De postre: Creampie.
La cena era solo el comienzo. Con el vino caliente y la mirada de Claudio clavada en ella, la línea entre la infidelidad y el juego se desdibuja. Cuando el novio le pide que se quite las bragas en el baño, sabe que no hay vuelta atrás.
Este relato, fruto de un experiencia real, ocurrió hace más de 20 años y de hecho ya lo publiqué anteriormente en otra página, pero me ha resultado imposible localizarlo.
Por aquel entonces yo tendría veintipocos años y todavía estaba en la Universidad. Mi novio (actual marido) llevaba dos años trabajando en una empresa y estábamos con las cuentas justas. Aquel verano solo pudimos cogernos 5 días de vacaciones, en un pueblo de mar del norte de España y, aún así, controlando la economía. No obstante, la última noche decidimos que íbamos a ir a cenar a un sitio elegante, justo en el puerto, que teníamos controlado los días previos.
Me vestí como para una fiesta. Recuerdo perfectamente aquel vestido azul de lunares, super ceñido, con aquellos zapatos de tacón a juego…. Era consciente de que, cuando me lo ponía, elevaba la temperatura del planeta un grado. Por aquel entonces yo hacía deporte y estaba muy fit, pero con curvas. Además llevaba el pelo corto, con un corte muy moderno y un poco transgresor.
Cuando llegamos al restaurante, tuvimos la sorpresa de que íbamos a estar prácticamente solos. No nos extrañó porque era un jueves a la noche, de un día cualquiera de Junio.
Enseguida nos atendieron y empezamos a cenar. El maitre era un tipo encantador, no pude dejar de fijarme en cuanto lo ví. Tendría como unos 40 años y aunque iba elegantemente vestido, acorde a su trabajo, tenía un aire un poco canalla, una piel devorada por el sol, lucía perilla muy arreglada y un pelo negro un poco rizado, bastante largo. Incluso se presentó: se llamaba Claudio. Me pareció que tenía cierto acento inclasificable.
La cena estaba siendo fantástica y estábamos acompañados de un vino maravilloso que nos había recomendado Claudio y que me estaba afectando, porque no acostumbro a beber. Además el ambiente era increíble; estábamos en un rincón del comedor, tenuemente iluminado y prácticamente con solo otras dos mesas con comensales, que además iban más avanzados que nosotros. En aquel momento mi novio rompió la magia:
¿Te has fijado cómo te mira Claudio?. Le tienes pajareando a tu alrededor.
¿Qué dices? - contesté airada - son cosas tuyas. Es verdad que ni marido toda la vida ha tenido esta costumbre. Por aquel momento empezábamos nuestra relación y estas cosas me extrañaban un poco: él tenía la sensación de que siempre había algún hombre a mi alrededor tirándome la caña.
Hazme caso… que sé lo que digo - insistió.
No le engañaba con que no me había percatado, seguramente porque estaba a lo mío… pero consiguió el efecto contrario… a partir de ese momento fue inevitable que me pusiera en guardia.
Enseguida traemos los segundos - avisó Claudio, acercándose a nuestra mesa. ¿Estáis disfrutando?.
Mucho - le dije mirándole directamente a los ojos… una mirada intensa y provocativa… fruto de la inhibición inducida por el pérfido Vaco. El enseguida captó el tono..
Me encanta que una mujer como tu disfrute con nosotros - dijo de forma encantadora y macarra a la vez, sin parecer que le importara que mi novio estuviera allí presenciando el momento…. Y marchó hacía la cocina.
¿Qué…. Ahora me seguirás diciendo que son cosas mías? - preguntó mi novio, con la voz temblorosa, probablemente presa de una extraña excitación, fuera de lugar.
Bueno… no te pongas paranoico - respondí.
Que pasa… ¿Qué te gusta ese tío?.
¿Qué dices???? - respondí haciéndome la digna.
A mi no me engañas - volvió mi novio a la carga.
Bueno… si… está bien… tiene morbillo… pero ya está.
¿No te estarás calentando con el camarero?
¿Pero bueno? - respondí de nuevo airada.
Contéstame… si o no - preguntó inquisitivo. Ya digo que no estaba acostumbrada por entonces a estos juegos y me parecían extraños y raros… pero estaba animada por el vino y decidí, juguetona, elevar la apuesta.
