Xtories

Fui follada por mi obstetra

El Dr. Sacco no era un médico cualquiera; su mirada penetrante y su tacto experto despertaron en Verónica deseos que creía enterrados. Entre camillas de consulta y consultas discretas, la línea entre el deber profesional y el placer prohibido se desdibuja, llevándola a un secreto que cambiará su vida para siempre.

Cintia32K vistas8.7· 11 votos

Fui follada por mi obstetra.

Continuación de “El hermanastro de mi esposo me cogió (Parte 2)”

A pesar que cenamos esa noche como una familia feliz, me sentía mal, por haber engañado a mi esposo, realmente no era merecedor de haberle sido infiel, Luigi cada tanto trataba de tocar mis piernas que intentaba de evitarlo.

Nos fuimos a dormir, y a pesar de haber pretendido tener sexo con Enzo, me rechazó diciendo que estaba cansado. No me interesaba demasiado hacerlo con mi esposo, pero me dormí algo molesta, por haberme evitado, vino a mi mente esa tarde en la playa, llegándome a tocar, hasta que se me cerraron los ojos.

Me levante temprano para preparar el desayuno a mi esposo, hablamos un poco, aunque se interesó más en las noticias que estaban en el diario.

Cerca de las 10 se levantó Luigi, nos saludamos, aunque intento besarme, lo evité, le extrañó mi actitud, así que traté de explicarle el motivo, diciéndole:

“Mira Luigi, lo pasé muy bien ayer, nos divertimos, pero no me pareció correcto nuestro proceder”

“Está bien, sé que tienes razón, pero eres una mujer muy atrayente, y sensual”

Acercándose a mi mejilla para darme un beso, que lo acepté esta vez, sintiendo inmediatamente su atracción, que por supuesto traté de contenerme. Me comentó, que saldría con una chica que había conocido el día de la reunión, que regresaría tarde. A pesar de decirle, que me parecía muy bien que conociese a alguien, no pude contener algo de celos.

Ese día y el siguiente prácticamente no lo vi, apenas un rato durante la cena, faltaban unos días para regresar a su país, no sé si eso me alegraba o no, esa noche tuve sexo con mi esposo, realmente no había comparación, con lo que había experimentado con mi cuñado.

A la mañana siguiente, Luigi se levanto temprano desayunamos juntos, no me hizo ningún comentario sobre sus salidas, y a pesar de estar intrigada, no le pregunte, despues de merendar, me dio un beso y se fue, regresando para la hora de la cena.

Esa noche fue bastante amena, mientras comíamos, tocó mi pierna, produciéndome un fuerte escalofrió, al percibir su contacto, no me moví, hasta notar su mano, pasar por mi entrepierna, algo, que alteró mis pezones, mientras su palma se deslizaba suavemente, por mis nalgas.

Hasta que terminé levantándome, para traer la fruta, cortando con esa insostenible alteración, lo miré seria, notando su sonrisa socarrona, como diciéndome “te agrada que te toqué”.

Dormí bastante alterada, con sueños bastantes eróticos, me desperté tarde, mi esposo ya se había ido, me levanté como estaba, sin ponerme la bata, al llegar a la cocina estaba Luigi, tomando un café, en ese momento me percaté de que tenía solo el camisón corto, que transparentaba bastante. No sé por qué, lo miré como desafiante, sin importarme demasiado si se vislumbraba mi cuerpo.

Me abrazo y me beso, respondiendo a su objetivo, mientras elevaba mi camisón, para despojarlo, bajando mis bragas, hasta quedar desnuda totalmente, girándome, para recostar mi cuerpo contra la mesa, y sin demasiada pérdida de tiempo sentí su verga penetrar mi útero, en un arrítmico y tenaz movimiento, donde sus roces en mi sexo, me fueron conduciendo a un insaciable orgasmo.

Posteriormente me duché, y salimos, comimos en un mall, pero no paso más nada, a pesar de cierta insistencia por parte de Luigi de repetirlo.

