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Dominaciónnov 2024

Las siete 14

En el sótano de una casa a medio comprar, el silencio se rompe solo con sus jadeos. Él no busca amor, busca sumisión absoluta. Y si ella no obedece, el castigo será más duro que cualquier muro.

Mariscal4K vistas9.2· 13 votos
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Capítulo 14.

Otro agradable despertar con la mamada de Isabel. Al abrir los ojos me miraba de frente Daniela agradecida por haberla aceptado como esclava en la familia. Y mientras Isabel estaba a lo suyo, le agarré la polla a Daniela y de un leve tirón le dije que levantara a las otras y que fueran preparando el desayuno. Se levantó después de un beso y salió del dormitorio.

-Sois demasiadas para que pueda disfrutar con cada una de vosotras como quisiera. En la otra ciudad no era así, sólo vivía conmigo Sara, el resto venían de tarde en tarde.-

-Estamos muy contentas de servirle todas Amo.- Me dijo Isabel sacando mi polla de la boca.

-Lo sé, pero anoche hubiera querido estar más contigo por ejemplo.-

-Lo estoy ahora Amo, y ninguna me quita lo que más deseo de mi Amo que es chupársela. Sabe que solo con tomar su leche para mi ya es un placer y me conformo con eso. No aspiro a que mi Amo me de más que lo que desee. Y el resto igual, todas estamos felices por formar parte de su familia.-

Volvió a su tarea que en poco se llevo su premio que le di agradecido.

Durante el desayuno, y aunque María algo ya había dicho a las chicas de su problema en el trabajo, lo comenté. Les dije que me estaba ocupando, pero que si alguna le pasaba algo similar tenía que decírmelo sin falta y lo más pronto posible.

-Pero yo no tengo gargantillas de esclava Amo.- Dijo inocente Irene.

-Lo sé, lo que quiero decir es que si alguna vez alguien os molesta o peor os hace chantaje, me lo decís inmediatamente.-

-¿Le dará una paliza al tío ese?.- Preguntó de nuevo Irene. María se envaró algo asustada.

-No, no me gusta la violencia si no es necesaria. Creo que con este tipo no lo será, pero no os mentiré, si tengo que llegar a esos extremos por defenderos lo haré sin dudar. Con este tipo tengo pensado algo de teatro, algo arriesgado pero creo que funcionará. Ahora daos prisa, en una hora hemos quedado con la de la inmobiliaria para ver la casa. Si a todas os gusta la compraré, pero lo que quiero que hagáis hoy es buscar los desperfectos, a lo mejor logro una rebaja del precio.-

Íbamos en dos coches, no cabíamos todos en uno. Otro problema de la familia numerosa. Tendría que comprar un minibús. Cristina y María fueron en uno y yo con las tres veinteañeras, que al poco me arrepentí, entre sus chácharas y la música que se empeñaban en poner llegué deseando salir de esa locura. ¿Qué les ocurre a las jóvenes cuando entran en un coche? Además he descubierto que con dos es llevadero pero tres o más es el caos total y el camino más recto a la locura.

Nos esperaban Rosa y Alba que cuando les dije que vendría con la familia a verlo no se esperaban a tantas chicas que no les cuadraban las edades como para que formáramos una familia de las llamadas normales.

Mientras nos enseñaban la casa, mi mirada se posaba sin poder remediarlo en el culo de Alba. María en un momento se me acercó.

-¿Te limpio la baba mi Dueño?.- Me dijo traviesa.

-¿Tanto se nota?.- Le dije riendo mientras ella me pasaba la mano por la barbilla para limpiar la imaginaria baba.

-No has dejado de mirarla desde que hemos llegado. La jefa, Rosa, no creo que lo haya visto tan concentrada en enseñar la casa. Pero ella creo que ha notado tus ojos fijos en su culo, y hasta te podría decir que creo que le gusta. Me da que lo mueve más descaradamente.-

Isabel que haciendo sus funciones de secretaria estaba pegada a mi, intervino.

-Puede el Amo pedirla prestada y cambiarla por una de nosotras durante unos días a su amo.- Lo dijo serena y tranquila. La miré a la cara y no era broma lo que dijo.

-¿Crees que es sumisa y tiene amo?.-

-Yo estoy convencida Amo. La forma de hablar, las expresiones que usa, los movimientos… Además a nosotras apenas nos hace caso, sólo tiene ojos para usted Amo.-

-Pues es pareja de Rosa, y esa no me parece que sea ama.- Dije.

-¿Rosa ama?. No creo, no da el perfil, además es muy insegura, está siempre como asustada y con esos kilos de maquillaje. No creo, además debe tener un amo, es a usted a quien mira, si tuviera ama miraría a las chicas.- Me dijo María.

-Llevas razón. Insinúate con ella a ver como reacciona.-

-¿Yo?, no, no, no, no sabría como hacerlo con una mujer.- Dijo horrorizada.

-Pues bien que lo haces con las chicas.- Isabel rió mi comentario.

-No es lo mismo, ellas son esclavas y yo una gata, pero aquí no se da esa circunstancia.-

-Decís que es sumisa, es lo mismo. Venga ve a ver que hace.- Y le di una palmada en el culo empujándola.