Si - contesté de forma desafiante, mirándole a los ojos y comprobando como le afectaba - me estoy poniendo caliente como una perra - cuando dije esto, a mi novio dio la sensación de que le atravesara un rayo.
Bufffff…. - suspiró mi novio - no parecía enfadado, pero desde luego excitado. Te propongo un reto - me dijo al momento - vete al baño, quítate las bragas, vuelve y dámelas y esperamos al segundo plato.
¡Ni por asomo!.
¿Te cortas? - preguntó como burlándose de mi
No me corto… pero no le veo la gracia
Ya veremos si la tiene o no - dijo mi novio - ¿tienes miedo a comprobarlo? - mostrándose de nuevo burlón.
Decidí darle un escarmiento y me levanté de repente… viendo de nuevo su cara de sorpresa. Justo pasaba por allí Caudio hacía otra mesa:
Perdona.. ¿los baños? - le pregunté ofreciéndole la mejor de mis sonrisas pícaras.
Al fondo, bajando unas escaleras - espera que dejo este plato y te acompaño - me respondió devolviendo una sonrisa igual de caliente.
Le seguí, atravesando el local, dejando la barra a la izquierda y llegando a unas escaleras, que bajaban haciendo un giro.
Es por aquí abajo, preciosa… ¿necesitas algo más? - me dijo mirándome provocativamente de arriba abajo.
Creo que no… pero si necesito tu ayuda, te aviso - dije, colocando mi mano derecha en su hombro y sorprendiéndome a mi misma de mi respuesta y actitud.
Estaré encantado de ayudarte en lo que quieras - dijo de forma chula sin dejar de mirar alternativamente mi ojos y mi cuerpo.
Giré rápido y bajé por las escaleras… un poco mareada… los latidos de mi corazón retumbando en mis oídos… ahora era evidente lo que antes era una ensoñación de mi novio: estaba empezando a estar muy caliente. Entré al baño y me apoyé en el tocador, mirando a la imagen que me devolvía el espejo… estaba perfecta, pero el rubor de mis mejillas me delataba y desde luego cómo los pezones se marcaban a través de la fina y ceñida tela del vestido… y entonces, sin pensar que pudiera ser pillada, elevé el vuelo de la falda del vestido hacía las caderas y tirando del elástico de las braguitas, deslicé una pierna y luego otra, guardando el trofeo en una de mis manos. La mano libre, como si estuviera hipnotizada, acabó en mi sexo, el dedo medio jugando con mi clitoris y los labios, presionando suavemente hacía mi interior, húmedo y cálido. Mi mano me estaba matando de placer y a la vez estaba alerta, con miedo a que me sorprendieran, en medio del baño, en esa actitud tan vulnerable. Paré en un minuto, fundamentalmente por miedo a ser descubierta y porque sabía que si seguía otro minuto más sería incapaz de parar, hasta llegar al autoinfligido orgasmo… intentando volver a la realidad. Deshice el camino y subí las escaleras, prácticamente en trance por el episodio vivido y al llegar a la planta del comedor, giré a la izquierda y casi tropiezo con Claudio.
¿Todo bien, guapa? - preguntó - Ya veo que no has necesitado ayuda.
Mucho mejor que bien… me he apañado solita - estaba a poco más de un palmo de su cuerpo y podía sentir su fragancia, mezcla varonil de aftershave y tabaco, e incluso una oleada de su calor que me golpeaba la cara, en contraste con el frescor que notaba de mi sexo liberado y su humedad provocada por las caricias de mi mano.
Pues que no me entere de que te vuelves a apañar sola - dijo guiñándome un ojo y dándole una vuelta perversa a mi expresión.
