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Las siete 13

Para él, ellas no son solo amantes, son propiedad. Cuando un extraño intenta chantajearlo con el secreto de su sumisión, Hugo no negocia: castiga. Y cuando una de ellas cae, no la consuela, la exhibe.

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Capítulo 13.

Un fin de semana me vino Daniela con Irene.

-Amo, ¿puedo pedirle permiso para vivir con Irene?.- Me preguntó Daniela.

-Claro que puedes. Pero háblalo con Cristina, y sin las mismas condiciones, es decir, Irene no puede usarte cuando quiera como hace Cristina.- Esa era mi idea original, me pareció lo más lógico, ambas de edades parecidas y que les viene bien ahorrar en el alquiler. Pero en su momento Irene no dijo nada y Cristina fue la que se ofreció.

-Ya lo he hablado Amo, me dijo que cuando usted compre la casa nueva ella se iría a vivir allí y que su casa la pondría en alquiler. Por eso me cambio con Irene si al Amo no le importa.-

-No me importa pero ya sabes, nada de sexo entre vosotras salvo que os lo permita.-

-Sí Amo, gracias Amo.-

¿Hasta que poder tiene un amo sobre la vida de sus sumisas? Y lo que es más importante ¿qué poder tienen las sumisas sobre la vida del amo?. Como es posible que a pesar de mis negativas con la idea de Cristina de vivir en mi casa nueva ella hiciera oídos sordos.

Esa semana hablé con Sara y le comenté lo de las casas. Estuvo de acuerdo con el resto de la familia en escoger la misma casa que ellas que por otro lado también me convencía a mi.

-Podrás montar la Mansión del Catálogo, Amo.- Me dijo Sara.

-¿Que quieres decir con lo de catálogo?.- Le pregunté muy intrigado.

-¿No te has dado cuenta aún del catálogo que tienes Amo?.-

-Ni idea de a lo que te refieres.- Le dije devanándome los sesos.

-Cuando vivías aquí éramos más uniformes por llamarlo de alguna forma. Pero allí, puedes ordenar por color, tienes morenas, castañas y rubias te falta pelirroja. Tienes de cincuenta años, treinta y veinte, por edades. Y para terminar por tipo, tienes la doméstica, la masoquista, la mascota y las sumisas. Es todo un catálogo Amo.-

-No lo había pensado de esa forma, ni tampoco las escogí por eso pero tiene su gracia. Por cierto, te tengo que contar lo limitado que he encontrado mi poder sobre mis sumisas.-

Le narré la idea machacona de Cristina de vivir conmigo y como no era capaz de hacerla cambiar de opinión.

-Es normal Hugo, ella es como yo, quiero vivir para servirte, quizás ella en la limpieza y yo de sirvienta, pero somos esclavas 24/7. Es como disfrutamos y ella ha visto en esa mudanza la oportunidad de su vida, el disfrutar más de lo que ya tiene y lo va a agarrar con todas sus fuerzas. Yo haría lo mismo, aún a riesgo de que la eches. Y tú debes aprovechar esa oportunidad, tener una persona para ti a todas horas del día. No entiendo que le ves de malo.-

-Pues que a veces me apetece estar sólo, ahora tan solo dispongo de los lunes y miércoles por la tarde para estar conmigo mismo, el resto de la semana ocupado con esclavas por casa.-

-¡Pero si es una casa grande!, sí quieres estar sólo la envías a su habitación. Aunque por lo que me cuentas, no creo que se quede mucho tiempo en su habitación sin salir a limpiar algo.- Me dijo riendo. -Además, yo vivía contigo y estaba siempre en casa.-

-Eso es distinto Sara, tú eras...- Y no supe realmente que decir, o peor sí lo supe y ella lo adivinó.

-No lo digas Amo. Eso lo hablamos muchas veces. Yo dejé de ser tu novia. Fui y soy tu esclava, nunca volveré a ser tu novia o tu pareja, eso se acabó. Lo dejamos muy claro, quise ser y quiero ser tu esclava.-

No volví a sacar el tema de que Cristina se viniese a vivir conmigo, dejé que pasara sin más.

Las dos últimas casas que visité con Rosa además de su maquillaje que era como otra persona más por lo excesivo nos acompañó su ayudante en la empresa de reformas, Alba. Una chica encantadora de la misma edad que Rosa quizás unos años menos, en la medianía de los cuarenta. Con una melenita hasta los hombros de color castaño ondulado. Cara alargada, ojos oscuros y una enorme boca. Pero lo que la hacían encantadora era una permanente sonrisa y unas mejillas siempre sonrojadas. No parecía tener grandes pechos, de hecho no parecía tener pechos. Pero lo llamativo para mi de ella era de cintura para abajo. Caderas anchas con un culo de importante volumen sin ser gordo en absoluto, prominente, redondo y acolchado que continuaba en unos muslos poderosos y apretados en carnes. Eso para mi era muy atractivo.