Se acercó a ella y estuvo un buen rato dándole conversación mientras Isabel y yo íbamos detrás mirando. Alba le respondía casi con monosílabos y de vez en cuando volvía la mirada para verme preguntándose que estaba pasando. En una de esas veces tensé más la cuerda.

-No te preocupes, le he dado permiso para jugar si a ti te apetece.- Le dije una de las veces que se volvió. Su eterna sonrisa desapareció. Isabel y María discretamente avanzaron para dejarnos solos.

-Yo… no…, ya sabe usted que Rosa es mi pareja.- Dijo con sus mejillas rojas, aunque en ella es difícil saber cuando se ruboriza ya que sus mejillas siempre las he visto sonrojadas.

-Bueno, es una decisión tuya. A ella le he dado permiso, pero si te incomoda le digo que te deje en paz.-

-Sí por favor. Pero ella ¿es su mujer?.- Lo preguntó con dudas y miedo de ofender, pero intrigada por lo que le decía de darle permiso. De todas mis esclavas María era la más cercana a mi edad y no era raro que pensara eso.

-No, ninguna son mi pareja. Son mis esclavas. Por eso busco una casa más grande, son muchas para tenerlas en el piso.- Le dije esperando una reacción negativa que no llegó.

Se quedó callada sin saber que decir.

-¿Me enseñas el sótano? De toda la casa es la que más reformas necesita.-

-Sí claro, por aquí.- Me señaló las escaleras de bajada pero su sonrisa no volvió a aparecer.

-Verás, en esta zona quiero hacer una especie de mazmorra, y allí una o dos celdas. Además vendría bien un baño y un trastero.-

-¿Mazmorras? ¿Como las de los castillos?.- Me dijo algo asustada.

-Sí, ya sabes para castigar a las esclavas. ¿Rosa no te castiga?.- Lanzado el anzuelo.

-¿Rosa? No ella no me castiga. ¿Porqué iba a castigarme?. El baño mejor en aquella esquina que podemos usar las tuberías que bajan del baño de la planta de arriba.- Dijo intentando cambiar de tema.

Me acerqué por su espalda pegando mi pecho y poniendo mi boca en su oreja. Ella ni se movió para escapar de mi.

-Siendo como eres tan sumisa, si Rosa no te castiga lo hará tu amo, porque tendrás amo o ama ¿no?.- Lo dije como un susurro a su oído aunque en el sótano sólo estábamos los dos. Y sabía que María e Isabel montaban guardia arriba para que nadie bajara.

-No…, yo no tengo amo...ni ama… Rosa es mi pareja.- No comentó nada sobre que la llamé sumisa y sabiendo que no tenía amo y con ese culo que me volvía loco tomé la decisión de al menos follármela.

-Es una pena que siendo tan sumisa no disfrutes de ese aspecto de tu vida. Mis chicas ya las has visto, están contentas siempre con esa parte de su personalidad.- Puse una mano en su redondo culo sin apretar y la fui subiendo y bajando sin que ella se moviese un milímetro. Con la otra mano le aparté el pelo de la cabeza para seguir hablándole al oído.

-No creo que yo sea como ellas.- Al contacto de mi mano en su culo soltaba pequeños jadeos.

-Súbete la falda y bájate las bragas y lo comprobamos.-

-No...Rosa...- Seguía gimiendo.

-No es una opción, es una orden. Y no me gusta repetir las cosas o te castigaré.-

-Yo… no puedo… y si viene alguien… esto no está bien...- Decía sin parar de gemir.

La empujé de forma algo ruda contra la pared y le puse los brazos levantados en su nuca sujetándolas con mi mano. Ella no opuso resistencia, sólo exhalaba y cerraba los ojos. Le levanté la falda y se la enrollé en la cintura. La dejé con unas bragas magentas muy normalitas que rodeaban ese culo que tanto ansiaba. Sin decirle nada le di unos cuantos azotes a los que respondía con pequeños gritos pero sin intentar soltar sus manos que agarraba levemente yo.

Después de los azotes le bajé un poco las bragas y metí mi mano hasta un coño que noté algo peludo pero sobretodo mojado, más bien encharcado. Mis dedos buscaron su botoncito y en él se centraron. Alba se apoyaba en la pared y abría un poco sus piernas para dejarme hacer mientras los gemidos se le escapaban de la boca sin poder contenerlos. Cuando noté que estaba muy excitada a punto de correrse saqué mi mano y le subí las bragas. Me limpie los dedos en su falda y la dejé caer, me separé de ella unos metros.

-No… ¿por qué?.- Me dijo sin moverse y sin bajar los brazos.

-Bueno, sigamos la visita que de la decoración y las reformas ya hablaremos si decido comprar la casa.- Bajó los brazos y se alisó descuidadamente la falda mirando a mis ojos con un deseo frustrado.

-¿Por qué la ha hecho? Me he dejado castigar y se lo he permitido ¿Por qué ha parado?.- Seguía implorando.

-Lo siento Alba, no me gustan nada los coños peludos. ¿Seguimos?.- Me volví y subí las escaleras dejándola sola abajo.