Y entonces hice algo extraño, casí rozando la inapropiado; con mi mano, aquella con la que segundos antes me había masturbado, acaricié su mejilla izquierda y su barba, cómo queriendo dejar el rastro de mi sexo sobre su cara. El permaneció tenso, alerta, pero pasivo, como sopesando la situación. Escapé de su influjo y me dirigí hacía la mesa donde estaba mi novio, dando la espalda, pero girado sin perder detalle. Recuerdo esos 6 metros que me separaban de la mesa como un trayecto por el infierno, el infierno del deseo y la situación de calentura en la que me encontraba. Al llegar a su altura, me acerqué e inclinándome le di un mordisco suave en el cuello y abriendo la mano disimuladamente, dejé caer mis bragas en su regazo…. Al instante dio un respingo y se las guardó en el bolsillo… se le notaba acelerado, respirando de forma pesada. Empujé mi silla y la coloqué un poco descentrada, para darle ángulo, me senté y crucé teatralmente las piernas, mostrándome y dejándole en absoluto trance…. Y en aquel momento llegó Claudio con los segundos, lo cual me preocupó por si se había percatado del juego con mi novio.
Aquí están chicos, que los disfrutéis
Eso espero - le dije de nuevo provocativa, mientras descruzaba y cruzaba en el otro sentido las piernas… más que nada para que mi novio sintiera lo que es el vértigo.
A ver si ta apañas sola con todo ese plato… o necesitas ayuda - dijo con segundas.
No tengo problemas en pedir ayuda… si la necesito - le dije devolviéndole el comentario. Mi novio nos miraba sin perder comba, pero claramente sin lograr entender a que nos referíamos.
La cena acabó poco después, aunque ya era tarde y no quedaban más comensales en la sala. Pasamos del postre, pero Claudio nos invitó a un vodka que era producto local y que nos sugirió beber solo, sin mezclar. Pagamos la cuenta y salimos, despidiéndonos de Claudio, que aprovechó para dar la mano a mi novio y a mi dos besos, que me hicieron sentir salvaje, al sentirme desnuda y húmeda por dentro.
Madre mía - dijo mi novio - sacando las bragas del bolsillo y agitándolas como si fueran una bandera - que morbazo, pensaba que me iba a reventar la bragueta. Le tenias roto.
Pues está mal que lo diga yo… pero creo que si - reí
¿no tienes valor de volver a dentro y pedirle el teléfono?
¿Pero que dices? - exclamé
Solo para putearle y que se vaya calentito a la cama
Ya está suficientemente calentito, no te preocupes - dije.
Y tu También - exclamó mi novio
Pues si.. yo también estoy a tono, ¿qué pasa? - respondí airada
¿No te atreves a elevar la apuesta y ponerle los dientes largos al madurito este?
Mira, hazme caso… es mejor no jugar con fuego
Osea, que no tienes lo que tienes que tener…..
Es que no entiendo para que quieres putearle así, la verdad - dije airada - el que más salido está de los tres, eres tu - exclamé.
Puede ser. Pero yo no me corto en que tu vayas y tu no tienes valor de hacerlo.
Joder, dame un minuto….. - dije de repente y volviendo al restaurante decidí machacar a mi novio.
Tiré de la puerta y volví a entrar… el ambiente estaba todavía más oscuro, aunque se adivinaba movimiento al fondo.
Hola - dije con voz temblorosa
Si - escuché una voz… evidentemente la de Claudio - ¿has olvidado algo?
Eh…. No… - balbuceaba
¿Qué ocurre? - preguntó avanzando y acercándose a mi peligrosamente
Eh… bueno… me preguntaba… si me podrías dar tu número de teléfono.
El de restaurante.
Eh… no…. El personal - dije un poco avergonzada.
Y, ¿para qué quieres mi teléfono personal? - preguntó haciéndose el loco.
Bueno… ¿tu que crees? - me sentía avergonzada y excitada por igual
Yo no creo nada… cuéntamelo tu.
Pues creo que es evidente…tu dámelo y ya lo comprobarás - dije casi muerta de vergüenza.
NO te preocupes que te voy a dar una cosa mejor - y dicho esto, me agarró casi en volandas, sentándome en una de las mesas más cercanas.
Pero….. - solo acerté a decir.
¿Te crees que soy tonto? Llevas toda la noche vacilando a mi costa - y mientras decía esto se desabrochaba el cinturón y el pantalón, liberando un pene imponente que saltó como si tuviera un resorte
Lo siento…solo estábamos jugando - solo acertaba a decir sentada en la mesa con las piernas colgando, sin poder escapar.
Pues te voy a dejar que pruebes un buen juguete… - dijo mientras se acercaba con aquel misil en vanguardia y tiraba de la falda de mi vestido encajándolo en las caderas - Joder…. ¡Pero si no llevas bragas!.