Ya quedaban tres días para que mi cuñado regresase a su país, no sabía si eso me alegraba o no, suponía que llegaría a extrañarlo, pero, por otra parte, había que darle fin a este “idilio pasajero”.

A la mañana siguiente, cuando nos encontramos en la cocina, me abrazo, diciéndome:

“Te voy a extrañar mucho, Vero, lo he pasado maravilloso contigo”

“Yo también Luigi, aunque si bien no estoy arrepentida, creo que no tendría que haber sido”

Continuando abrazados, y comenzando a besarnos, cuando me toma de la cintura, elevándome para sentarme sobre la mesa, que con bastante sutileza fue quitando mis bragas, que ha pasar de haberme visto desnuda, no dejaba de producirme cierta inhibición, tratando estúpidamente de cubrir mi intimidad.

Cuando me hizo colocar mis pies sobre el escritorio, separando mis piernas, se sentó, sobre una banqueta, en el extremo de ese mueble, acariciando suavemente los bordes de mi vagina, produciéndome bastante placer, intercambiando con algunas cortas lamidas, sintiendo que mis hormonas empezaban a alborotarse.

Me quedé paralizada, disfrutándolo, provocándome ciertos impulsos nerviosos en mi organismo, a medida que intensificaba, ese placentero acoso, mi cuerpo se iba perturbando gradualmente, hasta que su sensible lengua, friccionó mi clítoris, comenzando a llevarme a un estado cada vez más candente.

Mientras su lengua desbastaba, mis sensibles genitales, mis pezones se comenzaron a erguir, que, al comprobar esa alteración, Luigi los succiono para luego oprimirlos, donde esa mezcla entre dolencia y placer, se hacían muy estimulantes.

Poco a poco me llevaba a un estado de total paroxismo, acentuándose al percibir su lengua en mi ano, alternando con mi vagina, hasta que sentí a su índice, penetrar mi conducto anal, comenzando a expulsar más fluidos, entregándome a ese acometimiento sexual, terminando quitándome el camisón.

Su dedo me alteraba cada vez más, contrayendo los dedos de mis pies, mientras mis manos oprimían el borde de la mesa, gimiendo de manera incontenible, arqueando mi cuerpo, envuelto en temblores y convulsiones.

Cuando se levanta, me desplaza hasta el borde de la mesa, apoyando su glande, en mi entrada anal, percibiendo su leve intromisión en mi abertura, donde un segundo empellón hizo que introducir algo más, de su candente miembro.

Me miró a la cara, como queriendo decir algo, o expresando su deseo de tener sexo anal, lo miré y cerré mis ojos, esperando que continuase con su propósito, donde un nuevo empellón, introduzco gran parte de verga, ante un grito de dolencia por mi parte, quedando quieta en espera del resto.

Mientras el tronco de su apreciable verga, iba tomando posesión de mi cauce, mis gemidos comenzaron a hacerse evidentes, no dejaba de agradarme, sentir como se iba abriendo camino a través de mi canal.

Pareciendo que me partía e iba oprimiendo parte de mis órganos, hasta que volví, a pegar un grito al sentir su pelvis pagada a mis glúteos. Donde como en un acto de posesión, en escasos minutos comenzó a bombearme, produciendo ese sonido característico en el choque de carnes. Hasta que, con último empujón, quedo almacenada en mi interior, inclinándose para besarme, que esta vez me prendí a su boca desesperadamente, entrelazando nuestras lenguas.

Tocándome mi clítoris, mientras su bombeo se hacía cada vez más impetuoso, hasta sentir su esperma evacuar en mi interior, haciéndose presente mi orgasmo, en un coito anal más que apasionado.

Mi mente se había alejado de la realidad, solo considerada mis apreciables convulsiones, como un cuerpo descontrolado reaccionando a esos impulsos glandulares, hasta que eyaculo en mi interior, abrazándonos intercambiando nuestra secreción.

Esa tarde decidí de quedarnos en casa, donde permanecimos en la cama, hasta la llegada de Enzo, cenamos, y me fui a la cama, durmiéndome inmediatamente.

