¿dulce o salado? dulce
Laura siempre fue solo una clienta respetuosa, hasta que esa noche en el bar sus miradas se cruzaron y la distancia profesional se desvaneció. Ahora, en la oscuridad del coche, ella no espera permiso: toma el control y le demuestra que la experiencia no es solo un recuerdo, sino una promesa de placer sin ataduras.
No somos conscientes de la rapidez con la que pasa la vida.
Un día somos jóvenes y al siguiente ya pintamos canas. La realidad es que somos lo que las experiencias nos marcan y estamos influidos, y mucho, por las creencias y religiones de los lugares en los que nacemos.
Mi situación es francamente extraña ya que tras haber tenido alguna relación seria, mi vida dio un vuelco extraños de esos que el destino te marca y sin esperarlo te ves en una situación digamos que irreal.
Ahora estoy soltero, ya tengo 40 años, pero me encuentro en un punto de mi vida que no me veo mayor, porque no lo soy, pero tampoco joven o al menos inexperto. Lo curioso del caso es que cuando uno es joven con 16 o 18 años, piensa que las personas de 35 hacia arriba ya son mayores y cuando uno llega a los 45 o 55 años se da cuenta que sigue siendo joven y necesitando la misma chispa que la vida te ofrece pero quizás a otro ritmo. En el fondo, todos tenemos nuestras necesidades.
Ya en edades tempranas, uno se sentía atraído por mujeres mayores, con experiencia y cuando llegas a cierta edad buscas jóvenes que te hagan recuperar tu juventud y energía.
Como decía, yo me encuentro ahora justo en medio y la historia que les voy a contar sucedió precisamente por eso, porque no me he definido por una época u otra, de ahí que no hay mejor placer que probar el dulce y el salado, por separado, y para los/as más atrevidos/as que se atrevan la mezcla de ambos sabores.
Ahora mismo no quiero una relación estable, ya que salgo de una que duró muchos años. Por ello, cuando salgo de paseo no busco nada en concreto y menos estabilidad.
A mis 40 años, soy un chico moreno, alto, pelo corto, aún guardo un tono físico atlético y sobre todo soy bastante gracioso y cariñoso.
SALADO.
Llevaba trabajando un tiempo en una empresa, donde solía asistir una mujer que siempre me resultó interesante. Tenía 48 años, y aunque era 8 años mayor que yo, se seguía manteniendo muy bien. Tanto es así que su carácter era muy juvenil y aventurero.
Al principio, ella venía como clienta y aunque bromeaba mucho con nosotros, siempre mostró respeto y saber estar.
Una noche, salí a cenar con unos amigos y curiosamente me encontré con Laura, que así se llamaba la clienta, haciendo cola con una amiga, en el mismo bar restaurante que nosotros. Tras hablar durante un tiempo y bromear, nos tocó entrar a la sala, por lo que nos despedimos y cada uno fue a su mesa.
Durante la cena, podía ver como Laura cenaba con su amiga y no paraba de sonreir y hablar de una forma muy enérgica. Levaba además una blusa escotada y de tono alegre y un pantalón bastante ceñido. Tenía muy buen cuerpo y la verdad me llamaba mucho la atención. Era de tes blanca, pelo a la altura de los hombros y negro, ojos miel y unos pechos grandes y ligeramente caídos, fruto de la propia vida. Su cuerpo era rellenito pero bien proporcionado de estatura más bien baja.
En alguna ocasión, nuestras miradas se cruzaron y ella al darse cuenta sonreía, pero se hacía la interesante y continuaba su conversación.
Llegaron los postres y una vez terminamos, pasamos a una zona del bar, donde había un chill out, para tomar unas copas y hablar. Allí planeamos irnos a un bar donde ponían música de ambiente y donde podríamos seguir hablando y bailando. Suele ser un bar frecuentado por personas de entre 35 y 60 años, bastante agradable.
Pasado un tiempo, ya casi cuando terminábamos nuestras copas, Laura y su amiga, se acercaron a mi para despedirse.
Hablamos un rato y fue cuando se me ocurrió invitarlas a acompañarnos.
Al principio se quedaron algo cortadas, a fin de cuentas no me conocía sino de ir a comprar y no quería importunarnos.
Yo insistí, y logré convencerla, algo que me gustó de ella por tener ese espíritud aventurero.
Las copas fueron haciendo su trabajo y el tiempo juntos hizo que nos desinhibieramos más. Bailábamos, bromeábamos, jugueteábamos, era una gran noche y poco a poco el ambiente se fue tornando más caliente y juguetón.
Ella bailaba y me pegaba su culo a mi polla que ya no podía disimular mi erección y vamos que si era consciente que me miraba y sonreía como una niña chica cada vez que me veía apurado.
Ya avanzada la noche, Laura me cogió de la mano y me llevó al exterior para coger aire. Necesitaba respirar aire fresco y sentados en un banco en una plaza cercana, me confesó que llevaba tiempo sintiéndose atraída por mí y que esa noche se había alegrado de coincidir en el restaurante y que tomara la decisión de invitarlas.
Yo le contesté diciendo que me resultaba muy atractiva y que esa misma noche me había dado cuenta que era una mujer preciosa y sensual. Sin terminar mi frase ella se avalanzó sobre mí y me dió un intenso beso. Yo llevé mis manos a su cadera y de repente todo perdió importancia. Su intenso beso me hizo olvidarme del tiempo y del espacio.