Un segundo… para… no podemos… que está mi novio ahí fuera esperando
No te preocupes - dijo tajante - seguro que no le importa esperar unos minutos… hablando de ayuda… pareces un poco necesitada… igual tu novio te deja que te apañes demasiado a menudo sola
No, perdona… no… ha sido un malentendido - dije intentando excusarme hasta que, en ese mismo instante, guió su pene hacía mi sexo y su glande tropezó con mis labios… y fue como si me hubieran aplicado una descarga…. No podía negarlo… la quería dentro y ya… levanté la vista y me encontré con sus ojos, que parecían que pedían permiso y el se dio cuenta que los míos escribían un salvoconducto y sonriendo de manera triunfal empezó a empujar y su pene fue poco a poco resbalando por mi húmedo interior, en segundo eternos, hasta llegar al final, momento en el que siguió ejerciendo presión delicada, pero intensa y su pene se anchaba de forma elástica. Yo elevé las piernas, cruzándolas sobre sus caderas y el empezó a bombear, no de forma frenética, pero si muy intensa y profunda y entonces me besó, de forma apasionada, nuestras lenguas entrelazadas y nuestras salivas intercambiándose y me di cuenta de que si seguía besándome de aquella manera yo me correría como una loca y él, como si lo intuyera, siguió haciéndolo mientras incrementaba el ritmo abajo de forma magistral, y era como si mi boca y mi coño estuvieran en resonancia y lo noté llegar de lejos, retumbando como un terremoto y aquellos segundos el mundo se paró en aquel pueblo de mar…. fundida en un abrazo doble, de mis piernas y mis brazos, intentando que ese hombre fuera parte de mi.
Y pese a que continuaba absorta en mi borrachera de placer, notaba como su ritmo se intensificaba, se volvía frenético y como nuestros cuerpos chocaban violentamente, mientras me agarraba de las caderas para conseguir tracción y, de repente, bajó de cadencia pero aumentó la profundidad, como si fuera en cámara lenta, su cabeza baja, su mirada absorta en el punto en el que nuestros cuerpo se conectaban y al instante noté como su pene se hinchaba y vibraba y como sucesivas oleadas cálidas golpeaban mi interior, como si fuera el rompeolas de una tormenta tropical. Durante unos segundos me abrazó, un abrazo entre un millón, tierno pero tenso, manteniendo su pene quieto en mi interior…. Y después se separó y lentamente, disfrutando del camino de vuelta, salió de mi y al hacerlo, como si se hubiera roto el vacío, su semen fluyó espesamente de mi, cayendo sobre el suelo de forma densa.
Al instante se recompuso, giró hacía la barra y tomó una tarjeta y un bolígrafo, garabateando algo rápidamente.
Toma preciosa… mi número… para que se lo restriegues a tu novio - me dijo mientras me ayudaba a bajar de la mesa en la que seguía sentada y prácticamente me giraba hacía la puerta, como indicándome el camino.
Me volví hacía la puerta noqueada y salí de nuevo del restaurante, con la amarga sensación de que me había metido en un lío por portarme como una críaja. Mi novio estaba a escasos 50metros, apoyado en una farola, fumando un pitillo.
¿Cómo has tardado, no? - dijo
He aprovechado para ir al baño
¡Aja! Sabía que te ibas a cortar y no pedirle el teléfono
Aquí lo tienes - le dije triunfal y enfada, tirándole la tarjeta a la cara
¡Hostia! Eres una máquina. Se habrá quedado más empalmado que un totem de sacrificio.
Vámonos… hazme el favor - contesté
¿Estás bien? - respondió preocupada
Si - dije de forma escueta, mientras notaba como seguía resbalando el semen de Claudio por el interior de mis muslos.
Aquella noche no quise follar con mi novio, le puse una excusa; primero porque no estaba contenta con él y sus juegos, que yo de otra manera no hubiera buscado y segundo porque me daba miedo de que notara que alguien ya había regado antes el jardín del edén….
Y, pese a todo, durante meses estuve tentada de comerme el orgullo y marcar aquel número… porque de lo que estoy segura es que en los brazos de aquel tipo, sería capaz de morir de placer.
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