La partida fue bastante emotiva, y en parte me entristeció su alejamiento, sin saber cuándo volveríamos a vernos, si bien no estaba enamorada de mi cuñado, lo extrañé bastante.

Habría transcurrido algo más de un mes, y me llamó la atención, que no había menstruado, a pesar que no soy muy regular, decidí ir a la farmacia para adquirir un Clearblue Kit, un test de embarazo. Llegué a mi casa bastante ansiosa, y después de leer las instrucciones, lo utilicé, dándome positivo, no sabiendo si alegrarme o no, además coincidía con la estadía de Luigi, que evidentemente me había dejado su regalo. De cualquier manera, esperaría unos días hasta dar la noticia, y aclarar mis ideas.

A partir de ya saber la noticia de mi embarazo, mi esposo no pareció alegrarse demasiado, mi madre estaba enloquecida, y como era de esperar la futura abuela me recomendó cierto médico, que a pesar de tener 2 o 3 nombres de otros obstetras, fue tal su insistencia que terminé yendo a verlo. Aun no llegaba a los tres meses, y a mi primera consulta, fui con mi madre, el ginecólogo tendría cerca de 70 años, muy correcto, aunque no terminaba de convencerme.

Me hizo una serie de preguntas, confeccionando mi historia clínica, me hizo subir a la balanza, luego me revisó la vagina, colocándome una bata, a pesar de mi rechazo interior, dejé que lo hiciese, mientras examinaba mis pechos, luego nuevamente la pelvis, una ecografía, y una serie de análisis que debería llevar en la próxima visita.

Si bien no terminaba de gustar, le dije a mi madre que me parecía que era un buen médico, Al mes regrese, con los análisis, me revisó, diciéndome que estaba todo muy bien.

Le comenté a mi esposo sobre la visita al doctor, aunque me dio la sensación que no le daba mucha importancia,

Antes de ir nuevamente al ginecólogo, decidí depilarme, no terminaba de agradarme el Dr. Álvarez a pesar, que parecía ser un buen facultativo. Al cumplir los cuatro meses fui de nuevo, dada la insistencia de mi madre, continúe con el mismo, cuando la secretaria me comenta que el doctor Álvarez, estaba enfermo, y había derivado las pacientes a otro especialista, el Dr. Sacco, me alegré, dado que era uno que tenía en mi lista, esperando que el cambio fuese favorable.

El día del turno estuve más de media hora esperando, pero creo que valió la pena, desconocía su fisonomía, pero al verlo, me impacto, un tipo alto, de unos cuarenta y pico, muy atractivo, se notaba que hacía mucho ejercicio, era delgado pero atlético, blanco, ojos azules y cabello castaño, pero con algunas canas, y una barba de 3 días sin afeitar, aparte, tenía un perfume que olía delicioso, mientras nos presentábamos, me alegre de haberme depilado.

Leyó atentamente mi historia clínica, me pregunto una serie de cosas, hasta que me invitó a acostarme, me quité las bragas apoyando mis piernas sobre los soportes de la camilla, realmente estaba algo tensa y nerviosa.

Fue muy minucioso en su examen, aunque al sentir sus dedos sobre mi vagina, me alteré, creo que hasta evacue algo de flujo, emitiendo un leve sonido como de goce, por supuesto lo oyó, al comentarme, si estaba bien,

“Si, sí, estoy bien doctor” Contesté algo avergonzada.

Me explicó que estaba todo bien, solo que tenía bastante flujo, pero no era ningún problema. Me despedí y me fui, pensando que al mes siguiente seria atendida por el Dr. Álvarez.

Llegó el día, volviendo a concurrir sola, mi esposo no podía y realmente no quería que estuviese presente mi madre, al llegar al consultorio, me alegre muchísimo al saber que Álvarez continuaba enfermo, y me atendería el Dr. Sacco.

Apenas entré me hizo sentar, y comenzó a hacerme ciertas preguntas:

“He notado que emanas bastante flujo, ¿siempre ha sido así?”