Como mismos se lanzó a besarme, igual dejó de hacerlo y se levantó rápidamente diciéndome que la siguiera.
De camino a su coche, me dijo que no quería que pensara mal de ella, que no solía ser así, al menos nos con chicos jóvenes y menos en la primera cita.
Yo sonreí y le dije que si esto había sido una cita y ella me dijo que las oportunidades en la vida solo pasan una vez y no hay que dejarlas escapar.
Ya en el coche que estaba aparcado en un terraplén oscuro tras el bar, se paró junto a la puerta y me dijo que lo que iba a pasar en ese instante no supondría un compromiso para ninguno. Ella aunque estaba divorciada no quería iniciar una relación y quería disfrutar su sexualidad y su nueva vida sin ataduras.
Yo le dije que la entendía y que no iba a pensar mal de ella, ya que la entendía perfectamente y elogiaba su forma de ver esa nueva etapa de vida. Tampoco estaba ahora buscando pareja y aunque me sentía atraído sexualmente por ella y mucho, no había un sentimiento de amor. Al menos no de momento.
Ella sonrió y me dijo que por eso lo decía, porque una vez estuvieramos juntos no querría mas que estar con ella y que no debía enamorarme.
Me gustó su seguridad y su energía. Asi que le dije que no había problema.
Nos volvimos a besar y abrió la puerta trasera de su coche. Me empujó de espaldas mostrando ya una desesperación sexual que tenía que apagar y fue directa a la cremayera de mis pantalones. La bajó y tiró de las mangas para sacármelos. Luego hizo lo mismo con mis calzoncillos y encuanto liberó mi polla, se lanzó a ella aún con la puerta del coche abierta. Le dió varios lametones y empezó a succionarla como si de ello le dependiera la vida. Se notaba y mucho su experiencia.
Le pedí que parase, un rato después. Ella entro al coche y cerró la puerta. Yo le dejé espacio y sobre su pantalón comencé a cariciarle su coño. Se notaba caliente y ya algo húmedo. El pantalón estaba mojado. Le fui sacando las asillas de su blusa y la baje para dejar al descubierto sus pechos. Como había imaginado estaban algo caídos pero son pezones sonrosados y duros eran preciosos. Es más me gustaba que estuvieran así y los lamía mientras seguía masturbándola.
Ella parecía una chiquilla chica y seguía bromeando y desesperada. Quería polla y ya. Asi que apartó mi mano y me pidió que me sentara en medio del asiento trasero. Ella bajo sus pantalones como pudo y apartando las tangas a un lado, dejó su coño reluciente y con labios de mendiano tamaño a mi disposición. Yo llevé mi mano humedecida a él y la masturbé, luego introduje dos dedos y ella gimió de placer ante mí y encajada entre los dos sillones delanteros.
Las ventanas del coche ya estaba empañadas del bao y goteaban.
Ella sacó mis dedos y los llevó a su boca. Los chupó y se puso de rodillas sobre mí para acomodar mi polla en su coño ya abierto y chorreante. De una sentadilla enterró mi polla en su coño y me beso.
Se movía enérgicamente, pero pronto me ví en la situación de ayudarla con mis manos que sujetaban sus nalgas, haciendo una doble función. Por un lado, le ayudaba a subir y bajar, y por otro las abría y cerraba para sentir mejor su coño.
Sus pechos chocaban con mi cara y ella poco a poco fue exitándose más hasta que llevé una de mis manos a su coño, por detras de las nalgas y las humedecí con los líquidos que salían de la follada que le daba. Subí luego mis dedos hacia su culo, que estaba abierto y dilatado, y después de jugar con su ano, le enterré un dedo y lo moví de fuera a dentro hasta que ella empezó a correrse y chillar como una loca. Yo por supuesto no pude esperar más ya que ella se desplomó sobre mi cara dejando sus tetas a ambos lados de mi cara y sin dejar de penetrarla con el dedo el culo y mi polla su coño, lancé todo mi esperma en su interior.
Saqué mi dedo del culo y nos quedamos asfixiados con la polla aún dentro pero quietos. Ella sobre mí e intentando recuperar el aire. Mi semen salía de su coño y bajaba por mis huevos, aún caliente.
Luego ella se levantó y se sentó a mi lado, aún reventada del ejercicio realizado. Me miró con una mirada pícara y traviesa y sonriendo me dijo que era la primera vez que un chico se había atrevido a meterle el dedo en el culo mientras follaba. Que le había encantado y había tenido un orgasmo brutal.
Una vez repuestos, nos vestimos y volvimos al bar. Estuvimos bailando unas horas y tomando algunos refrescos. El alcohol ya se había terminado para nosotros.
Al acabar la noche, Laura me dio un beso apasionado y me susurró al oido que aún le seguían temblando las piernas y que durante algunos días tendría agujetas ppr mi culpa. Luego me picó el ojo y se fue con su amiga.
Pasaron dos o tres semanas, hasta que volví a verla por la empresa. Actuó de forma normal, como siempre y tras hacerse con los productos que venía a buscar se fue.
Siempre me resultó interesante y su experiencia en la vida y en la cama, me tenían cautivo. Su edad no la limitaba para nada y su espíritud aventurero y desinhibido mantenía mi morbo hacia ella.
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