Tardó unos minutos en subir y su sonrisa estaba aún perdida. Terminamos la visita y según mis instrucciones Isabel mandó a las chicas al coche de Cristina. María, ella y yo fuimos en el mio. Era increíble verla cuando veníamos; una postadolescente más parloteando y liada con la música en el coche junto a Irene y Daniela, pero ahora era la serena Isabel, encargada de la familia.

-¿Que tal Amo?.- Preguntó nada más arrancar María.

-Vamos a dejarla cocer unos días. Pero promete mucho.- Le contesté.

-¿Podríamos decir que será la sexta Amo?.- Preguntó Isabel.

-No, aún es muy temprano y aunque tiene aptitudes, la veo algo confusa y está también su pareja. Por ahora me conformo con catar un día ese culazo tan impresionante que tiene.-

-Pero si es sumisa y no tiene amo, creo que debería ir a por ella. No debería dejarla suelta a la pobre.- Continuó Isabel desde el asiento de atrás, que pese a ser la que organiza a todas consideró que al ser María de una edad más cercana a la mía debía ir en el asiento de delante. Costumbres.

-¿Dejarla suelta? Lo dices como si fuera una vaca y para eso le faltan tetas, muchas tetas.- Dije riendo.

-Bueno, una vaca no es pero una posible esclava sí, y las esclavas necesitamos de un amo que nos guie y nos haga sentir especiales. Estoy de acuerdo con Isabel, debería ir a por ella mi Dueño.- Dijo María.

-¿Sois conscientes que cuantas más esclavas menos tiempo tengo para cada una? A que viene ese interés, ¿os gusta la chica?.-

-No es eso Amo. Pero usted quiere siete y sólo somos por ahora cinco.- Dijo Isabel.

-Me encanta ese interés. Pero esto se está desbordando. En la otra ciudad conmigo sólo vivía Sara, el resto de mis esclavas venían cuando las llamaba, no había un horario o una agenda. Estaba Olga que era becaria en el trabajo y la veía todos los días pero ni siquiera la usaba todos los días. La situación era distinta. Ahora os tengo en casa a casi todas los fines de semana, y entre semana a Cristina y a ti. A veces es agotador y llego los lunes muy cansado. Eso sin contar que a cada una os tengo que dedicar tiempo de una forma diferente.-

-Lo siento Amo, si lo desea puedo modificar la agenda y que vengamos de forma más espaciada.- Dijo Isabel.

-No, no es eso Isa. Me gusta cuando os llamo la familia y veros a todas en casa, por esa razón compro la casa que me va a costar mucho dinero y voy justo. Pero pensar en más esclavas me da mucha pereza por ahora. Vamos a dejarlo en que me la folle y si es por el culo mejor. Después ya veremos.-

Esa semana decidí acabar con el asunto del compañero de trabajo de María. Juan, que es como se llama el tipejo pasó los primeros días de la semana pasando y mirando lujurioso a María. No le decía nada pero sus miradas lo decían todo. Y María estaba cada vez más nerviosa. Un día llegó incluso a decirme que lo dejáramos correr, que ya le daba igual que supieran todos en el trabajo que era una esclava. Ella estaba muy contenta con su nueva vida y no le asustaba que lo supieran otras personas. Pero eso no se puede dejar correr por dos razones, la primera es que cualquiera se creería que al ser esclava tienen derechos sobre ella, tanto para incitarla al sexo como en el propio trabajo y su vida sería un infierno. La segunda y más importante, ha pretendido chantajear a una de mis chicas y eso no puedo perdonarlo, ese tipo de personas me dan asco y mi posición como amo que las protege debe quedar clara frente a la familia.

Le envié un correo quedando con él para la entrega de la mercancía en una dirección concreta el jueves por la tarde. Previamente había llamado al musculito y me pasé a revisar la dirección. Era un viejo almacén de mi empresa que se nos quedó pequeño y estaba en venta desde hacía años.

Juan llegó puntual y nada más franquear la puerta, los dos musculitos con pasamontañas lo agarraron y sin esfuerzo pese a sus pataleos y gritos lo llevaron al centro del almacén. Lo ataron del techo quedando de pie y lo amordazaron. Ahí su trabajo había terminado, ya sólo tenían que esperar detrás de mi en silencio.

Mientras lo reducían y ataban, yo estaba rajando con un cúter las cuatro ruedas de su coche.

Aparecí dentro con guantes desechables y también con pasamontañas pero en la parte de la boca había un modulador de voz, no era gran cosa pero creo que él ni siquiera me había escuchado nunca; ni siquiera en las oficinas del puerto. Con el modulador mi cara me recordaba a Darth Vader. Cuando lo probé en casa no pude contenerme en decir las famosas palabras: “yo soy tu padre”.

Con mucha tranquilidad le bajé los pantalones y los calzoncillos. Como pataleaba mucho le até las piernas a unas columnas dejándolo inmóvil y abierto. Cogí un consolador de grandes dimensiones y delante de él lo unté con vaselina. Sin decir ni una palabra desde que entré y sin mirarlo. Después de untar el consolador, le puse un poco en el culo mientras él trataba de moverse sabiendo lo que venía. Sin esperar y de un tirón el consolador entró en el culo dejando a Juan rígido del dolor. Algunos hilillos de sangre bajaban por sus muslos. Le puse de nuevo el calzoncillo para evitar que el consolador se saliese, pero dejé por fuera su polla y sus huevos, nada de otro mundo aunque con mucho vello.