La chica prácticamente no hablaba, dejaba que Rosa lo dijera todo y decidiera todo. Una vez que estuvimos a solas y sospechando algo, conseguí que me admitiera que eran pareja, pero que Rosa prefería tenerlo en secreto, decía que eso podía ser malo para su negocio que se supiera que eran homosexuales. No creo que su generación pensase eso ni por asomo, quizás una generación más mayor o dos, pero las personas de cuarenta seguro que no. Lo más seguro es que Rosa escondiera algo que ni siquiera Alba sabía.

Me despedí de ellas quedando para una última visita a la casa que me gustaba con la familia. Quería ir acompañado por el mayor número de chicas para ver aquello que sólo dos ojos no aprecian. Y para seguir negociando el precio por si lograba bajar algo detectando alguna imperfección.

Estaba una mañana de martes temprano trabajando tranquilo en mi despacho cuando escucho gritos. Me levanté esperando ver la sempiterna pelea entre Cristina y María. Pero María también apareció gateando por el pasillo asustada por los gritos que venían de un dormitorio. Me asusté y en dos saltos estuve allí. Cristina se había caído de la escalera mientras limpiaba la lámpara del techo. Estaba sentada en el suelo quejándose de su pierna. La estuve tocando y no parecía nada roto. La muy bruta pretendía que la vendase para terminar de limpiar. El dolor se le pasó pero no podía apoyarse.

-Probablemente sea una torcedura sin importancia, pero te llevo ahora al hospital que te hagan radiografías.-

-Lo que diga el Señor, pero antes déjeme que termine en un segundo de limpiar la lámpara que ya no me duele tanto.-

-Ni se te ocurra. Cámbiate de ropa que si vamos al hospital con tu traje de sirvienta daremos el espectáculo.-

-Me cambio yo también y voy con vosotros.- Dijo María. Pero conforme se daba la vuelta me vino una idea de esas maléficas.

-No, espera gatita, tú no irás. No es nada grave y no necesitamos compañía, pero no te dejaré sola. Mientras Cristina se cambia ven conmigo.- Cogí la correa y la enganché a una sorprendida María.

Nos fuimos a la puerta y se puso muy nerviosa.

-Tranquila gatita que a esta hora los vecinos son mayores y no están aún levantados.-

Salí de la casa con ella detrás desnuda, sus orejitas de gata, sus manoplas y rodilleras y su cola.

Bajé a casa de Ana y llamé a la puerta. Al abrir se quedó de piedra y antes de yo dijera nada nos hizo entrar mirando a todos lados asegurándose que nadie nos había visto.

-¿Pero estás loco, como vienes así con María?.-

-Hemos tenido un pequeño accidente doméstico, creo que Cristina se ha torcido un tobillo nada más pero para asegurarme la voy a llevar al hospital.-

-¿Se encuentra bien?.- Preguntó preocupada.

-Sí, no ha sido nada pero quiero asegurarme. Te dejo a gatita, no quiero que se quede sola la pobre en casa.- Dije ante la sorpresa de las dos.

-¿Como?.-

-No tardaremos mucho, pero ya sabes como son la urgencias, una hora para que te vean, otra para la radiografía y otra para que de nuevo el doctor te diga lo que tienes. Son al menos unas tres horas y la pobre sola en casa me da pena.-

-¿Pero que dices Hugo?.- Aún no se creía lo que le estaba diciendo.

-No dejes que se suba a los sillones ni a las camas que es muy pilla y lo tiene prohibido.-

-¿Lo estás diciendo en serio?.-

-¡Ah! Pon en un rincón unas hojas de periódico o de revistas por si tiene que hacer pis. Y nada de comer que después no me come en casa.- Le di la correa que ella cogió por instinto pero seguía con los ojos como platos intentando asimilar lo que estaba pasando.

-Pórtate bien gatita que venimos enseguida. Por cierto, si te araña o muerde no tengas reparo en darle unos azotes, no queremos que crea que puede hacerlo por las buenas. Hasta luego.- abrí la puerta y me marché cerrando sin dejar de ver la cara de asombro de Ana con la correa en la mano y sin saber que hacer o decir. Yo subí las escaleras riendo.

Desde casa al hospital Cristina y yo no paramos de reírnos por mi ocurrencia.

Ya en la sala de espera del hospital después de dos horas llamé a Ana.

-¿Como se porta gatita?.-

-Pues está bien. Ha estado husmeando por toda la casa y cuando se ha subido al sofá la he bajado, me ha bufado pero no me ha hecho nada. Ahora está tumbada aquí a mis pies mientras estudio. Estáis locos Hugo, esto no lo entiendo. Es una persona adulta, puede quedarse en casa sola.-

-No Ana, es una mascota. Me alegro que se porte bien, que no te tiemble la mano, si tienes que darle azotes se los das. Gracias, hasta luego.- Y colgué.