“Sí, cada tanto, aunque ahora creo que es más frecuente”

“Eres sexualmente activa?”

“En realidad, si” Dándome algo de apocamiento mi contestación.

“No tienes por qué avergonzarte, es algo normal, ¿actualmente tienes buenas relaciones con tu esposo?” Me quede algo cortada sin saber que contestarle, aunque considere que debía decir la verdad.

” No, doctor, hace más de un mes que no la tenemos” En realidad hacia más, pero me daba algo de pudor, comentarle sobre mi vida íntima.

“Suele suceder en algunos matrimonios, cuando la mujer está preñada, tienen temor de lastimarla o hacerle perder la criatura, en realidad es beneficioso hacerlo, por que libera endorfinas, unas hormonas que general bienestar, que es percibido por la madre y por el feto” Así continuo un rato hablándome, hasta que me dice:

“Bueno sería conveniente de hacerte un examen, más intenso, quítate la ropa y ponte la bata”. Algo nerviosa fui al baño, sacándome todo, cubriéndome con ese delantal.

Regresando al consultorio, mientras me indicaba que me sentara sobre la camilla, tomándome la presión, para luego desatar la bata, para auscultarme la espalda, tomando con su mano mi cadera, que, sin poder evitarlo, sentí como una descarga eléctrica en mi cuerpo.

Sin poder evitarlo, termine mojándome, mientras me hacía acostar sobre la camilla, colocando las piernas sobre los soportes, quedando bien separadas. No pude evitar cierto bochorno, aunque cerré los ojos a la espera de ser examinada.

Se colocó los guantes de látex, que, a pesar de su textura, al tocarme, mi cuerpo se movilizó, posiblemente ese contacto carecía de connotaciones sexuales, pero mi organismo lo experimentó, al recorrer mi entrepierna para introducirse en mi útero, rosando la membrana de mi abertura.

Mi respiración comenzó a agitarse, hasta que después de escasos minutos la retiró, levantado mi bata observando mi panza, palpándola, oprimiéndola levemente, mientras la recorría sutilmente con sus manos.

Si bien trataba de disimular mi estado, no tenía dudas, que ese contacto traía connotaciones carnales, al quitarse los guantes, friccionando mi clítoris, comenzando a transportarme a un estado de embeleso, difícil de impedirlo, mientras oprimía mis manos en el borde de la camilla, y los dedos del pie los contraía fuertemente.

Mis pechos parecían estallar, por la tensión recibida, dispuesta a ser apareada por mi médico, cuando unos golpes en la puerta nos trajeron a la realidad, que, de mala gana, preguntó que sucedía, contestándole que tenía una emergencia.

Me miró, diciéndome que estaba todo bien, que me vistiese, y que buscase un turno para última hora en un par de semanas.

Regresé a casa, de bastante mal humor, por suerte esa noche tuve sexo con mi esposo, aunque durante ese momento, mis pensamientos saltaban de Luigi al Dr. Sacco.

Era evidente que Luigi había despertado en mí, ese sexo, que posiblemente tenia reprimido, no había sentido con mi esposo, esa motivación y hasta encanto, que había compartido con su hermanastro, ni tampoco con un par de novios que tuve anteriormente a casarme.

Y dado mi estado, y lo vivido hacia unos meses, no podía llegar a contener mi necesidad fisiobiológica, mi libido se había motivado, hablar con mi esposo fue una de mis primeras intenciones, pero trataba de eludir esa conversación. Intente irnos un fin de semana a alguna parte, pero con la excusa del trabajo, no se concretaba.

Posiblemente con el advenimiento de un hijo, esto mejoraría, aunque no lo creía demasiado, además los años pasan y nos perdemos de disfrutar ciertos momentos de la vida. No estaba completamente decidida a tener algo con el Dr. Sacco, podía llegar a ser algo nefasto o tener un desenlace poco feliz, o posiblemente nada de eso.

