Xtories

En el cine II

El cine está oscuro, pero el calor entre ellos es insoportable. Él no se mueve, no habla, solo espera. Hasta que ella decide dejar de jugar y le dice exactamente lo que quiere. La pregunta no es si lo hará, sino si ella podrá soportar la respuesta.

The Bitch8.4K vistas9.6· 9 votos

Me quedé quieta con las piernas ligeramente abiertas y temblorosas. Mi mirada perdida en la gran pantalla, pero sin prestar atención a las imágenes que se estaban proyectando en ella.

Tragué saliva con el nerviosismo apretando en mi garganta, esa que deseaba ser mordida. Miré de reojo a mi izquierda dónde él parecía estar concentrado en la película. ¡Maldita sea! ¿Pensaba dejarme así?

No pude evitar mover los dedos presa del nerviosismo, ¿en serio quería que se lo pidiera? Aquel juego se me escapaba de las manos por segundos.

Me incliné hacía J.C. con lentitud, dispuesta a pedírselo, pero él no se dignó a mirarme. No pude evitar apretar la mandíbula para contener mis ganas de insultarlo. ¿Qué demonios? Respiré e intenté volver al papel. Era un juego de roles, porque a pesar de que me ponía a mil sentirme una sumisa domada, yo era una rebelde sin causa.

— ¿Vas a follarme? — solté y al instante me arrepentí. ¿En serio había dicho eso? La ceja derecha de mi acompañante se alzó con clara sorpresa.

—Sigue, intentándolo.

Sentí la rabia burbujeando en mi pecho. No pensaba rogar, no por un polvo. ¿Estábamos locos? Joder, pero él conseguía encenderme de cero a cien en tan solo unos segundos.

Miré a la pantalla de nuevo, intentando calmarme. Lo volvería a intentar, una sola vez más. Si no me iría.

—Quiero que me folles.

Esta vez me sentí más orgullosa de mi tono. No había sido tembloroso, ni dubitativo, qué va, había estado digno de chica de línea erótica. Esperé con mi mirada puesta en él durante unos segundos, pero no obtuve respuesta. Ni se inmutó.

Los minutos pasaron y él me hizo un par de comentarios sobre la película a los que contesté con monosílabos. ¿Pensaba devolverme mi tanga?

La peli terminó y salimos del cine, yo sintiendo la brisa fresca paseándose entre mi entrepierna. Nos paramos estáticos y me atreví a mirarlo a los ojos. La intensidad de su mirada me golpeó directa a mi sexo.

—No te enfades, zorrita. El problema es que no sabes pedir las cosas.

—¡Qué te den!

Me giré sobre mis talones y me dirigí hacia mi coche mientras maldecía una y otra vez. Mi teléfono sonó y no tuve que mirarlo para saber que había sido él, ya que le había puesto un sonido diferente a sus notificaciones, soy una zorra romántica. Una que ha perdido un tanga de marca. ¡Joder!

Estaba dispuesta a darme media vuelta e ir por él, cuando miré el mensaje. Había una foto. La abrí para encontrarme una foto de mi querido tanga y después un enlace con una ubicación.

¡No me lo podía creer!

Estaba cerca, iría por el tanga y me iría. No pensaba rogar por nada. ¡Qué demonios! Después de un par de vueltas logré aparcar.

Me llegó otro mensaje dónde me indicaba el bloque y el piso. Maldito. Toqué el timbre dispuesta a decirle que bajase el mismo a darme lo mío, pero sonó mal hasta en mi mente. Desde el otro lado del interfono nadie contestó, simplemente abrió la puerta.

Volví a tocar al timbre y él repitió la misma operación. Está bien, subiría. Cogería lo mío y me iría. Estuve a punto de tocar el timbre de la puerta, cuando me percaté que esta estaba entreabierta.

La empujé con cuidado y entré sintiendo como mi sexo palpitaba desesperado. ¡Traidor, miserable! Di dos pasos, él estaba sentado en el salón, se alzó en toda su altura. Empecé a recriminar algo, no recuerdo el que, porque él tomó mi cara entre sus manos y estampó sus labios contra los míos.

Su boca, una maestra del arte de besar, invadió la mía con suma destreza. Su lengua entró como un torbellino destrozando todas mis ganas de resistirme. Un gemido murió en mi garganta mientras mis manos se arrastraban por su espalda.

El me besaba de tal forma que no fui consciente de que terminé estampada contra la pared del pasillo.