Cuando pasó otra hora volví a llamar.

-¿Que tal como va todo?.-

-¿Que como va todo? Os falta un tornillo a todos. Se ha meado delante de mi, se puso a maullar como si fuera un gato, después abrió las piernas y se meó delante de mi, ¡en el suelo Hugo!, ni siquiera fue al baño, he tenido que fregar su meado, que asco. ¿Pero que os pasa?.-

-Ya te lo dije, que pusieras unos papeles. Pero por eso no la castigues, ella está acostumbrada a su arenero. Volvemos en breve. Dale mimitos que seguro que nos extraña.- Y de nuevo la colgué antes de que dijera más.

Como suponíamos era una torcedura leve, vendaje y reposo unos días. Le dije de llevarla directamente a su casa, pero se negó. Quería ver el final de la película con María y Ana.

Llegamos y fuimos los dos directos a casa de Ana. Al abrirnos la casa nos hizo pasar y cerró la puerta por si nos veían los vecinos. María al escucharnos apareció gateando y maullando enredándose entre nuestras piernas mientras Cristina la tocaba por el pelo.

-Esto no me lo haces más Hugo. Yo no estoy tan loca como vosotros, te has pasado mucho. Toma, ponle este abrigo por encima que no os vean los vecinos.- Decía Ana muy nerviosa.

-¿Como quieres que le ponga un abrigo a una gata en verano? Pero dime, ¿se ha portado bien?.-

-¿Como que si se ha portado bien? Pues no, es una persona que se hace pasar por gata, eso no está bien. Además después de tu última llamada ha estado insoportable, me ha intentado...o sea, que ha querido… bueno, que me ha intentado violar. Anda iros ya que estoy de los nervios.-

-¿Que te ha intentado violar? ¿Como es eso?.-

-Pues que no paraba de meter su cabeza entre mis piernas, y me chupaba por donde podía y me restregaba el culo por las piernas. Al final le he tenido que pegar hasta que se ha quedado quieta.-

-¿Has pegado a mi gatita?.- Le dije con pose de enfado.

-Bueno, tú me lo dijiste, que si se portaba mal que la pegará. Sólo le di varios azotes en el culo hasta que se tranquilizó. Joder Hugo que estaba como en celo.-

-A sí, eso le pasa varias veces al día.- Dije quitándole importancia. -Bueno gatita, vamos a casa.-

María dio un maullido de alegría y se pegó a mis piernas mientras Ana miraba escandalizada como subíamos las escaleras. Las risas de Cristina y mía, junto con los maullidos de María se escucharon durante el resto del día.

La cabezota de Cristina siguió viniendo a pesar de su tobillo, pero cada vez que lo hacía la obligaba a tumbarse en el sofá y la ataba para que no se moviera. Me costaba trabajo porque no se estaba quieta mientras no paraba de soltar palabras soeces que nunca le escuché decir. Al final se calmaba, le ponía la tele y la dejaba. María se tumbaba a su lado, y más de una vez la pille aprovechando que Cristina estaba atada para meter su cabeza y comerle el coño a la indefensa de Cristina. Creo que por eso Cristina se empeñaba en venir día a día y que por eso al segundo día ya se dejaba atar.

Cuando se recuperó Cristina, Daniela se mudó a la casa con Irene cuando aún ni siquiera yo tenia trato para comprar la nueva casa. Y a los pocos días me vino Irene.

-Amo, ¿sabe que aún Daniela está a prueba?.-

-Como que a prueba, han pasado unos meses, la prueba ya pasó.-

-Pero el Amo no se lo ha dicho y eso le duele a veces, dice que le gustaría ser de la familia pero que el Amo aún no le ha dicho que sea así.-

-Bueno, pues le dices que ya forma parte de la familia, que la prueba terminó.-

María que como buena gatita tenía las orejas puestas se acercó.

-No lo haga así Amo, prepare una ceremonia o algo parecido, lo agradecerá mucho. Sólo hay que mirarle la cara cuando usted está cerca de ella, es de adoración.-

-No hice ceremonia con ninguna de vosotras. No le veo sentido.-

-Puede ser divertido Amo.- Dijo Irene. -Y es verdad que a ella le gustará.-

-Esta bien, compraré una correa nueva y se la daré como símbolo. Decírselo a Isabel y que lo prepare todo, pero a Daniela ni una palabra, que sea una sorpresa, así será más emotivo.-

Tomaba café con Ana cuando ella vio los papeles de la inmobiliaria con las anotaciones que había hecho yo sobre cada una de las casas.

-¿Es que te vas a mudar?.- Preguntó alarmada dejando de acariciar a María que estaba entre sus piernas.

-Pues sí, estoy mirando todavía pero ya lo tenemos casi decidido. Como se suele decir la familia crece.- Dije riendo.

Se calló un momento.

-¿Y ahora que haré yo?.- Su pregunta me dejó sin saber como responderle.