Cuando llegó el día del turno, al atenderme la secretaria me comenta, que se había incorporado el Dr. Álvarez, así que en unos minutos me atendería, me dio como un sudor frio al informarme,

“Pero, tengo turno con el Dr. Sacco” Le conteste, sorprendida, pensando que el destino, me indicaba cual era mi camino, pero no tenía demasiadas alternativas. Salí bastante malhumorada, y pensando que no había hecho las cosas, como deseaba, pero ya era tarde.

Unos pocos días antes de tener la consulta con el Dr. Álvarez, me fui a comprar ropa a mi futuro bebe, antes de regresar a mi casa me senté a tomar un café en el patio de comidas, mientras vagaba con mis pensamientos, alguien se acerca y dice:

“¿Verónica?” Lo miro sin reconocerlo inmediatamente, y le digo:

“Dr. Sacco, como esta?”

“Bien, pero por favor llámame Ernesto”

“Me alegra de verte Ernesto”

“Que pasó que no viniste a verme? Le explique lo sucedido, diciéndome:

“Si, por una cuestión ética, no puede quitar los pacientes a un colega”

“Me sorprendí, que me hayas reconocido, por el rostro”

“Muy graciosa”

Tuvimos una charla muy amena y divertida, pero estaba apurado, así que me dio una tarjeta.

“Si decides ser mi paciente, llama a mi secretaria”

“Y le pido, ¿el último turno?”

Muy sonriente me dijo que si, mientras besaba mi mejilla.

Tuve la mala idea de decirle a mi madre, que había cambiado de médico, y le expliqué como fue, y lamentablemente quiso venir a la visita, a pesar de mi insistencia en que no lo hiciese. Llego el día y mi madre firme, solo me dijo que por que tan tarde si no había algún turno más temprano.

“Mirá mamá, si no te gusta la hora no vengas y punto”

“No es para que te pongas así,”

Llegamos al consultorio, me atendió la secretaria, despues de veinte minutos de espera, me hizo pasar, al hacerlo mi madre, la detuvo, diciéndole amablemente:

“Disculpe señora, pero atiendo a las pacientes a solas o con el esposo”

“Pero el Dr. Álvarez, me permitía entrar”

“El tendrá sus metodologías, yo las mías”

Entré con una sonrisa, que Ernesto, captó al instante, explicándome que a veces las madres se ponían bastante densas, además había intimidades que no se animaban a contar delante de ellas, evitando todo eso, no dejándolas acompañar a sus hijas.

Fui tras un biombo, a quitarme la ropa, colocándome la bata, y unas chinelas, me acosté sobre una moderna camilla muy funcional, elevando mis piernas sobre los soportes. Posteriormente me introdujo un tubo delgado llamado histeroscopio, que envía imagines del útero, a una pantalla de video. Preguntándome si había tenido relaciones con mi esposo.

“Lamentablemente, no, deberé ver en otra parte” Se sonrió, mientras elevaba la bata para ver mi panza, tocándola sutilmente, después de tomarme la presión, desató algo la bata para auscultarme la espalda, tomando con su mano mi cadera, que acariciaba sutilmente, haciendo que mi corazón se acelerara.

Fui accediendo a que su tenue caricia, mientras recorría mi piel, despertando a la sexualidad, cada centímetro de mi epidermis, apoderándose de mis senos, congestionados por ese contacto tan atrayente. Hasta que fue desatando la bata, hasta quedar mis pechos al libre albedrio, diciéndome hermosos pezones, para besar.

“Si te atraen, puedes hacerlo” Mirándome con una sonrisa, besando mi boca, que me prendí apasionadamente, para luego lamer mis rígidos pezones, prosiguiendo con alevosas succiones, donde mis hormonas no tardaron en revolucionarse, transportándome a un estado de total éxtasis.

Abrió su guardapolvo, bajando sus pantalones, para hacer surgir su verga, y aprovechando mi posición, introduzco su rígido aparato, comenzando un alocado bombeo bastante prolongado, que logró llevarme a un par de orgasmos inolvidables, hasta que termino eyaculando.