Todo con una parsimonia y tranquilidad, como si lo hiciera a diario. Y sin mirarle a él. Acerqué una caja y sobre ella dejé una bolsa de basura, unas vendas, una caja de guantes, un trozo grande de ladrillo y un cúter, todo con mucho teatro. El seguía gritando por la invasión anal pero por la mordaza no se le escuchaba casi nada. Cogí una silla medio rota de un rincón y la acerqué hasta ponerla frente a él, entonces le miré a los ojos. Con fastidio me senté tras apartar con las manos el polvo de la silla. Me quité los guantes y los puse en la bolsa de basura, saqué otros dos y me los puse. De nuevo le miré a los ojos.

-Bueno, vamos empezar que estoy del jet lag agotado y estoy deseando volver al hotel.- Empezaba la obra de teatro.

-Le voy a explicar como vamos a hacer todo esto. Le voy a quitar la mordaza, si habla algo que no sea una respuesta a mis preguntas lo vuelvo a amordazar, lo pateo un poco para ablandarlo y lo volvemos a intentar. Seguro que ha visto muchas películas y se lo sabe. Las preguntas serán pocas y sencillas, ¿lo ha entendido?.- Agitó la cabeza. Me acerqué a él y le quité la mordaza.

-¿Como asoció a nuestra chica con la Corporación?.- Pregunté.

-No sé, yo la veía con esas gargantillas de puta esclava, un día tras otro y por eso me decidí, pero ya dije que si hay que pagar lo hago, ¿puede quitarme eso del culo, me duele mucho?.- Rogó.

-¿Que sabe de nuestras cuentas y de la mercancía que se mueve?.-

-No se de que me habla, yo no se nada de cuentas, sólo quería tirarme a la guarra esa.-

-¿Con quien ha compartido la información?.-

-Yo… con nadie, ya le digo sólo la veía con las gargantillas, le hice fotos para asegurarme de lo puta que es pero no se lo he dicho a nadie.-

Rebusqué en los bolsillos de su pantalón en el suelo hasta dar con el móvil.

-¿Tiene otro móvil?.-

-No, ese es el mío. Pero creo que ha habido un error, yo sólo buscaba un polvo.-

-¡Calla!, dime la contraseña del desbloqueo.- Una vez me la dio volví a ponerle la mordaza pese a sus intentos de evitarlo con la cabeza.

Revise el teléfono concienzudamente hasta encontrar las fotos de María con las gargantillas y las fui borrando una a una. Encontré otras de otras compañeras, supuse, con amplios escotes o del culo. El tipo era un guarro pajillero, se las borré también. Me aseguré que no estuvieran en las copias de seguridad de la nube. Una vez mirado bien, tras una media hora, lo dejé en el suelo y con el ladrillo lo aplasté.

-Bueno, estamos yendo mal, muy mal y yo estoy muy cansado. No me ha dicho nada, ni sobre las cuentas ni sobre la mercancía. Y no estoy seguro de que se haya presentado aquí sin decírselo a nadie. Así que pasamos a la fase dos.- Cogí el cúter y sacaba y metía la hoja jugando con él.

-Le daré cuatro oportunidades más, que son los meñiques que tiene.- Juan se estremeció.

-Esto es muy fácil, pongo el meñique en el suelo, apoyo el cúter y con el ladrillo doy un golpe, el dedo sale sólo sin apenas dolor. Claro que el trozo me lo quedo para que no tenga opción de implante. Le pongo una venda y le vuelvo a preguntar. El problema viene si tras esas cuatro veces sigue empecinado en no decirme nada sobre las cuentas y las mercancías de la Corporación. Entonces viene lo sucio, de un solo tajo le corto la polla. Créeme, es muy desagradable, sangre por todos lados. En ese momento el reloj empieza a contar, cuanto más tarde en decirme lo que quiero más sangre perderá, y finalmente como entenderá morirá. Yo no quiero que pase eso, un muerto es un coñazo de ocultar y lo que me apetece es dormir un poco y no ponerme a cavar una fosa. Así que espero que nos entendamos y me lo diga todo.-

Juan estaba pálido, ya ni se agitaba aterrado viendo lo que le esperaba. Le quité la mordaza.

-Señor, yo no sé nada de cuentas ni Corporaciones ni nada de eso, sólo quería echar un polvo con esa puta. Por favor tiene que creerme.- Volví a ponerle la mordaza.

-Como es más cómodo empezaremos con un meñique del pie.- Juan intentaba agitarse y mis falsos matones se movieron inquietos.

Me fui hacia ellos simulando que me llamaban al móvil, con él en la oreja y en voz baja les dije: -Teatro, es teatro, no habrá nada de sangre. Que uno me traiga del coche una carpeta roja.- Nuestro coche estaba al otro lado del almacén. Me volví guardando el móvil hacia Juan.