-No sé Ana, siento que te quedes sin el momento relajante del café. Pero de todas formas en un par de meses o así son tus oposiciones ¿no? Una vez apruebes porque creo que lo harás, ya no habrá café, te pondrás a trabajar y a ganar dinero, que los jueces ganáis mucho.- Yo seguía sonriendo frente a su cara que se tornó triste. María muy discreta, se fue de la cocina gateando.

-No es el café tonto, es que yo soy también...no se, soy también de la familia ¿no? Quizás no como el resto de las chicas, pero formo parte, si hasta me he quedado cuidando a la gatita.- Me miraba casi al borde del llanto.

-No sé Ana, que quieres que te diga. Necesito una casa más grande y odio pagar alquiler. Además no pretendo ser borde pero tuviste una oportunidad de ser parte real de la familia, hubieras sido la Primera, pero lo dejaste.-

-Eso no tiene nada que ver. Me dijiste que en la otra ciudad tenías algunas que eran casadas, pues igual que yo ¿no?.-

-No, no es lo mismo. Tú no eres mi esclava y así lo dejaste claro. Ahora no hay vuelta atrás, ya sabes que no doy segundas oportunidades.-

-No quiero ser esclava, pero eso no quita que esté a gusto aquí cuando subo a por el café. ¡Eres un cabrón!.- Se levantó dejándome extrañado y se marchó de la casa.

Al día siguiente no vino a tomarse el café. Y al otro tuve que ir al puerto. Donde me encontré a María muy nerviosa al verme entrar, saludar y pasar derecho al despacho del director. No era la primera vez que me encontraba con ella en su trabajo. Desde que pasó a ser mi esclava la veía cada vez que acudía al puerto, como dos veces al mes. Pero ese día tenía una mirada inquietante. Al salir del despacho, ella no estaba en su mesa. Me estaba esperando al lado de mi coche.

-¿Ocurre algo María?.-

-Mi dueño, ha pasado algo que me ha puesto de los nervios.- Les tengo dicho que en la calle no me llamen de esa forma.

-No me llames así fuera de casa.-

-Lo siento Hugo. Hace unos días un compañero de otro departamento que viene regularmente a tratar con el director y que lleva desde hace años rondándome, se fijó en mi gargantilla. Las que me regalaste que me pongo cada día al venir a trabajar. Como un tonteo de los que hace siempre me dijo que era muy bonita. No le di importancia.-

-Pero eso lo puedes denunciar a personal.- Le dije cortándola.

-No, nunca se ha pasado y ha sido siempre correcto aunque sea un baboso. Pero ha sido esta mañana nada más entrar. Se me ha acercado y me ha dicho que le entregue esta nota a mi amo. No me ha dejado tiempo a responderle, se ha marchado nada más dármela tocando la gargantilla. No se que hacer, estoy muy nerviosa.- Me fijé que no llevaba gargantilla, se la habría quitado.

-Pues lo primero es darme la nota, ¿la has leído?.-

-No me he atrevido.- Me la dio, era un sobre cerrado.

Abrí el sobre y saqué un folio escrito por ordenador. En él me decía que deseaba usar a mi esclava María. No le importaba pagar si llegábamos a un acuerdo, pero que si me negaba ella podría tener problemas ya que difundiría lo que ella es, y con fotos de cada una de las gargantillas.

En realidad no tenía base para nada pero un rumor de ese calibre dejaría marcada a María para siempre entre sus compañeros. Debía conocer el significado de las gargantillas pero no como se debe tratar ni a una esclava ni a un amo. A un amo no se le chantajea nunca, y ese tipo de coacción además si cedes no implica que después no pueda volver a usarlo. La verdad es que nunca he tenido contacto con ningún otro amo ni con otros esclavos que no sean los míos, pero seguro que ningún amo cede a este tipo de cosas. Eso es rastrero y prepotente y tenía muy claro que mi familia no iba a caer en eso. Lo que no tenía claro es como solucionarlo.

-¿Puedes conseguir su correo?.-

-Sí, está en el listado de los trabajadores.-

-Pásamelo lo antes que puedas. La gargantilla te la vuelves a poner y a él lo tratas como siempre y si se sobrepasa y le tienes que dar un bofetón lo haces. De esto me encargo yo.- Lo dije más convencido de lo que en realidad estaba.

Al poco rato María me envió esa dirección. Creé uno temporal y le envié un correo. En él me refería a María como mercancía, dejando abierta la interpretación del correo. Que podíamos negociar su entrega. Que el asunto pasaba a manos de la Corporación (me lo inventé) y que no interactuara con la mensajera para no correr riesgos. En una o máximo dos semanas le volvería a poner un correo, y que este era temporal que no lo usara para responderme. Lo envié con una idea medio pensada.