Me sentí extraña en ese momento, apenas lo conocía, suponiendo que me supondría una mujer fácil, cuando después de limpiarme y limpiarse, me cubrió con la bata, para luego abrazarme. Eso fue suficiente para sentirme mucho mejor, me quede quieta disfrutando de ese acto de ternura, mientras me preguntaba si estaba bien, respondiéndole:

“Si, y gracias”

“Yo tendría que agradecerte, ha sido un placer” Dándome un leve beso en los labios, diciéndome, que me vistiese. Posteriormente me hizo sentar, diciéndome:

“Te diré que llevas el embarazo muy bien, todo está perfecto. Por otra parte, me encanto cogerte, eres divina, además no es mi costumbre tener relaciones con mis pacientes, contigo, no sé qué sucedió, me impactantes apenas te vi” Él también me había impactado, aunque no le dije nada, no quería involucrarme en otro “affaer”

Ya estaba en el sexto mes y a unos días de ver a mi obstetra, no estaba demasiada convencida en volver a tener relaciones con él, al punto que obtuve un turno cerca de las cuatro y hasta con la idea de ir con mi esposo. Creo que lo hice, con el fin de no, tener que envolverme con el médico, que no podía negar que me atraía bastante.

Traté de dejar de lado esa situación, llegó el día del turno y cerca del mediodía mi esposo me llama, diciendo que tenía un trabajo urgente, que lamentablemente no podía acompañarme, que fuese con mi madre. Creo que en el fondo de mi corazón me alegré, sentí como que me daba el derecho a decidir, a pesar de no ser tan así.

Mientras esperaba en la sala del consultorio, mil cosas pasaban por mi cabeza, sin decidir si me entregaba nuevamente o me negaba rotundamente.

Cuando llegó mi turno, entré, me dio un beso en la mejilla, y muy cortésmente, me invito a prepararme para el nuevo examen, y que no necesitaba quitarme el sostén, creo que ese detalle no termino de alegrarme, pero así lo hice.

A pesar que su contacto no dejaba de alterarme, no pasó nada, cuando terminó, me dijo que me subiese a la balanza, mientras lo hacía me quité la bata y desprendí mi sostén, observándome atentamente, cuando me dice:

“Tu embarazo, te asienta muy bien, te hace muy voluptuosa” Girando mi rostro agradeciéndole el halago, en el momento de finalizar de pesarme, me dirijo al baño a vestirme, pasando a su lado, que estaba sentado escribiendo en mi historia, apoyé mi mano sobre su hombro, tomándome de la muñeca haciéndome sentar sobre sus rodillas, mientras nos besamos con desesperación, a la vez que intentaba bajar sus pantalones, hasta percibir su tiesa verga, que la monte sin reparos, mientras se desplazaba en mi acalorada vagina, donde mis movimientos de sube y baja, nos llevaron a un primoroso orgasmo, mientras devoraba mis abultados pechos.

Así permanecimos abrazados, un buen rato, como alejado de todo, en una paz y con un sentimiento que nunca había experimentado. Me levanté, diciéndole:

“Tienes más pacientes, espero no le hagas lo mismo” Termine de vestirme le di un fuerte beso y regrese a mi casa, con el pensamiento en lo sucedido.

Dos días después suena el teléfono, era Ernesto, sentí como un estremecimiento al oír su voz, era para invitarme a almorzar, le dije que tenía unos compromisos de trabajo, pero que intentaría postergarlos que en una hora lo llamaba, así lo hice, y me citó en un restaurant bastante elegante.

Estaba nerviosa, pero encantada de verlo, una vez que hicimos el pedido nuestra conversación fue más que fluida, contándonos de todo, terminándole diciendo que mi relación con mi marido no andaba bien. enterándome que estaba divorciado hacia un par de meses y que tenía dos chicos. Cuando me dice:

“No tengo dudas que me he enamorado de ti, en el primer momento que te vi” Le dije que también había sentido un impacto al verlo, pero que, dada mi situación, no sabía qué hacer.