-Cabronazo, al final te vas a librar. Pero haberme hecho venir a esta ciudad para nada no lo voy a perdonar. Me acaban de llamar del equipo de información, los muy vagos que tenían que haber hecho su trabajo hace días. A ver que me traen.- Mientras le pasaba el cúter por los huevos y notaba como intentaba retraerlos lo máximo posible.

Llegó el musculitos con la carpeta roja que me entregó delante de él. Estuve ojeando ruidosamente los papeles de dentro, por cierto, publicidad de un centro comercial. Una de las hojas se cayó “descuidadamente” delante de él, una foto que hice el día anterior de su bloque de pisos donde vive. La cogí como si nada y la volví a poner en la carpeta mientras a Juan se le salían los ojos.

-Menudo gilipollas eres. Parece que es verdad que no sabes nada de la Corporación. Donde has metido la pata es en molestar a una de nuestras chicas, una tal… María. Eso no se hace, está mal. Ya que estoy aquí en la ciudad, ¿Que puedo hacer para que te olvides de que...María existe?.-

Metí la carpeta en la bolsa de basura y cogí de nuevo el cúter.

-Mira…,- volví a coger teatralmente la carpeta y miré dentro como buscando un dato para volverla a tirar en la bolsa, -...Juan, compañero de trabajo de nuestra chica María. Ella yo no existe para ti. No quiero que le hables, ni la saludes, ni te acerques a ella. Si algún compañero se da cuenta le dices que le pediste cita y ella se negó y estás enfadado con ella. Pero lo importante es que ella no existe. Ni ella ni la Corporación. Como aparezcan por algún lado las cuentas o de repente la mercancía sea revisada más de lo habitual pensaremos en ti. Y para ese trabajo no me llaman a mi, llaman a los cavadores. ¿Entiendes?.- Juan que seguía pálido asentía vigorosamente.

-Bien, en el fondo me viene bien que estoy deseando volver al hotel, pero ahora me queda que hacer para que todo esto se te olvide, para que jamás haya pasado.- Le levanté la polla con el filo del cúter. Él estaba quieto horrorizado sin mover un músculo.

De forma rápida y certera metí la punta del cúter en la nariz y le corté un trozo de un centímetro más o menos, nada grave pero le quedaría cicatriz casi seguro de por vida. Con un trozo de venda se la metí en la nariz para que dejara de sangrar. El resto lo fui metiendo todo con tranquilidad en la bolsa de basura.

Le bajé los calzoncillos y le quité el consolador que tenía restos de sangre, aunque muy poca. Me cambié de guantes y le quité la mordaza.

-Juan, Juanito, imagino que has entendido todo ¿verdad?.-

-Sí señor, yo no se nada de nada.-

-Ni tampoco de nuestra chica.-

-Ella no existe, María ya está borrada de mi memoria.-

-Bien, buen chico.- Le dije dándole unas bofetadas leves en la cara.

Cogí las llaves de su coche y las tiré al fondo del almacén. Les dije a los musculitos que se acercaran por si acaso y desaté a Juan que cayó al suelo sollozando. La cuerda también fue a la bolsa de basura.

Salimos los tres por la puerta de atrás y nos marchamos lo más rápido que pudimos sin levantar sospechas. Conduje en silencio hasta atravesar un par de barrios, les pedí los pasamontañas y sacando otras bolsas de basuras más distribuí todo, hasta el ladrillo entre tres bolsas. Las fuimos tirando en distintos contenedores del camino no consecutivos.

Cuando dejé a los musculitos estaban exultantes.

-Señor, ha sido espectacular. Si alguna vez nos necesita para algo igual no dude en llamarnos, incluso podemos dar un par de puñetazos, nada fuerte pero para caldear el ambiente.-

-Contaré con vosotros si os necesito. Pero recordar una cosa, esto es un secuestro, es muy grave, nada de comentarios con colegas. No digáis nada ni siquiera insinuéis. Ojo, sed profesionales.-

-Puede contar con nosotros, ha sido de lo mejor que me ha pasado en años.-

Los dejé y devolví el coche de alquiler. Esperaba que Juan no denunciara nada por el susto. Tampoco me preocupaba que sospechara que María estaba metida en asuntos turbios. Como no era verdad me daba igual lo que pensara, podría denunciar o incluso investigar él los movimientos del puerto, nunca encontraría nada.

Regresé a casa donde me recibió mi gatita agitando la cola que no sabía de donde venía.

Me senté en el sillón para ir despojándome de la adrenalina y puse a María sobre mis piernas para acariciarla por la espalda y el culo mientras ella ronroneaba.

-Escúchame María, a partir de ahora cualquier interacción con Juan la tienes prohibida. Él por su parte ni siquiera te va a saludar, haz lo mismo. El asunto está terminado.-

-¿Le has dado una paliza mi Dueño?.-

-¡No!, no me gusta la violencia. He hablado con él y esto se terminó.-

-Una pena mi Dueño. Es un guarro que va mirando a todas las que trabajamos babeando.-

-Con las otras no se que hará, pero contigo no creo que haga nada más. Pero si por lo que sea lo hace o sospechas de algo me lo dices.-

-Sí mi Dueño.- Ronroneó moviendo el culo para que bajara la mano. Y como forma de eliminar estrés bajé mi mano y la masturbé hasta que sus piernas se pusieron rígidas por el orgasmo.

