cosa tuya, tendrás una hora, pero a veces la mandaré a tu casa también para que pase una hora allí. Si la quieres usar para limpiar el horno o para que te chupe lo decides tú. Pero es muy importante que te obedezca en todo, después me lo tendrás que contar.-

-Sí Amo.- La dejé que se acostara en su cama del salón mientras le mandé un wasap a Ana que esa mañana la llamaría poco antes de la comida. Me respondió con un escueto ok.

Me llamó Isabel a media mañana. Al parecer Cristina ya les había hablado de Ana a todas e Irene y Daniela empezaron a elucubrar que al estar castigadas, que yo tenía pensado sustituir a alguna. A tal extremo llegó la cosa que el jefe de Daniela la envió a casa porque no paraba de llorar cada dos por tres. Isabel intentó que se relajaran que no era más que el plan del Amo de las siete esclavas para completar la familia. Pero como Cristina y María no respondían en el grupo de wasap de ellas no conseguía calmarlas.

Lo primero que le dije es que me agregara al grupo y que no quería ningún otro mensaje entre ellas que no pasara por ese grupo, incluso si Irene le pedía a Daniela que comprara el pan. Lo segundo es que aún las tengo castigadas y que levantaré el castigo cuando me parezca. Y lo tercero que no tengo intención de sustituir a ninguna.

¿Era exagerado con el castigo por algo que además me gustó? Me indicó la entrega de mis esclavas y me ofreció un camino para quitarme unos pagos abusivos. Me daba miedo el préstamo, no era sólo por las reformas, me apetecía amueblar la casa entera y no tener que hacerlo poco a poco y eso era mucho dinero. Entre reforma y muebles era casi lo mismo que lo que me costaría la vivienda. Lo que me ofrecían las chicas era una salida muy cómoda.

Se despertó María a eso de las doce de la mañana, aún con sueño.

-No puedo dormir Amo, estoy nerviosa con lo de Ana.-

-Tranquila, lo harás bien. La llamo ahora, no tienes que actuar como gata con ella, sino como si fueras ama.-

-Sí Amo.- Y se puso a besarme los pies y a ronronear.

En ese momento me llamó Rosa. La casa llevaba un par de años en venta y consiguió una rebaja mejor de lo que yo esperaba. Le dije que aceptaba y que lo organizara con el notario. Le hice la transferencia con la señal. Lo puse en el grupo de wasap de las chicas para tranquilizarlas, “la familia tiene ya casa nueva”.

Llamé a Ana que estuvo en la casa en cinco minutos. Y sin hacer caso de María que seguía dándome besitos y acariciando mis piernas, se arrodilló desnuda y con su collar frente a mi.

-La esclava está dispuesta para lo que decida el Maestro.- Dijo antes de que yo abriera la boca.

Menudo cambio ha dado esta chica, eso sí, su cara de mala leche seguía ahí. Que injusta es la naturaleza, una chica rubia de ojos azules medio verdes y mona de cara con un buen cuerpo pero resulta que su rictus normal es de enfado. Como le pasaba a Daniela, guapa de cara, que cuando la ves desnuda con un estupendo cuerpo y sus curvas no exageradas pero todo un cuerpo de mujer, y la pobre nace con ese pene.

-Zorra, hoy estarás al servicio de nuestra gatita. Espero que no me de quejas.-

-Sí Maestro, no se las dará.-

María me miró resignada a hacer algo que no acababa de gustarle.

-Ven conmigo que tengo en mi taquilla otra colita a ver como te queda.- Le dijo saliendo de mi despacho gateando.

-Sí Señora.- Ana la siguió y se ganó su primera bronca.

-¿Que haces puta? Si yo voy a cuatro patas tú también, ¿o te crees mejor que yo?.- Escuché a María regañarle.

-Lo siento Señora, no lo sabía. Pero yo no tengo rodilleras.-

-Me importa una mierda, a cuatro patas y me sigues.-

Al poco escuché un gritito, supuse que María le había puesto la cola.

-Vamos ahora a hacer pis.- Escuchaba a María.

-Ahora no tengo ganas Señora.-

-Pues te beberás todo el agua que necesites para hacer las ganas. Y a mi te dirigirás como Señora Gatita.-

-Sí Señora Gatita.-

La cabeza de Cristina asomó por la puerta de mi despacho.

-No se meará en el suelo, ¿no Señor?.-

-Pues no lo se. Pero aunque hoy esté bajo el cuidado de María, todas estáis por encima de ella y si algo te molesta de lo que hace, puedes castigarla.-

-Como ha cambiado esta chica Señor. Quien lo hubiera dicho hace un par de días. Voy a ver que no quiero tener que limpiar meado de nadie.- Un segundo o dos y volvió a asomarse.

-Perdón Señor, ya he visto que ha comprado la casa. ¿Ha pensado lo que le dije hace tiempo?.-

No tenía ni idea de que se refería. Quizás a lo de venirse a vivir conmigo que no volvimos a hablarlo y me di por vencido.