Al día siguiente por la tarde estuve visitando varios gimnasios buscando algún musculitos que sirviera para mis fines. Encontré el ideal, trabajaba de portero de discoteca, un clásico. Le conté que quería darle un susto a uno que se estaba pasando con mi chica haciéndole creer que era algo más gordo. Nada de violencia, necesitaba dos personas para reducirlo y atarlo, nada más que eso, el resto del tiempo a mis espaldas en plan matones. Los tres llevaríamos pasamontañas y guantes. Ellos no debían ni siquiera hablar. Por el brillo de sus ojos ya supe que aceptaría el trabajo. Quedé en avisarles con tiempo.

El resto de la semana la pasé preocupado al tiempo que intentaba relajar a María que estaba muy nerviosa. Lo hice como mejor se me da, me la estuve follando sin tregua en detrimento de mis otras esclavas que intuían que algo pasaba pero no dijeron nada. Más tarde me enteré que María se lo había dicho a ellas.

Llegó el sábado, quedamos en reunirnos todos por la tarde temprano para darle la sorpresa a Daniela que estaba algo extrañada que no le dejase venir por la mañana como solía hacer.

Me estaba vistiendo cuando gritó María con un bufido auténtico de gato. Es increíble como con el paso de los meses había logrado imitar los sonidos gatunos tan bien.

Me asomé al pasillo y venía gateando hacia mi con un enorme lazo rojo en la cabeza y una trenza a un lado y la otra medio hecha. Detrás Irene maldiciendo.

-Será guarra la gata, si no es por las manoplas me araña Amo.- Me dijo el verme mientras María se cobijaba entre mis piernas.

-Ya está gatita, relájate.- Le decía pasando mi mano por su espalda. -¿Alguien me dice lo que ha ocurrido?.-

-Nada Amo,- dijo Irene, -que estoy poniendo guapa a la gata para la ceremonia con dos trenzas a los lados para ponerle unos lazos y después de correrse la muy guarra ya no ha querido.-

-¿Se ha corrido por ponerle las trenzas?.-

-No, es que no se dejaba Amo, así que le pasé mi pie por su chocho y cuando la tenía caliente y frotándose es cuando le he puesto el lazo y le he hecho una trenza, pero la otra no me ha dado tiempo y no se deja.-

-Gatita mala,- María ronroneaba entre mis piernas y me miraba cargada de lujuria, -esto tiene una fácil solución Irene, que te ayude Cristina y mientras ella le mete un consolador, tú aprovechas y le terminas la trenza y le pones los lazos.- Que rápido nos acostumbramos todos en casa a hablar como si de verdad fuera una mascota.

Mientras terminaba de vestirme oía como gemía María en la otra habitación. Me acerqué a mirar y estaba Cristina metiendo y sacando del coño de María el consolador al tiempo que refunfuñaba que tenía muchas cosas que hacer antes de la ceremonia y por culpa de la gata estaba perdiendo el tiempo. Irene ya terminó su trabajo y acariciaba las tetas con cascabeles de María donde llevaba también unos pequeños lacitos. Para mi gusto estaba demasiado recargada. El enorme lazo rojo que ocultaba sus orejitas, las dos trenzas a los lados con dos lazos también rojos, unas muñequeras de pelitos rojos y unas tobilleras, además de los pezones maquillados de rojo con sus lacitos. Demasiado recargada la veía. Imagino que también ella y que no le gustaba nada. Estaba seguro que al mínimo descuido empezaría a quitarse cosas.

Cristina esperó a que Daniela entrara a la casa en el vestíbulo. A esta altura todas tenían ya llaves de la casa. Daniela la miró desconcertada, Cristina no solía estar los fines de semana.

-Desnúdate rápido pero no te pongas el collar.-

Al principio Daniela se asustó, lo primero que le vino a la cabeza era que la iba a rechazar. Pero mientras se desnudaba temblando por esa posibilidad se dio cuenta que no sería tan cruel de hacerlo por las buenas, teniendo en cuenta que no había motivos. El fin de semana anterior que fue la última vez que estuvo en la casa la había follado varias veces, además de pajearla y acariciar su pollita. Entonces pensó que era al contrario, que por fin la aceptaba en la familia y su miedo se convirtió en nervios mientras se quitaba torpemente sus bragas y su pollita crecía ese centímetro de más cuando se empalmaba. Se quedó sin ropa y sin el collar, estaba totalmente desnuda, por una extraña razón mis esclavas siempre me han dicho que nunca se sienten desnudas mientras llevan su collar, cuando se lo quitan les vienen sentimientos de pudor sobre su desnudez.

Siguió a Cristina al salón donde estábamos en silencio todos. A los lados de mi sillón estaban el resto de mis esclavas y gatita agarrada por la correa de la mano de Irene. Hasta para estos momentos María actuaba según sus instintos. Al ver a Daniela entrar quiso ir gateando a saludarla pero Irene tiró de ella para que se mantuviera tumbada en el suelo con un leve bufido de protesta.