El sábado las reuní a todas y después de contar lo ocurrido con María pero no el teatro con Juan, les volví a recordar que cualquier encuentro de ese tipo tenía que saberlo yo el primero.

Las reuní también para que entre todas me ayudaran a decidir la compra de la casa. El dinero era mucho y aunque mi sueldo era muy generoso, la vivienda era muy cara y las reformas también. Irene estaba que chorreaba pensando en el sótano convertido en mazmorra, y no es que lo supusiese, es que ella misma lo dijo: -Estoy que chorreo patas abajo de pensarlo.- Nos reímos todos pero ella disimuladamente se tocaba. Tuve que recordarle que no puede masturbarse sin mi permiso.

Al final todas estaban de acuerdo que la mejor era la que vimos entre todos el domingo pasado. Y para no demorarlo más le envié un wasap a Rosa diciendo que si me bajaba un poco el precio esa misma semana cerraba trato.

Mientras escribía el wasap no me di cuenta pero todas se habían arrodillado a mi alrededor, hasta Cristina. Y cuando levanté la vista extrañado, Isabel se puso de pie.

-Amo ¿iremos esta noche a cenar?.-

-Eso pensaba, cena y copa, y baile para vosotras.- Miré directamente a María que sonrió.

-Pues hemos decidido las esclavas que acorde a cada sueldo pondremos un bote para pagar por ejemplo las comidas fuera de casa o cualquier otra cosa que sea necesaria. Yo empiezo el curso dentro de poco pero aún así también pondré algo.-

-¿De verdad creéis que no puedo costear eso? ¿Tan mal me veis económicamente?.- Me estaba enfadando.

-No es por eso Amo, pero hemos hecho cuentas por encima y las reformas son muy caras y además en realidad lo son para nosotras. Hemos pensado que como esclavas se lo debemos. Por favor acepte lo que le ofrecemos.-

-Esto no funciona así, yo no estoy para aprovecharme de vosotras.-

-Señor,- dijo algo en tono alto Cristina, -entre la hipoteca que le quedará, el préstamo de las reformas, los muebles, mi sueldo y mantener la casa con todas siempre revoloteando por allí, es imposible que llegue a fin de mes a pesar del sueldo que tiene. Usted ha creado una familia y no podemos dejar que todo caiga sobre sus hombros. Y menos María que es una reprimida, el resto estamos incluso dispuestas a prostituirnos si hiciera falta. La idea es que el préstamo y la hipoteca se los saque de encima lo antes posible, por eso todas aportamos y por eso no tiene más remedio que aceptarlo.-

-¿Que no tengo más remedio? ¿Pero vosotras que os creéis que es esto? Sois mis putas esclavas y aquí quien decide soy yo. Os quiero a las cinco desnudas en la sala de castigo ahora mismo.- Dije muy enfadado. Aunque llevaban razón.

Las cinco resignadas se fueron una detrás de otra a la sala mientras yo me quedé en el sillón intentando calmarme. La idea en sí me gustaba pero no que la hubieran planteado ellas. Nunca me aproveché de mis esclavas económicamente y no quería hacerlo pero si me quitaba hipoteca y préstamo, podría devolverles el dinero a ellas de forma más cómoda sin los dichosos intereses.

Entré en la sala algo más calmado pero sin querer exteriorizarlo. Una a una las fui poniendo en el potro y con la pala las azoté. Después de pasar todas por el potro, las puse de espalda a la pared con las manos en alto y con la fusta iba alternando entre las tetas y las vulvas. Paré por la hora, pero mi idea era haber seguido. Las llevé de nuevo al salón para relajarse antes de vestirse para salir.

-El Amo soy yo, y ese tipo de iniciativas se me deben consultar antes. Por otro lado agradezco el hecho pero lo vamos a hacer de otra forma si os parece. El dinero que aportéis, y yo no necesito saber la cantidad de cada una lo ingresáis en una cuenta que controlará Daniela que se usará para pagar cuanto antes hipoteca y préstamo. Una vez terminados esos pagos, yo os lo iré devolviendo según pueda. Y como no quiero que salgamos enfadados a cenar, poneros cada una el huevo que lo voy a activar antes de salir.-

Mientras salían a cogerlo pude escuchar a Cristina: -Enfadadas igual no salimos pero con el culo colorado de la tanda que nos ha dado vamos a ir todas.-

Las cinco de rodillas acabaron corriéndose con el vibrador menos Daniela que me miraba como pidiendo perdón. Me acerqué a ella y me agaché, le cogí con dos dedos su pollita y la masturbé, en unos segundos se corrió escupiendo unas escasas gotitas que cayeron al suelo. Cuando la solté se agachó y las lamió.

-Vestiros pero nada de sacar el huevo, y todas con bragas, nada de tangas.-

Salimos algo más relajados de casa, como era costumbre las tres chicas más jóvenes, Isabel, Irene y Daniela iban delante con sus cosas sin parar de hablar. Yo iba con Cristina a un lado y al otro María.