Sus manos tomaron la directa y fueron hasta mis tetas tomándolas con ansía. Su lengua continuaba torturándome haciendo que todo mi cuerpo aumentase de temperatura. Quise tocar su entrepierna, pero él, raudo y veloz, tomó mis manos y las atrapó por encima de mi cabeza.

Gemí, joder si lo hice. No me reconocía a mí misma. Sentía que todo mi cuerpo se quería rendir hacia él. En nuestras conversaciones me había advertido de que era bueno en la cama, pero sinceramente, no quise ir con ningún tipo de perspectiva.

Su cuerpo se separó del mío, dándome algo de espacio. Intenté caminar hacía el cuarto, pero él me volvió a estampar contra la pared, esta vez mirando hacia ella.

Sentí su dureza en mi trasero e intenté moverlo para poder notar como está se endurecía todavía más.

Era un tipo alto, con una buena polla.

Quería sentirla dentro, joder.

Su boca fue directa a mi cuello y ahí supe que aquello iba a ser mi perdición. Sus dientes arañando mi piel, mi boca entre abierta ahogando un gemido, tomó mis tetas desde atrás, llenándole ambas manos.

Nos trasladamos a la habitación. Sus manos tiraron de mi vestido con urgencia. Su boca no tardó en martirizar mis pechos, atrapando uno de mis pezones con sus dientes.

Lo tomé de la cara y lo volví a besar. Tenía unos labios carnosos, unos que prometían ser unos expertos en las artes amatorias.

Mis manos se las ingeniaron para deshacerse de su ropa. Por fin pude tomar su erección entre mis manos. La tomé con firmeza y me la llevé a la boca. Dejé que mi saliva la humedeciera para después hacer que mi mano se deslizase por ella. La tomé con mi boca, era larga, tanto que no me cabía entera en la boca. Podía notar su punta rozando mi garganta. Continué moviéndome haciendo que sus gemidos tocasen una melodía para mis oídos, creo que no hay un sonido más sexy en el mundo que la combinación de una respiración acelerada y un gemido.

No pude esperar más y mis ansias me hicieron subirme encima de él. Notar como su dureza entraba en mi de forma lenta, pero firme, es una sensación difícil de expresar. Me moví de arriba abajo sintiendo como entraba en mí y como el placer acariciaba mis sentidos.

Sus manos tomaron mis nalgas y me ayudaron a tomar una velocidad más elevada, lo escuchaba gemir. Sentía como la sangre bombeaba en su polla mientras esta estaba en mi interior.

Tenía la situación más o menos bajo control. Estaba sintiendo placer, pero soy una persona que le suele costar llega al orgasmo. J.C. balbuceó algo, no logré escucharlo, pero en este momento tomó mi cadera y me tumbó en la cama con astucia.

Mi respiración estaba agitada mientras lo veía colocarse entre mis piernas, creo que quizá aquella era la imagen más jodidamente sexy que uno puede tener. Sus ojos conectando con los míos, su boca ligeramente abierta y su polla brillando de pura excitación entrando en mí, no fue delicado. Entró haciendo que lo sintiera en mi profundidad. No pude evitar ocultar mi sorpresa.

Entró como un taladro percusor, con firmeza, golpeando al punto indicado. Dios, no había pensado que se sentirá tan jodidamente bien. Sus caderas se movían con pistones, me tapé la cara para reprimir un grito. Estaba a punto de correrme. ¿Cuánto tiempo hacía que no lograba correrme en un polvo?

—Sigue—logré decir entre balbuceos, y, gracias a Dios, esta vez me hizo caso. Su velocidad aumentó y yo noté como el orgasmo burbujeaba logrando llegar a la superficie. Un torrente de placer nació desde el centro de mi sexo dejándome extasiada y justo en ese momento él salió de mi interior incorporándose.

Su mano tomaba su polla dura dispuesta a explotar.

—¿Dónde lo quieres, zorrita?

Intenté acompasar mi respiración.

Dónde quieras logré decir mientras me incorporaba. Su miembro entró en mi boca como si me la fuese a follar, noté como esta se estremecía en mi interior y como su leche salía de ella disparada llenándome la boca. Tenía tanta cantidad que esta resbaló por mis labios cayendo por mi barbilla. Lo miré a los ojos.

Quería que recordase aquel momento.

Quería que se acordase de la zorrita.

Gracias por los comentarios

os leo