Cristina se puso a mi lado después de dejar a Daniela frente a mi. Su pequeño pene nos saludaba a todos mirando mientras ella no paraba de echar lágrimas y contener el llanto.

-De rodillas perra, postura de castigo.- Le dije con voz gutural. Daniela se arrodilló tan rápido que debió de hacerse daño. Me levanté y di varias vueltas a su alrededor con su culo expuesto y su pollita colgando. Cada vez que pasaba por detrás de ella le daba con la fusta. No eran golpes fuertes de como los daba en la sala, ni suaves tipo caricias.

-Llevas ya unos meses con nosotros, y solo te voy a hacer una pregunta. ¿Quieres continuar en la familia? Ten en cuenta que tu respuesta no implica para nada tu vida fuera de esta casa, no afecta a que dejemos de vernos, ni tu trabajo, y tu alojamiento es entre Irene y tú.-

-Sí Amo, es lo que más deseo en este mundo.- El llanto estaba a flor de piel, pero en ella y en alguna de mis chicas.

-Yo, como Amo te acepto entonces como mi esclava. Me obedecerás en todo momento y pasarás a ser de mi propiedad con la única libertad de terminar esta relación cuando tu quieras pero sin posibilidad de regresar.- Mientras le decía eso le iba poniendo en su cuello el collar y notaba como me caían sus lágrimas en mis manos.

-Ahora levántate.- Le dije con la correa ya enganchada en su collar.

Cuando se puso de pie la besé apasionadamente, me encantaban sus labios. Ella me abrazó haciendo mucha fuerza no queriendo desprenderse. Al separarnos le sonreí al notar que se había corrido. Inmediatamente se agachó y me lamió las pocas gotas de semen que había en mis muslos para después buscar una o dos que cayeron en el suelo y lamerlas también.

Me retiré y dejé que las chicas una por una la abrazara y la besara. Me dejo algo asombrado ver que cuando la abrazó Cristina y le daba dos besos en las mejillas, algo más castos que el resto, sin decirle nada le metió un dedo en el culo con el consiguiente respingo de Daniela y la risa de todos.

-Esta noche saldremos a cenar todos para celebrarlo y después a bailar.- Dije mirando malicioso a María, indicando con mi mirada que como me hiciera salir a bailar como la otra vez habría consecuencias. Ella se dio cuenta de mi mirada pero estaba más preocupada en intentar quitarse los lazos con las manoplas.

Irene se dio cuenta de lo que hacía la gatita y vino a regañarla y volver a colocárselas en su sitio ante los bufidos de esta.

Me senté mirándolas a todas mientras charlaban y me gustó ver la compenetración que tenían. Pero necesitaba la nueva casa ya, tenía pensado que después de las copas nos viniéramos todos a casa para una orgía en familia, y es verdad que nos faltaba espacio. Y aún me quedan dos esclavas más, pensé.

Salimos todos, yo intenté demorar la salida con todas en el portal, incitando a que apareciera Ana, pero esta no lo hizo. Quizás había salido antes o seguía enfadada. Verdaderamente echaría en falta esos cafés pero no todo dura en la vida. Lo que sí hice antes de salir que hacía muy pocas veces, fue ponerles a todas un huevo vibrador. A Cristina era la primera vez que se lo ponía, a las otras en raras ocasiones cuando iban a trabajar o a la universidad y lo usaba poco y en intensidad baja, no pretendía dar un escándalo.

Yendo por la calle simulé una llamada y me quedé detrás de ellas mientras continuábamos el camino. Sincronicé todos los huevos en una sola aplicación y los encendí al mismo tiempo a máxima potencia. Todas menos Daniela se encorvaron agarrándose unas a otras, Daniela dio un respingo pero se mantuvo más o menos derecha. Aunque el huevo a Daniela le estaría estimulando directamente la próstata, su menor índice de libido por las hormonas la hacían más resistente a su estimulación. Antes de que reaccionaran lo apagué.

Las cinco se giraron mirándome con cara de odio falso.

-Acostumbraros chicas que la noche va a ser movidita.- Dije riendo.

Y así fue, en el restaurante los encendía y apagaba cada dos por tres y las tenía a las cinco muy sofocadas. Pero fui bueno y nunca lo hice cuando se acercaba algún camarero. Llegó un momento que perdió la gracia ya que estaban pendiente de mi y cuando me veían trastear en el móvil se preparaban.

Al salir del restaurante se me acercó Cristina.

-Que buen invento, esto en mi época no existía.- Llevaba como todas las mejillas encendidas.

Entramos en un pub muy concurrido y nos hicimos sitio en un lado de la barra y mientras nos servían las copas, María me agarró del brazo y me señaló una mesa.

-Es él.- Solo me dijo eso y la entendí. Estaba sentado con otros dos hombres de su edad.

-¿Los otros son también del trabajo?.- Le pregunté.

-No, al menos yo no los conozco.-

Puse a las chicas de forma que él no me viera, no me interesaba que me viera con María. Es muy probable que él me conociera de mis reuniones asiduas en el puerto.