-Mi Dueño, ahora vamos tres y tres, pero cuando la familia crezca, por ejemplo con Alba, iremos por la calle descuadrados.- Me dijo María.

-No se como nos apañaremos pero si Alba entra en la familia ten por seguro que irá siempre delante de mi para poder apreciar como se le mueve su culazo.- Dije riendo.

En el restaurante no paré de activarles el huevo pero sin dejar que llegaran al orgasmo. En los postres, puse mi cara de demonio.

-Primera, ve al baño y tráeme tus bragas.- Isabel se levantó sin inmutarse y al rato me entregó las bragas que dejó sobre la mesa.

-Segunda, ve al baño te pones las bragas de Primera y me traes las tuyas.-

-Pero Señor, estarán sucias de usarlas y con el huevo si están como las mías chorrearán.-

-¿Tienes problemas en cumplir mi orden Cristina?-

-Pero… es que Señor, yo soy más llenita, no me entrarán, y están seguro mojadas.- Isabel bajaba la cabeza como asintiendo.

-¿Te comes su coño y te da asco ponerte sus bragas? Ve al baño ya y no me hagas enfadar que ya estaba olvidando lo que ocurrió en casa con el dinero.-

Cristina se levantó despacio, cogió las bragas de encima de la mesa y se fue al baño.

Regresó y dejó las suyas en la mesa.

-Le romperé las costuras Señor, no me caben.- Dijo refunfuñando Cristina.

-Te toca Tercera, coge sus bragas y te las cambias por las tuyas.- Irene se levanto con una sonrisa, el juego le daba morbo.

Regresó e hizo lo mismo, dejó sus bragas con una sonrisa.

-Cuarta, tu turno.- María se levantó no muy convencida pero no puso pegas. Al regresar y dejar las suyas en la mesa, Daniela ya se estaba levantando.

-Cinco te toca.- Fue la más rápida en cambiarse y al llegar puso las bragas delante de Isabel sabiendo que se las tendría que poner.

-Primera, póntelas pero aquí en la mesa.- Sin pudor cogió las bragas de Daniela y se las puso de forma discreta.

A pesar de todo el juego, nadie del restaurante se dio cuenta. Nuestra mesa estaba algo separada y en una esquina.

-Ahora quiero que pongáis vuestra mano sobre las bragas y apretéis quiero que sintáis la humedad que os han regalado vuestras hermanas esclavas.-

Las cinco lo hicieron y las cinco pusieron caras de placer al sentir como se apretaban. Entonces volví a encender los huevos y todas dieron un respingo apartando la mano para no dar el espectáculo. Esta vez lo dejé encendido más tiempo, y una a una iban agarrando el borde de la mesa para disimular. María y Cristina cerraron los ojos, y algunas de ellas se mordían los labios.

Los apagué de golpe. Me miraron primero con odio por no dejar que les llegara un orgasmo y después con alivio al recordar donde estábamos.

-Tomamos un cafetito y nos vamos de copas.-

Al llegar al pub, normalmente Cristina se quedaba conmigo en una mesa o la barra mientras las demás bailaban. Alguna vez se les sumaba, pero decía que esa música no sabía bailarla. Esta vez se quedó también María.

-¿No bailas hoy gatita?.-

-No puedo mi Dueño, las bragas de Irene son muy grandes para mi, como salga a bailar se me bajarán.- Me dijo casi riendo.

-Eso tiene fácil solución, Cristina y tú os vais a los baños y os las cambiáis.-

-Señor, no puede hacerme esto. Sabe que ya lo estoy pasando mal por llevar unas bragas usadas de otra persona. Por favor.- Dijo Cristina.

-Lo siento, no hay otra opción, además no querría que le rompieras las bragas a Isabel.-

Se fueron las dos y al rato volvieron. Cristina se quedó conmigo con un mohín de enfado y María se fue derecha a bailar.

Mientras tomaba mi copa me entretuve en activarles los huevos un par de segundos pero a potencia máxima, consiguiendo que hicieran extraños movimientos en sus bailes. Yo me reía y a Cristina se le fue cambiando la cara de enfado por otra más alegre.

En la segunda copa de Cristina y mía, ya que las otras chicas apenas bebían, se limitaban a bailar y a dejar que se derritiese el hielo como siempre, llamé a Isabel.

-Tus bragas las tiene María, quítate las que llevas, las dejas en la mesa y se las pides a ella y te las pones. Pero no quiero que nadie se de cuenta.-

Se sentó y con mucho disimulo se quitó las bragas, las dejo ocultas tras las copas y se fue a por María. Esta vino e hizo lo mismo, y así una a una volvieron a intercambiarse y ponerse sus bragas que no llegué a tocarlas pero entre los huevos y el baile tenían que estar chorreando.

-Joder con Irenita, me las ha dejado empapadas.- Refunfuñó Cristina.

Después las senté a todas.