“Tengo mi departamento a unas cuadras, ¿quieres venir?” Lo miré algo sorprendida, pero lo tomé del brazo, diciéndole:

“Vamos”

En ese momento me sentía una adolescente a pesar de mi estado, suponía que esto no duraría demasiado tiempo, pero, lo disfrutaría mientras pudiera, pensé en mi esposo, pero este momento se vive, muy pocas veces en la vida.

Vivía en un lindo piso a la calle, apenas entramos me invitó, si quería ir al baño y ponerme cómoda, oriné, me lavé un poco, y al ver una bata de seda negra, me quite la ropa y me la coloque, a pesar que me quedaba bastante holgada.

Me quedé estática, sintiendo su mano recorrer mi cuerpo, donde ese leve contacto, comenzó a estimularse, era un asedio intenso, produciendo las consabidas compulsiones. Abrió la bata para descubrir mis senos, besando, lamiendo y terminando absorbiendo mis pezones hasta llegar a lubricar su boca con algo de mi calostro que ya estaba elaborado, fue una sensación más que excitante al sentir succionar mis pechos,

La mano no tardó en dirigirse a mi entrepierna frotando mi vagina, mi cuerpo no paraba de estremecerse, sintiendo el contacto de sus dedos en la abertura de mi sexo. Como desesperada empecé a gemir de placer, mientras iba despojándome de la bata, hasta dejar mi apasionado cuerpo a su disposición.

Nos entrelazamos con brazos y piernas, hasta que me acomodo para lamer mi sexo, realmente era un especialista, mi cuerpo se arqueaba ante ese sensible contacto, entre su lengua y mi alterado clítoris, comenzando a llevarme a un estado de enajenación, gimiendo y hasta gritando de placer.

No quise venirme, así que lamí su verga para mamársela con desesperación, es intercalando con apasionados besos, hasta que me detiene para decirme:

“No mereces que acabe en tu boca” Mientras se acostaba boca arriba, para que lo montase, sintiendo como mi útero iba siendo introducido, comenzando a subir y bajar muy sutilmente, mientras no dejábamos de mirarnos a los ojos, Ese pausado desplazamiento, me iba llevando a un nuevo estado de placer, pero no solo por el goce sino por estar con él, era algo distinto. Cuando le digo:

“Estoy por venirme mi amor” Comenzando a moverse para finalizar ambos en un ardiente orgasmo, hasta quedar abrazados, fusionados con cierta ternura. Cuando nos aplacamos le digo:

“Disculpa por decirte mi amor, no quiero comprometerte”

“No me comprometes y además me encantó oírlo” le di un beso abrazándome rápidamente, hablamos un buen rato y reanudamos la actividad, cuando quise acordar eran las 7:30 pm, mi marido estaría por llegar, a pesar que no creo que se enojara si no estaba.

Si bien pensaba en darle un corte definitivo a esta inesperada relación, no me fue posible cortarla, deseaba estar junto a Ernesto, hasta cuando iba a su consultorio, no dejábamos de tener sexo.

Mi esposo me acompaño una vez casi pasado los 8 meses.

Faltaban unos escasos días para parir, y estábamos en el departamento de Ernesto, estaba muy alteraba, me dijo que no sería muy conveniente, dado que estaba muy próxima a tenerlo, pero insistí tanto, que terminamos teniendo sexo, pero más que nada, porque tenía el presentimiento que sería la última vez,

El hecho fue que después del acto, fui al baño y rompí bolsa, me asusté, había llegado la hora, por suerte estaba Ernesto, me abracé fuertemente a él, cuando me dice:

“Tranquila, todo va ir bien, vamos a la clínica, pero siempre estaré contigo pase lo que pase.” Brotándome unas lágrimas, alegrándome, por sus palabras.

Me llevó con su auto, llegamos, me prepararon y nació una bella beba, poco después llegó mi esposo, había un gran ramo de flores que me envió Ernesto, que al verlo mi esposo dijo:

“Con lo que me han cobrado, es lo menos que podían hacer”.