Al poco rato, todas supieron que algo nos pasaba a mi y a María, sobre todo Isabel, la más joven y madura a la vez de mis esclavas. El tipo llegó en un momento dado a mirar al grupo, reconoció a María, se la quedó mirando sonriendo y después de una eternidad se volvió a sus amigos les dijo algo y se marchó.

María visiblemente nerviosa, cuando el tipo se marchó me abrazó.

-¿Está solucionado mi Dueño?- Me dijo.

-No, aún no, pero no creo que por ahora te moleste. Confía en mi y déjalo pasar. En realidad para ti ya ha pasado, si te dice algo en estos días me avisas.- Le dije consolándola.

-Irene, Daniela, quiero que os sentéis de forma descarada en aquella mesa. Quiero saber quienes son esos hombres y si es necesario os los lleváis al baño y les hacéis una mamada, pero nada más que eso.- Irene se sorprendió al oírme y pareció pensarlo unos segundos pero Daniela ya tiraba de ella y allí se fueron. Las veía tontear con ellos durante un rato, el resto de la forma más disimulada posible estábamos todos pendientes. Al rato se levantaron los cuatro y se dirigieron al baño, Daniela al pasar le hizo un disimulado gesto a Isabel para que las siguiera. Ella me miró y asentí con la cabeza sin saber que se traía entre manos Daniela.

Salieron al cabo de diez minutos. Los dos hombres con la cara roja volvieron a su mesa, acabaron su consumición y con un guiño a las chicas que estaban bailando se marcharon. Entonces ellas vinieron a contarme. Eran primos del chantajista que estaban de paso, al pobre de su primo le dio un dolor de cabeza y había tenido que irse. Los llevaron a los baños a mamárselas y mientras lo hacían las muy diestras le habían cogido sus carnets, se lo pasaron a Isabel que con el móvil los fotografió y se los devolvieron sin que ellos notaran nada más que sus bocas en sus pollas. Para quitárselos de en medio les dijeron que las esperaran en otro pub hasta que se despidieran de sus amigas. La dirección del otro pub estaba en la otra punta de la ciudad, al menos media hora de ida. Eso seguro que fue idea de Daniela, muy lista la chica.

Pasado ese incidente se relajaron todas y se pusieron a bailar. En muy poco tiempo Cristina se me acercó, yo estaba solo en la barra y María aunque me miraba anhelante no se atrevía a sacarme a bailar.

-Joder Señor, bailar y el huevo no es compatible, me estoy calentando mucho. Pero a las otras guarras parece que no les afecta.- Tenía la cara enrojecida.

-No te preocupes, verás como les afecta.- Y les encendí el huevo a todas riéndome al ver como intentaban compaginar el baile con los temblores que sentían. Incluida Cristina que se agarraba al borde de la barra.

-Eres malvado Señor.- Me decía implorando que lo apagara.

Las dejé en paz con el huevo el resto de la noche mientras se desfogaban bailando y apartando moscones.

Regresamos a casa y en el vestíbulo le dije a María que esa noche no la quería de gatita y a Cristina que ella también se desnudara. Cristina dudo un poco, nunca había estado desnuda delante de todas, aunque su ropa no tapaba casi nada pero ocultaba partes de su cuerpo que le avergonzaban delante de las veinteañeras. Las llevé al salón y las puse a las cinco de rodillas con las manos a la espalda. Activé los huevos a potencia media.

-La primera que se corra le daré quince azotes, a la segunda diez, cinco a la tercera. Las otras dos que queden dormirán conmigo esta noche.- Y me senté frente a ellas viendo como se retorcían de placer con sus miradas en mi.

La primera en caer fue Irene, estoy seguro que pensaba en esos azotes y por eso no logró aguantar. Se quedó de rodillas cogiendo aire y con una sonrisa en la cara. Después fue Cristina que no pudo evitar caer al suelo con el orgasmo y al recuperarse un poco refunfuño la injusticia de usar ese juguete con ella que no estaba preparada. María me miró poniendo cara de pena y apretando los labios pero no pudo aguantar y el orgasmo la dejó lacia con temblores en sus piernas y triste. La verdad es que hacía tiempo que no me la llevaba a la cama y supongo que esperaba que esa noche lo hiciera. Casi siempre era espectadora desde su cama a mis pies, eso no significa que no me la follara, durante los días que estaba en casa casi siempre alguna vez lo hacía, pero no en la cama.

Yo sabía que Daniela aguantaría más, su huevo en el culo no da la misma excitación que les daba a las otras chicas y jugué con eso, era su día y quería recompensarla.

Apagué los huevos cuando ni Daniela ni Isabel se habían corrido, me miraron implorantes pero sin decir nada.

-Irene, que Isabel se corra. Cristina que lo haga Daniela. María ven conmigo.- Ordené.