-Sigo algo enfadado por lo del dinero, pero eso me ha dado una idea. Claro que a este pub no podremos volver en varios meses. María por ser una mojigata reprimida como dijo Cristina, y ella por ser la más mayor se libran. Pero vosotras tres os iréis a la puerta de los baños y con mucha discreción os ofreceréis a hacer mamadas por 15€, cada una tendrá que hacer dos. Isabel recogerá el dinero y cuando lo tengáis vas a la barra y pagas las consumiciones.- No dijeron nada, ni una sola pega. Yo pensaba que Daniela con el pavor a la prostitución diría algo, pero no. Las tres se fueron sin decir nada.

-Señor, esto no es justo,- decía Cristina, -aunque sea vieja yo puedo mamarla como ellas.-

-No lo dudo, pero la clientela de este pub te lleva como mínimo veinte años y creo que te costaría encontrar a jovencitos dispuestos.-

-Me parece que esta vez te has pasado Hugo.- Dijo María cortando a Cristina que iba a protestar.

-María, a mis esclavas las uso como considere. Lo de hoy te puede parecer prostitución, pero en realidad es un castigo y aún tengo que pensar lo que hago con vosotras dos. Y lo de tutearme y llamarme por mi nombre tampoco me ha gustado.- Lo dije tan serio que se calló sin saber como reaccionar.

No tardaron mucho las chicas, de hecho tuvieron que decir que descansaban y volverían para quitarse de encima la cola que formaron para sus mamadas.

Nos levantamos todos y salimos del pub después de que Isabel pagara.

-Vamos a acompañar a Cristina a su casa.- Les dije.

-Amo, la vuelta de las copas.- Me fue a dar Isabel.

-Ponla en la cuenta esa conjunta.-

Al llegar a casa de Cristina y después de oírla un rato protestar por dejarla siempre para irnos de orgía, le dije que tenía pendiente con ella un castigo que ya pensaría. Se calló y resignada entró en su casa.

-Ahora está más cerca la de Irene y Daniela, vamos.- Las dos bajaron la cabeza tristes.

Tras dejarlas a ellas y advertirles que no aparecieran por casa hasta que las llamara, me dirigí a la de María que extrañada me preguntó:

-Mi Dueño, no puede dejarme en mi casa, tengo libertad para ir a su casa cuando quiera.-

-Esa libertad te la quito en este momento. Si no te ha gustado lo que les he mandado hacer esta noche a ellas te sugiero que lo pienses detenidamente, porque hoy te has librado pero otro día quizás no sea tan benévolo. No te quiero ver aparecer por casa hasta el martes y si apareces entiendo que asumes del todo que al ser mi esclava puedo disponer de ti como quiera. Si el martes no vienes, ya me encargaré que alguna de las chicas te lleve tus cosas.- Me miró sorprendida, asintió con la cabeza y entró en su portal. No me asustaba María, sabía que volvería.

Quedamos solos Isabel y yo. Y me dirigí a su casa. Esa noche pretendía dormir solo.

-Isabel, la idea del dinero fue tuya ¿verdad?.-

-Lo siento Amo. Sí pero lo planteé y ninguna puso pegas, a todas nos pareció buena idea. Pero la idea fue mía, no soy quien para decirle a quien debe castigar, pero ellas no tienen culpa de nada, fui yo Amo y espero el castigo que desee darme.-

-Eres la más joven pero la más sensata de todas en cuanto a sumisión. Las has enseñado para estar conmigo, te adelantas a mis deseos y siempre estás dispuesta para satisfacerme. Pero aquí te has equivocado, quizás no en la idea, sino que primero debo ser yo a quien se la expongas. Todo debe ser consultado conmigo ¿entiendes tu fallo?.-

-Lo entiendo Amo y estoy a su disposición para el castigo. Le pido perdón.- Aunque tranquila la veía al borde del llanto.

-Esta noche te quedarás en casa, y no volverás a la mía hasta que te reclame. Cualquier cosa que tengas que tratar con las chicas lo harás por teléfono, no quiero que os veáis y si por casualidad os encontráis por la calle te cambias de acera.-

-Sí Amo como diga.- Ya no aguantó más y un llanto silencioso se le escapó intentando reprimirlo.

Al llegar al portal, y antes de despedirme intentó recomponerse.

-Amo, hay otra cosa. Cuando dijo que tantas esclavas le desbordaban empecé a hacer un horario nuevo con la chicas para no coincidir tantas al mismo tiempo. Lo he comentado a algunas y no he hecho nada aún, quería consultarlo con usted. Ahora me doy cuenta que también ha sido un error y que debí hacerlo antes de decirle nada a las chicas. Lo siento.-

-De nuevo un error. Antes siempre conmigo. A las chicas que se lo hayas comentado las llamas y les dices que eso está anulado.-

-Sí Amo, una última cuestión.-

-Dime.-

-¿A quien de las chicas le envío para su mamada de las mañanas?-

-A ninguna, eso es prerrogativa tuya y hasta que vuelvas me aguantaré. Pero como comprenderás no es justo que el amo tenga que sufrir eso, así que a tu vuelta te castigaré en la sala por no haberme dado esas mamadas.-

-Sí Amo, gracias Amo.- Me despedí dándole un beso en la boca que me supo salado por sus lágrimas.

Se me hizo extraño llegar solo a casa y verla tan vacía. Me acosté inquieto y dormí mal.

Continúa en