-¿A que te refieres?-

-En la nueva casa necesitaré ayuda, aunque me pase el día entero limpiando, es muy grande. Para empezar necesitaré escoba y fregona, si limpio los suelos como hasta ahora no terminaré nunca. Pero hay tareas que necesito ayuda si quiere tener la casa al menos mínimamente decente.-

Conociendo a Cristina, ese mínimamente decente significaría poder comer directamente de la taza del retrete.

-Pues sí que lo he pensado,- a veces soy de lo más mentiroso, -por supuesto que puedes comprar la escoba y la fregona. Pero no se me ocurre como contratar a nadie más para limpiar si voy justo de dinero y el que queréis darme lo usaré exclusivamente para quitarme el préstamo y la hipoteca.-

-El Señor tiene un montón de esclavas y por lo que me dicen gran parte del fin de semana se lo pasan de rodillas en el salón esperando que les diga algo. Pues úselas, como viviré allí las puedo organizar en cuadrillas para limpiar.- ¿Cuadrillas?, se creerá que somos un ejército.

-No. Si las esclavas están en espera es porque quiero que estén así. Ya buscaremos otra solución.-

-Como diga el Señor, pero la casa estará como una cuadra. Por cierto, tiene que comprarme más uniformes para los fines de semana.- Y se marchó a vigilar que Ana no se meara en su suelo limpio.

María no supo que más hacer con Ana, así que después de obligarla a vaciar su cuenco de agua se la llevó al salón donde ella se acostó en su cama y la puso a comerle el coño. Tengo cinco esclavas, seguro que Ana acabaría siendo una estupenda mamadora de coños.

Poco antes de cumplir la hora que le dije a María, la llevó de nuevo al arenero y hasta que no orinó ante su atenta mirada no la dejo en mi despacho.

Ahí estaba arrodillada frente a mi, con la cara llena de churretes de haber estado mamando casi una hora y la cola puesta en el culo.

-¿Como lo llevas esclava?.- Le pregunté.

-Bien Maestro.-

-De acuerdo, sin lavarte esa cara de guarrona, te vistes y te marchas hasta que te llame de nuevo, quizás ya en el fin de semana.-

-Pero Maestro, así no puedo, quiero decir, ¿cuando me va a usar?.-

-Cuando me apetezca. Ahora márchate.- Me apetecía y mucho pero era capaz de esperar hasta tenerla más sometida.

-Sí Maestro.- Lo dijo con una de las voces más lastimeras que he escuchado.

Rosa hizo bien su trabajo y concertó cita con el notario ese mismo viernes. Y al llamarme para decírmelo caí en un detalle. Llamé a Irene y le dije que no quería que ella pusiese nada en la cuenta conjunta, ella también quería comprarse una casa, por eso tenía dos trabajos, y no era justo que le quitara ese dinero que tanto le estaba costando ahorrar. Me costó convencerla, y en medio de la conversación apareció Cristina haciéndome señas, le dije a Irene que la llamaría y colgué.

-Señor, tengo la solución. Cuando me vaya a vivir con usted, pensaba alquilar mi casa, pero se la puedo dejar a las chicas, así no pagarán el alquiler y ahorraran más. Es más, mi casa es justo de tres dormitorios, puede irse a vivir también Isabel y tampoco pagará el piso de estudiantes.-

-Pero tú dejarás de recibir un dinero por un alquiler.-

-A mi me da igual Señor, ya tengo unos buenos ahorros y me alegrará mucho que ellas se vayan a vivir allí. Claro que tienen que tenerla como está siempre de limpia.-

No quise insistir, a mi me venía bien y a ellas también, y el ofrecimiento de Cristina fue sincero así que todos contentos. La propia Cristina se lo expuso a las chicas que aceptaron gozosas. La primera en mudarse fue Isabel que lo organizó para hacerlo en la semana siguiente. Daniela e Irene tendrían que esperar a que Cristina se viniese a la nueva casa.

El viernes acudí al notario, donde me esperaba Rosa y su kilo de maquillaje con Alba y su sempiterna sonrisa. Durante el rato que estuvimos allí no paré de tocarle el culo a Alba cuando podía sin que ella dijera ni hiciera nada. Firmamos y quedé entrampado con el banco por años. A la salida le dije a Rosa que los pocos muebles que había en la casa no los quería y que tendríamos que amueblarla entera. Quedamos el siguiente lunes en ver las reformas para que me hiciera un presupuesto y que pensaría en amueblarla y decorarla con otro presupuesto. Mi actual casa era de alquiler y salvo mi cama, el potro y la mesa de la sala de castigos, el resto de los muebles no eran míos.

Regresé a casa justo para comer y Cristina se iba ya. La noté andando raro y le pregunté, la última vez que le di por el culo fue tres días atrás, antes de ir al notario me la follé pero fue por el coño.

-Es por el castigo del Señor. Las bragas se me pegan al chocho y voy incómoda.-

Por la tarde dude en llamar a alguna de las esclavas pero preferí esperar y pasar la tarde tranquilo. Pero no quería prolongar aún más un castigo que ni yo lo veía claro. Así que le puse a Isabel que viniese por la mañana para darme mi mamada del despertar. “Gracias Amo” fue su respuesta.

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