Mientras Irene y Cristina se ponían a chupar, yo acariciaba y besaba a María. No sólo era su pose de mascota lo que me atraía de María, era su cara, la belleza de ella me lograba enternecer como ninguna de las otras esclavas conseguían.

No tardaron mucho en hacer correrse a Isabel y Daniela. Las dejé un rato de descanso a todas y mandé a María a por la fusta. Me gustó que no tuve que decir nada, las tres, Irene, Cristina y María se pusieron de rodillas en la postura de castigo para recibir los azotes.

-Como hoy es el día de Daniela, mientras os azoto le chupareis la polla.-

Daniela se puso delante de Irene que empezó a chupársela, yo a su espalda le di despacio los quince azotes en el culo con intensidad resonando en toda la casa los golpes. Después dejamos a una Irene muy excitada y Daniela se puso delante de Cristina que también se puso a chupar esa pollita que después de su anterior orgasmo es posible que no se levantara ya en toda la noche, pero que no quitaba que a Daniela le diese placer. Azoté a Cristina mucho más leve que a Irene, también despacio para dejar que Daniela disfrutase. Los ayes de Cristina se escuchaban medio apagados por tener su boca ocupada. Finalmente hice lo mismo con María, cinco azotes leves y espaciados mientras chupaba la polla de Daniela.

-María, lleva hoy tu cama al otro dormitorio donde os vais las tres. Yo no estaré presente pero quiero que cada una de vosotras haga que las otras dos se corra antes de dormir. Isabel, Daniela a mi dormitorio.-

-Perdón Amo, no le he entendido lo que quiere.- Me dijo Irene.

-Pues muy fácil, le comes el coño a Cristina hasta que se corra, después a María. Cuando termines ellas harán lo mismo, Cristina te lo comerá a ti y a María, y María lo mismo. Podéis si lográis la postura hacerlo en plan trenecito, María se lo come a Cristina que se lo come a Irene que a su vez se lo come a María. Pero al final cada una tendrá que comer dos coños hasta correrse. ¿Lo entiendes ahora?.-

-Bueno, casi creo que sí Amo.- Dijo Irene algo confundida aún.

-Ven niña, que ya te digo yo lo que tienes que hacer.- Dijo Cristina agarrando de la mano a Irene.

Nos metimos en la cama Isabel, Daniela y yo. Besé a Isabel mientras le acariciaba la cara.

-¿Sabes esclava? Escuchar a Cristina llamar niña a Irene me ha recordado una costumbre que tenía contigo y la he perdido.-

-¿Cual Amo?.-

Daniela que no quería quedarse excluida le dio un lametón a mi polla para empezar a chuparla, hasta que recordó que las mamadas son por lo general exclusivas de Isabel, así que se limitó a abrazarme el pecho y acariciarlo.

-Pues cuando empezamos, cuando eras la única esclava que tenía te solía llamar muchas veces “pequeña”. ¿Lo recuerdas?.-

-Me acuerdo mi Amo, pero sigo siendo su pequeña, tengo dos años menos que Irene y Daniela.-

-A pesar de la edad, has crecido mucho mi pequeña, ahora eres la que me organiza toda la familia.-

La besé con pasión y me costó trabajo dejarla para besar a Daniela, otra noche cualquiera y me hubiera quedado a solas con ella, pero era el día de Daniela y tenía que cumplir con ella.

Me puse a jugar con las tetas de Daniela que suspiraba de placer mientras Isabel le chupaba el culo para preparármelo. Aunque a decir verdad, el culo de Daniela tragaba sin lubricar apenas, es de lo poco que se le puede agradecer al primo.

Con una mano le daba tirones de los pezones, alternado y con la otra mano bajé a pajearla. Aún tenía escrúpulos en tocar otra polla, pero la de Daniela era tan pequeñita y suave que daba gusto sobarla. Me tumbé boca arriba y la puse sobre mí ensartando su culo y cabalgando mientras me quedaba absorto en como su polla saltaba con los envites. Isabel reclamando mi atención me metió una teta en la boca que chupé con ansia, como si quisiera desinflársela. Ella con una mano se masturbaba y con la otra me la pasaba por el pelo. Daniela sin parar de gemir cada vez que le entraba hasta el fondo se tiraba ella misma de sus pezones hasta que no pude contenerme más y me corrí. Esperó quieta sin cambiar la posición mientras Isabel procuraba correrse. Cuando mi polla salió flácida Daniela se la metió en la boca para dejarla reluciente y sin rastros. Isabel que me miraba implorando ayuda para su orgasmo no paraba de masturbarse hasta que le metí el dedo en el culo y le vino cambiando su cara que se puso rígida mientras se dejaba caer sobre mi.

Quedé en medio como siempre, y cada una de ellas apoyó su cabeza en mi pecho.

-Gracias Amo por aceptarme. No he sido más feliz en mi vida.-

La pasé la mano por el pelo y así nos dormimos.

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